Capítulo 39: El sueño de Anië.
Ya habían pasado un par de semanas desde que Esteban se había ido y pese a que se vivía un clima armonioso entre los habitantes de la posada, tanto los niños como Anië tenían sus miradas tristes. Los niños por extrañar a su padre y ella por sentir como propia la angustia que sus hijos sentían, sólo en las practicas de lucha y defensa junto a Legolas ella encontraba ese remanso de paz que le hacía tanto bien, sólo compartiendo tiempo junto a él se sentía realmente plena.
Por otra parte las cosas en el mundo estaban empeorando, cada vez más catástrofes azotaban cada poblado del mundo, la naturaleza parecía volverse en contra de los hombres, la gente estaba cada vez más violenta por doquier y para rematar con la lista de desdichados hechos, valiéndose de artimañas Saruman había logrado proclamarse como Gobernador de la región dejando a Dante como Alcalde de la ciudad en la que la posada estaba situada. La situación no podía ser peor debido a que por el simple hecho de molestar y así doblegar sus voluntades Saruman y Dante no dejaban de molestar incesantemente a Anië y los suyos con continuos controles a la posada con el fin de conseguir cerrarles la fuente de trabajo y por ende la fuente de ingresos, pese a sus incontados denodados esfuerzos nunca lograban hallar nada para perjudicarlos y eso ponía más furioso al malvado mago.
A todo este más que gris panorama había que agregar que los ataques de los trasgos eran cada vez más frecuentes y más generalizados, es decir había trasgos a montones y diseminados por todo el mundo desparramando destrucción y horror pues Saruman y Dante a través de magia negra habían logrado producir un cada vez más numeroso ejército de esas horribles criaturas. Para completar la lista interminable de calamidades, se hacía cada vez más difícil lograr aliados, dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias para lograr evitar que triunfara el mal.
Esa mañana Anië se había despertado con una enorme sensación de angustia oprimiéndole el pecho, se sentía realmente más que agobiada por todo y no tocó su taza de café en el desayuno, ni siquiera probó bocado y luego de recoger las cosas de la mesa se dirigió hacia la cocina para lavar las tazas y los platos utilizados en el desayuno, tan inmersa estaba en sus pensamientos que no prestó atención y por ende no oyó que alguien entraba en la cocina.
-¿Qué te sucede¿por qué estás tan como ida?-, le preguntó Legolas mientras se abrazaba a su cintura luego de chequear que nadie estuviera viéndolos.
-¿Es tan evidente que estoy como dispersa?-, preguntó ella inclinándose levemente hacia atrás para recostarse contra su pecho.
-Mmmmmm, sí-, respondió él estrechándola aún más entre sus bazos y posando su mejilla sobre la de ella.
-¡No pensé que se notaría tanto!-, replicó.
-No sé si los demás lo hayan notado pero yo sí-.
-Eso es por que estás demasiado pendiente de mi-.
-¿Será porque te amo?-, dijo a la vez que ella le respondió sólo encogiéndose de hombros.
-Entonces, no me dirás que te está pasando, qué es lo que te tiene así?-, dijo mientras la giraba hacia él.
-Es que son tantas cosas, todo lo malo que sucede en el mundo y no puedo evitar, y ahora los niños, con esas miraditas tristes por la ausencia de Esteban, no puedo soportar ver esos ojitos tan tristes y sin brillo-, respondió sin poder evitar perderse en aquella mirada azul.
-Comprendo tu penar y aunque quiera o desee evitártelo no puedo-, dijo ahora rozándole una mejilla con el dorso de su mano mientras que seguía con la otra abrazándola de la cintura.
-Hannon le1 Legolas, no podría soportar todo esto si no estuvieras aquí junto a mí-, y le dedicó una sonrisa cargada de ternura pese a que su mirada permanecía triste.
-Úman ná2-, susurró a sus oídos mientras la abrazaba con dulzura y ella a la vez hundía su rostro en el pecho de su amado.
Permanecieron así durante unos minutos, sin mediar palabras entre ellos, hasta que ella rompió el silencio.
