Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.
Escrito originalmente para el FGB: Autism Speaks
BEYOND TIME
"El destino es como un tapiz maravillosamente ancho en el que cada hilo es guiado por una mano indeciblemente tierna, colocado junto a otro hilo y sostenido y llevado por otros cientos."
-Rainer Maria Rilke
Epílogo II – De Matrimonio y Recuerdos
-Carlisle-
"No es por fardar, pero realmente me he superado," dijo Alice orgullosa, mirando las decoraciones de la boda con una sonrisa de satisfacción. Seguí su mirada y tuve que admitir que estaba de acuerdo. Entre Alice, Rosalie, Renee y Esme, el jardín trasero de lo que solía ser la casa de huéspedes de Maggie había sido transformado en un mundo de fantasía de nubes de seda, luces brillantes e incontables flores flotando en la suave brisa.
"Es precioso," le dije con un asentimiento de admiración. "Bella estará encantada."
Alice arrugó la nariz. "Lo dudo," dijo. "Si dependiera de ella, se casaría en el juzgado con un vestido pre-confeccionado y zapatos cómodos." Se estremeció por la idea. "No podía dejar que eso sucediera, Carlisle."
Reí. "Eso sería una tragedia."
Alice se encogió de hombros. "Algún día me lo agradecerá." Salió corriendo para colocar unas flores que no necesitaban ser colocadas y sacudí la cabeza con una sonrisa.
"Estoy seguro de que sí," dije para mi, ajustándome la corbata y mirando un rayo de sol que caía por un hueco del dosel. Alice lo había planeado bien, tenía que admitirlo. Había rollos de seda sobre nuestras cabezas, bloqueando efectivamente la luz del sol. Entre el dosel y los árboles al borde del jardín, era fácil quedarse en la sombra, a pesar del brillante día de verano. Respiré profundamente; el olor de los capullos de naranjo me trajo el recuerdo de la última boda de Bella... aquella en la que yo la había entregado. De forma inconsciente, mis ojos fueron a la ventana de su antigua habitación, dónde sabía que se estaba preparando para su segundo -y último- paseo por el pasillo.
"¿Nervioso?" La suave voz de Esme interrumpió mis pensamientos mientras deslizaba su mano en el hueco de mi codo. La cubrí con la mía, mirándola a los ojos.
"No. En realidad no," contesté. "Solo estaba atrapado en los recuerdos, supongo."
Apoyó la cabeza en mi brazo afectuosamente y sus ojos fueron al otro lado del jardín, donde Edward estaba riendo con sus hermanos. "Está tan feliz," murmuró. "A veces me he preguntado si alguna vez le veríamos así."
Me incliné para besarle la cabeza. "Ha sido un camino largo," acepté, "pero ha merecido definitivamente la pena."
Esme se quedó conmigo en silencio mientras yo inspeccionaba la pequeña multitud que se había reunido para la boda de Edward y Bella. Toda nuestra familia estaba presente, por supuesto, al igual que el aquelarre Denali, y Peter y Charlotte, que habían ido a conocer a Bella el invierno anterior y se habían hecho amigos rápidamente. Los padres de Bella también habían asistido, al igual que su padrastro. Angela Weber y su prometido, Ben Cheney, eran los únicos dos amigos humanos de Bella de Forks que habían podido hacer el viaje a Chicago. Cerrando el pequeño grupo estaban Miriam y Mary -las descendientes de Maggie Oleson-, que habían estado encantadas cuando Edward y Bella preguntaron si podían celebrar la boda en su hogar.
En una apartada esquina, Billy y Jacob Black hablaban con Charlie; sus relajadas sonrisas contradecían la mirada alerta de Jacob. Le daba la espalda a la pared; su instintivo recelo por ser superado en número por vampiros obviamente le estaba poniendo nervioso. Le respetaba enormemente por enfrentarse a la manada para ir a la boda. Sabía que la oposición había sido enorme y su asistencia había conllevado un sacrificio nada pequeño.
Tal vez, con el tiempo, las diferencias se solventarían. Hasta entonces, respetaríamos el mandato de la manada y nos mantendríamos alejados de sus tierras. Sabía que era difícil para Bella, pero todos teníamos la esperanza de que algún día pudiéramos coexistir de nuevo en paz.
Paz.
Si había una palabra que resumiera mi vida últimamente, era esa. Ver a los que yo quería ser queridos... felices y realizados... completos. Me daba una sensación de satisfacción y placer que era difícil poner en palabras.
Una vez más mi mirada fue a la ventana de la chica que lo había hecho todo posible.
"Deberías ir a verla," dijo Esme.
Me encogí de hombros, apartando la mirada de la ventana. "Su padre está aquí esta vez. No me necesita."
Esme sonrió suavemente, poniéndose de puntillas para besarme ligeramente. "Te necesita. Confía en mí." Me dio una palmadita en el brazo y se alejó para unirse a Alice y Renee, que aparentemente les estaban dando instrucciones de último minuto a los músicos.
Dudé, moviendo mis dedos nervioso sobre mis piernas mientras pensaba en las palabras de Esme. Finalmente me di la vuelta y entré lentamente en la casa, subiendo las escaleras. Una ligeramente brisa se levantó en el silencioso pasillo y pude oír el repicar de las campanillas que Alice había colgado fuera en los árboles. Me acerqué a la puerta de Bella y llamé ligeramente.
"Entra."
Abrí la puerta y encontré a Rosalie ajustándole a Bella el velo, con el ceño fruncido por la concentración.
"Espero no interrumpir."
