Hola mis fieles lectores!*

Estoy de vuelta al fin, y sí, sé lo van decir, me tardé demasiado tiempo esta vez, de hecho, creo que nunca antes me había tardado tanto… Así que les pido perdón, y espero que acepten mis disculpas. Se me dificultó demasiado poder escribir durante todo este tiempo, no tenía tiempo, y cuando tenía tiempo no tenía inspiración, y se negaba a llegar, y cuando tenía inspiración, ya la tenía a mi mamá quejándose porque pasaba mucho tiempo en la computadora, y así nunca podía avanzar… Después terminé el capítulo finalmente, pero sinceramente era una porquería, así que lo borré, y empecé de nuevo. Y entonces la semana pasada mi mamá se fue de vacaciones y pensé "buenísimo, ahora sí lo termino", pero resultó que durante esta semana estuve de hecho9 más ocupada que cuando ella está. Y mañana me voy yo de vacaciones, así que me dije a mi misma que tenía que terminarlo antes de irme, y esta mañana me levanté, desayuné, y me puse a escribir y acá está finalmente el capítulo 74, o 38, como prefieran… Para ser sincera, les digo que a pesar de haberlo reescrito, éste que quedó, tampoco es la gran cosa, y es probable que no les guste, y que reciba muchas malas críticas por esto, pero no hay problema, estoy abierta a todos los comentarios, además de que soy plenamente conciente de que todo lo que digan será cierto. También es un capítulo más corto de lo que venía escribiendo últimamente, pero esto es lo que pasa cuando la inspiración y el tiempo no se disponen a cooperar. Ya no los molesto más, y los dejo leer, ya están advertidos xD


74

La verdad

(Capítulo 38)

La sensación de mareo cesó, y los dos se encontraron de pie, uno junto al otro, frente a una puerta de madera barnizada, en el luminoso pasillo de uno de los pisos de un moderno edificio departamental. Harry, que aún sostenía la mano de su amiga en la suya tras haberse aparecido, notó el leve temblor que se produjo en esta cuando él mismo levantó el brazo de la varita hacia la cerradura para abrirla. Volteó la cabeza hacia ella, clavando sus ojos verdes en los de ella, castaños. El miedo, y algo más que no fue capaz de comprender, eran casi tangibles en ellos, casi sólidos. Le dio un suave apretón para infundirle valor, y hacerle saber que permanecería a su lado, y entonces giró el pomo de la puerta la empujó.

Se abrió lentamente hacia el interior, y Hermione contuvo el aliento, con el cuerpo tenso y levemente tembloroso bajo la mirada preocupada e inquisidora de su amigo. Suspiró para tomar coraje en cuanto la puerta se hubo abierto por completo, pero no soltó la mano del chico, sino que la aferró más fuertemente, necesitaba ese apoyo, ese que la mantendría en la realidad, en el presente… Se miraron a los ojos durante un instante, comunicándose sin palabras, como sólo los mejores amigos pueden hacerlo. Cada uno leyó los ojos del otro, la decisión, el temor, la duda, la seguridad. Asintieron al mismo tiempo, y entonces avanzaron hacia el interior del departamento, con un paso de cada uno, al mismo tiempo que el del otro. La casa de Michael, del auror traidor, del Mortífago, del violador…

Hermione intentó no pensar, concentrarse en el presente y en su objetivo. Sólo debía recuperar su bolso y su varita. Bastaría con un sencillo encantamiento convocador, sólo unos segundo y entonces podrían marchar, salir de allí, tan pronto como los tuviera en sus manos… pero los hechos que tanto la atormentaban, todavía estaban demasiado frescos en su mente, flotaban demasiado nítidos sobre la superficie, como el pensamiento que acaba de echarse al pensadero y flota allí a la vista sobre la nacarada sustancia casi líquida, casi gaseosa. La memoria fue más fuerte, y pudo más que el autocontrol, y en cuanto tuvo los pies dentro, su mente detectó el olor, la superficie, los muebles, los colores, todo, y el reconocimiento del lugar trajo consigo el recuerdo de lo ocurrido allí, que cayó sobre ella, produciéndole punzadas horribles en el estómago, apretándole los pulmones como con una prensa, haciéndole doloroso hasta la acción de respirar…

