Incomplete
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Capítulo Treinta y Ocho
El Futuro
Esa mañana, se despertó con suaves besos colocados en su cuello y hombros. Sabiendo exactamente quién lo estaba haciendo, sonrió somnolientamente, pero no abrió los ojos, sintiéndose demasiado contenta justo como estaba. A decir verdad, se había estado sintiendo perfectamente durante un tiempo ya, pero estaba de un humor particularmente placentero a esas alturas.
De no ser porque su esposo usualmente se iba al trabajo muy muy temprano, sabía que él la levantaría de esa forma todos los días y la idea provocó que miles de diminutas mariposas explotaran en su estómago.
—Sakura —murmuró en la curvatura de su cuello, sus labios rozando su piel, haciendo que se erizara—. Despierta. Tenemos que irnos.
—Mmm, ¿ya? —masculló, confundida y medio dormida. Podría haber jurado que acababa de irse a dormir hacía tan sólo unos minutos atrás.
El pecho de Sasuke retumbó con una risa entre dientes. —Sí, nena. Vamos —la animó, plantando una casto beso en su frente antes de que ella sintiera su cuerpo abandonar la cama—. Puedes dormir en el avión si quieres, pero tenemos que irnos ahora.
Con otro gruñido de descontento, Sakura se obligó a girar su pesado cuerpo y empujarse hasta sentarse, extremadamente renuente a dejar atrás la calidez de su almohada. Permaneció inmóvil por un largo momento, frotándose el rostro cansado, haciendo su mejor esfuerzo para ahuyetar la ofuscación de su cabeza. Ni siquiera podía ver bien—así de increíblemente cansada estaba.
Viéndola en ese estado hizo que otra risa entre dientes saliera de sus labios. —¿Te dije o no te dije que te fueras a dormir más temprano de lo usual? —preguntó con sólo un indicio de engreimiento, a lo cual él recibió como respuesta una almohada bien merecida en la cabeza.
—Cállate —murmuró, visiblemente molesta con toda la situación—. Sabes perfectametne bien que lo intenté. No estoy acostumbrada a irme a dormir a las ocho de la tarde. Mátame.
—Ya sé —respondió, sus ojos suavizándose al ver su cuerpo encorvado. Ella se había tirado y volteado durante un buen período de tiempo, suspiros y gemidos de frustración escapando de sus labios. Al final, encontró un cómodo lugar en la espalda de Sasuke y lentamente se fue durmiendo y fue sólo entonces que él se permitió sucumbir en la inconsciencia—. Vamos —la animó, extendiendo la mano para ayudarla a levantarse. Ella aceptó la oferta con entusiasmo, agarrando su mano con ambas y permitiéndole ponerla de pie.
Tan pronto como recuperó el equilibrio, se acercó a él, envolviendo sus pequeños brazos alrededor de su cintura y escondió el rostro en su pecho. Casi al instante, cuando su rostro tocó el suave material de su playera, se dio cuenta de que él ya estaba vestido y listo para irse. Por el olor, él incluso había tomado un baño antes de levantarla. La idea hizo que su interior se derritiera—no había otra forma de ponerlo. Desde que ella regresó, él había sido tan dulce, tan cariñoso… él parecía pensar en todo, planear hasta el último detalle y usar hasta la última cosa que pudiera para hacerla esta a gusto. Una vez había pensado que había conocido el 'lado dulce' de Sasuke. Sólo ahora se daba cuenta de lo mucho que se había estado engañando.
Sus fuertes brazos se envolvieron alrededor de ella, su cálida mano masajeando su espalda en un movimiento tan reconfortante que, por un momento, ella temió poder quedarse dormida. Pero luego él se separó, besó su frente y la escoltó hasta el baño.
—Ponte algo cómodo —le instruyó después de un minuto—. Hablaba en serio sobre eso de que te duermas en el avión. Pareces un zombie.
—Dios, gracias —gruñó la pelirrosa cuando abrió la puerta, el cepillo de dientes en la mano—. Eres tan dulce.
~•~
En el avión, ella durmió por otras tres buenas horas, antes de despertarse en un estado mucho mejor. Se estiró como un gato bajo la suave manta que vagamente recordó que su esposo le puso y luego se sentó, ojos jade buscando en el lugar ese rostro familiar. Nunca lo encontró, así que se puso de pie, se estiró de nuevo con los brazos sobre su cabeza y después de colocar la manta en un pequeño espacio de almacén, salió de la cabina.
