Capítulo 37: Eisodos (Visita)
-"¿Quién es?"- El dueño de la cabellera rubia y los recelosos ojos azules se presentaba ante una figura cubierta por una capucha negra.
-"¡Déjame entrar!"- El viento soplaba con fuerza: una tormenta de nieve atacaba Ambarchik desde hacía ya una media hora. –"¡¿Qué no ves que me estoy congelando?!"
-"Si no me quieres decir quien eres, no te dejo pasar y ya."- El rubio sabía, tras escuchar el griego levemente deformado del recién llegado, que se trataba de alguien del Santuario. Aún así, no estaba dispuesto a dejar pasar a cualquiera a aquella casa; ni siquiera si la tormenta se hacía todavía más fuerte. Comenzó a cerrar la puerta.
-"¡Por Donu!"- El extranjero blasfemó y mientras lo hizo, empujó la puerta y entró a la cabaña, empujando también al muchacho que se negaba a recibirlo. Arrojó al suelo una mochila en la que llevaba unas cuantas mudas de ropa.
-"¿Quién te crees que-"
El joven de 13 años calló al ver a su ahora invitado quitarse la gastada tela oscura que lo cubría.
-"No quién me creo, jovencito. Quién soy. Y para todo esto, ¿quién eres tú?"
-"Hyoga, señor."- El rubio agachó su mirada, repentinamente renuente a seguir retando a la persona frente a él. –"Lo lamento. No esperaba-"
-"¡Claro que no! ¡No es como si tuviera que avisarte!"- El invitado comenzó a recorrer la sala de la cabaña mientras murmuraba algo en un idioma que no era totalmente claro para Hyoga. –"¿Y el Ankou?"
-"¿Perdón?"- Las libertades que el intruso se estaba tomando desconcertaban al muchacho. Poca atención le daba a sus palabras en comparación con la que le daba a sus acciones.
-"Eres todavía más bruto de lo que pareces. Camus. Camus de Acuario. ¿En dónde está?"- Repitió su pregunta con algo más que agitación.
-"¿Quién lo busca?"- Una tercera voz se escuchó en la habitación. Hyoga corrió de nuevo hacia la puerta, aún abierta, para encontrarse a Camus acompañado de Isaac, ambos cargando entre sus manos enormes bolsas de papel llenas de las compras que acababan de realizar en el puerto. –"¿Quién es el soez que se atreve a entrar al lugar de descanso de uno de los 12 y, encima, insultar a uno de sus aprendices?"- Sus palabras eran pendencieras, pero sus acciones distaban de serlo. El Santo de Acuario dejó en el suelo, con total tranquilidad, las bolsas de papel. Después sacudió, con pereza, la nieve que había quedado atrapada en su cabello.
-"¿Quién más se atrevería a hacer algo así más que otro de los 12?"- Una sarcástica sonrisa recorrió el rostro del intruso quien, después de dirigirle a Hyoga una mirada victoriosa, caminó dando grandes zancadas hacia Camus.
-"Y no cualquier otro. Solo el más fastidioso."- Agregó el Santo de Acuario mientras recibía al intruso con un fuerte abrazo. –"Milo."
Hyoga e Isaac se sorprendieron tanto al ver el extraño comportamiento de su maestro que ni siquiera pudieron hablar.
-"¿Cuántos años han sido ya, Ankou?"
-"Tres, me parece."
-"¿En serio? Total, si han sido los suficientes como para que ni tú ni yo tengamos la cuenta exacta, quiere decir que han sido bastantes."
-"Disculpe, maestro…"
Ambos Caballeros dirigieron su atención a la intromisión que el aprendiz de ojos verdes les ocasionaba.
-"Lo lamento."- Después de aclararse la garganta, el Santo de Acuario intentó recuperar la compostura. –"Como habrán escuchado este es Milo, el Guardián del Templo del Escorpión Celeste."- Se dirigió a su invitado. –"Estos son Hyoga e Isaac. Ya te he escrito sobre ellos."
-"Claro, claro. El finlandés obstinado y el mitad japonés, mitad ruso y mitad católico."
