Hola queridos lectores aquí Halsenbert, bienvenidos nuevamente a un nuevo capítulo de Moonbeam. Espero sea de su agrado.

Sin más por el momento… ¡Coooomenzamos!

Nota del autor: MLP no me pertenece, así como tampoco sus personajes. Todos los personajes y OC's de esta historia pertenecen a sus respectivos autores, la presente historia fue hecha sin fines de lucro y con el único objetivo de entretener.

Advertencia: El siguiente capítulo puede contener escenas violentas o de contenido sexual explicito, por lo que se recomienda discreción del lector.

Lean y comenten.


Moonbeam

Capítulo 39 – The Calm Before the Storm

Los cascos de la deidad de la noche apenas eran audibles a pesar de lo tranquilo y callado que estaba el ambiente. El sonido de los grillos la relajaban mientras se dirigía al jardín trasero del castillo de Canterlot. Detrás de ella avanzaban Siegfried y Alcor, ambos guardias mantenían una distancia suficiente grande para respetar el espacio personal de la princesa, mas no demasiado como para impedirles actuar en caso de una emergencia.

Ambos guardias se miraron el uno al otro preocupados, desde la noche en la que Épsilon fue hospitalizada, la princesa había mostrado un comportamiento algo errático, pasando de la total tranquilidad a arranques de ira momentáneos que habían acabado con varios muebles de su habitación en el castillo de las dos hermanas. En ocasiones la escuchaban murmurar para si como si estuviese teniendo alguna especie de charla a solas. Ambos sabían que la princesa siempre había sido de carácter solitario por lo que no era extraño escucharla hablar a solas de vez en cuando, sin embargo estas últimas semanas la princesa de la noche pasaba un largo rato hablando en su habitación, aunque los murmullos no eran lo suficientemente claros para captar algo de aquellas conversaciones, los gemidos y gritos de frustración de la princesa ciertamente evitaban que alguno de ellos se aventurara siquiera a llamar a la puerta de la habitación.

Aquellas riñas y conversaciones que la princesa tenia a solas en su habitación del castillo, solo eran interrumpidas por las reuniones con ponis de las casas nobles o por las visitas diurnas que hacia al hospital para velar el sueño de Épsilon.

La situación perduró hasta la noche que Épsilon volvió en sí. Pues las largas jornadas de la princesa parecían regresar a la normalidad, aunque las charlas a solas habían disminuido, en intensidad, aún era posible escucharla charlar a solas especialmente cuando la noche estaba en su plenitud. Aunque era de apreciar, que aquellos monólogos eran mucho más serenos.

Extrañamente, sin embargo, la calma de la princesa y la tranquilidad que mostraba siempre que salía de la habitación les erizaba el pelaje constantemente y generaba nerviosismo en más de un noble a la vez durante las reuniones que se llevaban a cabo en el viejo castillo.

Por otra parte, ambos corceles eran conscientes de que la princesa había estado evitando encontrarse con su hermana mayor desde la noche en la que tuvieron aquella riña fuera del hospital. Aunque ninguno de ellos se atrevía a preguntar la razón por la que habían discutido esa noche, a juzgar por el hecho de que Celestia había pospuesto toda actividad relacionada a encontrar a Crisi podían darse una clara idea de lo que ocurría. Ahora, sin embargo, la princesa caminaba completamente serena al encuentro con su hermana mayor.

Ambos habían visto la carta que Caramel le había entregado a la gobernante y teniendo en cuenta que el semblante serio del capitán no había cambiado durante todo el tiempo que permaneció en el castillo esperando que la princesa de la noche terminara de leer la carta, podían asumir que esta no contenía ninguna noticia alentadora. Aun así, la princesa Luna no había mostrado ningún indicio de incomodidad cuando le confirmó al capitán que asistiría a la reunión solicitada por la princesa Celestia.

Los guardias nocturnos y la princesa de la noche de cruzaron los puentes que se alzaban sobre los ríos que caían de la montaña sobre la que había sido situada la capital.

Tan pronto como dieron el rodeo al gran salón del castillo se encontraron con el enorme jardín privado del castillo. En su interior pudieron ver con claridad a la princesa del Sol esperando paciente sentada en una silla de jardín frente a una pequeña mesa sobre la que se encontraba un par de tazas de té caliente. El pelaje de la monarca parecía despedir un extraño brillo al igual que lo hacia su larga crin. Celestia llevaba puesto un suéter de color salmón con acabados en amarillo y violeta. Detrás de ella a un par de metros de encontraba el capitán Caramel con su flamante armadura de oro, el guardia real permanecía inerte como una estatua decorativa por lo que Siegfried no pudo evitar sonreír al imaginar al capitán repleto de aves.

Ambos soldados detuvieron su avance permaneciendo a una distancia prudente al igual que lo hacia el capitán de la guardia real quien se mantenía sobre sus cuatro cascos sobre la blanca nieve.

-Me alegra que decidieras aceptar mi invitación Luna- comentó la deidad del sol con un tono más serio de lo que se le escuchaba usar cada vez que hablaba con su hermana.

Por su parte Luna pareció pasar por alto este hecho y permaneció callada, simplemente tomó asiento en la silla que se encontraba al lado opuesto de la de su hermana mientras sus dos guardias se mantenían detrás de ella imitando al capitán de la guardia real.

