* Maria Soledad Rodriguez ¡De nada amiga! ¡Por supuesto! Nunca dejaré una historia incompleta ;)

* Yamii Leguizamon Me alegra que te hay gustado.

* Veronica Rucci Me hace feliz que te haya emocionado =) Aquí un nuevo capítulo de esta historia.

* Georgi G Ellos son un amor.

* Nicol López Alcívar ¡Gracias Nicol! ¡Qué bien! La he alargado un poco más por ustedes ;) ¡Disfruta el capítulo!

¡Gracias por todo el apoyo!

* Jeny Muchas memorias.

* RoxiPM ¿Qué bien que te gustara tanto!

* Miss Invernal ¡Gracias!

* AdrianaBotero2 Sí, son divinos (*^-^*)

* LetyBL ¡Yay! ¡Gracias!

* Guest Son divinos ellos. Me alegra que te encantara =)


CAPÍTULO 38:

"Cerrando Círculos y Curando Heridas"


.

Era raro no tener en la casa a Santana dando vueltas, interrumpiendo, o diciendo alguna de sus ocurrencias. Habían estado hablando al respecto durante el desayuno, y ambos coincidieron en que aunque la extrañaban, eso les permitía estar a los dos a solas todo el tiempo sin tener que preocuparse por ciertas situaciones como cuando tenían un momento apasionado repentino y la chica estaba alrededor.

En varias ocasiones fueron sorprendidos cuando la temperatura subía entre ellos y de pronto escuchaban algún comentario atrevido que los hacía apartarse de inmediato. Pero desde hace unos días tenían el lugar para ellos solos y habían dado rienda suelta a su pasión.

Y justamente por esa razón, Kurt no dejaba de pensar en cómo decirle a su esposo algo que estaba a punto de suceder. Había intentado hacerlo antes, pero terminaba olvidándolo al verse envuelto entre los brazos de éste o al sentir sus labios por todas partes haciéndolo perder la razón.

Reconocía que también había estado buscando excusas para retrasar el acontecimiento, sin embargo sabía que debía hablar, el tiempo había terminado y no podía seguir posponiéndolo.

Se encontraban en ese momento haciendo pausas para besarse mientras lavaban los platos cuando se armó de valor y se decidió a hablar finalmente. – Blaine.

- Dime.

- ¿Vas a ir conmigo? – Su voz sonó vacilante.

- Sabes que te acompañaría hasta el fin del mundo, pero ¿a dónde quieres ir? – Lo miró de esa forma especial que lo hacía estremecer, y le dio esa cálida sonrisa que ponía su mundo a temblar.

Realizando una respiración profunda, trató de no desviar la mirada. – A ver a Jordan.

- ¿A Jordan?

- Sí.

- Kurt… No quiero. Ve a visitarlo y luego podemos…

- No es día de visita.

- No entiendo entonces qué vas a hacer allá. Además, no me gusta ir.

- Me acompañaste en dos ocasiones.

- Sólo porque prácticamente me obligaste. Sabes lo que siento respecto a él.

- Es tu mejor amigo. O al menos lo fue… durante toda tu vida. Es cierto que cometió varios errores, pero ya sabemos lo que lo orilló a tomar aquellas decisiones.

- ¿Realmente lo perdonaste?

- Sí, lo hice. Y hoy es un día importante, por eso quiero que vayas conmigo.

- No entiendo. ¿Por qué es importante?

- Porque hoy se termina su sentencia y queda en libertad.

- ¡Oh! ¡Vaya! El tiempo pasó muy rápido.

- Es cierto. Y nos necesita más que nunca. Así que, ¿me acompañarás a recogerlo?

- ¿A recogerlo?

- No tiene a más nadie con quien quedarse.

- ¿Pretendes decirme que quieres que se quede con nosotros, Kurt? Si es así, es una broma de muy mal gusto.

- Blaine, si yo ya dejé en el pasado lo que sucedió, ¿por qué tú no?

- Era mi mejor amigo y me utilizó, burló mi confianza para estafar a la compañía y luego casi mueres por culpa de esos hombres a los que contrató para que nos asaltaran.

