Grietas
Habían reído, comido juntos, ido de compras. Incluso habían visto una película, – bastante mala, por cierto – en conclusión todo lo que habían hecho ese día gritaba "cita". Lo único que había hecho falta para terminar ese día memorable había sido un beso de despedida, pero Sousuke tenía muy claro que eso no iba a pasar. Makoto se despidió con una pequeña reverencia, dándole las gracias por haberle ayudado a escoger un regalo para los novios. Sousuke entró en su dormitorio, dejando el regalo sobre la mesa y tirándose en la cama, mirando techo de la oscura estancia.
Lanzó un largo suspiro, pensando en lo mucho que había disfrutado el día. En lo mucho que disfrutaba estar con Makoto. En lo mucho que quería estar con él, pasar más tiempo con él. Tenía que tomarse las cosas con calma, era lo que había dicho Rin – y probablemente lo que diría cualquiera – pero él no estaba seguro de cuánto aguantaría sin besarlo, sin abrazarlo, sin repetirle una y otra vez cuánto lo amaba. Es que Makoto estaba tan cerca.
Tan cerca, pero a la vez tan lejos.
S & M
Un par de días después, Sousuke estaba sentado en un avión con rumbo a Hawái. Se acomodó en el asiento, ajustándose el cinturón de seguridad y estaba a punto de cerrar los ojos cuando sintió una presencia. Sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de quién se trataba. Ambos habían comprado su boleto de avión algo tarde, así que tenía sentido, pero Sousuke nunca se imaginó que viajarían en el mismo vuelo, mucho menos sentados uno al lado del otro.
—Hola —saludó el castaño, con una sonrisa nerviosa.
—Nos volvemos a encontrar —dijo Sousuke —Parece que el destino se empeña en juntarnos, ¿eh?
—Supongo que así es —contestó —Finalmente llegó el día. ¿Imaginabas que algo así pasaría? Todavía me parece un poco cómico, ¿sabes?, que mi mejor amigo y tu mejor amigo terminaran juntos.
—Rin es un buen sujeto, pero nunca tuvo suerte en las relaciones. Siempre pensé que sus fracasos se debían a que es demasiado intenso, pero creo que era porque no había encontrado a la persona adecuada. Con Nanase, definitivamente es cierto eso de que los opuestos se atraen. Lo de la boda… fue un poco sorpresivo, sí, pero creo que era el resultado lógico después de ver lo melosos que son.
—La forma en que se miran… en verdad uno puede darse cuenta de lo mucho que se aman —comentó Makoto, que ya no miraba a Sousuke y en cambio tenía la vista fija en la pantalla donde pasaban las instrucciones de seguridad —Debe ser hermoso que te amen de esa manera —cuando se dio cuenta de lo que había dicho, Makoto se llevó las manos a la boca —Olvida lo que dije.
—Seguro que sí. Y ha de ser mucho mejor cuando eres correspondido.
Sousuke puso su mano sobre la de Makoto y entrelazó sus dedos con los del castaño, expectante de cómo reaccionaría. Aunque el menor no lo miraba, al sentir como los dedos ajenos se entrelazaban con los suyos, con un poco de temor quizás, no pudo evitar sonreír.
Sousuke, sintiendo una paz indescriptible, cerró los ojos mientras una sonrisa boba se dibujaba en sus labios. No pasó mucho tiempo antes de que Makoto cerrara sus ojos también y se entregara al sueño. Ambos estaban emocionalmente agotados. Ninguno había dejado de pensar en el otro. La cabeza de Makoto había resbalado hasta quedar sobre el hombro de Sousuke, quien a su vez había terminado por apoyar su cabeza sobre la de Makoto.
Después de unas horas, Sousuke fue el primero en despertar, sonriendo enternecido cuando notó la posición en que se encontraban. Apretó con un poquito más de fuerza la mano tibia de Makoto, sintiéndose tentado a besar la frente del joven durmiente.