La sonrisa de Bella le iluminó la cara. "Por supuesto que no. ¿Cómo va todo fuera?" Se echó el velo atrás sobre la cabeza para poder verme con claridad y Rose suspiró exasperada.
Bella hizo una mueca de disculpa. "Lo siento."
Rose solo se encogió de hombros. "Está bien. Le dije a Alice que no era buena idea ponerle un velo, pero ella insistió."
"Es solo que no me gusta no poder ver con claridad. Tengo miedo de caerme por las escaleras o algo."
"Bueno, adelante, déjalo hacia atrás," contestó ella, "pero no me culpes si Alice salta al pasillo para arreglarlo."
Bella soltó una risita. "No me extrañaría que lo hiciera."
Pensé en darme la vuelta y salir, sintiéndome como un forastero en un mundo de feminidad. Rose pareció sentir mi incomodidad, sin embargo, y me lanzó una mirada empática antes de volverse de nuevo a Bella.
"Voy a ir a revisar la comida," dijo, arrugando la nariz asqueada mientras miraba su reloj. "Enviaré a tus padres aquí arriba cuando los vea. Es casi la hora de poner en marcha el espectáculo."
"Gracias, Rose," dijo Bella, dándole un fuerte abrazo a su nueva hermana. Durante los pasados meses, Rosalie parecía haber superado su resentimiento porque Bella eligiera convertirse en uno de los nuestros. Siendo una romántica de corazón, Rosalie se había hecho a la idea de que Edward y Bella estaban destinados el uno al otro.
O tal vez había aceptado simplemente que algunas cosas no se podían deshacer.
De todas formas, las dos se habían hecho más cercanas, uniéndose a menudo por un desafío compartido a los entusiastas planes de Alice. Sin embargo, no era capaz de sentirme mal por Alice. Incluso las fuerzas combinadas de Bella y Rosalie no podían con la determinación de Alice y, más a menudo que no, se salía con la suya sin importar su oposición.
Rose me sonrió al dejar la habitación y yo asentí en su dirección antes de acercarme a Bella al lado del espejo, quedando frente a ella. Un recuerdo pasó por delante de mis ojos -Bella, de pie frente a un espejo diferente en una habitación diferente, llevando un vestido diferente. Su piel ahora era de pálido mármol en lugar de estar cálidamente sonrojada... sus ojos eran dorados en lugar de color chocolate... pero el brillo que tenía en ellos era el mismo. La nerviosa sonrisa de sus labios, el movimiento incesante de sus manos mientras se retocaba el vestido... la felicidad y entusiasmo que emanaban de ella -eso no había cambiado.
"Estás encantadora," le dije honestamente.
Bella sonrió avergonzada y supe que, si todavía fuera humana, un sonrojo habría teñido sus mejillas.
"Gracias," dijo. "Sé que es estúpido, pero tengo que admitir que estoy un poco nerviosa."
"¿Te lo estás pensando?" Sonreí burlonamente, recordando una conversación parecida que habíamos tenido casi un siglo antes.
Bella también lo recordaba. Sonrió ampliamente. "No... no me lo estoy pensando."
"Bueno, bien... porque te ayudaría a escapar, pero tengo la sensación de que ese joven tuyo me cazaría si desaparecieras."
Su sonrisa se amplió y rio por nuestro recuerdo compartido. "Primero tendría que atraparte."
Me estremecí teatralmente. "Sí, y ahora podría. Probablemente sería mejor volver a pensar esa estrategia."
Bella soltó una risita. "Probablemente."
"No tengo ninguna duda de que lo haría, ¿sabes?" añadí en voz baja. "Él nunca dejaría que nada se interpusiera entre vosotros de nuevo."
Bella sonrió y yo me acerqué a la ventana, mirando la actividad que se llevaba acabo abajo. La mayoría quedaba tapada por el dosel, pero de vez en cuando aparecía una cara familiar, corriendo ocupada para prepararse para el gran evento.
"¿Es raro, hacer esto de nuevo?" pregunté, sin volverme de la ventana.
Bella consideró eso un momento. "Un poco," contestó. "Pero, créelo o no, también estoy un poco entusiasmada."
La miré sorprendido. Bella nunca había disfrutado ser el centro de atención.
"No se lo digas a Alice," avisó con falsa severidad.
Sonreí ampliamente. "Ni se me ocurriría."
"Es solo..." Se volvió hacia el espejo, perdida en sus pensamientos. "La primera vez fue duro no tener a mis padres ahí," admitió. "Más duro de lo que dejé a nadie saber. Esta vez Edward y yo podemos compartir el recuerdo. Un nuevo comienzo, de alguna manera."
Asentí comprensivo. Bella me había dicho que uno de sus mayores miedos tras la transformación era olvidar su vida humana con Edward. Extrañamente, fue Rosalie la que la ayudó con eso. Animó a Bella a concentrarse en revivir esos eventos de forma regular para grabarlos en su memoria de vampiro en lugar de permitir que se desvanecieran en la humana, que era más débil.
Pero, ¿ese día? Sabía por experiencia personal que destacaría a todo color, brillante y vívido durante el resto de su existencia. Era un día que los dos recordarían eternamente -o el tiempo que tuviéramos permitido caminar en la tierra.
Bella se unió a mí en la ventana; su brazo rozó el mío mientras miraba al jardín. Bajo el borde de la carpa estaba Edward, hablando con Jasper. Si escuchó mis pensamientos o si sintió la presencia de Bella, no lo sé, pero se enderezó ligeramente y levantó la mirada hacia la ventana. Sus ojos se quedaron fijos en los de ella y su silenciosa comunicación se pudo palpar en el aire. Me sentí como un intruso presenciando un momento tan privado.