- Sabes que lo hizo porque no estaba bien. No lo estoy justificando, pero comprendo lo que sucedió y el por qué actuó de esa forma. Era un adicto, y la adicción es una enfermedad que lleva a las personas a hacer cosas impensables.

Sabes también qué fue lo que ocasionó esa adicción y que necesita apoyo, nuestro apoyo.

- Muchas veces le ofrecimos ayuda y la rechazó.

- Pero finalmente se dio cuenta de que no estuvo bien hacerlo. Creyó que podía manejar la situación por sí mismo, sin embargo no fue así y todo se le salió de las manos. Ahora ha aprendido la lección.

Aceptó la responsabilidad de sus actos durante el juicio, pasó por todo el proceso tanto legal como clínico para determinar su problema y recibió una condena justa.

- ¿Justa? ¿Crees que fue justa?

- ¡Claro que sí! La grabación que yo tenía demostró que lo estaban extorsionando y lo tenían amenazado de muerte. Y las evaluaciones probaron su inestabilidad emocional así como la ludopatía de la que padecía. Lo sentenciaron a un año y medio, el cual pasó la mitad en un centro de rehabilitación bajo custodia y la otra mitad en prisión.

- Eso no compensa lo que nos hizo.

- ¡Blaine, basta! ¿Dónde está el hombre noble con el que me casé? Entiendo que pasamos por situaciones terribles y que estamos en terapia todavía, pero parte de avanzar es perdonar.

Yo estaba furioso, dolido, con una mezcla de sentimientos encontrados a causa de lo que ocurrió, pero luego de pensar mucho, recapacité y comprendí que Jordan actuó mal bajo los efectos de su enfermedad, y a pesar de eso, jamás fue su intención que nos dañasen de ninguna manera. Las cosas no salieron como las planeó y sí, salimos perjudicados en el camino, pero lo vi sufrir por lo sucedido y me sentí muy mal por él.

- ¿Él sufrió? ¿Y qué hay de mí? La ansiedad por la que pasé cuando en la empresa los números dejaron de cuadrar y hubo grandes cantidades de dinero faltantes. La angustia al ser atacados esa noche por los sujetos que él contrató y que terminaron disparándome. La desesperación que sentí al verte caer frente a mí y sostener tu cuerpo mientras te desangrabas. Escuchar del médico que ibas a morir y que no había esperanza me desgarró por completo. Luego vino la agonía de verte en coma por tanto tiempo, con todos esos aparatos conectados a ti y tratar de mantenerme optimista aunque tu estado no cambiaba en lo absoluto.

¿Y qué me dices de lo mal que estabas cuando despertaste y toda tu posterior consternación y frustración al enfrentar la secuela de lo sucedido? Las pesadillas que tuviste cada noche y que no te permitían dormir, el miedo a salir de la casa. ¿Dónde dejas todo eso?

Como si fuera poco, tuvimos que huir porque intentaron matarnos. Viviste una experiencia terrible en el local de Santana, estuviste en medio de un tiroteo en el que pudiste salir herido o peor aún. ¿Quieres que siga?

¿Él sufrió? ¡Tú y yo pasamos por cosas peores y sufrimos en verdad!

- Pero Jordan estaba enfermo.

- ¡No puedo creer que…! ¿Sabes qué? ¡Ve a buscarlo y ponle un departamento! ¡Haz lo que quieras! ¡Pero no cuentes conmigo! – Aventó al suelo el plato que había estado sosteniendo y salió furioso de la cocina. Poco después, la puerta principal fue lanzada con fuerza, haciendo estremecer al ojiazul.

Durante media hora Kurt estuvo dando vueltas por la casa, limpiando las lágrimas que rodaban por sus mejillas mientras intentaba poner en orden sus ideas. No sabía a dónde había ido el ojimiel, y la preocupación lo embargaba porque éste había salido muy alterado.

Llamarlo era inútil porque no tenía el celular consigo, y aunque así fuese, estaba seguro que no le habría contestado. No podía haber ido muy lejos porque no se llevó el auto, aunque había la posibilidad de que estuviese en cualquier lugar. A pesar de eso, decidido a buscarlo salió de su hogar rogando poder encontrarlo.