El más alto volvió la mirada a la ventana una vez más. No se veía más que nubes. De pronto Makoto comenzó a moverse, pero Sousuke no soltó su mano. Cuando se volteó para mirarlo, vio un adorable sonrojo en sus mejillas. Acababa de darse cuenta de la posición en que se encontraban. Sousuke se lamentó por el calor que había perdido al retirar Makoto su mano. Antes de que alguno pudiera decir algo, la aeromoza llegó para entregarles la comida y bebidas. Comieron en silencio, pues ninguno de los dos sabía bien cómo empezar la conversación. Entonces, cansado de estar mirando a Sousuke de reojo, Makoto dejó sus cubiertos a un lado y dijo:
—¿Has practicado tu discurso para el brindis?
—En lo absoluto. Creo que simplemente tendré que improvisar —dijo Sousuke —Además, sin importar lo que diga, sé que Rin llorará —Makoto rió bajito —¿Y tú, tienes listo el tuyo?
—Ah, sí —agachó la cabeza, avergonzado de pronto —E-El mío e-es un poco… diferente —Sousuke arqueó una ceja.
—¿Me contarás de que se trata? —el castaño negó con la cabeza —Vamos, no seas así, Makoto —añadió, invadiendo el espacio personal del otro al acercar su rostro peligrosamente al del castaño.
—E-Es un secreto.
Sousuke se dio cuenta de que no iba a lograr que Makoto hablara, por lo que decidió dejarlo pasar y esperar a escucharlo el día de la boda. Seguramente Makoto había pensado en algo increíblemente dulce – y cursi – que haría llorar a Rin como un niño y le brindaría una excusa para molestar a su mejor amigo. El resto del viaje se la pasaron charlando, habiéndose despejado la tensión inicial del ambiente.
Cuando llegaron al aeropuerto de Honolulu, los recibió un enérgico hombre alto, de cabello naranja, que Makoto reconoció como Mikoshiba Seijuro, el esposo de Gou. De su mano iba una niña con el brillante cabello naranja recogido en dos colitas. Los grandes ojos rojos de la niña brillaron al ver a Sousuke y, soltándose de la mano de su padre, corrió para abrazarlo. Sousuke soltó la maleta y levantó a la niña del suelo, apretándola en un abrazo. La pequeña repartió besos por las mejillas de Sousuke y Makoto no pudo evitar sentir una calidez en su cuerpo. La escena era simplemente adorable y si no hubiese estado tan embelesado mirándolos, habría sacado su teléfono para capturar el momento en foto.
—Rayos, como siempre parece que te quiere más que a mí.
—Es que me quiere más que a ti, Seijuro —bromeó Sousuke —¿Verdad, Momo?
—¡Los quiero a los dos! —exclamó la pequeña, que de pronto reparó en la presencia de Makoto. La pequeña lo miró fijamente y se sonrojó cuando Makoto le sonrió —Tío Sou…
—Ah, este es Makoto, es mi n… es mi hermano y amigo de Nana… de Haruka.
—¿De Haru-chan? —Sousuke asintió y Makoto se imaginó la cara irritada que Haruka pondría si escuchaba que agregaban el "chan" a su nombre —¡Mucho gusto, Mako-chan! —Sousuke bajó a Momoko y Makoto se puso en cuclillas.
—Es un placer conocerte, Momoko-chan —saludó Makoto —Qué vestido tan bonito llevas.
—¡Gracias! —Momoko había quedado completamente hechizada con Makoto, quien la hacía reír.
Momoko había tomado la mano de Makoto y se negaba a soltarlo.
—En verdad eres bueno con los niños, Makoto —dijo Seijuro, mientras los cuatro caminaban hasta el auto —Creo que te has convertido en su nueva persona favorita.
—No es justo, Makoto es demasiado popular —replicó Sousuke, fingiendo indignación. Seijuro rió.
