Hola
Aquí vengo con un nuevo capi.
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Capítulo treinta y tres:
Sé defenderme sola, Malfoy
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El sonido del bullicio y del aviso del tren de que ya había llegado a la estación fue lo único que logró separar los labios de Remus y de Elizabeth. Ninguno se había dado cuenta de que habían pasado horas, abrazados el uno al otro, besándose sin parar.
Horas en las que Remus había sido completamente feliz. Nunca antes, a excepción de sus momentos como merodeador, había llegado a sentirse tan pleno. Estar junto a Elizabeth, encima de ella, sintiéndola en todo su esplendor era algo que sólo había llegado a soñar. Nunca se había imaginado que pudiera llegar a hacerlo real.
En el fondo sabía que no se la merecía. ¿Cómo un licántropo podía aspirar a algo tan maravilloso?.
-Elizabeth…- susurró con voz ronca enredando los dedos en su hermoso cabello.
-Tienes que irte- musitó ella leyendo aquella verdad en su rostro
-Lo que ha pasado entre nosotros… esto no…
-Lo has hecho por Alexandra, lo sé Remus, no tienes que explicarme nada.
Él se quedó helado al escucharla. ¿Acababa de decirle que sí la había besado había sido causa de Alexandra?.
Era cierto que había necesitado estar junto a ella para aclarar sus sentimientos tras lo sucedido en el castillo, pero nada tenía que ver con su amiga. Lo frustrante de todo era que no podía explicarle nada ahora.
La sintió moverse debajo suyo y comprendió que intentaba alejarse de él. Se apartó con cuidado dejándola levantarse del suelo.
-No le diré a nada a nadie- prometió Eli tristemente
-No es lo que piensas- susurró él sintiéndose torpe.
Tenía que hacerle entender lo importante que había sido besarla. Lo mucho que ella significaba para él. Abrió la boca para intentarlo cuando ella se lo impidió con un simple gesto.
-A fin de cuentas yo he hecho lo mismo contigo, Remus. Si te he besado ha sido porque discutí con mi chico. Supongo que a ti te pasaría lo mismo con Alexandra. No debemos darle más importancia de la que tiene.
Y sin más se marchó dejándole con el corazón destrozado.
Durante un minuto, Remus se quedó inmóvil pensando que le acababan de enviar al infierno después de haberle dejado probar el paraíso. ¿Eso había significado para Elizabeth?. ¿Simple despecho?.
Se estremeció sintiéndose un necio. Él mismo reconocía que no merecía estar con nadie por su condición. Saber lo que Eli pensaba no tendría que hacerle sentir mal. Tenía que asumirlo, como siempre lo había hecho. El problema era intentar hacérselo entender a su corazón.
Comenzó a caminar hasta la salida sin dejar de pensar en lo sucedido. Elizabeth Turner era la tercera chica que besaba en su vida. Y la única que había significado algo verdaderamente importante para él.
Idiota, se llamó a sí mismo pensando en Alexandra. Besar a Eli le había hecho darse cuenta de lo que había sucedido en el castillo. Ya había sospechado algo raro al haber contemplado la nueva decoración que habían maquinado Lindsey y Criss. Ahora lo comprendía todo.
Por eso se puso en marcha. Ni su tonto corazón, ni su estupidez le iban a impedir encontrarse con cierta persona. Sabía el daño que podía haberle causado a su amigo al haberle visto besándose con Alexandra. A saber que está pensando ahora, se reprochó duramente sintiéndose tonto. Conociendo tan bien a Canuto, estaba convencido de que en aquellos momentos pensaría lo peor de él.
Y no podía permitirlo.
Tenía que contarle la verdad en aquél preciso momento.
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Lucius había desaparecido.
Cissy estaba preocupada por el paradero de su chico. Llevaba un buen rato buscándole por todo el tren y no había logrado dar con él. Ahora que al fin había llegado a su destino, temía que ya se hubiera marchado. Sabía perfectamente que la pretensión de él era despedirse después de haber hecho el amor, pero ella necesitaba verle una última vez. Aún no estaba resignada del todo a pasar tanto tiempo alejada de su lado.
Por ello ahora se encontraba apoyada cerca de la entrada del tren, observando a cada alumno que salía de él. No pensaba moverse del sitio hasta que no le hubiera visto. Ni siquiera haber visto a su hermana observándola desde lejos junto a su prometido la convencía de ello.
-¿A qué viene esa cara tan larga, primita?- musitó Evan a su espalda.
Se sobresaltó al verle aparecer de la nada. Siempre hacía lo mismo.
