Declame
Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.
Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.
¡QUE DISFRUTEN DEL ÚLTIMO CAPÍTULO!
Era una noche de luna nueva. Sin embargo, la oscuridad no era total. La carretera frente a ellos estaba iluminada por las luces del coche, y las estrella brillaban sobre sus cabezas.
Estaban en las afueras de la ciudad. Y pronto llegarían.
Dumbledore había sido más que un problema, ya que podría haber recuperado el mando si hubiera querido. Al final, no lo había hecho, y eso merecía que tuvieran un gran respeto hacia él. Después de todo, él no conocía a la abuela o a quien les había facilitado la información y ese "pequeño hechizo".
Sin embargo, había conseguido un incondicional e inesperado apoyo de las dos cuartas partes de los presentes que tenían el poder de decidir: Theo, que le había dicho a Draco que el plan era tácticamente excelente. Y la abuela.
Los ojos de la anciana brillaron con una aprobación a la que Hermione no estaba acostumbrada. Y le había dado palmaditas en la mano.
— Muy buena idea. Ellos creerán que pueden tragarte, y tú les harás atragantarse. Ah. Bien, muy bien. Y yo —anunció—, iré después de ustedes. Esta vez sabré dónde estás. El hechizo que te he dado está vinculado conmigo.
No hacía falta decir que nadie en la habitación entendió esto último. Un pobre infeliz había sonreído. Hermione había dejado a la abuela poniendo al día a los demás. Tenían poco tiempo.
— ¿Con quién ha hablado tu abuela? —preguntó Draco.
Hermione lo miró. Draco había estado callado la mayor parte del viaje, pero estaba conduciendo con una mano y con la otra tenía la mano de Hermione.
— Me estaba preguntando cuándo me lo ibas a preguntar.
— ¿Se me permite saberlo?
— Yo creo que sí, ya que ella... Maldita sea, hay demasiadas mujeres anónimas en este caso. La telépata no podrá leer tu mente. La, eh, persona con la que ha hablado la abuela aparece en muchas historias. Algunos de los nativos americanos lo conocen como Cuervo.
A Draco se le cortó la respiración.
— Otro anciano. O dios.
— Bueno, sí.
Draco aminoró el auto y entró en una carretera de tierra. La cabaña debería estar a nueve kilómetros desde allí. El estómago de Hermione la hacía sentir mareada por el miedo. Una cosa era decidir que, lógicamente, la mejor manera de tener éxito era usa el movimiento de tu enemigo contra él. Otra cosa era ir hacia una trampa. Dejarte capturar.
Y Draco. También lo atraparían a él. Hermione esperaba que él no pudiera percibir lo asustada que estaba.
— Hermione —dijo él—, ¿cómo es que tu abuela conoce a Cuervo?
— No lo sé. Uno no le hace a la abuela preguntas como esa. Dijo que él le debía un favor.
— Pues debió de ser un favor bien grande —fue todo lo que dijo Draco. Y unos minutos después—: Ya estamos. La cabaña está después de esa curva. —Draco detuvo el coche.
Tenían que jugar bien sus cartas. A no ser que los azá fueran idiotas, esperarían que Draco estaría atento, preparado para enfrentarse a una posible trampa. Hicieron los últimos metros a pie. Dos pies para Hermione. Cuatro para Draco, porque así es como actuarían si estuvieran intentando evitar una trampa en lugar de desear que esta se cerrara sobre él.
El aire era fresco y seco, y no se movía ni una hoja. Los matorrales cubrían la colina a su derecha; la tierra estaba seca y se sentía dura bajo sus pies. Estaba muy oscuro, la forma de la colina y los árboles desperdigados ocultaban la luz de las estrellas. De forma mecánica comprobó que la SIG Sauer estaba en su sitio. Y después comprobó su trenza. El delgado cuchillo que llevaba escondido allí estaba en su sitio. Hermione se había negado a traer refuerzos. Los azá la querían a ella y a Draco vivos y relativamente intactos. Lo natural era que cualquier otro resultara asesinado inmediatamente. Además, más tarde iban a necesitarlos a todos.
Su plan se articulaba sobre dos puntos. Primero, el hechicero. Esto permitiría a los demás encontrarlos estuvieran donde estuvieran, y deberían entorpecer cualquier plan que tuvieran. Ellos esperaban que su télepata podría controlar a Draco. Segundo, ella y Draco tenían que estar despiertos papa el sacrificio. Si las víctimas estaban inconscientes no podían transmitir todo el poder que deseaba la diosa.
Draco era rápido. Mucho mas rápido que lo que ellos estarían esperando. Y era muy complicado controlar a un hombre lobo consiente y decidido. Draco rodeo el coche para reunirse con Hermione, tan en silencio que ello no pudo oírlo. Se había puesto los pantalones que los demás lupi llevaban para el combate; su piel era tan pálida que Hermione podía verlo en la oscuridad.
Echo mano al bolsillo, saco la cuenta que contenía el hechizo y volvió a sentir el golpe de asombro y placer, como si estuviera sosteniendo el viento con las manos. Después lo estrello contra el pecho de Draco, y el viento se mezclo con el. Durante un momento, Hermione dejo su mano sobre el pecho de Draco, sintiendo el latió de su corazón. Y sintió la boca seca.
Draco puso su mano sobre la de ella, se inclino y la beso. Y con la boca cerca de la de Hermione, susurro:
— No he aceptado tu plan porque estés al mando.
— ¿No? —murmuro Hermione.
— Lo he hecho porque tienes razón. Es nuestra mejor forma para detenerlos.
Un súbito sentimientos hacia el hizo que Hermione se sintiera mareada. Había gratitud, sí, una inmensa gratitud por la manera en la que él estaba intentando aligerar el peso que llevaba sobre su hombro. Pero había algo mas. Mucho mas de lo que podía expresar con palabras, mucho mas para lo que no tenían tiempo en esos instantes.
Hermione sujetó su corazón con las dos manos y lo enterró, y en vez de besar a Draco puso su mejilla contra la de él. Después, con el corazón latiendo como loco, se separo de el y dio un paso atrás. Y vio como Draco cambiaba.
Fue como si la realidad en si misma parpadeara, y el tiempo se doblaba y se desplegara sobre si mismo. Era imposible no quedarse mirando. Era imposible describir lo que Hermione vio en la oscuridad: un hombro, ¿peludo? ¿O estaba desnudo? Un hocico en el que también era el reconocible el rostro de Draco, y un montón de magia expandiéndose, encogiéndose, desenfocando la realidad y cubriéndola totalmente. Y, de pronto, había un lobo al lado de ella. Un lobo extremadamente grande. La cabeza le llegaba casi hasta sus pechos. Una emoción atávica la atravesó, no era tanto el miedo como el reconocimiento visceral del poder. Puso su mano en el lomo del lobo. Así es como se siente el de Draco... Y se maravillo al percibirlo tanto como cuando había tocado el hechizo de Cuervo.
Juntos caminaron hacia adelante.
