Capítulo 38: Firmes aclaraciones
Mientras la imprudente princesa analizaba con vehemencia al héroe elegido por las Diosas, en todo sentido, el joven se sentía intranquilo con el actuar de esta. Ya había tenido esa sensación sumamente incómoda en el pasado, pero en ese momento decidió dejarla de lado, saludando con una educada reverencia.
- Mucho gusto en conocerla, princesa Ruto. Mi nombre es Link.
- El gusto es mío, o más bien… es todo un placer conocerte, Link. – saludó, con voz seductora.
El joven sonrío de manera cordial ante la indirecta que le lanzó la princesa, luego, el hada también saludó.
- ¡Princesa Ruto! ¡No puedo creer que se trate de usted! ¡Ha renacido más hermosa que en su vida pasada!
- ¡Vaya, que sorpresa! Al igual que antes, el joven héroe tiene un hada, y por lo que veo ha renacido al igual que yo. Un gusto conocerte, pequeña…
- Navi, así me llamo. Yo no he renacido, soy la misma de antes y por eso la recuerdo.
- ¿Me recuerdas? Entonces, has de recordar ciertos…asuntos.
Una vez más la joven volvió a mirar a Link de manera descarada, causando que la reina lo note e intervenga para hablar con él.
- Veo que le has caído muy bien a mi hija. – dijo, con voz contenta.
- Mejor que bien, mamá, es todo un honor que el héroe elegido por las Diosas haya llegado a nuestro dominio. Eso no es lo mejor de todo, pues el joven que posee su alma es tan…apuesto. – agregó Ruto.
- Deberías decir cosas más coherentes, hermana, gracias a su llegada podremos salir de nuestro encierro. – intervino Ralis, con voz molesta.
- Cierto, niño, me había olvidado de ese detalle.
- Hija, Link mencionó que desea hablar contigo sobre…
- ¿¡Deseas hablar conmigo!? Vamos a mi jardín en este momento. – exclamó emocionada.
- Espere, princesa, creo que es mejor que todos…
- ¡Para nada! Esta conversación debe ser llevada por nosotros, completamente solos.
La princesa haló con fuerza al príncipe para llevárselo del jardín de su madre, mientras que Ralis observaba su lejanía, confundido.
- Se nota que a Ruto le agradó Link, ojalá no intente nada inapropiado con él.
- No creo que eso pase, y si por algo llega a ocurrir, estoy segura que él no dará pie a eso. – respondió la reina, tranquila.
- ¿Cómo puedes estar tan segura de eso, mamá?
- No lo sé, solo percibo que su corazón ya tiene dueña. Además, lo que siente tu hermana es solo un rezago del pasado del que ya se dará cuenta más adelante.
- ¿Ah? No entiendo…
La reina solo rio ante la confusión de su hijo, pues sabía perfectamente que a sus cortos diez años, había cosas que aún no entendía.
Maravillándose, una vez más, por la belleza del resplandeciente jardín de la princesa, se encontraba Link sentado en una de las bancas del sitio.
Por un momento, la incomodidad que tuvo se había disipado debido a la tranquilidad del ambiente, pero de repente, esta se vio perturbada al sentir un frio brazo encima de su hombro. En ese momento, se apartó inmediatamente.
- No te asustes, solo soy yo. – indicó Ruto.
La joven se sentó a su lado y luego empezó a mirarlo y a hablarle con coquetería.
- Disculpe, princesa, pero me tomó desprevenido. – respondió Link, nervioso.
- Por favor, ahórrate lo de "princesa". Llámame simplemente Ruto, pues tú y yo no somos de ninguna manera desconocidos.
- ¿Ah?
- ¿No lo recuerdas? Hace un rato que te vi, despertaron en mi memoria lindos recuerdos sobre ti. ¿Acaso tú a mí no me recuerdas? – preguntó, con voz tierna.
El príncipe se extrañó con las palabras de la zora, pero inmediatamente a su mente vinieron vagas imágenes en las que rescataba a un ser parecido a ella. Primero lo hizo cuando esta era aún una niña, y años después lo volvió a hacer, solo que en ese entonces, había cambiado su anatomía por una más madura.
- ¿Ya recordaste? – preguntó, ansiosa.
- Bueno, he recordado a alguien parecido a ti…pero no te parecías mucho a lo que eres ahora, más bien era una niña.
- Ese episodio… me rescataste de un horrible monstruo con tentáculos aterradores. Justamente luego que me salvaste, me hiciste una promesa.
- ¿Promesa? – preguntó alarmado.
La joven se puso de pie y se colocó frente al joven, quien la miraba con profunda perturbación.
- Así es, tú me hiciste una importante promesa a cambio de un favorcito que te hice; en ese entonces no cumpliste…pero ahora que las Diosas han permitido que vengas a mí, me encargaré que lo hagas. – decretó con firmeza.
- No entiendo, ¿qué es lo que te prometí?
- Viendo que no te acuerdas, tendré que decírtelo. Tú me prometiste que una vez crezcamos, te convertirías en mí…
- ¡Ruto!
La princesa hizo una mueca de disgusto al saberse interrumpida por su hermano menor.
- Ralis, ¿¡qué quieres!? ¿¡no te das cuenta que estoy ocupada!? – preguntó, enfurecida.
- Dice mi mamá que dejen la charla por el momento, quiere presentar a Link con los demás habitantes.
- ¡Mi mamá como siempre tan oportuna! – contestó con ironía.
- No te preocupes, Ruto, podemos hablar de esto más tarde, ahora la reina nos llama. – la calmó el héroe.
- Está bien, vamos, pero ni creas que te librarás de esta conversación pendiente. ¡Esta vez no pasará!
Ruto aceleró el paso y se dirigió a la salida de su jardín, mientras tanto, Link le habló a su hada.
- Navi, tu que recuerdas a Ruto… ¿a qué promesa se refiere? No tengo idea de que está hablando.
- Link, yo tampoco recuerdo. Como te comenté antes, hay cosas de las que me he olvidado. Pero, ¿por qué me lo preguntas, te noto nervioso?
- No sé porque, pero tengo un mal presentimiento sobre esa "promesa". Me tiene demasiado intranquilo.
- ¡Link! ¡Te estamos esperando! – gritó Ruto.
El joven dejó de lados sus nervios, y rápidamente siguió a los hermanos hacia donde se encontraba la reina…
En una de las habitaciones más lúgubres de los dominios del rey del mal, se encontraba el más fiel de sus servidores, completamente enfurecido e intrigado.
Desde hace bastante tiempo, su amado soberano se encerrada horas en sus aposentos a realizar varios y desconocidos hechizos. Todos los días, trataba de sacarle información sobre ese tema, ansioso de saber que fechoría estaba tramando.
- ¡Qué tanto se trae entre manos! ¡Por más que me rompo la cabeza en descifrar que puede ser, no puedo hacerlo! – exclamó, enfurecido.
El villano empezó a halarse los pelos debido a la impotencia que lo invadía, el saber que su amo le había perdido la confianza, lo frustraba enormemente.