Como se lo esperó, encontró a Sasuke sentado comodamente en una de las sillas, dándole la espalda, echándole un ojo a lo que pareció ser un contrato. En la mesa, en frente de él, había una delgada pila de folders amarillos y una botella de agua que ella entusiasmadamente se robó al pasar de él para dirigirse al asiento opuesto—aunque no sin antes detenerse para saludarlo con un besito en la mejilla.
—¿Te sientes mejor? —preguntó mientras la observaba instalarse en la enorme silla en frente de él.
Sakura se tomó su tiempo en responderle, destapando la botella para darle un pequeño sorbo de agua. El frío líquido se sintió refrescante al bajar por su garganta, y mientras se inclinó, se dio cuenta de que había juzgado mal lo cómodos que eran los asientos en realidad. Podía echarse a dormir de nuevo en ese lugar.
—Mucho —afirmó después de haber saciado su sed. Enroscando la tapa de nuevo y colocando la botella plástica en la mesa, ella entornó los ojos al mirar afuera, frunciendo las cejas—. ¿En dónde estamos?
—Sospecho… que en algún lugar sobre el Atlántico —respondió después de un breve momento de duda.
—Lo que significa que dormí mucho —concluyó.
—Lo que significa que dormiste lo suficiente —concordó, colocando el archivo en su manos en la mesa—. Ven aquí.
Sakura sonrió cuando él la llamó con un gesto, más que dispuesta para pararse y cortar la distancia entre ellos, tomando asiento en su regazo y envolviendo los brazos alrededor de su cuello. Los brazos de Sasuke rodearon su cintura para soportarla mientras él se movía para acomodarla mejor, su barbilla alzándose y sus labios buscando los de ella casi de manera inconsciente. La sonrisa de la pelirrosa se ensanchó al ver la acción, pero cayo en la tentación, cerrando los ojos y dándole a Sasuke un beso gentil. La mano que no estaba aferrada en su cintura se alzó para acunar su mejilla, los largos dedos de Sasuke hundiéndose en sus mechones rosas.
—Entonces… ¿tenemos un plan para esta semana? —preguntó cuando se separaron.
Sasuke la movió para que su espalda estuviera medio en su pecho y medio en la pared. —Sí —le dijo y se movió para agarrar uno de los archivos; sacando una delgada hoja de papel, le permitió a su esposa tomarlo de sus manos para que pudiera estudiarla mejor.
—Estás libre hasta el lunes —anunció, buscando la aprobación en sus obsidianas, la cual vino en la forma de un pequeño asentimiento de cabeza—. Eso significa que tenemos el fin de semana para nosotros.
—Podermos salir a pasear —propuso, envolviendo ambos brazos a su alrededor y apoyando la barbilla en su hombro—. Te mostraré lugares de la ciudad. También puedo llevarte a cenar.
Sakura le sonrió. —Eso me encantaría eso —le dijo.
Él se encogió de hombros. —Entonces está decidido.
—Reunión temprana el lunes —continuó cuando sus ojos regresaron al papel en sus manos—. Supongo que dormiré hasta tarde.
—Recepción el martes —agregó juquetonamente, leyendo sobre su hombro—. Me acompañarás a esa.
—De acuerdo… —hizo una pausa y pareció reconsiderar sus opciones—. Entonces no dormiré hasta tarde. Iré de shopping.
—Hn —gruñó, escondiendo su sonrisa socarrona en la tela del suéter de Sakura. Ella ciertametne no lo hacía sonar como un sacrificio—. No estaré en todo el día del miércoles. Tendrás que encontrar una forma de entretenerte.
La pelirrosa le sonrió. —Más shopping.
Sasuke rodó los ojos.
—¿Tienes día libre el jueves? —preguntó, sus ojos estudiando la hoja de papel.
—Aa —respondió—. Excepto por una reunión en la mañana.
—¡Grandioso! Y cena el viernes —leyó—. ¿Tú o nosotros?
—Nosotros —confirmó, antes de ofrecer—, también podemos pasar el siguiente fin de semana en Moscú. Explorar un poco más, si quieres.
Se encontró con su sugerencia con una amplia sonrisa. —Eso suena grandioso.
—También, me gustaría hacer un pequeño desvío en nuestro camino de regreso a casa —anunció.
Sakura frunció el entrecejo con curiosidad. —¿Desvío? ¿A dónde?
—Chicago —dijo, siendo deliberadamente vago—. Tengo un par de problemas por resolver ahí.
