"Seguramente, si Sam estuviera aquí me echaría la bronca por decirte esto Cass, pero como no está, te diré que me dejes en paz. Incluso cuando estaba dormido sabía que estabas pegado a la cama." Castiel lo miró en silencio y por mucho que Dean intentaba leer lo que su rostro decía, no había forma de saber nada sobre sus inexpresivos ojos. "Incluso cuando estoy durmiendo se que estás ahí."
"Sólo estoy cumpliendo la palabra que le prometí a Sam."
En el momento en el que Castiel vio que Dean se intentaba levantar, puso una mano sobre su pecho y bien por lo débil que todavía se encontraba o por algún tipo de poder angelical que su compañero de habitación estaba usando con le, cayó en seguida sobre la cama otra vez.
"Sam no está punto. Sam se ha ido para que ayudarme a mi que pueda salvarle luego a él. Creo que he dejado de ser un crío hace mucho tiempo como para tenerte pegado a mi culo todo el tiempo." De nuevo el ángel no se inmuto. "Vale, ya he tenido bastante." Casi de un salto, Dean se levantó de la cama, tal vez demasiado rápido para que su cuerpo lo pudiera soportar, pero aún así consiguió permanecer de pie. "Si estás aquí para ayudarme, muy bien ayúdame a volver a andar con normalidad, a volver a estar en forma para ir a por Sam, si vas a ponerte en medio de todo lo que intento hacer, entonces será mejor que te vayas."
Al ver que de nuevo Castiel no hacía nada, Dean decidió hacer lo que mejor sabía; cuando se trataba de proteger a Sam, de salvarlo o simplemente de cualquier cosa que tuviera que ver con su hermano, Dean siempre conseguía sacar fuerzas de donde no las tenía.
Estaba agotado, por más que había pasado varios días durmiendo, recuperándose de la herida en la pierna, sabía que no estaba al cien por cien, que cualquier enfrentamiento con un demonio acabaría mal para él y cualquier criatura sin mayor esfuerzo, podría dejarlo fuera de combate.
Pero aún así, lo intentaría, por Sam, por lo que sentía por él, por la persona a la que más quería en su vida. Así, con paso no tan firme como le hubiera gustado, dio un paso adelante. Definitivamente la pierna no le respondía como debería hacerlo, por lo que estuvo a punto de perder el equilibrio y caer al suelo, pero el brazo de Castiel lo impidió, sosteniéndole.
"No hace falta que lo hagas por caridad o por no se que promesa le hayas hecho a Sam. Prefiero caer cien veces a que me tengas retenido en esta habitación como un inválido para que no me haga daño."
Los dos se miraron se miraron un momento. Por más que lo intentaba, Dean no encontraba la forma de descifrar lo que decían sus ojos. Castiel parecía preocupado, pero no lo suficiente comprometido como para confiar en él y permitirle hacer las cosas tal y como le estaba pidiendo él.
"Suéltame, puedo hacerlo." Dean empujó el brazo del ángel, pero por mucha fuerza que usara, no conseguiría nada. "He dicho que me sueltes." No quería que Sam lo viera así, derrotado, incapaz de andar por si mismo. ¿Cómo iba a ir a buscar a su hermano cuando no podía dar ni un solo paso por si mismo?
"Si quieres suicidarte no te lo voy a prohibir, pero no antes de que terminemos con esta guerra. Ya te dije que hay algo en ti, algo importante y no voy a desperdiciar la que puede ser nuestra única oportunidad de hacer algo porque no sepas ver la prioridades."
"¿De que demonios estás hablando? Soy un cazador, o hasta no hace muchos meses lo era. Pero sin mi hermano al lado no puedo hacer nada."