-Estoy esperando a alguien…
-Si es por Malfoy, está ocupado en estos momentos- susurró con una sonrisa maliciosa.- Bastante ocupado diría yo.
Narcisa le miró con el corazón encogido. Había captado al segundo lo que él quería decir. Se hundió al pensar que ya estaba con otra persona y aún no se había marchado de la ciudad.
-Eres su prometida pero no su dueña- le recordó con frialdad- Escúchalo y memorízatelo.
-Gracias por la información.
Se volvió dispuesta a marcharse lo antes posible. Sentía unas tremendas ganas de llorar y no quería que su primo la viera así. Sabía perfectamente lo que él tramaba contándole aquello. Quería que se fortaleciese para que no la hicieran daño. Si tan sólo Evan supiese que con estar separada de Lucius ya sufría un infierno…
-Espera- la detuvo tomando su mano
Ella le observó impaciente. Sabía que Bella los estaba observando en la distancia con interés.
-¿Qué más quieres, Evan?
-Preguntarte si sabes dónde está mi hermanita- susurró él con mirada avariciosa- Quiero ser yo quién la lleve a casa. Nadie la ha visto desde que salimos del castillo.
-No me extraña
-¿Qué quieres decir?
Cissy dudó muy a su pesar. Elizabeth Turner no le caía nada bien. Más bien la odiaba por todo lo que ella representaba. Pero al mismo tiempo se sentía conmovida por su causa. Sabía perfectamente de quién estaba enamorada, y lo que había sucedido delante de todos los alumnos con Lupin como protagonista. Ella misma sabía lo que era amar a alguien que no hacía más que causarle dolor y penas.
-A nadie le gusta sentirse presionada, Evan- improvisó decidiendo no ser ella quién le dijera la verdad
-Yo no presiono, prima, tomo directamente lo que deseo- precisó fríamente- Y mi hermanastra está dentro de mis planes.
-Entonces ahí la tienes- musitó feliz al verla cruzar a pocos metros de distancia.
Él sonrió satisfecho antes de ir tras su presa. Porque para Narcisa eso era ella. Una presa que tarde o temprano caería en la trampa.
Y a mi no debe importarme, se dijo suspirando hondo. Bella parecía a punto de perder la paciencia por su retraso y no quería que pagara cualquier frustración con ella.
Lucius ya la había dejado bien servida en ese aspecto.
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-¡Frank, querido, qué alegría que ya estés aquí!
El muchacho sonrió al oír la voz de su madre. La había echado de menos aquellos últimos días. Desde que su padre muriese apenas unos años antes, había logrado encontrar en ella un apoyo que le había servido para seguir adelante. Su madre era una de las personas más especiales del mundo, junto con su querida Alice.
Se volvió hacia ésta para tomar su mano. Quería que su madre viera lo feliz que se sentía al por fin estar junto a la chica. Durante muchas noches, ella misma había intentando aconsejarle sobre su vida sentimental. A decir verdad, en ese aspecto era el único en el que no le había hecho mucho caso. Quizá la consecuencia directa de eso fuera su pasada relación con Cristina.
Pero es mejor no recordar eso, pensó mientras la observaba pasar a su lado echa una furia en dirección hacia su nueva amiga, Lindsey. Era más que obvio cuál era el plan de ambas, y más tras su truco de las ramas de muérdago. Lo que no había llegado a entender era el papel que tanto Alexandra como Remus habían jugado en ello.
-Frank…
Observó a su chica al notar cómo su mano se tensaba. Sonrió pensando que quizá ella se encontrase nerviosa ahora que iba a pasar tiempo junto a su madre. Sabía de sobra que Ally la conocía. Otras veces habían hablado, aunque había sido cuándo ellos dos sólo eran amigos. Quizás ahora se sintiese presionada por su recién iniciada relación sentimental.
-Mi madre sabe lo mucho que te quiero, cielo- le susurró en su oído cariñosamente.
Ella asintió haciéndole reír. Su expresión corporal contradecía a sus buenos propósitos. Se prometió a sí mismo lograr antes de que terminasen aquellas dos semanas, que su chica se relajase delante de su madre. A fin de cuentas, Augusta Longbottom no era un ogro. Al menos no lo es cuando me porto bien, pensó divertido sabiendo el carácter que su madre se gastaba.
Dejó atrás sus pensamientos cuando ambos llegaron hasta ella.
-Mamá, ya conoces a Alice- dijo Frank sonriente mientras la abrazaba con fuerza. Un gesto que lo decía todo.
