Hola a todos! Tiempo sin comunicarme con ustedes xD. Bueno he comenzado a escribir de nuevo aprovechando los tiempos libres que tengo de vez en cuando. El Fic está cerca de terminar, no creo que dure más d capis más.
Me gustaría que me dejaran reviews, por favor, para saber sus opiniones hasta ahora.
Sin más que agregar, a leer!
Dejen reviews :) !
Capítulo 38.
Cerca de las tres de la mañana, el fuego de la chimenea continuaba vivo, danzante, emitiendo un calor que proyectaba y generaba somnolencia en la sala de estar del número doce de Grimmauld Place. La única persona que se encontraba viéndola, sin embargo, estaba lejos de sentirse con sueño. Claire debería encontrarse superada por el cansancio, pero no era así. La tarde anterior había dormido una larga siesta, y el descanso que le había proporcionado aún le permitía permanecer despierta. Estaba evaluando lo que debería hacer desde ese punto.
Claro estaba que no podía regresar a Hogwarts, no después de haber atacado a la directora y a sus ayudantes, desarmándola a ella y consiguiendo que algunos de los que la apoyaban en su asalto a Hagrid perdieran el conocimiento. Y tampoco era cosa de que ahora podría ir de allá por acá en el Reino Unido, pues seguramente a partir del día siguiente ella sería buscada por el Ministerio de Magia para encarcelarla, si es que no se encontraba fichada ya.
Para temor de ella, si todo aquel asunto no se solucionaba pronto, y para eso el Ministro tendría que abrir los ojos y darse cuenta de que Harry y Dumbledore no decían más que la verdad al respecto del regreso de Voldemort, ella se vería obligada a regresar a Estados Unidos donde al menos estaría bajo la jurisdicción de la justicia mágica norteamericana; donde si escucharían su versión de lo ocurrido, al menos.
Pero irse de aquella manera no era lo que quería. No quería marcharse aún, y mucho menos sin despedirse y asegurarse que sus amigos estarían bien.
Claire apartó la vista de las llamas cuando escuchó que Sirius entraba a la sala de estar, sosteniendo dos vasos de cristal con un líquido color miel en su interior.
- Pensé que querrías tomar algo. – comentó Sirius. Claire esbozó una leve sonrisa decaída y estiró la mano para recibir el vaso.
- Gracias. – dijo.
Estaba sentada en el viejo sillón, frente a la chimenea. Sirius asintió y se sentó a su lado.
- Me alegré mucho cuando me dijeron que vendrías, si he de ser sincero. – dijo Sirius, bebiendo un poco del Whisky de Fuego. – Ojalá hubiera sido en mejores circunstancias.
Claire sabía que, aunque normalmente siempre había alguien ahí con él durante el día, ya fuera Remus, Tonks, Ojoloco u otros miembros de la Orden, durante la noche él se quedaba solo en aquella oscura casa. Podía entenderlo perfectamente, pues ella había vivido sola desde que se graduara de la universidad, pero sin duda su casa era mucho más acogedora que la de él.
- Gracias por permitirme quedarme. – dijo Claire, mirándolo.
- De nada. Es un placer. Te dije que eres bienvenida aquí, siempre.
Se extendió un silencio solemne sobre ellos, roto por ocasionales chasquidos provenientes de la madera ardiente.
- Si quisieras… contarme lo que sucedió… no me dieron muchos detalles cuando me informaron que te quedarías aquí… - habló Sirius, tras un rato. – Solo que ni tú ni Hagrid podían seguir en Hogwarts.
Claire apretó la mandíbula y asintió. Luego suspiró y se bebió el contenido de su vaso de un solo trago. Podía sentir la mirada asombrada de Sirius viéndola mientras cerraba los ojos con fuerza y esperaba a que la sensación de tener fuego en la garganta se le pasara.
- Pues, de manera resumida, la directora y sus hombres atacaron a Hagrid. – dijo Claire, volviendo a abrir los ojos, mirando la chimenea de nuevo. – Y a Minerva. Y yo ataqué a Umbridge.