Los cuatro se acomodaron en el auto y Seijuro encendió el auto para abandonar el aeropuerto y dirigirse al hotel.
—Todos los invitados han llegado, ustedes eran los únicos que faltaban. Gou se fue de compras con Maki y Chigusa, dijeron algo como que no tenían suficientes vestidos.
Mientras se dirigían al hotel, Sousuke miró de reojo cómo Momoko no dejaba de hablar, la niña parecía encantada con la presencia de un Makoto que la escuchaba con atención, bromeaba y charlaba animadamente con ella. Makoto tenía un no sé qué que atraía, y no sólo a los niños. De pronto Sousuke se sorprendió así mismo imaginándose a una niña con su color de cabello y los ojos de Makoto. Casi se asustó por un momento. Antes ni siquiera se le habría pasado por la cabeza formar una familia, mucho menos con otro hombre.
Antes de que se dieran cuenta habían llegado al hotel. El Hotel Royal Hawaiian había sido seleccionado para acoger a los invitados que asistirían a la boda del reconocido nadador de free style, Nanase Haruka y el magnate de los negocios, Matsuoka Rin. La ceremonia y la fiesta se llevarían a cabo en la playa, al atardecer del siguiente día. Seijuro los llevó hasta la recepción, donde Makoto no falló en llamar la atención. Y es que sus lentes de montura cuadrada que no podían engañar a nadie. No faltaron un par de chicas que le pidieron su autógrafo antes de que el botones los condujera a sus habitaciones, ubicadas en el último piso del hotel.
Resultó que sus habitaciones estaban separadas solamente por una. De dicha habitación salieron Chigusa y su prometido, Takeuchi Naoki. A Chigusa se le iluminaron los ojos cuando vio a Makoto y se arrojó hacia él, abrazándolo y diciéndole una y otra vez lo mucho que lo había extrañado. Cuando se separaron, Chigusa levantó la mano y le mostró su anillo.
—Muchas felicidades por su compromiso —dijo Makoto, estrechando la mano de su futuro cuñado.
—Muchas gracias. Ha pasado mucho tiempo, Makoto-san —saludó el chico de ojos azules.
—Ah, sólo Makoto, por favor.
—¿Qué pasa, a mí no vas a saludarme, Chigusa? —replicó Sousuke con fingida indignación. Chigusa le sacó la lengua antes de darle un beso en la mejilla.
—Nos vimos hace seis meses —dijo la chica —Bueno, nosotros vamos a ir a la playa un rato. Ah, habrá una cena esta noche con los novios. Siete de la noche. Restaurante Azure. Y Mako, Haru-san dejó un mensaje para ti: "tenemos que hablar seriamente cuando pase todo". ¡Nos vemos!
Makoto se preguntó qué sería lo que Haruka querría hablar con él. Siempre se había jactado de saber qué era lo que su mejor amigo pensaba, pero esta vez no tenía idea de qué podía tratarse. Quizás si lo veía y lo miraba a los ojos podría descifrar lo que estaba pensando. Sousuke y Makoto se miraron, notando que se veían un poco ridículos de pie en el pasillo enfrente de la habitación de Chigusa, por lo que cada uno entró en su habitación para descansar antes de la cena.
S & M
Haruka regresó a su habitación luciendo inquieto, molesto. ¿Acaso había hecho algo? Bueno, había tomado un poco más de la cuenta y quizás el beso había estado un poco pasado de tono – lo había besado enfrente de todos, con lengua – pero no era para tanto, ¿o sí? ¿Podría ser que estuviera estresado por la boda? La cena había sido agradable, con toda la familia y amigos cercanos reunidos. Además, Haru había podido ver a Makoto después de bastante tiempo. ¿Por qué no podía lucir un poquito más feliz? ¡Por todos los cielos, iban a casarse!