Así era como Draco no estaba cumpliendo el programa que habría seguido si hubiera tenido intención de evitar la trampa. Normalmente, habría seguido avanzando, siguiendo los olores y escuchando para captar la presencia de algún atacante. Pero no quiso separarse de Hermione. Los atraparían a los dos.
Hermione no podía oír moverse a Draco; y sus propios pies avanzaban silenciosos en esa seca tierra. siguiendo la carretera, pero se mantuvieron escondidos a un lado mientras tomaban la curva. Justo delante había una sombra mas oscura que indicaba la presencia la cabaña. Parecía totalmente desierta, como toda aquella zona. Una cabeza grande y peluda hizo presión en sus piernas, y la hizo detenerse. Hermione miro hacia abajo. Draco indico el área a su izquierda con la cabeza.
— ¿Están en los arboles?
Draco asintió.
De acuerdo. Seguirían adelante como si no supieran nada. Hermione preparo su arma y asintió.
Había arboles para esconderse durante todo el camino hasta la cabaña. Era el sitio ideal que podrían haber elegido aquellos que no deseaban ser vistos. Hermione avanzo de sombra en sombra, agachándose detrás de un matorral. O detraes de un barril oxidado. Aunque se movía tan rápido como podía, no era tan silenciosa como Draco. Él era un sombra, oscuridad envuelta en oscuridad.
Estaban tan cerca como podían estar sin entrar en la cabaña. Hermione estaba apoyada sobre una rodilla, escondida detrás de unos hierbas altas, con el arma apuntando hacia el suelo. Draco estaba a su lado. Si no hubiera sido por el vinculo que los unía, Hermione no habría podido saber que él estaba allí.
Draco la toco en el hombro con la nariz. El corazón de Hermione latía con fuerza, tanto por la adrenalina como por el miedo. Esperaba, ansiaba una pelea. Pero no habían ido hasta allí para eso. Hermione asintió.
Draco se escabullo, arrastrándose, hacia la oscuridad que cubría el hueco donde debería estar la puerta; luego, se incorporo, y miro por encima de su hombro. Hermione vio en él una mirada que la insto a avanzar. Se humedeció los labios, se levanto, y siguió a Draco.
No había puerta, aunque Hermione había tenido que alargar la mano para comprobarlo. El interior estaba completamente a oscuras. Draco avanzo, desapareciendo en esa negrura. Durante un segundo, Hermione vacilo. Tanteó el camino con un pie y encontró el lugar en el que terminaba el sendero de tierra y empezaba el suelo de la cabaña. Entró.
Nadie le golpeó en la cabeza. No podía oír o ver a Draco, pero lo sentía cerca. Con cautela avanzó un poco más preguntándose si sería prudente arriesgarse a encender una luz. ¿Cuál era el peligro, de todas maneras? Se suponía que los tenían que...
Hubo un siseo hacia su izquierda que hizo que Hermione se girara hacia allí, solo que su cabeza siguió girando y girando. Y su cabeza daba vueltas y vueltas hasta que la consciencia la abandono y la oscuridad la devoró por completo.
Hermione despertó lentamente. Sentía su boca pastosa y su cabeza palpitaba. Estaba tumbada sobre algo duro. Y tenia frío. Abrió los ojos de par en par. Un techo gris...de roca. Roca encima, roca debajo. Estaba...
¡Draco! ¿Dónde estaba?
Movió su cabeza demasiado rápido. Sintió nauseas y le ardió la garganta. Trago y cerro los ojos de nuevo.
— Pronto pasará —dijo una voz de tenor alegremente—. Los humanos no reaccionan tan mal como los lupi. Draco todavía tardara un rato en recuperarse.
— Nos han gaseado. —La nausea empezaba a desaparecer, pero le seguía doliendo la cabeza.
— Un derivado del fentanilo. Primitivo pero eficaz. Sugerencia mía, me temo. Pensé que causaría menos daños que un golpe en la cabeza si eran tan estúpidos como para acudir a nuestra pequeña cita.
Hermione volvió la cabeza lentamente. Y se quedo mirando.
— ¿Blaise Zabini?
— En carne y hueso.
El bello rostro estaba destrozado. Piel cicatrizada cubría el hueco de los globos oculares. La piel estaba cuarteada y sucia, la sangre seca proveniente de las terribles heridas había desaparecido de algunas partes, pero todavía permanecía en otras. La barba le había crecido mucho. No llevaba camiseta, y sus tejados estaban rígidos por la sangre seca.
— Estás hechos un desastre.
— Una visión para asustar a los niños, seguro. Pica una barbaridad.
Él era un lupus, se recordó a si misma. Podría curar sus heridas... Si es que sobrevivían a aquello.
La boca seguía pastosa. Pero cuando sintió que su cabeza volvió a su ser, alargo su mano izquierda y se tropezó con el brazo a Draco. Su piel estaba calienta y resultaba reconfortante. Había vuelto a su forma humana cuando el gas le había dejado fuerte de combate.
Sintiéndose más estable, Hermione decidió intentar sentarse. No se desmayo. Pero tuvo que tragar a conciencia un par de veces.
Draco estaba tumbado junto a ella, con los ojos cerrados. Que estuviera desnudo no era una sorpresa, ya que estaba avisada de que la ropa no solía sobrevivir al cambio. Tenia puesto unos grilletes, pero lo mas probable es que cayeran si el volvía a cambiar.
La respiración de Draco era tranquilizadoramente regular. Puso su mano sobre el hombre de él y se dio cuenta de que tenía el brazo desnudo. Miró hacia abajo. Vestía un simple camisón de algodón blanco, y nada más. Maldita sea, habían... Tocó su pelo y se dio cuenta de que le habían soltado la trenza. El cuchillo había desaparecido.
No eran buenas noticias. Es vez de sentir pánico, sintió que un nudo de ira, frío y furo, empezaba a formarse en su interior.
— ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
— Uno pierde la noción del tiempo aquí dentro, pero supongo que los trajeron hace treinta minutos, más o menos.
Treinta minutos. No era mucho, dependiendo de lo que hubieran tardado en traerlos a este sitio. Los demás necesitaban tiempo para colocarse en sus posiciones.
— Dime qué aspecto tiene sitio, ¿quieres? —dijo Blaise—. He adivinado algunas cosas, ya que me han dejado salir de vez en cuando para hacer trucos o para tomar el té con nuestros anfitriones; pero los ojos captan mejor los detalles que los oídos.
— Estamos en una jaula de cristal. Parece un cristal muy grueso. Y estamos en una cueva, o una caverna.
— Todo eso ya lo sé. —Blaise estaba impaciente—. Limítate a los detalles.
El corazón de Hermione latía con fuerza, pero parecía estable. Estaba encerrada, sí, pero tenía frío, y no estaba sudando. Podía ver el exterior.
— Estamos al final de una cueva larga y estrecha, quizá tengo unos veinte metros de lado a lado. En esta parte el techo está a tres metros, y es de piedra gris bastante desigual. En el otro extremo está más alto. No puedo ver cuánto desde aquí, la luz no llega hasta allí arriba. Veo dos salidas, pero podría haber más. Las paredes no son simétricas, y las sombras impiden que vea nada más.
