Los consejos de mamá Rhonda
Si en algún momento Helga había extrañado estar a solas con Arnold y pasar más tiempo con él, se le quitaron las ganas cuando el rubio insistió en acompañarla a varios sitios para protegerla. Era cierto que no le desagradaba estar con él, pero había instantes en los que de verdad se odiaba por haberle dicho parte de lo ocurrido con Bob.
El chico estaba preocupado por ella y, en su afán por cuidar que no le pasara nada la tenía un tanto agobiada y, por ratos nerviosa de que los pudieran ver sus compañeros de clase.
Siempre que intentaba decirle al chico que podían descubrirlos, Arnold solo se encogía de hombros y decía.
—No me importa. No pienso dejar que se te acerque Bob o cualquiera de sus amigos.
—Pero a mí sí.
—No, no lo hace. Tú solo quieres guardar las apariencias por tu dichosa reputación, pero en esto no pienso darte la razón, Helga. Ese tipo pido tu secuestro y no lo hizo una vez… No. Prefiero que te enojes conmigo por mantenerte a salvo, que permitir que te vuelva a hacer daño.
Por supuesto, ante esa lógica, ¿Quién podía resistirse? Y más si la persona en cuestión es el objeto de tu afecto. Helga cayó en la treta de Arnold y terminó accediendo a que fuera con ella a algunos sitios, pero con sus excepciones.
Una de ellas llegó pronto en forma de pijamada.
Ese día comenzó como cualquiera de los que había estado viviendo la muchacha. Se levantó, desayunó, fue a la escuela y estuvo platicando con sus amigos de cualquier cosa. La mañana no prometía nada nuevo para ella hasta que llegó el segundo tiempo de descanso, fue hay que Rhonda se levantó de su lugar como si fuera una reina aceptando las alabanzas de sus súbditos y, con cuidado de no ser muy obvia, se acercó al pupitre de Helga y le dejó un sobre grueso junto a los cuadernos.
Extrañada por la carta, la rubia alzó la mirada y se encontró con un guiño que la obligo a guardar el sobre por entre las hojas de sus útiles; y ahí se quedó hasta que la chica se acordó de él un par de horas después, en su casa.
—¿Qué será lo que me dio Rhonda? Seguro ha de ser alguno de sus cuestionarios que solo sirven para enterarse de la vida de todos y…
Mientras hablaba, la rubia rasgó el sobre por un costado y sacó una hoja gruesa, pesada, que rezaba lo siguiente.
Bonsoir, mes ami.
Si te llegó esta carta, ¡Celébralo! Por qué has sido invitada al evento más exclusivo de Hillwood.
Como cada año, yo, Rhonda Wellington Lloyd, estoy lista para abrir mis puertas a la mejor reunión de chicas a la que puedes ser invitada, y ahora es tiempo de seleccionar a las elegidas para asistir a mi fiesta.
Recuerda: la cita es este viernes a las siete de la noche. Se puntual y no te olvides de traer tu mejor pijama para posar en las fotos. No lo olvides, este evento es exclusivo y solo se permite la entrada con esta invitación, así que cuídala con tu vida y no dejes que caiga en manos ajenas… Sí, lo digo por ti, Curly, ¡Solo se permiten chicas!
Ahora, me despido. Te deseo una excelente tarde y espero contar con tu asistencia a mi pijamada.
Helga leyó toda la parte impresa de corrido y sin mucho interés por acudir a la reunión de Rhonda. No obstante, cuando llegó a la posdata se dio cuenta de que esta, a diferencia de la invitación había sido escrita a mano con una letra muy elaborada.
Se permitió elevar una ceja mientras terminaba de leer la carta.
P.D. Más te vale que vengas y me cuentes como vas con ya sabes quién, Helga. Prometiste que ibas a confiar en mí y hasta el momento no veo nada claro, y eso que yo cumplí al no decirle nada a nadie sobre, bueno, tú sabes quién.
Hablo en serio. Sé que pasa algo contigo porque el otro los volví a ver a ti y a Arnold en la tienda de artículos de oficina de la calle Maple, algo que estoy segura que no te hizo gracia.
Te esperaré una hora antes de que comience la fiesta para que hables conmigo, y si se te ocurre no llegar o inventarte un pretexto para no venir… Puede que se me escapé algo frente a Lila o Phoebe. Ya sabes que a veces puedo ser muy distraída y se me escapan algunas cosas sin querer.
En fin, ¡Nos vemos!
—Y luego por qué no le digo nada. Esa es más metiche que Olga y la gran Patty juntas.