- ¿Y si…ya no confía en mi por lo que no he logrado encontrar a la princesa? ¡Esa maldita mocosa como siempre causándome problemas! ¡Si antes era tan escurridiza, ahora las cosas están peor!
Una vez más, los albinos cabellos sufrieron las consecuencias de la furia del señor de los demonios, mientras caminaba con más dureza por la habitación.
- ¡Soy una vergüenza! ¿De qué me sirve ser tan hermoso y esplendoroso si no puedo encontrar a una simple chiquilla? ¡La odio con todas mis fuerzas, si supiera en donde se encuentra, juro que con mis poderes la…!
Las palabras del villano fueron silenciadas al ver que a su mente venia una grandiosa idea, una que le permitiría cumplir con sus más sádicos objetivos.
Inmediatamente, corrió al espejo para dar rienda suelta a su narcisismo y hablar consigo mismo.
- ¡Claro! ¿Por qué no se me ocurrió esto antes esta maravillosa idea? No pienso comentarle nada de esto a mi amo para que sea una sorpresa. Estoy seguro que después de esto, confiará en mí más que nunca, ¡Ja!
La reina Rutela ordenó reunir a todos los habitantes de su dominio en el jardín central del palacio. Junto a ella se encontraban sus hijos, mientras que Link los estaba siguiendo, pero en el camino se detuvo a contemplar las maravillas del palacio, que a pesar de ser pequeño en comparación al de Hyrule y Ordon, era sumamente grande y elegante, donde la decoración de corales y piedras preciosas daban una imagen digna de admirar.
El joven, dejó su contemplación a un lado, pues no quería hacer esperar a la reina y a sus hijos en el balcón principal, así que rápidamente, se dirigió a donde se encontraban y se colocó detrás de ellos, esperando a ser presentado.
Una vez que la reina notó la llegada del joven, se dirigió a su pueblo, haciendo uso de su cautivante voz.
- Amado pueblo, deben sentirse intrigados por esta manera tan abrupta en la que los invoqué, pero es necesario que sepan que muy pronto nuestra vida va a cambiar…pues nuestro perpetuo encierro, ha llegado a su fin.
Todos los zoras empezaron a murmurar debido a las palabras de la reina, pues saber que su inexplicado encierro había llegado a su fin, los cuestionaba mucho, pero volvieron a guardar silencio, al escuchar que la mujer volvía a tomar la palabra.
- Veo que mis palabras los han extrañado, es de entenderse, pero quiero explicarles la razón de lo mismo. Por mandato divino, nosotros hemos estado enclaustrados esperando la llegada de una especial persona, el que librará nuestro mundo de las garras de un rey maligno, de la misma manera como lo hizo antes, cuando nuestros antepasados cooperaron junto con él en su periplo… A quien me refiero, es al héroe elegido por las Diosas.
En ese momento, la reina se dio la vuelta para pedirle a Link, de la manera más cordial, que se acerque.
El joven se disponía a cumplir con su petición, pero no contó con que la princesa se acercaría hasta él, abrazándose con fuerza de su brazo y halándolo con poca delicadeza hacia el balcón.
- ¡Vamos, Link! ¡Todos quieren verte! – dijo ansiosa.
- Ruto, yo puedo caminar solo, vas a hacerme caer.
La joven hizo caso omiso a la petición, simplemente se ubicó en el balcón sin liberarlo de su agarre y lo presentó ante el pueblo, emocionada.
- ¡Él es Link! ¡El héroe elegido por las Diosas!
Al inicio, los zoras se quedaron enmudecidos observando al príncipe detenidamente, pero luego de analizarlo de pies a cabeza, tanto en su ropa como en su físico, aplaudieron con euforia, pues en seguida lo reconocieron como el héroe elegido por las Diosas. Específicamente, recordaron al joven que libró a sus antepasados de la perpetua invasión del ocaso a la que estuvieron expuestos, e incluso, congelados debido a sus poderes, en el que perdieron en ese entonces, a la que fue la primera reina, quien fue asesinada en su presencia por las bestias crepusculares.
Link, al igual que las veces anteriores, se sentía muy nervioso al saberse aplaudido por varias criaturas, pero al mismo tiempo, le molestaba ser agarrado por la princesa de manera tan acaparadora, así que se dispuso, sin llegar a ser grosero, a retirarle el brazo mientras le sonreía con cordialidad.
Mientras la muchedumbre seguía en la algarabía, la reina se acercó a Link.
- Vamos abajo a presentarte a todos de manera más cercana, luego, haré una gran cena en tu honor. – dijo con amabilidad.
- Por favor, no quiero causar molestia, no es necesario…
- No es ninguna molestia, es un honor que estés aquí con nosotros.
- Está bien, mi reina, muchas gracias por su hospitalidad. – respondió con una sonrisa.
Luego de haber aceptado, Ralis se unió a la conversación.
- Cuando estemos en la cena, quiero darte algo que yo mismo he fabricado.
- Están teniendo demasiadas atenciones conmigo. – dijo Link, avergonzado.
- Por favor, quiero darte algo, así como mi papá te ha…
- ¡Cállate, mocoso! Eso es algo de lo que me corresponde hablar. – aclaró Ruto, de mala manera.
- Pero, Ruto…
- Ya no discutan, hijos míos, mejor vamos abajo con los demás y más tarde continuamos con la plática.
Luego de que la reina limó las asperezas entre sus vástagos, junto con ellos y el joven héroe bajó a encontrarse con los zoras…
El ocaso se estaba cubriendo el olvidado poblado de las sombras, mientras que la princesa, cubierta por su misteriosa identidad, se encontraba caminando por los rincones del mismo.
Luego de tener un arduo día de entrenamiento y encerrarse en la capilla a realizar sus oraciones, sintió deseos de ir a dar un paseo para despejarse.
Durante su recorrido, encontró una banca de metal en que se sentó a descansar, mientras que los felinos, quienes notaron su presencia, se acercaron hasta a ella para acurrucarse a sus pies y recibir mimos.
La joven, inmediatamente tomó en sus brazos a un gato de pelaje rubio cenizo, que mezclándose con los rayos del sol a punto de esconderse, le recordaba a la tonalidad de los cabellos de su amado, cosa que le causaba profunda nostalgia.
Pero ese pensamiento no fue el único que la entristeció, pues a lo lejos, vio a una pareja de enamorados besándose apasionadamente, mientras se escondían debajo bajo la protección de un muro.
Ver esa escena la llenó de profunda melancolía, y aunque le costaba reconocerlo, de envidia, pues ella también deseaba ser besada de esa manera por el hombre que amaba.
¿Cuándo fue la última vez que se sintió amada y deseada de esa manera? ¿Qué se sintió protegida en los brazos de su príncipe, quien la cuidaba con verdadera devoción y vehemencia?