La deidad de la noche miró su taza de té notando el color oscuro del líquido y supo que se trataba del mismo té que tanto disfrutaba beber, el mismo té que su hermana siempre le había preparado desde pequeñas, la misma deliciosa bebida que había aprendido a amar y la cual le recordaba todas esas noches que ambas habían pasado juntas cuando eran más jóvenes. La alicornio índigo inhaló el aroma que desprendía el té deleitándose con cada pequeño rastro de la deliciosa esencia que desprendía antes de envolver la taza en su aura mágica para aproximarla a sus labios y beber un sorbo.

Celestia permaneció en su lugar mirando a su hermana con curiosidad. No pudo evitar mirarla y recordar a la pequeña potra de pelaje índigo que solía pedirle que le preparara un poco de té negro en las noches de invierno antes de ir a dormir.

-Siempre has sabido prepararlo- dijo la deidad de la noche mientras mantenía sus ojos cerrados disfrutando del sabor del té.

-Bueno eres mi hermana, es normal que conozca muchas cosas de ti- respondió la monarca recargando sus codos sobre la mesa y su mentón sobre sus cascos frontales.

"Si claro" se mofó Nightmare "Pero no las suficientes al parecer".

Durante un tiempo solo se escucharon las melodías de los insectos nocturnos acompañados de un sorbo de té ocasional.

La monarca cerró sus ojos por un momento reviviendo aquella imagen en su mente. Recordaba la pequeña y adorable sonrisa de Luna, su crin azul claro que en aquel entonces no ondeaba como lo hacía ahora, pero lo que más recordaba de ella eran sus ojos… aquellos enormes y adorables ojos azules llenos de curiosidad e inocencia, esos mismos ojos que ahora miraban encantados el contenido de su taza mientras disfrutaba de su té amargo. Sin embargo, debía recordar que su hermana era una yegua adulta, bastante capaz y consciente de sus propios actos, no podía seguir tratándola como si fuera una potra.

Después de todo Luna había logrado mucho durante la guerra, se las había arreglado para dirigir a una gran parte del ejército en el campo de batalla, había entrenado a tres cinco ponis sin conocimiento militar al punto que ahora los cuatro sobrevivientes de ese grupo formaban parte de su guardia personal ahora. Por desgracia su actitud también se había visto afectada y comenzaba a tomar decisiones apresuradas sin su aprobación. Y tal y como lo comentó Caramel, aquello no podía continuar.

-¿Cómo esta Épsilon?- preguntó la alicornio albina

-Bien, algo molesta pero bien- aclaró la deidad de la noche con normalidad.

-Luna…-

-Se que no has venido a preguntarme de esas cosas hermana, porque no me explicas lo que significa esta carta tuya- comentó la alicornio índigo colocando el sobre de pergamino sobre la superficie de cristal de la mesa.

-En realidad, si- respondió la monarca del Sol -Quería saber cómo estas. Sé que no te ha sido nada fácil sobrellevar las cosas, en especial con todo lo que ha ocurrido recientemente. Pero he tenido muy buenas referencias de tu desempeño por parte de los nobles que han estado acudiendo a ti para atender sus peticiones y sobre todo me han comentado lo mucho que les has estado ayudando a sobreponerse de todas las tragedias que han estado ocurriendo últimamente- Comentó Celestia sorbiendo un poco más de té.

-¿De- De verdad?- preguntó la menor sorprendida, después de todo no tenía idea de que su apoyo hubiera sido tan grande, solo había asistido a algunos eventos, dado algunos consejos y revisado cientos de cuentas de gastos de recursos y bienes del reino para su distribución a las zonas mas afectadas, sin mencionar el recién remodelado orfanato. Había considerado esos trabajos bastante simples y especialmente aburridos aquellos referentes a los temas de contabilidad y tesorería, realmente no era lo suyo.

"No sé qué te sorprende los trabajos que nos ha asignado tampoco eran tan complicados. Cualquier poni con un poco de tiempo libre los podría haber desempeñado" comentó Nightmare "A mi parecer trata de distraer tu atención de lo realmente importante aquí" añadió la voz que le susurraba al oído.

-Esa era una de las razones principales por las que quería charlar contigo esta noche- continuó la deidad -Estuve hablando con Platinum y Puddin Head y acordamos que tú nos serias de mucha ayuda para poder organizar eficientemente la redistribución de las nuevas líneas férreas -Al notar que su hermana levantaba su ceja añadió -Verás… la familia Apple ha comenzado a aportar cada vez más productos derivados de manzanas y consideramos que el desarrollo de nuevas redes de ferrocarril podrían ayudar mucho a la distribución de los productos, sobre todo ahora que el proyecto de Blueblood va con tan buen ritmo. ¿Qué dices?, ¿me apoyaras con esto? Se que es mucho más trabajo y entenderé si no deseas hacerlo…-

-Lo haré- comento la princesa de la noche -Puedo encargarme de esto Tia- respondió la menor claramente interesada en la noticia.

"Como dije, distraccioooon" hablo la voz una vez más con tono burlón.

"Calla" reprocho Luna.

-Me alegra- dijo la princesa del Sol -Pero para tomar esta actividad bajo tu cuidado tendré que pedirte que transfieras el control total de la milicia a Caramel y Hurricane- La princesa de la noche la miró de pronto con un rostro completamente serio.

"Te lo dije" dijo Nightmare en un susurro al oído que encendió su sangre.

Celestia miró su taza por un momento antes de centrar sus hermosos ojos de color magenta en los ojos de zafiro de Luna.

