Dentro del bunker todo era un caos personas corriendo de aquí para allá la mayoría de ellos intentando salir a la intemperie otros tratando de defender las ruinas del tercer reich, Caspian los observaba a todos desde la puerta abierta de sus habitaciones con una sonrisa en las manos. Lo peor que pudo hacer Hitler fue darle el puesto de Himmler eso fue todo lo que necesitó para darle el tiro de gracia a los sueños de la raza superior. Los últimos que vio salir huyendo como las ratas que eran fue a lo que quedaba de la progenie de los Goebbels si bien convencieron a Magda de no matarlos, ahora estaban en un serio aprieto: nadie que en el pasado hubiera sido parte del nacionalsocialismo podía salir con vida. Eso bien pudieron hacerlo durante los primeros meses del 45. Sin embargo, hicieron tiempo; en eso consistió su error, en creer que aún se podía renacer del fuego como el mito del ave fénix.
Eso era lo único que realmente le hacía sentirse miserable en medio de aquella grandiosa victoria recientemente obtenida: sin embargo; un silogismo que podía aprender de aquella no tan agradable experiencia que obtuvo de vivir en el mundo de los Pevensie e inclusive en el propio. Era que para que la paz existiera, primero tenía que haber guerra. y para que el tratado de paz pudiera darse, tenían que sacrificarse miles de personas inocentes.
Durante sus últimos días en el Bunker se encerró en la biblioteca del sitio un lugar nada cómodo, con luces que quemaban los ojos se dedicó a ver unas cintas de lo que fueron los años de gloria del nacionalsocialismo. En uno de esos videos podia verse la alegría de los alemanes cuando su fhurer, su lider querido les informaba que Alemania le declaraba la guerra a Polonia. Se grabaron los festejos de la gente, los hombres que iban a enlistarse al ejército alemán sin imaginar siquiera que años más tarde les pesaría haber tomado esa decisión. Por mucho que le causara risa admitirlo; la verdad radicaba en los siguiente: cada vez que Alemania, pedía una guerra se llevaba la peor parte de esta.
No sabía cual seria el costo esta vez. Pero si de algo el rey telmarino estaba seguro, es que no se quedaría para ver como entre los aliados. se comían lo poco que quedaría de ese país. Del que no sabía nada tampoco era de Frederick el marido de Susan. La última vez que le viol había salido echando fuego por los ojos de las oficinas del fuhrer por la noche mientras se tomaba una copa en el bar en medio de los bombardeos y las constantes idas y venidas de luz eléctrica, se rumoreo bastante, que el huyó del país con la ayuda de Roma. Como era lo normal en este caso; había demasiados alemanes de los altos mandos que estaban siendo sacados a hurtadillas de la asediada capital con el fin de llevarlos hasta el otro lado del continente.
Otro de los rumores, era que Frederick viajaba con bastante dinero en el bolsillo; el suficiente para hacer fortuna en su nueva vida allá en el nuevo mundo.
Por un lado Caspian se sentía más tranquilo. Finalmente se quitaba una piedra del zapato con la huida de Frederick además se permitía hacer sus deberes sin ningún tipo de limitaciones u objeciones; como las que acostumbraba poner el alemán a todas y cada una de sus ideas.
Finalmente se daba cuenta de que la hora del juicio final llegaba, ese día 30 de abril; tenía una misión que cumplir la última en el mundo de los reyes y reinas de antaño. Se puso en pie y a las cuatro de la tarde cerró la puerta de sus habitaciones caminando con rumbo al pequeño despacho de trabajo del Fhurer, era un cuartucho de paredes grises con mapas de las líneas defensivas militares de Alemania; un modesto escritorio, y una vitrina de mediano tamaño en la que se exponía la bandera con la insignia del partido. Que Adolf Hitler representó por años en su mandato.
Cuando llegó al pabellón en donde se suponía estaba el fhurer esperándolo, aún estaba abarrotado de gente era increíble francamente el cariño que muchos alemanes le seguían teniendo al hombre que hizo sangrar a Alemania hasta límites exageradamente crueles. Caspian arrugó el entrecejo pero en fin; aquello pronto terminaría y gracias a él eso era lo mejor del asunto.