-Me alegro de volver a verte, querida- musitó Augusta clavando su penetrante mirada en ella
-Lo mismo digo.
-Frank me ha contado muchas cosas de ti. Su chica ideal... así solía definirte.
-Mamá...
Ella sonrió misteriosamente sin dejar de observar directamente a la rubia. Frank no supo porqué, pero sintió un pequeño mal presentimiento. El año pasado, cuando se encontró por casualidad con Cristina siendo su novia, no le había echado ni una sola mirada. Y parecía no poder apartar su vista de Ally.
Aquello no podía ser bueno.
-Vamos a casa, mamá. Esta noche tenemos que ir directamente a la casa de los padres de Alice. Recuerda que pasaré las Navidades con ellos.
-Lo recuerdo- susurró cáusticamente- de eso precisamente quería hablar contigo. Bueno, con vosotros- añadió incluyéndola a la joven también a regañadientes
Se quedó en silencio esperando que dijera su objeción, porque sabía que tenía que haber alguna. Cuando semanas atrás, la había escrito para comunicarle su decisión de acompañar a Alice aquellos días, se había dado cuenta de lo rápido que había aceptado su decisión sin protestar ni nada. Intuía que tarde o temprano, alguna oposición por su parte aparecía.
Por eso, no tenía por qué haber sido sorprendido, cuando Augusta Longbottom terminó diciendo lo que pensaba hacer.
-A mi también me gustaría pasar el día de Navidad contigo, Frank.
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Salieron juntos del expreso al ver que ya los demás alumnos se habían marchado. Peter hubiera deseado esperar a sus amigos en el mismo vagón de antes, pero algo le decía que lo mejor era salir para que el señor Potter no se preocupase por su tardanza.
Maddy había estado de acuerdo con él. Ella también tenía que salir pronto. Le había contado que cómo cada año, sus padres enviaban a uno de sus empleados a recogerla y llevarla a su casa. Por eso, lo que quería hacer era acercarse a él y darle la carta que tan concienzudamente había escrito horas atrás.
-Así sabrán que estoy bien- había murmurado Maddy satisfecha consigo mismo.
Si le había extrañado su forma de proceder, no había dicho nada. Él mismo no mantenía una verdadera relación de familia con los suyos. Desde pequeño había aprendido a no confiar en nada, y menos en su familia. Nunca habían ido a buscarle, ni a llevarle. Siempre estaban muy ocupados, administrando el poco dinero que llevaban a casa.
Y ya no le importaba. Sobre todo desde que era un merodeador. Para Peter, su única familia eran los merodeadores y Madeleine Albright. Por ellos era capaz de hacer cualquier cosa.
-Lo que sea- afirmó en voz alta dándole un beso a su novia
-¿estás bien, Peter?
-Claro que sí, ratoncita
La vio asentir un poco confundida. Sonrió ante la expresión de su rostro. ¡Cómo la amaba! Gracias a ella se estaba convirtiendo en una persona mejor. Y no podía más que sentirse orgulloso por ello.
Elevó la vista y saludó con su mano al padre de James. Estaba junto a la señora Longbottom dialogando tranquilamente. Le guiñó un ojo a su amigo Frank al verle mirando nervioso a su madre.
-Enseguida vuelvo- le susurró Maddy al oído antes de echar a correr en dirección contraria.
-Bienvenido de nuevo, Peter- musitó amablemente Harold Potter con una sonrisa- Me alegra verte bien.
-Gracias, señor.
-¿Y mi hijo?
-Con los demás. Ahora venían.
El adulto asintió y Colagusano suspiró para sus adentros esperando que Cornamenta y Canuto llegasen cuanto antes junto a Lily. Estaba empezando a preocuparse seriamente por su tardanza.
-¿Qué tienes pensado hacer en estas vacaciones, jovencito?
Las palabras de Augusta Longbottom le hicieron volver a prestar atención a la conversación.
-Maddy y yo nos vamos con James- contestó con seguridad viendo cómo su chica regresaba ya con las mejillas sonrosadas
-¿Y que hay de tu familia?- insistió la mujer con un tono de regaño.
-Mamá…- protestó Frank adivinando lo que trataba de hacer.
-Para mí mis amigos son mi familia- Aseguró abrazando por la cintura a su chica una vez la tuvo a mano- James me invitó a pasar estas fechas en su casa, y si a su padre aquí presente no le importa que le molestemos, estoy… estamos encantados de ir- finalizó incluyendo en sus palabras a Maddy.