—Eso está bien por mí —respondió. La hoja revoloteó hasta la mesa cuando la soltó y se giró en los brazos de Sasuke, acurrucándose en su pecho y presionando sus labios con los de él.
~•~
Fue fácil para Sasuke localizar a su esposa entre la multitud. Estaba, después de todo, usando el vestido largo vestido azul más hermoso que él hubiera visto alguna vez. Y no sólo eso, sino que él sabía perfectamente bien cuál era la parte favorita del lugar de Sakura—la enorme ventana que iba del piso al techo por la cual se podía ver toda la ciudad.
Ellos sólo habían estado en Moscú por un par de días, pero Sakura se había estado enamorando con todo lo que vio. Sasuke se preguntó si así es como eran todos los viajes con ella, porque si lo eran, definitivamente iba a traerla consigo en cada uno de sus futuros viajes de negocios. Ella iluminaba todo su mundo. Nunca antes había disfrutado tanto un viaje y eso no era porque estuvieran particularmente activos. No, se necesitaba menos que eso para hacer sonreír a Sakura. Parecía asombroso, pero ella estaba feliz con cosas tan simples—las más pequeñas.
Esa era una de las razones por la cual la amaba. Y definitivamente era la razón de por qué cualquiera a quien se la presentaba también sentía lo mismo al instante. El antiguo socio de negocios de su padre se había cautivado por completo con ella al punto en donde le preguntó por qué no la había llevado a sus reuniones.
Su madre había estado en lo cierto cuando solía decir que él era un hombre ciego por no ver el tesoro que tenía a su lado. Las palabras no podían describir lo aliviado que se sentía de haber conseguido abrir los ojos a tiempo.
—¿En qué estás pensando? —murmuró al ponerse a su lado, rozando sus labios brevemente sobre la suave piel de su hombro mientras colocaba su mano sobre su espalda baja. El leve rugido de la recepción fue ahogado cuando se adentraron fácilmente en su pequeño mundo—su propio cómodo y cálido capullo.
Ella sonrió. —Nada —respondió—. Es una hermosa ciudad, eso es todo.
—Lo es —concordó.
—No te he contado que nunca antes salí realmente del país, ¿o sí? —preguntó, moviéndose para verlo a la cara.
Sasuke frunció el entrecejo. —¿Qué quieres decir con que nunca antes saliste del país?
—Es decir, sí lo hice —corrigió—. Una vez, con Seiji. Me llevó en un viaje a Europa con sus amigos —sonriendo con nostalgia, negó con la cabeza—. Estuvo descabellado. Casi no tuvimos nada de la comodida a la que estábamos acostumbrados en casa, pero… pero aun así fue asombroso. Y no se trataba sólo de un montón de adolescentes escapando de casa y teniendo su primera muestra de libertad. Fue más. La pesada atmósfera que tanto nos molestaba había… desaparecido. Sólo así —se encogió de hombros—. Creo que de ahí es de donde viene mi gusto para viajar.
—Tu padres no parecen ser el tipo de padres que dejan a sus hijos ir en un viaje a Europa por sí mismos, incluso aunque sea por el amor a las apariencias —comentó, poniendo un mechón ondulado de cabello rosa detrás de su oreja.
Sakura negó con la cabeza. —No lo son —confirmó—. Pero Seiji siempre hacía sólo lo que él quería. Era fuerte. Yo también lo era, pero tendía a rendirme en la mayoría de las veces. Quería complacer a mis padres. Quería que me amaran. Pero Seiji era mayor. Él probablemente sabía que era una causa perdida, así que eso no le preocupaba. Se mantenía firme hasta que se saliera con la suya porque a él no le importaba lo que ellos pensaran —bajando la mirando, ella agarró su mano y entrelazó sus dedos, susurrando—, como tú. A ti no te importó lo que mi padre pensó cuando lo confrontaste en la boda.
Sus hermosos ojos jade estaban sospechosamente húmedos cuando alzó la cabeza y la tomó gentilmente entre sus brazos, sujetándola como una frágil pieza de porcelana mientras la persuadía de relajarse en su abrazo. No tomó mucho esfuerzo. Tan pronto como ella sintió la calidez de su cuerpo irradiar, prácticamente se derritió sobre él, envolviendo sus pequeños brazos alrededor de su cintura y apoyando la cabeza en su hombro.
—Un día, voy a hacer una locura —le dijo mientras estaban envueltos uno en los brazos del otro, el mundo alrededor de ellos completamente bloqueado.