No le sorprendía que la más afligida de todos fuera Magda Goebbels la mujer que pregonaba a los cuatro vientos, amar más al fhurer que a su propio esposo. En fin era una pena. Fue sabido por muchos que su vida a lado de su marido no fue la de un matrimonio alemán modelo; que era para los Goebbels siempre le sirvieron a Hilter a través de ellos, el líder del partido nazi, pudo dar a conocer la imagen de una familia alemana ,odelo, una que todos en Alemania tenían que seguir y si les era posible emular. La pobre Magda siempre estuvo detrás de mujeres como Eva Braun o inclusive de la propia Susan. inclusive cuando demostró una y mil veces su fanatismo ciego hacia el hombre, que en pocos minutos terminaría muerto detrás de la puerta de esa habitación.
Entre la multitud se encontró a Mary la ya prometida de Peter, ella llevaba puesto un costoso abrigo de piel sin duda alguna; sería una donación de Eva Braun antes de partir al otro mundo con su recién esposo. Caspian esperó como todos los demás se supone que el Fhurer se despediría al último de el. Mientras le tocaba el turno se retiró un poco del sitio con Mary haciéndole compañía.
—¿Cómo te sientes?—Le preguntó apenas estuvieron un poco apartados del tumulto de gente.
Mary simplemente se limitó a hacer muecas, Caspian resopló si algo tenía Eva Braun era esa facilidad innata para ganarse el afecto de la gente era normal que Mary en ese instante sintiera algo de pesar por sus actos. lo mismo hacia él no obstante era lo mejor que podían hacer, tanto para ellos mismos como para la humanidad entera. Hitler no podía seguir vivo.
No debía seguir vivo.
—¿Como quieres que me sienta? Esa mujer me trató los pocos días que convivimos juntas como una amiga cercana, fácilmente se da a querer es difícil pensar que podrías llegar a traicionarla algún día.
Lo único que pudo hacer Caspian para consolarla fue abrazarla, ella se dejó reconfortar por el abrazo en lo que trataba de que el momento amargo pasaba. Sin embargo los dos sabían que eso difícilmente iba a ser de esa manera.
El turno de Caspian llegó con la llegada pidió que se desalojara el pabellón; no le convenía que hubiera tantos testigos en aquel inmundo lugar.
Hilter se encontraba frente a un espejo, se ajustaba la corbata del traje de gala que usaba para las ocasiones especiales; Caspian se recargó en una pared observando al Fhurer tararear una de las canciones de moda, como si lo que estuviera a punto de hacer no fuera más, que ir a leer uno de esos discursos que embelesaba y maravillaban al pueblo alemán.
—Ah ahí está usted.—Hilter anduvo hacia donde estaba palmeando el brazo cariñosamente, como solía hacerlo en otras ocasiones.—Sinceramente he de decir que los que me rodean aquí, son los verdaderos alemanes con los que cuenta esta gran nación. Cuando empezamos con este proyecto pensamos en construir algo grande, algo que dejará su huella en el mundo para siempre. Que nos recordará por toda la eternidad.—El viejo se vio una vez más en el espejo, las preocupaciones le pasaban debida factura, antes no se veía tan acabado como en aquel momento que era el más crucial de su vida. —Pero sabe que, siempre conservé una pizca de tenacidad, me hizo falta mucha paciencia y esmero conseguir el puesto en el que estuve por más de diez años. Ahora veo que esto se desmorona sin que pueda hacer nada; ¿Es gracioso no? En sus inicios el reich parecía un gigante inmenso, inconmensurable que tenía la intención de abarcarlo todo de este a oeste y de norte a sur sin importar por encima de quien pasaramos, ¿Cuando comenzamos a fallar, cuando los engranajes del reloj dejaron de funcionar, cuando llegaron los traidores a mi reich? Ahora un imperio que gobernó la mayor parte de Europa en menos de cinco años, colapsa estrepitosamente y yo, Adolf Hilter, yo quedo como un cobarde en manos de esos cerdos ingleses y sus parásitos amigos los americanos.