Sin que Dean se diera cuenta, Castiel lo llevó hasta la cama e hizo que se sentara. Parecía un coche sin dirección, perdido en una gran autopista sin saber donde estaba su horizonte o en que dirección se perdería para siempre. Sam era su copiloto, la única persona que sabía leer su mapa de carreteras, le daba las direcciones adecuadas y le hacía frenar cuando sabía que estaba llegando demasiado lejos. Pero sin su hermano estaba completamente perdido, el Impala que había dentro de él tenía los faros sin luces y el volante no era capaz de saber a donde tenía que girar.
Pero hacerse el tipo duro era su mejor interpretación, ya eran muchos años demostrando a la gente que sus sentimientos no se interponían cuando tenía que hacer las cosas bien. Había visto morir a toda su familia, había visto morir a su hermano y había pensado durante unas horas que todo su mundo se había terminado para siempre. ¿Sería este el verdadero momento en el que eso ocurriría?
"Ese es tu problema Dean." Dijo por fin Castiel, como si hubiera estando escuchando durante aquellos últimos segundos todos y cada uno de los pensamientos que habían pasado por la mente de Dean. "Crees que tu hermano es mejor que tu. Estás tan seguro que Sam es más inteligente que tu, que tiene más recursos… tienes tan baja autoestima que ahora intentas hacerte creer a ti mismo que no puedes hacer esto sin Sam."
Dean no dijo nada, tan sólo miró a Castiel con unas ganas terribles de matarle por decir aquello. Como si le conociera, como si supiera algo sobre él o sobre su familia. ¿Qué derecho tenía un ángel a hablarle así? Pero de todas formas, no dijo nada, no sabía que decir, porque al fin y al cabo, por mucho que le costara admitirlo, eso era precisamente lo que pensaba de si mismo.
"Si quieres volver a tener a tu hermano a tu lado otra vez, te aconsejo que empieces a hacer la cosas a mi manera o de lo contrario, lo único que conseguirás, será que un demonio te mate o peor aún, que tu hermano esté para siempre condenado en las garras de Mercal."
La mano de Dean se agarrotó sobre el brazo de Castiel al escuchar aquello. "¿Cuál es tu plan entonces Cass?"
- o -
"Vamos Sam, no me mires así como si fuera el malo de la película." Mientras miraba a Mercal delante de él, Sam tan sólo tenía ganas de acabar con él allí mismo, de matarlo y acabar con todo su problema de una sola vez. "Espero que no sigas pensando en hacerme daño muchacho."
Con la mirada, Mercal le señaló el tatuaje que había hecho en la piel del joven cazador. Se trataba de una estrella de seis puntas y en su centro una extraña inscripción, en un lenguaje que seguramente no sería humano.
Mercal era muy listo, demasiado para el gusto de Sam. "Se que intentarás escaparte o matarme incluso. Os llevo controlando mucho tiempo Sam, se de lo que vosotros Winchester sois capaces de hacer."
Sam tan sólo notó el dolor en el brazo, sin que Mercal llegara a moverse y cuando quiso darse cuenta, el tatuaje estaba allí, imborrable y le daba demasiado miedo pensar lo que el ángel podía hacerle con él.
"Ese pequeño diseño es bonito ¿verdad? Es mío, yo mismo lo inventé hace… no recuerdo cuanto tiempo hace, pero sigue siendo igual de válido." Mercal se acercó a Sam y sonrió al ver el miedo y la rabia en los ojos del cazador. "Si se te ocurre, por alguna razón tratar de escapar de aquí, cosa que yo no te recomendaría, digamos que el tatuaje sirve de cadenas para ti y te mataría en el mismo momento en que te alejes de mi. en cuanto a tu hermano…"
"No me metas a Dean en esto. Dijiste que le dejarías vivir si me unía a ti y lo he hecho. Así que como se te ocurra hacerle algo."
Mercal levantó la mano, una mano pálida y excesivamente huesuda para parecer minimamente humana. Sam dejó de hablar de repente, con una terrible sensación de miedo por lo que Mercal pudiera hacerle a Dean si le enfurecía.
