DISCLAIMER: Todos los personajes de Harry Potter pertenecen a JK Rowling y a la WB. La trama de Recuperando el Pasado Perdido pertenece a EmmaPotter15, publicada desde hace un año y medio en potterfics y en ninguna otra página. Esta es una historia sin animo de lucro. xD.
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El último suspiro
Un haz de luz roja rozo el hombro de la oriental, e impactando contra la puerta le causo un enorme orificio.
Estaba viva de milagro, pero no por mucho tiempo. Ella sabía que Draco Malfoy cuando apuntaba era a matar, y si había fallado era porque tenía planeado algo muy sinistro.
Se miraron fijamente, quizás, leyéndose las mentes, pero la pelinegra no se quedo más tiempo averiguando que planes tenía Malfoy para su futura muerte, así que tomando la perilla de la puerta salió como una bala del departamento sin siquiera detenerse para agarrar su varita.
De tanto pensar le dolió la cabeza. Aún no le daba respuesta a todos aquellos recuerdos que no "recordaba" haberlos tenido.
Por un momento le hecho la culpa a su imaginación, que se estaba volviendo loca y por ende tenía alucinaciones; pero luego recordó que fue su madre la que le había hecho revivir todas esa imágenes, que muy seguramente las había tenido guardadas en lo mas profundo de su mente.
Se le iban acabar las neuronas por cavilar tanto, pero tenía que encontrar alguna explicación a tan insólitos recuerdos.
Ella más que nadie sabía que hasta en el mundo mágico tener alucinaciones de esa índole era para preocuparse.
Podría haber seguido horas y horas cavilando en lo mismo, pero fue su madre, que llego con varias frutas y agua hasta la sala, la cual la saco de su ensimismamiento.
- Ten pequeña – le dijo, ofreciéndole un trozo de pera.
- Gracias, mamá.
- ¿Ya estas mejor? – la cara de preocupación que Jane Granger reflejaba era igual o más sombría que la de su hija.
- Pues más o menos, ¿Por qué?
- Porque…bueno…creo que llego el momento de hablar sobre la prueba, ¿Cuándo vas a ir a llevarla? – aquello la asusto tanto que se puso lívida como hacía varias horas.
Acusa de aquellos recuerdos se había olvidado de la prueba del EPF y de la pequeña posibilidad de que estuviese embarazada.
- Ah, eso… - susurró – Yo…se me había olvidado.
- Sí, lo supuse – asintió su madre – Por ello te lo recuerdo. Te aconsejo que lo hagas ahora y lo lleves mañana en la mañana, si quieres puedo acompañarte.
Hermione se mordió el labio inferior. Eso era lo que más odiaba de su madre: Esa actitud como tan tranquila de tomarse las cosas. Ella no veía lo negro de la situación y todo lo que acarrearía si estuviese embarazada, a ella solo le importaba ser abuela y su hija una buena madre.
Resoplo para sus adentros y negó con la cabeza.
- No lo sé mamá, es que con tantas cosas me da como…nervios hacer la prueba.
- ¡Pues para eso vine pequeña! – le recordó Jane con una amplia sonrisa – Para ayudarte en todo lo que se te ofrezca.
- Pero…he…mañana tengo que ir al trabajo para entregar una columna muy importante y si no asisto…
- Seguro entenderán una calamidad como esta. No todos los días se tiene a una empleada en embarazo – y volviendo a sonreír se levantó y regreso segundos después con el teléfono en mano.
- Ten, llama a la empresa – la apremio extendiéndole el aparato.
La castaña abrió los ojos como platos y miro la hora.
- He…no mamá, este, yo creo un domingo no va haber nadie en una oficina. Yo opino que lo haga después, cuando no tenga tanto trabajo.
- Siempre tienes trabajo – le corrigió su madre con severidad – Pues bueno, entonces llama a tu jefe, a ese tal Phill, un día me dijiste que se llevaban muy bien. Supongo que debes tener su número.
- Ah…- balbuceo – Este…he, si claro, pero si lo llamo al celular es muy probable que me conteste su novia y pues ella es muy celosa y no quiero…
- ¡Déjate de tonterías Hermione! – Le exclamó la señora Granger con altanería - ¡Llama ahora mismo y di que mañana no asistirás al trabajo por motivos personales!
