Capítulo 37: Sin magia
- Será mejor que regresemos, Endy.- advirtió Hiperión.- Está amaneciendo.
Endymión, sentado en el suelo y recargado contra el tronco de un árbol, ni lo miró.
- Si no me cuentas que es lo que ha pasado no podré ayudarte.- insistió preocupado.- ¿Tan mal está Serena?
-...
- Está bien.- suspiró dándose por vencido.- Si prefieres dar puñetazos en los árboles y quedarte sentado durante horas sin hacer nada en vez de compartir tus penas conmigo para tratar de encontrar una solución, allá tú.- se dio media vuelta en dirección a la base.- ya se me ocurrirá alguna excusa para que no te metas en más problemas, si me necesitas ya sabes donde estoy.
- ¿No piensas esperar a tu novia?
Hiperión se detuvo inmediatamente y enarcó una ceja algo desorientado.
- ¿Mi novia?
- Tu novia Minako.- especificó Endymión.- A la que dejaste que me hechizara y me arrastrara a la Luna en contra de mi voluntad.
- ¡Ah!¡Mi adorada Minako!.- le brillaron los ojos. Segundos después se cruzó de brazos y miró con cierto rencor a su primo.- Aún estoy esperando que me agradezcas que te la presentara, gracias a ella no solo pudiste volver a ver a tu Serena sino que además tuviste la oportunidad de viajar a la Luna.
- No me permitió quedarme a su lado, me trajo de vuelta antes de que pudiera comprobar tan siquiera si ya estaba bien.
- Ah...yo... .- no supo que decir.- tendría sus razones.
Endymión fijó su mirada en su primo y sonrió con tristeza.
- También dijo que volvería a buscarme, por eso no puedo moverme de aquí.
Hiperión contempló al pelinegro con pena y se sentó a su lado.
- Seguro que ya está mejor.- intentó animarlo.- Es una chica muy fuerte.
- Lo sé.- sonrió.
- ¿Qué es una chica fuerte?
- Que ya está bien.
- Pero... no entiendo¿no decías que no pudiste comprobarlo?.
- Y no pude hacerlo pero...- colocó una mano sobre el pecho y cerró los ojos.- ... pero lo siento, algo en mi interior me lo dice.
- Mmmm.- lo miró raro.- Pero entonces y dejando a un lado que ya te volviste loco como tía Calice¿por qué no volvemos a la base?
- Ya te lo he dicho.- volvió a su antigua postura hostil.- Espero a tu novia, quiero volver al lado de Serena.- una pausa momentánea.- necesito estar a su lado.
- Como quieras.- suspiró mientras se incorporaba.- cuando vuelva dile que la espero esta noche a las doce aquí mismo¿de acuerdo?
- De acuerdo.
- ¡Ah!.- exclamó amenazante.- Ni se te ocurra ligar con ella¿eh?
Endymión no le respondió pero sonrió ligeramente mientras observaba como Hiperión tomaba el camino de regreso a la base.
Cerró los ojos dejándose llevar por esa agradable sensación que le decía que su Serena estaba despierta y que esperaba con ansias volver a encontrarse con él. La había experimentado por vez primera minutos después de regresar a la Tierra y era gracias a ese sentimiento nuevo que no se había vuelto loco aún.
No obstante, el sonido de unos cascos de caballos que se acercaban con rapidez lo obligaron a volver a la realidad y a incorporarse en alerta. Se trataba de la guardia personal de su madre.
- Príncipe Endymión.- se acercó el capitán.- La reina quiere veros.
- ¿Para qué?.- inquirió con desconfianza.
No tardó mucho tiempo en arrepentirse de la pregunta.
- Las órdenes de la reina no se cuestionan.- respondió el capitán algo hostil.- Y ya hemos perdido tiempo tratando de localizaros.
Sabiendo que no le quedaba más opción que obedecer, Endymión subió a un caballo de malagana y se dirigió junto con la guardia real a palacio rezando porque la amiga de su amada fuera capaz de encontrarlo allí donde estuviera.