Al salir de la casa el silencio era abrumador, pero fue el mismo que le permitió escuchar un ruido proveniente de uno de los lados del gran jardín. Se giró en esa dirección y empezó a caminar lentamente. Al irse acercando, pudo notar que aquello que percibió antes como un ruido era en realidad un sollozo, y apresuró el paso hasta encontrar bajo el frondoso árbol japonés a su esposo ahí sentado.

Acortando la distancia, soltó el aire retenido y se acomodó a su lado. – Blaine…

- Lo lamento. No quise hablarte de esa forma. Lo lamento mucho.

- Lo sé. – Le secó las lágrimas y lo tomó de la mano. – Tenemos que hablar.

El pelinegro volteó y lo miró fijamente. – Te hice llorar. No fue mi intención. Todo esto es tan difícil.

- Entiendo perfectamente. Y no me hiciste llorar, fueron las circunstancias. También he tenido mis momentos en los que he explotado, y es que lo que vivimos fue muy duro, pero para eso asistimos a terapia.

Aunque a veces los recuerdos regresen, nos tenemos el uno al otro para apoyarnos y sostenernos. – Llevó su brazo hacia la espalda de Blaine, atrayéndolo hacia él.

El pelinegro apoyó su cabeza sobre el hombro de Kurt y cerró los ojos. – Te amo mucho.

- Te amo también. – Movió su mano libre, deslizando sus dedos entre los oscuros rizos de su pareja. – Vamos a superarlo. Pronto lo olvidaremos y dejará de afectar nuestras vidas.

- Sí, lo lograremos. – Escondió su rostro y empezó a frotar la nariz en el cuello de su amado. – Lo haremos juntos y todo estará bien.

- Así será. Pero ahora debemos hablar de Jordan.

- ¿Quieres seguir con eso?

- Blaine, es importante que lo hagamos. Sé que es un tema complicado, pero él nos necesita.

Siempre fue un gran amigo y nos ha apoyado incondicionalmente a lo largo de todos estos años. ¿Ya te olvidaste de las cosas buenas que ha hecho por nosotros? Nos prestó el dinero para tener nuestro primer departamento, me ayudó a establecer mi negocio, cuando tuviste la apendicitis que nos sorprendió una madrugada, se hizo cargo de todos los gastos médicos, aquella ocasión en la que…

- No lo he olvidado. Fue mi mejor amigo desde la primaria, y por eso me duele que…

- Abre tu enorme y hermoso corazón y comprende que actuó bajo los efectos de su enfermedad. Arriesgó su vida para que esos sujetos se alejasen de nosotros y nos dejaran en paz. Es tiempo de renunciar a los malos recuerdos y enfocarse en lo bueno. Céntrate en la amistad maravillosa que han compartido toda su vida, en todo lo bueno que ha hecho, en…

- Entiendo. Sin embargo no me resulta fácil… Tengo emociones encontradas.

- Yo estaba igual, pero con el tiempo tu mente va a despejarse y tus sentimientos se aclararán. Inténtalo. Dale una oportunidad.

- Aunque lo perdone, no puedo creer en él nuevamente.

- Permítele ganarse tu confianza. No digo que sucederá de la noche a la mañana, pero te aseguro que antes de que te des cuenta, las cosas estarán bien entre ustedes.

- Kurt…

- Somos familia, y la familia permanece unida en las buenas y en las malas.

- Bien. Voy a tratar, aunque no prometo nada.

- Eres maravilloso. – Le dio un beso en la cabeza. – Gracias.

- ¿Por qué?

- Por hacer lo correcto… Por escucharme… Por apoyarme… Por apoyar a Jordan ahora que lo necesita.

- Espero no arrepentirme.

- No lo harás. – Le sonrió. – Te amo mucho.

- Te amo más.

Blaine respiró contra el cuello de su pareja, depositando varios besos suaves en esa área a la vez que éste le acariciaba la espalda. Ambos Cerraron los ojos por unos segundos, perdiéndose en la sensación presente.

