Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Advertencias de este capítulo:
-Lenguaje adulto y vulgar.
-Lemon hard ( o casi)
Gracias por adelantado por los reviews.
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La gotas caían sobre el cristal, formando zigzagueantes movimientos hasta llegar al filo de silicona que mantenía el cristal adherido al marco, permitiendo ver el trasparente material la furiosa tormenta que aún seguía descargando con fuerza todo su arsenal.
Una sonrisa complaciente surgió cuando el negro cielo fue roto por un segundo por la luminosidad de dos rayos, que hicieron el suelo vibrar unos segundos, sumergiendo todo de nuevo en la penumbra de las tinieblas, seguido de ese estruendoso rugido.
Cuanta calma era ver la impetuosidad de la naturaleza, nunca habría nada ni nadie más poderoso que la propia tierra en sí, porque del mismo modo que había engendrado la vida, podría quitarla sin ser detenida por cualquier medio humano para frenarla. Nada podía detener la fuerza del mundo, ni siquiera ellos mismos podían luchar con ella sin perder, no por nada un mero rayo era tan dañino para su piel, para su vida.
Tan mortal para los suyos algo que para un endeble humano era insignificante y que daban por sentado día tras otro y del que necesitaban para vivir, le repugnaba saber que algo que lo mataba era para su comida la vida misma. No soportaba sentirse patético al tener una debilidad que ellos podrían llegar a utilizar en contra de ellos si se enteraban de su existencia.
Sería tan sencillo solucionar eso si con uno solo de los suyos tuviera las habilidades de la tierra en sus manos, esos cambios que a los humanos eran tan endebles, podría volver el mundo en el que vivían perfecto.
Un suspiro de calma surgió de su garganta ante la visualización de otro rayo partiendo el silencio roto por la lluvia. Todo estaba sumido en la perpetua tranquilidad, ni siquiera perturbaba aquel aire de paz los pasos que se acercaba afuera, en el pasillo, alertando de alguien que haría cesar la serenidad que proporcionaba observar una tormenta.
Por la manera de tocar al otro lado, reconoció la identidad del individuo.
-Pasa, Kabuto-. Ordenó sin dejar de contemplar el exterior, las ramas de los árboles que rodeaban su edificio moverse con las constantes gotas, los pequeños senderos de agua en el suelo con pendiente sin asfaltar.
-Buenas noches, mi señor-. Se inclinó como muestra de respeto a su superior y mentor.
-¿No te perece increíble el poder de la naturaleza? Cuanto poderío en algo tan natural como la lluvia- Guardó silencio ante el mutismo de su mano derecha, riendo bajo al percibir su incomprensión- ¿No sería maravilloso tener ese poder destructivo que nada ni nadie puede detener? Un ser imparable.
-Comprendo-. Recolocó sus gafas con el dedo anular. Asintiendo-. Podría exterminar la raza humana con el fenómeno natural que quisiera.
-Exacto, sería un mundo ideal, ¿no lo crees? No habría que esconderse de seres inferior a poder que de saber de nosotros nos declararían la guerra y de los que dependemos para comer.
Sería tan sencillo alimentarse los unos a los otros, el poder que obtendrían de la sangre de unos de los suyos no es comparación con lo que obtenían ahora d e os terrenales, un trago de ellos era equivalente a una gota si en cambio se alimentaba de uno de su propia raza. La diferencia era demasiada para pasarla por alto.
Le enervaba que los supremos pasaran eso por alto y permitieran seguir con esa costumbre de comer de seres inferiores en energía, uh humano y un mestizo jamás los saciarían en fuerza como se sentían saciados los que bebían de pactos de los suyos o los emparejados. Estaba cansado de decirlo y ser ignorado por cualquier excusa pobre que Tsunade le dijera porque no le interesaba ese tema, no iba a malgastar saliva para que sus palabras e ideas chocaran contra una pared y cayeran al suelo.
Aunque pronto se solucionaría eso y todo lo que le molestaba sobre las actuales leyes y normas que los regían y eso era cuando encontraran al mestizo. Una vez que fuera destruido y todas las posibilidades de riesgo que su desconocidas habilidades hacían peligrar el avance de su raza, les seguirían la aniquilación de los humanos, y tras la extinción de estos no sería cuestión de tiempo para debilitar a los mestizos y licántropos que dependían de ellos para tomar alimento de sangre u energía espiritual.
Pronto seria de él, de los suyos, el mundo entero, ya no se verían obligados a compartir el suelo por el que caminaban, ni el cielo que los cobijaba con criaturas inferiores, llenos de imperfecciones.
Era repugnante convivir así, no veía el momento de cumplir con sus planes y hacer de la tierra un ideal para vivir. Sería una matanza mundial, un derramamiento de sangre que teñiría todo de rojo, por supuesto que lo sabía, pero le daba igual. Era algo que estaba deseando desde hace años, desde que terminó la guerra entre razas cuando era un chiquillo.
Llevaba deseándolo desde entonces, un milenio para ser exacto con unas ganas inhumanas nunca mejor dicho de librarse de esas dos razas malditas que no hacían otra cosa que molestar, impedir que los noctámbulos siguieran evolucionando en poder porque se interponían y eran estúpidamente seducidos en lugar de ellos.
