Capítulo 39. Serenata.
Konoha, 25 de marzo.
Shikamaru se acercó a Jen.
—¿Qué tal la resaca?
—Mal… Pero ya se me pasará…
—Dicen que el café con sal ayuda. Aunque tiene que saber asqueroso, pero bueno.
—No lo quiero. Lo mejor es el agua, beber mucha.
—Casi mejor. Vaya manera de desperdiciar café y sal. ¿Y con el problemático de Sasuke cómo te va?
—No es problemático, es… bueno, da igual. ¿Por qué me lo preguntas? Es confidencial —Jen dijo, en el fondo encantada de que él le preguntara eso.
—No sé, como ayer te enrollaste con él… ¡Que por cierto, también iba fino!
—Sí, ya lo sé. ¿Pero qué más quieres que pase entre él y yo?
—¿Y a mí qué me cuentas? ¡Si la interesada eres tú! —y Shikamaru no iba a admitir que a él también le interesaba.
—Vale, vale… No te pongas así. ¡Uf! Menos mal que me duele la barriga.
—¿Menos mal? ¿Cómo que menos mal? Los dolores son problemáticos.
—Pero lo prefiero a que me duela la cabeza. ¿Debería hablar con Sasuke?
Shikamaru se encogió de hombros.
—No sé. ¿Quieres algo más con él?
Ni siquiera sabía por qué preguntaba eso, si no sabía si estaba preparado para saber la respuesta. Qué problemática era Jen.
—No.
Él suspiró.
—Pues una de dos, o pasas de él o se lo dejas claro.
—No quiero pasar de él. ¿Y qué significa ese suspiro? ¿Tan mal te cae? ¿O es otra cosa que yo no sé? —y aquí estaba la Jen preguntona de siempre.
—Pues déjaselo claro.
—No me has contestado…
—Es que es obvio que Sasuke me cae fatal.
—Pobre… En fin, ya no me duele. ¿Qué hiciste tú ayer?
Shikamaru repasó mentalmente la mala idea de Kiba, perdón, la fiesta de prado. Y llegó a la conclusión de que había hecho…
—Casi nada.
—Vale, eso no es ninguna novedad, vago…
—Gracias.
—¿No me vas a contar nada más?
—¡No…! Vete a hablar con el imbécil de Sasuke.
—… ¿Estás celoso? —preguntó Jen divertida.
—¿Qué? ¡No!
—¿Seguro…?
—¡Que sí! ¡No estoy celoso, sólo me revienta que te hayas enrollado con ese idiota!
—Eso es estar celoso.
Y Jen se sentía como una quinceañera a la que invitan a salir por primera vez. Y eso que ni la estaban invitando a salir, ni habría sido la primera vez.
—No, si hubiera sido otro, no me habría importado. "Porque él es un rival a tener en cuenta… ¡¿Pero qué demonios estoy pensando?!"
—Ah, genial, tenía pensado ir a por otro.
—… Ah. Vale.
—… ¡Tonto!
—¿Por qué? ¿Qué he hecho ahora?
—¡Nada…! Déjalo…
—No, ahora me lo dices.
—¡No…! Siempre te cuento yo cosas…
—No me cuentas cosas, me insultas. Y además me debes medio masaje.
—Eso es verdad. Jo…, estoy malita, ¿no podías olvidarlo… y hacer tu parte del trato?
—Pero si ya la hice —lo cual no era del todo cierto.
—¡No me dijiste nada! ¡No soy adivina!
—Pues no entiendo por qué. ¿No lo sabías todo?
—¿Por qué no soy adivina? Me he perdido… ¡Arj!
—Tsk… problemática…
—¿Me lo vas a contar, sí o no? Vale… y te daré el masaje.
—¿Contarte qué? Si no hay nada que contar.
Jen frunció el ceño y luego puso cara de pena, pero a lo gran tragedia griega.