La joven quería asesinar a su madre por ser tan testaruda, y regañadientes tomo el teléfono y marco al celular de Phill.
- ¿Diga?
- ¿Phill? – pregunto con inseguridad al escuchar la voz masculina al otro lado del auricular.
- Si con el, ¿Con quien hablo?
- Eh…habla con Hermione Granger, la Jefa de columnistas.
- ¡Hermione! Que gusto escucharte, ¿No me digas que por fin aceptas la propuesta de ir a cenar conmigo? - la castaña puso los ojos en blanco y chasqueo la lengua.
- Eh…no. Te llamaba para informarte que mañana no iré al trabajo.
- ¿Y porque?
- Porque…por…motivos personales – respondido tajante.
- ¿Ocurre algo? – pregunto Phill alarmado.
- No, no, es solo que…me siento algo indispuesta y mañana tengo la cita con el medico muggle y pues…
- Ah de acuerdo, Herms, no hay problema. Nos vemos el martes, que te mejores – y colgando el auricular dejo aún más desinflada a la Gryffindor.
Phill había sido su única esperanza para no tener que hacerse esa prueba, pero se desilusionó cuando escucho tan esclarecedor Sí de su parte.
- ¿Y bien? – fue lo primero que preguntó su madre cuando la castaña le entro el teléfono.
- Dijo que si – respondió para su pesar.
- ¡Excelente! Ahora vamos para que te hagas la prueba.
- ¿Vamos a donde? – preguntó la joven alarmada.
- Pues al baño, tonta, esas pruebas son fáciles y uno mismo se las puedo aplicar – y tomándola de la mano la condujo escaleras arriba hacia el baño.
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Sabía que no tenía más tiempo, que su final estaba muy cerca.
Lo único que tenía por hacer esa contarle la verdad a Harry, decirle la clase de calamidades que había cometido con Malfoy y comentarle lo que estaba dispuesto hacer con su futuro hijo.
No tenía mucho tiempo, y lo sabía. Así que agarró su celular y marco con nerviosismo el número del moreno, pero por los afanes se equivoco varias veces, hasta que el timbre le aviso que estaba llamando.
- ¡Harry! – exclamó desesperada una vez la voz tan peculiar del moreno resonó al otro lado del teléfono.
- ¿Cho? – Indagó el Gryffindor con curiosidad - ¿Qué ocurre?
- ¡Harry, no tengo mucho tiempo, el viene en camino!
- ¿Pero quien viene en camino? – le preguntó el ojiverde sin comprensión.
- El, Malfoy… ¡Quiere matarme!
- ¡¿Quién?! – Exclamó el Gryffindor sin comprender – Habla más fuerte Cho, hay interferencia.
- ¡Que Malfoy quiere matarme! ¡Viene por mí! – Gritó la oriental con desesperación-
- ¿Qué Malfoy, que? Lo siento Cho, pero no te escucho.
- ¡Que Malfoy quiere…!
- ¡Cuelga el teléfono! Le ordeno una siniestra vos a sus espaldas.
Chang abrió los ojos y se quedo inmóvil al sentir que la abrasadora voz de la serpiente le envolvía el alma.
- ¿Cho, estas ahí? – ahora la voz preocupada de Harry sonaba lejana, como si alguien se lo estuviese llevando poco a poco.
- ¡Cuelga el teléfono! – le repitió de nuevo la voz sepulcral de Draco Malfoy.
- ¿Cho? ¿Cho, estás bien? – la oriental tragó saliva y mirando con vaguedad el celular, colgó la llamada.
- Sabes que lo que más odio es la traición, ¿Verdad? - le preguntó el platinado con su peculiar tono de arrastrar las palabras.
La bruja no quiso girar su rostro, pues tener a la muerte tan cerca era más que suficiente antes que ver por última vez la cara del mismísimo demonio.
- Yo me pregunto porque las mujeres son tan estúpidas – comento la serpiente con voz calmada – O estúpidas no, masoquistas. A ustedes les gusta que las traten mal, que las insulten y las lastimen, y me sigo preguntando, ¿Por qué? ¿Por qué les gusta ser pisoteadas? ¿Por qué les gusta que las traten mal, que las humillen y maltraten? ¿Acaso esta en su naturaleza?
