Tercera Temporada- Capítulo 5-¿Alex es mi hijo?

Estar en el servicio de urgencias siempre era pesado, pero con los niveles de tensión que Candy había acumulado los últimos días era peor. Terry no había dado señales de vida en toda la semana, eso en teoría debería tranquilizarla. Pero el ser humano es capaz de soportarlo todo, menos la incertidumbre.

Su primer descanso del día fue interrumpido.

-Candy, te buscan en la recepción.- Su instinto maternal inmediatamente la hizo pensar en el bienestar de su hijo, caminó presurosa hasta la recepción pero al llegar ahí no vio a Albert o ningún otro conocido.

-¿Quién me busca Alfred?- pero antes de que el joven de la recepción pudiera contestarle, una voz a sus espaldas la hizo estremecer.

-Yo- Esa voz, capaz de provocar en ella tan diversas sensaciones. Todos los músculos de su cuerpo inmediatamente se tensaron, las piernas parecían haber perdido su fuerza y podía escuchar los latidos su corazón golpeándole fuertemente en los oídos. "Terry.." No podía huir, no podía esconderse, pero tampoco se le ocurría nada mejor que hacer.

-Lo siento señor- se giró hacia el intentando esbozar una sonrisa nada convincente y su voz sonaba mas chillona de lo que ella habría esperado- Creo que me confunde, yo a usted no lo conozco y si me permite estoy muy ocupada.

E intentó marcharse, pero Terry se lo impidió asiéndola por el codo se acercó lentamente a ella para susurrarle en el oído- No te confundo Candy. Recuerdo perfectamente cada centímetro de tu piel, conozco aún el número exacto de pecas en tu rostro y reconocería el olor de tu cabello en cualquier sitio. –Todos los vellos de cuerpo se erizaron al mismo tiempo. Terry, su sola presencia continuaba alterándola después de tantos años.- Así que ahora me llevarás a un sitio apartado para que podamos hablar.

-Señor, le repito que estoy trabajando. Durante todo mi turno no puedo hablar con nadie que no tenga una herida de emergencia.

-Una herida. Es podemos solucionarlo.-Un intenso destello plateado iluminó la sala, era el reflejo del sol sobre la hoja afilada de la navaja que Terry sostenía en la mano derecha ¿La estaba amenazando? Candy no comprendía cuál era la intención de Terry hasta que vio como abrazaba la navaja con la otra mano para luego deslizarla provocándose un gran corte en la mano izquierda.

-¿Pero qué….?

-Ahora tengo una herida de gravedad ¿con esto ya me prestarás atención?

-Siéntate aquí.- Candy lo había dirigido furiosa hasta una de las salas de emergencia privadas- Quédate quieto, tengo que limpiar la herida y detener la hemorragia. Estás sangrando mucho.

-Lo que está sangrando es mi corazón, todos estos años, por ti.

-Extiende la mano.

-Me está matando, la incertidumbre, me está matando. Tienes que decirme si Alex es mi hijo.

-No tengo obligación alguna de responderte.

-Dime si ese niño es mi hijo.

-Si tienes dudas no esperes que yo te las resuelva.

-¡Contéstame! –la calma no era una de la virtudes de Terry, perdiendo el control sujetó a Candy por el rostro con la mano ensangrentada.

-¡Suéltame! Alex no es tu hijo, ¿satisfecho?

-No. ¿Qué edad tiene?

-Dos años.

-Mentira. Es mayor.

-Soy su madre, lo conozco mejor que nadie.

-Entonces dime quién es el padre.

-Eso no es asunto tuyo.

-¡Por supuesto que es asunto mío!- abrazándola por la cintura con ambas manos manchándole todo el uniforme de sangre-Quiero que me mires a los ojos y me digas si fuiste capaz de entregarte a otro hombre, si fuiste capaz de olvidarme.

-¿Por qué habría de recordarte? Solo me causaste dolor y sufrimiento.

-Pues dudo mucho que hayas olvidado esto- y la besa a la fuerza. Aquel beso era tan…invasivo, ofensivo ¿cómo se atrevía? La rabia almacenada durante todo ese tiempo se asomó por medio de lágrimas abrasadoras.

-¡Basta! Eres el mismo de siempre, altanero y egoísta, no te interesa lo que sientan las demás personas, solo te interesa lo que tú quieres y en lo que crees tener la razón. Pero yo ya no soy la misma niña estúpida a la que enamoraste y no pienso permitir que me vuelvas a engañar. ¡Aléjate de mi vida y de la de mi hijo!, ¿entendiste? ¡MI HIJO!- e intenta abrir la puerta para salir pero Terry se lo impide.