Augusta frunció el ceño, mientras que Harold reía encantado. Nunca había visto al pequeño Peter Pettigrew hablando con tanta seguridad. Su sexto sentido le decía que la causa de ello era la jovencita tan encantadora y sonrojada, que tenía a su lado.
-Una buena respuesta, muchacho
-Espero que paséis unas buenas Navidades entonces- musitó la mujer dando por terminada su presencia- Vamos Frank, el pastel que hice se estará enfriando. ¿Te gustan los pasteles, Alicia?
-Alice…- dijeron a la vez Frank y Peter
-Lo que sea- suspiró la matriarca Longbottom- Lo dicho, Feliz Navidad
Y sin más se marchó seguido de un enfadado Frank y una cohibida Alice tras sus pasos.
-Acabamos de presenciar a una lobezna protegiendo a su cachorro…- murmuró Harold con una expresión divertida en el rostro.
-Frank no necesita que nadie le proteja de su chica- contestó Madeleine sin pensar. De lo que se arrepintió al instante.- Lo siento, no quise…
Harold sonrió dándole a entender que la había comprendido perfectamente. Posó su vista en la entrada esperando a su hijo con un toque nervioso, que pudo disimular sin problema.
¿Por qué James estaría tardando tanto?
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Estaba impaciente por verla.
Rodolphus miraba atentamente a cada una de las personas que iban de un lado a otro en el andén. Aún no había visto a quiénes sus ojos ansiaban encontrar y se estaba poniendo nervioso, cosa rara en él.
A su lado Bellatrix y su hermana conversaban en voz baja. Intuía por el tono de sus voces que estaban discutiendo. Algo le decía que a su futura cuñadita le sucedía alguna cosa, pero se dijo que le daba igual. El único motivo por el que él estaba allí era para ver a Snape. Tenía que asegurarse de que había cumplido bien su cometido.
¿Por qué había elegido a Snape para entregarle aquella misiva a Halliwell? Muy sencillo. Porque no confiaba en él y ese sentimiento era recíproco. Sabía que su mera presencia causaría si no temor, cierto respeto hacia su persona. Por su poder, su magia y dinastía, y de eso precisamente se había aprovechado para el buen funcionamiento de su plan. Al fin y al cabo, Severus Snape no era más que un novato en la causa. Más le valía ganarse sus favores si quería terminar bien parado en el mundo que se había introducido él solo por propia voluntad.
-Vas a hacer lo que yo te diga- Oyó cómo su prometida sentenciaba con frialdad.
Dejó atrás sus propios pensamientos y fijó su mirada en la pequeña Narcisa Black, cómo la calificaba él. No había cambiado nada. Seguía siendo para él, una niña insignificante que seguía al pie de la letra las órdenes de su hermana mayor. A Andrómeda Black no valía la pena ni siquiera mencionarla. De las tres, la única que valía la pena era su futura esposa, y Rodolphus no podría estar más orgulloso por saberla suya para siempre.
-Se están retrasando…- murmuró deseoso de marcharse de allí.
Si no podía encontrar ni a Halliwell ni a Snape, prefería regresar a casa. Aún tenía muchos libros por catalogar, y misiones que preparar. Por algo, le gustaban las Navidades. En ese punto estaba totalmente de acuerdo con Bella. Aquella época era la idónea para causar daño y dolor, y no quería perder el tiempo. Dos semanas eran poco tiempo para que pudiese llevar a cabo todos sus planes.
-Lucius estaba ocupado- aventuró Cissy sin mirar a nadie en concreto- No creo que le veamos ahora.
-No es a él a quién esperamos- la cortó bruscamente posando su mirada en la salida del tren.
-A él en cambio sí- anunció Bella con los ojos brillantes.
Rodolphus no pudo más que sonreír al ver caminar lentamente a Severus Snape en busca de alguien. Asintió con arrogancia al ver que a quién el Slytherin buscaba no era otro más que él. Con un simple gesto le dio a saber que había hecho lo que le había pedido sin mayor problema.
Perfecto.
Eso quería decir que todo estaba saliendo según sus planes.
Se giró hacia su prometida e inesperadamente la besó con pasión sin importarle quién pudiera fijarse en ellos. Ella se abrió a él, como siempre hacía, devolviéndole aquél beso con todas sus fuerzas.
-Podemos irnos ya- aseguró sonriente.
-Tenemos que hablar con nuestro sospechoso- susurró ella observando fríamente cómo Snape se alejaba de su punto de visión.
-Le veremos en la reunión, querida, como a todos. Además, esto se está llenando de personas indeseadas.