— ¿Cómo esta iluminado?
— Hay cables por las paredes.
— ¿Alguien nos vigila?
Dios. No podía saberlo, ¿verdad? Los habían cegado y los habían encerrado en una jaula de cristal...¿Habrían hecho eso sí hubieran podido dominar su mente?
— Hay un guarda a metro y medio de la pared, uno ochenta, quizá noventa kilos. Nos vigila, pero no presta mucha atención. Parece aburrido. Tiene un rifle, parece un M—16, y... lleva algo en la cadera, pero no puedo verlo desde aquí.
— ¿Va vestido como con un pijama negro?
— Algo así, sí. —Entornó los ojos intentando ver mejor y captar los detalles. Pero no había luz suficiente—. ¿Por qué?
— Me preguntaba si iban disfrazados todo el tiempo.
— Hay otras tres personas al otro lado de la cueva que llevan túnicas. Túnicas blancas. Eh... Están limpiando una gran losa de piedra. Quizá un altas. —No podía hacer suposiciones sobre Blaise. Quizá los hechiceros fueran más difíciles de controlar que la gente normal, y habían utilizado el dolor para debilitarlo.
— Se están preparando para el espectáculo de esta noche, ¿no es así? —Suspiró—. No lo digo porque no aprecie la compañía, cariño, pero me ha decepcionado bastante ver cómo lo metían a los dos aquí. Parece que tenemos todo el mismo estatus, ¿eh? Y he trabajado tan duro para convencerlos de que estaba dispuesto a vender a mis amigos, a mi familia, a quien fuera. Creía que lo había conseguido. —Hizo una pausa—. Casi hacen que uno dude de su sinceridad.
Hermione observó, frunciendo el ceño.
— ¿Qué demonios estás haciendo?
Blaise estaba sentado con las piernas cruzadas, dando la espalda al resto de la caverna, y las manos ocupadas con...nada. Sonreía. Era una extraña visión en ese rostro devastado.
— Tejiendo. Ayuda tener una afición. ¿Te gustaría conocer mi amigo imaginario?
— No, gracias. —Solo había una manera de estar segura. Se inclinó hacia él y puso su mano en el brazo de Zabini.
— Vaya cariño. —Su sonrisa se volvió sugerente, y era simplemente grotesco—. No es que no me guste tener un poco de público, pero ¿realmente crees que es el momento adecuado?
Hermione retiró su mano. El sentimiento de magia había sido fuerte y extraño, lupus, pero mezclado con algo más. No había percibido nada malo. Estaba limpio.
— Eres un incordio, pero no estás hechizado.
— Ah. —Blaise todavía conservaba sus cejas, aunque los pelos estaban sucios y dispersos por la sangre seca. Las arqueó—. ¿Estás al tanto de los hábitos de Bellatrix? Interesante. No, estoy protegido, y eso le resulta a ella muy, pero muy frustrante.
— ¿Quién es Bellatrix? ¿La telépata?
Blaise continúo tejiendo en el aire.
— Es el único nombre que le doy yo. Ellos la llaman Madona, y no por la reina del pop, lo que habría molestado mucho a...ah, se está despertando. Bien.
¿Cómo podía saberlo Blaise si no tenía ojos? Pero tenía razón. Hermione se dio vuelta y vio que Draco había abierto los ojos.
— Descansa unos minutos antes de intentar moverte —dijo Hermione suavemente—. Blaise dice que el gas afecta más a los lupi que a los humanos. —Mecánicamente, Hermione puso su mano sobre el hombro de Draco. Y se quedó helada.
Draco hizo un gesto de malestar.
— Siento la boca como si hubiera estado comiendo basura... ¿Qué pasa?
— El hechizo. Se ha desvanecido.
Draco no dijo nada durante un largo instante.
— ¿Estás segura?
— Sí. —Debería haberlo notado enseguida, la primera vez que lo había tocado. Pero no había estado concentrada en eso, la necesidad de tocar a Draco había sido demasiado fuerte. Mierda, mierda, mierda...
— ¿Qué hechizo? —preguntó Blaise desconfiado.
Los ojos de Draco se fijaron en los de Hermione, inquisitivos.
— Está limpio —dijo ella—, pero...
— Si está limpio podemos confiar en él. —Haciendo gestos de dolor giró sobre sí mismo y se puso de pie. Sus ojos se agrandaron cuando vio a Blaise.
— Madre de Dios. Te han hecho un buen trabajo, ¿eh?
Blaise habló sin alzar la mirada de sus ocupadas manos.
— No importa eso ahora. ¿Qué estás haciendo aquí? Gasté un montón de tiempo y energía haciéndote llegar ese mensaje, maldita sea.
— Se supone que estamos aquí para derrotar a los malos y rescatarte —dijo Draco en un tono seco—. Pero mi protección ha fallado.
Blaise rió, sarcástico.
— No, no lo ha hecho.
Hermione sacudió la cabeza impaciente.
— Se ha desvanecido. Soy una empata. Puedo percibirlo.
— Y me alegro por ti, seguro, pero si Draco no estuviera protegido apestaría a ese báculo que lleva Bellatrix. Y no apesta.
— Sé que el hechizo no está. No podría equivocarme sobre eso.
— Tenía un hechizo de protección, ¿es eso? —Blaise alzó la mirada brevemente—. Tienes razón. No veo nada parecido. Pero están pasando cosas raras con la energía que hay entre ustedes dos.
— Oh...¿Puedes verlo?
— No puedo verte la cara, cariño, pero puedo ver tus colores.
— Al parecer, lo que ves es nuestro vínculo —dijo Draco—. Pero eso no me confiere ningún tipo de protección.
— Bueno, pues algo está haciendo. —Blaise volvió a tejer, frunciendo el ceño—. Lo que no debería ser posible, pero últimamente están pasando cosas muy rara, ¿no es cierto?
Eso es lo que había dicho la abuela.
— ¿Y que? ¿Qué es lo que puede hacer el vínculo?
— Puedo suponer que Draco está absorbiendo parte de tu inmunidad hacia la magia. La parte mala es que el hechizo de protección no iba a durar mucho. Pero la protección que ha tomado prestada parece ser que ha evitado que Bellatrix manipule su mente. Así que se ha equilibrado.
— No del todo —dijo Draco—. Se suponía que el hechizo tenía que traer a los demás hasta nosotros.
— ¿A los demás?
— Max, algunos federales, Theo y su escuadrón.
Blaise suspiró.
— Lo que daría por ver a Theo acudir aullando al rescate, si pudiera ver algo, claro está. Pero parece que vamos a tener que arreglárnoslas nosotros solos.
Hermione pensó amargamente que debería estar aterrorizada. Pero la ira seguí creciendo en su interior, invadiendo su pecho. Era fría, helada, y tranquilizadora en vez de irritante. Lo agradeció. No voy a dejarlos que lo hagan. No dejaré que le hagan daño. Soy mayor ahora, más fuerte. Puedo luchar.