- Cariño, – susurró el castaño, – tenemos que dejar esto para más tarde.

- ¿Por qué?

- En veinte minutos debemos salir para ir a buscarlo.

- ¡Oh! – Resopló por la nariz. – Aunque no encuentro razón alguna para no besarte y permanecer abrazados hasta que nos vayamos.

- Suena a un plan maravilloso.

El ojimiel levantó la cabeza y capturó los labios del ojiazul de una forma suave y acompasada. – ¡Rayos! – Expresó mortificado al separarse.

- ¿Qué sucede?

- Santana se fue hace pocos días y justo hoy hablábamos de lo bueno que era tener la casa sólo para los dos, y ahora habrá otra persona nuevamente con nosotros.

- Jordan no es como Santana. Él es muy discreto y respetuoso de nuestro espacio. A ella en cambio lo único que le faltaba era sacar el celular y filmarnos cada vez que nos besábamos.

La hora había llegado y el matrimonio Anderson-Hummel esperaba en el auto. Kurt tomó de la mano a Blaine y le sonrió. – Estamos haciendo lo correcto. – Recibió un pequeño asentimiento con la cabeza como respuesta. Iba a decir algo más cuando escucharon el gran portón metálico abrirse y voltearon al mismo tiempo, viendo salir a un hombre bastante desgarbado del lugar, tenía una barba de al menos dos semanas y el cabello rubio muy corto y descuidado.

El ojiazul se bajó rápidamente y se acercó a él, abrazándolo cálidamente sin saber exactamente qué decir. Un pequeño "hola" salió de sus labios como un susurro.

- Kurt, gracias por venir, aunque no era necesario.

- No digas tonterías. Me alegra que esto haya terminado y finalmente estés libre.

- Has sido muy bueno conmigo a pesar de…

- Ya pasó. No vale la pena recordarlo. A partir de hoy, es un nuevo comienzo.

- ¡Gracias! De algún modo voy a compensar…

- No tienes nada que hacer. Ahora vamos a casa.

- ¿A casa?

- Sí. La última vez que vine te dije que te quedarías con nosotros.

- No creo que deba. A Blaine no le va a gustar y…

- Él está en el auto esperando.

- ¿Qué hiciste para convencerlo? Sé que no le alegra verme. En todo el tiempo que estuve aquí, sólo vino dos veces porque lo trajiste a la fuerza, y nunca me dirigió la palabra.

- No voy a mentir y decir que todo será una fiesta. Probablemente las cosas estarán un poco complicadas por momentos, pero poco a poco irán cambiando.

- ¿Realmente lo crees?

- Sí. Blaine y tú han sido mejores amigos desde que eran niños, y han pasado por todo tipo de situaciones buenas y malas pero las han superado. Y ésta no será la excepción. Sólo necesitan algo de tiempo para que todo vuelva a ser como debe ser.

- Eso espero. Lo extraño mucho.

- Y él a ti, lo sé. – Puso una mano sobre su hombro. – Todo estará bien.

Ya de regreso en el auto, Kurt abrochó su cinturón y miró hacia un costado esperando que el chico subiese, notando la vacilación en su rostro.

Al cabo de un minuto, que se sintió como una eternidad, la puerta se abrió y el ojiverde ingresó al vehículo, sentándose con la cabeza inclinada hacia abajo. – Hola. – Dijo en voz baja.

Ante el silencio, el castaño presionó la rodilla de su esposo ligeramente y le hizo un gesto suplicante.

- Hola. – Respondió el pelinegro secamente.

Durante el trayecto Kurt trató te mantener una conversación con ambos hombres, pero la tensión era demasiado fuerte y le preocupaba cómo iban a ir las cosas de ahora en adelante. Y fue al ver el ceño fruncido del hombre a su lado y la fuerza con la que llevaba agarrado el volante que por unos segundos dudó haber tomado la mejor decisión al convencerlo de aceptar a Jordan en su hogar.

Los siguientes días no fueron mejores, el escenario seguía siendo el mismo y el ojiazul comenzaba a desesperarse. El rubio, quien siempre se había caracterizado por ser muy alegre y un gran conversador, permanecía callado a menos que él le realizase una pregunta o que tuviese algo realmente importante que decir.