La genética magnifica que los caracterizaba se mezclaba con una inferior, toda perfección se esfumaba y generaba engendros que merecían ser eliminados por traer la desgracia a la raza.
-Sería perfecto vivir acorde a ese sueño-. Estuvo de acuerdo con dicha idea, no solo por ser su superior con quien hablaba y quería conservar su sitio como mano derecha, sino porque compartía ese pensamiento de degradación hacia los suyos al enlazarse con endebles y quebradizos humanos, crear mestizos con genes mezclados y estos combinarse a su vez con todos ellos.
Vivian rodeados de desperfectos seres, no veían la noche donde salir y no encontrar nada salvo sangre pura.
-Eso depende de las noticias que me traigas sobre la orden que di, porque supongo que no estás aquí para saludar.
-No, tal como usted explicó que hiciéramos, mande a la especialista en seguimiento de línea sanguínea en busca de quien es llamado en los archivos de la suprema Tsunade, Hiashi Hyûga, la pareja humana de la noctambula que mantenéis cautiva en las mazmorras bajo este edificio.
Le tendió el archivo guardado con la información de su prisionera, información que ya sabía desde antes de que le hubiera entregado esos papeles, pero que de igual manera releyó otra vez por si tenían algo nuevo que la secretaria de Tsunade hubiera añadido sin saberlo.
No encontró nada, por lo que dejó la carpeta sobre su exagerado escritorio y tomaba asiento.
-Karin, bien hecho al escogerla, es la mejor a la hora de encontrar a alguien por medio de la sangre-. Entrelazó sus dedos y posó su barbilla en ellos, mirándolo con sus ojos afilados- ¿lo encontró?
-Sí, pero no sacó la información que deseábamos obtener mientras controlaba su mente -. Le pasó otra carpeta, en oscuro cuero ceniza donde una simple hoja escrita por ambas caras informaba de todo lo dicho por él bajo el efecto de la mirada de un noctambulo.
Ojeó las palabras y frases concienzudamente en el folio escrito en tinta negra, cruzando su rostro en una sonrisa ladina y cargada de maldad absoluta y satisfacción conforme sus ojos pasaban de palabra en palabra. No habían obtenido la información deseada, pero lo que tenía en sus manos poseía información valiosa que adelantarían sus planes mucho antes de lo previsto e imaginado.
Si estuviera en su personalidad, se frotaría las manos con regocijo y justo, por supuesto, su carácter solo le permitió sonreír ladino y lamerse los labios con pérfido placer.
-Puede que no tengamos lo que queríamos obtener, pero tampoco tenemos las manos vacías- Tomó un bolígrafo fluorescente y subrayó un par de palabras al azar de la hoja-. Sabemos que buscamos a una joven mujer de entre los veintitrés años, cuyos ojos serán un calcado detalle de nuestra prisionera-. No por nada la sangre familiar de la noctambula que mantenían en el más absoluto de los secretos presa bajo tierra tenia por detalle el dejar ese curioso tono lila diluido-. Y sabemos el país donde se ha encontrado al que fue su esposo, su hija no habrá salido de allí si no conoce otro idioma donde huir.
La verdad es que fue una sorpresa, grata, el saber por medio del control mental supieran de que el tan famoso Hiashi del que se habló en un importante juicio del pasado por el humano que hizo a una de las suyas romper las reglas, todas las más importantes que los regentaban también quería ver desaparecida a quien debería considerar su hija. Su propia sangre nada menos.
Recalcó dos palabras con el fosforito bolígrafo amarillo, señalando lo primordial de toda aquella hoja para darle el folio en mano a su ayudante y aprendiz al tiempo que se ponía en pie.
-Lo que acabo de señalar es más que suficiente para concluir nuestro plan, no hace falta la calle y número exacto del mestizo, con un solo nombre basta para concluir todo lo que hemos estado buscando desde hace veinte años.
Caminó hacia la enorme estantería que ocupaba gran parte de la pared, presionando con un dedo una de las cabezas de las gárgolas que adornaban la chimenea. Un crujido invadió por unos segundos la sala antes de que un pequeño hueco en el estante se moviera y diera lugar a un pasadizo que lo llevaría bajo el edificio.
-¿A dónde va, mi señor?- Quiso saber al verle dirigirse a la profundidad de las escaleras, a pesar de tener una remota idea de hacia donde quería ir. Directo a ese espacio del edificio que solo unos pocos privilegiados, como él, tenían el placer de conocer su existencia.
Ni siquiera la propia suprema, siendo él uno de sus trabajadores más veteranos desde que adquirió el mando tras la muerte de su abuelo, sabia de que tal construcción tenía lugar en Europa, en sus dominios. Más teniendo en cuenta que era Tsunade quien debía aprobar construcciones de esa índole.
Estaba claro que jamás obtendría su aprobación, no al ser una mujer pacifista que buscaba siempre que podía la solución de problemas mediante el dialogo y no por medio del castigo del dolor y la tortura. Incluso sufría cuando, una o dos veces cada ciertos años, debía de ejecutar las vastas leyes que los regían y sacrificar a uno de los suyos por relacionarse de forma romántica con humanos.