Sakura se separó cuando escuchó sus palabras, su rostro torciéndose en una expresión divertida.
—Me voy a tomar unos cuantos meses libres del trabajo, robarme el gran jet y llevarte por todo el mundo. Vamos a visitar todo. Y vas a disfrutar cada minuto.
No estuvo seguro de poder considerar un logro el haber conseguido distraerla de su pasado doloroso cuando sus ojos jade se llenaron de lágrimas de nuevo.
—No sé si estás hablando en serio en este momento, pero realmente me gustaría eso —susurró.
—Hablo en serio —le aseguró—. Y lo haremos. Lo prometo.
—¿Y me enseñarás ruso? —presionó, sonriéndole.
—Sí. Pero debo advertirte, el precio por mis lecciones es muy alto —bromeó.
Ella enarcó una ceja. —Hmm, ¿en serio?
—Sí —sonriendo con socarronería, inclinó la cabeza para susurrar en su oído—, vas a tener que ser mi esclava sexual durante muchas, muchas semanas. Y eso sólo es por una lección.
Sakura rió, aventando la cabeza para atrás mientras envolvía los brazos alrededor de su cuello. —Bueno, profesor, creo que podré ser capaz de soportarlo. ¿Qué crees tú?
~•~
—Aww, ¡mira este! —exclamó Sakura, los dedos cerniendo sobre la pantalla de su iPad mientras le daba un codazo a su esposo en el costado.
Él gruñó, pero decidió mantener los ojos cerrados.
La pelirrosa le dio un vistazo y le dio un toque con el dedo de nuevo. —¡Sasuke! —se quejó.
Un gruñido retumbó por lo bajo en su pecho mientras abría los ojos a regañadientes para ver qué era exactamente lo que la tenía tan emocionada. No estuvo sorprendido de descubrir que era otro gatito más—esta vez uno sin nada de adornos. Rodando los ojos, los cerró de nuevo.
Era miércoles y Sasuke había conseguido sobrevivir exitosamente a su temprana reunión sólo para que pudiera regresar a la casa que había rentado durante una semana y colapsar en la cama con su esposa. El cambio de horario los estaba cansando a ambos, pero al menos Sakura era su propia jefa cuando se trataba de su horario.
Sin embargo, por sorprendida que hubiera estado cuando él vio a casa con toda la intención de tomar una siesta, ella no se lo negó. Nunca podría declinar una oferta de dormir envuelta en sus brazos. Así que se acurrucaron juntos bajo la cálida colcha y durmieron durante el almuerzo y también durante un poco de la tarde. La pelirrosa se había despertado más temprano que él y se mantuvo ocupada con la conexión inalámbrica, a lo cual un atontado Sasuke se le unió después. Eso, hasta que ella comenzó a arrullar al ver gatitos y su atención regresó de repente a sus pensamientos.
—Sasuke-kun, ¡no puedes decir que no es la cosita más bonita que hayas visto alguna vez! —dijo, haciendo un gesto hacia el aparato en sus manos.
—Odio a los gatos —gruñó.
—¿Qué? —balbuceó—. ¿Cómo es que puedes odiar a los gatos?
—Los odio —insistió—. Son quisquillosos —a diferencia de él, su madre los amaba y él había crecido rodeado de ellos. Nunca había conocido otro animal que pudiera ser tan decidido en salirse con la suya en todo. Pero su concepción podría tener algo que ver con el hecho de que él siempre había querido acariciarlos y ellos nunca cooperaban.
Sakura rió, un sonido tan feliz que hizo que el corazón de Sasuke se inflara.
—Sasuke, tú eres quisquilloso —recalcó—. Los gatos son como que, las mejores mascotas para ti. Son justo como tú. Son arrogantes, egoístas y aman que les rasquen dentrás de las orejas de esta for—
Él le dio un manotazo a su mano extendida para alejarla antes de que ella pudiera tocarlo y hacer una demostración.
Riendo, lo intentó de nuevo, pero el resultado fue el mismo—sólo que esta vez, un molesto Sasuke rodó y escondió el rostro en la almohada, ignorándola mientras ella continuaba riendo.
En cualquier otro momento, él probablemente hubiera encontrado molesto que ella se estuviera entreteniendo a su costa tan copiosamente, pero se sentía adormilado y cómodo y agradablemente calentito y el sonido de su felicidad eran tan reconfortante que casi lo arrulló hasta dormirse. Sin embargo, antes de que eso sucedira, ella se detuvo. De repente, su peso estuvo apoyándose contra su espalda y su pequeña mano se hundió en sus mechones puntiagudos, masajeando su cuero cabelludo justo como a él le gustaba. Él hubiera ronroneado si no hubiera sabido que eso haría que ella tuviera otro ataque de risitas.