Draco se acercó a ella, de modo que sus caderas y brazos se encontraron. Inclinó su cabeza.
— ¿Te encuentras bien?
— Sí. —La ira era mejor que el miedo. Hermione acercó su cabeza a la de él y aspiró su aroma. La suntuosidad del olor entró en ella y se mezcló con la ira—. Me parece que dependemos de tus dientes y mis reflejos.
La sonrisa de Draco fue rápida, y el brillo en sus ojos le dio un aire animal.
— Mis colmillos están afilados.
— Y yo tengo los reflejos de mi abuela.
— ¡Por fin! —exclamó Blaise, su voz irradiando satisfacción—. Ese era el último. Veamos si funciona.
Hermione se volvió para mirar a Blaise.
Estaba acercando su mano al suelo, con la palma hacia abajo, la cabeza inclinada como si estuviera totalmente concentrado en su mano. Cuando la mano tocó el suelo, Blaise esperó unos segundos, luego exhaló con energía.
— No ha explotado. Eso es buena señal, creo.
Hermione estaba empezando a pensar que quizá no hubieran manipulado la mente de Blaise, pero que tampoco estaba muy en sus cabales.
— ¿Ese guardia puede oírnos? —preguntó Draco.
— No lo creo, si no elevamos mucho la voz —dijo Hermione, y después añadió—: ¿Qué? —Cuando vio las cara de Draco y Blaise, con la misma expresión asombrada.
— He hablado por lo bajo.
— ¿Quieres decir que has hablado con el pensamiento? No es posible. Yo no puedo oírlo.
— ¿Puedes oír esto? —preguntó Blaise.
Sus labios no se había movido. Con los ojos abiertos de par en par, Hermione asintió.
— Sí.
— Entonces yo diría que el vínculo tiene algo que ver con eso. Fascinante. Pero no tenemos tiempo para recrearnos en tu nuevo truco. Hay algunas cosas que tienen que saber. Primero... —Miró a Draco, y su voz sonó seria por primer vez—. Lo siento, Draco. Grey esta con ellos.
Draco empalideció. Tras unos instantes, dijo:
— ¿Estás seguro?
Blaise asintió con una expresión de pena.
— Se ha acercado por aquí para intercambiar cortesías conmigo. Eh... El aprieto en el que se encuentran ahora ha sido, en su mayor parte, idea suya. Con algo de colaboración de Su Alteza la Borde, claro está. Resulta que Ella tiene esa abominación de báculo que chisporrotea poder por todas partes. Con él puede implantar pensamientos, no solo leerlos. No es como el control mental, pero se le parece bastante.
Habían capturado al hermano de Draco. Su hermano. Lo habían convertido en un traidor volviendo su mente contra él. Las manos de Hermione se convirtieron en puños.
— Ya hemos visto lo que puede hacer, con dos agentes del FBI.
— Entonces se hacen una idea —dijo Blaise—. Por lo que sé, Ella se dedica a buscar pensamientos que vayan en la dirección que le interesa, luego los manipula y los retuerce hasta conseguir el resultado que busca. —Sus ojos se detuvieron en Draco brevemente, y retiró la mirada—. Con Grey, la manera en la que lo han manipulado..., eh... cree que salvará a los Nokolai si Lucius y tú mueren.
Los ojos de Draco estaban llenos de odio.
— Los mataré por lo que le han hecho.
— Pues tendrás que emplearte a fondo, son bastantes —dijo Blaise con amargura—. Las buenas noticias son que eso azá no saben una mierda sobre hechicería. He estado recolectando sorcéri, y... —Se detuvo y volvió la cabeza.
Hermione también lo oyó. Cánticos. ¿A qué distancia? No podía emitir ninguna palabra.
— Puedo hacer que vuele por los aires —siguió Blaise rápidamente—. La jaula de cristal, quiero decir. Tengo el control de la rejilla de energía que hay debajo de la roca. Por lo menos, creo que lo tengo. Mi plan es esperar a que Su Alteza apareciera por aquí, y cuando estuviera cerca... ¡buum! —Su rostros desfigurado brilló de alegría por unos instantes. Luego, se encogió de hombros—. Aunque no me apetece hacer bumm junto con la jaula. Así que la pregunta es, ¿nos dejamos llevar por la gloria y nos convertimos en mártires todos juntitos? ¿O probamos otra cosa cuando vengan por nosotros? Lo que, imagino —añadió— que están a punto de hacer.
Los cánticos se acercaban. Hermione podía distinguir palabras, pero no eran en ningún idioma que ella conociera.
— Una explosión. —Hermione se humedeció los labios—. Sí. Sería una buena distracción.
— Si pudiera hacerlo a distancia —dijo Draco—. ¿Puedes?
— Probablemente...sí. Podría llevarme esto... —Puso una mano sobre la roca—. Necesito un trozo. Que sirva como fusible.
Hermione miró a Draco.
— Si Theo y los demás están cerca, podrán oírla.
— Pero quizá no estén cerca. Blaise y yo tendremos que encargarnos de todos ellos mientras tú le quitas el báculo a Ella.
— Lo que significa que antes de actuar, tenemos que estar afuera de la jaula, pero cerca de Ella.
— No creo que eso sea un problema. —La alegría de Blaise bordeaba lo maníaco—. Nos manejará como un rebaño con ese báculo suyo. Sin embargo, deberían saber que...
— Ya están aquí —dijo Hermione cuando las primeras figuras encapuchadas asomaron de uno de los extremos de la caverna. Las túnicas eran blancas. Y portaban velas. Sí, quiso decir a Blaise, juegan a disfrazarse...
— El báculo —dijo Blaise rápidamente—. Puede paralizarnos con él. El dolor es increíble. No sé cómo de cerca tiene que estar para poder utilizarlo.
— No puede paralizarme a mí —dijo Hermione—. Y si Draco comparte mi inmunidad...
— Quizá la comparta, o quizá esté dividida entre los dos y solo sea la mitad de eficaz. —Blaise hizo un gesto de disgusto—. Estaría bien hacer algunas pruebas, pero...
Los de las túnicas blandas dieron paso a un grupo que vestía de negro al estilo de los ninjas, como el guardia enorme que vigilaba la jaula.
— ...no tenemos tiempo, ¿verdad?
Los de la túnica blancas se dirigieron al otro extremo de la caverna, sin interrumpir sus cánticos.
— Hay doce guardias, y los de las túnicas son el doble —dijo Hermione rápidamente—. Los guardias están armados, rifles y armas de mano. Todos son varones, creo. También hay una mujer vestida de blanco.
— Que viene hacia aquí —añadió Draco.
— Su Alteza. Dios, estoy impaciente. Si la Dama es misericordiosa, esta noche le hincaré mis colmillos en el cuello.
— Si fuera posible, me gustaría hacer algún arresto. —Pero las palabras de Hermione eran tanto para ella como para él, porque la rabia que bullía en su interior entendía a Blaise perfectamente. Estaba de acuerdo con él.
Blaise torció los labios en una sonrisa siniestra.
— Si quieres puedes arrestar a lo que quede de ella.