Se veía triste y abatido, y siempre estaba pensativo. Había notado también que lucía mucho más delgado que la última vez que lo visitó en prisión.

Por su parte, Blaine seguía sin hablar con el ojiverde a menos que fuese estrictamente necesario, y cuando sucedía, no intercambiaban más de unas pocas palabras.

Cada vez que estaba en casa se notaba tenso e incómodo, y eso no era sólo en presencia de Jordan sino en general, lo cual estaba afectando la relación de ellos dos, incluso no habían tenido nada de intimidad en ese tiempo.

Tenía que ponerle un alto a todo aquello y pronto, porque la situación lo desesperaba por completo. Cuando su esposo llegase del trabajo, tendría una conversación extensa con él.

Sabía que también tendría que hablar con Jordan y averiguar lo que le ocurría, aunque era evidente que parte de eso era la forma en la que se estaban dando las cosas.

- Kurt, ¿estás ocupado? – Preguntó el de cabello como rayos de sol dando unos golpecitos en la puerta que estaba abierta.

- Revisaba unos documentos. – Respondió dándose cuenta que se había perdido en sus pensamientos por un largo periodo ya que seguía en la misma página desde hacía más de media hora. – Pero nada que no pueda esperar. ¿Sucede algo?

- Quisiera hablar contigo unos minutos.

- Seguro Jordan, pasa.

El joven entró en la oficina y se sentó frente al castaño. – Gracias, no voy a quitarte mucho tiempo.

- Tranquilo, está bien. Dime.

- Te agradezco todo lo que has hecho por mí hasta ahora, te aseguro que nunca lo voy a olvidar, pero no puedo permanecer aquí. Y no me preguntes los motivos, porque los conoces muy bien. Mi presencia está causando estragos en tu matrimonio, y no quiero que tengas problemas con Blaine.

Tengo unas pocas cosas que voy a vender, y ya conseguí un motel bastante económico donde me voy a quedar.

- ¡De ninguna manera! ¡No voy a permitir que te vayas y pases dificultades! Aquí hay suficiente espacio y…

- Sé que es así, pero no voy a permanecer por más tiempo, sólo hasta esta noche. Es lo mejor para todos, y lo sabes.

La plática se extendió unos minutos más y luego el de ojos verdes salió muy decidido del lugar.

Esa misma noche el castaño esperaba a su cónyuge para hablar durante la cena, pero éste no llegó. Dio vueltas por todas partes hasta que dieron las diez de la noche y decidió irse a acostar aunque no tuviese sueño.

Blaine llegó más tarde y bastante cansado, por lo que sólo se bañó y fue directo a la cama, acurrucándose contra el cuerpo de su pareja, enterrando el rostro en el brazo de éste.

Kurt se sorprendió completamente ante este hecho y llevó su mano instintivamente hacia el cabello de su esposo, empezando a acariciarlo. – ¿Qué tienes?

- Pésimo día. Ya sabes cómo es, siempre al nuevo todos se le cargan. Me siento tan agotado.

- Pronto pasará y te van a ascender, y tus compañeros se van a arrepentir.

- Amo tu optimismo. – Se apretó más contra el castaño.

- ¿Comiste?

- No tengo ganas de nada, sólo quiero dormir.

- Sabes que en realidad no tienes que trabajar ahí. Gano muy bien y tenemos nuestros ahorros, además de lo que nos dieron por nuestra antigua propiedad.

- Con eso compramos esta casa.

- Y nos quedó la mitad del dinero. Cariño, debes renunciar a ese lugar.

- No puedes renunciar ante cada dificultad que se presente. Me extraña que tú digas eso.

- Y a mí me ofende tu comentario. Si te lo dije es porque ni siquiera estás trabajando en tu rama, sólo buscaste un anuncio en el periódico, te presentaste en una compañía y te dieron el puesto de asistente.