-"No has cambiado en nada, ¿verdad?"- Abochornado, Camus tomó las bolsas que había dejado en el suelo y le indicó a Isaac que lo ayudara a colocar las cosas en la alacena.
-"Si lo hiciera, el mundo se entristecería demasiado."- Al verse solo con Hyoga, Milo comenzó a examinarlo sin siquiera molestarse en disimular. Sonrió de medio lado cuando sus ojos chocaron con los del joven.
-"¿Y qué hace aquí, señor?"
-"Eres un irrespetuoso. ¿Es que tu maestro no te ha enseñado que es de mala educación cuestionar a un invitado sin antes ofrecerle tu hospitalidad?"
-"Me temo que mi maestro se ocupa en enseñarme cosas más importantes que eso."
-"Oh…"- El Santo de Escorpio dio un paso hacia delante. Su ceja se arqueó divertida al notar cómo el aprendiz de su amigo daba un pequeño paso hacia atrás. Aunque hubiese sido uno muy pequeño. –"¿Te parece? Hallo difícil percibir algo más importante para un Santo que la instrucción de la humanidad."
-"Eso dígaselo a mi maestro. Total, parece que se llevan lo suficientemente bien como para que no lo congele por ello."- Después de decir esto, Hyoga caminó con prisa hacia Camus, dejando a Milo con un sabor a derrota en la boca.
-'Es aún peor que tú, Ankou…'- Caminó hacia una de las ventanas entabladas y se asomó a través de ellas por una pequeña rendija.
Había tenido suerte en haber llegado cuando lo hizo. Si se hubiera tardado unos cuantos minutos más, no hubiese sido tan fácil atravesar la tormenta. Ingenuamente creyó que al llegar a Siberia en verano no tendría tantos problemas con el viento. Sin embargo, por las malas descubrió que el Sol, de algún modo, solo lograba empeorar el clima.
Permaneció varios minutos en aquella posición hasta que el sonido de unos vacilantes pasos lo sacó de su meditación.
-"Señor Milo..."
-'Y dale con el 'señor'.'- Desde hacía unos cuantos meses, Milo notó el por qué de la molestia del Santo de Géminis cada que le decían 'señor'. –"¿Qué pasa, Isaac?"
-"¿Nos quiere acompañar a cenar?"
-'Acompañar a cenar…'- Repitió burlonamente las palabras en su cabeza. –'Parece un jovenzuelo de secundaria invitando a una niña a salir.'
-"¿Señor?"
-'¡Este niño es un hipócrita! Me está invitando como si le interesara mi respuesta, pero la verdad es que no le simpatizo más de lo que le simpatizo a Hyoga. Al menos éste es diplomático.'- Después de suficientes segundos de silencio, finalmente decidió que ya era hora de decir algo. –"Sí, gracias."
Caminó hacia el comedor siendo guiado por Isaac. Una vez ahí, notó que las opciones de cena no eran demasiado amplias: avena tibia y un vaso de leche.
-'Y mi maestro siempre me decía que yo era malo para eso de la cocina. ¿No se le ocurrió una cena más insípida?'
-"Si no te gusta la comida entonces puedes limitarte a tomar algo de la cava."- Camus agregó, casi leyendo la mente del Santo de Escorpio.
-"Sabes bien que tampoco me gusta lo que tienes en la cava."- Como para dar su veredicto final, estiró su mano y tomó un cartón de leche frente a él para luego verter un poco del líquido blanco en un viejo vaso de plástico. Tomó entonces lugar en la mesa redonda que los jóvenes ya compartían.
-"Es hora de tu reseña. ¿Cómo está el Santuario?"
-"Ya no hay nada que merezca ser contado. Tal vez solo que Shaka se ha ido de nuevo a la India."
-"¿Y eso?"
-"No sé. No le pregunté."- Fue su no tan sutil manera de decir que no le interesaba demasiado el destino del Santo de Virgo. –"Hyoga... tú fuiste traído aquí por el señor Kido ¿no es así?"- Hyoga asintió. –"Es igual que con Aquila. Hace 5 años recibió a un oriental como su discípulo."
