Traducido por: Antonio
Beteado por: Mel
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Imperius
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—¡IMPERIO!
Ocurrió tan rápido que apenas tuvo tiempo de reaccionar. En un instante estaba detrás de Hermione para entrar al aula de de Defensa Contra las Artes Oscuras y lo siguiente que supo fue que la puerta se cerró violentamente como por voluntad propia mientras una voz masculina gritaba claramente un conjuro prohibido, y la maldición imperdonable golpeó a Hermione directamente en mitad del pecho. Ni siquiera tuvo tiempo de intentar empujarla fuera de su trayectoria. Para cuando Ron realmente cayó en la cuenta de lo que significaba esa palabra, ya era demasiado tarde.
No muy seguro de lo que estaba sucediendo, Ron hizo lo primero que se le cruzó por la cabeza: agarró a Hermione del brazo y la arrojó contra la puerta cerrada, ubicándose entre ella y su agresor mientras sacaba su propia varita. Por desgracia para Ron, su agresor no estaba solo.
—¡Expelliarimus! —exclamó una voz femenina desde el otro extremo de la sala en cuanto la varita de Ron abandonó su bolsillo—. No, no —le regañó Tonks mientras surgía de entre las sombras detrás suyo, y sujetó su varita en su mano—. Creo que alguien necesita practicar sus Encantamientos Escudo un poco mas —añadió blandiendo la varita de Ron en el aire antes de meterla en su bolsillo trasero.
—¿QUE DEMONIOS ES…? —empezó a gritar Ron únicamente para que lo cortaron en medio de su bronca
—Silencius —dijo Ojoloco Moody, indiferente, mientras aparecía por la derecha de Ron.
Incapaz de hablar, lo único que Ron pudo hacer fue lanzarle una mirada de odio al retorcido ex-auror. quien aún seguía apuntándolo con la varita. «¿Qué demonios pasa? —pensó, intentando encontrarle algún sentido a la situación—. Estamos encerrados en una habitación con dos aurores que acaban de atacarnos, eso es lo que pasa —se contestó a sí mismo—, pero, ¿por qué? Quizá no sean realmente ellos. Quizá sean dos mortifagos que han tomado poción Multijugos. Esto es malo, REALMENTE muy malo».
—Me dará su varita ahora mismo, Granger —dijo Moody extendiendo su mano libre para que la depositase en ella.
«NO —exclamó internamente Ron cuando la sintió adelantarse tras él—. No puedes» —siguió en cuanto ella intentó avanzar. Ron la agarró con ambos brazos y, literalmente, le impidió dar un simple paso. No podía permitir que le entregase la varita a Moody. Ron tenía que mantenerla alejada de él; esa varita era la única esperanza que tenían.
—Espera un minuto —le dijo Tonks a Moody mientras aseguraba la habitación con un gesto de su varita—. Prácticamente no hemos empezado y ya estás intentando cambiar las reglas. Ahora no podremos oir nada.
—Bien —rugió Moody, levantando su brazo y apuntando su varita hacia el Gryffindor.
«Oh, mierda»—pensó Ron levantando a Hermione del suelo, la cual aún luchaba por escabullírsele, para girarse de forma que ambos quedasen de cara a la puerta y preparándose al mismo tiempo a recibir cualquier embrujo que Moody fuese a lanzarles
—Finite Incantatum.
Ron sintió como el hechizo le golpeaba entre los omoplatos antes de asimilar el significado de las palabras que había oído. «¿Qué demonios?», murmuró ahora más confundido que antes.
—¿Satisfecha? —le preguntó Ojoloco a Tonks, la cual asintió con la cabeza—. Bien... entonces, Granger, ¿por qué no me das tu varita?
—¡NO! —gritó Ron mientras Hermione continuaba luchando con él intentando liberarse para acceder a la demanda de Moody.
—¡DÁMELA! —ladró Moody—. ¡AHORA!
—No, Hermione —le suplicó Ron cuando ella se le escapó un momento e intentó aproximarse a Moody de nuevo. Hermione tuvo tiempo de dar un par de pasos antes de que Ron se enganchase de su brazo y la jalase de nuevo hacia sí.