Así que por eso, se tomó la licencia de hacerlo por sí mismo y sus subordinados en el más absoluto de los secretos, la suprema en su vida le daría permiso para tener un lugar de aprisionamiento y tortura hacia aquellos que pecaban contra las reglas anti humanos. Si quería algo debía obtenerlo por sus propios medios.
-A dar las buenas noticias obtenidas. Hay alguien como bien sabes que debe saber de esto-. Viro su cabeza antes de cerrar el pasadizo y desaparecer por él escaleras abajo para centrar sus ojos en los suyos. Con seriedad para dar a entender cuán importante era o que debía decirle -. Si alguien pregunta por mí, diles que estoy ocupado por el momento. Nadie debe saber dónde estoy.
-Por supuesto, diré que está en alguna importante reunión y no debe ser molestado-. Bajó la cabeza con respeto y tras inclinarse un poco dio media vuelta para marcharse.
Todo se vio sumido en silencio cuando ambas puertas se cerraron y solo sus pasos formando eco en el lúgubre pasillo de piedra resonaban por los pasillos y las primeras celdas al llegar al último escalón.
Iba a disfrutar tanto de lo que se avecinaba mientras recorría ese camino de pasillos hacia una puerta en especial, la puerta de pesado acero que mantenía cautiva a quien peor daño trajo a los suyos. La primera y única vampiresa que había sido capaz de concebir un hijo con un hombre humano.
No iba a utilizar herramientas para hacerle sentir dolor, cuando dijera o que venía a decirle, sería suficiente para que todo lo que ya le infligió desde su primer día de cautiverio no fuera nada.
-Hinata Hyûga, mestiza humano- noctambula- Lamió sus labios con pérfido deseo, siendo sus iris reducidas a dos ínfimos puntos en sus ojos de excitación por la futura sangre manchada que iba a derramar- tienes los días contados para que tu corazón llegue a mis manos.
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La lluvia seguía cayendo incesante, no con la violencia de hace unas horas, pero si suficiente para saber que por un par de horas más seguiría bañando la ciudad y haciendo del clima más limpio. Generando esa sensación de calma, de serenidad y pereza ante el sonido de las gotas golpear las hojas y el cristal.
Quietud que lo envolvía mientras abrazaba el todavía cuerpo desnudo de ella con la nariz enterrada entre su oscuro cabello, aspirando su dulce champú floral. Hinata se removió un poco, frotándose inconscientemente, haciéndole bisbisar con placer para abandonar su pelo y enterrar esta vez su rostro en su cuello, de nuevo.
No quería marcharse de su lado, de verdad que no, si pudiera parar el tiempo, lo detendría ahí mismo.
Sentía miles de cosquilleos en el estómago con solo tenerla así, envuelta entre sus brazos y sonriendo leve en sueños al sentirse protegida y cálida. No pudo evitar, ni quiso detenerse, en lamer su hombro con lentitud una vez y recorrer con besos un camino a su fino cuello, donde ejerció algo de presión al tiempo que estrechaba un poco más su agarre entorno a su cuerpo.
Apretó un poco los parpados al notar como era movida mientras dormía, escuchando el lejano sonido de un trueno en la lejanía y las gotas chocar contra el cristal de su balcón, intentando a la vez hacer memoria del día de ayer entre la bruma de la modorra y sonriendo con los ojos aun cerrados al sentir besos en su cuello y una mano errante acariciar sinuosa su vientre, rodeando su pequeño ombligo.
Si su memoria no se equivocaba de no hace más de nueve horas, y no quería estar errada, sabia quien estaba tras ella acariciándola y bañándole de besos la nuca y el hombro derecho.
Quiso reír a pesar de sentir algo anonada el estado de alteración del pelirrojo rozando sus nalgas en un roce constante y pausado apenas imperceptible pero capaz de hacerle a él el aliento entrecortado.
Con un cosquilleo que le recorría desde el vientre a las mejillas, se relamió los labios resecos sin abandonar su sonrisa. Siendo imposible no decir algo ante ello.
-¿A-así das los buenos días?- Preguntó de repente, haciéndole detenerse en un solo segundo y sentir a través del colchón como se recostaba para mirarla. Abrió uno de sus ojos, mirándolo divertida con toda aquella situación.
Su risa baja de tono, ronca y libidinosa, cubrió cada recoveco de la habitación, haciendo de los leves cosquilleos de antes en su tripa, un ardor inesperado. Un estado que sin saberlo, él estaba oliendo a las mil maravillas.
-¿Quieres que te los de así?- Fue una respuesta demasiado atrevida de su parte, lo sabía, claro que, la Hyûga conseguía hacerle un hombre diferente en muchos sentidos.
Y por favor, no era difícil para alguien como lo era si mismo oler que su mujer estaba algo emocionada, en el aire podía percibir un tímido aroma de excitación. Dulce como la miel y picante como una guindilla.
Si Hinata pensaba responder a su pregunta respondida con otra, la tendría que contestar después, porque sus labios fueron enseguida a atrapar los suyos en cuanto viró la cabeza para mirarlo por completo y su boca rosada se abrió dispuesta a hablar. Fue un contacto veloz y apasionado, tragándose su jadeo de sorpresa cuando su resbaladiza lengua se sumergió en su cavidad bucal.
