Here we are

Underneath a million leaves

In shadows of

Compromising scenes

When I was young

I dreamed this would be

Steamier

I got one chance to move you

One chance to move you

Is it the right time to lose you,

Right time to lose you?

.- Here we are, Silversum Pickups

III-

Supo dónde encontrarla sin siquiera pensar en ello, su cuerpo se movió en la dirección correcta sin siquiera ordenárselo, sólo lo sabía.

La encontró fácilmente, simplemente ahí, a la vista, esperándolo. Vestía de negro, la espada en su funda tras su espalda; relajada, tranquila, casi pacífica, como sino pretendiese nada. Se le quedó mirando, parado debajo de la lluvia que no paraba de caer.

Karai tenía un lugar, su lugar, lejos, fuera de la ciudad y cerca del mar, su pequeño reino privado al que sólo llegaba ella, nadie más estaba permitido, nadie más salvo él; sólo él había sido capaz, sólo él había podido llegar hasta ella de esa forma y ambos lo sabían ¿Por qué el privilegio? Nunca lo supo, nunca quiso preguntar y de todas formas, siempre pareció tan natural, que ella le dejara ver lo que para otros estaba prohibido.

¿Qué pasó? Estuvieron tan cerca, compartieron tanto y luego… luego todo se fue al carajo, ¿Fueron en verdad siempre tan distintos? ¿Hubo algo que hizo mal, algo que no hizo? ¿Fue su culpa? ¿Fue de ella? ¿O era sólo lo que debía ser, lo que siempre fue, sólo que fue muy tonto como para verlo antes?

¿Importaba ahora? ¿Servía de algo saberlo ahora? No, claro que no, nada de lo que había hecho había servido nunca para nada, ejercicios inútiles de compasión y entendimiento, de paciencia, de amistad… de esperanza ¿Para qué? Para nada.

.- ¡KARAI!

El grito le hizo pedazos la garganta, gritó hasta que se quedó sin voz, pero era apenas suficiente. Por dentro era pura rabia, dolor, pena, todo a la vez, todo fuera de control, demasiado con qué lidiar, más de lo que podía contener, gritar apenas servía de algo. Esperó, listo, el cuerpo tenso y ansioso, sacó tan sólo una espada y le apuntó con ella en dirección a la garganta.

.- Sho-bu wa mada tsuicha inai yo!

Ella sólo sonrió. Sonrió… Casi no podía creerlo, había dejado a Fé incapaz de respirar por sí misma, sólo para hacerle daño a él, casi por diversión, y ahora sólo sonreía ¿Qué clase de monstruo era? ¿En qué se había convertido? ¿Qué había pasado con ella?

.- ¿Qué demonios te pasó? – Preguntó, asqueado, sorprendido de sí mismo por preguntar, pero esperando en verdad una respuesta. Estaba destruido y aun así no lograba odiarla, todavía trataba de comprender y todavía no sabía por qué.-¡¿QUÉ?!- Gritó, rogó. Rogó por una respuesta, por una explicación, algo que pudiera justificarla, pero ella sólo sonrió, sólo estaba ahí, frente a él, en los corredores que rodeaban al jardín de la casa, de pie con absoluta tranquilidad, mientras las sombras se movían a su lado, por encima de su cabeza, a sus pies y ella sólo miraba, mientras sus hombres lentamente lo rodeaban.

Ella no hablaría, no ofrecería explicaciones, sólo el mismo baile de siempre y Leonardo se preparó. Karai debía saberlo, sabía quién era, cómo pensaba, conocía sus movimientos, sus habilidades, todo de él. Debió saber, entonces, que esos hombres estaban muertos incluso antes de salir de su escondite.

Leo dejó que vinieran y no se contuvo, ansioso, su cuerpo voló lleno de energía, veloz como el rayo, la sangre caía en oleadas a su alrededor, nada se le resistía y si bien perder el control no era una sensación desconocida, dejarse arrastrar por la ira era algo completamente nuevo y liberador y a la vez totalmente falso: con cada golpe creía que iba dejar de ver a Fé tendida en esa cama con el cuerpo destrozado; cada vez que avanzaba tenía la impresión de que podía dejar de sentir ese dolor ¿Qué había ahí que pudiera hacer que todo estuviera bien? ¿Qué había ahí que pudiera darle algo de calma? Nada, era todo inútil, la pobre de Fé se moría en una cama de hospital y era su culpa ¡su culpa! Y sin embargo no podía detenerse, tenía que seguir, llegar hasta ella, hacerla pagar, odiarla de una vez ¡de una buena vez!

.- ¡¿Qué te pasó?!- Insistió, abriéndose paso, rugiendo, cortando.- ¡¿Qué?! ¿En verdad amabas tanto a ese desgraciado? ¿Es eso?

.- Sabías que esto pasaría.- Respondió ella casi sin alzar la voz.- Debiste verlo venir.