Los guardias estaban formando en dos filas, dejando un pasillo central para la mujer.
— Si tienes el suficiente sentido común —le reprochó Draco—, me ayudarás a retener a los demás para que Hermione pueda abordar a Bellatrix.
— Aleja ese maldito báculo de ella —dijo Blaise con una voz grave y fiera—. Aléjalo y yo me encargo de quemarlo. Tiene que arder.
Una voz y escalofriante dijo:
— Abran.
Ya estaba allí.
La mujer era menuda. Su cuerpo estaba oculto por una amplia túnica blanca; y la mano que sujetaba el báculo, grande y de madera, parecía casi infantil. Tenía una frente altiva y redondeada, una piel muy pálida y un mentón pequeño. Parecía tener unos cincuenta años.
Hermione sintió que sus labios se torcían hasta formar un gruñido mudo. Esta era la que, mediante un intermediario, había matado a Cedric Diggory. La que había reducido a Hannah Abbott a una pulpa sanguinolenta. La que había corrompido al hermano de Draco. La que planeaba matar a Draco para alimentar a su diosa con su muerte y el vínculo que la unía a Hermione.
El guardia fornido abrió la puerta.
— Madona. —Blaise estaba de pie, sonriendo—. Qué sorpresa que te dejes caer por aquí. Te invitaría a pasar, pero mis habitaciones está un poco atestada últimamente.
— Voy a ponerle remedio enseguida, Blaise. La mujer primero —dijo al guardia.
Hermione había esperado que no tuvieran mucho interés en ella: era pequeña, era mujer y ni siquiera se habían molestado en atarle las manos. Pero el cañón del arma en su espalda le dijo que esperara. Que esperará un poco. En vez de eso, miró a los ojos a su enemiga y dijo:
— Está arrestada.
La frase provocó una sola carcajada infantil. Y el gesto de diversión siguió en las comisuras de sus pálidos durante un tiempo más.
— ¿De qué se me acusa?
— Asesinato por medios mágicos. Conspiración para cometer asesinato por medios mágicos.
— Creo que tendrá algún pequeños problemas para llevar este caso a juicio, detective. No creo que permitan que testifiquen los muertos. —Miró al guardia que estaba detrás de Hermione. El que sostenía el arma contra su espalda—. Utiliza el cuchillo...en su cara, mejor.
Hermione sintió la hoja plana de un cuchillo contra su mejilla.
— Se va a portar bien, ¿verdad señor Malfoy? —dijo con esa voz aguda y dulce—. O mi guardia le sacará los ojos a su elegida. Prefiero que siga intacta, pero no es estrictamente necesario.
Los labios de Draco estaban blanco. Sus ojos eran dos pozos negros. Completamente negros.
— Incline la cabeza y permita que mi hombre le coloque la cadena.
Draco obedeció. Uno de los guardas le puso una cadena gruesa alrededor del cuello, luego dio un paso atrás y tiró de ella.
— Vamos.
Draco salió de la jaula de cristal con tres rifles apuntándolo. Le colocaron al lado de Hermione.
— Ahora, Blaise, te toca.
— Creo que prefiero quedarme aquí —dijo amistosamente.
La mujer negó con la cabeza.
— Si tengo que castigarte de modo que mis hombres tengan que sacarte de ahí, no voy a ser muy amable.
Blaise soltó un gran suspiro.
— Persuasiva como siempre.
Los guardias dejaron caer unos grilletes en el interior de la jaula. Blaise los recogió y se los puso. Caminó hasta el umbral de la puerta de la jaula, inclinó su cabeza y se dejó colocar una cadena como la de Draco.
Empezaron a caminar hacia la caverna, con Bellatrix cerrando el desfile. Espera, se dijo Hermione. Aquella zorra era la sacerdotisa o algo parecido. Tendría que ser parte de la ceremonia. Tendría que acercarse a ellos.
— ¿Cuánto tenemos que alejarnos para estar a salvo de la explosión? —preguntó Draco.
— Lo más lejos, mejor, probablemente —respondió Blaise.
— ¿Probablemente?
— ¿Crees que he hecho esto antes?
Los de las túnicas blancas estaban de pie formando filas en forma de curva alrededor de un altar de piedra. Dejaron un gran pasillo en medio. Todavía seguían entonando sus cánticos cuando Hermione, Draco, Blaise y los guardias fueron en procesión por el pasillo como en una boda macabra. Repetían la misma estrofa una y otra vez.
Había un hombre cerca del altar que dirigía los cánticos. No tenía puesta la capucha. Era un hombre mayor con un rostro agradable pero anodino. El tipo de cara que olvidas a los dos minutos de conocer.
— ¿Ese es Gregory? —preguntó Hermione, sorprendida.
— Sí —fue la respuesta de Blaise—. Es un bastardo escurridizo. No es un verdadero creyente, como Bellatrix, pero le atrae el poder. Ahora mismo no está muy contento con ella. Bellatrix está presionando a sus seguidores mucho más de lo que a él le gustaría.
Hermione asintió. Tenía la boca demasiado seca como para escupir. Sin embargo, su mente estaba clara y el pulso seguí estable. Su ira se volvió fría y adquirió fuerza. Esta vez no. Esta vez no vas a matar a alguien a quien quiero mientras yo miro. Esta vez no.
El cántico se detuvo.
— Coloquenlos delante del altar —dijo esa voz infantil.
Hermione llegó primero y volvió la cabeza para mirar el mar de figuras anónimas cubiertas de túnicas blancas. Las velas que sujetaban arrojaban sombras danzantes.
Draco se detuvo.
— Grey —dijo. Su voz sonó ronca. Estaba mirando a uno de los que llevaban túnicas blancas.
Uno de los guardias lo golpeó en los riñones con la culata del rifle.
— No te detengas.
La figura envuelta en la túnica blanca giro ligeramente.
— Grey —dijo Draco con urgencia—, no te preocupes por mí. Pero ¿vas a dejar que sacrifiquen a mi elegida?
La figura habló, con voz grave, como si las palabras salieran de su boca en contra de su voluntad.
— ¿Tu...elegida?
— Te están mintiendo, Grey —dijo Bellatrix—. Aquí no hay ninguna elegida. Solo una de las putas de tu hermano.
— Soy la elegida de Draco —dijo Hermione rápidamente—. Por eso nos quiere. Por el vínculo. Ella... —El golpe que recibió de su guardia fue demasiado rápido y no pudo esquivarlo. Una bofetada con la mano abierta en un lado de la cabeza que la mandó al suelo.
— Draco. —La voz de Greyback se había vuelto clara y apremiante—. Por tu honor. ¿Ella es tu elegida?
— Sí.
Greyback se agitó.
— Esto no está bien. No está bien. No puedes...
— Grey. —Bellatrix se acercó a él—. Están mintiendo. Sabes que está mintiendo. —Alzó su báculo.
— ¡No! —grito Draco.
Y el otro extremo de la estancia explotó con una luz caliente y cegadora.