Eres un contador muy reconocido, has trabajado con las mejores empresas, y ahora estás ahí haciendo algo que ni es lo tuyo ni te hace feliz. Si lo necesitáramos comprendería que…

Un pequeño ronquido lo detuvo de su discurso. – ¿Blaine? ¿Blaine? – Suspiró. – Ya hablaremos mañana. Descansa, mi amor.

Durante toda la semana había ocurrido exactamente lo mismo y el ojimiel llegaba agotado al punto de acostarse con el uniforme, en unas ocasiones se levantaba en la madrugada y ahí se cambiaba, en otras no se despertaba hasta el amanecer y era cuando corría a bañarse.

El sábado finalmente llegó y no se levantó de la cama más que para lo absolutamente necesario. Kurt se encargó de consentirlo y hasta lo dejó comer ahí, llevando su plato también para acompañarlo. Al terminar, disfrutaban de unos volteados de piña que el ojiazul había comprado por la mañana en la pastelería.

- Dejaste a Jordan almorzando solo. – Dijo el de ojos dorados entre dientes.

- Él no está aquí.

- ¿Y a qué se debe?

- A que se mudó.

- ¿Qué?

- Ya no vive con nosotros.

- ¿Cuándo pasó eso?

- El martes. El lunes me comentó acerca de su decisión y al día siguiente se fue por más que le pedí que no lo hiciera.

- ¿Por qué?

- Sabes por qué lo hizo. Su presencia te molestaba demasiado y dijo que no quería seguir causando estragos.

- ¿A dónde fue?

- A un motel. ¿Por qué me haces tantas preguntas? ¿No se supone que él no te importa? Al menos así es como has estado actuando.

- Me he esforzado lo más que he podido, pero sabes que la situación no es la más fácil del mundo.

- Bueno, ya no tienes que preocuparte por eso porque no lo vas a volver a ver.

- ¿Me estás culpando de…?

- Oh no, no quería que sonara así. Sólo digo que vas a poder estar tranquilo y él también, incluso yo porque esa tensión entre ustedes dos me estaba volviendo loco.

- ¿Por qué no me habías dicho?

- ¿En qué momento? Toda la semana ha sido exactamente igual, te levantas apurado para bañarte, medio desayunas algo y te vas al trabajo. A veces vienes a almorzar y otras no, y cuando lo haces es en medio de quejas y mal humor, luego te vas y regresas tarde por la noche y lo único que haces es aventarte a la cama para dormir. A penas si nos vemos y hablamos.

Lo peor es que no se justifica porque no estamos pasando por momentos de necesidad como para que tengas que soportar que te exploten de esa forma.

En lugar de gastar tu tiempo y energía allí, deberías enfocarte en abrir tu propia consultoría, que hasta donde recuerdo, era tu sueño.

¿Sabes qué creo? Que aceptaste ese trabajo sólo para no estar aquí y así no tener que ver a Jordan. Pero ahora que ya no está, deberías desistir de esa locura.

Ante el silencio que recibió como respuesta, miró fijamente a su pareja, notando como los largos rizos le cubrían los ojos y que no se había afeitado en varios días. Dejó el pequeño plato sobre la mesita de noche y se acercó más, respirando profundamente para controlarse y acarició el rostro que tanto le fascinaba. Ya el ambiente había sido pesado y no quería añadirle una discusión, lo menos que deseaba era pelear con su esposo, así que decidió cambiar de tópico. – Deberías arreglarte, nunca te dejas la barba, aunque reconozco que luces sexy así. Pero esto, – agarró unos mechones de cabello, – sí necesita un corte.

- Tienes razón.

- Sí, pero si quieres traigo las tijeras y…

- No, me refiero a lo que dijiste sobre la razón por la que acepté el trabajo. La verdad es que no me gusta lo que hago y sólo me tienen haciendo mandados y cosas absurdas de las que ya estoy fastidiado.

- ¿Vas a renunciar?

- Sí. El lunes lo haré.

- Qué bueno. – Le sonrió. – Y espero que también estés considerando lo de poner tu consultoría.

- Tal vez. Pero ahora no quiero pensar en esas cosas. Lo único que quiero es besarte.

- Mmm… ¿Me preguntó qué se sentirá besar a un hombre con barba?