Entonces Edward se giró hacia mí, obviamente sintiendo mis pensamientos de incomodidad. Antes de apartar la mirada, sonrió y asintió en reconocimiento de mi necesidad de verla... de la de ella de verme. Era el momento de cerrar finalmente el círculo cuyo primer arco se dibujó cuando Bella Swan fue a Forks un lluvioso día y puso en movimiento una extraña cadena de eventos que llevó a ese momento.
Porque Bella había estado equivocada cuando me había dicho hace todos esos años que yo no la amaba.
Lo hacía. La amaba entonces y nunca había dejado de hacerlo.
Por supuesto, ese amor había cambiado cuando encontré a Esme. Mis ojos la buscaron automáticamente... atraídos hacia ella como siempre. Mi esposa estaba hablando con Renee; su hermosa cara brillaba.
Esme era mi compañera... mi destino... mi vida. Bella había tenido razón en eso.
Aun así, a pesar de mi devoción a Esme, amaba a Bella y una pequeña parte de mí -una parte muy pequeña- lloraba perderla. Ella era de Edward. Lo sabía. Siempre lo había sido.
Pero ese día se convertía en completamente suya -cuerpo y alma... pasado, presente y futuro... un testimonio público de su eterno compromiso con el otro.
De su elección.
No era que yo resintiera es elección, ni siquiera que estuviera celoso de Edward. Era más melancolía que arrepentimiento lo que sentía en el corazón. Un último reconocimiento de que nunca sería el más cercano a ella... que ya no me necesitaba.
¿Orgullo? Tal vez. Prefería pensar en ello como una emoción más noble. Para ponerlo sencillo, la echaría de menos.
Ella era, después de todo, mi primera amiga verdadera -al menos la primera que realmente podía recordar en mis siglos como vampiro. Ella había vuelto a despertar una parte de mí que había creído muerta durante mucho tiempo.
Me había dado esperanza. Me había llevado al amor. Me había dado un futuro.
"Ha sido un largo camino," murmuró Bella a mi lado, y me pregunté si sus pensamientos reflejarían los míos.
"Eso es quedarse corto," contesté con una amplia sonrisa. "No sé si hay una buena metáfora para describir lo que Edward y tú habéis soportado para estar juntos."
"Y tú," dijo en voz baja, tocándome brevemente el brazo. "Tú también lo has soportado, Carlisle. Y sé que fue difícil -incluso imposible.
"Pasé tantas veces dividida," siguió, "preguntándome si te había dicho demasiado o no lo suficiente. Sé que fue una carga, Carlisle. Sobre todo escondérselo a Edward."
Cuando su nombre hizo eco en mis pensamientos, Edward volvió a mirar hacia arriba brevemente.
"Sí," contesté con una corta risa. "Eso fue un verdadero reto a veces."
Desde la vuelta de Bella de 1918, habíamos hablado a menudo de nuestro pasado compartido... y los meses que tuve que esconder mi conocimiento del futuro de Bella cuando ella llegó a Forks. Fue solo durante ese tiempo que entendí realmente la preocupación de Bella sobre manipular el futuro -y el verdadero peso de la carga.
"¿Dudaste alguna vez?" preguntó. "¿Te preguntaste alguna vez si Edward y yo encontraríamos de verdad el camino?"
Consideré su pregunta, sabiendo que no buscaba una rápida negación.
Tenía razón. Fue difícil. Ver sufrir a dos personas que quería me dolía mucho.
Pero, ¿dudé alguna vez? Recordé la tarde que Edward me buscó, enloquecido y torturado por la culpa y el miedo.
El día que todo esto se puso en movimiento.
- . - . - . - . -
"Tengo que irme, Carlisle. Tengo que irme ahora."
Luché por controlar mis pensamientos. Afortunadamente, el ritmo salvaje al que funcionaba la mente de Edward ayudó a esconder mi reacción.
"¿Qué ha pasado?" pregunté.
"Nada. Todavía. Pero pasará si me quedo."
Alice nos había hablado a todos de la inminente llegada de Bella y su sensación de que la chica sería importante. Por supuesto, yo era el único que sabía cómo de importante. Esme sabía algunas cosillas. No podía esconderselo todo a ella, pero entendía que me guardaba algunos de los detalles. En realidad ella había pedido que le diera conocimiento limitado, no siendo tan capaz de esconder sus pensamientos de Edward como yo. Ni siquiera conocía el nombre de Bella, para no poder pensarlo sin darse cuenta. No fue hasta que dejamos Forks que le conté todo. Edward se había ido, así que no hacía daño que ella lo supiera.
Pero mientras él caminaba de un lado a otro por mi oficina, tirándose del pelo desesperado, me pregunté porqué estaba tan... frenético.
"No lo entiendo." Estiré la mano hacia él, pero él se apartó rápidamente.
"¿Alguna vez tú... ha habido algún momento...?" Respiró profundamente, intentando enfocar sus pensamientos. "¿Ha habido alguna persona que haya olido para ti mejor que los demás? ¿Mucho mejor?"
Me llevó un momento comprender lo que estaba diciendo pero, de repente, todo encajó. Todo esto era mucho más complicado y peligroso de lo que yo había anticipado. Edward no solo estaba destinado a amar a Bella.
Estaba destinado a ansiar su sangre sobre todas las demás. Ella era su cantante.