—Sniff… No me entiendes…
—Pero qué mala influencia es Sasuke… —comentó Shikamaru sin dejarse conmover.
—Déjalo… Creo que el alcohol sigue corriendo por mis venas.
—Sí, yo también.
Era eso o que Jen ya estuviera chiflada de serie, lo cual era una posibilidad que había que tener en cuenta.
—Por cierto… ¿qué tal de amores? Bueno, ya contesto yo por ti…
—Sí, supongo que lo sabes.
—Yo lo sé todo, TODO… Soy genial. ¿Estás enfermo tú también?
Él esbozó una sonrisa medio simpática, medio malvada.
—Si lo sabes todo, ¿por qué haces preguntas?
—Por hablar de algo. No sé qué hacer mañana…
—Yo no sé ni lo que voy a hacer hoy, así que imagínate mañana.
—Seguro que discutir con Kurai… —cosa que a Jen no le parecía nada bien. ¡Kurai le robaba tiempo que pasar con Shikamaru!
—… ¡La que está celosa eres tú!
—¿Yo? —y ante la cara que le puso el Nara, la chica tuvo que admitirlo—. Un poquito… —bueno, no tanto como admitirlo.
—Hasta lo admites y todo —pero a él le valía.
—No como otros…
—Sí, hay gente que tiene mucho morro.
—La gente no, hablo de… nada.
—¿De…?
—¿Por qué lo quieres saber todo?
—Para parecerme a ti —bromeó Shikamaru, que no quería parecerse a ella.
—¡No…! ¿Luego con quién me meto?
—Con cualquiera, no, con Kurai, te unes a mí. Aunque con esa lengua que tiene, es capaz de poder con los dos, la maldita. Menos mal que sus amigos no la tienen tomada conmigo.
Jen le dio la espalda.
—¡Jum! Mmmññ… Mmmññ…
—¡Anda! ¿Has inventado un nuevo idioma?
—¡Bah! ¡Hablo conmigo misma!
—Y en código secreto, por lo visto… ¿Te has enfadado conmigo?
—¡¡Ja!!
—¿Qué clase de respuesta es ésa? —se indignó Shikamaru.
—¡No, no estoy enfadada con nadie importante!
—¿Eso significa que me consideras importante o que sí estás enfadada conmigo?
—Eso deberías saberlo, ¿no?
—No, deberías saberlo tú.
—¡Claro que lo sé! Eres importante, si no no estaría perdiendo el tiempo contigo. Pensé que lo sabrías…
—Es que a veces te pones muy borde y me da la impresión de que he metido la pata.
—¿Por qué? ¿Tanto te importa no meterla? Lo que pasa es que a veces no te entiendo…
—Dejémoslo en que no quiero que te enfades conmigo —Shikamaru evadió.
—No me enfadaría contigo en ningún momento —lo cual era mentira—. Y no quiero que tú te enfades conmigo, me importas mucho.
—No estoy enfadado contigo, Jen.
—Ya lo sé, me refería a que… me gustaría que estuviéramos siempre así…
El Nara se quedó callado. No sabía qué contestar a eso, por una vez. Ella volvió a darse la vuelta.
—Nada… Estoy fatal… —Jen se rió.
—Pues a mí me gusta que estés así de loca.
—¿No era problemática?
—Todo el mundo lo es. Puedo vivir con ello.
—Shikamaru… yo… Necesito saber una cosa, no quiero seguir así…
Esta vez él no le contestó lo de siempre, que si no lo sabía todo. Sólo le preguntó de qué hablaba.
—¿Tengo alguna posibilidad de poder estar contigo?
—… Sí.
La chica se quedó callada y roja.
—Bueno… ¿No necesitabas saberlo?
—Eh, sí… Vale. Pero… tengo miedo, y si… da igual. ¡Uy! ¡Qué manía tengo de pensar en voz alta!
—¿De qué tienes miedo?
—De… no sé. No te entiendo. Supongo que tengo miedo, no, que te tengo miedo.