Harry notó el repentino cambio en su amiga, y su preocupación aumentó. ¿Era el recuerdo de aquel hombre lo que la ponía así? ¿O había algo más? Tenía toda la apariencia de ser lo segundo. Conocía a su amiga, y sabía que por más frágil que pareciera, era fuerte y valiente, por eso, sabía que tenía que haber algo realmente profundo para que ella se comportara de esa manera, debía haber algo que explicara su reacción, aquella expresión en sus ojos antes de entrar… Debía terminar con el asunto cuanto antes, así podrían marcharse de aquel sitio, y ahorrarle todo sufrimiento a Hermione. Aunque, por supuesto, luego pediría una explicación, cuando lo creyera oportuno.

- Bien, acabemos con esto. – dijo con firmeza. Hermione asintió en silencio a su lado, con la mirada perdida hacia algún lugar más allá de un pequeño pasillo que se alejaba de la habitación.

- Veamos… - murmuró luego para sí mismo – ¡Accio Bolso!

Se escuchó un silbido agudo, el del aire al rozar con el objeto que lo cortaba a toda velocidad en su vuelo hacia ellos, y a los pocos segundos, el bolsito de cuentas de la castaña apareció atravesando aquel pasillo que había estado observando Hermione. Harry lo tomó, ya que la muchacha parecía no reaccionar, y luego se lo tendió, llamando su atención y despertándola de su ensimismamiento.

- ¿Está todo aquí dentro Herms? ¿Tu varita? … - Se quedó de piedra cuando su amiga volvió el rostro hacia él, dejando a su vista los ojos castaños enrojecidos y anegados en lágrimas. – Herms, ¿qué…

Harry dio un paso hacia ella y comenzó a levantar su mano para posarla sobre su hombro. Pero, sin decir una palabra, la muchacha volvió a retirar la mirada de él, para dirigirla nuevamente hacia el pasillo por el que había llegado su bolsito de cuentas, y comenzó a caminar hacia él con lentitud, con pasos dudosos, ¿Qué estaba haciendo? Se preguntaba el muchacho de ojos verdes, pero lo cierto es que ella tampoco lo sabía…

¿Qué diablos estaba haciendo? ¡Sus pies la conducían directo a la escena del crimen, al sitio al que no quería regresar bajo ningún punto de vista! ¡NO! ¡No, no, no! No podía, debía detenerse en ese mismo instante, no quería volver a ese lugar, a esa habitación, no quería volver contemplar aquellas paredes, aquella cama. Si volvía a entrar allí, todo sería peor, vería las pruebas tangibles y reales de lo que había ocurrido, y no podría soportarlo. Pero entonces ¡¿Por qué diablos seguía caminando hacia allí?! NO, NO, NO, DETENTE se exigía, pero su mente parecía desconectada de su cuerpo, que parecía moverse sólo, respondiendo a alguna orden de otro mundo… Entonces comprendió que, quizá, lo que debía hacer era eso mismo, regresar a esa habitación, y contemplarla, y que todo lo que había vivido allí, eso de lo que tanto se arrepentía ahora, volviera a presentarse ante sus ojos como si estuviese ocurriendo allí delante de ella, como la representación de una obra teatral. Comprendió que, tal vez, aquello era exactamente lo que necesitaba para poder superarlo, para poder librarse del tormento que le causaba, contemplarlo con nuevos ojos, admitirlo y superarlo; que, tal vez, eso era lo que trataba de decirle su subconsciente, que la conducía contra su voluntad hacia el dormitorio del Mortífago, que aunque no quisiera, debía hacerlo, que tenía que enfrentarlo para poder pasar al siguiente paso, para mejorar y poder salir del pozo en que había caído. Así que tragó saliva, cerró los ojos y suspiró, y se dejó llevar, con un temblor que recorría cada porción de su cuerpo, deseando que en verdad fuera como pensaba, que con ello terminaría su dolor, o al menos se mitigaría...