En cuanto entraron en su suite, Haruka se tendió en la cama, extendiendo brazos y piernas. Rin arqueó una ceja, extrañado de que su futuro esposo no hubiese emprendido camino al baño para meterse en la enorme tina. Definitivamente estaba preocupado por algo y verlo así hizo que se le pasara el efecto del vodka que había tomado durante la cena. Se acercó a la cama y se colocó sobre él. Haruka no lo miró. Tenía la mirada perdida, así que lo beso en el cuello, sintiendo cómo se estremecía y notando que finalmente lo miraba a los ojos.
—¿Pasa algo, Haru?
El de ojos azules frunció ligeramente el ceño, pero no contestó. Rin se puso a repasar lo que había sucedido durante ese día. Antes de la cena Haru no parecía preocupado. Durante la cena le parecía que había estado animado cuando vio a su familia y amigos. Ah, puede ser que hiciera una ligerísima mueca de disgusto cuando vio a Makoto llegar junto a Sousuke. Puede también que hiciera una mueca cuando los vio sentarse uno al lado del otro y charlar animadamente. Puede que le incomodara cómo Sousuke había rodeado los hombros de Makoto y cómo le susurraba al oído cuando el sonido de la música aumentaba. Ah, esa podía ser la razón por la que no había querido bailar con él. De seguro no quería levantarse de la mesa y dejarlos solos.
—¿En serio vamos a tener esta conversación un día antes de nuestra boda? —Haruka volvió a mirarlo, con el ceño fruncido.
—Yamazaki está enamorado de Makoto —el pelirrojo rodó los ojos.
—Bueno sí. Siempre lo ha estado —eran exactamente las mismas palabras que había dicho la semana anterior, luego de una de las últimas conversaciones de Haruka con Makoto —Es un idiota que se dio cuenta demasiado tarde, pero siempre ha amado a Makoto —el de cabello negro bufó —¿Por qué te molesta que Sousuke esté enamorado de Makoto?
Haruka lo miró como diciendo "¿en serio estás preguntando eso?". Rin suspiró y pegó su frente a la de su prometido. Se quedaron en silencio un momento. Rin en verdad no quería tener esa conversación porque eventualmente terminarían teniendo su versión de una pelea. Pelear con Haru era lo que más odiaba, porque el otro le aplicaba la temible "ley del hielo" y eso significaba que no tendría su tan ansiado sexo prematrimonial. Oh no, él no iba a dejar que eso pasara. Mucho menos por culpa de Sousuke. Era su mejor amigo y todo, pero él quería su sexo prematrimonial. Rin depositó un húmedo beso en el cuello de Haru, sonriendo al escuchar el gemidito que había abandonado sus labios.
—No intentes esquivar la conversación, Rin —frustrado, el pelirrojo se incorporó y se sentó en la cama al sentir el rechazo del otro.
—¿Y qué demonios quieres que haga? —replicó, molesto —¿Quieres que vaya y le diga, "escucha amigo, no puedes estar enamorado de Makoto"? Sousuke no es un niño, Haru, puede que sea un poco idiota, pero no puedo decirle lo que puede o no hacer.
—Sus acciones sólo confunden a Makoto —Rin abrió la boca para replicar, pero Haruka no lo dejó —¿No crees que ya le hizo suficiente daño? Makoto no merece eso, Rin. Es demasiado bueno para estar con Yamazaki.
Rin apretó los puños, sintiendo cómo las uñas se le enterraban en las palmas de las manos. Sentía las mejillas arder por la ira. ¿Qué demonios estaba diciendo? ¡No podía simplemente menospreciar de esa manera a su mejor amigo! Respiró profundamente un par de veces, pero no hizo nunca diferencia. Entonces dejó que sus emociones tomaran lo mejor de él y soltó una frase prácticamente sin pensarlo.
—¿Estás seguro de que no prefieres casarte con Makoto? —había veneno en sus palabras. Los ojos de Haruka se abrieron un poco más, debido a la sorpresa —Sí. Últimamente sólo hablas de él, de lo maravilloso que es. ¿Por qué demonios no le propusiste matrimonio, eh?
