Hemos llegado al final de Alta Costura y me siento emocionada de haber contado con su compañía una vez más.
Gracias a cada una/o de ustedes por su apoyo a lo largo de estos meses, por agregar al fic a sus listas, por tomarse el tiempo de dejar un comentario o por marcar como favorito cada capítulo. Siempre lo he dicho y lo sostendré, ustedes son el motor que me impulsa. ¡Gracias por todo su cariño!
También quiero agradecer a LPBekka por crear esta maravillosa historia que tuve el privilegio de traducir para ustedes.
Sin más que agregar y para cerrar con broche de oro esta mágica travesía, les dejo el epílogo.
"Épilogue"
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Una mujer joven con el cabello rubio cenizo se sentó cerca de un pequeño escritorio en una habitación modesta, suspirando suavemente. Esa noche oscureció en la pequeña ciudad de Clovis un poco más que de costumbre, y jugueteó con la perilla de su lámpara de aceite. Una vez que hubo más luz, sonrió y se giró hacia la máquina de escribir.
En los últimos seis o siete años Gabriella había viajado por el mundo, viendo los lugares más inusuales y encontrando a la gente más extraña y maravillosa. Su vida era como un colorido tapiz y cada día traía consigo un nuevo recuerdo, una nueva imagen. Pero en ese momento estaba localizada en una pequeña ciudad de California, en América, donde sus viajes realmente habían comenzado. El pueblo en sí era bastante nuevo y había gente llegando cada día. Había estado viviendo ahí durante los últimos meses, posiblemente era el tiempo más largo que jamás había estado en un lugar.
Se había instalado en el área para escribir su primer libro. Había vagado por todo el mundo, desde la ciudad natal de sus padres en Italia, a los Orientes, y por supuesto a América.
A lo largo de sus viajes había escuchado numerosas historias de los personajes más extraños, y experimentado algunos acontecimientos dignos de la ley. Pero una siempre se destacó más que las demás. Había sido una de las primeras historias que había oído de alguien, una hermosa historia de engaño y amor verdadero.
De hecho, todavía estaba en contacto con el joven que se la contó, y estaba esperando una carta muy pronto. Hacía tres años los dos de alguna manera se pusieron en contacto. No estaba segura de cómo la carta encontró su camino a su puerta en Filipinas, pero de alguna manera lo había hecho. Había conocido a Kurt Hummel por sólo dos horas, y sin embargo algo en ella había lo tocado hasta el punto de que trató de entrar en contacto muchos años después.
Por supuesto que había respondido, deseosa de oír cómo su vida había cambiado, cómo las cosas eran para él desde la llegada de su amor ese día fatídico en los muelles. Su historia era tan conmovedora pero dramática y romántica, más que cualquier historia de ficción que ella misma hubiese podido imaginar. Por eso hacía poco más de un año atrás le había pedido para escribirla, para contarle al mundo el cuento entre la pobre cortesana y un famoso diseñador. Su musa había parecido renuente al principio, pero con cierto coraje, él y Blaine aceptaron darle los derechos para publicar su historia.
Había escrito unas cien páginas, todas guardadas cuidadosamente bajo su escritorio, y estaba trabajando en el capítulo final en ese instante. La primera página de la pila simplemente tenía las palabras "Alta Costura", ya que lo encontró un nombre bastante apropiado.
Habían pasado casi cuatro meses de que la pareja en Francia accediera a permitir que contase su historia antes de que ella realmente comenzase a escribir. Había luchado para instalarse, encontrar cualquier lugar donde se sintiese cómoda e inspirada. Eso fue hasta que pasó a través de la humilde ciudad de Clovis.
Era una ciudad agrícola con muchos hombres trabajando en granjas. Había estado buscando un lugar para quedarse por una noche, y la casa que encontró sólo tenía un habitante, el cual cambiaría su vida para siempre.
El joven que vivía en la casa de la granja no era necesariamente alto, y su pelo loco y rizado era ingobernable y una visión inusual en verdad. Había respondido a la puerta con una camisa a cuadros, rayas blancas y rojas, y pantalones de pana altos. No se parecía a nadie que hubiese conocido en sus viajes, y en el momento en que descubrió que ella viajaba sola, no dudó en permitirle quedarse todo el tiempo que necesitase.