- Herms… - La llamó, pero ella no se volvió y, ensimismada como estaba, era probable que ni siquiera lo hubiese oído.

Harry la observó con ojos como platos mientras ella se alejaba de él. Le llevó unos largos segundos poder reaccionar, y comenzar a caminar tras ella. La siguió, aunque no lograba entender qué buscaba ella, qué pretendía. Pensó en tomarla del brazo y detenerla, voltearla hacia él, y llevársela de allí de regreso a la Mansión Black, pero se contuvo. Entonces ella se detuvo, al final del corto pasillo, frente a una nueva puerta de madera que permanecía entreabierta, separada del marco por unos cuantos centímetros. La castaña levantó un brazo, como un zombi, y le dio un empujón a la puerta, que se abrió hacia el interior con un chirrido casi imperceptible. Y se quedó allí, inmóvil, impávida, de pie como una estatua sin vida, aunque el temblor continuaba recorriendo su cuerpo. Harry dudó un momento, pero entonces comenzó a levantar un brazo hacia ella, para colocarlo en su espalda. Pero no pudo. Hermione se movió, y avanzó hacia el interior como atraída por alguna fuerza extraña, como si un hilo tirase de ella hacia dentro, y Harry, desconcertado, dejó caer el brazo y permaneció allí, en el vano de la puerta contemplándola. Su amiga recorrió los pocos pasos que la separaban de la gran cama doble plaza situada en el centro, y no se detuvo hasta que sus rodillas chocaron con el colchón. Allí se quedó, recorriéndola con la mirada, examinando las sábanas revueltas, el colochón en parte desnudo…

- Herms… - La llamó su amigo detrás de ella, y esta vez, sí lo oyó.

La muchacha giró sobre sus pies para darle la cara a su amigo que la miraba con la preocupación tatuada en su ceño fruncido. Y entonces no aguantó más, lo que había estado reprimiendo, conteniendo en su interior, en su mente, en su corazón, toda la culpa, el miedo, el dolor, la angustia, absolutamente todo cuanto la atormentaba, salió de ella, y afloró a sus anchas hacia el exterior.

Harry observó a su amiga estallar en un llanto mudo, pero desgarrante, absolutamente desesperante. Las lágrimas salían como a chorros de sus ojos, y su boca se abría entonando un grito sin sonido. Movió las manos en el aire, como si tratara de explicarse de alguna forma. Luego, volteó la mirada de nuevo hacia su espalda, a las sábanas revueltas, esas que ella recordaba a la perfección, y su llanto pareció intensificarse. El muchacho estuvo a su lado antes de que pudiera desplomarse sobre el suelo, y la sostuvo evitándolo. La abrazó con fuerza, y la dejó llorar mientras le acariciaba el cabello. Ella aferró su remera en un puño, y lloró muda contra su hombro. Su cuerpo temblaba y se convulsionaba bajo los brazos de su amigo, que la contenía desconcertado, aguardando con paciencia.

Él no intentó callarla, ni hablarle, sabía que su amiga necesitaba llorar, que necesitaba descargar todo lo que tenía guardado dentro, y que el sacar todo de su interior la ayudaría de alguna forma. Por eso permaneció allí, de pie, sosteniéndola con fuerza y a la vez ternura, mientras la muchacha purgaba su dolor, y causaba estragos en su camiseta. Esto último no le importó en absoluto, lo único que le importaba ahora era que su amiga estuviera bien.

No sería capaz de decir cuánto tiempo pasó hasta que Hermione logró tranquilizarse lo suficiente como para lograr mantener las lágrimas a raya y suprimir los temblores, pero ése fue el momento exacto en que Harry supo que ahora sí debía hablar.