Es cierto que cuando fue a cuidarlo de su enfermedad, se deleitó con sus besos y compañía, pero debido a su delicado estado, no pudieron demostrarse, de manera más intensa, el inmenso amor que latía dentro de sus desesperados corazones.
Vio como la pareja, luego de terminar con su pasional acto, se retiraban tomados de la mano de su escondite, mientras se lanzaban amorosas miradas el uno al otro.
Una furtiva lágrima rodó por los ojos de la princesa, la cual rápidamente se limpió para evitar que alguien la vea, luego, esforzándose por dejar sus tristezas de lado, se despidió de los felinos, y regresó al templo de las sombras para descansar.
Cuando la joven pasó por una de las salas del templo, a lo lejos vio a Impa conversando con Azael. Iba a acercarse a saludarlos, pero luego notó la tensa atmosfera que estaba rodeando a la pareja, quienes discutían con marcada dureza en sus rostros.
Luego de que la discusión terminó, vio saliendo al joven con semblante perturbado del sitio, mientras que la sheikah, se sentó en uno de los muebles, demostrando el mismo malestar.
Sheik decidió dejar de lado su alter ego y regresar a su verdadera forma, pues deseaba hablar con su aya para conocer las razones de su malestar.
- ¿Qué sucedió, Impa? ¿Por qué discutías con Azael? – preguntó, preocupada.
- Tonterías, princesa. Incoherencias que se le han metido a la cabeza. No vale la pena que la haga perder el tiempo escuchándolas. – respondió, demostrando desinterés.
- El amor no es ninguna pérdida de tiempo. – decretó con firmeza.
La sheikah se sorprendió ante la afirmación de la princesa, pero no mostró ápice de estremecimiento para no ponerse en evidencia ante ella.
- No entiendo, ¿qué tiene que ver el amor en todo esto?
- Podrás engañar a los demás, pero a ti misma, no. Sabes muy bien que tú compartes los mismos sentimientos que Azael. Ustedes se aman. – contestó con una sonrisa.
- ¿¡Qué!? Con todo respeto, usted ha perdido el sano juicio, yo no estoy enamorada de Azael. Lo que sucede es que él se ha encaprichado conmigo debido a que en nuestra adolescencia tuvimos una relación sin importancia, cosas de chiquillos inmaduros. – contestó la sheikah, indignada.
- Pues la historia que yo conozco es diferente. Sé que ustedes se iban a casar y que por influencia de tu abuela abandonaste esa idea.
- ¿Cómo es posible que usted sepa eso? Él se lo dijo, ¿verdad? ¡Cómo pudo atreverse a hacerlo! – respondió, enfurecida.
- ¡Cálmate! Es cierto que él me lo dijo, pero me lo contó en un momento de tristeza y desesperación.
La dejo verdaderamente sorprendida al haber revelado un secreto que solo ella y Azael conocían, sin embargo, sabía que la princesa no usaría eso en su contra.
- Yo tengo un deber por el que vine a este mundo, debo seguir con lo que las Diosas destinaron…que usted, como portadora de alma de Hylia, me encomendó. En esta época no es la excepción, por eso debo continuar con lo que me corresponde. – afirmó con vehemencia.
- Pero, Impa…
- Yo no nací para el amor, princesa. En ninguna de mis vidas anteriores me casé ni tuve familia. El destino debe seguir escrito como siempre.
- Es cierto que el destino de una persona ya está escrito, pero depende de uno cambiarlo si así lo desea. Quiero informarte, que a partir de este momento, estás relegada de lo que te encomendé en mi primera vida.
- ¡Princesa!
- Ya no vivimos en la época en donde ni si quiera se pensaron en los orígenes de Hyrule, ahora todo es diferente. Me parece muy bien que cumplas con la misión que se te ha encomendado, pero, ¿la misión que tienes contigo misma, con tu corazón, no vale la pena?
- Yo…
- Antes, por varias razones, el amor no significaba nada para mí, creía que podía vivir sin el mismo tranquilamente…pero en el momento que conocí a Link y empecé a enamorarme de él, me di cuenta lo vacía que estuve cuando me enroscaba en esa absurda idea. No quiero que eso te pase, aprovecha que tú si tienes cerca a la persona que amas, no como yo, que vivo con el alma en un hilo, pensando que mi esposo está al borde de la muerte. – contó apasionadamente la princesa.
Los ojos de la princesa se humedecieron de manera tenue con sus últimas palabras, causando que el frio corazón de la sheikah, por primera vez se estremezca.
Sus apalabras habían calado en lo más profundo de su alma, pues no solo era una joven enamorada la que se las decía, sino la portadora del alma de Hylia, a la que juró servir desde siempre.
La tarde en el dominio había transcurrido de manera ajetreada. Link tuvo que presentarse una y otra ver a los zoras, quienes se arremolinaban alrededor de él para poder saludarlo, observarlo más de cerca o preguntarle cosas de su origen, detalles que por razones obvias se guardó, pues no quería que nadie sepa que él era un príncipe.
Al llegar la noche, la reina organizó una cena en honor al recién llegado héroe. Ella y sus hijos, se encontraban sentados en la mesa esperando a que les sirvan la comida.
Luego de unos momentos, los sirvientes trajeron la primera comida que estaba conformada por una ensalada de algas. Por un lado, el príncipe se sintió aliviado de ver que no le sirvieron cosas extrañas, como rocas, igual que le ocurrió con los gorons, pero por otro lado, rogaba a las Diosas que las hierbas no sepan mal.
Cuando la reina pidió a todos que coman, Link tomó los cubiertos del extremo para la ensalada, acción que sorprendió mucho a la noble mujer, pues un joven tan sencillo no hubiera tenido esos modales. En ese momento, decidió hacerle algunas preguntas.
- Link, cuéntame, ¿de dónde eres?
- Soy de Ordon. – respondió con cortesía.
- ¿Ordon? Tengo entendido que en la época de mis antepasados era un pueblo, ahora es un gran reino.
- Si, así es…
- Y dime, ¿con quién te criaste?
- Yo…bueno, me crié con mis padres.
- Ya veo, imagino que se han de sentir sumamente tristes con tu ausencia y tú los has de extrañar mucho.
- Sí, claro que los extraño. – respondió, nostálgico.
El joven, apenado al pensar en sus padres, tomó la copa de agua y empezó a beberla, sin saber que la siguiente pregunta de la reina, lo pondría entre la espada y la pared.
- ¿A que se dedican tus padres, Link?
Sin poder evitarlo, tosió un poco debido a los nervios que le causó la pregunta. Debía pensar una respuesta estratégica y creíble rápidamente, pues de ninguna manera quería confesar que sus padres eran los duques de Ordon.
- Bueno, mi madre es…maestra de escuela…si, eso. Contestó, con sonrisa fingida.
- Interesante, ¿y tu padre? – preguntó, con algo de dudas.
- ¿Mi padre…? Él es soldado en el palacio de Ordon.
- Ya veo…
Luego de que terminaron la ensalada, los sirvientes trajeron el siguiente plato, que estaba conformada por un pescado rojizo con algunas especias.