—Rin, ¿qué estás…?
—No, ¿sabes qué?, no digas nada más, Haruka —se levantó de la cama y lo miró, no dolido, sino indiferente —No quiero verte. Sólo necesito despejarme. No puedo quedarme a escuchar cómo denigras a mi mejor amigo, al sujeto que es como mi hermano. ¿Sabes qué?, Sousuke le hace un gran favor a Makoto amándolo de la forma en que lo hace. Puedes apostar que nadie nunca lo amará como él.
Rin se dio la vuelta y marchó hacia la puerta a grandes zancadas. Haruka se quedó donde estaba, incapaz de levantarse y perseguirlo. Cuando por fin reaccionó, la puerta acababa de cerrarse con tanta fuerza que había tumbado uno de los cuadros de la pared. Haruka corrió y volvió a abrir la puerta, pero no había rastro de Rin en el pasillo. Se había marchado. Se dejó caer en el piso y se llevó las manos a la cabeza. No podía creer que acababa de discutir con su prometido, justo la noche antes de la boda y por causa de su mejor amigo. ¿Por qué no podía aprender a expresarse un poquito mejor? Ah, rayos, ¿esas eran… lágrimas?
S & M
Acababa de meter la pata. Acababa de gritarle un montón de groserías a su futuro esposo. A un futuro esposo al que no culparía si lo dejaba plantado en el altar. Realmente no estaba seguro de qué le había pasado. No había suficiente alcohol en su sistema como para echarle la culpa. Él y su gran bocota. No sabía si atribuir su estupidez a los celos – carentes de sentido, dado que Makoto era como un hermano para Haruka – o a su instinto de protección al escuchar a Haruka hablar de esa forma de Sousuke. Fuera cual fuera la razón, había metido la pata y no sabía con qué cara mirar al amor de su vida para disculparse. Nunca habían peleado de esa manera.
Ah demonios, ahora sólo se le antojaba ahogar sus penas en alcohol. Gran solución. Dio gracias porque el bar estuviese abierto las 24 horas y se sentó en la barra, pidiendo una cerveza Se bebió la mitad de la botella de un trago. Se sentía miserable y culpable. Cuando iba por su cuarta cerveza, sintió un golpecito en el hombro.
—¿Problemas en el paraíso? —vio a su hermana sentarse en el lugar junto a él y la escuchó pedir un Martini —¿Qué haces aquí?
—Podría preguntarte lo mismo —contestó.
—Terminaba de afinar unos detallitos para la ceremonia de mañana —miró su reloj —Bueno, de hoy. ¿Por qué estás aquí? Luces miserable. Pensé que estarías ocupado. ¿Acaso Haru quiere llegar virgen al altar? —Gou se rió de su propio comentario —Aunque a estas alturas lo encuentro un poco difícil —Rin enterró el rostro en sus brazos —¿Qué rayos te pasa? —el mayor balbuceó una frase incomprensible de la cual Gou sólo pudo entender "Haru" e "idiota" —De acuerdo, Rin, vas a mirarme y me dirás qué hiciste.
—No quiero —el mayor de los dos se estaba comportando como un niño, así que Gou lo haló de la oreja y lo obligó a mirarla.
—¿Qué demonios hiciste, Matsuoka Rin?
—No quiero hablar sobre eso —replicó, agachando la mirada —Déjame beber en paz.
—¿Peleaste con Haru? —Rin se estremeció al escuchar el nombre de su prometido y entonces la menor supo que había acertado. Gou bebió un trago de su copa y lanzó un suspiro —¿Qué clase de estupidez le dijiste? ¡No me digas que lo obligaste a…!
—¡Claro que no! —exclamó —Además, eso no importa. Me sorprendería que todavía quisiera casarse conmigo después de lo que le dije.