Hermione cayó al suelo, y rodó rápidamente para alejarse del alcance de los guardias. Sintió cambiar a Draco cuando la estancia explotó de nuevo, acompañado de gritos y disparos esta vez, y rodó, se puso de cuclillas y apuntó hacia la figura cubierta de blanco que tenía intención de matar a Draco con el báculo. Se lanzó contra ella.
Chocó contra Bellatrix haciendo que esta cayera al suelo. La mujer aterrizó peleando, golpeando a Hermione con el báculo, gritando:
— ¡Maldita seas, maldita seas, tú, muere!
Hermione apenas sentía los golpes. Agarró la cabeza de Bellatrix en las manos y la golpeó contra el suelo de piedra. Una vez. Y otra. Sí, destrózale la cabeza, sí, no tocará a Draco, no le hará daño. Sintió que Bellatrix ya no ofrecía resistencia, que no se movía.
Algo le dio en el hombro. Hermione sintió el golpe; y la sorpresa desapareció a medida que sentía dolor en el brazo izquierdo, que estaba súbitamente débil.
Una bala. Le habían disparado. Hermione parpadeó, aturdida y miró a Bellatrix que estaba...muerta. Bellatrix estaba muerta.
El báculo. También tenía que destruir el báculo. Pero cuando giró para localizarlo, no lo vio. Vio a Draco, sus fauces cerradas alrededor del cuello de uno de los guardias vestidos de negro. Se libró del hombre, pero había otros, otros que le disparaban, incluso cuando Draco se lanzó por el siguiente.
Un arma. Hermione necesitaba un arma, tenía que dispararles, detenerlos sí, ahí había una automática que había dejado caer uno de los guardias. Empezó a arrastrarse hacia ella, pero el brazo izquierdo no pudo sostener su peso, así que rodó de nuevo, y acabó sosteniendo aquella arma tan poco familiar en sus manos.
El rugido enorme y ensordecedor de un tigre resonó por encima de los disparos y los gritos.
Oh, gracias a Dios. Gracias a Dios. La abuela había llegado.
Hermione apuntó lo mejor que pudo, con una sola mano, y empezó a disparar.
—
Crookshanks metió la cabeza entre las piernas de Hermione, quejándose sonoramente.
— Está bien, está bien. No tengo tiempo para esto —murmuró mientras se dirigía a la cocina para llenar el plato de Crook. Su cocina, en su pequeño departamento. Draco todavía quería que se fuera a vivir con él, pero ella no estaba preparada aún.
— La ceremonia empezará en... —Hermione quiso mirar la hora en su reloj de muñeca, pero a medio camino tuvo que recordar que tenía que mirarlo en el otro bazo.
Una hora y veinte minutos. Todavía tenía tiempo, se dijo a sí misma. Y era ridículo estar tan nerviosa, pero le había llevado una eternidad arreglarse el pelo con aquella escayola. Simplemente sujetar la tapa de la lata de la comida de Crook estaba siendo una tortura. Se las arregló, y estaba librándose de la lata cuando sonó el timbre de la puerta.
— No es un buen momento —susurró mientras iba hacia la puerta. Pero cuando comprobó la mirilla, abrió la puerta—. Mira a quién tenemos aquí.
Remus Lupin seguí con su traje arrugado y desafiando a la moda como siempre, pero por una vez, no fruncía el ceño.
— ¿Tienes café?
Hermione sacudió la cabeza y sonrió.
— Probablemente quede algo en la cafetera. Pero tendrás que arreglártelas tú —dijo mientras caminaba hacia el baño—. Puedes hablar mientras termino de arreglarme. Tengo que estar lista para el mediodía.
— Lo sé.
Hermione lo miró por encima del hombro, sorprendida. Él sonrió misterioso.
— Soy tu chófer. Draco me lo ha pedido.
— Oh. Bueno...Estupendo. ¿Qué tal te encuentras? —preguntó mientras agarraba el cepillo de pelo y fruncía el ceño ante su imagen. Iba a ser imposible que pudiera hacerse una trenza. Tendría que dejarlo suelto.
— Bien. Estoy bien. He tenido suerte.
— Sí. —Hermione arrastró el cepillo por el pelo.
Cuando Bellatrix murió, hubo una especie de efecto rebote en sus víctimas. La mayoría de ellos se había vuelto locos, aunque de maneras diferentes. Los que habían permanecido bajo su control durante más tiempo y más profundamente, la mayoría de los que estaban en la cueva, habían explotado en una furia homicida. Pero dos de ellos se habían suicidado. Como Ronald.
Hermione sintió que sus ojos se inundaban en lágrimas.
— Maldita sea. —Dejó su cepillo. Si no hubiera matado a Bellatrix, Ronald habría estado vivo ahora.
— Está bien —dijo Remus suavemente—. He pasado por eso. Está bien cuando todo está sucediendo. pero después... —Se encogió de hombros—. Te pones a llorar de repente.
Hermione intentó sonreír.
— ¿Tú lloras?
— Eh, nosotros los polacos somos muy machos. Unas pocas lágrimas no cambian eso.
Hermione asintió, inhaló profundamente y agarró el rímel. Bien. Su mano no temblaba. Era muy difícil ponerse el rímel cuando tenía temblores.
— ¿Qué tal está Sirius?
— Ocupado. Él es la parte inteligente de nuestro equipo, así que he dejado que se encargue del papeleo. —Remus rió y siguió hablando de su compañero, dándole el tiempo a Hermione para recomponerse.
Hermione hizo lo que pudo para prestar atención. Pero su mente no estaba con Remus, o en la familiar tarea de ponerse el rímel.
Remus había sido uno de los afortunados, sí. Todavía estaba sedado cuando Hermione mató a Bellatrix y su mente había estado protegida del efecto de su muerte. Y tenía cerca a un chamán veterano para ocuparse de él. Otros no habían tenido esa suerte.
Un concejal del ayuntamiento había acabado en una habitación tranquila y privada en el manicomio. La viuda rica de un congresista estaba catatónica. Sin embargo, los médicos eran optimistas sobre algunos de ellos. Por ejemplo, sobre el coronel de las Fuerzas Áreas que se había entregad, una vez, se había liberado su mente. No había estado bajo el control de Bellatrix durante mucho tiempo.
El capitán estaba intacto. Había estado limpio todo el tiempo. Y todavía no había perdonado a Hermione que hubiera dudado de él, aunque le había hecho un par de visitas de cortesía antes de que le dieran el alta en el hospital.
Hermione se había disculpado. Y después, discretamente, se había dimitido.
En cuanto a Gregory... Hermione estaba intentando no pensar en él. Por lo menos, no hoy. No sabían qué efecto había tenido sobre él la muerte de Bellatrix porque de alguna manera, en medio de la confusión, había conseguido escapar... Al parecer, con el báculo. No pudieron encontrarlo. Tampoco a Lavender. Y luego estaba Greyback.
Hermione tragó al sentir que el dolor le cerraba la garganta y metió el pintalabios en su bolso. Draco había caído herido, sangrando. Uno de los azá estaba a punto de darle un disparo en la cabeza, una bala de plata.