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Después de darse un baño y de vestirse adecuadamente para la ocasión, Endymión se dirigió a la habitación en donde supuestamente su madre lo esperaba. No se sorprendió demasiado cuando vio a Hiperión en la puerta.
- ¿Tú también?.- se limitó a decir.
- Diocles me pilló justo cuando trepaba el muro.- se lamentó.- seguro que ya se lo ha contado a tía Calice.
- Cuanto antes entremos antes terminaremos con esto.- dijo Endymión mientras abría la puerta de la habitación y entraba en la estancia seguido por su temeroso primo.
Nada mas entrar ambos príncipes supieron que algo extraño ocurría: la reina, en vez de estar sentada en el trono como de costumbre, contemplaba los jardines reales a través de una pequeña ventana de la amplia sala y no solo eso sino que además estaba sonriendo. Por el contrario, Etlio estaba más serio que de costumbre.
- Espero que vuestra breve estancia en la base militar os haya servido de escarmiento.- fue lo primero que dijo la reina tras dirigir una intensa mirada a los dos príncipes, especialmente a su hijo.- Doy por hecho que así ha sido por lo que a partir de ahora retomaréis vuestras clases con Diocles y volveréis a palacio.
- ¿Lo dices en serio, tía Calice?.- inquirió Hiperión entusiasmado ante la posibilidad de volver a su antigua y añorada vida.
- Sí.- respondió ésta mientras esperaba algún comentario de su hijo, cosa que no se produjo.- ¿No tienes nada que decir, Endymión?
- Me es indiferente.- contestó con evidente hostilidad reacio a olvidar el trato que Serena había recibido por parte de su madre.- Ninguno es mi hogar.
La reina frunció el ceño e Hiperión tragó saliva ante la inminente catástrofe.
- Yo... .- empezó la reina tratando de contenerse.-...entiendo que estés enfadado conmigo, debí explicarte la situación antes de prohibirte tratar con esa chica.
Los ojos de Hiperión y Endymión se abrieron de par en par¿la soberbia reina Calice disculpándose? Ahora si que estaban seguros de que algo muy extraño estaba ocurriendo.
- Será mejor que os sentéis.- prosiguió la reina.- Es una historia muy larga.
Una hora después- ¿Lo entendéis ahora?.- inquirió la reina una vez que hubo terminado de narrarles todo lo ocurrido entre la Tierra y la Luna.- Les pedimos ayuda y nos la negaron, nos trataron injustamente y provocaron que condenásemos a muerte a un hombre inocente, a mi hermano Tiresias.- mirando a Hiperión gravemente.- a tu padre.
Hubo un momento de silencio en que los dos jóvenes trataron de asimilar todo lo que la reina y el rey les habían contado: la primera juzgando con dureza a la reina de la Luna, el segundo tratando de disculparla. Finalmente, fue el propio Endymión el que tomó la palabra.
- Todo el mundo comete errores.- dijo con sencillez.- No veo motivo alguno para profesarles tal odio.
La reina miró a su hijo fijamente conociendo de sobra sus motivos para tal afirmación pero se abstuvo de decir nada, necesitaba más que nunca reconciliarse con él para ayudar a Beryl en su misión. Cuando esta finalizara estaba segura de que ya nada le importaría a Endymión el destino de los habitantes de la Luna.
Etlio, en cambio, contempló con admiración a su hijo dándose cuenta por vez primera del gran rey en que se convertiría algún día, pues sus palabras no habían sido las de un obcecado enamorado sino las de alguien humilde y justo, capaz de reconocer que los errores de uno pueden ser mañana los tuyos.
- Endymión tiene razón.- comentó el rey orgulloso y olvidando por un momento la presencia de su esposa.- Este odio ha durado demasiado.