—Déjala —ordenó Tonks, apuntando su varita a Ron.
Apenas tuvo tiempo de mirarla de reojo y pensar «vete al infierno» antes de que la varita de Tonks apuntase a Hermione. Todo lo que vio fue una sacudida de muñeca. Ron no tenía ni idea de lo que había hecho, pero la descarga eléctrica que surgió del brazo de Hermione le obligó a soltarla.
—Éste tiene problemas para seguir las instrucciones —dijo Tonks apuntando a Ron con su varita mientras se dirigía a Moody—. Creo que deberías hacer que ella le maldiga ahora.
«¿Ella quién?» —pensó Ron, abriendo sus ojos azules mientras sentía cómo el pánico que había estado intentando controlar le atenazaba el estómago. La única mortífaga que hasta ese momento conocía era Bellatrix Lestrange, pero no podían estar hablando de ella. Tenían que referirse a otra persona. No podía ser Tonks o quienquiera que fuese la que la estuviese suplantando porque ella había sido la que había hecho el comentario. La otra única mujer que había en la habitación era… Hermione—. No pueden... —dijo sin darse cuenta realmente de ello—, ella no lo hará. «Una mierda no hará —dijo una voz en su cabeza—. Hermione está bajo su control, ¿recuerdas? ¡Mierda! No puedo luchar contra Hermione, no de este modo. Ni siquiera sabe lo que hace, pero tampoco puedo quedarme quieto y dejar que me lance una maldición ¡MIERDA!»
—Aún no —contestó Moody con sus dos ojos fijos en Ron, escudriñando cada uno de sus movimientos—. Primero quiero ver como termina este pequeño juego; así que, Ganger... —gruño mientras su ojo mágico daba vueltas en su cuenca antes de fijarse en Hermione—. Dame tu varita.
—¡NO LO HAGAS! —gritó Ron, horrorizado, mientras veía como Hermione buscaba en su túnica y sacaba su varita—. ¡Hermione, no puedes!
—¡ENTRÉGAMELA, GRANGER!
—¡NO! —gritó Ron, abalanzándose y sosteniéndola de los hombros.
—Locomotor Mortis —dijo Tonks apuntando su varita hacia las piernas de Ron, las cuales se pegaron una a la otra al instante. Si no hubiese estado aferrando a los hombros de Hermione cuando el hechizo atrapa-piernas le golpeó, habría caído de cara al piso. Aún así, se balanceó un buen rato haciendo molinetes con los brazos, pero se las arregló para seguir en pié.
—Intentando sujetarla no conseguirás ayudarla —le explicó Tonks a Ron—. Si yo fuese tú, seguiría intentando llegar aquí—añadió, señalándose la frente con su varita.
—En serio necesitas algunas lecciones para el manejo seguro de varitas, niña —le gritó Ojoloco Moody con su ojo mágico girando como loco en su cuenca.
—Ahórrame el sermón, ¿quieres? —le replicó Tonks—. Aún sigo conservando mi cabeza y mi trasero, muchas gracias.
«Esto no puede ser real —pensó Ron mirando atónitamente a los dos aurores— Es una pesadilla; tiene que serlo. Me he quedado dormido en la sala común mientras esperaba a Hermione y esto es sólo un mal sueño. Sólo hay que despertar. Despierta»
—Me estoy cansando de esperar, Granger —gruño Moody—. Tiene cinco segundos para entregarme esa varita antes de que realmente me enfade.
—¡HERMIONE, NO! —gritó Ron, incapaz de evitar mostrar el pánico en su voz cuando vio que ella alargaba la varita para que Moody la cogiese—. ¡No se la entregues a él, dámela a mi!
—Buena niña —murmuró Tonks para sí misma cuando se dio cuenta de que Hermione apretó su varita fuertemente.
—¡DÁMELA! —retumbó la voz de Moody
—¡¡NO!! —gritó horrorizado Ron, tan concentrado en detenerla que no se dio cuenta de que el brazo de ella comenzaba a temblar.
—¿Qué fue eso? —preguntó Moody con una sonrisa de suficiencia—. ¿Va a darme esa varita, Granger?
—No —dijo Hermione débilmente cuando sus ojos comenzaron a desnublarse.