Se sentó sobre la cama desecha, y atrajo a la chica a su lado. La miró directo a los ojos por un instante, luego, corrió con su mano un mechón de cabello que le caía sobre los ojos enrojecidos e hinchados, y, finalmente, suspiró para comenzar a hablar.

- Herms, yo… - Ella lo interrumpió.

- Lo siento Harry, en verdad lo lamento, - miró el semblante preocupado de su amigo y se sintió terriblemente culpable - no volverá a ocurrir, lo prometo. – sus voz tembló en la última frase, y no la hizo sonar para nada convincente.

- No Hermione. – le respondió en tono cortante, casi enfadado. – No debes lamentarlo, no debes disculparte conmigo ¿Qué importo yo en esto? Nada, absolutamente nada, Herms. Aquí la que importa eres tú, solamente importas tú. Sé que has pasado por cosas horribles, y que estás profundamente dolida, y herida por eso, y no debes disculparte. Pero desearía que pudieras al menos contarme de aquello que te atormenta, no sé si podré ayudarte, pero al menos déjame intentarlo. Herms, yo sólo quiero que tú estés mejor, que vuelvas a ser feliz, y sé que después de todo lo que ha ocurrido será difícil, pero podemos hacerlo.

Hermione se quedó helada, en silencio, observándolo con la boca levemente entreabierta. Él estaba realmente preocupado por ella. No lo merecía.

- Harry, yo… soy horrible, me he portado terrible – comenzó a lloriquear, Harry puso una mano sobre su hombro huesudo y la aferró con fuerza.

- Herms, sea lo que sea lo que haya ocurrido allí, tú no tienes la culpa de nada… La culpa fue nuestra por haberte dejado ir. – Se le hizo un nudo en la garganta al agregar la última parte. Había pensado en ello una y otra vez, desde que ella se había ido, desde que se había perdido, y aún cuando la hubieron hallado, al contemplar el estado en que se encontraba…

- No, no, no, Harry, ustedes no tienen la culpa, claro que no, la culpa es toda mía, si yo… Oh, Harry, me odio tanto…

- ¡No-digas-eso! – puso especial énfasis en cada palabra, remarcándola y separándola de la otra – no debes odiarte pues tú no has hecho nada.

- Oh sí que lo he hecho, y si tú lo supieras, apuesto a que también me odiarías, aunque no tanto como me odio yo misma…

- Herms, yo nunca sería capaz de odiarte, sin importar lo que hagas. Aunque aún no comprendo de qué te declaras culpable. – No había pasado por alto el comentario de Hermione, y había advertido que había algo más allá de lo que él pensaba.

Hermione permaneció en silencio, repasando los hechos en su mente (aunque mucho esfuerzo no necesitaba). Debía contárselo, lo sabía, ya había pensado en eso, sabía que la única manera de sentirse aliviada era confesarse, y aunque en realidad sabía que era con Ron con quien debía hacerlo, hablar del asunto con Harry ayudaría, y la tendría más preparada para cuando al fin se atreviera a hablarlo con el otro muchacho. Era conciente, de que parte de la culpabilidad y el tormento, por más mínima que fuese, se debía al hecho de mantener aquello en secreto para sus amigos. Suspiró y agachó la cabeza, clavando la mirada en su regazo: no podía mirar a su amigo a los ojos mientras le contaba aquello.

- Harry, yo… - anda ya, escúpelo de una vez. Se puso de pie, dándole la espalda – me acosté con Michael.

Silencio.

Harry no dijo nada, y Hermione temía levantar la mirada para ver la expresión de su rostro. Pero lentamente lo hizo, y se sorprendió, cuando en lugar de la expresión de odio y repulsión que esperaba ver en los ojos de su amigo, vio compresión.