Greyback se interpuso. La bala se estrelló contra su corazón y causó más daño de lo que un lupus podía curar. Algunos llamaría a lo que hizo suicidio. Pero ya que había muerto salvando la vida de su hermano, Hermione prefería pensar que su mente había recuperado la cordura en los últimos instantes de vida.
— Estoy lista —dijo—. Vamos.
— Y bien —dijo Remus mientras se sentaba al volante de su coche—, ¿te importa explicarme cómo puedes estar tú aquí mientras Draco está en el Hogar del Clan?
— Lo haría si lo supiera. Por alguna razón, el vínculo se ha relajado bastante después de la pelea. Draco dice que a veces suele pasar. —Aunque seguía muy presente. Seguía necesitándolo físicamente y de todas maneras posibles, y prefería no estar lejos de él durante mucho tiempo.
Pero podía alejarse durante un rato. Y Hermione lo necesitaba, necesitaba un poco de intimidad. Tiempo para ella misma. Tenía que pensar sobre muchas cosas.
— Y otra cosa que no entiendo. ¿Cómo pudieron llegar tan a tiempo los demás?
Hermione lo miró divertida.
— No sé si fue tan a tiempo. Unos minutos antes habría estado bien.
Remus suspiró.
— No vas a contármelo, ¿verdad?
— No. Solo a los que necesiten saberlo, Remus. Y tú no lo necesitas.
La respuesta que no podía darle a Max. Cuando el hechizo falló, los demás estaban ya a medio camino hacia el punto marcado en el mapa de Blaise. Siguieron adelante, por supuesto. Walker sabía dónde podía haber una cueva, pero no tenía ni idea de si conectaría en algún momento con el sitio en el que estaban encerrados ella y Draco.
Pero tenían a Max. Los gnomos conocen las rocas y la tierra del mismo modo que los pájaros conocen el aire y el viento. Con su habitual combinación de insultos y baladronadas, Max les aseguró que podría encontrar cualquier sitio en cualquier sistema de cuevas con los ojos cerrados.
No había sido tan fácil, por supuesto. Tomaron algunos caminos equivocados, y algunos de los pasajes habían resultado ser escalofriantemente estrechos. Pero una vez se acercaron lo suficiente como para que los lupi pudieran oír los cánticos, pudieron seguir una dirección segura. Max fue capaz de guiarlos hasta la caverna.
Hermione deseaba haber presenciado la discusión entre Theo y la abuela antes de entrar en las cuevas. Hermione había puesto a Theo al mando de la operación, y este se había negado tajantemente a llevar consigo a una anciana. Y estaba dispuesto a atarla para asegurarse de que no les "pisaba los talones", como él dijo. Pero nadie estaba al mando de la abuela. Decidió resolver la discusión cambiando.
Hermione sacudió la cabeza, sonriendo. Era típico de la abuela elegir el momento más dramático posible para hacerles ver a los lupi que no son los únicos que pueden adoptar otra forma.
— ¿Cuál es el chiste? —preguntó Remus.
— Familias. Te vuelven loco, pero ¿qué sería de nosotros sin ellas?
— Cierto. Y supongo que al final del día de hoy vas a tener una familia más grande, ¿eh?
— Supongo que sí.
Esta vez había otro lupus en la entrada del Hogar del Clan. Sammy, el pelirrojo, se estaba recuperando de un balazo, y no estaba apto para el servicio. Aparcaron cerca del campo abierto en el centro del pueblo. Estaba lleno de gente. Draco estaba esperando. Cojeó hacia el coche, sonriendo.
Draco había recibido cuatro balazos, y Hermione, uno. Los guardias no se habían atrevido a dispara contra ella porque estaba muy cerca de Bellatrix. Una de las balas se había alojado en uno de los aquel momento, pero fue muy preocupante después. Aunque sus heridas estaban casi curadas mientras que a Hermione el hombro todavía le dolía horrores y no podía utilizar el brazo.
El vínculo con Draco no le había proporcionado la habilidad de sanar de los lupi. Todavía estaban intentando averiguar qué había cambiado en ellos, exactamente.
En más de una manera.
— Hola —dijo Hermione dejándose rodear por los brazos de Draco.
Él la abrazó con cuidado para que no le doliera el hombro.
— ¿Lista?
Hermione asintió.
Las ceremonias lupi eran un asunto más informal que la mayoría de los rituales humanos. La gente saludaba a Draco, y algunos a Hermione, mientras caminaban, agarrados de la mano, hasta el centro del campo. Allí estaba el rho, sentado sobre una gran roca plana.
Según le habían dicho a Hermione, el rho se habría levantado para la ceremonia. Pero todavía no se había recuperado de todo, y había insistido en celebrar la ceremonia ese día fuera como fuera. Hermione no entendía por qué, pero para los lupi el descubrimiento de un elegido, cualquier elegido, era motivo de gran celebración. Estaba relacionado con sus creencias religiosas. Fueran cuales fueran sus razones para sentirse así respecto a un elegido, era algo muy profundo. Tan profundo que había permitido a Greyback liberarse del control de Bellatrix por un instante, dándoles la oportunidad que habían necesitado.
Alguien más esperaba en el centro del campo. Un hombre delgado con el pelo de color canela y el rostro más perfecto que Hermione había visto nunca. Parte de ese rostro estaba cubierto por unas gafas oscuras. Blaise no había recuperado sus ojos del todo todavía. Estaba desnudo.
Hermione no era la única que iba a unirse a los Nokolai.
Cuando Hermione estaba todavía en el hospital, el rho había mandado a llamar a Blaise. Nadie sabía exactamente de qué habían hablado, aunque Blaise había compartido parte de ello con Hermione. Ni siquiera Theo había estado presente en aquella reunión. Pero Blaise salió aturdido una vez hubo aceptado el ofrecimiento del rho. Aquel que no tenía clan no sería un marginado nunca más.
Draco y Hermione se detuvieron unos pasos detrás de Blaise, dejándolo solo ante el rho.
— Blaise Zabini —dijo Lucius con su voz grave y señorial—. Los Nokolai te reclaman por la sangre, por la tierra y por el fuego. ¿Qué contestas?
Blaise se arrodilló con agilidad e inclinó la cabeza.
— Me someto, y respondo con mi sangre, en la tierra, a través del fuego.
— Alza tu cabeza y tu brazo.
Blaise obedeció y extendió su brazo derecho.
El rho alzó su propio brazo. Tenía un cuchillo en la otra mano, e hizo un corte en el brazo de Blaise. La sangre empezó a gotear. Después se hizo un corte en su propio brazo. Lo giró para que su herida estuviera de cara hacia la tierra, donde había caído la sangre de Blaise, y dejó caer la suya propia justo en el mismo sitio.
— Nuestra sangre se ha mezclado —anunció—. Sellaremos la unión con fuego.
Una mujer que Hermione que no había visto dio un paso hacia adelante. Llevaba unas gafas con montura de oro, y el pelo blanco y corto. Vestía un amplio vestido verde y sostenía una varita. Se paró un metro de los dos hombres, apuntó con su varita y una llama salió de la punta. El fuego tocó la herida de Blaise y luego la del rho. La expresión de los hombres no cambió.