-Luna…- inició la hermana mayor -Seré completamente honesta contigo. Lo que ocurrió con los nobles que se hallaban en los límites de las regiones no se puede repetir. Pasar el tiempo con las familias nobles en la construcción de las vías ayudará a que los ánimos se calmen y las sospechas que tienen hacia nosotras disminuyan-

-¿Así que por eso aceptaste el compromiso con ese corcel?- comentó la deidad de la noche.

-Tu imprudencia pudo haber terminado en otro levantamiento. Actuar como una genocida contra las familias que no sigan las leyes no ayuda mucho- comentó la monarca del Sol.

"Así que de eso se trata. Se trata de un castigo por lo que hicimos. Aún no es capaz de comprender lo mucho que la hemos ayudado con nuestras acciones. Así que simplemente terminaremos hechas a un lado. Como siempre sucede, siempre deben hacerse las cosas a su manera, es una hipócrita" le susurró Nightmare encendiendo aún más la rabia de la princesa de la noche.

Al notar que Luna estaba a punto de responder la deidad levantó un casco con serenidad.

-Déjame terminar y después puedes decirme todo lo que quieras- dijo Celestia.

Luna asintió mientras levitaba la taza frente a ella para sorber un poco más de té, necesitaba tranquilizarse y ciertamente aquel té podía hacer el trabajo a la perfección.

Siegfried y Alcor se miraron nuevamente el uno al otro, habían escuchado de la masacre en los bordes exteriores, pero hasta ese momento ninguno de ellos esperaba que la monarca fuera capaz de hacer semejante acción. Rápidamente comenzaron a conectar los puntos, el pergamino con la solicitud de permiso para sentencias a muerte a los traidores a la corona que Luna había pedido a Alcor y a Merak que le entregaran a su hermana. La extraña ausencia de Épsilon a partir de esa misma noche. La repentina asignación de Merak para cubrir los turnos de guardia de Épsilon y sobre todo aquella noche que Siegfried la vio llegar cubierta de sangre. No pudieron ocultar su sorpresa al notar que tanto Luna como su propia hermana habían mantenido esto en secreto incluso de ellos.

-Acepté el matrimonio porque no quería que tú lo hicieras y sinceramente era la mejor opción en ese momento para calmar los ánimos, tu participación en la construcción también permitirá que otros nobles te conozcan mejor y dejen de sospechar de ti-

-Es curioso que se los ocultaras- dijo la alicornio índigo.

-No tenía intenciones de exponerte… Y no volveré a encubrirte esta claro- dijo Celestia con tono firme -Lo que me lleva a la carta que te envié- respondió Celestia sentándose completamente erguida una postura que adoptaba inconscientemente cada vez que daba alguna orden particularmente importante.

Tanto Luna como los dos guardias nocturnos miraron a Celestia atentamente. Los dos últimos con cierto temor por lo que podría decir la monarca mientras que la más joven de las gobernantes, la miraba con una seriedad preocupante, casi como si la estuviera retando con la mirada fijando sus ojos azules con los ojos magentas de su hermana.

-Tal y como te lo indique en la carta y en vista de que la capitana de la guardia nocturna esta incapacitada por el momento, tu guardia deberá acatar las órdenes de Caramel, por lo menos hasta que las cosas se calmen y Épsilon esté nuevamente en condiciones de volver a liderarlos- La princesa miro a los tres con aquella extraña mirada de autoridad que rara vez usaba en su hermana.

Alcor y Siegfried hicieron una reverencia en señal de aprobación. Por su parte Luna simplemente levanto la taza de té mientras observada de reojo a sus dos guardias nocturnos.

"Esto entorpecerá las cosas, pero creo que podremos encargarnos" dijo Nightmare. Aquella presencia la rodeaba como si estuviese físicamente a su lado, podía sentir sus cascos acariciar su crin dulcemente, brindándole la tranquilidad que necesitaba.

-De acuerdo, pero será solo hasta que Épsilon esté en condiciones de volver, esa es mi única condición- respondió la princesa de la noche mirando a su hermana apenas por encima de su taza de té.

-De acuerdo Luna- respondió la alicornio color perla -Por cierto… Hurricane sabe que la causante de las muertes de esos ponis es Épsilon. Aparentemente encontraron rastros de su sangre en algunas de las mansiones, aunque por lo que me comentó no parecía que fuera a causa de alguna herida en particular, pero los cortes y las heridas causadas en los cuerpos de los ponis fueron comparadas con las armas que encontramos en la cabaña. Los resultados indicaron que las dagas de Épsilon son las mismas armas que causaron esas heridas en todos esos ponis, pues ningún otro soldado en el ejercito usa ese tipo de arma de esa manera, es un estilo de combate propio de ella y uno que tú le enseñaste- añadió la monarca del sol levantando su propia taza de té como si no le diera importancia al asunto.

Luna bajo su taza mirando a su hermana por un momento, Celestia podría jurar que había notado un ligero cambio en las pupilas de su hermana.

-Así que… ¿Piensas culparla de esto, hacerla que cargue con la culpa y enjuiciarla por hacer lo que le pedí?-

-Si, esa era la idea de Hurricane en caso de que no lograra sobrevivir y desafortunadamente debo admitir estaba de acuerdo con ella- continuo la princesa del Sol.

"Esa maldita yegua" gruño Nightmare. Aunque esta vez no estaba segura de que el gruñido hubiese provenido de Nightmare realmente.