- Herms, yo… yo lo sé, sé que el te forzó, que tú no querías, no debes…- Sin embargo, mientras se oía a sí mismo pronunciar aquellas palabras, comprendió que su amiga le hablaba de algo más…

- No, Harry – lo interrumpió ella. Su rostro mostraba una expresión torturada. – yo no estoy hablando… no estoy hablando de esa parte, de la que tú conoces. Hablo de la que no… de que no tienes idea, de la que me convierte en un monstruo. De la que prueba que Ron tenía razón y que no merezco su amistad, ni la tuya, ni la de nadie… - su voz se apagó, y nuevas lágrimas brotaron de sus ojos.

- Herms, por favor, no digas eso, ya deja de castigarte.

- Harry, - tomó aliento para recuperar fuerzas mientras se ponía de pie frente a él con brusquedad, puso sus frágiles manos sobre los hombros de su amigo. – a ver si lo entiendes de una vez: YO – ME – ACOSTÉ – CON – ÉL, yo tuve sexo con Michael, y él no me forzó, fue por voluntad propia, sólo ocurrió, y yo no le detuve.

Harry no dijo nada, ahora era él el que tenía la boca entreabierta, de sorpresa y confusión. Su sospecha se confirmó entonces, pero aún así, no lograba dar crédito a sus oídos ¿Qué estaba diciéndole su amiga? No podía estar hablando en serio, aquello no podía ser cierto. No supo qué decir, y Hermione se percató del hecho, por lo que suspiró y retomó la palabra para explicarse.

- yo… - mantuvo las manos sobre los hombros del chico. La voz le tembló y luchó por recomponerse para poder continuar. Harry no la presionó a continuar, fue paciente y la aguardó con la mal disimulada expresión de incredulidad aún presente en el rostro. Varios segundos más tarde, la castaña se aclaró la garganta, se enjugó las lágrimas, que habían vuelto a caer de sus ojos, con el dorso de la mano, y retomó la palabra.

Entonces, comenzó a lloriquear nuevamente, y las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, se llevó las manos al rostro, escondiéndolo avergonzada, no podía contárselo, le resultaba tan difícil. Era tan… humillante… Se vio atrapada en la asfixia del llanto desconsolado y desesperado, con el recuerdo de aquello que pugnaba por salir a través de su boca atormentándola. Volvió a sentarse sobre la cama, y se hizo un ovillo sobre el colchón, abrazándose las piernas con los brazos, y ahogando sus sollozos contra ellas. Harry se acercó más a ella, y revoloteó con las manos a su alrededor por unos segundos, sin saber, al principio, muy bien que hacer. Pero el instinto de amistad, de amor, fue más fuerte, y lo condujo sin que tuviera que pensarlo siquiera. La rodeó con sus brazos, y la abrazó con fuerza, apretándola contra con su pecho. La meció de atrás a adelante. Pero no dijo nada, ese mismo instinto que lo había impulsado a actuar, que le había hecho saber qué hacer, le decía que debía permanecer en silencio, que debía darle tiempo, y que ella se tranquilizaría y hablaría en cuanta estuviese lista.

Y así fue como ocurrió.

Hermione no tardó en tranquilizarse. En cuanto comprendió, nuevamente, aunque con más determinación, que hacía lo correcto al contarle aquello a su amigo, que era lo mejor. Porque guardándoselo no le hacía ningún bien a nadie, a ella, para empezar, porque si no lograba sacar aquello de su cabeza, el alivio no llegaría jamás, y el recuerdo de aquella noche la acecharía por siempre, y porque no podría soportar mucho más tiempo el ocultarle aquello a sus amigos, que no tardarían en darse cuenta de que algo escondía; y a sus amigos, a Harry, a Ron, porque sabía, era completamente conciente, de que estaba dañándolos con su actitud, y con su propio dolor que, por mucho que intentase disimular, no era invisible a los ojos de ellos. Por el momento, debía empezar por hablar con Harry, luego, ya se encargaría de ver cómo enfrentar el asunto con Ron.