Hubo un silencio casi sepulcral hasta a Caspian le costaba asimilar lo que a Hilter, tanto le dolía con justa razón pues fue el padre de un imperio para el cual hicieron falta tres potencias y mucha paciencia para derribarlo de pies a cabeza.
Pero no había tiempo que perder, un solo minuto de tiempo del bolsillo de la chaqueta extrajo una Einfeld número 2, recien lustrada la fue deslizando poco a poco por el escritorio hasta que finalmente solo el cañón del revólver quedó visible. Hitler no pareció querer despegarle la vista al menos durante una fracción de tiempo, en tanto a Caspian la saliva se le acumulaba de a poco en la boca. Causándole una sensación de adormecimiento a causa de los nervios y la tensión originadas en ese corto momento.
El fhurer se sentó en el otro lado de la mesa, con los ojos pequeños y brillantes aún fijos en esa condenada pistola, parecía debatirse internamente entre desenvolver o no desenvolver el arma. Perfectamente envuelta en aquella tela blanca con insignias del reich en las cuatro orillas de la tela.
—¿Deveras no hay otra opción?—Hilter parecía indeciso—Tiene que haber otra salida, debe haber otra salida esto no se puede terminar así. He recibido ayuda de Franco últimamente; me invita a huir a España.
Ese comentario fue lo que le prendió la mecha de la Franco era uno de los tantos admiradores de Hitler en Europa, en España el franquismo seguía fuerte tras la caída de los monárquicos no era de asombrar que le ofreciera ayuda.
—España está lejos de Berlín mi fhurer, aun cuando pudiéramos sacarlo de la capital, todavía tiene que atravesar Francia, no hay sitio que no haya sido tomado por los aliados. Ya no queda más o morir o dejarse humillar.
—Tenemos todavía amigos dispuestos a defendernos. Roma es uno de ellos.
—Está lejos de las posibilidades; Recuerde que el ofrecimos esa opción cuatro meses atrás y usted declinó de ella.
Caspian respiraba entrecortadamente Hilter estaba rehusandose, de seguir así tendría que adelantarse a lo que eran los planes originales.
Pero al parecer, ese era su día de suerte. El Fhurer estaba convencido nuevamente de que esa opción era la única que tenía con las manos temblorosas debido a los inicios del Parkinson sacó el revólver del pañuelo le observó cuidadosamente cada detalle; respiró profundamente tres veces hasta que finalmente se armó del valor necesario.
Caspian atinó a ver todo con los ojos bien abiertos, dentro de si el corazón le latía tan aprisa como un tren a toda velocidad tanto que sentía que de un momento a otro habría de estallarle en medio del pecho.
Se concentró totalmente en la escena:
En Hitler poniéndose de pie con una expresión solemne en el rostro, pues ese era el mejor acto de toda su vida.
En sus manos temblorosas tomando firmemente el arma, llevándola hacia su sien izquierda.
En la mano que empezaba a preparar el arma para dispararla.
Finalmente se escuchó un golpe que le hizo taparse los oídos, todo pasó en cámara lenta, tuvo tiempo de verlo para que se le quedara esa imagen bien grabada en la memoria, el resto de sus días.
Caminó hasta el cuerpo del fhurer, éste yacía boca abajo, en el piso había una gran mancha de sangre y la pistola con la que cometió el suicidio estaba tirada demasiado cerca de él.
Caspian se apresuró a tomarla; la guardó nuevamente en aquel paño que antes fuera blanco, ahora ya se empeñaba poco a poco con la sangre del líder de Alemania.
Al cerrar la puerta tras de sí la multitud reunida lloraba la pérdida del líder del nacionalsocialismo amargamante, unos se consolaban entre ellos, otros preferían encontrar solos el consuelo ante la pérdida.