Terminó su frase con un encogimiento de hombros, queriendo restarle importancia a algo realmente importante. Sirius le ofreció otro trago, y cuando lo tuvo en mano le relató con más detalles lo sucedido aquella noche. Cómo había escuchado el alboroto en el exterior del castillo mientras patrullaba por los pasillos, como había escuchado los gritos de la Profesora McGonagall y como la había visto recibir los maleficios aturdidores directamente en el pecho, y como la maldita vieja cara de sapo había sonreído cuando sucedió.
- Simplemente no pude dejarlo pasar. – se justificó Claire, bebiendo de a poco esta vez. – Claro que me quedé con las ganas de lanzarle un maleficio directo, solo la desarmé.
También estaba segura de que ninguna de sus aves en llamas la había alcanzado, pues los había lanzado como distracción, no como un ataque.
- Realmente espero que Minerva se encuentre bien.
- Lo estará. – aseguró Sirius. – Es de las mujeres más fuertes que conozco.
Claire sonrió de lado, asintiendo. Era verdad, pero eso no quitaba el hecho de que ya tenía algunas limitaciones debido a su edad. Estaba claro que hubiera podido defenderse sin problemas de haber tenido su varita en mano, pero resistir un ataque como ese a su edad. Realmente sería un milagro que no quedara con alguna secuela permanente.
- ¿Qué voy a hacer ahora, Sirius? – preguntó Claire, mirándolo a los ojos. – Ya no puedo regresar a Hogwarts hasta de Dumbledore lo haga, y pueden pasar meses hasta que eso ocurra. Y el Ministerio seguramente comenzará a perseguirme también…
- Bueno… como prófugo con experiencia… - dijo Sirius, con un humor en la voz que hizo que Claire reprimiera una risa. – Te recomendaría que busques un lugar donde esconderte… y si me permites una sugerencia, puedes quedarte aquí tanto tiempo como necesites.
Claire sonrió débilmente, y asintió.
- Gracias.
Sirius asintió.
- No hay problema. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has ayudado a Harry y a los chicos. – afirmó. – Ya verás que todo esto se arregla pronto. Mientras tanto, será muy agradable tenerte aquí.
- Ayudarlos me ha servido a mí también. – comentó la exconsejera.
Y era cierto; todos sus ahora amigos era prácticamente su familia ya, y le habían permitido reencontrarse con el mundo mágico, disfrutar de una corta, pero gratificante experiencia como profesora de magia, y además había podido recordar lo mucho que le gustaban los duelos. Pero más que eso, las conexiones que había hecho con todos aquellos que eran importantes para ella… la hacían sentirse viva realmente, casi tanto como investigar, pero de una manera completamente diferente.
Y se dio cuenta de lo mucho que comenzaba a extrañar a Harry, Ron, Hermione y Ginny, solo por la expectativa de no poder verlos durante el desayuno del día siguiente, o en las tardes, o cuando necesitaran ayudas o consejos.
Sirius y ella se quedaron hablando algunas horas más; él la puso al corriente de las actividades de la Orden, y los avances en sus tareas. Claro, él no había podido hacer más que entregar opiniones y ayudar a trazar planes, puesto que no podía salir de la casa, pero gracias a eso se había convertido en quien manejaba mayor cantidad de información sobre los quehaceres de la organización fundada por Dumbledore, quien, efectivamente no se encontraba escondido, sino que realizando trabajos activamente para detener a Voldemort.
Ya estaba amaneciendo cuando Claire emitió su primer bostezo, y Sirius decretó que debería dormir un poco. Ella estuvo de acuerdo, y siguió al hombre mientras éste llevaba su maleta hacia la habitación que había compartido con Hermione y Ginny cuando se había quedado con ellos en vacaciones de Navidad.
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Al día siguiente, Claire despertó pasado del mediodía tras lo que calculaba habían sido unas seis o siete horas de sueño. Demoró unos minutos en reconocer donde estaba, recordando lo sucedido hacía menos de doce horas. Se sentía bastante bien, considerando lo que había pasado la noche anterior. El cansancio que tenía acumulado había pasado desapercibido la noche anterior, al menos en la parte física, pero ahora que había podido dormir veía todo desde una perspectiva diferente.