No podía, sin embargo, contemplar las implicaciones de ese descubrimiento en ese momento. No con Edward tan cerca. No podía arriesgarme a que escuchara mis pensamientos.
"Oh," dije en voz baja, llenando mi mente de compasión y empatía. Estiré el brazo para tocarle el hombro, dándole ánimos. "Haz lo que necesites para resistir, hijo mío. Te echaré de menos."
Me metí la mano en el bolsillo y le ofrecí mis llaves. "Toma, coge mi coche. Es más rápido."
Cogió las llaves, dándome las gracias en un murmullo, y prácticamente salió corriendo del hospital. Impresionado, me senté tras mi mesa, finalmente capaz de absorber lo que había aprendido.
Bella era la cantante de Edward. Estar cerca de él ponía su vida en peligro -más que en el caso de cualquier otro humano.
Y ahora, Edward se había ido.
Volvería. Lo entendía. Sabía que había dejado a Bella en cierto momento y eso le había llevado a viajar al pasado. Pero él acababa de conocerla -no había conexión ahí, todavía no había amor. Solo la histeria de un vampiro que había conocido a su cantante... y se agarraba a sus últimos restos de resistencia. Lo que significaba que tendría que volver. Tendrían que enamorarse. Y luego se marcharía otra vez.
Pero, ¿por qué?
¿Cómo?
No tenía las respuestas, y sabía que todo lo que podía hacer era mirar cómo se desarrollaban los eventos... e intentar mantenerme apartado de su camino.
Volvió, por supuesto. Una semana después volvió a la escuela y le miré de cerca en busca de señales que indicaran que estaba perdiendo el control. Alice le vigilaba en clase, al igual que Jasper, y el día pasó sin incidentes.
Esa noche fuimos a cazar juntos. Era la primera vez que tenía oportunidad de hablar con él a solas desde que se había ido a Denali. Controlando mis pensamientos, le saqué información con cautela, preguntando porqué había vuelto.
"No me gustaba sentirme como un cobarde," admitió.
"Es mejor que ponerla en peligro," contesté. Mirando con cautela su reacción, añadí, "Ella se irá en un año o dos."
"Tienes razón. Lo sé." Dejó de correr cuando yo lo hice, y examiné cuidadosamente su expresión. Sí. Había más ahí de lo que él sospechaba.
No solo un vampiro y su cantante. Solo habían pasado unos días, pero ya era más.
Forcé un pensamiento a pasar por mi cabeza. Pero no vas a correr, ¿verdad? Cuando solo dejó caer la cabeza como respuesta, añadí. ¿Es orgullo, Edward? No es una vergüenza el-
"No. No es orgullo lo que me mantiene aquí. No ahora."
Me negué a reconocer mentalmente el peso de esa declaración.
¿No tienes otra parte a la que ir? Pensé en su lugar.
"No," rió, "eso no me detendría si pudiera obligarme a mí mismo a irme."
Ya estaba unido a ella. Ni siquiera se había dado cuenta, todavía, pero el lazo ya se estaba formando. Le dije que todos nos iríamos con él, si eso era lo que necesitaba. Tenía que admitir que me sentía egoístamente satisfecho con la confusión de Edward. Le piqué, mencionando la amenaza para la vida de Bella... preguntándole de nuevo qué era lo que le ataba a Forks y evitaba que se marchara. En cierto sentido, disfruté de su incomodidad, pero no porque le deseara sufrimiento.
Era solo que eso probaba que lo que había estado esperando estaba sucediendo finalmente. Cantante o no, Edward se estaba enamorando de Bella Swan -una conclusión que solo quedó confirmada cuando la mañana siguiente Edward irrumpió en mi oficina.
Por un momento temí lo peor.
Edward. No has-
"No, no es eso," me aseguró.
Explicó el incidente con la furgoneta en el aparcamiento del instituto... su pánico por la posibilidad de exponernos... y su miedo porque Bella tuviera daños serios. Vi la preocupación en sus ojos y supe que estaba luchando con sus nuevos sentimientos por esta chica. Se quedó en mi oficina mientras yo iba a urgencias, pero no me dejé ver al instante. En su lugar, miré a Bella desde la distancia, permitiendo que mi asistente realizara los exámenes necesarios.
No era la primera vez que veía a Bella. Ella me había llamado acosador una vez, pero lo suavizó con una sonrisa burlona. Tal vez lo era, pero no había podido resistirme a mantenerla vigilada. La había visto poco después de que naciera... la visité varias veces mientras vivía en Forks y cuando se mudó a Phoenix. Cuando fue lo suficientemente mayor para notar mi extraña apariencia, me mantuve en las sombras, viéndola crecer. Y cuando volvió a Forks, vi desde el borde del bosque como llegaba a nuevo hogar, sonriendo mientras le daba las gracias a su padre por regalarle esa destrozada camioneta roja.
Pero no la había visto de cerca en años. No desde que era una niña y me tomó por un ángel.
Me preparé no solo para esconderle a ella mi reacción, sino también mis pensamientos a Edward. Cuando le aseguré que estaba bien, él murmuró algo sobre revisarla y arreglar las cosas. Le dije que lo hiciera, fingiendo interés en la radiografía. Realmente necesité un momento para reunir mis pensamientos sin que Edward escuchara.
Le seguí unos minutos después, deteniéndome fuera de la sala mientras le oía bromear con Bella sobre sacarla de su involuntaria prisión. Respiré profundamente y entré.