Calice lo fulminó con la mirada pero Etlio ni se dio cuenta de ello, conocía los planes de su esposa para con la Luna y Endymión pero su amor y su fe en ella lo hacían creer que en el momento de la verdad podría detenerla y que para entonces ya se habría dado cuenta de que imponer una prometida a su hijo no era la solución a sus problemas.
- Para vosotros es fácil de decir.- respondió la reina.- Sé perfectamente que nunca le tuviste demasiado aprecio a mi hermano, Etlio y en cuanto a Endymión y a Hiperión, nunca llegaron a conocerlo.- dirigiendo una mirada triste a su sobrino.- No sabes cuanto lo lamento.
Hiperión le devolvió la mirada pero no respondió. Su rostro lucía sombrío y apagado, algo inusual en él.
- De todas formas.- se irguió cuan alta era.- he decidido aceptar la oferta de la reina de la Luna de unirnos a la alianza planetaria.- Hiperión y Endymión la miraron sorprendidos.- Pese a lo que podáis pensar de mí, el bienestar de mi pueblo y de mi familia.- recalcó esto último mirando a su esposo.- siempre estarán por encima de mis sentimientos... ¡Endymión!
El pelinegro la atendió con el corazón latiéndole a cien por hora, no podía ser cierto, no podía...
- Irás a la Luna en representación de la Tierra dentro de tres semanas acompañado de los generales Jedite, Zoisite, Malachite y Neflyte.
Pero lo era.
- Pero que te quede claro Endymión.- prosiguió.- que no acepto ni aceptaré jamás una relación con la princesa de la Luna.
Demasiado bueno para ser verdad.
- No.- Endymión la miró esperanzado.- al menos que esa indisciplinada joven me demuestre que es merecedora de ser la reina de la Tierra.
Esto, por supuesto, no iba a ocurrir nunca pero Calice tuvo buen cuidado de no mencionarlo mientras que para su hijo estas simples palabras fueron suficiente para perdonarle el trato que le había dado a su amada.
¡Y él que creía que su madre era un ser calculador y frío que anteponía sus deseos a la felicidad de su propio hijo! Avergonzado, hizo algo que no hacía desde que tenía ocho años: abrazar amorosamente a su madre, quien aceptó el abrazo gustosa. En el fondo era cierto que quería a su familia y que deseaba lo mejor para ellos solo que estaba dejando que su odio hacia la Luna la condujera a ser la principal causa de su desdicha.
- Y ahora id a descansar.- se separó de su hijo con una amplia sonrisa en el rostro.- Diocles me ha comentado que esta noche habéis estado desvelados.- comentó como quien comparte un secreto.
Los dos príncipes se despidieron y se dispusieron a abandonar la sala pero justo antes de que abrieran la puerta la voz de Calice los detuvo.
- Por cierto Endymión.- lo llamó.- Beryl también te acompañará a la Luna.
- ¿Beryl?.- se extrañó.- ¿Para qué?
- Quiero a alguien de confianza que se encargue de atender todas tus necesidades cuando estés en la Luna.
- Pero madre.- protestó el príncipe a quien no le apetecía lo más mínimo tener pegada a Beryl todo el tiempo cuando estuviera en la Luna.- estoy seguro de que en la Luna habrá doncellas perfectamente capacitadas.
- No discutas conmigo, Endymión.- lo interrumpió la reina abandonando por un momento su anterior actitud dulce.- Quiero a alguien de confianza, el que acepte la propuesta del Milenario de Plata no implica que confíe del todo en ellos.
- ¿Y qué pasa con Beryl?.- insistió.- Lleva años siendo tu dama de compañía, no creo que le agrade demasiado la idea de ser destituida al cargo de doncella.
- Me alegra que te preocupes por ella.- se le iluminó el rostro a Calice con una amplia y auténtica sonrisa.- Pero Beryl está encantada de poder serte de ayuda, es una joven estupenda.
- Como no.- accedió Endymión con un nudo en el estómago.