—Excelente —dijo Moody con una amplia sonrisa que le heló a Ron la sangre en las venas—. Espero que haya prestado atención, señor Weasley, porque usted será el próximo.
—¿El próximo para qué? —preguntó Hermione echando un vistazo a Ojoloco y luego centrando su atención en Tonks, la cual aún apuntaba a Ron con su varita—. ¿Qué está pasando aquí? —añadió, dando dos pasos hacia atrás y levantando su varita para adoptar una posición defensiva mientras se paraba delante de Ron.
Los dos adultos se miraron mutuamente, pero ninguno de ellos respondió, lo cual fue suficiente respuesta.
—¡PROTEGO! —grito Hermione, levantando el Encantamiento Escudo en el mismo instante en que vio a Tonks moverse. Hermione no se dio cuenta de que no era ni mucho menos una maldición hasta que el hechizo golpeó la barrera invisible y fue repelido por ella—. ¿Podría alguien, por favor, explicarme qué esta pasando aquí? —dijo más confundida que antes. Tonks había intentado retirar el hechizo atrapa-piernas de Ron, la pregunta era quién le había lanzado la maldición previamente
—Pudiste oírlo, ¿verdad? —le preguntó Tonks bajando su varita ligeramente—. Cuándo Ojoloco estaba pidiéndote la varita podías oír a Ron, ¿verdad?
—¿Qué? —pensó Hermione en voz alta. Nada de eso tenía sentido pero al mismo tiempo sí lo tenía.
Alguien le había pedido su varita y ella había querido dársela. Lo había intentado pero no había sido capaz. Alguien más la había retenido. Tonks estaba en lo cierto: había estado presente otra voz; una voz que había cortado como un cuchillo lo que nublaba su mente. Pero no había sido la voz en sí o el que le fuera familiar lo que había atraído su atención, había sido su tono, su pánico y desesperación lo que había hecho que ella se detuviese y escuchase. Ella quería hacer lo que le ordenaba la primera voz, pero no a costa de herir a otra persona. Ese había sido el momento en el que había empezado a cuestionarse a sí misma, cuando había empezado a luchar contra su propio deseo de hacer lo que le habían ordenado. Tonks tenía razón, ella le había oído; la otra voz pertenecía a Ron. Su voz había sido el salvavidas al que se había aferrado para liberarse, ¿pero de qué?
—Precaución —advirtió Moody con ambos ojos enfocando al par de Gryffindor mientras hablaba.
—Cierto —coincidió Tonks al seguir el ejemplo de Moody y bajar su varita totalmente. Hermione se estaba superando a sí misma. Bill les había advertido que ella había estado investigando sobre algunos hechizos bastante desagradables durante el verano, y no era el momento de tratarla con desdén. Si Hermione se sentía puesta contra las cuerdas no había forma de prever cuál podría lanzarles. Sería mejor explicar primero y preguntar después.
—Supongo que ahora estarán esperando una explicación —dijo Ojoloco, reclinándose sobre el escritorio de Tonks y arreglándoselas para parecer extremadamente ofendido ante la perspectiva de una charla.
—Haría más que bien en pensar que la quiero —dijo Ron bruscamente.
—De acuerdo —dijo Tonks, depositando su propia varita en una de los pupitres, sacando lentamente la de Ron de su bolsillo y ofreciéndosela con su mano libre—. Sólo voy a lanzarla —le dijo a Hermione mientras sostenía la varita en el aire para que ambos la viesen—. Él puede anular la maldición por sí mismo.
—¿Qué pasó? —preguntó Hermione mirando aprensiva a los dos adultos mientras Ron atrapaba su varita al vuelo—. ¿Quién te hizo eso?
—¿Quieres saber qué pasó? —dijo Ron con un gruñido tras anular la maldición que mantenía pegadas sus piernas— ¡YO TE DIRE EL INFIERNO QUE PASÓ! ¡ÉL TE LANZADO UNA JODIDA MALDICIÓN —bramó apuntando a Moody, enfurecido—. ATÁCANDOTE POR SORPRESA CON UNA MALDICIÓN IMPERDONABLE EN CUANTO HAS ATRAVESADO LA PUERTA!