Rin se aventuró a mirar a Gou. La mirada de la chica decía claramente "suéltalo" y a Rin no le quedó más que contárselo todo. Con cada palabra que decía, se sentía un poco más como un idiota. Sintió que la mirada penetrante de su hermana lo atravesaba. Vio cómo se le enrojecían las mejillas, clara señal de que estaba enfadada. La vio llevarse una mano a la frente, terminarse el Martini y pedir otro.
—Eres un idiota, ¿lo sabías? —Rin asintió con la cabeza y se hundió un poco más en su asiento —Rin, ¿sabes por qué los puse en habitaciones tan cercanas? —el pelirrojo miró a su hermana, sorprendida. Así que había sido cosa de ella —Es porque esta vez voy a entrometerme y jugar a Cupido.
—¿Qué estás diciendo, Gou? ¿Jugar a Cupido? —ella asintió con la cabeza.
—Esta es mi forma de darles un empujón para que vuelvan a estar juntos. Es momento de que esos dos se den cuenta de que lo que sienten por el otro es más fuerte que el tiempo o la distancia. Estoy segura de que tú piensas igual que yo. El amor que se tuvieron nunca desapareció. Makoto puede decir lo que quiera, pero estoy segura de que sigue amando a Sousuke, sus acciones durante la cena me lo demostraron. La forma en que miraba a Sousuke… Rin, había amor en esos ojos.
—No deberías ser tan entrometida, Gou. ¿Qué tal si todo se arruina? —dijo —Sousuke está intentando acercarse a él, trata de ganarse su confianza. Intenta volver a empezar. No podemos simplemente…
—No se puede volver a empezar algo que nunca terminó. Recuerda bien mis palabras, luego de la boda algo cambiará entre ellos.
—Eso si es que hay boda —contestó, abatido. Antes de poder beber otro sorbo de su cerveza, Gou se la arrancó de la mano.
—Ve y arregla las cosas con Haru —Rin hizo un puchero —¡Rin!
—Ya voy, ya voy, ¡demonios, eres tan fastidiosa! —replicó el mayor de los hermanos, levantándose con parsimonia de su lugar. Dio un par de pasos antes de girar sobre sus talones —¿Gou? —ella lo miró —¿Vienes conmigo?
—¡Fuera de aquí!
S & M
Haruka miró por enésima vez el reloj. Habían pasado dos horas desde que Rin se marchó. Y él seguía esperándolo, sentado en el sofá de la sala, hecho una bolita porque la noche comenzaba a ponerse fresca. ¿Dónde demonios estaba Rin? Está bien, puede que se le hubiera pasado un poco la mano, ¡pero ni siquiera le había dado tiempo de recapacitar y disculparse! A esas alturas de la relación, Rin debía saber que él podía ponerse un poco… sobreprotector cuando se trataba de Makoto, ¡pero sólo un poco! Porque esa no era la forma en la que uno miraba a una persona por la que supuestamente no sentía nada. Había "algo" en esa mirada que hacía que Haruka sintiera miedo. Miedo de que Makoto saliera lastimado de nuevo.
Se abrazó al cojín del sofá y decidió esperar un poco más antes de irse a dormir. De pronto escuchó pasos. Escuchó que la puerta se abría lentamente y, a la luz de la luna que se filtraba por la gran ventana detrás de él, logró distinguir una silueta. Dicha silueta caminaba mirando a un lado y al otro, como si tuviera miedo de algo. Pero Haruka ya sabía de quién se trataba.
—Rin —el aludido se sobresaltó y, tropezándose con la alfombra, cayó de bruces al suelo —¿Estás bien?
—He estado mejor —contestó mientras intentaba ponerse de pie. El alcohol empezaba a hacer mella en sus funciones motoras. Intentó ponerse de pie, pero falló miserablemente y cayó de trasero al suelo. No se había dado cuenta de qué tanto había tomado hasta que notó que la habitación daba vueltas.