- Y otra cosa más.- prosiguió.- A partir de mañana asistirás con ella y con la escolta que te acompañará a la Luna a unas sesiones informativas sobre lo que os espera allí. No es que sepamos mucho sobre sus costumbres y su historia pero lo poco que hemos averiguado os ayudará a no dejaros impresionar por su pomposidad.- mirando a su hijo con fijeza.- Vas a ir en representación de la Tierra Endymión y no quiero que des la impresión de ser un campesino que visita por vez primera la gran ciudad¿entendido?
Endymión asintió y abandonó la sala con una cara de desagrado que lo decía todo. Como sino hubiera tenido suficiente con las breves visitas de Beryl a la base ahora tendría que aguantarla todos los días y, a decir verdad, ya estaba harto de ella.
- Al menos ambos hemos sacado algo bueno de esto.- suspiró.- Tu volverás a los lujos de palacio y yo ya no necesitaré a tu novia para volver a ver a Serena. Quien sabe.- sonrió.- hasta puede que consiga que mi madre la acepte como nuera.
- Claro.- respondió Hiperión casi mecánicamente.
Endymión lo miró extrañado y por primera vez cayó en la cuenta de que no había protestado por ser excluido del viaje a la Luna.
Palacio real de la Luna, habitación de Serena- ¡Pero de verdad que estoy bien!.- exclamó por enésima vez Serena exasperada.- No hace falta que sigáis haciéndome pruebas¡lleváis toda la noche con ellas!
- Mi ángel.- la abrazó con ternura la reina.- Has estado tres meses inconsciente, es normal que queramos asegurarnos de que estás completamente recuperada, no sabemos ni que te provocó ese estado ni que te ha hecho despertar.
- Pero.- protestó cómicamente.- estoy cansada.
- Tres meses durmiendo y aún tienes sueño.- la riñó Luna con una sonrisa.- Nunca cambiarás.
- No le veo la gracia.- se quejó la princesa al ver que todos los médicos e incluso su madre reían ante el comentario.
- Su estado de salud es perfecto, princesa.- intervino el médico de mayor edad tras intercambiar unas palabras con los otros dos médicos que le habían traído los resultados de las pruebas que le habían estado haciendo a la joven durante toda la noche.- Solo falta constatar que su nivel de magia es el adecuado.
- Por supuesto.- se le iluminó la cara a Serena mientras se levantaba de la cama y se acercaba al médico que sostenía el aparato que se utilizaba para medir los niveles de energía mágica de una persona.
Cerró los ojos y se concentró, sintiendo un leve hormigueo en el pecho. Cuando los volvió a abrir deseosa de poder quedarse a solas con sus pensamientos se encontró con las miradas impacientes de todos los que la rodeaban.
- Te estamos esperando.- le dijo Luna.
- Pero si... .- se extrañó pero volvió a cerrar los ojos para intentar concentrarse, esta vez el hormigueo se convirtió en un molesto pinchazo.
- Ya está.- abrió los ojos.
Los médicos se miraron perplejos.
- Pero si... .- empezó uno.
- ...no hemos detectado nada.- concluyó otro.
Luna y la reina intercambiaron miradas preocupadas.
- Tal vez esté estropeado.- intervino Arthur que hasta entonces se había mantenido al margen.- Probadlo conmigo.
Serena tragó saliva cuando el apuesto capitán se colocó a un lado suyo. Hubiera preferido que se marchara con las chicas cuando su madre ordenó que saliera de la habitación todo el mundo a excepción de Luna y los médicos pero él se había obstinado en quedarse y se había dedicado a dirigirle penetrantes miradas todo el tiempo. La pobre Serena casi sentía que le reprochaba que al despertar todos sus pensamientos hubieran sido para Endymión.
- Todo perfecto, capitán.
- Tu turno Serena.- le apretó Arthur la mano para darle ánimos haciendo que la joven brincara de los nervios.
- Cla... claro.- titubeo mientras trataba de sonreírle y éste le dirigía otra de sus frecuentes miradas penetrantes.