.- Ella no tenia nada que ver ¡Nada!

Karai sólo sonrió.

.- Realmente te amaba.- Respondió, como si eso fuese respuesta suficiente.

Leo rugió, luchando por aproximarse, y aunque nadie lograba contenerlo siquiera un momento, los hombres de Karai no paraban de interponerse.

.- Al final, lo único que hacía era repetir tu nombre.

Leo sintió que le faltaba el aliento. La miró, todavía creyendo que iba a alcanzar la parte de ella que aún sentía, todavía queriendo hacerlo, la miraba pensando que en algún momento se daría cuenta, que recordaría que no era la mujer a la que le gustaba matar, que en el fondo había bondad, miraba una y otra vez pensando que iba a volver a ver eso, pero ahí no había nada. Lo odiaba, con todo su ser, era evidente, se lo había demostrado cientos de veces y aún no lograba convencerse, aún no quería entenderlo. Era un estúpido y siempre lo había sido, Fé tenía razón, Raph tenía razón, siempre había buscado una excusa, pero no esta vez, tenía que odiarla, debía odiarla, tenía que destruirla ¡debía hacerlo de una buena vez!

.- ¡Karai!.

Hizo a un lado a los guerreros como si fueran muñecos de trapo, brazos, piernas, ojos, no podía distinguirlos realmente, eran sólo bultos que volaban alrededor, era un baño de sangre y ella seguía sonriendo, tal vez feliz, complacida de todo el mal que había causado, de todo el sufrimiento, tal vez al fin satisfecha, porque no importaba cómo terminara todo, ella ganaba, ya lo había destruido, ya le había quitado todo lo que le importaba. Por eso se repetía, una y otra vez en su cabeza "ya no ha vuelta a atrás, ya no hay vuelta a atrás, termina el trabajo, ya no hay vuelta atrás"

.- Vas a pagar.- Gritó.- ¡Te juro por dios que esta vez vas a pagar!

Pero Karai no se inmutó, disfrutaba del espectáculo. Jamás lo había visto así, loco, desquiciado, lleno de furia y absolutamente desgastado por ella, la visión le daba un placer infinito, pero ahora, enfrentada a la opción de acabar con él, había otras ideas más en su cabeza. Estaba perdido, su cuerpo apenas resistía, estaba agotado, podía verlo, cuánto tiempo llevaba de pie, cuánto tiempo llevaba sin detenerse, su mente se resquebrajaba, no aguantaría mucho más. Era suyo, suyo al fin y de pronto sólo matarlo había perdido todo su brillo.

Su padre nunca lo había logrado, no así al menos, no tan bien, pero sólo había una cosa más que lo haría realmente perfecto.

.- Leonardo.- Dijo simplemente y aunque éste no se detuvo, aunque las espadas contra él no pararon, su nombre en la boca de la mujer todavía le hacía volver la cabeza mientras un escalofrío le recorría la piel. Todavía…

Karai comenzó a acercarse, lentamente, con pasos mínimos, delicada como siempre, esos movimientos suyos que siempre le hacían pensar en una serpiente lista para el ataque. Sonrió levemente, mientras Leonardo trataba de no desviar su atención de las espadas que caían sobre él. Karai bajó hasta el patio donde los hombres luchaban y se paró bajo la lluvia, observando.

.- Al final, sólo quedamos nosotros.- Volvió a hablar.

Leonardo parpadeó, extrañado.

.- ¿Qué?

La voz de la mujer flotó a su alrededor; tan irreal en medio de la batalla; tan suave y serena, en medio de ese desastre.

.- Tus hermanos son sólo extraños a tu alrededor. Nunca te sentiste parte de ellos.

Leo sacudió la cabeza con fuerza, tratando de sacarse la voz de la mujer de encima, sin dejar de luchar.

.- Y ahora ella ya no está. Sé que te alejó de esto, sé que te alejó de nuestra batalla. Sé que por su culpa, dejaste de pensar en mí por bastante tiempo… pero ya no está.

.- ¡Cállate!

.- Otra vez, Leonardo, sólo somos tú y yo. Ya no tengo a nadie… y tú tampoco.

Leonardo se sacó de encima todos los oponentes que tenía más próximos y por un segundo fue libre de volver todo el cuerpo hacia la mujer. Jadeaba y boqueaba en busca de aire, los hombros caídos, las manos empapadas en sangre, pero las espadas eran tan parte de sí, que nunca resbalaban.

.- Sé que eso fue lo que pensaste cuando él murió. Cuando esos dos viejos demonios murieron. Por fin solos.

Leo no dijo nada, no había nada que decir en su defensa, eso fue exactamente lo que pensó, cuando Shredder murió, cuando Splinter murió, eso fue exactamente lo que pensó. Había sido hacía tanto tiempo, lo había olvidado, no se lo dijo a nadie, pero ella lo sabía, ella lo supo.