Lo digo porque así es esa deshonra de la Sangre, la Ginevra Weasley. Yo sigo diciendo, si solamente hubiese disfrutado el momento no hubiera perdido su varita ni mucho menos salir lastimada. Pero no, se tenía que hacer la digna y humillarse como la cucaracha que es.
Yo sigo insistiendo, las mujeres son tan tontas…
- No es porque seamos tontas – le habló la oriental por primera vez luego de que este entrase a la habitación – Solo tenemos nuestro orgullo, y sabemos que el no suplicar frente a una basura que quiere hacernos daño, es la mejor arma para destruir el ego de un hombre con delirio de grandeza.
Malfoy se mordió el labio inferior con tal intensidad que se sacó sangre, y apretando la varita de Chang, suspiro.
- Pero igual, se humillan frente a nosotros, como las cucarachas que son.
- Lo que sucede es que tu ego de macho esta tan lastimado luego de ese desplante que la pequeña Ginny te hizo, que para curarlo pretendes arrojarnos toda el agua sucia a nosotras, cuando eres tu el que vale menos que una cucaracha.
El Slytherin no dijo nada, solo se limito suspirar hondo y admirar las curvas que alguna vez estuvieron en su cama.
- Pueda que tengas razón – admitió el blondo con una sonrisa picara -- Todas las mujeres a las que besaba siempre terminaban en mi lecho, eran igual de fáciles que tú – aquel comentario causo en la oriental un gran dolor, y quiso con todas sus fuerzas arrancarse la piel para quietar de ella el sabor a eucalipto que el platinado siempre emanaba.
- Entonces admites que la pequeña pelirroja te resulto difícil – le comentó la joven con altivez – Porque no cayo tan fácil como tu querías.
- Difícil si, pero no imposible.
- Un día de estos te vas a estrellar muy fuerte contra la vida, Malfoy – le dijo Chang con supremacía – Y solo espero que cuando te des cuenta de todo lo que eres, no sea demasiado tarde.
- Para un Malfoy nunca es demasiado tarde – profetizó el blondo con altivez – Pero para las otras pequeñas especies, si.
- Ni pienses que me voy arrodillar a tus pies – le dijo Cho, ocultando el miedo que sentía dentro – No esta en mis hobbies suplicarle a cucarachas.
- Ni en los míos perdonar a los traidores – y levantando la varita exclamó - ¡AVADA KEDAVRA! – y un haz de luz salio disparada directo hacia el pecho de la Ravenclaw.
Lo último que la joven pudo ver fue el verde lima de sus elegantes cortinas.
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- ¿Y no te dijo nada más? – le preguntó Ron muy curioso.
Harry negó.
- No, o bueno, me quería decir, pero la interferencia no me dejaba escucharla.
- Me dijiste que había dicho Malfoy, ¿verdad? – El moreno asintió - ¿Y si el la quiera lastimar?
- Eso es lo que estoy pensando – asintió Harry – Pero no tengo pruebas de ello, y no puedo llegar a la casa de Malfoy advirtiéndole que no le haga daño a Cho sin saber si es cierto.
- Pues ir a su casa – le aconsejo su compañero – Si quieres te acompaño.
- Pero ya es muy tarde, supongo que debe estar cansada.
- Harry es domingo, la gente descansa los domingos.
El gryffindor lo pensó por un instante, y luego de mirar con preocupación el celular, asintió.
- De acuerdo.
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El timbre en la casa Weasley Lovegood resonó con tanto ímpetu que sobresalto a la pequeña Dulce.
- ¡Yo abro papá, seguro es Ron! – grito la rubia saliendo a toda prisa de la habitación.
- ¡Si lo es mejor déjalo en la calle, pues el que no sirve estorba!
- ¡Papá! – gruño la joven entre dientes, y bajando por las escaleras con su hija en brazos, llego al recibidor.
El visitante o tenia mucha prisa o lo estaban persiguiendo, pues iba a tumbar el timbre.