—Eh, eso no, no puedes tenerme miedo. ¡A mí nadie me tiene miedo!
—Era broma. "Sólo tengo miedo a los rayos y los truenos" —pensó Jen—. No quiero que vuelvas a pasarlo mal…, ése es mi mayor miedo.
Eso impresionó a Shikamaru.
—Qué cosas más bonitas me dices, a ver qué te contesto yo ahora…
—"Pero es verdad." No me digas nada.
—¿Pero no sería una conversación muy rara?
—¡Arj! Me estresas. Mira que me voy, eh…
—Tsk… Problemática…
Jen lo abrazó.
—Yo también sé cómo estresar… ¿Te dije alguna vez que te quiero?
—No con esas palabras, pero sí.
—Ah, vaya… ¡Jo…! Me has estropeado el momento. Ahora quiero que lo arregles.
—¿Ves cómo soy un metepatas?
—No, es culpa mía —Jen lo abrazó más fuerte.
—No digas eso, encima que me dices todas esas cosas tan bonitas y eso…
Ella lo miró a los ojos.
—Ya no sé qué más decirte.
—Pues no me digas nada más —sugirió Shikamaru—. Ahora déjame a mí.
Y la besó. Que ya era hora, como de costumbre.
Konoha, 7 de abril.
Shao Hin decidió a dar un paseo por ahí. Por supuesto, se llevó a su perro, y también a Jen, que no tenía ganas, pero su tío la arrastró, literalmente.
Entonces vieron a Yoshi. Jen se acercó a él rápidamente, contenta de tener una excusa para librarse un rato de las preguntas de Shao Hin.
—¡Hola! ¿Qué tal? —saludó Jen con una gran sonrisa.
—¡¡Holaaaaa…!! —saludó Shao Hin todo aventado.
—¡Hola, Jen! —Yoshi también sonrió, pasando del estilista.
—Nada… —dijo Jen misteriosa—. No tengo por qué querer nada, ¿qué pasa? ¿No puedo hablar contigo tranquilamente?
—Pero no ibas… —Shao Hin fue interrumpido por un codazo de su sobrina.
—Je, je… ¿qué me cuentas?
—Que no te pregunté qué querías… —respondió Yoshi enarcando una ceja—. ¿Y de qué quieres hablar conmigo tranquilamente?
—¡Ah! Olvida lo que dije. Bueno, no. —Jen miró a su alrededor por si había alguien—. Vamos a hablar muy seriamente.
—Eso, eso; y conmigo.
—¡Ah, hola, Shao Hin! —sí, en serio. Yoshi no se había dado cuenta de la presencia de Shao Hin—. ¿De qué queréis hablar? "Problemáticos…"
—De algo muy serio y delicado.
—Tú calla, déjame a mí —dijo Jen—. ¿Qué tienes pensado hacer con el tema de Ino?
Shao Hin sacó una libreta y un boli de alguna parte.
—Y no niegues nada y… y contesta.
—"Sólo le falta chupar el boli…" —pensó Yoshi—. Nada. Dejarlo como está.
—¿Eh? —Shao Hin chupó el boli.
—¡¿Cómo que nada?! ¡No, no…! Eso no vale. Además yo sé cómo podrías… —Jen dijo con cara pícara.
—Lo que quieras, Jen, pero no funcionaría —replicó el Shiroyama—. "¡Sabía que iba a chupar el boli!"
—¿Eso crees? Estuve hablando con ella y sé muchas cosas que le gustaría que un chico hiciera para declararse.
—Y yo sé otras por si… —añadió Shao Hin.
Jen lo miró muy mal.
—Perdón.
—Sí, pero un chico, para ella, es Sasuke, yo no pinto nada —dijo Yoshi.
Shao Hin lo cogió por el cuello de la camisa y lo zarandeó. Yoshi se mareó.
—¡¿Por qué?! ¡¿Cómo estás seguro?!