- Harry, - prosiguió en tono serio y con rostro inexpresivo, tras una máscara de aparente serenidad. Y entonces, sin más interrupciones, sin frenarse a tomar aire, sin dudar, sin volver a caer presa del llanto, y manteniendo a raya a la vergüenza y la humillación, relató todo sobre aquella historia, sin dejarse afectar por el rostro de Harry que, por mucho que él se esforzaba en mantener impasible, iba cambiando a medido que ella avanzaba en los hechos. Le contó absolutamente todo, desde el momento en que había abandonado el número 12 de Grimmauld Place, que había llamado a Michale con el móvil que él mismo le había dado, cómo había terminado en sui departamento, y todo lo que había acontecido en aquel sitio. Terminó con un suspiro de alivio, sintiendo algo que empezaba a alivianarse en su interior, y entonces, llevó los ojos directo a los de su amigo, tratando de encontrar en ellos, asco, odio, el sentimiento de haber sido traicionado. Él no dijo nada. Ella aguardó por unos segundos, esperando que se levantara de un momento a otro de su posición, que se alejara de ella, y que saliera hecho una fiera de la habitación, del departamento, que desapareciera al otro lado de la puerta, de regreso a Grimmauld Place, para contarle a todos lo que ella había hecho… Pero eso no ocurrió.

Harry volvió a abrazarla con tanta fuerza que cada porción de su maltrecho cuerpo le palpitó con una punzada de dolor. Le acarició en cabello, y le susurró en tono consolador.

- Oh, Herms. Tranquila, todo estará bien…

Ella empujó con sus brazos debilitados contra su pecho, para separarlo de su cuerpo, él tardó unos segundos en percatarse de qué era lo que ella buscaba, entonces la soltó. La castaña inclinó la cabeza hacia atrás, para examinarlo. Ahora era ella la que lucía desconcertada, la que parecía no comprender nada de lo que estaba ocurriendo.

- ¿Qué ocurre, Herms?

- Es que, - ¿de verdad su amigo estaba preguntándole eso? – no comprendo, deberías estar gritándome, diciéndome cosas horribles, y no sería nada que yo no merezca. ¿Es que acaso no me odias? ¿Cómo es posible? Quizá no has oído bien, o no has entendido correctamente lo que acabo de contarte: ¡Harry, yo me acosté con Michael! ¡Con Michael, el auror por el que me dejé engañar, el mismo sobre el que tú y Ron intentaron hacerme entrar en razón desde un principio, y yo no los oí! ¡El mismo por el que peleamos esa misma noche, y yo me marché, y lo primero que hice fue acudir a él, fui yo solita hacia mi secuestrador! ¡Y me acosté con él! ¡Por voluntad propia! ¡No hice absolutamente nada para evitar aquello!

- Ya, Hermione, tranquilízate, ¿quieres?...

- ¡Es que no puedo! Dame sólo una razón por la que tú no debas estar odiándome ahora, y diciéndomelo a los gritos.

- Pues porque soy tu amigo, y tú eres mi mejor amiga, y no estoy aquí para juzgarte, sino para ayudarte. – sonrió, y aquello enfadó aún más a Hermione. Claro que no quería que él se enojara con ella, y demás, pero aquella total falta de interés, la fastidiaba sobremanera.

- Pero Harry, yo…

- Sí, ya lo sé, te has acostado con Michael, ya lo has dicho, y por favor deja de repetirlo de una vez.

Harry estaba… impactado, sí, esa era la palabra correcta para describirlo. Pero qué podía hacer, no podía, de ninguna manera, reaccionar en la forma en que su amiga esperaba que lo hiciera. Él sabía, estaba más que seguro, que ella nunca había sentido nada por el Mortífago, al menos no en ese sentido. Él la había engañado, le había hecho agradarle, y Harry no podía declararla culpable de eso… Hermione había tenido otras razones para acostarse con él, ella no lo había dicho, pero él lo sabía, o lo más probable era que ni siquiera razones hubiera tenido, porque ella de seguro no estaba pensando cuando lo hizo, o cuando se lo dejó hacer… no había hecho el amor con Michael, había tenido sexo con él. Hermione amaba a una sola persona, y él lo sabía.