La mano con la que se sostenía sobre el colchón la metió en el hueco entre su cuello y la almohada, tomando la quijada para alzarle más la cabeza en una pose que parecía incómoda para tener un mejor acceso, ayudado cuando se recostó en su pecho y sus cervicales no sufrían al tener la cabeza en tal posición. Sonriendo en sus labios cuando se disculpó por eso sin detener el beso cada vez más embriagador, muriendo enseguida para dar paso a un gemido prolongado cuando su seno derecho fue tomado por su mano libre, masajeando con firmeza pero sin dejar de ser amable ni doloroso.
-Ga-gaara- dejó salir trastabillado cuando el mínimo roce de su miembro en sus nalgas se volvió más notorio, un frotamiento más insistente que la hizo, inconsciente, acercar su trasero a él al arquear la espalda.
Abrió sus piernas cuando una de sus rodillas se metió entre las suyas y la hizo descubrir al alzarle una pierna los húmedos pliegues, avergonzándola el hecho evidente de haberse excitado tanto por dos toques contados en su cuerpo.
Se rompió el beso a regañadientes por parte del Sabaku cuando vio que a ella le faltaba el aire. Juntó su frente con la suya, mezclándose sus mechones carmesí con su espeso flequillo, jadeando ambos con la respiración acelerada por, un lado el deseo y por otro el oxígeno escaso, siendo de manifiesto la mutua necedad en sus ojos.
Entrecerró los parpados cuando comenzó a besuquear sus labios una y otra vez, con lentitud y fogosidad, apretando la carne de su corva*, mordisqueándole a cambio el labio inferior para escucharlo gruñir y acercar más su pierna a ellos, teniendo un mejor acceso para lo que era inevitable y evidente que ocurriría.
Señor, lo deseoso que estaba de concluir aquello, el olor de su excitación lo volvía condenadamente loco, sus mofletes rojos por su alteración corporal le gritaban que se introdujera en ella en ese instante. Ya ni decir que le producían sus suspiros y su nombre dicho de forma entrecortada cuando se rozaba en ella o la tocaba.
Cualquier pensamiento coherente habido en su cabeza se evaporó, se hizo cargo el instinto, su forma más primitiva ante una mujer. La suya. Posesión en cada acción realizada.
Se desconectó de la realidad y se dejó llevar por las sensaciones y lo que su cuerpo ordenara.
Pegó por completo su cuerpo a su pequeña espalda y se recolocó bien para entrar en ella de un movimiento fluido por la más que suficiente humedad que portaban y dar comienzo a un pausado, para él desde su punto de vista, vaivén.
O eso hubiera hecho si al introducirse unos cinco centímetros en su interior empezando a sentirse en el mismísimo paraíso, Hinata no hubiera soltado un pequeño alarido de dolor que le hizo poner todas sus terminaciones nerviosas alerta y saliendo lo poco que había ingresado al saltar, de forma literal, de la cama. Adquiriendo una expresión de animal acorralado mientras su cuerpo chocaba con la pared colindante al baño.
Sus ojos, asustados, buscaban erráticos y desesperados los suyos al tiempo que ella se sentaba en la cama y se tapaba el desnudismo corporal con la manta de suave pelo. Mirándole tanto avergonzada por mostrar su excitada desnudez, como temerosa por verlo responder así a un pequeño quejido que sin querer, se le había escapado.
-Gaara, yo no…- De nuevo, fue interrumpida cuando se disponía a hablar.
-Te he dañado-. Agarró su pelo con fuerza y se encogió con levedad sobre sí mismo-. Te he hecho daño, soy despreciable.
Era un maldito gilipollas, un imbécil completo, la había dañado cuando se prometió protegerla incluso del aire que respiraba. Dios, joder, se había dejado llevar tanto por el aroma de su agitación y su voz pesada por el placer que consiguió lo último que desearía.
Le infligió daño a su hembra, no tenía perdón.
-No-. Se asustó al escuchar su tono mísero y apesadumbrado, la forma de tirarse del cabello tampoco ayudaba a hacerla sentir mejo-. No, no, no, no pasa nada.
-He escuchado tu alarido-. La miró con los ojos abatidos-. Ese sonido no significa otra cosa salvo dolor.
Negó con la cabeza notando el rubor subir hasta las orejas y bajar hasta el cuello, seria bochornoso, el alarido no había sido por otra cosa salvo por la pérdida de flexibilidad en su entrepierna tras poco más de dos años sin tener relaciones. También le había molestado un ápice mientras lo hacían durante la noche, nunca hubiera esperado que el primer sexo tras tanto tiempo seria así de intenso, no obstante, eso no significara que no lo disfrutara.
Mordió su labio al percibir todavía esa tirantez deliciosa entre sus muslos, sus pechos algo entumecidos por sus toques abrasadores y el nuevo palpitar que imploraba por incrementar todo lo que ya estaba viviendo su cuerpo hace unas horas atrás.
-Gaara, ven-. Palmeó el lugar donde antes estuvo sentado-. Vuelve a la cama conmigo.
-Te hice daño, no merezco nada tuyo ahora-. Su honor como macho le impedía cumplir lo que ella le pidió, a pesar de que quería hacerlo.
-Sabaku Gaara, ven a la cama, ahora o recoge tu ropa y márchate para nunca volver-. Era un hombre fuerte en apariencia, y lo amaba porque era así, no le gustaba que estuviera en tal estado de aflicción.