-"¿Recuerdas su nombre?"- Tal vez emocionado por la idea de reencontrarse con alguno de sus compañeros de juegos, olvidó con quién estaba tratando.
Milo alzó la vista sintiéndose ligeramente ofendido ante el repentino atrevimiento de Hyoga, mas decidió no decir nada al respecto.
-"No."
-"¿Acaso era Seiya?"
Milo hizo un esfuerzo para recordar.
-"Creo que sí. Hace mucho ruido en el Santuario por su nacionalidad. No lo tratan precisamente bien y él es de esos que nunca se quedan callados. Es un enanete imprudente, pero según la Gata Dorada es fuerte."
-"Tuvo razón con la Koree de Aquila, ¿no es así?"- Camus finalmente se sentó a la mesa, ignorando el apelativo con el que Milo se refirió al Santo de Leo.
-"Aye. No esperaba que su pequeña protegida se hiciera la dueña de una Armadura de Plata."
-"¿Y sabe si Seiya ha encontrado a su hermana?"- De nuevo Hyoga. Al menos esta vez procuró sus palabras.
-"¿Hermana? ¿Acaso debería de saber eso?"
-"Seiya aceptó ir a Grecia solo para que le dijeran en dónde estaba su hermana."
-"¿Sabías eso, Camus?"- Milo pronunció su pregunta con un tono de indignación mezclada con sorpresa.
-"Me temo, señor, que al menos dos de los niños enviados por el señor Kido tienen motivos altamente indebidos para convertirse en Caballeros."- Isaac respondió en lugar de su maestro. Camus no se molestó por ello ya que sus palabras no distaban a las que planeaba pronunciar.
-"Ya veo…"
Todos permanecieron en un incómodo silencio por un par de minutos hasta que uno de ellos se hartó de él.
-"Cada quién se aferra a lo que tiene."- Hyoga murmuró. Milo no pudo evitar abrir exageradamente los ojos al escuchar de la boca del joven una frase tan terriblemente similar a la que su maestro le había dicho hacía ya muchos años.
Isaac frunció el ceño y abrió la boca como si estuviera listo a comenzar una discusión. El único que pareció mantener la calma en ese momento fue el Santo de Acuario.
-"Isaac, me parece que es hora de que te retires."- El muchacho, aunque sumamente indispuesto, aceptó la orden y después de dejar sus trastes en una bandeja salió de la habitación. –"Hyoga,"- Continuó una vez de saber a su otro alumno lo suficientemente lejos. –"¿Qué fue eso?"
-"Isaac sabe por qué quiero ser un Caballero."
-"¿Le hablaste de tu madre?"- El joven asintió. –"No sé por qué pensé que ya habías desistido de ello, Hyoga. Te lo explicaría una vez más pero sé que no me harás caso. Solo espero que estés consciente de que sabiendo esto, Isaac dará aún más de sí para ganar la Armadura."
-"Lo estoy, señor."- El joven contestó casi con indiferencia. Él sabía que para poder cumplir su deseo de visitar la tumba de su madre no necesitaba una Armadura; tan solo necesitaba un poco más de fuerza.
-"Te advierto también, Hyoga: si por alguna razón Isaac fracasa, mientras esté en mis manos, tú nunca portarás la Armadura de Cygnus. Ahora vete."
Imitando los pasos de Isaac, Hyoga salió de la habitación sin siquiera voltear a ver al par de Santos Dorados de la habitación.
-"Wow."- No fueron las palabras más elocuentes que el Santo de Escorpio pudo haber dicho, pero definitivamente fueron las únicas que se le ocurrieron.
-"Hyoga no nació para nuestro mundo, Milo. Si obtiene una Armadura lo único que logrará es ocupar espacio y perder el tiempo. Eso es algo que no puedo permitir."
-"Creí que su madre había muerto."- Arguyó. –"En un naufragio."