Señaló con un gesto a la derecha, dónde el maldito auror Harold Potter hablaba tranquilamente con el merodeador más insignificante y su novia mientras esperaban a los demás. A su lado, se encontraban la viuda Longbottom y otros miembros del ministerio que era mejor no presionarles antes de tiempo.
-Cuánta basura- escupió Bella fulminándoles con la mirada- Lástima que mi primo se haya unido a ellos.
La lástima es que él viva, querida pensó Rodolphus rememorando su visita a la mansión Black.
-Nos encargaremos de él- afirmó segundos después en voz alta dándose la vuelta.
Llegado el momento utilizaría todas sus armas contra él.
Nadie se ponía en su camino, y salía vivo en el intento.
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-¡Eh, Remus!
James suspiró aliviado al verle girando una esquina. Habían recorrido todo el expreso de cabo a rabo en busca de su chica, y aún no la habían encontrado. Esperaba que ahora, al ver a su amigo Lunático éste le dijera dónde estaba, porque ya se estaba empezando a preocupar demasiado.
-James… Sirius- susurró fijando su mirada en este último
Giró su vista a uno y a otro y notó la tensión reinante entre ellos. No le gustaba para nada tener que verles así. Eran sus mejores amigos y no tenía pensado permitir que se distanciasen por ningún motivo. Pero por desgracia tenía que dejarlo para después.
-¿Dónde está Lily?- preguntó a bocajarro.
-Pensé que estaría con vosotros…- musitó Remus sorprendido- Hace un par de horas que se marchó en busca de sus amigas. Quería hablar con las chicas antes de ir a tu casa.
-Maldita sea- gruñó el chico de gafas frustrado- A Ally y a Frank les acabamos de encontrar y nos han dicho que no la han visto.
-Y Turner ya está fuera- musitó Sirius observándola andar ya fuera de los andenes.
-Quizá esté con Alexandra…
Sirius se tensó tan pronto le oyó pronunciar su nombre.
-¿Por qué no me extraña que tu primer pensamiento sea hacia ella?- ironizó con malhumor.
-Canuto, no creo que…
-Da igual. Lo importante es Lily
Lo más importante del mundo, estuvo de acuerdo James acercándose hasta su mejor amigo. Quizá si miraba por la ventana podía verla fuera, a salvo, que era lo más importante. No podía dejar de pensar que algo podía haberla pasado. No sería de extrañar, después de lo sucedido en Halloween. ¡Maldita sea, él no se había separado ni un momento de ella para protegerla hasta ahora!. ¿Podían tener tan mala suerte que por un maldito momento todo se torciese?
-¿No creeréis que alguien ha querido volver a atacarla, verdad?- inquirió Remus leyendo aquello mismo en la expresión de su amigo.
James se tensó al oírle, mientras que Sirius seguía sin prestarle mucha atención. Después tendrás la ocasión de hablar con él y explicarle lo sucedido con Alexandra, se dijo Remus a sí mismo intentando establecer lo que era primordial en aquél momento.
-Busquémosla entonces…
-¿Qué demonios crees que hemos estado haciendo hasta ahora?- Estalló Sirius perdiendo la paciencia. Enseguida se tranquilizó y añadió como quién no quiere la cosa: - Tú has sido la última persona que la vio.
-Ella me dijo que iría a ver a las chicas- repitió intentando no hacer caso de la acusación inmersa en las palabras de su amigo.
-Te lo dijo a ti, sólo a ti, ¿por qué será que…?
-¡Basta!
James gritó deseando que se callasen de una vez. Se dio la vuelta sin saber qué hacer o a dónde ir. Lo único que quería era encontrar a Lily, no escuchar tontos reproches faltos de verdad.
Sus dos amigos le entendieron al instante y se sintieron culpables.
-Lo siento- musitaron a la vez sin mirarse a los ojos.
A continuación permanecieron en silencio. El sonido del bullicio de los demás alumnos fue apagándose poco a poco, señal inequívoca de que estaban quedándose solos en el tren.
-Lily no puede estar aquí…- susurró James con voz ronca- Si no ya la hubiéramos encontrado. Hemos recorrido cada maldito vagón y nadie la ha visto.
-¿Y Alexandra?- preguntó Remus a sabiendas que su comentario podía no ser muy bien recibido.
-No la hemos encontrado- respondió Sirius con sequedad- pensábamos que estaba contigo.