Si la situación no requiriera de seriedad en ese momento, se hubiera reído por la expresión de pánico que su siempre sereno y casi inexpresivo rostro adquirió ante esa amenaza que no pensaba llevar a cabo en realidad.
¿Nunca volver? ¿Cortaría con él? No, no podía, su corazón le pertenecía a Hinata, sería su fin que ella ya no lo quisiera en su vida, no podría continuar. Perdería su más valiosa razón para seguir viviendo.
Era su todo.
Por lo que no tardó en obedecer a la demanda, con la misma velocidad con la que se puso en pie, regresó a su lado, cubriéndose con la manta de angora y suspirando cuando su mano arrumó su mejilla. Necesitado de cualquier toque de la Hyûga.
-No me dejes-. Suplicó poniendo su mano sobre la suya.
La respuesta fue acercar su cara y ladear la cabeza para tomar sus labios con calma, obligándole a él también a desacelerar el ímpetu cuando tomó ambos lados de su cabeza con intención de volver el contacto más ansioso.
Cesó el beso para separarse una distancia insignificante y poner su dedo sobre los mojados labios masculinos, sonriendo al ganarse un gruñido lastimero.
-No voy a dejarte por algo tan tonto-. Le froto la nariz en un beso esquimal colmado de dulzura-. Si me he quejado un poco antes es porque – El rubor aumentó en sus pómulos- llevaba tiempo sin estar con un hombre y tú eres magnifico. En todos los sentidos.
Aspiró aire con fuerza, llenándose con cierto orgullo por las palabras recibidas a pesar de tener en parte pena por lo anterior.
-¿Lo disfrutaste a pesar de las molestias?- Acarició con la nariz la suave sien, otra vez, bajando lento por su contorno hasta llegar a sus labios hinchados y de apetitoso color rosado.
-Cada momento, ha sido lo más increíble que he experimentado nunca. Jamás me he sentido tan bien- Escondió su rostro en su pecho, mortificada por confesarle aquello-. Tan saciada y llena. E-eres tan grande.
-Hina-. Lamió el borde de su oreja haciéndola soltar un gritito de sorpresa, envolviendo los brazos alrededor de su desnuda espalda para tumbarse en la cama y llevársela consigo. Cayendo recostada sobre sus pectorales y abdominales-. No digas esas cosas, me excitan y temo perder el control de nuevo.
Escuchar sus elogios, lo mucho que amó sentirlo dentro de ella, su cuerpo sobre el suyo meciéndose al son de suspiros placenteros y la tormenta de afuera, los olores y toques afanosos que la hacían erotizarse todo lo que duró su entrega mutua, fue como escuchar un cantar glorioso dedicado a su persona.
De nuevo su ego, y su intacta excitación en la zona bajo pélvica se aumentaban. Con solo una frase dicha, la palpitación en su falo fue suficiente para saberlo.
-Espera un poco a que se me pasen las molestias de la tirantez y, si quieres, po-podemos continuar lo dejado-. Hizo círculos en su pecho con el dedo índice, mirándole con una inocencia que la hacía ver irresistible y deleitosa- ¿Q-qué dices?
Como respuesta fue un beso apasionado y cargado de sentimiento, de posesión, pero ante todo de devoción. Enredando sus dedos entre su alborotado y aun sedoso cabello medianoche, devorándola con avidez. Queriendo demostrarle cuán importante era para su vida, como la necesitaba y cuanto se preocupaba por ella hasta el punto de hacer cualquier cosa por mantener su seguridad.
-Te quiero-. Y esa fue otra perdición que convirtió su pecho en un constante tambor alocado. Esas dos palabras siempre serian una perfecta letanía para su corazón.
-Eres- Detuvo unos segundos el beso sin dejarla separarse demasiado, dejándola tomar aire y admirando su perfección entre beso seco y otro para escucharla reír- mi vida.
Rodaron sobre el colchón escasamente envueltos en una maraña de mantas dando por comiendo a otra sesión de húmedos y electrizantes toques con la lengua al tiempo que Hinata acogía sobre su cuerpo el del pelirrojo, enfrascado en dejarle los labios tan rojos como un jugoso fresón. Adorando como ella a su vez revolvía el ya de por si despeinado pelo carmesí y lo envolvía con una de sus tersas piernas.
El calor estaba aumentando de nuevo, los cristales estaban comenzando a empañarse por las esquinas, el aire de la habitación más cargado, lo sabía, pero esta vez estaría en control, nada le pasaría a ella.
Tomaría el siguiente paso cuando la Hyûga le diera el visto bueno para continuar, cuando sus zonas bajas estuvieran menos adoloridas y se viera lista para acogerlo de nuevo entre sus mojados pliegues y su apretado calor interno.
Aunque claro, cada vez que parecía estar en el paraíso con ella, no queriendo ser perturbado por bajo ninguna circunstancia, algo lo molestaba. Y no iba a ser ese momento de placer y disfrute con su chica diferente al resto. El móvil sobre la mesa de noche volvió a sonar, esta vez no por mensaje, sino una llamada.