"No se seas así Sam. Sabes que esto es un trato entre tu y yo. Si decides romper el trato, dejarme tirado o intentas jugármela, por no decir intentar matarme, Dean pagará las consecuencias."
Ahora Sam seguía recordando aquella conversación y pensando que pasaría si fuera el propio ángel el que decidiera romper el trato, si se cansara de tenerlo cerca o sus servicios ya no fueran necesarios. Después de todo, Dean nunca estaría seguro, al menos hasta que aquella guerra terminara.
"Ya he matado por ti a tres demonios y un ángel, aunque nunca me dijiste que había hecho ese ángel para merecer algo así. Pero no he preguntado, me he manchado las manos de una sangre que vendrá conmigo el resto de mi vida y todavía no has dicho contra quien estamos luchando en esta guerra. No veo al enemigo que tan fervientemente estás peleando."
Mercal se sentó junto a Sam en el enorme banco, mientras contemplaba al resto de jóvenes. Sam ya había llegado a la conclusión de que la mayoría de ellos, que no debían superar los veinte años, tenían cierta habilidad y que Mercal los estaba reclutando para llevar a cabo sus planes. El problema era saber cuales eran esos planes.
"¿Es que todavía no lo has visto? El enemigo está en todas partes, en los ángeles y sobretodo en los demonios. Por no hablar de los humanos. Todos están corrompidos. Algunos más que otros y algunos pueden ser salvados, pero para eso necesito soldados. Tengo que rescatar a los que pueda y los que no…"
"Creía que esto era parte de una especie de Apocalipsis o algo así y resulta que no es más que la cruzada de un loco por hacer que todo el mundo, ¿Qué, sea purificado? Estás mucho pero de lo que yo pensaba."
"¿Qué es lo que he hecho Dean? Le he dado a un psicópata mi alma y le he jurado llevara cabo sus batallas cuando en realidad, es a él a quien deberíamos enfrentarnos, juntos, tu y yo, hombro con hombro, como siempre. Y en lugar de eso, mírame eres lo único que me retiene aquí."
"Voy a sacarte de ahí."
"¿Dean?" Sam trató de no aparentar muy sobresaltado al escuchar de repente la voz de su hermano en su cabeza. Mercal estaba hablando, le estaba diciendo algo sobre lo importante que era esa cruzada frente a los que intentaban transformar el mundo, pero Sam no le estaba prestando atención, pues no sería la última vez que el ángel le diría algo así.
"Dale las gracias a Castiel, aunque supongo que yo también me he puesto bastante pesado para conseguir hablar contigo."
"¿Cómo estás?" La voz, aunque tan sólo resonaba en su cabeza, sonó más atemorizada de lo que a él le hubiera gustado, pero que más daba sonar preocupado por su ser amado cuando podían no volver a verse nunca.
"He estado mejor, pero creo que tengo un buen enfermero, aunque yo más lo llamaría un carcelero."
"Dean…" Si había algo que Sam no soportaba a veces de su hermano era el sentido del humor para ocultar el verdadero problema.
"Vale, lo siento. Pero es cierto, creo que en un par de días estaré en plena forma y Cass, bueno digamos que me va a enseñar un par de trucos. Te lo dije y te lo vuelo a decir, voy a sacarte de allí."
"Lo se. Dean, te quiero."
"Yo también te quiero."
Antes de lo que ninguno de los hubiera querido, la conexión se rompió y Sam volvió a su terrible realidad. Levantó la mirada, al darse cuenta que Mercal no estaba hablando, sino que tan sólo le estaba contemplando.
"¿Hablando con tu hermano? ¿Qué tal si me cuentas vuestros pequeños secretos?"
"No." Sam se puso en pie con firmeza.
"Muy bien, como quieras, pero de todas formas, cuando te des cuenta del sufrimiento que le estás causando a tu hermano, me lo dirás de todas formas." Mercal sonrió con maldad al ver el pánico en los ojos de Sam. Parecía que el cazador por fin lo estaba entendiendo.