No estaba preparado. Verla en ese momento... la Bella que había conocido casi un siglo antes... me sacudió de una forma que no había anticipado y, con la ola de emoción que me inundó, temí que todo estaba perdido. Mis ojos fueron rápidamente a los de Edward, pero él estaba completamente concentrado en ella.
Sonreí ligeramente y me reagrupé, levantando una vez más una pared de camuflaje en mi mente. Volviéndome a Bella, noté que me miraba fijamente, con la boca ligeramente abierta por el asombro. Sus ojos, sin embargo, solo mostraban sorpresa por mi apariencia, no reconocimiento. Me di cuenta rápidamente de que esa no era la Bella que yo conocía. Era, en efecto, una extraña -una extraña que en ese momento me miraba con sospecha. Lo ignoré, intentando tranquilizarla con mi voz.
"Srta. Swan, ¿cómo se siente?"
"Estoy bien," respondió en voz baja.
Me acerqué al panel de luz, encendiéndolo y enganchando su radiografía para examinarla innecesariamente. "Tu radiografía tiene buena pinta. ¿Te duele la cabeza? Edward dice que te golpeaste muy fuerte."
Ella suspiró frustrada y yo contuve una sonrisa. Nunca le había gustado ser el centro de atención.
"Estoy bien," repitió.
Examiné brevemente su herida, pasando los dedos por la hinchazón e intentando no inhalar su familiar esencia. No sabía si podría esconder mi reacción de Edward si lo hiciera.
Ella se estremeció.
"¿Dolorida?" pregunté.
"En realidad no."
Edward rio y Bella le miró furiosa. Realmente esperaba que no pillara la engreída aprobación de mis pensamientos. Estaban hechos el uno para el otro -incluso más ahora que entonces. Solo necesitaban tiempo para descubrirlo.
Le dije que su padre la estaba esperando y ella preguntó si podía volver a la escuela. Cuando le sugerí que se lo tomara con calma, preguntó tercamente si a Edward se le permitiría volver a clase.
Me hicieron falta todas mis fuerzas para no reír.
Cuando finalmente se levantó de la camilla, tropezó un poco. La atrapé fácilmente, pero no me había preparado para que su olor llenara mis fosas nasales.
Ah... Bella... el doloroso recuerdo me llenó brevemente antes de que pudiera aplastarlo. Levanté la mirada hacia Edward y me asombré al ver la emoción que pasaba por su cara.
La había visto antes. Hacía muchos años. El día que le conocí en el exterior del hospital con Bella.
Celos.
Pero tan pronto como aparecieron, desaparecieron. Solté suavemente a Bella, diciéndole que tomara Tylenol para el dolor, y fui con mi otro paciente mientras Edward intentaba encargarse de sus sospechas.
Hizo un trabajo bastante bueno, considerando las circunstancias.
Por supuesto, el incidente del aparcamiento cargó sobre mi familia. Estábamos divididos sobre cómo lidiar con la amenaza de Bella Swan. Rosalie y Jasper estaban convencidos de que no debería permitírsele compartir sus sospechas sobre nosotros. Hice lo que pude para suavizar la situación sin descubrir mi conocimiento del futuro. Interesantemente, fue Alice quien finalmente convenció a Jasper de que se rindiera, clamando que la heriría de forma irrevocable si matara a alguien que estaba destinada a ser su amiga.
Los miedos eran infundados. Bella Swan mantuvo el silencio.
Alice veía dos futuros para la chica -el propio Edward la mataría o, un día, se convertiría en una de nosotros. Edward negó que cualquiera de esas dos cosas fuera a pasar pero, con el paso de cada día, empecé a creer.
Tal vez esa fue la razón por la que todo pasó en primer lugar -para que, un día, Bella completara nuestra familia.
Sin embargo, Edward no quería oír nada de eso. Estaba determinado a no hacerle daño a Bella pero igualmente determinado a no privarla del cielo sacrificando su alma. Era un tema en que él y yo estábamos en desacuerdo -y las discusiones que habíamos tenido durante las décadas siempre terminaban en tablas. Edward estaba convencido de que estábamos condenados. Yo, sin embargo, lo veía con algo más de esperanza y creía que Dios tenía un sito incluso para los de nuestro tipo.
Edward intentó mantener las distancias con Bella, pero no pudo. Se sentía atraído por ella -y no solo por su sangre. Él creía que yo no sabía lo que pasaba cada noche. Tampoco es que sospechara que él haría algo inapropiado. Aunque había dudado sobre la caballerosidad de Edward cuando era humano, aprendí entonces que en realidad era un pilar de virtud.
No, Edward no la comprometería. Pero tampoco podía mantenerse alejado.
Alice me avisó cuando empezaron a caminar juntos por los pasillos del instituto... sentándose en su propia mesa a la hora de la comida. Sonreí internamente, sabiendo que el destino estaba tejiendo su red a su alrededor, pero preocupado por el momento inminente en que Bella tendría que hacer su elección para volver atrás en el tiempo.
¿Cuál sería el desencadenante? ¿Cómo sucedería?
La primera vez que Edward trajo a Bella a casa, la acogimos con calidez -bueno, excepto Rosalie, por supuesto. Edward llevó a Bella a mi oficina y le mostró las pinturas que tenía en la pared, pidiéndome que le contara mi historia. Como debía ir al hospital, le dejé la tarea a Edward, sonriendo mientras oía su baja voz detrás de mí cuando dejaba la casa. Se estaba haciendo más fácil esconder mis pensamientos de Edward. Sus pensamientos estaban tan concentrados en la chica y ella se había convertido en tal parte de nuestras vidas que no era extraño que alguno de nosotros pensara en ella.