De haber estado en la fortaleza, en su cuarto, le habría dado un puñetazo, o dos, a la pared, pero las paredes de allí estaban hechas para ellos y su fuerza sobrehumana, si le daga un golpe con un ínfimo toque demás de energía, le abriría un boquete en la pared, o peor, la echaría toda abajo.
Y seria arduo complicado explicar eso, no saldrían las cosas demasiado bien.
Tomó el teléfono no sin antes sostener la cabeza de Hinata cerca de sus labios cuando vio que se separaba para dejarle hablar por el móvil, por supuesto, no tenía pensado responder la llamada, solo ver quien era para en un cercano futuro, partirle la cara por osar interrumpirlo.
No se sorprendió al ver el nombre de Naruto, el muy imbécil aparte de ser impredecible en todo lo que hacía, también era inoportuno hasta rayar la suma paciencia y producir una ganas colosales de coserle la boca y amarrarlo a algún lado para impedirle estropear cualquier plan ya hecho donde no se deseara interrupción. Como estar con su pareja siendo el mejor ejemplo.
Por lo que, denegó la llamada pulsando el telefonito rojo de la pantalla táctil, y volvió a dejar el aparato sobre la mesa de noche, dispuesto a reanudar lo cortado. Posando su mano ahora libre en su cuello, entre su cabello, y capturando de nuevo su boca adormecida.
-Maldición-. Dijo siseando, ganándose una risa femenina cuando el teléfono comenzó a sonar de nuevo.
-Cógelo, parece ser importante, o no insistiría-. No sería urgente el motivo del llamado si no insistiera en ello.
-Pero estoy contigo, no quiero desperdiciar tiempo con otra cosa-.Y era cierto, le quedaría tal vez una hora y media o poco más antes de que se fuera, no quería gastar ese pequeño lapsus de tiempo hablando con el idiota de su mejor amigo, ya tendría tiempo para eso cuando llegara a la fortaleza.
-No me voy a mover de aquí-. Recostó su cabeza entre su musculoso cuello y sus clavículas, sonriendo al sentir el vuelco que dio su pecho al abrazarse a él y besar una cicatriz sobre el pectoral izquierdo, sobre el corazón.
La única marca sobre su perfecta piel, porque lo que tenía en la frente y deseaba preguntar por qué se lo hizo y cómo, no se podía considerar un fallo, era demasiado bonito.
Suspiró pasándole un brazo por los hombros y descolgó la llamada sin ganas ni con la intención de hablar de manera civilizada.
-¿Qué mierda quieres?- Hinata rió sobre su pecho, notando la vibración de su cuerpo al ras del suyo por ese inusual saludo que ella supondría que era para un amigo con el que tenía gran confianza.
-"Hola a ti también"-. Masculló algo incomprensible ante el sarcasmo de Naruto- "¿Se puede saber por qué me has colgado antes?"
-¿Por qué no quiero hablar tal vez?- Tenía una mejor cosa que hacer con su boca y lengua que estar hablando con su camarada, y era usarlas en el cuerpo que estaba en ese momento formando suaves círculos en un pectoral, dejándose abrazar y acariciar en el hombro.
Lo que quería hacerle no era nada santo ni casto, lo que succionaría con su boca o lamería con su lengua de ella la harían tomar el color rojo de un extintor de incendios en el cuerpo entero. Pero la haría gemir disfrutar como lo hizo anoche, su miembro, aún excitado, palpitó ante el mero pensamiento.
-"Eres un seco, lastima me da Hinata al estar contigo"- Eso lo enfadó, su hembra iba a estar muy bien con él, no le faltaría nada. Si tenía que aprender a bromear o hacer el payaso, por ella lo haría, no era un seco. Esperaba al menos que no.
-Ve al grano o te cuelgo la llamada, tengo otra cosa mejor que hacer-. Contorneó su curvilínea figura, haciéndola escapar un suspiro de deleite y alzar la cabeza para apoyar las manos en los pectorales y mirarle a los ojos.
Dios santo, era preciosa a pesar de tener el pelo despeinado y las marcas de morriña persistiendo un poco en su rostro. No se resistió a besarla como un hambriento cuando sonrió con dulzura y cariño para él.
Era un adicto.
-"He de suponer que estas con Hinata, el sonido del beso que os estáis dando lo deja obvio, por lo que no habrás leído el mensaje de la suprema."
-No-. Cortó un segundo el beso para responder y continuar con otro-. Ni lo pienso hacer por ahora.
-"Quiere vernos allí de nuevo"-. Bufó irritado, pero de nuevo, la preocupación lo invadía, que la suprema quisiera verlos podría ser por muchas cosas, de nuevo por las obras, encargarles otra orden, o castigarlos porque se hubiera enterado de su relación de dos puñeteros días.
Muchas cosas podrían llegar a sucederse.
-¿Ahora mismo?- Deseaba que no, le daría tiempo a llegar, eso era claro, pero no quería separarse de ella porque para llegar antes del amanecer tendría que marcharse tras terminar la llamada.
-"No, tranquilo, quiere que estemos allí antes de que llegue el sábado, y estamos a jueves"-. Bien, eso lo calmó, podría disfrutar y saborear lo poco que quedaba, por ese día hasta que anocheciera, estando con ella entre sus brazos.
-Bien, ya nos veremos-. Esperaba que pillara la indirecta y se fuera de una vez, estaba haciéndole perder un tiempo precioso.