-Te importaría mucho que hoy no fuéramos a hacer las prácticas, es que no estoy de mucho ánimo-, le dijo mientras él entrelazaba sus dedos en su cabellera y acariciaba suavemente su nuca.
-No te preocupes por las prácticas, retomaremos mañana si te sientes mejor, dedícate hoy a hacer algo que te traiga algo de alegría, además de estar conmigo por supuesto-, bromeó Legolas al mismo tiempo que le sonreía pícaramente.
-Está bien, creo que me iré un rato a la biblioteca a leer alguno de esos libros de poesías que tanto me gustan-, respondió Anië y luego sin poder contener más la risa por la pequeña broma de su amado se echó a reír.
-De acuerdo, yo mientras tanto me dedicaré a preparar las puntas para las flechas-, y tomando el rostro de su amada con ambas manos la besó en la frente.
Ya en la biblioteca Anië se dirigió hacia la estantería donde estaban los libros de poesías que tanto le gustaba leer y tomó uno cuyo lomo era rojo al igual que sus tapas y llevaba una inscripción con letras doradas, ya con el libro en su mano caminó unos pasos hasta el sillón de pana verde que estaba en el rincón de siempre, se sentó, comenzó a leer el libro y se quedó como sumida de repente en un sueño profundo.
De pronto despertó pero ya no estaba en la biblioteca de la posada, estaba sentada en un colchón de hojas doradas y con su espalda recostada sobre el tronco de un gran y muy alto árbol. De entre las hojas de la copa de ese árbol unos tímidos rayos de sol se abrían paso para acariciar su rostro, entonces se incorporó y comenzó a caminar entre los árboles de aquel bosque en el que misteriosamente había despertado. El paisaje le resultaba familiar, demasiado familiar¿pero como podía ser posible, era una pregunta que rondaba incesantemente en su cabeza.
-Será posible que esté aquí¿en casa¿a caso estoy en Lothlórien?-, preguntó en voz alta.
Se sentía rara caminando entre aquellos árboles pero a al vez era inevitable que una gran sensación de paz invadiera cada rincón triste de su alma. Siguió caminado por unos minutos y se encontró de pronto en un claro del bosque iluminado por los rayos del sol que se abrían, intrépidos, paso a través del espeso follaje de sus copas realtando las tonalidades doradas del lugar, un poco más adelante sobre una gran raíz de mallorn vio un gran resplandor blanco, casi plateado, que parcialmente la encegueció.
-Ven, no temas hija mía, acércate que temenos mucho de que hablar y poco el tiempo para hacerlo, pues la velocidad con que los malos sucesos se presentan hacen que la toma de decisiones apremie-, dijo la voz tras el resplandor plateado.
-¿Gran Dama¿Galadriel?-, preguntó ella dubitativa sin poder lograr ver con nitidez por la enceguecedora luz que se desprendía del cuerpo de quién allí estaba.
-Sí hija mía, tula hara3-, dijo la Gran Dama Blanca indicándole con su mano a Anië se sentara a su lado.
-¿Cómo es posible...?-, empezó a decir la elfa mientras que se sentaba pero fue interrumpida por su tía.
-Oh¡mi dulce Anië, tantas tribulaciones te han entristecido tanto el corazón, que tanto pesar te ha hecho olvidar cuan poderosa puede ser nuestra magia, debes volver a creer en esa magia pues corre también por tus venas y por las de tus hijos-.
-¡Es que si tan solo pudiera albergar una pequeña esperanza para mí!-, dijo su ahijada con un dejo de angustia.
-Nuestra magia es muy poderosa, aún en estos tiempos tan adversos, esa magia se mantiene viva en tu interior, tenemos todas nuestras esperanzas puestas en ti ya que gracias a toda esa magia y la magia de algunos de los hombres en los que aún se puede confiar has traído esa luz que pensamos estaba extinguiéndose. Tu madre no pudo escogerte un nombre mejor Anië Ancalima, sólo debes confiar más en ti, creer en esa magia que fue la que junto a ese amor que tu corazón guarda te hizo llegar hasta estas instancias-.