Claro, no estaría ahí dentro de Hogwarts para vigilar y asegurarse de que los chicos estuvieran bien, pero Neil se había quedado atrás y le había prometido que los cuidaría por ella y los mantendría a salvo. Y además, Snape también seguía ahí, sin importar lo molesto que pudiera estar con Harry, seguía siendo un miembro de la Orden del Fénix y proteger a los chicos era parte de sus obligaciones. Y Minerva, cuando estuviera recuperada, también estaría a disposición de su ayuda si algo llegaba a pasar.
Lo único que le quedaba dando vueltas en la mente era su propio destino. ¿Qué iba a hacer ahora que ya no podía regresar a Hogwarts? Se quedó tendida sobre la cama, intentando pensar en algo. Aún no recibía noticias de nadie, porque le había pedido a Sirius que la despertara si se había o del estado de la profesora o cualquier cosa referente a lo acontecido en Hogwarts, y puesto que él no había ido a sacudirla con urgencia deducía que nada malo había pasado ni que Dumbledore se había pronunciado al respecto.
Suspirando, decidió que quedarse en la cama no le haría ningún bien, así que se levantó. Se puso su bata sobre el pijama y se sujetó el pelo en una cola de caballo antes de salir de su habitación, dirigiéndose al baño para lavarse la cara y los dientes.
Bajó las escaleras hacia la cocina, donde escuchaba el sonido que delataba la presencia del dueño de la casa. Encontró a Sirius sentado a la mesa, con una taza de café en mano y una copia de El Profeta en la otra. Al escucharla bajar, el hombre levantó la vista del periódico y le sonrió.
- Buenos días. – saludó.
- Buenas tardes ya, de hecho. – corrigió Claire, divertida. Sirius rió por lo bajo.
- ¿Pudiste dormir bien?
- Bastante bien, de hecho. – respondió ella. – Profundamente.
- Bien, bien. – Sirius dejó el periódico sobre la mesa y se puso de pie. – ¿Quieres algo de desayunar? Preparé café, pero también tengo té.
- El café estará bien. – respondió la joven, sonriente.
En la mesa ya había un contenedor de azúcar y otro de crema. Claire se sentó luego de recibir un tazón lleno a tres cuartos con café negro y caliente, y llenó el cuarto restante con crema.
- Recordaste como me gusta, ¿huh? – observó Claire, divertida.
- Lo dejaste bien claro en vacaciones. – comentó Sirius, sonriente.
Claire le echó una cucharadita de azúcar a su café y lo revolvió antes de probarlo, y sonrió, satisfecha.
- ¿No ha habido alguna noticia? – preguntó.
- Nada; te hubiera despertado de saber algo.
Claire asintió y bebió otro poco de café.
- ¿Quieres comer algo? Hay huevos y tocino. Y quedan algunas salchichas, también. – ofreció Sirius.
- No, gracias. No tengo hambre aún. – dijo la muchacha, y miró el reloj de pared. – Y ya por la hora lo mejor sería esperar al almuerzo.
- Buena idea. – convino Sirius. - ¿Qué quieres almorzar? Hay algo de carne y verduras, podría cocinar algo.
Claire lo miró, sorprendida.
- ¿Tú cocinas? – preguntó, sin preocuparse por esconder su incredulidad.
- Claro. Bueno, no soy un Chef internacional… - dijo Sirius. – Pero créeme que es mejor que dejar que Kreacher toque tu comida.
Claire pensó en el sucio elfo doméstico de la familia Black y reprimió un escalofrío. La verdad sentía pena por el elfo, pero al imaginárselo manipulando alimentos con sus manos sucias… bueno, su lado de microbióloga podía más que su lado sentimental.
- No es que no te crea. – dijo Claire, sonriendo de lado. - ¿Pero qué te parece si comemos pizza? Realmente tengo un antojo por una grande con queso extra, aceitunas y jamón.
Sirius sonrió un segundo, pero luego la miró, serio.
- ¿Cómo iríamos a comprarlas? – preguntó. Claire lo miró, frunciendo el entrecejo.
- Yo puedo ir.