-"Gaara, falta poco más de una hora para que amanezca, deberías venir ya antes de que te pille el tiempo por los pelos"-. Miró por la ventana, la lluvia seguía cayendo sin descanso, aunque no con la furia de la noche, algo más calma. No había peligro por luminosidad, llegaría a la fortaleza en dos escasos minutos a máxima velocidad.
Sabía que lo decía por su seguridad, que estaba preocupado por él, lo cual agradecía porque no mucha gente hacia eso por él y podía llamarlo amigo por ello. Pero, joder, era un aguafiestas.
-Está lloviendo, no pasa nada, dentro de un rato estoy allí-. Se comportaba como su hermana, y esta como lo haría una madre. Dos madres parecía tener entre Naruto y Temari, porque estaba pendiente lo que ella le hubiera escrito por mensaje.
-"La lluvia es traicionera, de la misma forma que viene se puede ir, ahora cae fuerte, pero nada te asegura que sigua así hasta que sea aquí"-. Genial, pensó con sarcasmo, y ahora decidía sacar su sentido común y su cerebro, ¿Qué le costaba dejarle ser feliz un poco más?
Tomó aire con pena, abrazando de forma más estrecha a la peliazul a su cuerpo, no queriendo soltarla y retenerla toda a vida así, ganando una mirada de súplica de parte de ella. Había escuchado lo suficiente para entender que tenía que irse.
Iba a disculparse con ella, decirle lo mucho que anhelaba quedarse un rato más junto a ella en aquella cama, pero se le adelantó.
-N-no te vayas-. Lo besó en un pequeño intento por convencerle. Cosa que no era necesaria porque era lo que más deseaba hacer y que debía de acatar nefasto-. Quédate conmigo.
-No quiero irme, pero Naruto, a pesar de que odio esto, tiene razón-. Colocó un lado de su pelo tras la oreja, ahogándose en sus diluidas amatistas que lo miraban con suplica.
-¿Por qué?
Todo quedó sumido en el más absoluto silencio, de nuevo, solo el agua perturbaba toda la atmósfera de la habitación. Un aire u tanto incomodo se respiraba por una pregunta dicha con inocente curiosidad pero que desencadenaba un fatal final si contestaba con la verdad.
No quería perderla contándole la verdad, porque era una terrible posibilidad que le quitaría la vida, empero, por otro lado, la perdería igual contándole una mentira que al final, saldría, para colmo, a la luz.
Tragó saliva y cerró los ojos, juntando su frente a la suya buscando calma, la que ella le transmitía.
-No puede darme el sol, nunca-. Aguardó unos segundos en silencio, abriendo los ojos para centrarlos en los contrarios-. O moriría.
La vio abrir los ojos desmesurada, se atrevía a decir asustada incluso, y eso fue devastador, esa expresión solo significaba una cosa. Si era fanática de las historias de fantasía que pululaban sobre su especie en el cine y lectura, ya sabría lo que acababa de decirle sin haber reconocido lo que era.
-Dios mío, no me lo puedo creer-. Tocó su fría piel en un contacto preocupado y manso-. Por eso eres tan pálido y solo nos vemos por la noche, ¿por qué no me lo dijiste antes?
Estaba dolida, era palpable en su tono. Y por ello, se sentía un ser despreciable que no valía nada.
-No me dejes, no lo soportaría-. Rogaría, a la mierda orgullo, no podía perderla. Jamás, seria morir en vida.
-¿De-dejarte? No seas tonto, ¿Qué culpa tienes de padecer alergia al sol*?
-¿Cómo?- Estaba perdido, ¿no había deducido que no era humano? Que alguien le explicara lo que pasaba porque no entendía nada de la situación, estaba más desorientado que un borracho tras dar vuelta en una silla de oficina con ruedas. Y eso no le gustaba, no tenía tiempo de pensar en posibles salidas favorables para mantener la relación que tanto le había costado conseguir por culpa de su estúpido orgullo masculino.
-Es algo poco visto, pero he oído de esa enfermedad, no pasa nada, yo te sigo queriendo igual aunque tu cuerpo no pueda exponerse a la luz del sol-. Por perdida cuenta, tomó su fuerte quijada y lo besó con rapidez, con la suavidad con la que se posaba una mariposa en un pétalo de flor-. Así que, quédate, bajaré las persianas, echaré las cortinas y cerraré todo hasta que llegue la noche de nuevo, pero no te vayas, por favor.
Tubo que respirar un par de bocanadas ociosas de aire para procesar todo lo que había salido de su boca en segundos. No dedujo que era vampiro, solo creía que era un humano con alergia a la exposición solar, y bueno, no estaba en ese aspecto alejada de la realidad. Lo amaba igual sabiendo ese detalle de que nunca podrían salir cuando el sol bailara sobre el cielo, solo tendrían citas y una vida entera bajo el resplandor de la luna. Eso le hacía feliz, muy feliz, tanto, que sin darse cuenta, le mostró una sonrisa afectuosa que no le dedicó en su vida a nadie.
Una sonrisa pequeña, blanca y perfecta. Con eso no hacía falta ser inteligente para saber que iba a responder.
-Muy bien, no se hable más-. No iba a decir que no cuando eso era lo que quería de todos modos.