—¿La maldición Imperius? —preguntó Hermione—. «Eso explica la sobrecogedora calma que sentí y por qué estaba tan dispuesta a entregar mi varita. Control mental. Tendría que haberme dado cuenta».
—¿QUE DEMONIOS FUE ESO? —gritó Ron a pleno pulmón, ignorando la pregunta de Hermione completamente—. ¿ALGUNA PERVERSA LECCIÓN SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA ALERTA PERMANENTE?
—Si hubiésemos sido mortífagos los dos estarían muertos —contestó Moody, aparentado que no le afectaba la explosión de ira dirigida a él.
—Todos estaríamos jodídamente muertos, ¿verdad? —rigió Ron—, porque eso querría decir que Voldemort y su retorcida banda de seguidores estarían dentro de este maldito castillo, lo que implicaría que habrían derrotado a Dumbledore.
—No necesariamente —contestó Moody sin alterarse.
—Ojoloco —interrumpió Tonks—, creo te estás apartando un poco de la lección que supuestamente hemos venido a enseñarles.
—¡PUEDEN AGARRAR SU ENDEMONIADA LECCIÓN Y METÉRSELA POR EL CULO!
—¡RON! —chilló Hermione, horrorizada y con sus ojos marrones abiertos como platos—. ¡Tonks es una profesora!
—No por mucho tiempo —replicó Ron, enfadado—. Ella te ha lanzado una maldición imperdonable.
—Pero… —empezó a protestar Hermione, pero calló al instante. Siendo francos, no sabía qué decir o cómo debía sentirse. Por una lado, Tonks era una profesora y no sólo eso, era miembro de la Orden y Hermione había empezado a verla como una amiga; pero si lo que decía Ron era verdad, y obviamente lo era, su profesora y amiga les había tendido una emboscada y tras incapacitarla a ella aparentemente había atacado a Ron.
—Tuvimos que hacerlo así —explicó Tonks, dirigiéndose a Hermione en vez de al furioso pelirrojo situado tras ella—. No hubiese funcionado si hubieses estado avisada de antemano Si hubieses sabido lo que íbamos a hacer habrías dividido tu mente antes incluso de atravesar la puerta. Un ataque por sorpresa era la única forma de asegurarnos que estabas completamente bajo la influencia del hechizo. Era la única forma de asegurarnos que podías deshacerte de la versión completa del mismo.
—¿De eso se trata? —preguntó Hermione insegura—. ¿Van a enseñarnos cómo deshacernos de la maldición Imperius?
—Apuesto a que tu división mental ahora está funcionando a pleno rendimiento, ¿verdad? —preguntó Ojoloco, estudiando cuidadosamente a la joven que estaba de pie delante de él—. Si te hechizo de nuevo podrías liberarte por ti misma, ¿verdad? ¿Ahora no necesitarías a Weasley para sacártela? Aunque me pica la curiosidad —dijo volviendo su ojo mágico hacia Ron quien aún seguía mirándole enfurecido— ¿Cómo supiste que podría funcionar?
—No sé de que están hablando —gruñó Ron.
—Hablarle a ella —explicó Tonks—. Decirle que hiciese justo lo contrario que Ojoloco le pedía, forzándola a decidir a cuál de los dos debía obedecer. Eso fue una apuesta arriesgada. Si hubiésemos sido mortifagos, hubiésemos tenido que cerrarte la boca.
—Y no precisamente con un hechizo silenciador —interrumpió Ojoloco.
—Por supuesto eso fue forzar un poco las reglas —le recordó Tonks a su colega.
—¿Y una maldición atrapa-piernas no lo fue? —murmuró Moody.
—Sabes tan bien como yo que el hecho de que él la contuviese físicamente no iba a ayudar.
—Veamos, Weasley —preguntó Ojoloco—, ¿por qué te metiste en todo ese lío? ¿Por qué no simplemente quitarle la varita de la mano para sacaros así del embrollo?
—Porque no lo pensé —contestó Ron, golpeándose mentalmente en la frente por su propia estupidez—. «Por supuesto que podía haberle quitado la varita, estaba tan ida que ni siquiera lo habría notado. Pero tuve que intentar razonar con ella como un endemoniado idiota.»