Era liberador, tenía que admitirlo.
Vino un día que había tormenta y aprovechamos la oportunidad para ir a jugar al béisbol. Ella se quedó con Esme en lugar de jugar, hablando con mi esposa mientras ella arbitraba el partido. Miré a Bella con una sonrisa, recordando cuando había predecido ese momento.
"Algún día jugaréis al béisbol. Iréis a un gran campo cerca de vuestra casa... pero solo en días de tormenta, para que los truenos escondan el sonido del bate. Pero Esme no juega. Ella prefiere arbitrar."
"¿De verdad? ¿Y eso por qué?"
"Ella me dijo que tiene que vigilar que los chicos no hagan trampas. Eso es lo que estás esperando, Carlisle. No lo olvides."
Durante años me había agarrado a esa promesa y, mientras tomaba mi posición para batear sentí felicidad porque todo estuviera sucediendo como debía.
Entonces, en un instante, Edward estaba protectoramente al lado de Bella mientras la asustada voz de Alice susurraba a través del claro.
"No lo vi. No lo sabía."
Nos reunimos a su alrededor y le preguntamos qué había visto.
Eran los visitantes... los vampiros nómadas que ella había visto viniendo a nosotros. Algo había cambiado y estaban a solo unos minutos. Mi familia me miró en busca de consejo, pero no tenía ni idea de qué hacer.
"¿Puedes conseguirlo?" le pregunté a Edward.
"No, no cargando-" Sus ojos fueron a Bella brevemente. "Además, lo último que necesitamos es que pillen su olor y empiecen a cazar."
Emmett estaba, como siempre, anhelando la batalla, pero decidí que debíamos continuar con el juego y ver qué sucedía. No parecía haber alternativa. Esperamos ansiosos; la culpa y el miedo de Edward por poner a Bella en peligro era algo palpable, incluso para los que no teníamos el don de Jasper.
Entonces los nómadas entraron en el claro, y un olor familiar me golpeó. Nos acercamos los unos a los otros con cautela y examiné el pequeño grupo, uniendo los olores con las caras.
No. No era el que estaba delante. Era el hombre del fondo... y la mujer.
James y Victoria. Así era como Bella les había llamado. El hombre que la había asaltado al salir de la gala de caridad, y la mujer que le había sometido. Los vampiros que yo había perseguido para probar la inocencia de Edward cuando había sido acusado de asesinato.
Tuvo algo de retorcido sentido cuando tuve la oportunidad de pensar en ello -ese hombre a quien Bella y Alice habían emasculado se había convertido en un vampiro determinado a cazarlas. Incluso si no lo sabía de forma consciente, pude ver dónde se cruzaba ese instinto de una vida a la siguiente. Para James, por supuesto, ese instinto al final llevó a su destrucción.
Creí un tiempo que el incidente con James tal vez fuera el catalizador de la marcha de Edward, pero estaba equivocado. Tristemente, fue alguien mucho más cercano a él quien finalmente le forzó a hacerlo.
Un trozo de papel... una gota de sangre... y todo el control duramente contenido de Jasper desapareció. Fue solo un momento, pero fue suficiente para hacer que a Edward le entrara el pánico y que Jasper cayera en un abismo de culpa.
Emmett le sacó apresuradamente de la habitación, seguido lentamente por el resto de mi familia -ninguno era capaz de resistir el olor de sangre fresca tan bien como yo.
"Bueno, han sido todos." Bella suspiró. "Al menos sé que puedo desalojar una habitación."
Atendí sus heridas e intenté aliviar su culpa. "No es culpa tuya. Puede pasarle a cualquiera."
"Puede. Pero habitualmente solo me pasa a mí." Intenté contener la risa de forma insatisfactoria por su dramático suspiro. Ahora que había llegado a conocer a esa Bella, las diferencias con la Bella que había conocido en el pasado se hacían más obvias. ¿De dónde había sacado la sarcástica confianza que había visto? ¿Qué le había pasado a la dulce inocencia? Las partes más duras de la Bella que había conocido en Chicago no estaban -o, debería decir, no se habían formado todavía. Me pregunté qué había llevado a la transformación.
Ciertamente, era la misma en muchos sentidos -su amabilidad... su rápido ingenio... su férrea lealtad. Aun así había una diferencia, y tenía la sensación de que era un cambio que solo podía venir del dolor.
"¿Cómo puedes hacer esto?" preguntó, sacándome de mis pensamientos. "Incluso Alice y Esme..." Sus palabras se apagaron mientras ella pensaba en mi auto-control.
"Años y años de práctica. Apenas sigo notando el olor."
Me preguntó por mi habilidad para resistir la tentación... por mi elección de no tomar vidas humanas... de tomar la vocación de salvarles cada vez que podía. Era persistente -un trato familiar que me hizo sonreír de nuevo. Finalmente, le hablé de mi padre mientras limpiaba la mesa con alcohol, quitando cualquier resto de sangre, y quemé la gasa, haciéndola saltar.
"Lo siento."
Ella se encogió de hombros, así que seguí hablando, encontrando que era -como siempre- fácil hablar con ella. Le hablé sobre mi fe -mi creencia en Dios y mi esperanza de que tuviera piedad de nosotros si intentábamos vivir buenas vidas. También le expliqué la opinión diferente de Edward.
"Él no cree que haya una vida posterior para los de nuestro tipo," dije suavemente. "Verás, él cree que hemos perdido nuestras almas."