- No tienes por qué seguir con la duda.

Al separarse, Kurt suspiró. – Es diferente, pero me gusta. Ahora quiero saber otra cosa.

- ¿Qué cosa?

- ¿Tienes las suficientes energías para hacer el amor? Son ya tres semanas en las que no hemos intimado y quiero ponerme al día. – Lo miró de forma traviesa.

- Lo lamento por eso. Y sí, para ti tengo todas las energías.

Varias semanas habían transcurrido y el ojiazul esperaba un mensaje importante, por lo que tenía su celular a un lado mientras escribía en la computadora, pero el cansancio le estaba cobrando factura y no dejaba de balancearse cada cinco o diez minutos cuando sus ojos se cerraban.

- Kurt, bebé, deberías acostarte a descansar. Estuviste toda la noche trabajando en esos papeles. Luego los terminas. No los necesitas para hoy ni para mañana.

- Sí, es verdad. Ya no resisto. ¿Puedes cerrar el documento, por favor?

- Claro que sí. Levántate y ve a dormir, yo me encargo.

- Eres un sol. Te amo. ¡Oh Dios! Estoy esperando que Natasha me envíe una información.

- ¿A tu correo?

- No, dijo que la mandaría por mensaje.

- ¿Es algo urgente? ¿Te puedo ayudar de alguna manera?

- Sólo revisa que la dirección y los datos que ella tiene coincidan con los que están aquí anotados. – Le mostró una carpeta amarilla. – Hay una lista que se debe comprobar y…

- Yo me encargo. Hablaré con ella y tendré todo listo para cuando despiertes. Ahora ve a acostarte, te vas a caer si permaneces ahí parado.

- ¡Gracias amor! – Le dio un pequeño y somnoliento beso antes de dirigirse hacia su habitación.

Blaine se encargó de guardar los cambios del archivo, cerró el programa y apagó la computadora.

Estaba en la cocina preparando una bebida fría cuando un mensaje entró al celular de su esposo y lo tomó del estante donde lo había colocado. Siendo honesto, amaba la confianza que los dos se tenían. Había escuchado a tantas personas hablar sobre no permitir que su pareja revisase su teléfono, poner claves, ocultar carpetas y muchas cosas más. Simplemente no lo entendía, a Kurt y a él no les importaba que el otro tuviese su celular en su poder, al fin y al cabo ninguno de los dos tenía nada que esconder.

Abrió el mensaje y revisó la carpeta amarilla con lo ahí enviado. Al ingresar otro texto hizo lo que el ojiazul le había pedido, y con lo que no estaba seguro, le preguntó a la chica indicándole quién era y que necesitaba ser más específica.

Un tercer mensaje llegó al cabo de veinte minutos, lo abrió y al empezar a leer se impresionó. Definitivamente no era de Natasha.

"Hola Kurt. No quisiera molestarte y me tomó mucho tiempo decidir si te debía escribir para esto, pero en realidad necesito algo de ayuda.

Me pagaron menos de lo que esperaba por mis cosas y el dinero se me terminó hace unos días y quería pedirte que me prestes algo. Sólo unos cuantos dólares para comprar comida, prometo que te lo devolveré pronto. En esta semana tendré una entrevista de trabajo y espero conseguir el empleo. Ah… soy Jordan."

Blaine soltó el aire contenido y leyó varias veces el texto sintiendo como las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

Poco después otra notificación se hizo presente, y abrió el mensaje con una punzada, sabiendo quien era el emisor…

"Más que el dinero, necesito tu compañía. A una cuadra de donde estoy viviendo hay un lugar donde hacen apuestas y… Sé que estuve en rehabilitación por unos meses, más tengo miedo de recaer. No es fácil".

A los pocos segundos apareció el último texto…

"Te envío mi dirección. Ojalá puedas venir."

El pelinegro hizo una mueca y se fue a la habitación, alzando el celular de su pareja sobre una de las repisas y luego se acostó a su lado con cuidado de no despertarlo.

Un par de golpes en la vieja puerta de madera con el número 25 casi borrado, fueron suficientes para que ésta se abriese revelando el interior del lugar.