- ¡Ya voy, Ya voy! Si diga… ¿Neville?
- ¿Ginny esta aquí contigo? – fue lo primero que pregunto al ver el rostro de su antigua compañera.
La rubia negó con la cabeza, y tomando mejor a Dulce, dijo:
- Esta en la madriguera, ¿No? – Neville negó.
- No, la señora Weasley me dijo que había salido en la mañana y aún no regresa.
- Pero... ¿Como? – preguntó la rubia.
- Pensé que tal vez estaba aquí.
- No, estoy solo con mi hija y mi padre. ¿Ya llamaste a Ron? De pronto esta con el y con Harry.
- No, no quiero preocuparlos, es demasiado con la preocupación de Molly.
- ¿Pero ella te llamo? – quiso saber la ojiazul extrañada.
- Sí – asintió el carirredondo – Y yo también me sorprendí, pues luego de…eso, ella me odia por todo lo que he hecho.
- Yo pensé que tú también odiabas a Ginny – comentó Luna.
- Pues es muy difícil odiar a alguien a quien amas – confesó el Gryffindor encogiéndose de hombros.
- ¡Ay Neville! Me dejaste preocupada. Te ayudaría a buscarla pero no puedo dejar a la niña con mi padre, el esta muy enfermo y comprenderás.
El joven asintió.
- Por supuesto, solo quería saber si por casualidad estaba aquí…bueno mejor la sigo buscando, y por favor no le digas nada a Ron, ¿Quieres? No deseo preocuparlo.
Luna asintió – Pero avísame cualquier cosa – su compañero sonriso, y dándole la espalda se perdió en el camino con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina.
- ¡¿Pretendes que nos aparezcamos?! – le pregunto exaltado el joven Weasley.
- Pues claro, ¿Entonces como pretendes entrar? – quiso saber el moreno exasperado.
- Harry, eso es violación de propiedad privada aquí y en la conchinchina.
- Pues entonces grita Cho a ver si responde – Harry se encontraba desesperado, pues hacia quince minutos se encontraban parados frente a la puerta de su antigua compañera y no respondía a sus llamados, y comenzaba a pensar lo peor.
-¿Y si esta durmiendo? – opino el pelirrojo con inocencia.
- Nadie en su sano sueño no se despierta al escuchar sonar su celular, al menos que no este vivo.
- ¿Tu crees que…?
- Por eso tenemos que entrar, o si no nunca lo averiguaremos.
- Pero, Harry…
- Pero nada Ron, ¡cierra los ojos! – y con un "plin" desaparecieron.
La casa de la joven Chang se sobrepasaba a perfecta, pues se podía decir que los pisos relucían como espejos.
- ¡Ay! ¿Pero esta niña acaso nunca conoció lo que es tener un piso sucio? – preguntó Ronald escandalizado.
- ¡Deja de fijarte en los pisos y mejor búscala! – le ordenó el moreno con exasperación.
Ron giro los ojos y junto empezaron a gritar su nombre.
- Búscala arriba, yo lo haré aquí – y acto seguido se dirigió hacia el jardín
Ron observo aquellas interminables escaleras y con un suspiro, empezó a subir.
Minutos después mientras Harry revisaba en el jardín, recordó que era mago, y que podía utilizar un simple hechizo que le mostrase los cuerpos presentes en la casa.
Entrando de nuevo a la sala, saco su varita y murmuro varias palabras. Tres ases de luces salieron de su varita: Una dirigiéndose a su cuerpo, la otra a la habitación en la que se encontraba Ron, y la última al armario.
El joven levanto el ceño, y llamando a Ron espero a que este bajara.
- ¿Tu crees que…?- Indagó Ron.
- No lo sé, pero no bajes tu varita – y acercándose con sorna al armario lo abrieron lentamente…
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Hermione, en su testadures característica, había decidido entrar sola al baño para hacerse la prueba. A pesar de que se repitiera constantemente que era una simple prueba de sangre y no iba a ver sus resultados de inmediato, aún aquel nerviosismo por enfrentarse a un futuro incierto le ponía la piel de gallina.
¿Y si salía positivo? ¿Qué le iba a decir a Harry si estuviese esperando un hijo suyo? Meneo la cabeza del solo pensar las consecuencias que aquella acarrearía, no solo en la vida de Harry, si no en su vida.
