PARTE 37

Demelza se dio cuenta de que no había sido una buena idea aceptar la invitación en el mismo momento que llegaron a Trenwith. Ella lo había escuchado hablar con su tío esa mañana, su voz retumbaba en toda la casa, la boda de Elizabeth y Francis era esa noche. Pues, no podían haber sido más oportunos. Cualquier posibilidad de hablar de lo que había sucedido la noche anterior Demelza sabía que no sería prioritario para él, no cuando el amor de su vida se iba a casar con su primo. Demelza se sorprendió cuando salió de la cocina y lo encontró sentado en el piso jugando con Julia, efectivamente Ross no le dijo nada sobre lo que pasó entre ellos, sólo se limitó a mirarla y darle los buenos días con una leve sonrisa y un movimiento de su cabeza. La niña requería toda su atención.

"Buen día." Le respondió ella vacilante - "Te prepararé el desayuno." Demelza dio media vuelta para volver a la cocina, el primer encuentro más incómodo de lo que ella había previsto. Sus hombros caídos, su voz corta y falta de su habitual agudeza.

"No tengo hambre."

"Oh… Terminaré de ordenar los estantes en un momento y nos iremos para que puedas descansar." Sus mejillas coloradas, pues ella bien sabía el motivo por el que él estaría cansado y así había sonado en sus oídos. Pero Ross no se dio cuenta, ni la vio ponerse colorada. Su mirada concentrada en Julia.

"En realidad, necesito que hagas otra cosa por mí." – Ella se volvió para mirarlo – "Hoy es casamiento de Francis… ¿Me acompañas?" sólo entonces levantó la cabeza para mirarla "No quiero ir sólo."

¿Y porque tienes que ir? Estuvo a punto de decir ella. Pero Ross se veía tan caído, tan abatido que Demelza no quiso contradecirlo. El era su amigo ¿No era así? El se lo había dicho. Y su amigo la necesitaba esa noche, ya tendrían tiempo para hablar de lo que había pasado entre ellos. O quizás no. Quizás Ross no quería hablar de eso, y volverían a ser lo que eran ayer. El su jefe, ella su enfermera. Era sin dudas lo más sencillo. Aunque la opresión en su pecho dijera lo contrario.

"No tengo nada que ponerme." Dijo de repente. No era lo que quería decir. Lo que quería decir era que sí, que lo acompañaría. Que ella siempre estaría con él cuando la necesitara. Pero los nervios le ganaron de mano. Irían a Trenwith, una de las mansiones más opulentas de la región, construída hace siglos por los antepasados de Ross. Y la boda era el "Evento del Año" según los portales de chimentos que Demelza seguía leyendo de tanto en tanto. Todo el mundo estaría allí. Se rumoreaba que hasta algún miembro de la familia real iría. Y ella no quería hacerlo quedar mal ante su familia, aunque no fuera una cita ni nada de eso. Pero estaba segura que jeans, una remera negra y zapatos prestados no serían apropiados para un lugar así.

Ross movió los hombros "De seguro estarás bien con lo que sea. Si te apuras puede que llegues a comprar algo en las tiendas de Sawle, haz que lo carguen a mi tarjeta. Y llévate a Prudie para que te ayude. Nos vamos a las seis, yo saldré un rato. Tengo… tengo que ir a la oficina…"

Ross se había ido casi toda la tarde y cuando regresó no vio a Demelza porque ella estaba encerrada en la habitación preparándose.

Demelza no tenía idea que arreglarse de esa forma llevara a tanto tiempo. Apenas Ross se había ido y ella le había contado a Prudie lo que debían hacer, la mujer le había dicho a Demelza que no encontrarían nada apropiado para esa fiesta en las tiendas del pueblo. Esa gente nariz para arriba, como ella les decía, se vestían con ropa de diseñador, pasaría vergüenza si ella iba con un vestido comprado en una tienda.

"Pues ¡Judas! No tengo nada que no sea comprado en una tienda, ¡ni siquiera tengo un vestido! Y aunque hubiera algún diseñador en la zona no le haré gastar fortunas a Ross por un vestido, ni yo compraré uno sólo por una noche."

Prudie la miraba divertida.

"Prudie te va a ayudar. Ven niña."

La sirvienta condujo a Demelza a una habitación oscura al fondo de la casa. La lamparita estaba quemada y con la luz de su celular alumbró a la sirvienta mientras se abría paso entre los baúles hacia un ropero y de el sacaba varias cajas que cargó de vuelta al living.

"Pues no eres la primera que se enfrenta al dilema de tener que ir a un baile en Trenwith. Estos eran de la Señora Grace. La señora era un ama amable y sencilla pero tenía buen gusto y el viejo Joshua la consentía en todo lo que ella quisiera. De seguro encontraremos algo que te quede."

Demelza observó con más atención las cajas. Cubiertas por una delgada capa de polvo pudo leer las marcas. Prada, Valentino, Channel… ¡Judas!

"No. No creo que sea correcto que…" pero antes de que pudiera terminar de hablar Prudie ya estaba abriendo las cajas, sacando uno por uno los delicados vestidos y acomodándolos sobre el sillón. Demelza nunca había visto vestidos tan bonitos, y le dio la razón a la vieja sirvienta de que Grace Poldark tenía muy buen gusto, hasta era un poco atrevida para su época. No se pudo resistir y uno por uno fue probándose los vestidos. Grace y Demelza parecían ser de la misma talla, comentó Prudie.

Al final se decidieron por el Valentino. De un color verde profundo, hacía resaltar sus ojos y remarcaba su cintura, el raso cayendo en olas a su alrededor y desde uno de sus hombros. Prudie había estirado la tela por años guardada con la plancha de vapor, nadie podría decir que el vestido no había sido hecho para ella. Lo que más tiempo le había llevado fue el peinado. Por suerte Prudie también tenía experiencia en eso – aunque no la aplicaba en su propia cabellera – y mientras ella se bañaba Jud, y Julia con ellos, la llevó a comprar lo necesario para su pelo y el maquillaje y las tres habían pasado un par de horas intentando dominar sus incontrolables rizos.

Cuando al fin estuvo lista Ross ya la estaba esperando impaciente en el living. Demelza se preguntaba qué le diría al verla. Y por un momento su expectativa fue recompensada cuando él la vio bajando las escaleras. Una visión en verde, su cobrizo pelo caía sedoso en su espalda, apenas sujeto por delante para que no cayera sobre su frente. Ross la miró de pies a cabeza mientras descendía los últimos escalones. El vestido, si bien sencillo, era bastante provocador, el escote sutil pero pronunciado. Ross se lamió los labios recordando su sabor. Y la falda también, si bien era bastante amplia, la tela se pegaba a sus caderas y un generoso tajo en la parte delantera permitía ver una de sus largas piernas. "Te ves hermosa." Le dijo cuando estuvo a su lado y Demelza atesoro sus palabras y el calor de sus ojos, pues no había habido más cumplidos después de eso.