—Afortunadamente, el riesgo valió la pena —afirmó Tonks.
—Pero nos costó un tiempo precioso —objetó Moody.
—Aún así —discutió Tonks—, no estuvo mal para un primer intento. Considerando especialmente el hecho de que no tenían ni idea de lo que estábamos haciendo —añadió ella cuando Moody gruño en descontento para mostrar su desacuerdo con la valoración.
—Bien, ya lo saben ahora —contestó Moody con ambos ojos clavados en Ron—, así que continuemos de una vez —añadió, alzando su varita de nuevo y apuntando con ella al alto pelirrojo.
—Aguarda un minuto —intervino Tonks antes de que Moody pudiese conjurar la maldición—. Esto iría mucho más rápido si explicaras lo que quieres que hagan primero.
—Pensé que era bastante obvio —tosió Ojoloco—, pero sólo para que seamos claros, quiero ver como te liberas de la maldición —le dijo a Ron, impasible, mientras le apuntaba al pecho.
—¡Por Merlin!, ¿así es cómo enseñan en el entrenamiento de aurores?
—Ya saben la teoría —refunfuñó Moody, irritado—. Lo estudiaron en cuarto año.
—Hay mucha diferencia entre la teoría y la práctica, y tú lo sabes —discutió Tonks—. Lo que funciona para uno no tiene por qué hacerlo para otro.
—Entonces dejemos de hablar —gruño Moody, bajando su varita—…y terminemos con esto.
—Un día de estos, Ojoloco —le amenazó Tonks—, te voy a lanzar un encantamiento de buen humor sólo para ver como le afecta a tu temperamento.
—Me encantaría ver cómo lo intentas.
«Dios santo»—pensó Hermione mientras veía la escena que se desarrollaba frente a ella. Era como una retorcida versión mágica de una película muggle de policías, con Tonks como la buena y Moody como el malo. Era tan absurdo que casi llegaba a producir gracia.
—De acuerdo, Ron —dijo Tonks—, ya sé que no tienes ningún problema a la hora de cuestionar la autoridad y eso trabajará a tu favor. Te da una voluntad fuerte para liberarte de la maldición Imperious, y como toda tu familia la tiene a borbotones sé que estarás en buen camino. Lo que necesitas hacer es encontrar una forma de dejar de prestar atención a Ojoloco cuando empiece a darte órdenes. Por supuesto, es más difícil de lo que suena, porque vas a querer obedecerle; ésa es la esencia de la maldición después de todo. Nadie espera que vayas a ser capaz de hacerlo tú sólo, especialmente en el primer intento. Eso es algo que tienes que practicar. Empezaremos con algo fácil para que te acostumbres a la sensación y seguiremos a partir de ahí. Haz todo lo que puedas para no prestarle atención.
—Sí, de acuerdo —contestó Ron, sarcástico—. Entonces, lo haré.
—¿Confías en mí, Weasley? —le preguntó Ojoloco.
—No.
—Bien —contestó Moody entre dientes—. ¿Confías en ella? —preguntó señalando a Hermione—. Perfecto, entonces —continuó cuando Ron asintió con la cabeza—. Enfócate en eso;utilízala a ella para salir de la misma forma que ella te uso a ti. Ella es en quien confías así que es a quien tienes que escuchar. Eso es todo lo que necesitas saber por el momento. ¿Listo? —preguntó, volviendo a levantar su varita y apuntándola al pecho del joven.
—Espere —exclamó Ron, protegiéndose con los brazos—, ¿qué pasa si no puedo?
—No poder no es una opción aquí, Weasley. Puedes y aprenderás cómo hacerlo —insistió el malhumorado ex-auror.
—Esto es algo que tienes que aprender por tu bien y por el de Harry —le explicó Tonks—. Eres tan amigo de él, que ellos podrían intentar llegar a él a través tuyo, así que tenemos que asegurarnos de que no puedan controlarte. A ninguno de ustedes —se corrigió al tiempo que sus brillantes ojos azules caían sobre Hermione.
—¿Listo?
—No.
