XXXVII

Aunque habían pasado varias semanas, aquella terrible noche algo se quebró en el interior de Meg.

El desangramiento, la infección y la apatía a una vida amputada de esperanza la tuvieron gravemente enferma desde la noche del parto, una sombra de la mujer que fue.

Aquella tarde Meg continuaba mecánicamente realizando las labores que su domina le exigía. Mientras estaba limpiando una de las ánforas Vibia entro en el cuarto y se acerco hacia ella, que seguía sin mirarla en ningún momento.

Vibia sabia que desde esa noche algo había cambiado en su amistad.

– ¡Meg, escúchame! No puedes prolongar esta situación o encerrarte de esa manera… Te estás haciendo daño, ¿Es que no lo ves?

Meg cerro los ojos y respiró profundamente – Déjame sola. No necesito tus palabras vacías ni tus explicaciones.

– Si, si lo necesitas. Mereces una explicación, Meg. Intento ayudarte. No rechaces la ayuda que te estoy ofreciendo.

– ¡PERO QUE AYUDA! – Grito Meg – ¡DIME! ¡ME LO ARREBATARON TODO TO-DO… ¿COMO PUEDO SEGUIR VIVIENDO ASÍ? ¿COMO PUEDES DECIR ESO? NO SABES COMO SE SIENTE EL PERDER A LOS DOS SERES QUE MÁS QUIERES. ESA CRIATURA ESTUVO NUEVE MESES EN MI… ¿SABES LO QUE ES SENTIR VIDA EN TI, VIBIA…? NO LO SABES… PORQUE NO TIENES NI IDEA

Vibia miró a su amiga mientras unas lagrimas se le fueron formando – ¿Y TU… SABES QUE QUE TE DIGAN DESHAZTE DE ESA VIDA INOCENTE…? ¿CREES QUE PARA MI FUE FACIL? ¡PEDIR QUE ABANDONE A LA HIJA DE MI MEJOR AMIGA! ¿QUE HUBIERAS ECHO EN MI LUGAR MEGARA?

Meg miro a su amiga y no contesto. Se sentó en el taburete y continuó con su tarea.

Vibia la miro, se levanto de golpe y la cogió de un brazo – ¿Que haces?

Pero su amiga no contesto, cogiéndole del brazo la remolco hacia fuera del cuarto indicándole que mantuviera la boca cerrada, Avanzaron por los pasillos hasta llegar a un cuarto mas pequeño repleto de otras ánforas y objetos.

Vibia cerró la puerta y se acercó a una pared y empujó una de las piedras, que se desplazo y mostró un pasadizo secreto. Meg reconoció enseguida ese pasadizo, de cuando años atrás su amiga y ella hacían escapadas nocturnas.

– ¿Estas loca? Si se dan cuenta de que estamos haciendo esto…

Pero su amiga seguía sin contestar y las dos entraron en el interior del túnel. Al cabo varios minutos salieron por la parte trasera de la villa dejando atrás el muro de piedra que los separaba. Meg comenzó a respirar hondo al sentir el aire fresco, hacia semanas que no salía de ese cuarto en el que apenas llegaba la luz del sol.

Al recomponerse vio que su amiga ya se dirigía hacia el norte de la ubre y corrió hacia ella sin decir ninguna palabra. Seguía sin entender que es lo que estaba pasando.

Atravesaron el fórum esquivando la mirada de los guardias mientras se dirigían a una de las calles repleta de gente, pero poco después las calles se estrechaban desordenadas, anárquicas, ensombrecidas, afeadas y desconchadas. Era un laberinto ruidoso y sucio, nutrido de numerosas fábricas y comercios donde criminales, prostitutas y pobres mercaderes peleaban por una vida mejor al margen de la autoridad.

Meg observó cómo la jornada iba sucumbiendo entre las calles de aquel suburbio, los soportales de las tiendas comenzaban a cerrar: zapaterías, libros, artesanos, vendedores ambulantes, magos, charlatanes… Toda una fauna urbana que echaba sus cerrojos y se preparaban para la caída del sol.

Al final Vibia se detuvo – Es aquí.

– ¿ Donde quieres llevarme? – Pregunto Meg empezando a impacientarse.

– Espérate aquí un segundo – Le dijo a Meg.

– Pero si solo hago que esperar mujer. ¡No me dices nada! ¿Donde pretendes llevarme?