-Ojalá pudiera ver las cosas tan claras como tú, lamento si mi debilidad los está defraudando, pero ¡es que estoy tan cansada!-, dijo ella al mismo tiempo que sus ojos empezaban a ser invadidos por las lágrimas que su alma ya no podía reterner.
-Anië –empezó a decir con total dulzura y una sonrisa en su rostro-, las sombras te están nublando la vista más de lo que crees, y justamente es eso lo que debes evitar pues es eso lo que te debilita y te vuelve vulnerable-.
-Pero tu sabes lo que vi, sabes que vi ese futuro oscuro para mí en el que al igual que mi madre deberé enfrentar el triste destino de morir por amor, de dar la vida a cambio de quienes se ama-.
-Tú no tienes porque enfrentar el mismo destino que le tocó a Aredhel, pues tu tienes el tuyo y ese destino es el que debes asumir y enfrentar. ¡Por todos los Valar¿donde quedó tu espíritu noldor, debes hacerle honor a la sangre que corre por tus venas, tu madre nunca se dio por vencida y siempre luchó hasta el final enfrentándose a lo que fuera, tu padre, como uno de los mejores guerreros elfos que existieron también lo hizo¿dónde está ese espíritu que debería correr por tus venas?-.
-¡Me estás pidiendo demasiado¡no me presiones!. Sé lo que vi y alguna que otra noche esa visión se repite en mi mente como un mal sueño¡de ninguna manera lo dejaré morir!-.
-¡Ah¡a esa visión te refieres, hija escucha atentamente mis palabras pues lo que voy a decirte no es sólo para levantarte el ánimo ni para que albergues en ti falsas esperanzas. Sé muy bien lo que viste pues reconozco en ti el mismo don que tengo de poder ver las cosas que pueden ser, que fueron o que serán. Tú mejor que nadie sabe, pues no en vano te instruimos durante tantos años con Gandalf y Elrond, que esas visiones justamente son de cosas que pueden llegar a ser o que serán, pero que esas cosas justamente pueden cambiar o no llegar a ser dependiendo de cómo los sucesos relacionadas a ellas se vayan dando pues inevitablemente están ligadas a ellos-.
-Pero entonces...-, alcanzó a decir y dejó escapar un suspiro como de desaliento.
-Entonces estelio veleth4 que se guarda en tu corazón y que sea él quien te guié y te de fuerzas para enfrentar cada duda y cada obstáculo que se pueda presentar frente a ti. Además debes alejar de ti todas esas dudas que te llevan de manera inevitable a los miedos que oculta tu alma, debes enfrentar esos miedos o dejarlos a un lado pues ellos son los que podrían llegar a traicionarte y convertirse en tus verdaderos enemigos. Justamente ellos, los enemigos que ahora enfrentas intentarán confundirte y utilizarán esas partes que conocen de tu historia, de la historia de tus padres, para lastimarte y volverla en tu contra, pues a través de ella tus miedos dejaran al descubierto de los ojos del enemigo tus debilidades, y es en esa instancia que Saruman intentará doblegarte, por eso es que insisto en decirte que tu corazón te mostrará el camino y en él encontrarás la forma de vencer esos miedos que hoy tanto te atormentan, cuando logres hacerlo tendrás la mitad de la batalla ganada-, explicó con total serenidad y ternura en su voz la gran Dama Blanca.
Tras oír aquellas palabras Anië despertó sobresaltada, acaso eso había sido un sueño o había estado en serio en el bosque de Lothlórien junto a Galadriel, las palabras de su tía se repetían en su mente una a una y un escalofrío le recorrió el cuerpo, no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos al recordar la triste historia de sus padres, a quienes en realidad ella nunca conoció y de quienes sólo guardaba los recuerdos de lo que otros le contaban acerca de ellos. Finalmente allí estaba, sentada en aquel sillón de pana verde de la biblioteca y sin dejar de temblar, el único sosiego para ella eran las palabras, esas palabras que su tía le había dicho hace unos instantes.
1 Gracias, en Sindarin.
2 De nada, en Quenya.
3 Ven, siéntate, en Quenya.
4 Cree en el amor, en Sindarin.