—¿Estás molesto? —preguntó.
Él gruñó.
Ella rió. —Pero en serio, Sasuke, si te detienes a pensarlo… si no te gustan los gatos, ¿cuál sería nuestra mascota? ¿Una de esas repulsivas lagartijas que se trepan en las paredes?
Él enarcó la ceja al escucharla. —Eso sería interesante.
—¡Sasuke! —se quejó, juguetonamente dándole un golpe en la espalda.
Él se rió entre dientes y permitió que sus labios se alzaran en una sonrisa socarrona.
—¡Hablo en serio! —se quejó.
—Un perro, Sakura —dijo. De haber estado abiertos, él hubiera rodado los ojos—. ¿Qué puede ser más obvio que eso?
Ella rió y su insistencia cesó cuando se acurrucó contra su espalda.
—¿Sasuke? —su voz tentativa resonó por la habitación después de un período de pacífico silencio.
—¿Hn?
—¿Quieres salir hoy en la noche para lo que sea? —preguntó.
Él se encogió de hombros.
—Porque no estoy de humor para restaurantes sofisticados —explicó—. Ya tuve suficientes de esos por esta semana.
—Hn —confiaba en ella lo suficiente para ser capaz de decir que era un sonido de acuerdo.
—Entonces… ¿qué tal esto? Pasamos el resto del día adentro… hacemos una cena ligera, encendemos la chimenea, bebemos algo de vino —se detuvo, los dedos delineando patrones al azar en la playera de Sasuke.
—Necesitamos comprar las cosas —le recordó.
—Entonces compramos las cosas —dijo—. ¿Quieres hacerlo?
—Aa —respondió. Incluso para él, su voz sonó rara.
—¿Todavía estás cansado? —murmuró con gentileza.
Él se tomó un momento para asegurarse de que su respuesta fuera honesta. —Más bien desorientado.
—Aww, pobre bebé —lo arrulló, besando su hombro—. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?
Él permaneció en silencio, abierto a sugerencias.
Sakura sonrió. —¿Qué tal un baño caliente?
~•~
—¡Sakura! —gritó, colocando una mano en el marco de la puerta mientras fulminaba en dirección de la habitación.
—¡Te escuché la primera vez, Sasuke! —su esposa le espetó del interior.
—Pudiste haberme engañado —murmuró con sarcasmo para sí.
En un remolino de perfume seductor, ella apareció, vestida con un suéter negro y jeans negros desgastados. Desplomándose en el pequeño sofá del recibidor de la suite del hotel, ella se inclinó para ponerse sus botines. —¿Cómo puedes no decirle a una mujer a dónde la vas a llevar y luego esperas que se arregle en diez minutos?
—No te dije que te arreglaras, te dije que te pusieras algo de ropa —replicó con impaciencia.
Sakura bufó. —Oh, pero qué gran diferencia.
Sasuke rodó los ojos. —Aparentemente, lo es.
—Eres un completo insensible —lo acusó. Luego ella también rodó los ojos—. Pero creo que ya te lo he dicho antes.
—Lo has hecho —respondió, su tono cuidado.
—De acuerdo —dijo, poniéndose de pie—. Estoy lista. ¿Ves? No hay necesidad de hacer un escándalo —pasando de él, agarró su abrigo y lo llevó con ella para ponerlo en el recibidor—. Estoy lista.
Sasuke suspiró.
—Reina del drama —murmuró ella—. Te lo dije una vez, me ignoraste—
—Cállate, Sakura —le dijo mientras cerraba la puerta detrás de él, negando con la cabeza con diversión y evitando que una risa saliera de sus labios al ver sus bufonerías.
~•~
Los ojos de Sakura se ensancharon y su boca se desencajó antes de que él tuviera siquiera la oportunidad de meterse en el acceso. Mientras el auto lentamente se detenía, él apagó el motor, el ronroneo del costoso coche rentado muriéndose.
—¿Qué es este lugar…? —preguntó, frunciendo el entrecejo en su dirección.
Sasuke desabrochó su cinturón de seguridad y le hizo un gesto a Sakura para que lo siguiera. —Vamos, sal —la alentó.