-No nos malinterpretes, tanto Hurricane como yo estamos agradecidas de que Épsilon lograra sobrevivir y por lo que me comentas parece estar mejorando. Pero eso ahora nos deja con el problema de lo ocurrido en las regiones exteriores. Le he pedido a Hurricane que mantenga el secreto mientras pienso en algo convincente, pero es complicado armar una mentira de esta magnitud sin cabos sueltos, supongo que lo entiendes- comentó Celestia -Por lo que la mejor manera es desviar la atención del tema lo más posible. Es por ello lo del apoyo con las nuevas vías ferroviarias-

Luna permaneció en silencio, estaba segura de que la voz de Nightmare le hablaba y refunfuñaba a su lado sin embargo su mente permanecía en blanco y eso evitaba que pudiese registrar alguna palabra de lo que su conciencia le decía.

-Oh ¿princesa desear más té? Si, si, si- dijo emocionada una llamativa cebra que se aproximó a ambas gobernantes cargando una tetera de porcelana sobre uno de sus cascos.

-Te lo agradecemos- respondió Luna estirando su casco sin apartar la vista de su hermana casi en un movimiento totalmente mecánico.

Shayla vertió el líquido humeante en la tasa de la princesa de la noche llenándola hasta el borde.

-Princesa- ofreció la cebra alzando la tetera en dirección a la alicornio albina.

Celestia observó el color oscuro del té en la taza de su hermana recordando de inmediato el té que Zephora le había ofrecido varios días atrás en su cabaña.

-¿Podría preguntar de que es el té si no es mucha molestia?- dijo la princesa mientras su hermana le daba un largo sorbo a su taza para rebajar el líquido lo suficiente para evitar que este se derramara de su taza.

Luna trago el té sintiendo una extraña sensación recorrer todo su paladar, sensación que rápidamente se trasladó a su garganta estómago y subió de igual forma hasta su cabeza. Aquel té era extremadamente amargo y tan agrio como un limón.

-Oh esta ser receta familiar- aseguró la cebra con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

"Oh si es el mismo té" pensó al monarca, el solo recuerdo hizo que su paladar sintiera cierta incomodidad.

-Oh yo creo que esta vez tendré que declinar tu amable ofrecimiento Shayla- respondió la princesa del Sol con una risa nerviosa.

Con un paladar tan adaptado a las cosas dulces beber aquel té seria peor que una tortura para ella.

-¿Princesa?… se… ¿se encuentra bien?- dijo Siegfried aproximándose a la alicornio índigo

PLOP, SPLASH, PLOP.

El sonido de la cabeza de Luna rebotando contra la mesa antes de caer inconsciente de su silla y terminar sobre la nieve atrajo rápidamente la atención de los presentes.

-¡LUNA!- gritaron al unísono Celestia y los guardia nocturnos.

-Oh…-dijo sorprendida la cebra mirando la tetera que sostenía en su casco -Shayla pensar que el té estar muy concentrado, si, si, si- dijo la cebra.

-Por todos los ponis, de que esta hecho ese té- dijo Alcor tras probar un poco del té que se había derramado de la taza de su princesa.

-Rápido llevémosla adentro- dijo Siegfried.

Con cuidado los dos guardias y la princesa cargaron a la alicornio índigo llevándola al interior del castillo.

Shayla observó conmocionada como los tres ponis regresaban al interior del castillo. Cuando un casco se posó sobre su hombro.

La mirada inocente de la cebra evitó que cualquier comentario hiriente que pudiera tener el capital de la guardia real en ese momento saliera de sus labios,g en su lugar simplemente negó con la cabeza.

-Solo dime que no tiene nada tóxico ese brebaje tuyo- dijo el capitán.

-No tóxico, no, no, no- negó la cebra enérgicamente -Solo hierbas de la aldea, si, si, si-añadió

-Oh por Celestia- dijo el corcel golpeándose la cara con el casco.


AUCH

Exclamo la yegua al caer sobre su hocico, era la tercera vez en menos de cinco minutos, y estaba empezando a colmarle la paciencia.

-Se-señorita- dijo la voz temerosa de la enfermera que se hallaba cerca de ella -No… no tiene p-por q-que apresurarse, e-estas cosas lle-llevan tiempo- La enfermera hízo un enorme esfuerzo por no dar dos pasos atrás al notar la mirada fulminante de la yegua.

-Debo estar lista cuanto antes, No me la puedo pasar dependiendo de mis hermanos toda mi vida. Además, si no lo hago ahora que Merak fue a almorzar algo, estoy segura que no podré hacerlo más tarde, él no me dejará- dijo la yegua apoyando sus cuartos delanteros a cada lado de su rostro.

La yegua empujo con fuerza, o por lo menos la fuerza que le quedaba. Lentamente su mentón comenzó a elevarse del suelo nuevamente. Sus articulaciones le dolían enormemente, sentía como si se trataran de engranes oxidados rozando uno contra otro. Casi podía escuchar sus propias articulaciones gritando de dolor cada vez que aplicaba presión en ellas. Aunque al notar la mirada preocupada y el labio tembloroso de la enfermera, estaba segura de que quien producía esos gemidos de dolor era ella.

-Se-señorita no debe…-

AAAAHHH

Con un largo grito la yegua uso toda su fuerza de voluntad para levantarse por completo forzando al límite sus cascos. Solo podía sostenerse sobre sus cascos delanteros los cuales temblaban como un par de popotes tratando de sostener un ladrillo, tenía apenas la fuerza suficiente para soportar el peso de la mitad de su cuerpo, pero el esfuerzo que aplicaba era tal que podía sentir las gotas de sudor resbalar por su rostro.

-Quizá debería…-

-Estoy bien- respondió la yegua jadeando, sus extremidades le ardían como si estuviesen al fuego vivo y sus hombros apenas podían mantener la estabilidad de su cuerpo.