—¡Para, para! Que lo queremos vivo —lo frenó Jen—. ¿Estás bien?
Yoshi dio una vuelta sobre sí mismo y cayó sentado.
—Estoy vivo…
—Por los pelos… Bueno, ¿tú sabes cantar? —preguntó la Miyagi.
—Pero cantar bien, eh —añadió su tío.
—Más o menos… ¿Por qué? —Yoshi preguntó, aún aturdido.
Jen empezó a reírse como una mala de película y Shao Hin la copió.
—Eso me vale. Vas a cantar una serenata.
—Pero tendrás que ensayar —Shao Hin agregó—. Por eso estamos aquí.
—No, por eso estoy yo. Tú has venido a tocarme los pies —refunfuñó su sobrina—, por no decir otra cosa.
—¿Para qué quiero yo cantar una serenata? —a Yoshi sólo le faltó silbar con disimulo.
—Ay… Hay que explicártelo todo… —se quejó Shao Hin—. Eso es una de las formas en que a ella le gustaría que se le declaren.
—Exacto… ¡Eh! Eso lo tenía que decir yo.
Yoshi optó por no preguntar dónde tenían el guión para saber quién decía cada cosa. A cambio, se preguntó cómo se enteraban de cosas como aquello de la serenata.
—Mejor no os pregunto cómo os enteráis de estas cosas.
—Exacto, no te importa. Bueno, ¿entonces aceptas? —preguntó Jen.
Shao Hin apuntaba todo en la libreta, y se acercó a él para oír bien la respuesta.
—"Este tío me da miedo…" —pensó el Shiroyama alejándose un poco—. ¿Y para qué quiero yo declararme a Ino?
—¡Ay…! —Jen se tiró de los pelos—. ¡Porque te gusta!
—Y no lo niegues —Shao Hin se volvió a acercar a Yoshi.
—No lo niego —él volvió a alejarse—. Soy yo el que no le gusta a ella.
Jen volvió a reírse.
—"¿Por qué se ríe?" —pensó Shao Hin confundido.
—Vamos… ¿Crees que estaría yo aquí si no? —preguntó Jen.
—¿Si no qué? —preguntó a su vez Yoshi, que no se enteraba de nada, porque sería tan vago como Shikamaru, pero era mucho menos listo.
—Tonto, que estoy aquí porque sé que le gustas —explicó la chica, armándose de paciencia.
Eso provocó que él se pusiera rojo, y además mucho, tanto que parecía una bombilla roja.
—¿Yo? Qué dices… ¿Yo? Es broma, ¿no?
Pero Jen estaba muy seria.
—¿Me ves cara de broma? Claro que tú.
—¿Entonces te ayudamos? —preguntó Shao Hin.
—Tú no —respondió Yoshi—. Tú vale, Jen. ¿Qué hago?
—Es que vamos en el mismo pack —se justificó Shao Hin.
—Bien… —Jen aplaudió—. Lo primero es escoger una canción bonita. ¡Vamos!
La chica agarró a Yoshi y se lo llevó a rastras, con Shao Hin y su perro corriendo detrás de ellos. Yoshi pensó en pedir socorro, pero estaba en inferioridad numérica y le dio miedo.
Una vez en casa de Jen, la chica se puso a buscar frenéticamente.
—Ya encontré una. Creo que tengo el karaoke por aquí —se agachó y se puso a buscar debajo de su cama.
Yoshi se preguntó qué habría debajo.
—Ya lo he encontrado. El "viejo" karaoke, ahora ya puedes practicar en condiciones.
—No entiendo nada… —dijo Shao Hin rascándose la cabeza.
—Eh, no sé yo… ¿Estás segura de que es una buena idea?
—Claro que sí.
—¿Seguro que estás segura?
—¡Que sí!
—Ahora no vale arrepentirse —Shao Hin añadió—. He cerrado todas las puertas y ventanas.
—Este tío es tonto… —dijo Jen.