Tendría que ser más responsable, dividir el tiempo en su trabajo para criar a su hijo y contar con el apoyo de alguien que jamás creyó imaginar.
Sentada en la tasa del baño comenzó a cavilar en las muchas posibilidades de que aquella prueba saliera positiva, pues aquella noche de pasión debía traer consigo consecuencias y ella más que nadie lo sabía.
Pensaba en ¿como le iba a decir a Harry si todo eso salía cierto?, ¿cómo le iba a dar la cara después de todo lo que había hecho?
¿La perdonaría luego de que lo hubiese dejado solo en aquel hotel de argentina, sin ninguna otra explicación que un pedazo de papel?
Día y noche se hacía la misma pregunta, al igual que se la había hecho la otra vez con Evelyn: ¿Por qué había hecho eso? Si cuando grito de placer por sus embestidas se había sentido tan extasiada porque nunca antes había sentido sensación tan placentera.
Si cuando besó aquellos carnosos labios sintió como si no hubiera sabor más exquisito que aquel. Si cuando este la había acercado a su pecho y mezclado su aroma con el suyo, se había sentido como en el paraíso.
- Hermione, ¿Ya? – la voz de su madre, por segunda vez, la sacó de sus cavilaciones, y sacando la jeringa de la caja la miro con sorna y suspiro.
……………………………
A pesar de que desde pequeña siempre se había sentido muy a gusto en su casa, estar en aquel lugar la hacía sentir muy reconfortable, pues el aroma que en el ambiente se respiraba la llenaba de una calma abrumadora.
Le agradecía mucho a Minerva por haberla dejado entrar a tan altas horas de la noche, pero le agradecía aún más por no haberle preguntado nada al respecto.
La última vez que lo vio tan feliz coqueteando con Kelly Sullivan le había roto el corazón, pues a pesar de lo mal que la había tratado lo seguía amando y le dolía que el ya no sintiera lo mismo.
Suspiró, y abrazando sus piernas ocultó su rostro entre ellas, dejándose llevar por un momento de los preciosos recuerdos que aquella aula le traía…
***Flash Back***
La clase de Transformaciones había culminado, y Ginny Weasley recogía sin prisa sus libros, pues la siguiente clase era Historia de la Magia y la verdad era que no quería asistir.
Cuando había metido todos los libros en su mochila, sintió como alguien la miraba inquisidoramente desde la puerta, y apretando fuertemente su varita dentro de la túnica, levantó la mirada.
Su semblante se relajo al ver a su mejor amigo Neville Logbottom, aquel chico tierno que la había sacado de aquella tormenta.
- ¡Oh, eres tú Neville! – Exclamó la pelirroja con una sonrisa - ¡Me asustaste!
- Lo…lo siento – se disculpo el pelinegro mordiéndose el labio.
- ¿Te ocurre algo? – Le pregunto Ginny – Luces nervioso.
- No…es solo que…eh…- desvió su vista de los profundos ojos grises de la pelirroja, y tragando saliva maldijo por lo bajo a sus amigos.
Desde hacía mucho que Neville Logbottom estaba enamorado de Ginevra, pero como el sabía que ella se encontraba enamorada de Harry decidió alejarse, pues comprendía que nunca podía competir con el "Elegido"
Pero luego de que hace algunos meses Ginny hubiese corrido a sus brazos para refugiarse porque se había dado cuenta de que Harry no era su destino, se había sentido el hombre más feliz del mundo.
Pues en aquel pasillo había abrazado y aconsejado con toda su alma a la mujer de sus sueños, le había dicho que no decayera por un amor y que todo era pasajero. Que tenía que seguir luchando y que él la ayudaría.
Tenía una deuda con el destino por haberlo colocado en el mismo camino que Ginny, pues si ese día no se hubiese cruzado con ella, seguramente no pensaría lo que estaba apunto de hacer.
- Eh…Ginny – lo llamó con ímpetu acercándosele torpemente. La pelirroja sonrió al ver como caminaba Neville, pues siempre le había resultado muy gracioso verlo caminar cuando estaba nervioso.