- Este es un pez que solo se encuentra en nuestros dominios, se llama Barbo oloroso. Al pescarlo, el aroma que emana no es muy agradable, sin embargo cuando es cocinado, adquiere un buen sabor. Espero sea de tu agrado. – explicó la reina.
- Muchas gracias por toda su gentileza, han sido todos muy amables conmigo. – respondió Link, con cordialidad.
- Querido Link, después de cenar quiero que me acompañes a un sitio, hay algo muy importante que debo decirte. – dijo la princesa.
- Claro, Ruto, será como tú digas.
La cena continuó de manera tranquila para todos. Link tenía una enorme curiosidad de saber lo que Ruto tenía que decirle, sin imaginarse que esto lo pondría en un enorme apuro…
Cuando la cena terminó, la princesa llevó a Link a un lugar muy especial.
Juntos, llegaron a una capilla muy parecida a las anteriores que había visitado, donde había una estatua de las tres Diosas sosteniendo la Trifuerza, y en medio de estas, una peculiar joya azulada dividida en tres con filos dorados.
El joven observó dicha reliquia con sumo interés, no entendía porque precisamente esta le llamaba la atención, y al mismo tiempo, le producía nervios…muchos nervios que le hacían sentir enormes deseos de salir corriendo como un desequilibrado.
- Veo que te ha llamado mucho la atención esa piedra, ¿verdad?
La princesa había rodeado la espalda del joven con sus brazos, causando que este se incomode con tan atrevido acercamiento. Despacio, le retiró las manos y se alejó de ella hasta ponérsele al frente, pues quería saber a qué se refería con su pregunta.
- Si estaba observando esa piedra, ¿por qué? – preguntó confundido.
La joven soltó una ligera carcajada, luego, se acercó a la estatua y tomó la piedra con sus manos.
- Link, esta piedra tuvo un gran significado para mi raza, o más bien, para un antepasado mío. Ustedes, los hombres hylians, tienen la costumbre de darle un anillo de compromiso a sus enamoradas para pedirles matrimonio, en nuestro caso, las mujeres entregamos alguna joya especial a nuestro amado.
La corta explicación de la joven, había puesto sumamente nervioso al príncipe, pero mostró semblante serio, mientras esta seguía con su relato.
- Bueno, esta piedra se la dio mi antepasado a un niño que la necesitaba para conseguir algo sumamente importante, pero con la condición que, una vez que los dos crezcan, se casarían y estarían juntos para siempre. Él no dudo en aceptarla, y a pesar que muchos dicen que lo hizo por sus intereses, yo creo lo contrario. Por varias razones no pudieron cumplir con su promesa de amor, pero ahora…las cosas serán completamente distintas…
Cuando la princesa terminó su relato, el rostro de Link estaba completamente pálido. A su mente habían llegado los recuerdos de esos sucesos, en los que una pequeña zora le entregaba esa valiosa joya, a cambio de una promesa de matrimonio.
- No… puede… ser… - balbuceó el joven, con pánico.
- Link… esta vez tendrás que cumplir con tu promesa. Si las Diosas te trajeron a mí, es porque desean que el destino se cumpla. Vas a casarte conmigo. – decretó con suma seguridad.
Los nervios habían invadido el valeroso espíritu del héroe, ahora entendía porque se sintió nervioso cuando vio a la princesa por primera vez. En su anterior vida, le había prometido matrimonio, pero eso solo lo hizo para conseguir la piedra espiritual, que le serviría para conseguir la espada maestra.
- Ya recordaste, ¿cierto? – preguntó, con voz seductora.
- Si, Ruto, ya me acordé de ciertas cosas. Pero yo no puedo cumplirte esa promesa. – respondió con firmeza.
- ¿Qué? ¿Por qué no puedes cumplirla? – preguntó, extrañada.
- Porque yo soy un hombre…
- ¡Eres un hombre serio! ¡Claro, qué tonta soy! Este ambiente es demasiado informal para que me pidas matrimonio. Mañana, organizaré un desayuno para los dos solos en mi jardín. Será el momento propicio para que lo hagas. – dijo, desbordando emoción.
- ¡No entiendes! ¡Yo no puedo aceptar eso!
- No seas modesto, de eso me encargaré yo, además ahí te entregaré algo muy importante.
- ¿Ah?
- Es una reliquia que mi difunto padre preparó para tu llegada, con ella podrás sumergirte en las más congeladas de las aguas, pues, tengo entendido que estás buscando la legendaria llama sagrada de esta región.
- Si la estoy buscando, pero…
- ¡Acepto!
- ¡Perfecto! Entonces, iré a dormir para mañana amanecer radiante para ti, mi amor. Hasta mañana. – se despidió la princesa.
- ¡Espera, yo no dije eso! En serio no se quien…
La joven se retiró de la capilla brincando de la felicidad al saber que mañana anunciaría su compromiso, mientras que Link, estaba completamente enfurecido, pues sabía perfectamente quien se había atrevido a responder haciéndose pasar por él.
- ¡Midna! ¡Sal de mi sombra en este momento! – exigió, irascible.
La twili, salió de la sombra del héroe para enfrentarlo. No pudo evitar reírse al ver el enfurecido semblante que mostraba. Navi, quien se había pasado escondida, también salió para presenciar lo que estaba ocurriendo.
- ¡Sé que fuiste tú la que aceptó por mí la invitación de Ruto! ¿¡Cómo te atreves!? – cuestionó, indignado.
- Forzar mi delicada voz para que parezca más masculina fue muy difícil, pero al menos fue creíble, pues la chica se fue sumamente contenta.
- ¡Yo no quería aceptar, Midna! ¡Sabes que yo soy un hombre casado y no quiero darle a Ruto falsas ilusiones!
- Solo vas a desayunar con ella, no vas a besarla ni algo peor. Además lo hice porque ella te va a dar el objeto para que puedas nadar sin ahogarte o morir congelado.
- Pero, Midna…
- ¡Aprende a ser estratega! ¡Esa mocosa engreída te servirá como instrumento, nada más! Es más, yo misma me comprometo a no permitir que quiera portarse contigo indebidamente, o en caso contrario, que tú quieras pasarte de listo, pues si hay algo que me desagrada mucho, es ver a un hombre sinvergüenza siéndole infiel a su esposa.
- ¡Ahórrate tus amenazas! ¡Jamás le faltaría a Zelda de esa manera!
El príncipe se sentía sumamente molesto, pero luego, reflexionó un poco las palabras de la twili. Solo era un simple desayuno, en el mismo se encargaría de explicarle a la princesa zora que era casado, y que, por favor, le entregue la preciada reliquia de su padre. Nada más.
- Está bien, aceptaré tener esa reunión con ella. – aceptó, resignado.
- ¡Perfecto! Me alegra que por primera vez en tu vida me hagas caso. Tranquilo, verás que la muchacha entenderá y no te presionará con esa dichosa promesa.
- Ojalá que eso ocurra… - dijo, preocupado.