Èpsilon se mordió el labio tratando de distraer sus conexiones nerviosas al causarse ella misma un dolor punzante. Sus cascos finalmente se enderezaron por completo y sus articulaciones se bloquearon manteniéndola en su lugar.

Desde la ultima visita de la princesa había tomado la decisión de iniciar su terapia lo antes posible, pero su cuerpo apenas le obedecía, si bien podía usar sus alas y levantar el vuelo, estas eran prácticamente inútiles si no era capaz de mantener su cuerpo en una posición adecuada para maniobrar por el aire, por lo que había decidió hacer la terapia antes que cualquier otra cosa. Eso también le ayudaría a recuperar gran parte de su movilidad, pues incluso las tareas más simples resultaban una tortura.

Por mucho que disfrutara de los baños que le daba la princesa, no podía permitirse continuar de esa forma, después de todo debía mantener su relación con la princesa a raya, sabía que ella estaba enamorada de alguien más y también entendía el dolor que debía estar sintiendo la monarca al estar separada de su poni especial por un malentendido. En especial después de que la princesa de la noche le contara la verdad acerca de Crisi y el tipo de criatura que era. Por su puesto que Luna ahora también era consiente de lo que había ocurrido en el interior de la cabaña esa misma noche y como fue que Épsilon logro de alguna forma enfrentar a Cocoon y liberar a Chrysalis. Aquella charla había logrado atar varios cabos sueltos pero el problema permanecía en el hecho de que no había forma de localizar a Chrysalis ahora.

-¡Oh por Celestia!- exclamó la enfermera a su lado.

-¿Bastante impresionante para ser mi primer día no crees?- dijo la yegua sonriendo.

Épsilon abrió los ojos para observar a la enfermera esperando verla con una cara de sorpresa, sin embargo, solo pudo ver miedo reflejado en su rostro mientras avanzaba lentamente hacia atrás rumbo a la puerta de la habitación.

-¿Pero que animal te pico esta vez?- dijo la yegua levantando aún más su mirada. Esta ve cambiando su tono por uno bastante irritado

-D-Doctora… ¡DOCTORA RED HEARTH!- salió gritando de la habitación a todo galope.

Épsilon levanto una ceja completamente extrañada por la acción de la enfermera, sin embargo, permaneció ahí sentada con sus flancos firmes sobre el frío suelo del hospital, después de todo no era como si pudiera ir muy lejos en su estado actual y ya había gastado bastante energía para lograr sentarse. La habitación había quedado bastante silenciosa hasta que un ligero sonido llamó su atención.

Miró al suelo y observó una pequeña gota de sangre burbujeando sobre la superficie del suelo. Paso su lengua por su labio inferior sintiendo la herida que se había infringido al morderse. La herida no tardo en cerrarse, por supuesto, y la cantidad de sangre no era algo que debiera preocuparle. Aunque si podía notar que su resistencia física al daño de su propia sangre era bastante mayor al de antes, el problema era que la sangre también parecía haber adquirido un mayor índice de acidez lo que corroía a mayor velocidad los objetos con los que entraba en contacto.

-Ni siquiera las transfusiones parecen haber ayudado, Realmente estoy condenada- dijo soltando una risa burlona, era increíble que después de todo lo que había pasado su mayor enemigo seguía estando en su interior, consumiéndola poco a poco -Supongo que podría considerarlo mi propio castigo por todas las vidas que he arrebatado con mis cascos- dijo mirando sus patas delanteras.

Por un momento tuvo la sensación de que sus cascos estaban cubiertos de sangre al igual que aquella noche cuando regreso de su misión. Podía sentir fresco el aroma metálico de la sangre como si se tratara de un fantasma que la seguía adonde fuese.

Pensó un poco en la reacción de la enfermera e inevitablemente pensó en el percance en el que se había visto envuelta aquella otra enfermera, cuyo nombre tenía en la punta de la lengua, pero no podía recordar. Aparentemente el incidente, era de conocimiento de todo el hospital a estas alturas, pero sinceramente no le extrañaba.

-En verdad en este hospital no tiene ni idea de lo que significa la confianza entre un doctor y un paciente- musitó

Al menos ahora entendía mejor la razón por la que la mayoría de los médicos y enfermeras lucían tan… a la defensiva… especialmente cuando estaban cerca de ella y por qué la princesa Luna había decidido asistirla todas las mañanas en sus rutinas de aseo.

-Bueno no es como si ellos nos hubieran visto con otros ojos antes, después de todo la gran mayoría de ellos le teme a lo que es… diferente- añadió limpiándose la sangre de sus labios con su lengua. Mientras la gota que se había derramado sobre el suelo había dejado un pequeño orificio el cual atravesaba de lado a lado la estructura.

No tuvo mucho tiempo para continuar pensando cuando la puerta de abrió de golpe revelando la figura de Red Hearth y su enfermera quien parecía bastante aterrada de tener que ingresar nuevamente en la habitación.

-Por todos los ponis Épsilon jamás te mejoraras si continuas así- dijo la enfermera dejando escapar un suspiro de alivio.

Aparentemente la doctora temía que la capitana nocturna se hubiese desangrado en su propia habitación y que toda esa sangre esparcida estuviese a punto de derretir medio hospital. El pensamiento cruzó por su mente y Épsilon no pudo hacer otra cosa más que sonreír malévolamente.

-De saber que algo así pasaría, habría salido por la ventana para practicar en el jardín- dijo la yegua aleteando y con algo de dificultad logró dirigir su cuerpo hasta la superficie de su cama.