—Puedes hacerlo —le dijo Hermione suavemente mientras se alejaba lentamente de él—. Eres demasiado testarudo como para que te controlen. Cuestionas todo lo que te digo. En verdad es lo mismo—le dijo—, en vez de cuestionarme a mí, cuestiónale a él.
—Es cierto —le aseguró Tonks—. Todo lo que tienes que hacer es cuestionar cualquier cosa que Ojoloco te diga que hagas. Una vez que aprendas cómo hacerlo podrás decidir si es realmente lo que quieres hacer o no. Cuando tengas más práctica llegarás al extremo de reconocer la maldición por la forma en la que te hace sentir y estarás condicionado para cuestionar automáticamente todo lo que se te diga mientras estés en ese estado. Esta noche no, claro. Esta noche sólo aprenderás a reconocer cómo te sientes al recibir la maldición e intentarás encontrar una forma de mantener a Ojoloco fuera de tu mente.
—¡IMPERIO! —exclamó Moody antes de que Ron tuviese oportunidad de objetar de nuevo.
—Hazlo sencillo —suspiró Tonks mientras veía relajarse la cara de Ron.
—Después del circo que montó en el tren tendrá suerte sino le hago desvestirse y saltar por todo el Gran Comedor en ropa interior.
—Salvo por el hecho de que nadie sabe que estamos enseñándoles…
—Sí, sí... siéntese, Weasley —ordenó Moody, haciendo que Ron se dejase caer inmediatamente en el suelo—. Ahí no, so tonto. Levántate de nuevo y ve asentarte en esa silla de allí —dijo él, señalando el asiento tras el escritorio de Tonks.
—Intenta hablarle —le dijo Tonks a Hermione mientras veían a Ron caminar y sentarse en la silla.
—¿Y qué le digo? —preguntó Hermione.
—De pie, Weasley —ordenó Ojoloco.
—Dile que se siente de nuevo —sugirió Tonks.
—Ron, ¿puedes oírme? —preguntó Hermione, sintiéndose un poco estúpida—. Si puedes oírme, siéntate otra vez.
Si pudo oírla, no respondió. Simplemente se quedo allí, de pie mirando a ningún sitio con la vista perdida.
—¿Ahora qué? —preguntó Hermione.
—El no se rindió contigo —contestó la joven auror—, así que intenta otra vez.
—Ron, tienes que sentarte —dijo ella, pero aún no había respuesta.
—Siéntese, Weasley —ladró Moody—. No estás llegando a él —añadió mientras veían como Ron se hundía de nuevo en la silla—. No hay emoción en tu petición. Tienes que comportarte como si fueras una mosca zumbando en su oído. ¿Qué tal si intentamos algo un poco más interesante? —preguntó Moody con una sonrisa de suficiencia—. De pié, Weasley. Mire ese libro colocado sobre el escritorio de Tonks. Sí, el grande; quiero que lo destroce.
—Espera —exclamó Hermione cuando Ron agarró la cubierta de cuero del libro y lo abrió—. ¡Detente! ¡Ron, no puedes!
—Seguro que puede —contestó Moody—. Eso es, Weasley; arranca las páginas.
—¡NO! —gimió Hermione mientras lo veía agarrar algunas páginas en su mano y arrancarlas de la cubierta—. ¡RON, BASTA! ¡DETENTE AHORA MISMO!
—¿De qué está dudando? —rugió Ojoloco—. He dicho que destrozase el libro, así que hágalo, ¡AHORA!
—¡NO LO HAGAS! —chillo Hermione, molesta— ¡NO TE ATREVAS!
—¡HAZLO! —tronó la voz de Moody.
—¡SUELTA ESE LIBRO AHORA MISMO! —contraatacó Hermione.
—¡RÓMPELO!
—¡SUÉLTALO!
—¡RÓMPELO!
—¡RONALD WEASLEY! ¡VAS A SOLTAR ESE LIBRO AHORA MISMO!
—Bueno —resopló Moody cuando Ron intentó agarrar unas cuántas páginas con sus manos al mismo tiempo que le gritaban y, confundido, tomó el libro con torpeza y lo arrojó al suelo—. Supongo que es un comienzo. Lo has confundido, al menos. ¿Y bien, Weasley —preguntó Ojoloco—, pudiste oírla?