-La última vez que la vi fue en el castillo después de…
-Besarla…
Remus fue a abrir la boca para explicarse, pero al ver la mirada desesperada de Cornamenta se contuvo. Primero encontrar a Lily, después contarle la verdad a Canuto, se repitió por décima vez, pero una cosa está clara. A partir de este momento, Sirius no podrá negar que siente algo por ella… ¡Si no le conociese diría que por primera vez en su vida estaba celoso!.
Sonrió sin poderlo evitar ante sus locos pensamientos cuando los tres escucharon un ruido a su espalda. Unos pasos lentos que se dirigían hacia ellos. A James casi se le salió el pecho del corazón al reconocer aquella figura a lo lejos.
-¡Lily!- gritó yendo hacia ella, mitad enfadado mitad aliviado de que se encontrase bien.
A fin de cuentas, ¿quién no era capaz de reconocer a su ángel aunque fuera en la distancia?
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Quiso gritar con todas sus fuerzas al ver al chico pesadilla caminando detrás de ella. Después de haber estado más de una hora en el paraíso junto a Remus, no quería viajar al infierno de manos de Evan Rosier.
-Lárgate de aquí- espetó sin detener su ritmo
-De eso nada, hermanita, te vienes conmigo a casa. Nuestro padre está deseoso de tenernos a ambos juntos en la mansión.
-Él no es mi padre- gritó harta de aquél tema
Oyó la estúpida sonrisa de él y se tensó. No sabía por qué, pero algo le decía que si Rosier quería llevarla él en persona a la casa era por algún oscuro motivo y no le hacía ninguna gracia. ¿Cuántas veces tenía que decirle que no pensaba unirse a nada de lo que se trajese entre manos?
Eli nunca había sido ingenua. Desde su tercer curso en Hogwarts empezó a darse cuenta de los extraños comportamientos que su padre adoptivo tenía. Siempre saliendo de noche, encapuchado de los pies a la cabeza, riéndose de las desgracias que le sucedían a los muggles. ..
Nunca le había seguido la corriente. Ella no pensaba en la pureza de la sangre, ni en que los magos eran superiores a las personas no mágicas. Su mejor amiga, Lily, era de familia muggle.
Lily Evans.
Una bruja maravillosa.
Estupenda amiga y magnífica novia.
Y una de las personas a las que más quería en el mundo.
Pero no era la única.
Alice también tenía en sus orígenes restos de sangre muggle.
Sus abuelos lo habían sido… y por desgracia así habían terminado.
Y en cuanto a Alexandra…
Mejor en ella no pensar, pensó rabiosa recordando la escena que había presenciado en Hogwarts con su adorado Remus.
Ahora, sin venir a cuenta, Evan había vuelto de su peregrinaje, después de años sin verle, y desde su llegada no hacía más que intentar convencerla de que estaba equivocada con sus creencias. Quería arrastrarla a un mundo que ella ni conocía, ni deseaba, pero que sí intuía. Y no lo iba a permitir.
Hiciera lo que hiciera Evan Rosier, no pensaba entrar en su mundo, fuera cuál fuese este. Ella tenía principios y fuerza de voluntad. Nadie lograría cambiarla.
-¿Quieres estarte quieta de una maldita vez?- Gritó su hermanastro alcanzándola al fin.
-No me toques
-Te tocaré lo que me dé la gana.
Elizabeth intentó soltarse de su amarre, pero fue imposible. Evan tenía demasiada fuerza.
-¿Qué quieres ahora?
-Llevo un rato buscándote, por el tren, y no te encontré.
-Estaba ocupada- susurró sonrojándose muy a su pesar.
-Tu novio también te estaba buscando- presionó él mirándola fríamente- Tienes los labios hinchados, el pelo revuelto y la ropa… arrugada. ¿Qué demonios has estado haciendo y con quién?
Furiosa, Eli alzó su otra mano y le dio una fuerte bofetada. No pensaba permitir que nadie la interrogase sobre sus cosas y menos ante el maravilloso hecho de haber podido pasar unas fantásticas horas con el chico más dulce de todo el mundo mágico.
-Estúpida- gruñó él devolviéndole el golpe.
Con demasiada fuerza.
Tanta, que logró tirarla al suelo.
-Sigues siendo una furcia, Turner- le escupió rabioso- Los años no te han cambiado.
-¡Cállate!
-¡Levántate del suelo!- gritó él amarrándola de nuevo por el brazo con garras de acero- Estoy deseando que veas la sorpresa que mi padre te tiene preparada.
Eli quiso oponerse, pero al ver que las personas estaban empezando a fijarse en ellos, decidió no dar un escándalo. Esperaría hasta llegar a la casa de su madre para dejar las cosas claras.