- Link, por mi parte te pido disculpas. Cuando escuché hablar a la princesa Ruto, me acordé con detalle de esa "promesa". Es cierto, tú le juraste matrimonio, pero solo para que te entregue la piedra espiritual. En ese entonces eras un niño, no entendías a ciencia cierta lo que significaba estar casados, ni nada relacionado.
- Ya, ya, comprendo. No te preocupes, Navi. Mejor sugiero que vayamos a descansar a la habitación que me asignaron. Tengo que prepararme mentalmente para mañana. – respondió, ofuscado.
El joven se acercó a los portones de la capilla para abrirlos, y una vez que lo hizo, se encontró con el príncipe Ralis.
- Link, ¿te sientes bien? Espero que mi hermana no te haya molestado con sus tonterías. – preguntó, preocupado.
- No…no te preocupes, no ha pasado nada de eso. – mintió, para no dar explicaciones.
- Bueno, el motivo por el que vine a buscarte, fue porque quería darte esto.
Ralis le entregó a link una caña de pescar, la cual estaba unida a un anzuelo muy especial, diferente a los que el príncipe conocía.
- Ya que pronto continuarás con tu viaje, esto te servirá, pues con ella lograrás pescar en las heladas tierras del Pico Nevado, además, ahí también habita el Barbo que comimos en la cena, y como sé que te agradó, podrás comerlo. – informó el príncipe Ralis, con una sonrisa.
- No es necesario que te molestes, en serio. – pidió Link, avergonzado.
- No es molestia, me has caído muy bien y por eso quise dártela. El anzuelo al que viene unida es muy especial, está hecho de un coral que se forma en pocas rocas de nuestro dominio, esto te servirá para pescar con más facilidad.
- Muchas gracias, Ralis, la conservaré con mucho aprecio.
- Te acompaño hasta la puerta de tus aposentos, espero que duermas bien
- Una vez más, gracias.
Los dos príncipes se retiraron de la capilla, mientras conversaban de temas triviales relacionados al dominio.
La larga conversación que tuvo con Impa, no causó el efecto que ella deseaba, sin embargo, supo que el haberla liberado de la responsabilidad que le había puesto en el pasado, la iba a hacer, por lo menos, reflexionar y aceptar que muy aparte de una servidora de la familia real, era una joven mujer.
Caminando pausadamente, la princesa empezó a despojarse de la ropa que la cubría para adentrarse a la bañera que la estaba aguardando.
En el momento en que su cuerpo sintió el agua tibia y con sus manos se aplicó los perfumados aceites sobre el mismo, se relajó instantáneamente, y sin poder evitarlo, su mente viajó, una vez más, a situaciones agradables junto a su amado.
Solo su hombre era capaz de convertir tan simple actividad, en algo sublime y placentero, pues su cuerpo, siendo rozado por sus fervientes besos y caricias, la hacía en desfallecer, hasta el punto de poner su mente en blanco y no pensar en nada más que ser tomada con fiereza por él y saciar esa sed de amor y pasión que la estaba consumiendo…
…pero lamentablemente, tuvo que regresar a su triste y solitaria existencia, donde su única compañía eran las lágrimas que se escapaban de su lastimada alma todas las malditas noches, donde lo único que la cubría del frio era la inerte sabana, que a pesar de su suavidad, era áspera en comparación al cuerpo de su amado, quien la acogía con sus amorosos brazos hasta caer dormida debido a la calidez de los mismos.
Rápidamente, se enjuagó la piel para salir de una vez de la bañera y secarse para ponerse su ropa de dormir.
Al salir del baño, se cepilló sus cobrizos cabellos frente al espejo y se acostó en la cama sin poder controlar la salida de sus lágrimas, las cuales salían desorbitadamente de sus ojos, debido a al dolor que destrozaba su corazón.
No podía articular palabra, por más que su mente gritaba todas las frustraciones que tenía, simplemente de su boca salían pequeños jadeos debido a los espasmos de su pecho.
Estuvo en ese lastimero estado, hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y el sueño le fue ganando, sin imaginarse que en los entresijos del mismo la aguardaba algo sumamente bizarro…
…
Lentamente abro mis ojos y me doy cuenta que ya no me encuentro en la comodidad de mi lecho, ahora me he transportado a un bosque lleno de las más hermosas y perfumadas rosas, específicamente rojas, que son mis favoritas.
Decido borrar de mi mente cualquier consideración social y me lanzo encima de ellas, como si fuera una niña pequeña, para deleitarme con su aroma. ¡Hace tiempo que no me sentía así de libre! ¡Es tan maravilloso!
Cuando me levanto para seguir observando tan fascinante paisaje, me doy cuenta que frente a mí se encuentra una persona…la que desde hace tiempo he estado esperando, y la única que es capaz de sacarme una sonrisa en mis más amargos momentos.
- ¡Link!
Sin perder más tiempo, ambos corremos a nuestro anhelado encuentro, mientras empiezo a llorar de la felicidad al saber que por fin puedo verlo, abrazarlo y besarlo…los días de soledad se han esfumado de mi vida.
Nuestros labios se unieron instantáneamente cuando nuestros brazos se rodearon, mientras que nuestras lágrimas esparcidas por nuestras mejillas, se entremezclaban las unas con las otras.
Cuanto regocijo siento en mi corazón al saberme en el lugar en donde pertenezco, junto a mi amado, junto al alma que desde tiempos inmemoriales ha estado enlazada con la mía.
Cuando la falta de aire se hace presente en nuestros agitados cuerpos, nos separamos para encontrarnos con nuestras zarcas miradas, las cuales siguen húmedas debido a las emociones que sentimos debido a nuestro acercamiento.
No tengo palabras, simplemente no puedo hablar debido a la felicidad de estar con él. En su dulce mirada puedo observar lo mismo y en ese momento me dispongo a volver a unir mis labios con los suyos.
Pero inexplicablemente, ocurrió algo inesperado, puedo ver como su semblante tan puro y tranquilo se convierte en uno perturbado, me separa bruscamente de su lado, mientras con las manos se agarra la cabeza, demostrando que está pasando por un insoportable dolor.
- ¡Link! Mi amor, ¿qué te pasa? – pregunté, preocupada.
- No te acerques…no lo hagas.
Muy a mi pesar, no puedo acercármele, pues mi cuerpo se ha inmovilizado completamente y toda la paz interior que sentía en el fondo de mi alma, ha sido reemplazada por un angustia y terror indescriptibles.
Empiezo a llorar desconsoladamente al no entender lo que está sucediendo, pero el pánico se apodera de mí al ver que una sombra aparece detrás de mi amado, y poco a poco esta va tomando una forma más definida.
Ojos negros, cabellos blancos y piel metalizada se hacen presentes en ese momento, causando que mi cuerpo se entumezca del terror al ver a semejante criatura detrás de mi esposo.
Se deleita mirándome aterrada, se relame sus labios debido al placer de verme a merced de su sombra, y lanza una sonora carcajada que me ensordece debido a su potencia.