Pronto descubrió que ese hombre, Darren, era tranquilo, un tipo excéntrico, excitable y con una tendencia a balbucear mientras trataba de hablar más rápido de lo que su boca le permitía. Pero era encantador y amable, y de alguna manera, tantos meses después seguía ahí.
Su relación había crecido bastante rápido, en realidad había crecido a un ritmo alarmante, pero ella se había sentido cómoda con eso. Simplemente, estaba enamorada.
Cuando sus ojos vagaron hacia la fotografía en blanco y negro que se había tomado con Darren en una feria del condado el mes anterior, la puerta se abrió y un joven entró, sus botas golpeando las pesadas tablas del suelo. Ni siquiera tuvo que mirar para saber quién era, y giró su cabeza, sonriéndole mientras miraba a través de algunas cartas en sus manos.
- ¿Esperas algo importante? – Ella preguntó, una sonrisa pequeña se asomaba en sus labios mientras admiraba cómo las sombras matizaban su impecable rostro y un rizo en particular caía sobre su frente.
El rostro de Darren estaba aturdido en concentración, y asintió, mordiéndose el labio inferior. – Sí, pero no está aquí. – Suspiró, sacando una carta y caminando a través de la habitación.
Los ojos de la chica se iluminaron cuando vio el sobre en su mano. Había sólo una persona de quien podría ser. Su delicada mano se tendió para aceptarlo, pero el hombre sonrió, sujetándola contra el pecho e inclinándose hacia abajo. – ¿No me das las gracias por entregar tu correo? – Preguntó con una sonrisa bastante descarada.
La joven y bella mujer movió sus propios rizos sobre su hombro y se acercó. – Qué grosero de mi parte. – Sus suaves y rosados labios rozaron los de él. La barba le raspó la barbilla mientras este presionaba sus labios en respuesta, con una mano apoyada en el dorso de su cabeza y la otra colocándola sobre su regazo. – Gracias… – Susurró un poco nerviosa por el contacto íntimo.
- De nada. – Respiró, frotando la nariz contra la suya y retirándose con una sonrisa para permitirle que leyese.
Gabriella tomó un abridor de cartas de plata y pronto estuvo sola en su habitación, Darren fue a ordenar algunas cosas para cuando sus padres llegasen de visita al día siguiente. Ajustó el brillo de su lámpara de aceite y levantó el papel translúcido en sus manos, comenzando a leer.
Mi querida Gabriella,
Espero que esta carta te encuentre en buena salud. Estoy muy bien, gracias. Actualmente me estoy preparando para mi noche de debut actuando en el Théâtre de l'Athénée. ¿Puedes creerlo? Me voy a presentar en uno de los teatros más bellos de París, se siente como un sueño. Parece que ayer estaba cantando en la discoteca de Monsieur Lewis dos días a la semana. Es casi divertido pensar que alguna vez la única manera en que podía cantar para ganar dinero era sentarme en la esquina de la calle y rasguear mi guitarra vieja.
Blaine me pide que te envíe sus deseos de bien y que te agradezca por tus buenos deseos para su última colección. Afortunadamente fue una delicia, me ha tomado algo de tiempo convencerlo para que reduzca sus diseños de empuje, y creo que fue una buena elección. Todavía tiene su título merecido como el rey de la moda, y nunca me he sentido más orgulloso de él.
Gracias por tu oferta para que vayamos a América, me alegra que hayas encontrado un lugar en el que te sientas contenta de quedarte. Se ha vuelto bastante difícil mantenerme al día con tus direcciones. Me temo que mis cartas no te llegarán antes de que pases a una nueva y gloriosa aventura.