No pensaba pasar ni un minuto de más en esa casa.
Pensó en Remus y su corazón se alegró.
Le daba igual lo que le había dicho minutos antes en aquél vagón. Le necesitaba y después de fugarse de su casa, iría a verle.
Le explicaría que le había engañado, y que en verdad le amaba.
Por primera vez en su vida estaba dispuesta a disfrutar de las Navidades.
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-¡Lily!
La pelirroja sonrió al sentirse protegida entre los brazos de James Potter. Cerró los ojos y se dejó arropar por su calidez. ¿Cómo podía seguir enfadada con él?.
-¿Dónde demonios has estado?- gritó James zarandeándola ahora que tenía oportunidad- ¡Estaba preocupado por ti!.
-Estábamos preocupados por ti, Evans- corrigió Sirius guiñándole un ojo- La próxima vez que quieras perderte, avisa.
Asintió sin decir nada. Notó cómo su novio se tensaba ante su silencio, pero lo prefirió así. No quería que supieran que había vuelto a dejarse a atrapar. Tenía que reconocer que aquello había sido una tontería, otra de las muchas protagonizadas por Lucius Malfoy.
-Estoy esperando una respuesta, Evans.
-Estuve… por ahí.
Su media mentira fue percibida por los tres merodeadores al acto que se miraron con preocupación durante unos instantes. Lily se encogió al ver que su plan de mantener en secreto lo sucedido iba a fracasar. ¿Tan transparente era?.
-No he encontrado a Eli- musitó enseguida deseando cambiar de tema.
-Normal, he estado con ella desde que te marchaste, Lils.
Tres pares de ojos se clavaron en él ante aquellas tímidas palabras. Uno de ellos más confundido que otra cosa.
-¿Con Turner?- repitió Sirius solo para estar seguro.
-La misma que viste y calza…
-¿Y qué hacías tú con…?
Lily sonrió al ver que su plan estaba funcionando. Con suerte, ambos amigos se pondrían a hablar y solucionarían su pequeño conflicto. Se volvió para mirar a James y así decirle que era mejor dejarlos solos. Su ánimo decayó al ver sus ojos.
Ardían de preocupación y de furia.
-James…
-¿Con Turner…?- terminó Sirius sin despegar su vista de él.
-Quiero la verdad, Evans.
-Es lo que trataba de explicarte antes, Canuto.
-No creo que sea el momento adecuado para…
-¿Qué pinta Turner en todo esto?
-Estoy esperando, pelirroja.
-Eli es la única que me importa, Sirius.
Los cuatro jóvenes suspiraron fuertemente mirándose los unos a los otros sin pronunciar palabra alguna. Mala estrategia, Lily.
-Ven, vamos a hablar…- se rindió ella pensando con rapidez en qué parte debía contarle a su chico sin que se pusiera hecho una furia.
-De eso ni hablar- farfulló Sirius dándose la vuelta- Yo también quiero saber qué te ha pasado. El asunto con Turner puede esperar.
-No creo que…
Remus la cortó con una mirada dándole a entender que lo suyo sí podía esperar. Era mejor hablar con Sirius cuándo estuvieran solos. No quería estropear más las cosas entre ellos.
-Ya está todo solucionado entonces- afirmó James poniéndose delante de ella con los brazos cruzados- Empieza a abrir esa preciosa boquita tuya y cuéntanos lo que ha sucedido.
Rendida, Lily suspiró de nuevo y procedió a hacer lo que los amigos le estaban pidiendo.
-Flashback-
Zabini la tenía fuertemente agarrada por la espalda. Cuánto más intentaba alejarse de él, más daño le hacía, aumentando la fuerza con la que la tenía presa. Para colmo de males, no podía alcanzar su varita para darle una lección a aquellos dos producto de matones.
Tendría que usar su ingenio si quería verse a salvo de ellos.
-Nada te hará salvarte de mí esta vez, sangre sucia- gruñó maliciosamente Lucius acercándose a ella- pienso divertirme contigo antes de dejarte marchar.
Alzó su mano y recorrió el contorno de su cuerpo con ella. Lily se estremeció de asco ante su contacto.
-No me toques…
-Vas a ser muy infeliz, Evans, porque pienso tocarte… y mucho.
Dicho lo cual, subió la mano a su rostro y bruscamente intentó besarla en la boca. Zabini que estaba a su espalda, impedía que hiciese cualquier movimiento extraño, agarrando sus manos con fuerza.
Lily intentó resistirse. Por nada del mundo quería ser besada por tremendo ser, pero no lo podía evitar. Lo único que podía hacer era mantener la boca cerrada e intentar forcejear con toda su energía.