Hermione frunció el ceño. Aquello tenía que doler.
— Draco...
— Chss. No te preocupes. A ti no te reclaman por la sangre, la tierra y el fuego.
— Vale. Bien.
— Por la sangre, en la tierra, a través del fuego —gritó el rho—, ahora eres un Nokolai.
Hubo algunos gritos de celebración y alguien dijo "¡Bienvenido!" al nuevo miembro del clan. Blaise se levantó con agilidad y se retiró. Alguien le lanzó unos tejados rotos y su sonrisa relampagueó. Miró a Draco.
Draco lo felicitó con una sonrisa y mostrando sus pulgares señalando hacia arriba.
Ahora les tocaba a ellos. Hermione caminó al lado de Draco hasta la roca donde estaba sentado su padre. Se arrodilló, con menos gracia que Blaise, eso si. Draco se arrodilló a su lado.
— Se nos ha concedido una elegida —dijo el rho. Su voz era más grave aún, como un trueno lejano—. La dama ha bendecido a los Nokolai. Cuando ella nos llama, ¿qué respondemos?
Unas cien voces gritaron:
— ¡Sí!
— Pero el elegido también puede elegir. ¿Qué eliges Hermione Granger?
Hermione se había aprendido la respuesta tradicional. La dio, con un añadido de cosecha propia.
— Elijo honrar el vínculo. Elijo a los Nokolai. Y...elijo a Draco.
La mano de Draco estrechó la suya llena de emoción.
Lucius parpadeó, sorprendido, pero se recuperó enseguida.
— Entonces, por la gracia de la Dama y de tu propia elección, acepta esta señal de la mano de tu elegido. —Sostenía algo dorado que brillaba al sol.
Draco lo agarró. Hermione inclinó la cabeza, sintió las manos de Draco en su nuca cuando él retiró el cabello para colocarle el colgante. También sintió algo más. Su mano tocó la pequeña forma dorada que colgaba de la cadena, una forma fluida, abstracta, que no representaba nada que ella pudiera reconocer.
Pero le era familiar. Era como magia, un suspiro de magia. Magia... y luz de luna.
— Sé bienvenida a los Nokolai —dijo el rho con una voz cargada de emoción. Se inclinó hacia adelante, agarró el rostro de Hermione con ambas manos y la besó en la boca. Después, volvió a sentarse, sonriendo ampliamente—. Y ahora —gritó—, ¡a celebrarlo!
Pasaron horas antes de que Draco tuviera un momento a solas con Hermione. Finalmente, sintiendo que Hermione estaba sobrepasada por tantas atenciones y, francamente, con el deseo de tenerla toda para él, Draco apeló a sus heridas y a las de ella, y huyó hacia la casa del rho.
— Gracias a Dios —dijo Hermione dejándose caer en el sofá del pequeño salón—. Todo el mundo es estupendo, pero resulta un poco...
— ¿Agobiante? —dijo Draco mientras se sentaba a su lado. Ahora que tenía a Hermione toda para él, no sabía cómo abordar el tema al que había estado dando vueltas toda la tarde.
Hermione asintió.
— Me siento como si fuera un objeto sagrado. —Sus dedos rozaron el pequeño símbolo dorado que colgaba de su cuello—. Todo el mundo quiere tocarme.
— Somos una pandilla a la que nos gusta tocarlo todo.
— Pero no es solo eso. La figura del elegido está rodeada de gran simbolismo religioso. Es difícil de sobrellevar.
— Lo que tú ves como religión, nosotros lo vemos como un hecho. Puede que un poco distorsionado —admitió Draco—. Nuestra larga historia se ha transmitido de forma oral, y las enseñanzas han podido perder algunos elementos por el camino, así como ganar otros a lo largo de los siglos. —Agarró la mano de Hermione—. Hermione.
Hermione se reclinó y dejó que su cabeza descansara en la espalda del sofá. Le sonrió.
— ¿Sí?
— Has hecho algunos añadidos al ritual. Palabras tuyas. Sobre mí.
— Me pareció correcto.
Draco trago.
— No hace tiempo odiaba el vínculo, y no estabas nada segura sobre mí. ¿Qué ha cambiado?
— Como Blaise dice que le confesó tu padre, puede que sea testadura. Puede que, a veces, me cueste agarrar las cosas. Pero no soy estúpida. —Hermione se inclinó hacia Draco y lo besó en los labios, suavemente pero a conciencia—. Me ha tomado tiempo, pero al final me he dado cuenta de que el vínculo no se me ha impuesto. ¿Cómo podría ser así? Soy inmune a la magia. Ha tenido que nacer de mí. Y no puedo repudiarlo sin rechazar una parte de mí.
Un sentimiento de alivio, lento y profundo, relajó los músculos de Draco. Se reclinó, igual que Hermione, con la cabeza reposando en el respaldo del sofá. Sonrió.
— Ahora, piensa —dijo Hermione secamente—. En un par de días tendremos que enfrentarnos a otra especie de ceremonia.
— ¿Mmm?
— La cena de ensayo, ¿recuerdas? Conocerás al resto de mi familia. Y puede que no sean tan amables como lo miembros de la tuya.
Draco se enfrentaría a eso cuando llegara el momento. En ese instante, ya era suficiente, más que suficiente, estar allí con ella. Donde era aceptado. Donde era el elegido, de la Dama y de Hermione. Tras unos segundos, Hermione puso su mano en el muslo de Draco.
— ¿Cansado?
— Exhausto —admitió él. Le dolían algunas partes del cuerpo que no habían sanado del todo... y empezaba a sentir presión en otra parte del cuerpo que no había sufrido daño alguno a medida que la mano de Hermione seguía hacia arriba por su ingle. Giró la cabeza para mirarla. — No tan cansado —dijo. Y, un segundo después, Draco capturó su boca mientras Hermione reía feliz.
FIN
Hola, si has llegado hasta aquí, quiere decir que esta obra te a gustado. Te quiero agradecer a ti por leerla, no importa si te tomo 9 meses o algunas semanas o alguno días, tu has sido mi apoyo del otro lado de esta aventura. Gracias por seguirla desde el principio y por darme la oportunidad de adaptarte esta obra con los personajes de Harry Potter.
Tengo tanto por decir que no sé por donde empezar. Gracias a las chicas del facebook que fueron las primeras en leerlas (Reyes y Lyn).
Gracias a todas las lectoras de Fanfiction, quienes fueron mis primera lectoras (SALESIA)
Gracias a todas las lectoras de Potterfics, que fue mi segunda página donde traje la obra.
Gracias a todas las lectoras de Wattpad, quienes fueron mi tercer página a la hora de subirla.
En fin, gracias a todas. Gracias por leerme, por dejarme un comentario, por tenerla entre sus favoritas, por todo.
No se olviden de seguir mis obras. Sí desean preguntarme algo, lo pueden hacer. Todas las preguntas serán contestadas.
Nos seguiremos leyendo...
Besos
Lumione