-De NUESTRO hijo. Y no me puedes pedir que me aleje de su vida.

-Ya te dije que Alex no es tu hijo entiende de…

-¡NOOO!- Terry azotó el puño cerrado violentamente contra la puerta. Este pasó rozando muy cerca del rostro de Candy haciéndola parpadear- ¡Entiende tú de una maldita vez! No me pienso alejar de la vida de mi hijo, y no te atrevas a volver a decir la estupidez que no es mío porque estoy seguro que si lo es, y mucho menos pretendas que me aleje de ti ahora que por fin te encontré después de tantos años de buscarte. Y será mejor que te hagas a la idea, de que quieras o no tendrás que explicarme muchísimas cosas, ¿de acuerdo?

Pero Candy ya no alcanzó a responder. En ese preciso momento la puerta se abrió, empujándolos al centro de la habitación. Parecía que los gritos y golpes de Terry habían preocupado al director del hospital, quien trajo consigo a Alfred.

-¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Candy te encuentras bien?

-¿Qué?

-Tienes sangre en el rostro y en todo el uniforme. ¿Estás herida? Alfred sujeta a ese hombre.

-¿Quién es usted y por qué ordena que me traten como un delincuente?

- Soy el Doctor Erick Mathews, director de éste hospital. Escuché gritos y golpes provenientes de esta habitación, entro y me encuentro a mi mejor enfermera cubierta de sangre y a usted como único sospechoso, así que le pido que no se resista al menos hasta que alguien me dé una explicación sobre qué ocurrió aquí.

-Con qué el Doctor Mathews- "ese" Dr. Mathews, del que Alfred le había informado su interés por Candy. La sangre inmediatamente comenzó a bullirle en las venas- No se sabe que honor es conocerlo, y por supuesto que estaré gustoso de explicarle quién soy y qué hago aquí.

Algo en el tono de voz de Terry asustó a Candy; decidió improvisar una absurda explicación de los hechos, la cual no resultaría muy convincente aunado a su visible nerviosismo.

-No hace falta, yo le explico al director. Doctor Mathews, ha sido mi culpa. Lo que pasa es que el señor… se encuentra un poco alterado y creo que los hospitales lo ponen nervioso, yo…yo no fui muy cuidadosa al momento de limpiar su herida y terminé lastimándolo aún más. Traté de explicarle que si no dejaba de moverse no dejaría de lastimarlo pero creo que solo logré incrementar sus nervios y fue así como se dio todo este desastre.

-Y parece que los nervios te los contagió a ti también. Con todo respeto señor…

-Grandchester.

-Señor Grandchester, con todo respeto, usted no pareciera la clase de hombre que se asusta con una simple herida.

-Y usted tampoco pareciera el tipo de Doctor que muestra tanto interés en sus enfermeras, o al menos de una en particular. Con todo respeto por supuesto.

-No se confunda. Mi único interés es que todo en este hospital marche como debe de ser. Eso incluye a enfermeras y por supuesto los pacientes. Así que como apoyo moral, el señor Alfred y yo estaremos presentes mientras la enfermera Candy lo atiende, por si llegara a surgir otro inconveniente. Candy, adelante.

Candy había reordenado el material de curación, que llevaba cargando entre sus manos temblorosas. Al acercarse a Terry este lanzó una última advertencia.

-No hemos terminado Candy.

Finalmente el turno había terminado. Se sentía como una delincuente, asediada y vigilada por todos. El incidente de esa tarde no había pasado desapercibido por sus demás compañeros y tenía la ligera sospecha de que Alfred tenía algo que ver con la entrada de Terry a ese hospital. Alfred era un boca floja, temblaba al imaginar qué tanto sabía.

No había señales de Terry por ningún lado, pero, conociéndolo (¿en verdad lo conocía?) seguramente la estaría vigilando. ¿Qué hacer? Ir a su casa sería conducirlo directamente a Alex. Lo mejor era dar una vuelta y procurar perderlo en el mercado, ya había caminado un par de cuadras cuando…

-Tú casa queda para el otro lado.

-Terry…(¿de dónde diablos había salido?)

-Sé dónde vives, lo que quiero que me digas en este momento es ¿con quién?

Toda sospecha confirmada, Terry había estado informándose en el hospital y seguramente con Alfred, quien por un poco de dinero (y a Terry era evidente que le sobraba) vendería a su propia madre. ¿Qué tanto le habría dicho y de qué forma?

-No tengo nada que hablar contigo, y por favor para de seguirme, no quiero que nadie me vea contigo.