Aunue todavía estaba confundida, la pelirrosa lo escuchó y salió del vehículo, cerrando la puerta detrás de ella antes de lentamente —y con bastante vacilación— seguirlo hasta las escaleras frontales, ojos jade deambulando para memorizar cada centímetro de la imponente mansión de tres pisos que se extendía frente a ella. Se hubiera preguntado si él la estaba llevando a visitar a alguien y si estaba vestida apropiadamente, pero no había ningún signo de movimiento en la casa, ningún coche en el acceso, ningún ruido—nada que indicara vida salvo por el par de ardillas que notó se perseguían en un árbol a su derecha.
Frunciendo las cejas, se giró para estudiar lo que había estado atrás de ella todo el tiempo—el largo acceso nevado y los portones que habían pasado no mucho tiempo atrás. Mientras se giraba, se encontró con la imagen de su esposo rebuscando una serie de llaves en el bolsillo de su abrigo. Ella se quedó para observar con sorpresa y leve confusión cuando él encontró la llave correcta, la metió en la cerradura de la puerta principal y la giró dos veces—y abriendo su camino al interior de la casa.
Su mirada fruncida se acentuó, su mente luchando por hacer las conexiones sobre qué era lo que estaba ocurriendo. —¿Qué estás haciendo? —susurró con dureza—. ¿Por qué tienes las llaves de aquí?
—Entra —le ordenó, manteniendo la puerta abierta—. Hace frío afuera.
Sakura estuvo demasiado asombrada por la vista en frente de ella como para importarle que él estuviera ignorándola básicamente. —También hace frío adentro —recalcó al entrar al recibidor. Hubo una ligera neblina saliendo de su boca mientras hablaba.
—Eso es porque nadie vive aquí —le ofreció a modo de explicación. Luego agregó, encogiéndose de hombros—, Y parcialmente porque no está decorada, supongo.
El nivel de confusión de Sakura se incrementó cuando comenzó a preguntarse por qué exactamente la había traído a una casa vacía, pero su curiosidad pareció sopesarlo cuando sus ojos registraron los pisos de madera y las paredes de color chocolate.
—¿Puedo…? —hizo un gesto hacia el pequeño recibidor en frente de ella.
Sasuke asintió.
Metiendo las manos en los bolsillos de sus jeans en un gesto de nervios, se adentró aun más en la casa, hacia la luz que se vertía en la madera al final del estrecho pasaje. El aire se le escapó cuando cuando finalmente salió de ahí y se encontró justo en el corazón de la mansión.
No había nada impresionante en cuestión del diseño o los toques hogareños—o incluso un detalle especial en las paredes. Era simple madera y una chimenea hecha de pieda, reminiscencia de una cabaña de invierno. Pero había ventanas que iban del piso al techo y una espléndida vista del campo nevado que se desbordaba justo en un lago congelado, el cielo grisáceo fungiendo como fondo.
Uno tendría que ser ciego para no asombrarse por el potencial del lugar y Sakura tuvo que hacer un esfuerzo consciente para evitar que su boca se desencajara. —Es hermosa —susurró mientras descendía por el pequeño tramo de escaleras que la dirigía al centro de la enorme habitación. Dio pasos titubeantes al frente, deteniéndose cada segundo para admirar su alrededor.
—Pensé que te gustaría —comentó Sasuke detrás de ella.
La pelirrosa asintió, todavía asombrada mientras se giraba para verlo a la cara—. Por supuesto que sí. Es… es perfecta —sus voces parecieron resonar en el inmenso espacio vacío.
—Es tuya —declaró y extendió las llaves, sosteniéndolas en frente de ella mientras ella parpadeaba y balbuceaba y daba un paso para atrás, luchando por recuperarse de su shock.
—¿Qué? —exhaló, su mirada fruncida pronunciándose aun más. Extendió sus temblorosas manos hacia las llaves, pero hubo confusión grabada en su expresión, lo que incitó a Sasuke a tomar cartas en el asunto.
Agarando su mano, le dio un gentil tirón. —Ven aquí —la persuadió y la dirigió por la habitación. Deslizando dos largas puertas de cristal, él salió y se encontró en el porche, donde él se apoyó en el barandal con ella en frente de él y trató de ponerle orden a sus pensamientos revueltos antes de componer una explicación apropiada.
—Hace unas semanas —comenzó, sintiendo sus ojos jades fijos en él—, recibí una oferta. Una oferta de trabajo para ser más exactos. Mi papá quiere abrir una nueva oficina aquí.