-Mientras estés en el hospital soy responsable por ti, así que tendré que pedirte que no hagas algo así hasta que yo te lo permita, ¿De acuerdo?- dijo la doctora aproximándose a la cama sobre la que se había recostado la yegua.

-Bueno entonces podrías pedirle a alguien menos incompetente que me ayude con mi rehabilitación, quizá así dejare de ser una carga para usted y podré volver a mis actividades- respondió la yegua sin voltear a ver a la doctora.

-Si, bueno eso es complicado sabes… la única enfermera que parece no tenerte miedo es Sweetcare- comentó la doctora mientras tomaba el pulso de la yegua.

"Así que ese es su nombre…" pensó la capitana.

-Qué más da, después de lo que paso no creo que siga pensando de la misma forma- comentó la yegua entre dientes.

-Pues lo creas o no, ella ha estado preguntando por tí. Parece que se siente culpable por lo que paso, en fin… mañana pediré a uno de mis compañeros que te asigne un programa adecuado para tu rehabilitación, pero debo advertirte que sobre esforzarte no te llevara a ningún lado- comento la doctora mientras examinaba la respiración de la yegua con el estetoscopio.

Épsilon permaneció en silencio mientras Red Hearth continuaba con su revisión antes de estar completamente segura de que la capitana se encontraba en buenas condiciones.

-Entre más rápido pueda salir de aquí mejor- añadió la yegua mientras observaba con molestia a la enfermera que continuaba en la entrada de la habitación con sus cuatro patas temblando como si fueran maracas.


El relajante sonido del Cello la tranquilizaba bastante. Los planes de su amo iban viento en popa. Sin embargo, algo la mantenía constantemente con la guardia en alto, podía estar segura de que la habían estado vigilando desde la noche que salió de la mansión. Afortunadamente el sonido de aquel instrumento la hacía sentir… más tranquila y feliz… rebosante de alegría de hecho… era ciertamente su mas esperado momento del día. El simple hecho de poder escuchar un poco de aquella música que producía el instrumento al ser manipulado con semejante habilidad era algo a lo de lo que jamás podría aburrirse.

Era enigmático para ella. El sonido del Cello, el talento de Cent, el delicioso olor que impregnaba la habitación. Era como estar en un delicioso sueño del que no deseaba ser despertada jamás.

-¿Te encuentras bien?- dijo el mayordomo mientras ejecutaba su concierto privado.

En un principio Vinyl no supo a lo que se refería el corcel, ciertamente no estaba en sus mejores días, pero escucharlo tocar el Cello siempre le levantaba el ánimo… instintivamente paso su lengua relamiéndose los labios. Inmediatamente sus ojos se abrieron de par en par ocultos detrás de sus gafas oscuras, notó que sus colmillos parecían haberse asomado por debajo de sus labios lo suficiente como para que Cent los notara desde su posición… lo curioso era que por alguna razón su mirada también parecía estar ligeramente enrojecida, lo que significaba que sus ojos habían cambiado de color a un color carmesí bastante intenso. La mirada de Cent le indicó que estos también podían sobresalir ligeramente a través de sus cristales oscuros. Una vez mas e inconscientemente, la yegua se relamió los labios.

-¿Señorita Vinyl?-

La voz del viejo mayordomo la sacò de su trance inicial. Al notar que la yegua se levantaba sobre sus cuatro cascos y daba un par de pasos atrás, el mayordomo detuvo la tonada. Ganándose la total atención de la unicornio.

-Luces pálida, y mira que en tu caso eso es decir mucho- comentó el mayordomo haciendo a un lado el Cello y posteriormente aproximándose a ella.

Vinyl cerró su quijada de golpe, haciendo sonar sus dientes al chocar unos contra otros, podía sentir como se le hacía agua la boca al pensar en su… ¿sabor?

La revelación la hizo dudar por un segundo, pero al respirar nuevamente el aire que la rodeaba pudo descifrarlo. Aquel delicioso aroma provenía del mayordomo, era un aroma que ya había saboreado antes. El mismo aroma metálico de la sangre que poseía aquel corcel. Instintivamente dirigió la mirada al casco frontal del viejo mayordomo, debajo de aquella ropa elegante estaba segura que se hallaba la herida de su mordida envuelta en algunas vendas.

-Ya veo tienes hambre… supongo que puedo prepárate algo de comida, aunque no sé si sea suficiente o si necesites algo más exótico- comentó el mayordomo mirando a la yegua con cierta precaución.

"Exótico… definitivamente necesito probar algo exótico" pensó, aunque no podía permitirse hacerlo. Era extraño, jamás había tenido tal ansiedad por probar la sangre de otra criatura, especialmente la de un poni. "Oh por Celestia, huele delicioso" Pensó la yegua dando dos pasos más hacia atrás para poner algo de distancia entre ellos.

-Si lo deseas podría…- El mayordomo se detuvo cuando la unicornio levanto el casco mientras encendía su cuerno para acercarse el suéter que el corcel le había dado la noche de la fogata. Procedió a colocarse el suéter seguido de sus calcetas de colores antes de darse la media vuelta y salir de la habitación.

"Necesito beber algo" pensó mientras bajada las escaleras y salía de la mansión sin notar al pequeño poni terrestre de pelaje oscuro y melena plateada que comenzó a seguirla preocupado por el extraño semblante que tenía en su rostro.

-¿Cent? Es extraño pensé que tardarían más en bajar- dijo su esposa entrando en la habitación con una charolita y un par de tazas con chocolate caliente.