Pero Vibia no dijo nada más y se dirigió donde había un hombre recogiendo unos sacos en un portal. Cuando el individuo levanto la cabeza saludo a Vibia con un cordial abrazo.

Meg vio como su amiga la señalaba, el hombre la miro y luego reanudaron la conversación. Poco después Vibia avanzó hacia ella.

– Bien, sígueme. – Meg la siguió sintiendo que el corazón le iba a mil por hora.

Entraron en el portal, era de color rojo tinto. Manchones oscuros de los humos y de las humedades. Por encima de cada ventana, sobresalía del revoló una línea de ladrillos que dibujaba un pequeño arco.

Meg siguió a Vibia escaleras arriba, por peldaños de adobe. Llegaron a la segunda planta, donde algunos escalones estaban desportillados y el rellano despintado y oscuro, solo iluminado por un pequeño ventanuco que daba al exterior desnudo, sin ninguna protección para el frío o el calor.

Había seis puertas, Vibia golpeó en una de ellas, y pocos instantes después una voz desde dentro le pidió que se identificara. Vibia lo hizo y una mujer con el pelo enmarañado les abrió la puerta.

– Oh, Vibia querida ¿Como estas?

Desde el fondo se escucharon los berridos de un niño pequeño y el olor de los braseros preparando la cena inundaba el rellano.

– Pasad queridas, si me disculpáis un segundo – Dijo la mujer dirigiéndose al otro extremo de la casa.

Al cabo de unos momento, la mujer regreso consigo con un bebé.

– Esta es Megara – Le dijo Vibia

Meg bajo la cabeza algo tímida y confusa, sin comprender nada de el porque estaban en esa casa de esa mujer…

– Tienes unos ojos especiales querida – Dijo la Mujer con una sonrisa tierna.

Meg asomo una pequeña sonrisa.

– Pero no os quedéis hay de pie queridas. Sentaros. – Dijo la mujer ofreciéndoles un asiento.

Un hombre apareció de una de las habitaciones. – Buenas noches. – Dijo acercándose a Vibia con una sonrisa luego miro a Meg y se presento – Hola, soy Mario, ¿como te llamas? – Le pregunto a Meg

– Me... Megara señor.

– Encantado – Dijo el hombre sentándose al lado de su mujer.

– ¿Queréis tomar alguna cosa? – ofreció la mujer amablemente mientras balanceaba al pequeño que estaba en sus brazos dormido.

– No gracias Fannia – Respondió Vibia con una sonrisa.

– Bien, pues no perdamos mas el tiempo –Dijo el hombre

Meg se sobresalto.

– Quiero deciros, especialmente a ti – Dijo el hombre, señalando a Meg que estaba pálida –, que estamos dispuestos a correr tal riesgo por dos motivos. Uno, desde hace años avala nuestra compasión en tu amiga y en tí, y sabes bien Vibia – Dirigiéndose ahora a su amiga – Que no podríamos negarnos.

– Lo sé Mario, y te lo agradezco de corazón – respondió Vibia.

– Esperad un momento, yo… esto… no entiendo nada ¿Qué confianzas? ¿Qué es todo esto? – salto Meg angustiada.

La pareja se miraron al ver la reacción de la chica. – ¿Es que no te ha contado nada tu amiga? – pregunto la mujer.

Entonces el hombre prosiguió – Lo segundo y mas importante, y el motivo por el que estas aquí querida, es esta criatura – Señalando al bebé que su mujer tenia en sus brazos acunándolo.

Meg miraba sin entender aun el motivo de todo aquello.

– Esta criatura – Prosiguió –Llegó a nuestras vidas hace un par de semanas Megara, de los brazos de tu amiga.

Meg se puso en pie abruptamente, con la piel endurecida por un repentino escalofrió. Su corazón empezó a latir con rapidez, su boca seca y los ojos empezaron a humedecerse.

– ¿Que? – Exclamo Meg casi inaudible al quebrársele la voz.

– Aquella noche nos llego la alegría a nuestra casa mientras la tristeza atormentaba tu vida. – Explico el hombre

La mujer se levanto, se dirigió a donde estaba Meg. y extendió los brazos para que pudiera coger a su hija.

Meg no cesaba de llorar, todavía en shock por la gran noticia, mientras miraba a la niña en sus brazos…