He hablado con Blaine sobre ir a América, tal vez este verano. En este momento, sin embargo, mis prioridades son con él y mi programa. En realidad, he leído esta mañana un artículo que se refiere a mí como un pájaro cantor. Me parece muy amable que lo digan. He oído susurros de un número de gente bastante impresionante que supuestamente asistirá a la noche de apertura, pero estoy tratando de mantener la calma y no pensar en nadie intimidante en la audiencia. Aunque he oído más de un rumor de que Adelina Patti se supone que irá, y me siento muy nervioso de eso. Ojalá pudieras venir alguna vez. Si el espectáculo es un éxito simplemente debes venir a París. Estoy seguro de que Blaine te alojaría a ti y a tu nuevo novio. Me gustaría mucho conocerlo y asegurarme de que es un hombre lo suficientemente bueno para una amiga tan querida.
Me disculpo, me parece que me he salido del tema. He discutido viajar con Blaine, particularmente a América, pero él parece bastante reacio. Creo que tiene miedo, debido a los prejuicios que hemos encontrado aquí en París, de que en otros países sean aún peores. Una parte de mí teme que tenga razón. Han pasado muchos años desde que él llegó a aceptar sus sentimientos, y mientras estoy más que seguro de que ninguno de nosotros ha estado más enamorado, me temo que los demás no lo acepten.
No somos tontos, te lo aseguro, no hacemos alarde de nuestra relación, ni siquiera ahora. No tengo ganas de ser apedreado, pero todavía hay rumores. Supongo que es bastante extraño que yo haya vivido en su casa durante tanto tiempo si sólo fuésemos amigos.
Debo decir Gabriella, que si la vida de un ermitaño es lo que se necesitaría para estar con Blaine, la elegiría con gusto. Fácilmente dejaría de actuar por él, y estoy seguro de que él haría lo mismo con sus modas.
No hay mucho más que decirte mi amiga. He leído el borrador del manuscrito que me enviaste y debo agradecerte una vez más que cambiaras los nombres mío y de mis amigos. Está maravillosamente escrito, me parece casi humorístico lo absorto que me has tenido, te mantienes tan fiel a mi historia con Blaine, y aun así siento que estoy leyendo un romance de época. Simplemente debes avisarme cuando termines. Estoy en el borde del asiento por leer más. Aunque ya sé cómo termina la historia, sigue siendo emocionante leer.
Debo decirte adiós, amiga mía. Realmente deseo saber de ti pronto.
Todos mis deseos de bien y buena salud,
Kurt Hummel.
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Acabo de llegar aquí, a París, desde la soleada orilla del sur…
Kurt se puso su bata más cerca de su cuerpo mientras revoloteaba suavemente alrededor de la habitación, cantando alegremente.
Fui a Monte Carlo, sólo para aumentar la renta de mi invierno.
La Dama Fortuna me sonrió como nunca lo había hecho antes,
y ahora tengo mucho dinero, soy un caballero.
Blaine se rió entre dientes e incluso se unió a la siguiente línea de la celebración musical de su amante.
Sí, ahora tengo mucho dinero, soy un caballero.
El joven castaño sonrió ampliamente, corriendo y presionando ligeramente sus labios contra la frente de su amado mientras el gramófono tocaba alegremente la melodía.
Mientras camino a lo largo del Bois Boolong con aire independiente,
se puede oír a las chicas declarar "debe ser un millonario".
Levantó la mano de manera ostentosa mientras se paseaba, la risa de su amante era audible, la alegría llenándolos mientras se presentaba sólo para él.
Puedes oírlas suspirar y desear morir,
puedes verlas guiñar el ojo al hombre que rompió el banco en Monte Carlo.
Kurt continuó cantando, Blaine aplaudía y sonreía mientras observaba desde su posición en la cama.
No había ninguna razón para esa interpretación improvisada que no fuese pura alegría. Sólo quince minutos atrás los dos hombres habían estado esperando prepararse para ir a la cama. El ojiazul había decidido tocar un poco de música, y mientras el diseñador esperaba algo suave y calmante, se había equivocado. Su novio puso una alegre melodía y procedió a cantar, bailando también.
No era nada como sus actuaciones impresionantes delante de millares, oh no, esto era sólo para su amado.
Por su parte Blaine Anderson se comportaba sin rodeos y lejos de ser sofisticado, pero amando cada momento.