—Vamos, arriba —Haruka lo tomó de la mano y lo ayudó a levantarse. El cuerpo de Rin cayó sobre el suyo y ambos terminaron en el suelo otra vez —Dolió — Rin se había acomodado encima de él envolviendo su cintura con sus brazos. Podía sentir la respiración del otro en su cuello y eso lo hacía ponerse nervioso.
—Perdón —dijo entonces Rin —Perdóname, por favor —el beso en el cuello hizo que se le erizaran los vellos de la nuca —Soy un idiota, pero es mentira que quiero que te cases con Makoto. Te amo, Haru, por favor cásate conmigo.
—Rin —Haruka lo envolvió con sus brazos y lo besó en la cabeza —Pesas —el pelirrojo gruñó y se aferró con más fuerza a su cintura —Y sí eres un idiota. Pero todavía quiero casarme contigo.
—Bien —dijo —Bien —se quedaron en silencio un momento —¿Haru?
—¿Qué pasa?
—Te amo —Rin levantó la cabeza para mirarlo a los ojos —Bésame —Haruka lo empujó ligeramente cuando lo besó en la comisura de los labios.
—Apestas a alcohol —Rin hizo un puchero y Haruka lo haló de la camisa para besarlo.
Se besaron largo y tendido, explorando la boca del otro con calma. No conforme con sólo besar sus labios, Rin bajó por su cuello, enterrando los dientes en él. Haruka gimió cuando el pelirrojo lamió lo que seguramente en unas horas se convertiría en un chupetón. Se separaron para mirarse directamente a los ojos. Había fuego en la mirada de ambos. La pelea parecía haber quedado olvidada, porque pronto la ropa estorbó y simplemente se dejaron llevar.
Y sí, eventualmente habían terminado en la cama.
S & M
La alegría de haber podido volver a ver a su familia y sus buenos amigos lo había animado a tomar esa primera copa de vino. Con la cena bebió otra más que lo hizo comenzar a sentirse mareado. No podía enfocar bien la mirada y la cabeza le daba vueltas. Eso no le impedía haberse enfrascado en una charla bastante animada con Sousuke, ni haberse acercado para susurrarle un par de cosas al oído. No faltó mucho tiempo para que la mesa comenzara a vaciarse. Después de todo, la música era perfecta para bailar y la pista de baile era amplia. Rin y Haruka eran los únicos que seguían en la mesa en ese momento.
Makoto se enfocó en el apuesto hombre que estaba sentado a su lado. Su hermano. Su médico. Su primer amor. Oh. Estaba tanteando terreno peligroso. Como sea, en ese momento no le había importado. Se sentía tan natural hablar con Sousuke y, aunque quizás sólo fuese el alcohol el que le dio el valor para hablarle con tanta confianza, no cambiaría ese momento por nada. Pidió otra copa de vino y disfrutó de su sabor con más calma esta vez. Sus pensamientos se nublaron más con la tercera copa y casi no podía comprender lo que Sousuke le decía.
Makoto sintió que Sousuke le rodeaba los hombros con un brazo. Podía sentir su aliento caliente en su oreja y en el cuello. Sintió que se le erizaban los vellos de la nuca y soltó una risita al tiempo que bebía otro sorbo de vino. No estaba seguro, pero le parecía que Sousuke lo había besado en el cuello. Volvió a reír tontamente y recostó la cabeza en el hombro ajeno. Escuchó algo que sonaba como a "bailar", justo antes de que unos fuertes brazos le rodearan la cintura. Cuando se dio cuenta, su cuerpo se movía al ritmo de la música. Levantó la mirada y se encontró con los ojos verdeazulados del más alto. Cielos, cómo le gustaban sus ojos. Le echó los brazos al cuello y se pegó más a él, viendo cómo el otro se sorprendía un momento.