—¿Huh? —preguntó Ron mientras sentía que la niebla empezaba a evaporarse—¿Qué he hecho? —preguntó volviéndose hacia Hermione—. Espera, no me lo digas, si fue algo humillante, no quiero saberlo.
—¿La oiste? —le preguntó Tonks de nuevo mientras señalaba a Hermione.
—Hum… supongo —contestó Ron—, por el final —dijo él con sus mejillas ruborizándose—. Sólo que… eh… Creo que pensé que ella era mi... madre —admitió a regañadientes—. Lo siento —murmuró apartando los ojos de la ruborizada Hermione y mirando al suelo.
—No es la primera persona a la que oigo hacer esa comparación —rió Ojoloco con disimulo—. Usted es un cachorro enfermo, ¿sabe, señor Weasley?
—Yo creo que es muy tierno —objetó Tonks.
—Maldita sea —refunfuñó Ron con sus orejas más rojas que su cara—. Puede lanzármela de nuevo cuando guste. Prefiero aguantar una imperdonable a seguir escuchando esto.
—Si insiste... —replicó Moody, apuntando su varita hacia Ron y poniéndolo de nuevo bajo su control—. ¿Qué me dices, Tonks? ¿Lista para un poco de acción?
—Sí, claro —dijo mostrando su acuerdo, tomando aire y sacudiendo ambas manos antes de levantarlas para colocarlas frente a ella en posición defensiva.
—Persiste en el papel de su madre —le dijo Moody a Hermione mientras bajaba la varita y le echaba un vistazo a Tonks para asegurarse de que estaba lista—. Le voy a decir que haga algo que normalmente no haría. Algo contra su forma de ser. Será más fácil para él cuestionar la orden y decidir no seguirla —le explicó cuando Hermione abrió la boca para objetar.
—Parece responder mejor ante el enfado que a los razonamientos —les corto Tonks—, así que intenta parecer como si te fueses a enfadar mucho si él hace lo que Ojoloco le ordene.
—En cualquier caso, no creo que necesite disimular —contestó Moody con una sonrisa de suficiencia—. Bien, Weasley; quiero que ataques a Tonks.
—¿QUÉ? —exclamó Hermione, horrorizada
—Quiero que intentes golpearla —continuó Moody como si ella no hubiese hablado.
—¡NO!
—Dale fuerte —ordenó Ojoloco—, suficientemente fuerte como para tirarla al suelo. Y si se levanta quiero que la golpees de nuevo, ¿entendiste?
—Sí —contestó Ron, indiferente—. Pegarle y derribarla.
—Eso es, Weasley, golpéala, ¡ahora!
—¡NO! —gritó Hermione, horrorizada, saltando hacia adelante y agarrándole de la parte trasera de su jersey cuando él empezó a avanzar hacia Tonks—. No, no puedes hacerlo; Ron, por favor, no lo hagas.
—No intentes razonar con él —le espetó Tonks a Hermione mientras aguardaba tranquilamente que Ron se acercase a ella, lista para enfrentársele—. Enfádate, grítale.
—¡RONALD WEASLEY! —gritó Hermione muy fuerte—¡TU NO PELEAS CON MUJERES! ¡ERES MEJOR QUE ESTO! ¡TU MADRE ESTARÍA AVERGONZADA! ¡YO ESTOY AVERGONZADA! ¡QUÉDATE DONDE ESTÁS Y DATE LA VUELTA!
—¡GOLPÉLA! —gritó Moody cuando Ron dejo de andar.
—¡MÍRAME CUANDO TE HABLO! —bramó Hermione.
—¡GOLPÉALA AHORA!
—¡NO LO HARÁS! —gritó Hermione, estrendorosa—. Si llegas a tocarla —dijo ella haciendo que su voz bajase y sonase amenazante—, juro por Dios que lo lamentarás.
—¿Lamentar qué? —preguntó Ron alzando los brazos y frotándose los ojos mientras enfocaba de nuevo la habitación—. ¿Qué hize? Oh… espera —dijo mientras la petición de Moody se hizo presente en su mente con vergonzosa claridad—. ¿Están locos? —preguntó al volverse, atónito, hacia Tonks—. ¿Qué hubiera pasado si te atacaba en verdad?