—¿Una nueva compañía? —preguntó, sorprendida. El helado viento jugó con su cabello rosa, obligándola a ponerlo detrás de sus orejas—. O sea, ¿un enorme edificio con el logo en él y todo eso?
Él asintió. —Algo así.
—¿Por qué? —preguntó, frunciendo el entrecejo.
Sasuke se encogió de hombros. —Será una nueva filial. Ni siquiera yo estoy muy seguro, para serte honesto. No lo había considerado seriamente hasta unos días atrás.
—¿No has considerado seriamente qué? —lo motivó, todavía incapaz de decir qué era de lo que él estaba hablando.
—No he considerado la idea de encargarme de esta nueva filial —explicó.
Ella enarcó las cejas con sorpresa. —¿Y la compañía en casa?
Su respuesta fue simple. —Neji.
Sakura abrió la boca para hablar —una vez, dos veces— sólo para cerrarla al darse cuenta de que ni siquiera sabía qué era lo que quería decir. Dando un paso para atrás, puso otra hebra de cabello rebelde detrás de su oreja. No era propio de ella estar fuera de su elemento después de una simple explicación que ella misma había pedido, pero de nuevo, Sasuke siempre había conseguido lo imposible.
Viéndola dudar, el Uchiha le dio un paretón a su mano y la acercó. —Escúchame —dijo, su voz persuadiendo su mirada jade a enfocarse en él—. No estoy intentando presionarte en hacer nada. Por el contrario, estoy haciendo esto por ti—por nosotros —hizo una pausa, tragando saliva—. Esa casa… en casa… todo—es demasiado. Hay tres años de historia ahí. Necesitamos un nuevo comienzo —dando un aso al frente, cortó la distancia entre ellos y acunó la mejilla de Sakura con su mano libre—. Tú necesitas un nuevo comienzo.
Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas cuando le cayó el veinte. No podía creer que él le había puesto atención a cada una de sus palabras, a cada uno de sus susurros.
—Puedo darnos eso —le dijo en un tono gentil.
—Es por eso que me trajiste aquí —susurró.
Él asintió una vez. —Sí.
—Es por eso que compraste esta casa —continuó.
—Sí —concordó de nuevo—. Pero nena, la decisión… es sólo tuya.
—Sasuke, yo… —dando un paso para atrás, puso un poco de distancia entre ellos, los tacones resonando en el piso de madera—. No puedo creer que hicieras esto.
—¿Estás enojada? —preguntó, frunciendo el entrecejo mientras la seguía.
—¡No! —exclamó, negando con la cabeza firmemente mientras se reunía con él a medio camino—. No, por supuesto que no. Es sólo… que estoy sorprendida. Yo… tú pensaste en todo y… yo estoy abrumada —trató de detenerse antes de atragantarse con las palabras y las lágrimas, pero tenía tanto que quería decir y su corazón se sintió como si estuviera listo para estallar. Ella sonrió—. Gracias, Sasuke. No creo que alguien hubiera puesto alguna vez todo este esfuerzo para complacerme… para asegurarse de que estuviera a gusto.
—¿Eso es un sí? —preguntó con inseguridad.
—Sí —una risa salió de sus labios junto con las palabras. Acunando su rostro dentro de sus pequeñas manos, Sakura se puso de puntitas para besarlo—. Sí, lo es.
~•~
Terminaron en frente de la chimenea, en un catre de almohadas y mantas que Sasuke había sacado misteriosamente de un clóset. Sakura lo acusó de haberlo planeado con antelación. Él lo negó con vehemencia, pero ella permaneció escéptica. Sin embargo, él fue rápido en despojarla de su habilidad para pensar racionalmente y mientras yacían enredados en las mantas, ella encima de él, labios conectados en un suave beso, la calidez del fuego acariciando su piel, los planes de Sasuke fueron la última cosa en la mente de Sakura.
—¡No puedo creer que me compraras una casa! —exclamó con una risa, aventando su cabeza para atrás.
—Hn —gruñó, sus dedos trazando la longitud de su columna vertebral—. Y quiero que la decores.
Sakura sonrió con dulzura. —¿En serio?
—Sí —respondió.
—¿Tanto confías en mí? —preguntó de manera contenta, su nariz rozando la de él.
—Sí —las palabras fueron dichas contra sus labios.
Sakura sonrió y la mano de Sasuke se arrastró hasta sus mechones rosas, bajando su cabeza, besándola con la pasión perezosa que siempre la hacía avergonzarse. Pero la intensidad de su beso lentamente se murió esta vez y ella gentilmente rozó sus labios con los de él una última vez antes de permitirse recostar la cabeza en su cálido pecho, el latido de su corazón inundando sus oídos.