La canción continuó, el castaño implacablemente cantando y bailando hasta que finalmente sus piernas cedieron y casi se derrumbó sobre la cama, su pareja riendo entre dientes profundamente y colocándose a su lado.
- Eres demasiado. – Sonrió a su amor que se acostó sobre el colchón, las mejillas de color rosa brillante.
El ojiazul se rió y se encogió de hombros. Había pasado casi un mes desde que había enviado su carta a Gabriella y aún no había recibido una respuesta. Mucho estaba cambiando rápidamente. Aunque él y Blaine habían estado juntos hacía algunos años, cada día tenía algo nuevo y emocionante.
Estaba actuando para multitudes más grandes y más importantes, su nombre era conocido en toda la hermosa ciudad, incluso en el país. Muchas mujeres habían pedido su mano y tener relaciones con él, siendo tan grandes admiradoras, pero él simplemente se reía e informaba a todos de su elección de permanecer célibe.
Era una mentira encubierta, y si su querida madre hubiese estado cerca para escucharlo pronunciar tal falsedad, sentiría su ira con una cuchara de madera. Pero mentiría mil veces sólo para evitar que su relación con Blaine fuese nada más que tontos rumores.
Estaba riendo entre dientes, el disco cambiando a la siguiente canción, pero ya no estaba escuchando. En lugar de eso se tendió y tocó el cabello del diseñador, que crecía un poco para su gusto, pero lo amaba de todos modos.
- Te amo… Cada día me enamoro más y más de ti, Blaine. – El ojimiel le dio la más dulce sonrisa y se inclinó para besarlo. Su boca soltó ligeramente sus labios, pero no le importó. No se trataba de romance o besos, sino de contacto, sólo de estar cerca. Sintió que los labios de su amado flotaban sobre su piel y podía oírlo inhalando su aroma. Su estómago revoloteaba vivo con absoluto amor e incredulidad. Hasta el día de hoy no tenía idea de lo que había hecho para merecer ser tan feliz. – Blaine… – Susurró, acariciándole el cabello con los dedos.
- Yo también te amo. – Respondió presionando un beso en la esquina de sus labios.
En las últimas semanas el joven había estado trabajando duro, tratando de mantenerse al día con la alta orden de su ropa. Su última línea había sido excepcionalmente popular y estaba contento de tener a su novio para mantenerlo en el camino correcto cuando se trataba de la moda. Aunque él era el diseñador, estaba claro que el castaño era el que tenía el equilibrio y ojo para los vacíos en el mercado. Sabía lo que funcionaría y lo que no. Era un genio, y era una de las muchas razones por las que lo amaba.
En los últimos años, particularmente en los últimos diez meses, las cosas habían sido increíbles.
A ambos les había llevado bastante tiempo procesar, lamentar y aceptar la muerte de Samuel, de hecho, a veces Kurt todavía se sentaba a mirar la pintura que su mejor amigo había hecho, y algunas lágrimas silenciosas corrían por su rostro. Pero poco a poco fueron llegando a un acuerdo con su muerte. Fue un proceso largo, pero los dos salieron más fuertes. Se tenían el uno al otro para superar los momentos difíciles. Eso era lamentablemente más de lo que se podía decir, y efectivamente, parecía que su amigo estaba mucho mejor.
Por un momento los dos juguetearon entre sí. Kurt ladeó la cabeza y rozó la nariz contra la de Blaine, quien rió y la frotó de vuelta. Hubo algunos intentos de besos y picardías. En un momento dado el diseñador incluso mordió el labio inferior de su pareja, causando que lloriquease adorablemente.
- Estoy tan enamorado de ti… – Blaine susurró, repitiendo su afecto y haciendo que el chico se pusiera rojo. Procedió a dejar un rastro de besos a lo largo de la blanca mejilla hasta su oreja, y se acurrucó. Por unos minutos, repitió su amor y devoción en las muchas lenguas que conocía, dejando al italiano hasta el último ya que le encantaba cómo hacía que Kurt se derritiese. – Ti amo, mio tesoro. – Tenía la mano apoyada sobre el pálido estómago y casi podía sentir las mariposas mientras su novio inclinaba la cabeza, apretando los labios sobre los suyos.