- Herms, - prosiguió – no pretendo justificarte, y por supuesto que no estoy de acuerdo con lo que has hecho. Pero tengo razones para creer que no me equivoco al pensar que no lo hiciste a conciencia, que sólo te dejaste llevar y que no estabas pensando en absoluto cuando lo hiciste. – ella sollozó.

- Pero Harry, al fin y al cavo lo he hecho… Yo… Ron, lo he, traicionado.

Aquello trajo algo a la mente del muchacho, "al menos ahora están a mano" pensó con humor amargo, pero permaneció en silencio, no podía decir nada, no debía decir nada, eso era algo que debían solucionar solos.

- No se suponía que fuera así… - comenzó ella después de un momento de silencio, comprendiendo que no obtendría más respuesta, o cambio de reacción por parte de su amigo.

Harry la miró con las cejas alzadas.

- No comprendo…

- Ya sabes, mi primera vez. – aclaró ella, con un esbozo de sonrisa – Se suponía que debía ser con alguien a quién yo amara, con alguien con quien realmente quisiera hacerlo, no sólo por deseo, sino también por amor…

Harry la miró atónito, no podía creer que estuviera confiándole aquello a él, era la clase de cosas que hablaría con… se le hizo un nudo en la garganta al pensar en ella, al recordar que aún estaba Dios sabría dónde…

- … siempre pensé que sería con Ron, debería haber sido con Ron. – volvió a sumirse en el silencio, pero ahora lucía realmente serena, perdida en algún sitio de su mente. Y luego, tras habérselo pensado, preguntó - ¿Crees que él debería saberlo? Lo de Michael, claro.

Harry lo consideró durante unos segundos.

- Sí – dijo al fin – creo que deberías contárselo. – Después de todo, quizá también impulsara a Ron a contarle sobre Megera, y así ambos podrían sentirse mejor, y hasta pensar en una reconciliación… ¿Qué te parece si regresamos? – Agregó. Tras pensar en Ginny, sentía verdadera urgencia por regresar y ponerse de nuevo en marcha en su búsqueda.

- De a cuerdo.

Fuera, en el pasillo y con sus pertenencias recuperadas, Hermione tomó la mano de su amigo y ambos desaparecieron, en su camino de regreso.

No había nadie a la vista cunado entraron al vestíbulo de la Mansión Black.

Hermione dejó caer su problemático bolsito de cuentas sobre el sofá y luego, ambos se encaminaron hacia la cocina, asumiendo que, dada la hora, los demás se hallarían allí tomando el almuerzo. Efectivamente, allí estaban George, Draco y Ron, sentados a la mesa, con los platos aún vacíos delante de ellos, y Kreacher revoloteando de un lado a otro más allá, sobre las hornallas de la cocina.

Harry avanzó hacia el interior, y se dejó caer sobre una silla junto a su amigo, pero Hermione se quedó paralizada en la puerta con los ojos fijos en Ron. Éste la observó, pero luego se volvió a Harry.

- Ya era hora de que regresaran – le dijo, algo molesto – Kreacher se rehusaba a darnos la comida hasta que su "amo" no estuviera acá. Muero de hambre.

Harry rió, y lo mismo los otros dos chicos, y todos se volvieron, algo sorprendidos cuando una risita algo apagada salió de los labios de la muchacha que se estiraban en una débil sonrisa. Con paso lento, como cauteloso, avanzó hacia sus compañeros, y ocupó también un lugar en la mesa.

George la observó, y advirtió un gran cambio operado en ella, se alegró de ver que comenzaba a recuperarse, que sus tormentos comenzaban a desvanecerse de a poco, y entonces, muy sonriente, comenzó a parlotear en busca de una conversación de la que participasen todos. Y así fue, incluso Draco hizo algún que otro comentario desinteresado.