—No tenías oportunidad —contestó Tonks con una amplia sonrisa engreída—. Si lo hubieses intentado, tú y no yo habrías acabado despanzurrado en el suelo, pero no lo hiciste ¿verdad? Te liberaste.
—No le pego a las mujeres —murmuró Ron para sí mismo.
—Por eso dije que lo hicieses —contestó Ojoloco—. Evidentemente, esto fue un avance. Uno más cada uno y podremos decir que ha valido la pena la noche. Veamos, ¿quien primero?
—Yo lo haré —suspiró Ron—. Terminemos con esto de una vez —añadió.
—¿Te gusta que te maltraten, eh? —preguntó Moody mientras levantaba la varita— ¡IMPERIO!
—¡Oiga! —gritó Ron cuando el hechizo impactó en Hermione en vez de en él.
—Veamos si tiene esas divisiones mentales en alerta, ¿sí? —respondió Moody—. Sin ayuda de su parte, Weasley ¿está claro? Quiero ver si es capaz de liberarse por sí misma.
—Ya veremos —murmuró Ron. Él se había cruzado de brazos y entrecerrado los ojos; de momento miraría, pero si Moody le pedía hacer algo que él supiese no le gustaría a ella, intervendría.
—Escuche, Granger, tengo algunas preguntas para usted. ¿Está escuchando?
—Sí
—Bien, quiero que me diga qué quería Weasley el otro día en el tren.
—¿Cuál Weasley? —preguntó Hermione con voz monótona.
—¿Importa? —inquirió Moody.
—Sí
—¿Qué quería Ron Weasley?
—Su juego de ajedrez.
—¿Y qué quería su hermana?
—Ginny quería usar al baño.
—¿Eso es todo? —preguntó cuándo Ron suspiró.
—Sí
—No estará mintiéndome, ¿verdad?
—No.
...
—Bueno —preguntó Harry bajando el libro de Oclumancia que Hermione le había buscado en la librería en cuanto su mejor amigo entró, suspirando, en el dormitorio de los chicos de sexto año— ¿Qué les hizo hacer?
—Estoy hecho polvo —contestó Ron dejándose caer en su cama sin preocuparse siquiera en desnudarse antes—. Pregúntamelo mañana otra vez —murmuró enterrando la cara en la almohada y sacándose los zapatos—. Te contaré todo lo que quieras saber, pero necesito dormir antes.
—¿Y qué de Hermione?
—¿Qué de ella? —murmuró Ron tan cansado que le pilló con la guardia bajada.
—¿Han estado juntos todo este tiempo?
—No, sólo desde... —Estuvo apunto de decir «desde Julio», pero se las arregló para callar justo a tiempo.
—Entonces, ¿dónde ha estado ella?
—¿Qué? —preguntó Ron completamente irritado y alerta.
—Si Hermione no ha cumplido el castigo contigo esta noche, ¿dónde ha estado?
—Ella estuvo conmigo en el castigo…
—Pero si acabas de decir que no.
—Eso es porque no estaba escuchándote —disparó Ron a la defensiva—. Tengo un terrible dolor de cabeza y lo que quiero ahora es dormir. Te contaré todo lo del castigo por la mañana —gruñó, dándose la vuelta y enterrándose aún más en la almohada.
—¿Lo prometes?
—Sí... ¿Harry? —murmuró Ron tras unos instantes de silencio.
—¿Qué?
—Es probable que Hermione aún esté en la Sala Común, si quieres hablar de ello ahora...
—No... puedo esperar hasta mañana.
—Bien, buenas noches.
—Buenas noches —suspiró Harry, negando con la cabeza y concentrando de nuevo su atención en el libro.
N/t: ¡Lo prometido es deuda! Este capítulo es algo raro de leer al principio... ¡yo también me perdí bastante! Por suerte luego queda bien clarito qué es lo que querían Tonks y Moody. Me encantan que hayan sido los dos los que enseñaran a los cabezotas porque Tonks quería muchísimo a Ojolo, y creo que aquí podemos ver un poco de esa confianza que se tenían, ¿no? Otra cosa: perdón por mi cambio de nombre mensual, jaja.