- Claire…
- Sé que el Ministerio podría estar buscándome ya, pero dudo que vayan a hacerlo en el mundo muggle tan pronto. – interrumpió Claire. – Tendré cuidado y regresaré rápido, lo prometo.
Sirius la miró, sorprendido.
- Iba a decirte que prefiero una con pepperoni. – dijo. Claire rió y negó con la cabeza.
- Traeré dos, entonces.
Siguieron bebiendo café, con Sirius relatándole algunas cosas informadas en El Profeta. Seguían informando acerca de la desaparición y la caza de Dumbledore, pero hasta el momento no había nada que mencionara algo acerca de la huida de Hagrid y la de ella, o de que los estaban buscando.
Claire solo pudo sospechar acerca de las intenciones de Umbridge por no llamar la atención sobre su dirección del colegio cuando los últimos exámenes estaban rindiéndose en esos momentos. El hecho de no haber podido controlar a dos de los funcionarios bajo su cargo no hablaría muy bien de ella si solo llegaba a revelarlo sin inventar una historia convincente a su favor. Eso podía significar que ella tenía un poco de tiempo.
- Me daré una ducha. – informó Claire.
- Ya sabes dónde está el baño. – dijo Sirius, quien llevó los tazones vacíos al fregadero.
Claire fue a su habitación y sacó ropa limpia de la maleta, y una toalla y sus productos de belleza antes de dirigirse al baño. Cuando estuvo lista, volvió a bajar, ya vestida y con un pañuelo gris y unas gafas de sol en las manos, y se encontró con Sirius en la sala, sentado en el sillón.
Eran cerca de las cuatro ya, una hora pasado lo decente para ir a comprar el almuerzo. Podría estar de regreso en una hora, más o menos, y la caminata le haría bien. Viendo a Sirius, sentado ahí con apariencia de solitario, la hizo debatirse entre ofrecerle acompañarla, disfrazado de hurón, o simplemente irse ella sola.
- Snape acaba de avisar que llevaron a Minerva a San Mungo. – habló Sirius, alzando la mirada hacia ella.
Claire abrió los ojos como platos.
- ¿Qué? – preguntó, aunque había entendido perfectamente lo que le había dicho.
- ¿Está muy mal? ¿Se recuperará?
- Madam Pomfrey logró estabilizarla, pero su estado de salud es muy delicado y necesita cuidados especiales. – explicó Sirius, serio. – Dijo que fue un milagro que no le reventara el corazón con el impacto de los hechizos que le dieron en el pecho.
Claire fue a sentarse a su lado, incapaz de articular palabras.
- Oye… se pondrá bien. – la calmó Sirius. – Solo necesita descansar y de cuidados más profundos; estará de regreso en poco tiempo. Madam Pomfrey hizo lo mejor para sacarla del peligro de muerte, en San Mungo se asegurarán de que siga mejorando. Tampoco cree que vaya a tener secuelas permanentes si sigue el tratamiento que los sanadores le indiquen.
- Debí… haberla ayudado en cuanto pude… - dijo Claire, débilmente. – En vez de eso… estaba tan enojada con Umbridge que…
- Ayudaste a Hagrid… eso era lo que Minerva quería hacer antes de que la atacaran. Estoy seguro de que ella te diría que hiciste lo correcto. – aseguró Sirius con firmeza.
Claire lo miró a los ojos y terminó asintiendo. Volvió a pensar en invitarlo a acompañarla a comprar, pero con todo lo que había pasado en las últimas semanas, la carga laboral, soportar la sola presencia de Umbridge, y el posterior enfrentamiento con ella y sus hombres, y su creciente preocupación por Minerva, le hicieron decidir por omitir la invitación e ir sola.
Se puso de pie y suspiró.
- Voy a comprar ya. – dijo, y se envolvió el cuello con la bufanda. – Así que… ¿pepperoni?
Sirius asintió, y esbozó una sonrisa leve.
- Ten cuidado. – dijo, y se puso de pie. – Voy a buscar a Kreacher, hace rato que no ha bajado del desván.
Claire asintió y se dirigió hacia la puerta, poniéndose las gafas de sol.