El día acordado, Helga llegó a la casa de Rhonda con su mochila rosa llena de botanas y algunas bromas para las chicas que fueran a ir a la pijamada. Su pantalón rosa de franela y su blusa descansaban hasta debajo de todo eso, al igual que el cepillo de dientes y las pantuflas que había llevado para la ocasión.
Si bien era cierto que una parte de ella temía lo que pudiera preguntarle Rhonda sobre Arnold, ya no se sentía tan amenazada como hacía unos meses. Es más, esos días que había pasado tanto tiempo con el rubio la tenían lo que seguía de feliz y más porque poco a poco se iba olvidando de sus problemas y de las advertencias de Bob.
Solo había algo que la tenía un tanto inquieta y era el tema de Lorenzo, pero para su fortuna la pelinegra no sabía nada de aquello así que no tenía que preocuparse por ocultarle nada del asunto. Se limitaría a disfrutar y no pensaría en sus nervios cuando se encontraba al moreno en los pasillos o cuando le preguntaba por algo en las clases. Sería como si no ocurriera nada más que lo que ya había visto la chica de ella y de su cabeza de balón.
—Vaya, y yo que creí que al final no llegarías. Parece que me equivoque contigo… O puede que no. Entra.
Helga accedió a la petición de Rhonda y pasó a la enorme casa de su compañera, en donde un pequeño ejército de meseros con manteles azul marino ya se encontraba acomodando todo para la pijamada que daría la muchacha. La rubia los pasó a todos sin mirarlos demasiado y, cuando su amiga la llevó a su cuarto sintió como comenzaban a temblarle las manos.
Para sus adentros se dijo que no ocurría nada malo y entró a la temida habitación para, en cuanto se cerró la puerta, abrir la boca a lo que tuviera que preguntarle la morena. Rhonda le permitió llegar a la cama y acomodarse sobre el enorme colchón, después comenzó el interrogatorio.
—¿Dices que estuviste enojada con él por unas dos semanas? ¿De verdad? Wow, ni se notaba. Como siempre lo tratas mal frente a todos, nadie sospecharía que estaban enojados entre ustedes… Mucho menos que son algo más que compañeros de grado.
—Lo sé, esa es la idea —, Helga le había dicho la mayor parte de lo ocurrido a Rhonda, y en vez de sentirse abatida o nerviosa por lo que pudiera revelar, se sorprendió sintiéndose más tranquila y liberada de lo que se sentía hacía unas horas.
Parecía ser que esa charla era justo lo que necesitaba para relajarse un poco más, y Rhonda lo notó ya que le palmeó la rodilla al tiempo que decía.
—Sé que no quieres que nadie se entere de lo suyo, pero, ¿No crees que ya es tiempo de revelárselo a los demás? Tal vez tú no quieras, pero puede que a Arnold le haga ilusión contárselo a Gerald o a los otros chicos, vamos puede que hasta quiera pasar contigo más tiempo sin esconderse.
—¿Crees? Él nunca me ha dicho nada al respecto.
—No necesariamente te lo va a decir, los hombres son un poco raros en cuando a revelar sus intenciones… Te lo digo yo que no entiendo ni un poco que es lo que… Olvídalo, este es tú tiempo y quiero que lo pienses con cuidado. Puede que haya llegado el momento de que le digas al mundo lo que sientes por Arnold P. Shortman, y yo que tú me apuraría… No sé, pero me da la impresión de que no eres la única interesada en él.
Con esas palabras, Rhonda por fin dio por terminada la plática entre las dos y salió del cuarto para ultimar los detalles de la pijamada, dejando a Helga con sus pensamientos y problemas propios.
—Tengo que decírselo a todos… Pero todavía no me siento lista y, ¿Será que eso es lo que en verdad quiere Arnold?
Chan, chan, chan.
¿Cómo les quedo el ojo con este capítulo? Esta vez, Rhonda está desempeñando un papel de fuerza en la historia. La verdad es que su personaje siempre me ha gustado mucho, sobre todo en los capítulos en los que no se ve tan superficial como parece.
Siento que tiene mucho por dar y, si leyeron el primer fic que hice sobre la serie sabrán que ella siempre fue una pieza clave desde el principio. Es de las pocas personas que ha sido testigo de lo ocurrido con Helga y, a pesar de los demonios que se carga nuestra rubia, esta dispuesta a ayudarla.
En fin, con esta pequeña explicación doy por finalizado el anuncio de esta semana.
Hay voy. Estoy esforzándome para traerles los capítulos cada semana, así que no se olviden de la historia y denle mucho amor. Ya saben que todo eso me ayuda a seguir.
Cuídense. Nos leemos después.