Durante unos segundos se produjo el más suave y cariñoso de los besos, los toques astutos y las caricias amorosas por encima de la ropa junto a la risa más suave. Después de unos minutos, el ojiazul se apartó de los labios de su amante y simplemente le sonrió.
- Eres hermoso. – Susurró, acariciándole las bronceadas mejillas.
Ese momento se sentía tan tranquilo y maravilloso. Tanta gente pensaría que no debería decirle esas cosas a un hombre, y mucho menos con la cantidad de amor que tenía en su voz. Pero él adoraba a Blaine y todo sobre él. Su compañero rió entre dientes y sacudió la cabeza, acariciándole el cabello.
- Sólo si hay un espejo en mi cara. – Contestó con descaro, robándole un beso rápido antes de retirarse para cambiarse de ropa.
El más alto se acomodó en la cama y se tendió de costado, observando cómo su amor se vestía con algo mucho más cómodo: un par de pantalones de seda azul, y un kimono a juego que le llegaba la cadera, y que dejó abierto. Tenía hilo de oro a lo largo de las mangas y el dobladillo, las mangas eran demasiado grandes para este. Le pareció casi gracioso, pero no podía negar que su amor se veía realmente hermoso.
Mientras el diseñador caminaba hacia él, sus ojos se deslizaron hacia su pecho expuesto.
Blaine no pudo evitar la pequeña risita que se le escapó mientras avanzaba unos pasos y se sentaba en la cama delante de su compañero. Durante unos momentos, simplemente sonrieron entre sí y Kurt miró hacia abajo, una suave risa escapándose de él.
- Deberíamos acostarnos. – Dijo suavemente, y el pelinegro asintió durante unos segundos. El cantante hizo un movimiento para arrastrarse sobre la cama y ponerse sobre las sábanas, pero se detuvo, Su pareja no estaba imitándolo. En lugar de eso se bajó de la cama y se arrodilló a un lado, con las manos juntas en oración. Él no copió la acción, sino que miró con interés. Nunca lo había visto rezar, no por su cuenta.
- Ár nAthair atá ar neamh, go naofar d'ainm, go dtaga ríocht, go ndéantar do thoil, (Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad,) – El diseñador comenzó a hablar suavemente en irlandés, una lengua que sorprendentemente rara vez Kurt le oía hablar. – Ar an talamh mar adhéantar ar neamh. Ar n-arán laethúil tabhair dúinn inniu, agus maith dúinn ár bhfiacha. (en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,) – Sus ojos estaban cerrados, pero él sabía que era consciente de la mirada que le daba. – Mar a mhainthimidne dár bhféichiúna féin agus ná lig sinn i gcathú, ach saor sinn ó olc. amen. (como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.) – Blaine sonreía suavemente mientras su interpretación nativa del Padre Nuestro se convertía en una oración personal que su novio ciertamente podía entender.
Querido padre, quiero agradecerte la alegría con la que me has bendecido en los últimos años. – El castaño sonrió suavemente y decidió no interrumpir mientras su compañero hablaba. – Había creído que sabía lo que era la felicidad, pero ahora sé que estaba en la oscuridad. Nunca supe de la felicidad posible al tener cerca a alguien que amas tan completa y absolutamente.
- Blaine… – Soltó, colocando la mano contra su pecho mientras su novio lo callaba. Tenía la sonrisa más pequeña en sus labios.
- También deseo que me des la fuerza para mostrarle a esa persona cuánto significa para mí y cuánto la adoraré siempre… Y también deseo tu bendición para lo que voy a preguntar. Porque lo sé mejor que muchos de tus seguidores. Si sus afirmaciones de que nos amas y deseas que seamos felices son correctas, entonces sé que conocer a Kurt fue tu intervención, a pesar de su género… y rezo para que no muestres ira cuando le pida su mano…
- ¡Blaine! – Habría sido imposible silenciarlo mientras chillaba el nombre de su amado.