Ella discutió eso, por supuesto, y sonreí internamente, pensando en como ella se había enfrentado al mismo dilema ético cuando llegó el momento de convertir a Edward... y como, al final, ella había tomado la decisión por él. Ahora, sin embargo, insistía tercamente en que era decisión de ella convertirse o no en una de nosotros, y señaló que Edward no era la única opción mientras me miraba con cautela.
"Oh no," reí. "¡Vas a tener que arreglar esto con él!" Me di cuenta de repente de que había alcanzado un momento crucial. No podía explicar cómo lo sabía, pero lo sabía. Era hora de que le hablara a Bella del cambio de Edward. Suspiré, intentando calmar la confusión de mi mente. Sabía que no podía decirle toda la verdad, pero también sabía que las palabras que le diera me convencerían un día de hacer lo que había que hacer.
"Esa es la parte de la que nunca estoy seguro," empecé con vacilación, mirando su reacción. "Creo, en muchos sentidos, que he hecho lo mejor que he podido. Pero, ¿estuvo bien condenar a otros a esta vida? No puedo decidirme."
Bella no dijo nada y me pregunté qué estaba pensando. Se estremeció ligeramente y esperé no estar cometiendo un grave error.
"Fue la... madre de Edward... la que me convenció," dije en voz baja, girando la cabeza para mirar por la ventana.
"¿Su madre?"
"Sí. Se llamaba Elizabeth. Elizabeth Masen..." Le conté la historia de Edward -una versión editada, por supuesto- y Bella escuchó con los ojos abiertos como platos. Le hablé de la muerte de su padre, como su madre había empeorado, y como -al borde de la muerte- me había pedido que le salvara.
"'Haré todo lo que pueda', le prometí, cogiéndole la mano. Tenía la fiebre tan alta que probablemente ni siquiera pudo notar el innatural frío de la mía. Todo estaba frío para su piel." Miré a Bella entonces, esperando no estar embelleciendo demasiado la historia. Sin embargo, ella escuchaba atenta, así que seguí.
"'Debes hacerlo', insistió, agarrándome la mano con la fuerza suficiente como para que me preguntara si sobreviviría después de todo. Sus ojos eran duros, como piedras, como esmeraldas." Miré a Bella, esperando que mis palabras -sus palabras- se le quedaran en la memoria para que, cuando llegara el momento, pudiera usarlas. "'Debes hacer todo en tu poder. Lo que otros no pueden hacer, eso es lo que tú debes hacer por mi Edward'."
Compartí un poco de mí entonces. Le dije como había pensado en crear un compañero para mí, pero nunca pude justificarlo, y como las palabras que dijo la madre de Edward me dieron el empujón final. Le hablé de llevarme a Edward del hospital, mi incertidumbre sobre como proceder con la transformación, y el dolor que le había causado sin quererlo.
"Sin embargo, no lo sentí," dije en voz baja, notando una capa de lágrimas en sus ojos. "Nunca me he arrepentido de salvar a Edward."
Edward entró entonces, ofreciéndose a llevarla a casa. Los vi marcharse y esperé haber hecho suficiente.
Cuando Edward volvió, llevaba una máscara de amarga determinación, y supe que había llegado el momento. Alice intentó discutir con él. Esme le suplicó que lo reconsiderase. Incluso Jasper sugirió que no actuara tan apresuradamente.
Yo, sin embargo, me quedé en silencio. Sabía que no había nada que hacer.
Era la hora. Dejaríamos Forks. Bella se quedaría con su dolor, su soledad. No estaba seguro de cómo pasaría, pero encontraría su camino a través del tiempo -y encontraría su camino de vuelta al amor.
Era la forma en que tenía que ser.
Edward se quedó atrás para despedirse de ella. Él no supo que yo volví poco después de que él se fuera.
Vi como ella se adentraba en el húmedo bosque. Me estremecí cuando tropezó con una rama y no se levantó.
Agonicé mientras estaba ahí tumbada, llorando... perdida y sola. Mi presencia mantuvo alejados a los animales salvajes y, aunque ella no lo sabía, sostuve una rama con hojas sobre ella en la oscuridad para protegerla de lo peor de la lluvia.
Incontables veces consideré cogerla en brazos y llevarla a casa.
Pero justo cuando estaba a punto de ceder a mis instintos... de ignorar el mandato del destino y darme a conocer... escuché las suaves pisadas y fuertes voces de una partida de búsqueda, llamándola en el bosque.
Finalmente, uno de los lobos de la reserva la encontró. La levantó suavemente y la llevó a casa con su padre.
Y yo me di la vuelta y corrí por el otro lado, hacia mi familia y lejos de Bella, sabiendo que era la única forma.
- . - . - . - . -
Me mantuve alejado de ella. Iba contra mi naturaleza no correr de vuelta a Forks ocasionalmente para ver como estaba, pero no lo hice. Sabía que podía hacer más daño que bien si lo hacía. Así que esperé. Como había hecho durante tantos años, esperé.
Finalmente, las visiones de Alice confirmaron que el viaje de Bella había empezado y, cuando Edward volvió, supe que el círculo finalmente se había cerrado.
Mis ojos fueron una vez más a mi hijo. La sonrisa de Edward brillaba incluso en las sombras de la carpa de la boda.
"No has respondido mi pregunta," me recordó Bella en voz baja. Me giré para verla mirándome de cerca, con una suave sonrisa en la cara.
Incapaz de resistirme, estiré la mano para tocarle la mejilla. "¿Si dudé?" repetí. "¿Honestamente? Hubo días que temí por tu seguridad... o por la salud de Edward. Me preguntaba si estaba haciendo suficiente -o demasiado. Esperaba. Rezaba. Deseaba. Me obsesionaba."