Un hombre que vestía un pantalón de color caqui y una camiseta gris tipo polo de algodón con mangas largas azules que combinaban armoniosamente con el bolsillo del mismo color, ingresó en la habitación notando el pequeño espacio en donde había una mesita de noche y una cama de una plaza que lucía bastante vieja.

Un par de metros más adelante se encontraba un tubo metálico incrustado en la pared con varios armadores plásticos donde colgaban un par de pantalones y tres camisetas. Unos pocos pasos después venía una puerta que estaba entreabierta.

El joven avanzó y escuchó murmullos acompañados de sollozos procedentes de lo que supuso era el baño, así que empujó la antigua pieza de madera y vio a un rubio sentado en el suelo, quien abrazaba sus piernas con fuerza y bisbiseaba algo que no podía entender mientras sostenía un papel arrugado en una de sus manos.

- ¿Jordan?

Al escuchar esa voz, el ojiverde giró la cabeza luciendo asustado. – ¿Blaine? ¿Qué haces aquí?

- Leí tus mensajes.

- ¿Cuáles? Yo no… ¿Los que le envié a Kurt?

- Sí. Él estaba dormido y me pidió que revisase sus textos. – Hizo una pausa observando lo mal que lucía el chico. – ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás en el suelo?

- Nada, sólo estoy cansado. ¿Puedes por favor irte?

- Dijiste que necesitabas compañía. – Avanzó hasta donde estaba el joven sentado y se agachó, viendo como apretaba el papel con su mano. – ¿Qué es eso?

El rubio enterró el rostro entre sus rodillas y extendió la temblorosa mano que sostenía el anuncio. Blaine lo tomó y empezó a leer.

* . * . * . * . *

Multiplica tu dinero de manera fácil.

¿Necesitas hacer crecer tu efectivo?

Con nuestro servicio de apuestas en línea lo lograrás de inmediato con tan sólo $5.00 dólares.

* Carreras – Casino – Juegos varios *

Si no cuentas con capital, solicita nuestro servicio de Créditos Personales.

* . * . * . * . *

- Sólo tenía cinco dólares. – Dijo con dificultad. – Y eso era suficiente para…

- ¿Qué hiciste?

El ojiverde señaló un pequeño papel roto por sus pies, el cual Blaine tomó y vio que era un billete destrozado de aquella denominación con el que hubiese podido ir a apostar.

- No quiero caer en lo mismo de antes. No quiero, no puedo. – Su voz se rompió y las lágrimas inundaron su rostro.

- Estoy orgulloso de ti, Jordan.

- ¿Qué?

- Pudiste ceder ante la tentación, sin embargo no lo hiciste. Se necesita mucha fuerza para luchar contra algo así.

- Eso significa para mí más de lo que puedas imaginar. – Realizó pequeñas respiraciones para no ahogarse. – Por favor perdóname, ya no resisto este suplicio. Sé que lo merezco y que…

- Estabas enfermo, aún quedan vestigios de la ludopatía y creo que necesitas seguir yendo a rehabilitación, pero lo vas a superar. Te vas a recuperar. Kurt y yo te vamos a ayudar.

- Blaine…

- No puedes seguir en este lugar.

- No, está bien. Aquí yo…

- Aquí vas a contraer alguna enfermedad por la casi nula sanidad que hay.

- Sólo necesito que me perdones. Sé que es difícil pensar en tener nuevamente tu amistad, pero al menos quiero tratar de recobrar tu confianza. Por favor.

- Trabajaremos en ello, lo prometo.

- ¡Oh Blaine! Yo…

El ojimiel extendió el brazo y sujetó la mano temblorosa del chico. – Vamos a casa.


.

.

* Ludopatía: Trastorno por el que una persona juega y apuesta debido a una urgencia psicológica incontrolable de hacerlo. Se caracteriza por la dificultad para controlar los impulsos de jugar que se manifiestan de forma compulsiva. De ninguna manera debe confundirse con un vicio ya que es una adicción clasificada como enfermedad crónica.

* Las imágenes las pueden ver en Wattpad o en Facebook: "Klainer Butt3rfly".