-"Sí. Eso ocurrió a pocos kilómetros de aquí. Hyoga quiere aprovechar que en invierno el hielo cubre el mar para poder ir hasta el punto en el que ocurrió el accidente. Una vez ahí planea romper el hielo y sumergirse para rescatar su cuerpo."
-"Debe de haber algo más ¿no? Si su deseo fuera solo ese entonces él habría muerto desde hacía mucho tiempo."
-"Tal vez. O tal vez simplemente su deseo es lo suficientemente fuerte como para haberlo mantenido con vida hasta ahora."
-"Si es así tal vez no sea tan malo."- Respondió vagamente. –"Es retorcido, pero tal vez no sea tan malo."
-"No debo de importunarte con los asuntos de mis discípulos."- Camus notó hacia dónde iba la conversación y decidió cambiarla. –"Me gustaría saber más del Santuario."
-"No hay nada más."- Consideró. –"De Aries, Géminis y Libra aún no se ha sabido nada. Podrían estar muertos y no habría diferencia."
-"¿Qué hay de Sagitario?"
-"Sin Armadura no hay Guardián. Así de simple."
-"¿No te parece extraño que aún no la hayan encontrado?"
-"Seguramente ya lo han hecho. Si no la recuperan todavía debe de ser por una razón de peso mayor. Tampoco es que importe. Dudo que haya alguien deseoso de portar la Armadura del traidor."
-"Eso es cierto. ¿Y qué hay del Santo de Escorpio? ¿Cómo ha estado él?"
-"Aburrido. Ya no tiene con quién jugar y ha tenido que pasar sus días entre entrenamientos y libros."
-"Me parece bien que estudie y entrene todo lo que no hizo como aprendiz."
-"¿Y el Santo de Acuario? Escuché que se había vuelto un gruñón. Todavía más que antes."
-"Él está cansado. Pero parece que falta poco. Cualquier día de éstos, Isaac conseguirá la Armadura de Cygnus. Cuando eso ocurra, podrá descansar."
-"Me alegra oír eso."
-"Y para todo esto. ¿Qué fue lo que te hizo viajar más de 7000 kilómetros para llegar aquí?"
-"Ya te he dicho. He estado muy aburrido."
-"¿Y el Patriarca te dejó venir hasta acá solo para liberarte de tu aburrimiento?"
-"Me temo que no fue tan amable. Me mandó para preguntarte sobre tus aprendices."- Dudó seguir adelante. –"Pero…"
-"Pero sabes que en realidad te mandó para confirmar mi lealtad ¿no es así?"
-"Arles…"- Intentó excusarse. -"Ya no confía en nadie."
-"Más que en ti y en el Santo de Virgo, me parece. Pero eso no importa. Han sido muchos años ya desde que dejé de buscar la aceptación del Patriarca."
-"Tal vez sea lo mejor."
-"Te quedarás más que la tormenta, ¿verdad?"
Milo no pensaba hacerlo, pero sabía que la pregunta había sido una invitación disfrazada y no tenía intenciones de dejarla pasar.
-"Aye. Esperaré hasta se oculte el Sol."- Milo sonrió.
Finalmente tendría la oportunidad de ver la Aurora Boreal.
Comentario de la Autora: Un capítulo lindo ¿no les parece? ' Al menos a mí me pareció muy lindo. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vimos a nuestros amigos (y no me refiero precisamente a mi tardancia en la actualización). Cinco años para ser exactos.
¿Y por qué me salté los cinco años? Porque no pasaba nada interesante en el inter. O al menos no se me ocurrió nada interesante. Es probable que en algún punto retroceda a esas fechas como recuerdo, pero será en otra ocasión. Tal vez hubiera sido correcto poner la presentación de Hyoga, pero eso lo usaré para otro momento. Hn... ah... bueno... lo de que Camuchis no quiere que Hyoga use la armadura... eso fue solo excusa. En el manga, (¿y en el anime?), Hyoga no recibe su armadura si no hasta que lo mandan al torneo galáctico. Esto me extrañó y supongo que quise darle una explicación.
Eso es todo por ahora. ¡Ojalá les esté gustando!