Comieron lo que Kreacher les sirvió y, cuando no tenían la boca llena a rebosar, continuaban conversando. Volvieron a enfrascarse en una charla sobre la "misión" que, con la aparición de Hermione había quedado en algo así como una pausa. Enumeraron uno a uno los lugares en que ya habían estado, y calcularon un aproximado del número de Mortífagos y sobrevivientes que habían logrado capturar los primeros, y rescatar los últimos. Se preguntaron qué habría ocurrido con ellos, a dónde habrían llevado a los Mortífagos, y dónde estarían sus antiguos prisioneros… Y luego, comenzaron a plantearse cómo proseguir, estableciendo las conexiones entre los sitios a los que habían ido, para poder encontrar a cuáles debían ir a continuación.

No pararon de hablar, hasta que no se hallaron completamente llenos y exhaustos por la comida. Y entonces reposaron en silencio recostados sobre los respaldos de las sillas.

Hermione lucía contenta, no feliz, pero contenta. Luego de haber comido, lo que había hecho casi con tanta desesperación como Ron, sus mejillas habían adoptado un bonito color, y ahora sus ojos no brillaban húmedos de tristeza. Parecía estar realmente disfrutando el momento, y al igual que los demás, con fuerzas renovadas, estaba ansiosa por continuar buscando a sus amigos… Pero algo continuaba moviéndose en su estómago, y sabía perfectamente de qué se trataba, y también sabía que debía acabar con ello de una vez por todas.

Se enderezó sobre la maltrecha silla de madera, y su rostro se volvió serio. Harry comprendió al instante lo que se proponía, y, cuando sus miradas se encontraron, le dedicó una sonrisa, alentándola con los ojos, con el gesto, a proseguir.

- Ron, - lo llamó ella con tranquilidad – necesito hablar contigo.


Ron permanecía en silencio, inmóvil con la boca entreabierta y los ojos abiertos de par en par, desenfocados. No se había movido ni un centímetro, ni había emitido sonido alguno desde que Hermione comenzara su relato, su confesión, y ahora simplemente parecía estar en un completo shock. Ella continuó en silencio, sin apurarlo a hablar o a hacer nada, continuó de pie frente a él, que permanecía sentado sobre la cama de la habitación que ocupaba en la casa, aguardando su reacción.

Y entonces lo vio. Contempló cómo el rostro del muchacho comenzaba a volverse más y más rojo a cada segundo, cómo obtenía un tono morado, y cómo se aclaraba de golpe, hasta quedar casi tan blanco como una hoja de papel. Su ojos se estrecharon hasta volverse dos líneas, sus pupilas verdes la miraban con odio entre los párpados casi cerrados, y ella se sintió analizar como con rayos X, entonces volvieron a abrirse como platos, incluso más de lo que lo habían estado segundos antes, si es que eso era posible. Y de repente, sin previo aviso saltó de la cama, y la enfrentó, se acercó a ella tanto que podría haberle besado la frente, pero eso, era lo que menos deseaba hacer en ese momento. Y entonces, comenzaron los gritos, el torrente de insultos que salían de su boca sin darse espacio unos a otros.

Harry, tumbado en la antigua cama de su padrino, unos pisos más arriba, mientras jugueteaba inconscientemente con su medallón haciéndolo pasar entre sus dedos, oyó con la reacción de Ron y meneó la cabeza al tiempo que suspiraba. Al parecer, después de todo, las cosas iban a ponerse aún más difíciles. Y aún así, no le importaba, deberían solucionarlo ellos solos, o no, o quizá al final tendría que ayudarlos, pero no ahora, ahora lo único que le importaba era una sola cosa, lo único que le importaba era ella, la necesita con desesperación, y debía encontrarla, encontrarla viva y ponerla a salvo.

Miró el objeto que tenía entre los dedos, y entonces, algo lo dejó helado.


Bien, acá estoy de nuevo. Díganme, que les pareció? Espero sus reviews, como siempre.

Perdón de nuevo, por la demora, y perdón también por el capítulo.

Y Gracias a los que leen y siguen leyendo a pesar de todo xD

Besos!*

________________________________________________________ -*Ginny!*-