En sus manos aparece una larga y filuda espada, la cual ubica en el cuello del hombre que amo, quien está completamente inmóvil, como si se tratara de un títere listo para ser usado.
Cuando la sangre empieza a salir, una penetrante carcajada se vuelve a escuchar en el ambiente, mientras que en mis adentros vocifero como una condenada al ver cómo me arrebatan lo que más amo, sin poder hacer nada para evitarlo.
Lentamente percibo como mi alma se apaga, sintiendo esa sensación como un delicioso tormento, pues si no puedo estar junto a él…la muerte es un consuelo muy tentador para mí…
…
- ¡No! ¡No, Link! ¡Suéltalo!
Gritando y llorando descontroladamente, se despertó la princesa de la turbia pesadilla que la estaba torturando.
Ver a su amado morir frente sus ojos fue sumamente perturbador y doloroso para ella, pero lo que más la impactó, fue ver al causante de lo mismo.
- Yo…yo a él lo conozco. Maldito…mil veces maldito… - dijo, con profundo odio.
Intentó calmar a su acelerado corazón, diciéndose a sí misma que solo se trató de una horrible pesadilla, sin embargo, la preocupación por la vida de su amado la mortificaba…
- Nada malo va a pasarte…nada malo, mi amor.
Luego de su decreto, trató de conciliar el sueño, pues al amanecer había decidido adelantar un poco una de sus más importantes misiones…
Un sirviente fue el encargado de guiar al joven héroe hasta los jardines de la princesa Ruto.
Una vez que llegaron, el sirviente se despidió y Link entró al jardín. Vio en el centro de mismo una hermosa mesa decorada para dos y sentada en una de las sillas a la princesa, quien se puso de pie, emocionándose enormemente al ver la llegada de su invitado.
- Bienvenido seas, querido. – saludó seductoramente.
- Buenos días, Ruto.
- Por favor, siéntate para poder conversar más cómodamente.
Los dos se sentaron en la mesa y empezaron a comer. El príncipe casi ni probó bocado debido a los nervios de la situación, pues tenía que acabar con la farsa que la princesa estaba imaginándose.
Escondida entre las sombras de los arboles acuosos del dominio, estaba Zelda, bajo su alter ego, observando un curioso panorama. Vio que su príncipe entraba al jardín perteneciente a la princesa Ruto y se sentaba con ella en una decorada mesa.
- ¿Un desayuno para los dos? ¿Solos? Pero, ¿¡Por qué están solos!? – preguntó, alarmada.
La joven siguió analizando la situación y los observó comer juntos. A su esposo lo veía serio, no mostraba ápice de interés en la princesa, quien miraba al joven con extremo interés…demasiado interés.
- ¿Por qué lo mira así? ¿Acaso le gusta? ¿Link gustará de ella?
La rabia y los celos la estaban carcomiendo, ver a su esposo ser observado de manera tan inapropiada, por otra mujer, la desquiciaba internamente. Pero no podía sacar más conclusiones, tenía que seguir analizando detenidamente la situación.
Link ya no soportó la incomodidad de ser observado intensamente por la princesa, así que en ese momento, decidió acabar con todo mal entendido.
- Ruto, no quiero alargar este asunto, yo pronto tendré que seguir con mi viaje, y necesito tu ayuda para poder lograrlo.
- Lo sé, mi amor. Por eso pienso darte la reliquia que te ayudará a conseguir la siguiente llama sagrada.
- Te agradezco mucho por tu ayuda, pero te voy a pedir, que por favor, no me digas mi amor. – pidió, con seriedad.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Por qué no me agrada, pues yo soy….
- Entiendo, eres demasiado formal y no puedes tratarme de igual manera si no hemos dado ese paso.
- ¿Paso? ¿Qué paso? Creo que no me has entendido, lo que intento decir es que…
La princesa se puso de pie y empezó a acercarse a Link. Este se levantó de la silla sintiéndose horriblemente ansioso debido a la mirada y acercamiento de la joven…
No pudo discriminar si lo que escuchó fue una alucinación producto de los celos, o fue tan real como los mismos. ¿Acaso esa mujer le había dicho a su esposo, "mi amor"? ¿Se había atrevido a hablarle usando un término, que solo ella, y nadie más que ella, tenía derecho a emplear?
- ¿¡Cómo se atreve a decirle, "mi amor"!? ¡Es una descarada! ¿Acaso no respeta que es un hombre casado? – preguntó enfurecida.
- Tienes toda la razón, Zel…, digo Sheik. Yo de ti no lo permito.
Sobresaltada, la joven se dio cuenta que al lado de ella se encontraba Midna, quien estaba muy relajada y divertida observando la situación en la que se encontraba Link.
- ¡Midna! ¿Cómo supiste que estaba escondida aquí? – preguntó, impactada.
- ¡Por favor! ¡El truco de camuflarse entre las sombras es tan viejo y sencillo! Mi hijo lo hace siempre para esconderse de mi cuando no quiere tomar un baño. – recordó, de manera burlona.
- ¡Deja de burlarte de mí! ¿Qué haces aquí?
- Al igual que tú, observo todo lo que está ocurriendo ahí abajo. ¿Cómo es posible que esa mujer quiera intentar tener algo con Link? Te entiendo, yo también estaría tan o más celosa que tú. – dijo, con toda la intención de provocar cizaña.
- ¡Yo no estoy celosa! Simplemente, estoy sorprendida de ver el descaro de esa…princesa. – mintió, para no ponerse en evidencia.
- ¿No estás celosa? Bueno, si tú lo dices… ¡Oh mira, se ha puesto de pie y se está acercando a Link!
- ¿¡Qué!?
La joven observó como la princesa Ruto se acercaba a su esposo, al parecer tenia claras intenciones de hacer algo indebido con él…algo que sus ojos no tolerarían de ver jamás.
- Intentará besarlo. Yo de ti termino con esta situación en este momento, Zelda. Una vez le di un pequeño escarmiento a una mujercita que intentó acercarse a mi esposo, pensando que yo no la veía. ¡Ja! La pobre no tenía idea a qué clase de bruja estaba desafiando. – recordó, riéndose.
- ¡No pienso hacer nada de eso! ¡Mi deber moral es comportarme a la altura! – afirmó Zelda.
La princesa estaba decidida a no hacer ningún escándalo, pero sus ojos se sobresaltaron al ver como la zora, arrinconaba a su esposo en una de las paredes…
El retroceso del príncipe, había causado que se choque con una de las paredes del jardín, estaba nervioso al no estar seguro de las intenciones que Ruto tenía para con él.
- Regresemos a la mesa a seguir conversando, por favor. – pidió, tratando de hablar con educación.
- No seas tímido, sé que lo deseas tanto como… ¡Auch!
De repente, Ruto sintió una ligera punzada de dolor en su brazo derecho, no entendía la procedencia del mismo.
- ¿Qué te ocurrió? – preguntó Link.
- No sé, de repente sentí como una… ¡Auch!