El beso, húmedo y viscoso terminó sobre sus labios. Se prometió lavarse bien la boca con jabón para quitarse aquella repugnante sensación cuándo pudiera salirse de esa situación.
-No te resistas, sangre sucia, te va a gustar.
Ni en sueños, se dijo ella escupiéndole en el rostro. Podría parecer indefensa, pero no pensaba doblegarse ante él. Ya se estaba cansando de ser la débil Lily Evans, a la que magos cómo aquél despreciaban y atacaban sin razón de ser.
-Potter no está aquí para defenderte- gruñó Lucius golpeándola con fuerza.
-Sé defenderme sola, Malfoy.
-Cállate- la zarandeó Zabini para que no pudiese decir nada más.
No quería formar un escándalo mayor y que les pillasen allí bajo aquellas circunstancias. Una cosa era vengarse a través de ella por el daño que los merodeadores les hacían, y la otra querer ser expulsados de Hogwarts.
-Hoy vas a aprender una buena lección- le prometió Lucius acariciándole su pecho con una mano mientras que con la otra intentaba quitarle la corbata y la camiseta de prefecta que llevaba.
Una gran lección, repitió Lily viendo que había llegado su oportunidad.
Fingió rendirse por unos segundos, y cuándo Zabini aflojó su presión, inclinó su rodilla y le golpeó con todas sus fuerzas a Malfoy en su entrepierna. El chico se echó a atrás, gimiendo mientras se llevaba las manos a esa zona en concreto. A continuación, le dio un fuerte pisotón a su segundo atacante, aprovechándose de su sorpresa. Le empujó lejos de sí mientras sacaba su varita y les apuntaba con ella.
-La lección que he aprendido hoy, Malfoy- susurró ella con los ojos brillantes mientras inmovilizaba mágicamente a Zabini- es que soy lo bastante mujer y bruja como para defenderme yo solita. Y sin necesidad de varita.
Sin más se marchó pensando que era posible que sus amigos se hubieran preocupado por ella. Se dijo que se daría prisa por volver junto a ellos. Pero eso así. Antes pensaba cumplir lo que se había prometido.
Iría al primer baño que encontrase para quitarse el asqueroso sabor de los labios de Malfoy de los suyos.
-Fin del Flashback.-
Lily terminó de contar su relato sin mirar a nadie en particular. Sabía que se había hecho cargo de la situación sin salir mal parada, pero no quería que ellos pensasen que necesitaba ser protegida todo el tiempo. Las últimas semanas había estado sobreprotegida por esos tres merodeadores, y aunque no se podía quejar, no quería que todos sus movimientos estuviesen tan vigilados.
Alzó su mirada para explicarles esto mismo y se quedó paralizada al ver la mirada de odio que James tenía grabada a fuego en su expresión.
-Pienso matarle- gruñó con ira apenas controlada.
-Y yo pienso ser tu cómplice- le apoyó Sirius, tan furioso como él.
-Chicos…- murmuró Remus intentando llamar su atención.
Gracias a Merlín, pensó ella al oírle a ese merodeador en concreto hablar. Sabía que Remus nunca, bajo ninguna circunstancia apoyaría ningún acto violento. Estaba salvada.
Ambos merodeadores le miraron con la palabra venganza escrita en la cara. Lunático sonrió traviesamente mientras clavaba su mirada en sus ojos.
-Si queremos encontrarles tenemos que darnos prisa- puntualizó señalando hacia la ventana del compartimento, desde dónde podía ver al rubio en concreto caminando a duras penas junto a Albert Zabini.- Tenemos que darle a Malfoy una despedida al estilo merodeador que recuerde toda su vida.
Para desesperación de Lily, James comenzó a asentir ante aquellas palabras, mientras que Sirius le lanzaba una sonrisa orgullosa a su amigo por primera vez en aquél día.
Los tres se pusieron en movimiento al mismo tiempo, dejando a Lily atrás.
-¿Por qué tenéis que ser tan tozudos?- gritó ella yendo detrás de ellos muy a su pesar. Era consciente de la cantidad de gente que había afuera. Adultos, en su mayoría.
¿Qué locura pensaban cometer delante de todos?
¡Merodeadores tenían que ser!.
Continuará...
De nuevo gracias por subirme reviews, me animan bastante a seguir, aunk sigo excasa de imaginación. Necesito un empujocinto para continuar...
q sequita estoy ultimamente.
Un abrazo fuerte, y muchos saludos.
xxlizzie