Cerró los ojos y esta vez se concentró en elevar su aura al máximo ignorando el agudo dolor que sentía en el pecho. Sin embargo, tuvo que parar cuando empezó a faltarle el aire y a sentir que todo a su alrededor daba vueltas.
- ¡¡Serena!!.- fue lo último que oyó antes de perder el equilibrio.
Unos fuertes brazos la sostuvieron e impidieron que se golpeara contra el suelo. La elevaron en el aire y la depositaron con suavidad en la cama.
Poco a poco, las voces que la llamaban se fueron haciendo más y más cercanas hasta que pudo distinguirlas a la perfección y abrió los ojos al fin. Arthur la tenía sujeta de un mano, sin duda había sido él quien la había cogido en brazos y, al igual que su madre y Luna, lucía preocupado.
- ¿Qué ha pasado?.- les preguntó Serena.
- Te mareaste cuando tratabas de concentrar tu poder.- le apretó aún más fuerte la mano Arthur.- El aparato no detectó nada.
- ¿De verdad no recuerdas nada de lo que ocurrió en la batalla contra Sailor Saturno, mi ángel?.- se sentó a su lado la reina.- Es importante.
- Bueno.- trató de hacer memoria.- estaba muerta.- sintió una punzada de tristeza al recordarlo.- pero... cuando me acerqué a ella abrió los ojos y...
- ¿Y?.- se acercó Luna impaciente.
- Y... creo... .- trató de recordar.- ...me puso la mano en el pecho y... ¡uf!.- suspiró.- ya no recuerdo nada más, tan solo la voz de En... .-se detuvo al sentir la presión en su mano, Arthur casi se la estaba aplastando.
- ¿La voz de quién, Serena?.- la atravesó con la mirada el capitán.- Es importante.
- No lo sé.- se encogió un poco intimidada.- creo que de las chicas.- mintió.
- Con eso es suficiente, cariño.- le habló la reina.- Será mejor que descanses, Luna se quedará aquí contigo.
Serena asintió débilmente y todos abandonaron la habitación para dejarla descansar e intentar averiguar que le ocurría a su magia.
Continuará...
Aquí tenéis un capítulo más del fic, el siguiente no tardaré demasiado en subirlo porque ya lo tengo casi terminado y en este si que habrá un encuentro entre Serena y Endymión. Espero que os guste y no olvidéis ponerme review.
Erica: Qué puedo decirte, ya sé que tarde pero este año en la Universidad ha sido terrible, ahora que llegó el verano espero ir más rápido a ver si consigo terminar el fic para este año. Disfruta con este nuevo capítulo.
Tanita Love: Vaya muchas gracias por tu review, sobre todo por la parte del humor, lo intento pero la verdad es que a veces dudo de que en las partes en las que se supone que deben ser graciosas haya conseguido ese efecto. Por eso tu review me puso de muy buen humor, por cierto ya subí el fic que me enviaste.
Starligt: Sí, la verdad es que es una lástima por eso en el próximo capítulo lo solucionaré. En cuanto a Endymión, ya ves se puso hecho una furia pero es tan bueno que con saber que pronto verá a su amada se le pasa todo. Y en cuanto a lo de Beryl, ya sé cómo va a enterarse y sí no lo va a sentar nada bien pero eso ya se verá.
Yamiana: Siento el retraso, solo como disculpa decir que el siguiente capítulo será casi tan rápido como el del despertar de Serena.
Undine: No te preocupes, que Endy y Serena siempre han sido y serán también mi pareja favorita ha si que no tardarán demasiado en volver a verse.
Mirianky: Bueno sí, lo dije porque como no iban a poder hablar en realidad solamente que Endymión curará a Serena pues por eso. De todas formas, muchas gracias por tu review, pronto se verán.
Danny1989: Bueno pues me alegro de que por fin te hayas animado a leer mi historia y de que te haya gustado, me encanta tener nuevos seguidores y como he dicho no te preocupes que van a tener mucho tiempo de estar juntos.