-Lo sé, es extraño Vinyl lucía un poco rara parece que tenía algo de hambre, aunque… no sé, me preocupa. Algo no está bien- respondió el mayordomo mirando a Tulip mientras ambos bajaban al vestíbulo.

-¿Y crees que sea sensato seguirla?- preguntó su esposa.

-No… Probablemente es mejor dejarla hacer esto a solas- comentó el mayordomo.

-¿Oye no has visto a Chocochisp?- pregunto Tulip -Le hice un poco de chocolate caliente le dije que me esperara aquí pero-

Ambos se miraron por un momento, el mismo pensamiento cruzó por sus mentes.

-No crees que fue detrás de la señorita Vinyl, ¿O si?- preguntó Cent.

-Oh cielos- respondió Tulip colocando un casco sobre sus labios.

-Iré por él- dijo Cent y sin perder mas tiempo tomo su abrigo y salió de la mansiòn. Chocochisp era un poni terrestre pequeño, no podría haber ido muy lejos, ¿cierto?.


Esa noche la pequeña no podía conciliar el sueño, por mas fuerte que abrazara a fluffy, el pequeño conejo de felpa no lograba brindarle ninguna tranquilidad. Sentía como si algo la estuviese mirando desde la ventana de la habitación y eso causaba que su pelaje se erizara.

Con todo el coraje que pudo reunir tomó su peluche colocándolo sobre su lomó y salió de la cama, avanzó entre las camas de la habitación hasta la litera que se encontraba en el centro de la pared opuesta.

Era extraño pero las sombras de la noche le recordaban mucho al color del pelaje de la princesa Luna. De hecho, la noche en sí le recordaba mucho a la monarca de la oscuridad. Aquel semblante que lucia tan serio y poco amigable y que ocultaba un lado extremadamente amable, cariñoso, gracioso y juguetón. La princesa Luna era todo lo contrario de lo que dejaba ver a simple vista, era una yegua incluso bastante sensible, igual que ella. De cierto modo la extrañaba, desde la reinauguración del orfanato hace un par de noches no la había vuelto a ver. Sin embargo, al recordar esa noche se puso a pensar en lo tristes que lucían los ojos de la monarca en aquella ocasión.

Freshmint dirigió su mirada a la cama superior. Encendiendo su cuerno mantuvo a Fluffy en su posición mientras subía los escalones lentamente para no despertar a los demás ponis. Después de todo ya se sentía bastante mal con el hecho de despertar a su amiga, como para terminar despertando al resto de los huérfanos.

Al llegar a la cima, observó a la potra que dormía bajo las gruesas cobijas que la protegían del frio del invierno.

Cinnamon tenía sus cuatro cascos apuntando en todas direcciones, su boca permanecía abierta y un pequeño hilo de baba le escurría por el labio. Fresh no pudo hacer otra cosa que sonreír al ver a su amiga durmiendo de esa forma. Miró con cuidado el espacio que había en la cama, afortunadamente había suficiente para poder recostarse por lo que se aventuró a moverse.

Con extremo cuidado la potra aparto un poco las cobijas antes de colarse en la cama, Al sentir el cambio de peso la unicornio color canela abrió sus ojos con pesadez. Se limpio el rostro con su casco antes de girarse por completo y mirar a su pequeña amiga recostada a su lado.

-¿Fresh?- dijo desconcertada -¿Qué sucede es media noche?- añadió al mirar aquellos enormes y adorables ojos.

-Me siento inquieta, no puedo dormir… dijiste que la mejor cura para eso era dormir abrazada a ti- añadió la potra mientras meneaba su casco nerviosamente sobre las sábanas.

-No dije que fuera específicamente para estos casos…- dijo la unicornio de color canela.

-Oh…- respondió la unicornio blanca -Lo… lo lamento-

Fresh estuvo a punto de levantarse cuando la magia proveniente del cuerno de su amiga, la cubrió con las gruesas cobijas.

-Pero sabes… Creo que es un remedio que funciona para muchas cosas- dijo la unicornio color canela abrazando a su amiga envolviéndola protectoramente en sus cascos de la misma forma que su madre lo había hecho cada vez que ella se sentía triste o sola.

-Cinnamon…-

-Mmmh-

-¿Crees que volvamos a ver a la princesa Luna?-

Cinnamon miro a su amiga cuyo rostro permanecía contra su pecho.

-Claro que si- respondió con total confianza.

-Me agrada la princesa Luna quisiera poder estar con ella- añadió la potra mientras el sueño lentamente se apoderaba de ella. Cinnamon tenía razón aquel método funcionaba para calmar sus miedos de forma bastante eficaz.

-Dudo mucho que la princesa esté pensando en adoptar ponis por el momento-

-Seria lindo tener una nueva mama como ella- respondió Fresh cayendo completamente dormida.

-Espero que al menos tú puedas conseguir una madre como ella- dijo Cinnamon mientras acariciaba la melena de su amiga -Mereces un buen lugar-


La habitación estaba escasamente alumbrada, sobre la cama de la monarca se podían observar tres yeguas recostadas completamente exhaustas.

Clover se encontraba a los pies de la cama, su rostro sobre las paginas de un grueso y rústico libro. Pansy se encontraba recostada a su lado, una de sus patas traseras se meneaba esporádicamente, peligrosamente cerca del estómago de la hechicera. Por último estaba Smart Cookie, quien permanecía cerca de la cabecera de la cama mientras abrazaba protectoramente a la pequeña pegaso que dormía entre sus cascos.