Una nueva punzada volvió a molestar a la princesa, mientras que Link estaba sorprendido con lo que le estaba ocurriendo…
Las carcajadas de la twili se escucharon de manera sonora entre las sombras en las que se encontraba escondida, mientras que la joven a su lado, tenía su poderosa lira en las manos.
Las punzadas que había sentido la princesa Ruto, fueron causadas por el instrumento de cuerdas, o más bien, por quien las estaba manipulando.
- Vaya, no creí que los celos doblegarían a la seria e inquebrantable princesa Zelda. ¡Si qué me has dado una sorpresa!
La joven seguía enmudecida sosteniendo su lira, no creyó que los celos la obligarían a actuar así.
- ¡Por las Diosas! ¿¡Qué me pasó!? ¡Nunca antes me había dejado llevar por mis emociones de esta manera, y mucho menos por lo celos! Pero…pero… ¡Ella se lo buscó! ¡Se ve que Link quiere alejarla y no lo deja en paz! Además, solo fueron unos ligeros ataques, no le manifesté mi verdadero poder. – pensó, completamente encolerizada.
La vergüenza carcomía el orgullo de la joven al haberse sabido presa de sus propias emociones. Los celos la cegaron tanto, que utilizó una parcialidad de sus poderes para desquitarse de los atrevimientos de la zora…
Las punzadas en el brazo de la princesa, al parecer habían finalizado, así que se disponía a retomar lo que estaba haciendo.
- ¿Te sientes bien? – preguntó Link.
- Ya me siento mejor…me encanta que te preocupes. – contestó, obnubilada observando al héroe.
Rápidamente, la joven se abalanzó a Link y lo agarró del rostro, estaba dispuesta a consumar sus deseos de una buena vez.
- Con este beso, sellaremos el compromiso que nos une, luego, anunciaremos a todos que nos...
- ¡No, Ruto! ¡No! – vociferó, enfurecido.
La sonora y fuerte voz del joven, más el agarre que este empleó para separarla, la sacó de su ensimismamiento. Se sorprendió de ver que la tranquilidad que mostraba Link, se había esfumado.
- Link, ¿qué te pasa? – preguntó, preocupada.
- ¿A mí? ¿Qué te pasa a ti?
- Solo quiero que nos demostremos nuestro amor, por la promesa que nos hicimos antes.
- Por favor, Ruto, eso ya fue hace siglos y ni si quiera lo recuerdo bien.
- No importa que no lo recuerdes, lo que importa es que estés aquí y cumplas con lo que prometiste, casarte conmigo.
- ¡Yo no puedo casarme contigo, eso es imposible!
- ¿Por qué es imposible? No entiendo. – preguntó con firmeza.
- ¡Porque estoy casado! ¡Amo a otra mujer! – afirmó el héroe, con vehemencia.
Un duro golpe contra la realidad zarandeó a la princesa ante la confesión del joven. Le costaba creerlo, no podía ser verdad.
- ¡Mientes! ¡Tú no eres casado! – afirmó, enfurecida.
El joven, dispuesto a garantizar sus palabras, le mostró su alianza de oro a la princesa, quien se impactó al verla colocada en su dedo.
- Si soy casado y estoy muy enamorado de la que es mi esposa. Todo este viaje que estoy realizando es por ella, para traerla de regreso conmigo.
- Un matrimonio donde la pareja no está junta no puede ser verdadero. ¿Acaso crees que ella no aprovecha tu ausencia? ¿Qué no ha conocido otro hombre y te ha olvidado?
- ¡Guarda silencio! No te permito que calumnies a Zelda de esa manera. Ella sería incapaz de traicionarme de la misma manera que yo no lo haría. Ella me está esperando, de eso no tengo duda. – espetó, enfurecido por las palabras de Ruto.
- Eres un mentiroso, no sé porque demostraste atracción hacia mí si eres un hombre comprometido. ¡Eres un sin vergüenza! – reclamó, al borde de las lágrimas.
- ¿Sin vergüenza? Yo no hice absolutamente nada para demostrarte algún interés, solo traté de ser amable y tu mal interpretaste todo por ese capricho del pasado.
- ¡Eres un idiota! ¡Jugaste con mis sentimientos! – exclamó Ruto, llorando desconsoladamente.
- ¡No es cierto! Por favor, te pido que dejemos ese tema de lado y me ayudes en lo que necesito. Dame la reliquia que me permitirá llegar a la siguiente llama.
- ¡Solo te la daré si te casas conmigo! ¡A mí me cumples, Link, o no te daré nada!
Antes le había tocado tratar con mujeres caprichosas y engreídas, pero nunca antes a alguien como a Ruto, pero de ninguna manera se convertirá en el objeto de su chantaje, eso sí que no.
- Está bien, tú has querido que las cosas ocurran así. – dijo Link, con seriedad.
- ¿Es serio? Eso quiere decir que…
- Eso quiere decir, que no tengo porque estar ni un minuto más aquí. Si no quieres ayudarme, no lo hagas, yo buscaré la manera de llegar a mi destino por mis propios medios.
- Link…
- ¡No pienso dejar que me chantajees de tan baja manera por tus caprichos sin fundamento! Yo no puedo, ni quiero casarme contigo porque ya pertenezco a otra mujer y no pienso arriesgar eso por nada del mundo. – afirmó, con ímpetu.
- Pero…
- Voy a alistarme para irme de aquí y a despedirme de tu madre y hermano, que a diferencia tuya, se han sabido comportar a la altura.
Enfurecido, el joven se retiró de los jardines a preparar su retirada del palacio, dejando a la princesa Ruto completamente frustrada con su rechazo.
Luego de unos minutos, ella se decidió a salir también de su jardín, pero al abrir la puerta, se encontró con la fiera mirada de su madre.
- Mamá…
- En este momento me vas a escuchar, no pienso tolerar ni un minuto más tu indebido comportamiento…
Zelda estaba completamente sorprendida y conmovida al haber visto el comportamiento de su esposo, al encarar a la princesa Ruto. Le encantó la firmeza con la que defendió su amor por ella, aun a costa de continuar con su importante misión.
- Vaya, una vez más este niño me ha sorprendido. Que fiereza para defender el amor que siente por ti…que increíble. – dijo la twili, admirada.
La joven seguía enmudecida, mientras sus ojos se humedecían ligeramente. Se sentía sumamente orgullosa y feliz de ver el hombre con el que se había casado, como la defendía y como gritaba con seguridad el amor que sentía por ella.
Una vez más, se dio cuenta que haberse enamorado fue lo mejor que pudo haberle pasado en la vida…
Luego de una hora de haber alistado todo, Link se dirigió, junto con sus compañeras, a despedirse de la reina y a agradecerle por su hospitalidad.
No tenía idea que camino debía tomar para llegar al barco en donde estaba sumergida la llama sagrada, pero como sea, lo iba a encontrar y nadie iba a detener su camino.