-¿Por qué? ¿A qué le temes? ¿A qué se enoje contigo tú… compañero? Estoy ansioso por conocerlo.

-No, no es él quien me preocupa. Pero no me gustaría que su esposa nos viera juntos, ella sí podría molestarse.- "Si Terry, yo también se mucho sobre ti y este juego podemos jugar los dos". Aquellas palabras habían desarmado por completo a Terry, e inmediatamente su actitud defensiva desapareció.

-Candy, mira tenemos que hablar al respecto, yo quiero que sepas…

-Ahórrese sus explicaciones Sr. Grandchester, a mi su vida no me interesa. Lo único que le pido, es que le aleje de la mía y de mi familia.

-¿Tú familia? ¿Ese sujeto también es tú familia?

-La única que tengo- la furia se hacía dueña de él una vez más, los músculos del cuello se le marcaban y las palabras apenas y salían entre sus apretados dientes.

-Estás…lo-ca. Creo, que no le has informado a tú… a ese idiota que la familia en la cuál se está entrometiendo, se trata de mi mujer y de mi hijo. Pero ya no hace falta que tu le digas nada, yo se lo diré en este mismo momento.

-¡No Terry no! ¡No vas a destruir mi vida una vez más! No quiero que pongas un pie en mi casa. –Terry parecía estar bien informado, ya que sin titubear y con pasos agigantados se dirigía furioso hacia el pequeño departamento en el que Candy, Albert y Alex vivían. ¿Por qué no le había dicho simplemente que vivía con Albert? ¿Por qué había decidido fomentar la falsa idea de Terry? ¿Celos? ¿Era eso? ¿Quería que él sufriera un poco del dolor que ella había sentido al enterarse de su matrimonio?

No había tiempo para esas tonterías, lo imperante era evitar que Tery volviera a ver a Alex. Aun albergaba el temor de que él se lo quisiera quitar. Pero Terry ya estaba a pocos metros del departamento, pero un grupo de jovencitas lo seguían con la mirada atentamente. "Admiradoras".

-¡Es él! ¡Es Terry Grandchester!- el grito de Candy sacó a las jovencitas de su ensoñación y se lanzaron corriendo con el fin de conseguir un autógrafo de su ídolo, distracción que Candy aprovechó para salir disparada a su hogar.

"Piensa rápido", ¿a dónde ir, dónde esconderse?

-Candy, ¿qué te ocurre? ¡Estás pálida! –Albert la miraba con ojos desconcertados.

-Es él, está aquí.

-¿Quién?

-o-

-¡CANDY! ¡CANDY! ¡SAL AHORA MISMO TENEMOS QUE HABLAR! ¡CANDY SAL O SOY CAPAZ DE TIRAR LA PUERTA!

Terry azotaba la puerta del departamento de Candy, los demás vecinos habían salido a presenciar el espectáculo. Del otro lado solo voces…una pertenecía a Candy y la otra. Una voz de hombre, ¡de hombre! El tipo que vivía con Candy, ¿qué tipo de cabrón mal nacido sería? Ruidos, la puerta se movía, él la estaba abriendo. No le daría tiempo siquiera de decir una palabra, ya tenía el puño levantado y solamente asomara la cara entonces él….

-¿Tú? ¿Albert? ¿Eres tú?

-Ese me han dicho que soy.

-¡No puedo creerlo! ¿Eres tú quien vive con Candy?

-Así es. Candy amablemente me dio asilo cuando más lo necesité.

-¡Uff! Quiero decir, que me alegra. Es la mejor noticia que he tenido en todo el día. ¡Claro! ¿Cómo pude pensar que…? ¡Albert, me da tan gusto verte! – y naciendo desde lo más profundo de su corazón, le ofreció un sincero abrazo a su viejo amigo.

-A mí también Terry.

-Albert tienes que ayudarme. Necesito saber ¿qué pasó?, ¿por qué ella actúa de ese modo?, ¿por qué…?

-Terry, Terry. Tranquilízate. Como fuente de información no soy buena referencia para nadie, yo mismo estoy lleno de dudas.

-No te entiendo.

-Ven, te invito una cerveza. Sé que es algo temprano, pero conozco un bar aquí cerca dónde el Dueño no es para nada remilgoso para escoger a sus clientes ni con los gustos u horarios de éstos.

-Pero yo…

-Acompáñame. Candy está muy alterada y así no tiene caso que hables con ella. La conoces.

-Así que en ese accidente perdiste la memoria.