El diseñador miró a su compañero con una amplia sonrisa en su rostro. Bajó la cabeza, riendo y metió una mano en el bolsillo del kimono, sacando una caja. Su amante estaba sentado en la cama, sacudiendo la cabeza, las manos contra el corazón. Su rostro era de pura incredulidad, y causó que él se riera suavemente.
- Kurt… – Todavía de rodillas extendió la mano con la caja. – He estado intentando hacer esto por tanto tiempo, pero… – Abrió la caja, mostrando a su novio la banda de plata más perfecta para su dedo.
Los ojos azules estaban llorosos, y lo miró.
- Pero Blaine… no está permitido… ni siquiera sería capaz de usar un anillo tan hermoso… la gente hablaría, nos rechazarían… podrían herirte… – Temblaba ante los temerosos pensamientos de todo lo que pudiese pasar si aceptaba la propuesta de matrimonio de su amado. Era todo lo que deseaba, pero no podía. Lastimarían a su amado… sabía que lo harían.
- Lo sé… – En ese momento cuando sacó el anillo de la caja, el castaño notó la igualmente hermosa cadena de plata de la que estaba colgando. Los ojos de miel de su amado se encontraron con los suyos y por un momento se derritió por dentro. – No estoy pidiendo una boda… No estoy pidiendo que legalmente estamos juntos porque, Señor, sé que es imposible… – Kurt no pudo evitar sonreír cuando el diseñador alzó sus ojos al cielo mientras hablaba.
Blaine se estiró, tocando la blanca mejilla con su palma y acercándose. Se puso de pie, inclinado sobre la cama mientras sus labios rozaban los de su amado. – Pero deseo que seas mío y sólo mío.
El joven sintió que la mano en su mejilla se movía, para abrir la cadena, y en un sólo instante estaba envuelta alrededor de su cuello. No se movió por miedo a desmayarse debido al shock.
El diseñador se inclinó hacia atrás y tocó la cadena, admirando a su amado. – Hermoso… – Susurró antes de deslizar la prenda bajo de la camisa de noche de su amante.
Una mirada de confusión cruzó las hermosas facciones de Kurt. – Pero no puedo verlo.
- No… – Una palma plana se presionó contra su pecho, justo encima de donde se sentía el frío contra la piel. – Pero puedes sentirlo. – Los ojos azules se llenaron de lágrimas cuando su novio habló con esa voz tan suave, maravillosa. Quería permanecer en ese momento para siempre mientras apoyaba su mano sobre la de este, apretando el anillo con más fuerza contra sí mismo. Podía sentir que ardía la piel sobre su corazón, marcándolo con el amor de Blaine. – ¿Lo harás?
- ¿Disculpa? – No estaba consciente de las lágrimas que corrían por su rostro mientras miraba hacia arriba.
El de rizos rió suavemente y se estiró, apartando las lágrimas con la mano que no estaba contra su pecho.
- ¿Serás mío?
Hubo un momento de silencio antes de que Kurt moviera ambas manos, abrazando a su amado y tirando de él hacia su pecho.
- Sí, claro que lo haré. – Gritó con alegría resonando en su voz. Besó los labios de su pareja, sonriendo contra ellos, llenos de calor al saber que ese hombre quería mantenerlo en su vida, y amarlo para siempre.
Érase una vez que Blaine Anderson se habría reído del mismo pensamiento de amar, y mucho más de desear estar con un hombre para el resto de sus días.
Por un momento se abrazaron, Kurt acercando a su amante, sintiendo que sus pechos se encontraban y la sensación del anillo presionando entre ellos.
Blaine no podía creer que eso fuera real, el amor que compartían se sentía más allá de este mundo. No podía imaginar a nadie más sintiéndose así de feliz como él se sentía con Kurt.
Fue bendecido, honrado de tener a ese hombre en su vida, porque al final no se enamoró de los hermosos vestidos, el cabello largo, el maquillaje, los genitales, o el género en absoluto.
Por lo que se inclinó fue algo que creía que todos en el mundo debían aprender: El amor nunca tiene que ver con el género, sino con la persona que está debajo.