La puerta de la habitación se abrió dejando entrar a una unicornio de pelaje color mostaza y melena oscura. En sus flancos se podía apreciar una cuttymark con la forma de un escarabajo.

La yegua se aproximo al grupo de ponis observando cautelosamente a la pegaso rosa que era protegida por las otras tres yeguas.

-Hola querida- susurró la pony, sus ojos cambiaron de color por un momento emitiendo un brillo verdoso y dejando ver un par de pupilas alargadas -Muy pronto tú y yo pasaremos un largo rato juntas- sonrió la yegua de oreja a oreja.

Pantsy gruñó ligeramente meneando su casco casi golpeando el estómago de Clover.

-Estoy realmente ansiosa de pasar el tiempo a tu lado pequeña así que espera un poco más- dijo dándose la media vuelta.

Al salir de la habitación se topó con una poni terrestre vestida con un traje de mucama. La repentina aparición de aquella poni la sobresalto un poco.

-Oh por Celestia casi me da un infarto novata- dijo con el casco en el pecho mientras trataba de recuperar la compostura -¿Qué hacías en la habitación de la princesa?-

-Bueno la señorita Pansy me pidió ayuda para asistirla con el baño de Cadence. No pensé que me llevaría tanto tiempo. Lo lamento- añadió la unicornio un tanto cabizbaja.

-De acuerdo, pero no te entretengas más, todos estamos muy ocupados especialmente después de lo del jardín-

-¿A qué te refieres?- Pregunto la unicornio con la ceja levantada.

-Es increíble que no lo sepas, al parecer una aprendiz de cocina casi envenenó a la princesa Luna hace unas horas y… ¡OYE A DONDE CREES QUE VAS, VUELVE AQUÍ NOVATA!-

-…-

Afortunadamente para ella Luna le había dado un tour guiado poco después de regresar de la guerra por lo que le fue sencillo encontrar la enfermería del castillo.

Se detuvo a unos pasos de la puerta custodiada por dos de los guardias de Luna. Sabia bastante bien lo bueno que era el olfato de ambos por lo que les sería fácil reconocerla si se aproximaba demasiado.

Sin perder tiempo activo su magia convirtiéndose en una araña de estrella, trepó al techo y avanzó sobre este accediendo a un pequeño conducto de ventilación, estos eran demasiado pequeños para un poni pero afortunadamente los changelings podían moldear su tamaño dependiendo de la criatura que personificaran, por lo que acceder al conducto no fue complicado.

Una vez que se encontró sobre la habitación, el arácnido descendió lo suficiente para avanzar hasta la cama en la que reposaba la princesa de la noche.

Rápidamente el insecto fue envuelto en un fuego de color verde antes de retomar su forma real.

-Lulu…- dijo la changeling observando a su princesa recostada en aquella cama -Lo lamento… no debí dejarte sola… es solo que… Por todos los ponis sé que no debería estar tan cerca de ti pero al escuchar lo que te ocurrió no podía… yo solo-

Chrysalis aproximó su casco al rostro de la princesa de la noche antes de detenerse por un momento. Temía que el simple toque pudiera comenzar a drenar el amor de la princesa.

Al recordar las palabras de su madre desvió la mirada, era su culpa que Luna estuviese perdiendo su corazón y ahora estaba ahí recostada, tan vulnerable y frágil como lo estuvo ella misma la noche que Luna la salvo de aquellos soldados, la misma noche en la que ambas se conocieron por primera vez.

Tenía tantas ganas de tocarla, tantas ganas de acariciarla una vez más, tantas ganas de abrazarla y prometerle que todo estaría bien. Pero no podía no, hasta encontrar la forma de devolverle su corazón, por eso había decidido alejarse en primer lugar, por eso había jurado sacrificarlo todo y entregarle a su madre a la pequeña pegaso y haría lo que fuera para conseguirlo aún si eso significaba ir en contra de todo lo que Luna amaba de ella.

-Sabes… al verte ahora mismo, me cuesta mucho creer que seas tú la criatura que está tratando de corromper a mi hermana-

Los ojos de Chrysalis se abrieron de par en par mientras giraba la cabeza lentamente hasta que sus ojos verdes quedaron fijos en aquel par de ojos magenta que la miraban desde un pequeño banco situado a un lado de la ventana. Estaba tan enfocada en asegurarse de que Luna se encontrara a salvo que no se percató de la presencia de la princesa del Sol quien parecía haberla estado observando con atención desde su llegada.

-Me gustaría charlar un poco si no te molesta claro… Crisi- añadió la monarca cerrando el libro que llevaba entre sus cascos aquel libro viejo en cuya portada solo se podía observar el símbolo de un sol de fuego cuyo centro era negro como la noche.


Nota del autor:

Les pido una enorme disculpa por la tardanza de este capítulo. Tuve mucho trabajo esta semana, el capitulo lo tenía casi terminado, pero quería afinarlo antes de liberarlo, ya saben… calidad ante todo.

Como siempre muchas gracias por su apoyo. Me encanta escribir escenas de Cinnamon y Freshmint, son adorables.

Creo que Luna va a resentir ese golpe por la mañana.

Si, se que Celestia no parece ella misma en este capítulo. Creo que es el personaje que más trabajo me ha costado construir en la historia.

Por el momento es todo mis queridos lectores y no olviden comentar si les gustó el capítulo. Yo soy Halsenbert y con esto me despido, hasta el próximo capítulo … ALLONS-Y


En memoria de Victor Fidel Amado abuelo y mentor.

Marzo/1938 - Octubre/2018