.- Sí.- Dijo, admitiendo, relajándose, de pronto recordando cómo era estar con ella; no tenía que fingir nada, ocultar nada, incluso mientras peleaba por su vida, siempre le pareció tan cómodo estar con ella.

.- Deja de pelear, tú no quieres esto. No era esto lo que querías ¿Recuerdas aun lo que querías?- Volvió a hablar la mujer.- Ellos nos hicieron enfrentarnos, Shredder, Splinter, tus hermanos, esa chica, pero nunca debió ser así. Recuerda lo que querías cuando nos conocimos, Leonardo, deja de pelear y quédate conmigo. Sé lo que quieres, sé lo que buscas, te entiendo como nadie jamás lo hizo y será todo nuestro, todo lo que queramos, nuestras reglas, nuestro orden, por fin. La culpa no fue tuya, no fue mía. Fue de ellos, siempre fue de ellos y tú lo sabes.

Leo la miró perplejo, los ojos abiertos de par en par con un escalofrío en el cuerpo. Se preguntó si en verdad había escuchado lo acababa de oír, ¿Se lo estaba imaginando? tantos años, tantas veces, tanta insistencia… nunca se rindió, nunca quiso hacerlo, incluso ahora… ¿Estaba en verdad escuchándola decir eso? ¿Era acaso verdad? Lo pensó, lo consideró.

Cerró los ojos un momento, se dejó a sí mismo recordar, la primera vez que la vio, la primera vez que combatieron, la primera vez que hablaron por horas en un techo, mientras ninguno de los dos dejaba de tratar de cercenar el cuello del otro. Recordó lo bien que se sentía, recordó que esas veces fue feliz ¿Podría ser así otra vez?

.- Eso suena tan bien.- Dijo sonriendo y bajó los brazos, la punta de sus espadas chocaron contra el piso. Karai dio una pequeña y casi imperceptible señal y los hombres que se acercaban a él se detuvieron en seco, con sus espadas a escasos centímetros de su cabeza, a sólo segundos de traspasarla, en un acto de absoluta coordinación y milimétrica precisión, obedecieron al instante y mantuvieron su distancia.

Leo sintió que le faltaba nuevamente el aire. Se volvió a mirarla, la miró, largamente, por mucho rato no hizo nada más, en silencio, respirando penosamente, su pecho subía y bajaba con esfuerzo, su cara lentamente desfigurándose en una mueca de dolor. Deseó no ser capaz de ver tan bien a través de ella, no saber tan bien quién era.- Suena perfecto.-Dijo, mortificado, porque de todas las mentiras que pudo haber escogido, esa era la peor.- De verdad que sí, desearía pudiera ser así.

Hubo un tiempo en el que habría dado lo que fuera por escucharla decir eso. Quiso que ella se viera como se veía antes, que se sintiera como antes, pero había pasado tanto tiempo ya; los recuerdos eran sólo eso. Ahora, la veía sonreír delante de él, sin un rastro de sinceridad en su cara, una vez lo hubo, pero ya no, ahora sólo era una experta en fingirlo, ahora podía ofrecer cosas maravillosas sin que sus hombres dejaran de acercarse a tratar de matarlo.

Karai dio un par de pasos más hacía él, ansiosa, por primera vez demostrando algo de emoción en todo ese rato.

.- El problema es…- Siguió Leonardo, mirándola con desesperanza.- El problema es, Karai, que nada de eso me importa una mierda ahora.

Antes de que ella pudiera reaccionar, antes de que nadie en el lugar pudiera reaccionar, todos los hombres a su alrededor, cayeron al suelo. A simple vista, Leonardo ni siquiera había dejado su puesto, ni siquiera se había movido, de no haber sido por la sangre que le cubría el cuerpo, no habría podido explicárselo.

Karai quedó boquiabierta, viendo como todos los soldados que aún quedaban, caían sobre pozas de su propia sangre y de pronto sólo ellos dos quedaban de pie.

.- Parece ser...- Dijo Leo tranquilamente, mirando también a su alrededor.- Que ahora sí estamos los dos solos.- Su cuerpo se tensó y adoptó posición de ataque. - Lo siento, Karai, pero voy a acabar contigo.- Dijo, y había genuina aflicción en su voz.

Ella asintió, inclinándose en una leve reverencia, sin dejar de mirarlo, preparándose sutilmente; su mano sutilmente hasta su espada tras su espalda.

.- Al menos puedes intentarlo.- Dijo, cerrando con fuerza los ojos, una débil sonrisa en los labios.

La sensación de final, la angustia del fin, esta vez los tomó a los dos por igual, esta vez los abrazó a ambos al mismo tiempo, y no importaba lo que sintiera cada uno, ambos supieron, al unísono, que a partir de ese segundo, ya nada podría revertirse; a partir de ese instante, no habría vuelta atrás, lo hecho no podría deshacerse y ya nada volvería a ser jamás igual.

Seria el fin, eso era algo seguro. Al menos para uno de los dos…