—¿Sabes que eso se puede interpretar como secuestro? ¡A que me pongo a gritar! —amenazó Yoshi.
—No importa. Están acostumbrados a los gritos de Shao Hin y ya no hacen ni dicen nada —Jen le frustró los planes—. ¡Bueno, venga! ¿A qué esperas?
—"¡Mecachis!" Sois problemáticos…
—Eso ya no me afecta.
Shao Hin puso cara de feliz.
—Por fin… Voy a oírte cantar… —dijo emocionado.
—Pero si ya me oíste.
—Quiero otra vez.
—No tenemos mucho tiempo. ¡Tú cállate! —le ordenó Jen a su tío—. ¡Tú canta! —le ordenó a Yoshi.
—Mandona…
Pero el Shiroyama acabó cantando. Y tan bien que sus dos espectadores se emocionaron.
—¿Quieres casarte conmigo? —le preguntaron los dos a la vez.
Los dos se miraron mal, incluso lanzando chispas por los ojos, mientras Yoshi ponía gesto de resignación, con ganas de esconderse debajo de una piedra o detrás de Ino, lo que apareciera primero.
—¡No! —le contestó a Shao Hin—. Contigo, me lo pensaré —le contestó a Jen.
—Vaya… ¡Cáspita!
—No te lo tienes que pensar, tienes que decir que no —Jen le sacó la lengua—. No hace falta que practiques más. ¡Hala! A casa de Ino.
—¿Ahora? ¡Pero…! ¡Pero…! ¿ahora? ¿Y si no está? —y éste era el ataque de pánico de Yoshi.
—Claro que estará… ¿Te ocurre algo? —preguntó Jen.
—Qué color más mono tiene… —dijo Shao Hin feliz.
Yoshi lo miró para matarlo.
—¿Y no puedo ensayar más?
—No, está perfecto. ¿No tendrás miedo, verdad?
—¡Sí…! ¡Tengo miedo y soy un cobarde! —Yoshi se tiró de los pelos—. Auch.
—Vamos… No es para tanto… —Jen lo abrazó—. ¡Venga, que tú puedes!
—Yo también quiero… —Shao Hin lo abrazó también.
—Yo podré, pero tengo miedo… —se quejó Yoshi intentando zafarse del abrazo del loco, sin éxito.
—¿Miedo? ¿De qué? —Jen preguntó, escandalizada.
—De… de… ¡de todo! ¡De declararme a Ino! Además no gano nada con hacerlo…
—No te pego porque me la devuelves —gruñó Jen—. ¡Anda! ¡Tira p'alante!
—Pobre chico… ¿Serías capaz de pegarle? —preguntó Shao Hin.
—No.
—Yo tampoco.
Y con Yoshi a rastras y pensando que aquellos dos estaban mal de la cabeza, llegaron a la casa de Ino.
—¿Tengo que hacerlo? —el chico lo que quería era irse corriendo a llorar en la falda de su mami, o mejor dicho, de Honey, ya que mami no tenía.
—¡Sí! ¡Venga…! —Jen lo empujó.
Mientras tanto Shao Hin tiraba piedrecitas a una de las ventanas.
—¡No! ¡A ésa no! ¡A la otra! —gritó Jen.
—Ah, vale —Shao Hin empezó a tirar piedrecitas a la ventana de al lado.
—Esto va a ser un desastre… —susurró Yoshi—. Quiero irme a mi casa.
—Tarde —dijo Jen.
—¡¡Ino…!! —gritó Shao Hin.
Jen le tapó la boca y lo escondió con ella.
—"Traidores… —pensó Yoshi—. Bueno, de perdidos al río…"
Y comenzó a cantar Algo contigo. Ino abrió unos ojos como platos de sopa.
—Shh… No cantes tú también, que lo vas a fastidiar todo —susurró Jen a Shao Hin, que había estado "haciendo coros" a Yoshi.
—Pero es que queda mejor…
—¡No!
—¡Shh!