Enrolló la manta alrededor de ella tras picotearle la mejilla de forma juguetona, soltándose antes de su agarre infantil por alejar su desnudez de la propia para acercarse al ventanal y bajar la persiana del balcón. Rodeando después la cama y sentarse, con el rostro arrebolado al ver la todavía latente erección del pelirrojo al sentarse a su lado y sin nada que lo tapara porque la manta le tenía envuelta ella misma.
Abrió el primer cajón y sacó, con la mirada aguamarina en cada movimiento ejercido, una braga de algodón blanco y leve encaje con su respectivo sujetador a juego. Chillando cuando fue rodeada por sorpresa por sus brazos y el Sabaku comenzó a besar su hombro tras apartarle el pelo a un lado.
-¿Qué haces?- dijo para subir por su nuca en una lenta lamida que la hizo encogerse y temblar.
-Voy a darme un baño-. Viró un poco su cabeza para verlo regar su cuello, nuca y hombros de húmedas caricias. Siendo claro que lo que estuvieron haciendo antes no se le había olvidado. A ella tampoco se le pasó por alto cuando se sentó con las piernas abiertas tras ella, la dureza rozarse con su baja espalda- ¿Quieres unirte a mí?
-Yo no voy a ducharme si entro contigo-. Era sincero, lo reconocía, si entraba con ella a la ducha, lo último que iba a hacer era bañarse-. Voy a hacerte el amor.
-L-lo sé, y eso espero que hagas-. No se podía creer que le hubiera dicho eso, pero en su interior se daba a si misma palmadas en la espalda por haberse atrevido a ser coqueta con él y seducirlo con una insinuación tal.
Aunque eso no hubiera sido necesario, cualquier cosa dicha o hecha con una pizca de picardía en ella era bastante para convencerlo sin esfuerzo. Y lo demostró al instante de sonreír ladino y con un brillo perverso en los ojos.
Parecía ser una mañana llena de gritos y risas de sorpresa y diversión, porque volvió a soltar otro cuando el pelirrojo saltó de la cama como un resorte y la alzó de la cama para llevársela al hombro hacia el cuarto de baño.
Naruto fue olvidado por completo.
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*Corva: parte de atrás de la rodilla.
*Alergia al sol (Erupción polimórfica lumínica) Como el nombre de la enfermedad dice, piel hipersensible a la radiación solar.
Al fin el nuevo capítulo, ¡Lo siento mucho! De verdad que lo siento, he tenido un mes tan fuerte y agotador de trabajo que no he podido publicar antes de que empezara abril. Lo siento mucho por todos los que esperabais este capítulo (excepto por los que me habéis metido prisa, os chincháis) Espero, aunque no prometo nada, que pueda publicar antes este mes.
Las cosas como veis se están empezando a complicar, ya se avecinan problemas a la vuelta de la esquina, así que muy atentos que viene la acción.
Cualquier falta ortográfica o gramatical, por favor, decídmela para poder solucionarla.
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Tsubaki 2345: Por supuesto, pero se verá más a delante, no quiero hacer spoiler.
Gracias por el review.
-Jikigane: Espero que te encuentres mejor ahora y hayas podido disfrutar de este como no pudiste hacerlo con el anterior.
Gracias por el review.
-Domenic: Deseo que este te haya gustado tanto o más que el pasado.
Gracias por el review.
-Afrodita.U: Pues mira que amor tras la traición está lleno de fallos a mansalva, pero bueno, me alegra igualmente te guste ese fic, fue mi primer intento de drama romántico. Oh vaya, me consuela saber que ayudo para algo a aliviar un corazón pesado por la pena, espero que estés mejor de la perdida.
Gracias por el review.
-Gaahinaforever: Todo a su debido tiempo, si meto la mordida, el lemon, que descubra que es vampiro, todo en un capítulo, la historia terminaría en nada, no habría trama alguna.
Gracias por el review.
-Guest (20 febrero): Un tiempo no, años, y tengo una regla que es no leer nada que no esté actualizado desde hace más de un año porque eso ya es un abandono, agradezco la recomendación, pero no lo voy a leer, un autor debe comprometer a terminar la historia, no por él o ella, si no por los lectores. Yo no muerdo, puedes dejar un review cuando quieras xb Wow, te metí en el mundo gaahina, me siento imponente y ciertamente victoriosa xD
Gracias por el review.
-Hera Swallow: No pasa nada, yo siento no haber podido publicar en marzo…
Gracias por el review.
-Rafaela: Una gran y quería amiga mía también es fan del sasuhina pero le hice amar el gaahina, estoy empezando a pensar que es un don. Es que si yo lo dejo, el Gaahina en español en esta página se esfumaría, ¡Y no puedo permitir eso!
Gracias por el review.
-Guest 25 marzo): No quiero ser grosera, pero, ¿crees que me hace feliz no poder publicar antes y dejaros con las ganas de leer que pasa en el nuevo capítulo? No sabes lo que paso, ni el estrés que tengo, por publicar una vez al mes con el trabajo que tengo. Así que, por favor, y sabiendo que no lo dices por ofender, lo sé, pero por favor, no me vuelvas a decir eso. Me estresa mucho y me siendo dolida.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 2 de abril de 2016.