Permanecieron en esa posición durante un rato, la mano de Sasuke moviéndose lánguidamente en la espalda de Sakura mientras ella se le acurrucaba más, el único sonido alrededor de ellos siendo el del fuego restallando y el del viento aullando en el exterior.
—Hazme un favor —rompió el silencio, su palma aplanándose en su piel.
—¿Hmm? —preguntó somnolientamente, alzando la cabeza para mirarlo.
—Alcanza mis pantalones —le instruyó.
Aunque confundida, la mujer pelirrosa se movió, acercando la manta más cercana a su pecho mientras se movía para sentarse a su lado. —No te vas a vestir, ¿o sí? —bromeó, enarcando una ceja. La pieza de ropa deseada estaba a una distancia conveniente de ellos y la arrastró hasta su regazo, esperando por más instrucciones.
—Ni siquiera puedo concebir la idea —replicó con sarcasmo, rodando los ojos—. Busca en los bolsillos.
Ella pareció divertida y todavía entretenida mientras hacía lo que le dijeron. Le atinó al bolsillo correcto en su primer intento, sus dedos agarrando un pequeño objeto rectangular. Frunciendo el entrecejo, lo sacó para examinarlo en la luz del fuego, su corazón chisporroteando y luego comenzando un baile frenético al ver la pequeña caja de terciopelo rojo.
—¿Qué es esto? —pregunto, temblando.
La voz de Sasuke fue suave cuando sugirió, —¿Por qué no lo descubres por ti misma?
En respuesta, recibió una mirada insegura, pero sus dedos temblorosos agarraron la caja y la abrió lentamente. El aire se le quedó atrapado en la garganta. Ahí, acurrucado en seda blanca, estaba su antiguo anillo de boda. El anillo de boda que ella le había lanzado hacía tanto tiempo atrás. El símbolo de su liberación, de su libertad, de su cambio. En pocas palabras, el símbolo de su valor para comenzar una nueva vida.
Y Sakura sabía—Sakura sabía que él la amaba, pero que él lo conservara todo este tiempo… sus ojos se aguaron y la imagen del anillo se desdibujó.
—Pensé en conseguirte otro —la voz de Sasuke la sacó de sus pensamientos y su cabeza se alzó para mirarlo. Sus latidos se calmaron al ver la comprensión que encontró en sus orbes ónices y sus emociones parecieron de repente más fáciles de superarse cuando la mirada de Sasuke lentamente le dio la fuerza para tragarse el nudo que se había formado en su garganta y continuar lo que a él le faltaba por decir.
—Pero el pasado nos ha hecho lo que somos ahora. No podemos olvidarlo por completo… y yo, por mi parte, no quiero hacerlo —deslizando el anillo en su dedo, estuvo asombrada por la confianza que trajo consigo. Su mano se sintió pesada, aun así… aun así se sintió bien. Flexionando los dedos, ella bajó la mirada. Se sintió correcto. No había nada en el mundo que se sintiera más correcto que eso.
Y mientras él tomaba su mano y la llevaba lentamente hasta sus labios, presionando un beso justo donde el anillo de platino tocaba su piel, sus ojos se encontraron.
Y ella lo supo entonces. Había encontrado lo que había estado buscando todo ese tiempo.
—Hemos aprendido nuestras lecciones, hemos seguido adelante —susurró Sakura—. Todavía no ha acabado, todavía tendremos más de ellas… pero nos tenemos el uno al otro ahora y todo estará bien.
Admito que he tardado un montón, pero tuve cambio de trabajo por uno mucho mejor, estoy en uno de esos semestres en los que son mortales y simplemente, cuando el tiempo pasa, uno crece y muchas cosas cambian. Espero entiendan.
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¿Alguien sabe qué onda con ese nuevo manga de Boruto? ¿Cosas nuevas que me cuenten de la serie de Naruto? ¿Qué tal está ese Itachi shinden en anime? ¿Alguien sabe dónde puedo encontrar los shindens, las novelas esas que sacaron hace no mucho sobre los personajes de Naruto? Me gustaría leerlos, pero no sé dónde buscar.
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Ah, nunca me cansaré de decirlo: Katte es un pansito.
...ustedes también.
...los anónimos también.
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¡Nos vemos pronto!
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sasuke-glamour off!