No hablaron. No lo necesitaban. O más bien ninguno de los dos quería arruinar un momento que les parecía mágico, casi perfecto. Sólo se miraron a los ojos, dejando que estos hablaran por sí solos. De pronto Makoto sintió unos deseos increíbles de besarlo. Se humedeció los labios con la lengua y acercó su rostro un poco más. Vio que Sousuke se mordía el labio. Dejaron de moverse y entonces Makoto se puso de puntillas para alcanzar sus labios. Justo antes de tocarse, Sousuke lo abrazó, escondiendo el rostro en su cuello.
—Salgamos de aquí —dijo Sousuke y, tomándolo de la mano lo condujo de regreso a su habitación.
Fue hasta que empezó a caminar que se dio cuenta de que el alcohol lo había afectado. Nunca había tenido mucha tolerancia para el alcohol, así que evitaba beber. Sin embargo, esta vez se había dejado llevar. Tropezó, chocando con la espalda ajena. Sousuke le rodeó la cintura con el brazo e hizo que apoyara su peso en su cuerpo. De alguna forma lograron llegar a su habitación. Sousuke metió la mano en el bolsillo de su pantalón para sacar la tarjeta de acceso. Entraron en la habitación y Sousuke lo ayudó a acostarse en la cama. Justo iba a incorporarse cuando Makoto le rodeó el cuello con los brazos. Sousuke apenas pudo apoyar las manos a ambos lados de su cuerpo, evitando caer encima de él.
Makoto soltó una risita y le acarició los cortos cabellos. Sousuke perdió el balance cuando Makoto lo apretó con más fuerza y su rostro chocó con el pecho del castaño. Las manos de Makoto le acariciaron la espalda. El castaño rió cuando lo escuchó ronronear suavemente.
—Creo que… te quiero, Sousuke —soltó Makoto.
Sousuke se incorporó y lo miró sorprendido. Lo besó en la mejilla y se levantó de la cama. Makoto tenía las mejillas encendidas, probablemente por el alcohol.
—No me hagas esto, Makoto —dijo Sousuke —No me tientes de esta manera.
—Sousuke… —el castaño alargó la mano y la cerró alrededor de la muñeca ajena. Lanzando un suspiro, Sousuke volvió a acercarse y puso sus labios sobre los de Makoto. Sólo fue un momento, pero fue suficiente para que Sousuke sintiera cómo su autocontrol comenzaba a abandonarlo.
—Buenas noches —dijo el más alto, abandonando la habitación rápidamente.
S & M
Sousuke entró en la habitación y cerró la puerta con fuerza. Fue al mini-bar y llenó un vaso de whisky hasta que casi se desbordaba el líquido. Se bebió el contenido en un momento y se sentó a la orilla de la cama. Demonios, ¿qué había estado a punto de hacer? Makoto estaba ebrio, seguramente no recordaría nada a la mañana siguiente. Además, ¿no había dicho que esperaría todo el tiempo que hiciera falta? ¿Adónde había quedado su determinación y su decisión de tomarse las cosas con calma?
No podía permitirse volver a arruinar las cosas. Hacía un momento había tenido que hacer uso de todo su autocontrol para no arrojarse sobre un Makoto que, estando ebrio, se volvía muy cariñoso. Ah demonios, lo amaba tanto. Si tan sólo se hubiera dado cuenta antes. Si tan sólo hubiera buscado ayuda antes. Si tan sólo no lo hubiera hecho a un lado. Ahora podría estar teniendo sexo apasionado. ¿A quién quería engañar?, si se conformaba con el simple hecho de estar acostado a su lado, de abrazarlo, de besarlo. De decirle una y otra vez cuánto lo amaba y verlo sonrojarse cada vez que lo dijera.
Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó el teléfono. Cuando encendió la pantalla, el rostro sonriente de su madre lo saludó. Suspiró.
—No sé cuánto tiempo seré capaz de resistir, mamá.
Quitándose la camisa, Sousuke se tendió en la cama, con el celular apretado contra su pecho y no tardó en quedarse dormido.