Navi y Midna notaron lo molesto que el joven se encontraba, y no era para menos después del incomodo momento que le tocó pasar al lado de la princesa, pero decidieron mantenerse al margen de lo mismo, escondidas cada una en donde les correspondía.
Ya cuando Link llegó al jardín perteneciente a la reina, se acercó a ella para despedirse.
- Reina Rutela…
- Link, que bueno verte. – dijo, sonriente.
- He venido aquí para despedirme, es momento de continuar con mi viaje.
- ¿Cómo piensas irte sin la debida protección?
- Bueno, yo…
- No tienes por qué explicarme nada, sé muy bien lo que pasó con mi hija.
- Mi señora, yo lamento no poder cumplir con ella, pero eso me es imposible, porque yo…
- Porque tu corazón le pertenece a otra mujer, ¿cierto?
- Así es…
- He hablado con Ruto del asunto y en estos momentos tiene algo que decirte.
- De verdad, no es necesario que…
Sus palabras se vieron interrumpidas con la llegada de la princesa Ruto, en ese momento se puso serio, pensando que madre e hija se habían puesto en su contra.
- Ruto...
- Link, no puedes irte sin antes de que me escuches. – dijo, apenada.
- Creo que las cosas quedaron claras cuando hablamos, yo…
- Quiero pedirte disculpas por mi indebido comportamiento, no debí haberte chantajeado por un simple capricho. Una vez que te fuiste, mi madre me hizo entrar en razón. De verdad, me siento tan avergonzada por mi manera de actuar, y para demostrarte mi arrepentimiento, te entregaré la sagrada reliquia que mi padre preparó para tu llegada.
La joven zora mostró en sus manos la reliquia que, desde que murió su padre, había estado guardando. Era una armadura azulada conformada por varias escamas plomizas y unas botas palmeadas; poseía un casco de oro macizo, que en su interior portaba una pañoleta añil.
- Esta es la armadura zora, la confeccionó mi padre en vida, pues él, inexplicablemente, siempre predijo que tu llegada sería en esta época.
- Este traje es muy poderoso, Link, no solamente te permitirá respirar y ver bajo el agua, sino que también te permitirá aguantar las más bajas temperaturas. En este caso, podrás sumergirte con ella en el agua helada sin problemas.
El joven estaba sorprendido con la actuación de la princesa, con ese gesto, pudo ver verdadero arrepentimiento en sus ojos.
- Muchas gracias, Ruto, gracias a ti podré seguir con mi camino. Ya todos los malos entendidos han quedado atrás. No te preocupes. – aseguró, con voz tranquilizadora.
- Gracias por haber olvidado todo, Link. – contestó, calmada.
El príncipe Ralis había llegado para unirse a la conversación, pues le llamó la atención verlos a todos reunidos.
- ¿Por qué están todos reunidos?
- Hijo mío, Link en estos momentos se irá al Pico Nevado a continuar con su misión. – respondió Rutela.
- Ya veo, que lástima que se irá. – dijo, apenado.
- No te entristezcas, pues ahora que somos libres del encierro, podrán venir a visitarme, como yo a ustedes. – dijo Link.
- Así es, Link. Bueno, permíteme que te escoltemos hacia la entrada al Pico Nevado.
La reina Rutela, se dirigió, junto con todos, hacia una cascada ubicada cerca de su jardín. Colocó su mano en un punto específico de la pared ubicada detrás de la misma y en ese momento se abrió un pasadizo secreto.
- Puedes seguir por este túnel para llegar al Pico Nevado. He de advertirte que el viaje será sumamente cansado, pues el lugar que buscas está muy lejos y te tomará muchos días en llegar hasta ahí. Te recomiendo que te abrigues, pues el frio de esa zona es inmisericorde.
- No se preocupe, en mi alforja tengo todo lo que necesito. – contestó Link.
- Muchas gracias a todos por su hospitalidad. – agradeció el hada.
- No es nada, pequeña. Tengan mucho cuidado, por favor. – dijo la reina.
- Cuídate, Link, espero que la próxima vez que nos veamos, hablemos como buenos amigos. – dijo la princesa.
- Claro que sí, Ruto, así será. Bueno, ahora he de irme, cuídense todos y espero que muy pronto nos reencontremos.
Link se disponía a marcharse, pero antes, le entregó a la reina algo muy importante.
- Reina, cuando se decida a salir de sus dominios, visite al rey de Hyrule. Con este pase de cortesía, la recibirá inmediatamente.
La noble mujer recibió el sobre de Link, y en ese momento esbozó una sonrisa como signo de agradecimiento.
- Reina Rutela, Ruto, Ralis, nos vemos pronto.
- Nos vemos pronto, Link, que las Diosas te acompañen en este nuevo reto. – se despidió la princesa.
El héroe hizo una reverencia y se despidió de la reina y su familia con una sonrisa. Estos lo despidieron de la misma manera, mientras movían sus manos de un lado al otro, hasta que poco a poco fue desapareciendo de la vista de ellos...
- Qué lástima que Link se fue. Espero que no visite pronto.
- Así será, hijo mío. Estoy segura de ello.
- Bueno, iré a nadar un poco para relajarme, las veo luego a las dos.
Cuando el príncipe Ralis se retiró, dejó a la madre y a su hija solas, quienes en ese momento empezaron a conversar.
- Ahora que Link me entregó este sobre, mis dudas sobre él han sido despejadas. Él es el príncipe de Ordon, y por más que quiso ocultarlo no pudo hacerlo, su físico y sus modales lo delataron. – comentó la reina.
- Además, su esposa es la princesa Zelda. – continuó Ruto.
- Como hace siglos atrás, la historia se repite. Espero que las Diosas bendigan cada uno de sus pasos.
- Así será, mamá.
- Vámonos de aquí, hija, no deseo que nadie vea que este escondite ha sido abierto.
Madre e hija empezaron a caminar de regreso al palacio, pero un inesperado grito de impacto de la princesa, detuvo el paso.
- ¡No puede ser!
- ¿Qué ocurre, hija? ¿Por qué gritas de esa manera? – preguntó, alarmada.
- ¡No le dijimos a Link sobre ellos! – exclamó, espantada.
- ¡Cierto! Con todo lo ocurrido olvidamos contarle quienes se encontraban ahí.
- Diosas del cielo, ojalá que le den un buen recibimiento, pues como sabes, ellos tampoco saben nada de nadie desde hace mucho tiempo…
Madre e hija se quedaron sumamente preocupas del terrible error que habían cometido, rogaban al cielo que su olvido no perjudique en absoluto la misión del héroe elegido.
Comentarios finales:
Espero que se hayan divertido leyendo, pues ocurrieron muchas situaciones, tanto graciosas como impactantes.
Como podrán darse cuenta por la última parte, a Link le esperan grandes cosas en la búsqueda de la llama sagrada de Lanayru. En el siguiente capítulo, ocurrirá algo sumamente sorprendente. ¡Se los aseguro!
Le envío saludos cordiales y espero sus reviews.
¡Hasta la próxima! ^^