Demoró un poco más de media hora en llegar a la pizzería y pedir las dos pizzas para llevar. Esperó sentada a que terminaran de prepararlas, pensando en Harry y los demás. Seguramente a esa hora debían de estar libre de exámenes, si es que nada había pasado, como fue el caso de los incidentes con los flamencos. Seguramente irían a la Sala Común a relajarse, o al exterior a tomar un poco de sol. Estaba segura de que Hermione aprobaría todos sus exámenes, y Harry y Ron seguramente tendrían resultados bastante satisfactorios también. No pudo evitar sonreír al recordar cuando finalizó sus propios TIMOs, cuando era estudiante.
Escuchó el timbre proveniente de la mesa de entrega y levantó la vista, no era necesario que la llamaran por su nombre puesto que era la única clienta en el lugar. Sonrió y fue a buscar las dos cajas de pizza.
- Muchas gracias por venir, regrese pronto. – se despidió el cajero, un muchacho de unos veinte diecisiete años, más menos.
- Gracias a ti.
Claire tomó la comida y salió de la pizzería. El olor de las pizzas le terminó de abrir el apetito, y de pronto deseó llegar rápido a la casa de Sirius para comer. Podría Desaparecer, pero no quería correr el riesgo de llamar la atención en un barrio muggle como aquel. Así que resignó a caminar, mientras se repetía una y otra vez que no volvería a dejar de comer en el desayuno sin importar la hora en la que despertara. Estaba terminando de recorrer una de las calles principales, llegando a un callejón que debería cruzar para acortar camino hasta Grimmaud Place, cuando escuchó un chasquido fuerte y característico de una desaparición.
- ¡Claire White, señorita! - la llamó una voz aguda, desde el interior del callejón.
- ¿Dobby? - preguntó Claire, en un susurro, mirando fijamente al interior del callejón en el que estaba a punto de ingresar. En medio de las sombras, vio el brillo de los enormes ojos verdes del elfo, parecidos a pelotas de tenis. Claire se metió en el callejón rápidamente, luego de una fugaz mirada a los alrededores. - ¿Qué estás haciendo aquí?
- Harry Potter, señorita... ¡Harry Potter y sus amigos salieron de Hogwarts! - alertó el elfo, aterrorizado.
Claire dejó caer las pizzas, tentada de gritar. Pero se controló lo suficiente para no elevar la voz.
- ¿Qué pasó?
Dobby le contó que Neil lo había enviado a avisarle, que Harry le había dicho a Snape que Canuto estaba secuestrado en lo que ambos miembros de la Orden habían deducido era el Departamento de Misterios. Además, Umbridge había sorprendido a Harry utilizando su chimenea para intentar comunicarse con alguien, y que después lo había llevado a él y a Hermione al interior del Bosque Prohibido.
Neil los había visto marcharse, junto a otros estudiantes, montados sobre Thestrals.
- ¡El señor Hielsen cree que pueden haberse ido al Ministerio de Magia, señorita!
El cerebro de Claire trabajaba a su máxima capacidad, y siendo lo inteligente que era pudo deducir el resto. Harry había sido atraído al Departamento de Misterios; Umbridge lo había atrapado intentando verificar la veracidad del secuestro de Sirius... ¿pero por qué habían ido al Bosque con Umbridge? Seguramente para deshacerse de ella. ¿Y por qué ir ellos al Ministerio, si le habían dicho a Snape que...?
- No debe haber creído que él haría algo... - murmuró Claire. Miró al elfo. - Dobby... ¿hace cuánto que salieron del colegio?
- Dobby vino apenas el señor Hielsen se lo pidió. - dijo Dobby. - He estado esperando para poder hablar con usted desde que entró en esa tienda.
Eso daba más menos una hora y media. Los chicos seguramente ya estarían en el Ministerio.
- Dobby, necesito que me lleves al Ministerio, hacia el interior. - dijo Claire, mirando al pequeño sirviente libre. - Y después vuelvas a Hogwarts e informes que he ido para allá.
Dobby asintió y le tomó la mano, y un segundo después Claire se encontró sola dentro del Ministerio, que estaba completamente desierto.