-Completamente. Me enviaron a Chicago porque era lo único que repetía una y otra vez. Por suerte, por destino, o por voluntad divina, terminé en el hospital donde Candy trabajaba y estudiaba y ella se encargó por completo de mí. Me sentía muy incómodo con esa situación, podría no recordar quién era, pero estaba seguro que quien hubiera sido no era un tipo que permitía que una chiquilla lo cuidará, lo mantuviera, etc. Además ella tuvo muchos problemas por mi culpa, nadie en el hospital veía con buenos ojos que viviera con un perfecto extraño, probablemente un delincuente como pensaban muchos. Incluso llegaron a condicionarle el conservar su trabajo a cambio de que me echara a la calle. Pero Candy no aceptó. Y causarle todas esas molestias me hacía sentir cada vez peor con ella.

-No hay razón para que te sientas así, tú la ayudaste muchísimas veces. Créeme, eres un gran sujeto. ¿Sigues sin recordar nada?

-No lo sé. A veces creo recordar cosas, pero no estoy seguro si en verdad son recuerdos, sueños o simplemente eventos que Candy me ha platicado. Algunas veces creo recordar mi vida pasada, incluso mi nombre y apellido, pero, todo eso lo siento, tan lejano, tan ajeno a mí que pienso que esta es la oportunidad perfecta para dejar todo eso atrás de una buena vez. Pero hay personas que en verdad me gustaría recordar. Como a ti por ejemplo. No sé si lo que sé de ti son en verdad cosas que recuerdo o simplemente lo que Candy me ha confiado y lo que los periódicos dicen de ti- Ante tal afirmación Terry hace una mueca de molestia- Aunque, para serte honesto. Ni los chismes de periódico ni la propia Candy hablan muy bien de ti, y a pesar de eso, yo no te percibo así. Te siento como…como a un viejo amigo, y no sé por qué, pero, te creo, en verdad te creo.

-Gracias. –Ambos disfrutaban de su segunda cerveza en la barra del bar- Entonces con más razón tienes que ayudarme, por los viejos tiempos. Si hay alguien que puede hacerla entrar en razón ese eres tú. –Albert por poco se ahoga con el sorbo de cerveza.

-¿Yo? No, llámame cobarde pero le temo a la furia de Candy. Además, ¿eso es en realidad lo primero que quieres hacer?, ¿a qué viniste?

-A recuperar a mi hijo- Terry lo dijo sin pensar- quiero decir, a averiguar si ese niño…

-¿Alex?

-Sí, a averiguar si Alex es mi hijo.

-¿Y qué has hecho para averiguarlo?

-Preguntárselo a Candy

-¿Y?

-Me gritó en mi cara que no era mi hijo y que no me importaba quién era su padre.

-¿Esa respuesta te dejó satisfecho?

-Debería. Sea verdad o sea mentira significa que me vaya al diablo. Y tal vez eso es lo que tengo que hacer, regresar a Nueva York y continuar con mi vida, pero…esos ojos Albert, no puedo dejar de pensar en esos ojos tan tiernos, suplicantes, temerosos. Ese día Alex se perdió, pero quiero pensar que en realidad fue para que yo lo encontrara. Sentí algo tan…inexplicable. Y él también lo sintió, no dejaba de mirarme y se detuvo esperándome. Albert por favor dime si es mi hijo.

-No hay forma en que yo logre asegurarte eso. Pero se me ocurre una manera en que tú lo puedas averiguar.

-¿Cómo? ¿Torturando a Candy hasta que me diga la verdad?

-No creo que ceda tan fácilmente. Mira, cuando me recuperé un poco físicamente seguía pensando en irme, pero también sabía que antes de hacerlo tenía que intentar retribuirle a Candy parte de las atenciones que había tenido para conmigo. Ella sufría mucho por no tener a Alex consigo, ya que en el hospital cambian constantemente de turnos y no tenía quién lo cuidará y con todos los gastos extra que yo le generaba no podía pagarle a alguien para que lo hiciera. Así que me ofrecí a ser su niñero. Inmediatamente me enamoré de él, ya no podía dejarlo. Irme significaría que él tendría que regresar al hogar de Pony y eso Candy no podría soportarlo. Con el tiempo conseguí trabajo en el zoológico de la ciudad, porque según Candy me había dicho, yo tenía experiencia en eso, el asunto es que el trabajo me resultó sumamente sencillo y el director del zoológico permite que lleve a Alex conmigo cuando Candy trabaja en las mañanas. Te recomiendo que te aparezcas mañana temprano a en la puerta del zoológico para que puedas platicar tranquilamente con tu pequeño amigo.