—Uy… Perdón… —dijo Jen.
Yoshi seguía cantando, pasando de ellos porque si no se pondría más nervioso.
—Yoshi… —dijo Ino, sorprendida.
—El mis… —comenzó Shao Hin.
Jen le tapó la boca.
—¡Cállate, que nos descubren!
—¿Y cuando acabe no puedo saludar como una estrella?
—¡No…! Al final me va a descubrir por tu culpa.
Mientras Yoshi cantaba, Ino desapareció. Yoshi se desanimó, pero para lo que le quedaba, terminó la canción, justo cuando Ino apareció corriendo a la puerta, se le lanzó encima y cayeron los dos al suelo.
—Cuidado, retírate más hacia atrás —dijo Jen.
—No puedo… Hay algo en el camino.
Jen miró hacia atrás.
—Ay… es un bicho… ¡Qué asco! No te acerques más…
Jen y Shao Hin se abrazaron mientras se tapaban la boca el uno al otro para no gritar.
—¡Eres un amor, Yoshimura Shiroyama! —Ino dijo, emocionada.
—¿Un amor? ¿Qué significa eso?
—¡Mira que eres corto! Que yo tampoco quiero morirme sin tener algo contigo…
—Vamos, bésala, tonto —susurraron Jen y Shao Hin a la vez, mientras intentaban alejar al bicho.
—¡No te burles!
—No me burlo, ya lo has estropeado todo… —Ino se puso en pie—. ¡Adiós!
Yoshi también se puso en pie y la cogió de la mano.
—¡No, no…! ¡No te vayas!
—¡Pues arréglalo!
Y como a Yoshi no se le ocurrió nada mejor (ni peor), la besó.
—Menos mal… ¿Ahora ya podemos salir de aquí? —preguntó Shao Hin mirando atemorizado al bicho.
—No… Espero que no tarden mucho…
—¿Arreglado? —preguntó el Shiroyama separándose de Ino.
—Sí.
—¿Quieres salir conmigo?
—Sí.
—Pues… eh… ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? Saltos de alegría aparte. Ésos los doy mentalmente, que si no me canso.
Ino miró a los lados.
—Eres igual que Shikamaru. Sólo que más guapo. —Le dio un beso. —Vete antes de que salga mi padre.
—… ¡Vale! —y Yoshi se fue.
Shao Hin y Jen suspiraron.
—Uf… Salvados…
—¡No…! ¡El bicho está en mi pierna…! ¡Qué asco! —gritó Shao Hin.
Y Jen salió corriendo del escondite, abandonando a su tío.
Notas:
Sííí, tocó capítulo de parejas. Es que a estos pobres los teníamos un poco abandonados en ese sentido. Sí, hablamos de Ino y Yoshi, ya que Jen aparece haciendo parejas a diestro y siniestro en todos los capítulos. Sí, ¿no?
La canción que canta Yoshi es el bolero Algo contigo, pero como no se pueden poner letras de canciones en la página (nos enteramos hace poco), pues no la ponemos.
Respecto a la pregunta del capítulo anterior, no sabemos exactamente cuánto pesa un Sugus, porque Kohaku se comió el último y no hemos podido hacer la prueba.
¿Cómo sabrá el café con sal? Si Sasuke no es problemático, ¿qué es? ¿Shikamaru está enfermo también? ¿Jen ha inventado un nuevo idioma? ¿Alguien le tiene miedo a Shikamaru? ¿Cómo sabía Yoshi que Shao Hin iba a chupar el boli? ¿Por qué se ríe Jen? ¿Shao Hin podrá librarse del bicho? Y lo más importante… ¿Porqué en España tiene tanto éxito la música en inglés, si en realidad la entiende poquísima gente? Todo esto y mucho más en el último capítulo de "Crónicas de un estilista". Sabéis que no estará nada de esto, pero hay que seguir la tradición.
Saludos. Se despiden las Sisters of Sorrow.
