~Capítulo 39~

Una miradita no le hace mal a nadie, es una picardía. Se justificó Juvia.

Se alzó levemente y contempló la espalda musculosa de Gajeel. No llevaba nada puesto, salvó una toalla que cubría su hombría. Colocó un pie en el agua, luego otro y uno más, así hasta que el agua le llegó hasta la rodilla. Luego se giró, estando de pie frente a Juvia. La hechicera elemental se asustó y bajó la vista, pero la curiosidad la estaba matando y volvió a contemplar.

El pecho de Gajeel era musculoso, duro y tan amplio que cualquiera quedaba chiquito antes semejante mastodonte. Una mata de cabello oscuro lo cubría levemente, brindándole un aire varonil y salvaje. El abdomen estaba surcado por las líneas de sus músculos y estos eran tan definidos, que cualquiera podía tocar una serenata en ellos. Pero lo que más sorprendió a Juvia fue al momento en que se quitó la toalla. Allí, se quedó sin habla. Nunca antes había visto algo tan majestuoso en su vida. Tuvo la impresión de que todos los hombres eran como Gray, pero quedo en evidencia que estaba sumamente equivocada. Sin dudas era algo digno de contemplar, por lo que lo observó durante varios segundos, deleitándose, hasta que el malvado Gajeel se metió al agua y no quedó nada más que su cabeza.

Juvia se volteó con el corazón galopando.

¿Estuvo mal lo que hizo? ¿Traiciono a Gray? No podía responderse directamente. Una parte de su mente le decía que no debió contemplar a esa escultura humana y la parte más salvaje de Juvia le pedía a gritos que fuera corriendo.

¿Debía hacerlo?

La respuesta lógica era ¿Por qué no? O sea, Gray jamás sintió nada por Juvia, no estaría de más poder disfrutar un poco de la vida. Además… una nunca sabe lo que puede ocurrir. Quizás si se dejaba guiar un poco por sus sentimientos, lograría encontrar el camino correcto.

La hechicera elemental tomó una decisión que lo cambiaría todo, ya no pensaría en otros, era solo ella.

Se transformó en agua y descendió plácidamente hacia la terma de agua. Se movió como si fuera un pez y se colocó encima de Gajeel. El dragon slayer disfrutaba del agua cálida. Cuando Juvia se materializó desnuda frente a él, los nervios lo inundaron.

—¡Juvia! ¡¿Qué demo…?!

—Shhhhhh—Lo interrumpió con su dedo índice en los labios masculinos—No digas nada. Tan solo disfrutemos del momento.

Juvia lo buscó hábilmente en el agua. Al sentirlo rígido y duro como piedra, sonrió de complacencia. Ambos querían esto y aunque Gajeel estuviera nervioso, su cuerpo decía otra cosa. Así que disfrutaron durante toda la estancia en aquel lugar. Un nuevo joven amor había surgido. Si algunos estaban en contra de ellos, pues que se jodan, pensaba Juvia mientras cabalgaba a Gajeel de forma salvaje.

¡Te has convertido en amante de Gajeel!