Bella sonrió satisfecha por eso y yo le devolví una amplia sonrisa.
"Pero, Bella. Te vi en el día de tu primera boda... a los dos. Sabía, profundamente, que un amor como ese podía superar todos los obstáculos. Tenía... fe... en los dos.
"Así que la respuesta es no," dije firmemente. "No, nunca dudé. Siempre supe, a pesar de todo, que encontrarías vuestro camino de vuelta al otro."
Su sonrisa creció y, de repente, me rodeó el cuello con los brazos. "Gracias," susurró.
Le devolví el abrazo con fuerza, cerrando los ojos mientras inhalaba su esencia una última vez. "De nada," contesté. Nos abrazamos un momento, como si los dos supiéramos que marcaba un cambio en nuestra relación.
Por un momento, lloré por la chica que había entrado en mis urgencias un siglo antes, desmayada por un corsé demasiado apretado. Lloré por una amistad forjada durante las madrugadas y los archivos de pacientes y bromas privadas y secretos compartidos.
Lloré un amor perdido... un amor que realmente nunca estuvo destinado a ser.
Entonces abrí los ojos y, sobre su hombro, vi a Esme y Edward juntos bajo la sombra de un gran árbol. Y dejé el dolor ir... y acogí la felicidad del momento.
"Debería irme," dije finalmente, justo cuando llamaban a la puerta. Tras la suave contestación de Bella, Charlie y Renee entraron y yo me fui con una sonrisa para dejarles tener su propia despedida.
- . - . - . - . -
Durante más de dos siglos, había caminado por el mundo solo y solitario. Creí que estaba condenado... destinado a una vida de soledad y sombras.
Pero entonces, uno a uno, vinieron a mí y, egoístamente, los reclamé como mi familia. Sabía que muchos me condenarían por ello -por jugar a ser Dios en lugar de dejar que la naturaleza tomara su curso.
Me había condenado a mí mismo más veces de las que podía contar, desgarrado por la culpa y la incertidumbre.
¿Había hecho lo correcto?
La pregunta me había perturbado desde el día que me llevé a Edward del hospital.
Tenía que admitir, sin embargo, que si tuviera la oportunidad, haría lo mismo. No podía imaginar un mundo en que les dejara morir... en que sus vidas se apagaran antes de que tuvieran realmente oportunidad de vivir siquiera.
Si eso me convertía en un monstruo o en un héroe, no lo sabía.
Tal vez era un poco de las dos cosas.
Pero, mientras estaba al lado de mi esposa, viendo a Edward y Bella cortar un pastel que no comerían... compartir un brindis por el que no beberían... sonriendo y riendo, sus ojos brillando con amor y felicidad... me sentí... feliz.
En ese momento todos los remordimientos se fueron como los capullos de naranjo flotando en la brisa.
En ese momento, vi las felices caras de mi familia y supe que nunca más estría solo... y que ellos, también, habían encontrado paz y amor, incluso en medio de esa extraña y mística vida.
"¿Estás bien?" preguntó Esme, mirándome con ojos suaves y los labios curvados en una ligera sonrisa.
Le devolví la sonrisa. "Bien. Mejor que bien."
"Es hora de tu brindis," instó. Gemí ligeramente, pero tomé mi puesto al lado de Edward, manteniendo en alto mi copa.
"Cuando conocí a Bella fue en la sala de urgencias del hospital," empecé. Se escuchó una risita y Bella me miró con el ceño fruncido de forma juguetona. "Pero, incluso entonces, supe que era especial, y no pasó mucho hasta que supe -sin duda alguna- que ella y Edward estaban hechos para estar juntos.
"Han pasado por mucho para llegar a este momento," seguí. "Pero tengo fe en que de hoy en adelante, se enfrentarán juntos a todos los problemas -lado a lado."
Me giré para mirarles, conmovido por la felicidad reflejada en sus ojos. "Es un honor teneros a los dos en mi familia, y os deseo un futuro lleno de felicidad... amor, por supuesto. Siempre amor." Levanté mi copa, volviéndome a la multitud. "¡Por los novios!"
Se repitieron esas palabras como un eco mientras las copas chocaban y los buenos deseos llenaban el aire. El sol se deslizaba bajo el horizonte, permitiéndonos finalmente el libre movimiento por el jardín. Emmett y Jasper tiraron de unas cuerdas y la carpa se abrió sobre nosotros, revelando brillantes estrellas y luces entre los árboles.
Juro que Alice a veces me asombraba.
Música romántica llenó el aire y, en parejas, fuimos hasta la improvisada pista de baile. Tomé a mi esposa entre mis brazos, sonriéndole mientras bailábamos con las notas de Nat King Cole.
"Es perfecto, ¿verdad?" murmuró soñadora, enredando el pelo de mi nuca entre sus dedos.
Tuve que estar de acuerdo. Mientras la giraba por la pista de baile, vi a Edward y Bella, envueltos el uno en el otro... perdidos en los ojos del otro.
"Perfecto," dije.
Después de más de trecientos años, mi familia... mi vida estaba completa.
Y, mientras sostenía a Esme en mis brazos, rodeados de familia y amigos, me llenó una sensación de paz.
Al final, todo era como debía ser.
Hola!
Aquí está, el final del final. Ya solo queda por subir el final alternativo.
Me he alegrado mucho al leer cuanto os ha gustado esta historia, espero que este segundo epílogo no os haya decepcionado.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