- ¿Dime?
- Ginny, yo…- cuando llego a su lado no supo que decir, y las horas y horas que se gasto ensayando frente al espejo se habían ido al desagüe.
-Ah…eh…yo…eh…es que…yo…yoo…eeeh…mmmm…- mientras tartamudeaba recordó lo que su amigo Seamus le había dicho: "A las chicas les gusta los tigres, así que lánzatele a darle un beso" y como si aquello fuera el consejo de alguien supremo; la agarró por la cintura lo más bruscamente que pudo y le planto un beso en sus labios.
Por el impacto, los labios de Ginny comenzaron a sangrar debido a que se había tropezado con los dientes de Neville muy…bruscamente.
Cuando el joven sintió aquel sabor de metal en su boca, abrió los ojos como platos y la soltó de inmediato.
- ¡GINNY! Ginny discúlpame, no quería…es que yo…yo…ay, yo no….discúlpame… ¡Grr, voy a matar a Seamus! – y gritando una sarta de insultos hacia su compañero se dirigió con rapidez hacia la puerta, pero Ginny lo detuvo.
- No te vallas – le suplico, acercándosele lentamente.
- ¿Me vas a pegar? – le preguntó Neville con miedo en la voz.
Ginny se rió alo bajo, y tomándolo de la mano lo acercó aún más.
- Nunca debes seguir los consejos de tus amigos, y más si ellos no han tenido novia – le aconsejó Ginevra con una amplia sonrisa – Y no te preocupes, no te voy a pegar. Te voy a dar otra cosa.
- ¿Qué cosa?
- Te voy a enseñar el arte de besar – y tomándole su rostro lo acerco al de ella hasta que sus labios se juntaron.
- Solo déjate llevar – fue lo único que le dijo, antes de que Neville enredara sus manos en su brillante cabellera de fuego….
*** Fin del Flash Back***
Ese había sido el primer beso de Neville, y a pesar de que ella era experta en ese tema, ese día lo había sentido como si fuese el primero también.
Mientras varias lágrimas resbalaban por sus mejillas, escucho como la puerta del aula se abría con sorna, y movió la cabeza negativamente.
- Estoy bien profesora McGonagall – le aseguro a la bruja sin si quiera levantar la mirada – Ahora me iré a dormir, no se preocupe.
Segundos después volvió a oír como la puerta se cerraba, y suspiro.
Sus lágrimas siguieron cayendo mientras pensaba en Neville y en aquel vicio que había adoptado luego de la noticia de Malfoy.
Cuando lo vio tan demacrado en la cena por el nacimiento de la hija de Lavender y Dean, Nicole, supo que se le estaba pasando la mano con el licor, y lo preocupante era que el nunca tomaba.
Quería hacer algo, quería averiguar donde estaba, decirle que no tomara más, que lo hiciera por su salud, pero ella más que nadie sabía que si lo hacía muy seguramente Neville le colgaba el teléfono.
Muchas más lágrimas resbalaron por sus mejillas y se perdían en su escote mientras la imagen de aquel hombre se le dibujaba en la mente.
- Siempre odie verte llorar – le comentó su voz en la penumbra – Y me sentía impotente al saber que era yo la causa de aquellas lagrimas.
Quizás creyó que era un escape de su inconciencia por encontrar un poco de la felicidad pérdida, que no levanto el rostro. O quizás había oído tantas veces esa voz que ya no se sorprendía.
- ¿Cómo me encontraste? – le preguntó sin alterarse y sin destapar su rostro.
- Siempre se donde encontrarte – sonrió para sus adentros, al parecer esa era la misma respuesta que este siempre le daba cuando ella le formulaba la misma pregunta.
- ¿Estás bien?
- Un poco dolido por la noticia pero…aún te sigo amando.
- ¿Dónde estas?
- En un lugar seguro.
Ginny sonrió. Sabía que si le hacía la siguiente pregunta podía romper con la bella fantasía que su mente había creado solo para ella, pero tenía que hacerla.
- ¿Sigues tomando?
Un silencio sepulcral lleno el aula, y riéndose a lo bajo por lo ingenua que era, suspiro.
- Desde que te vi en la cena, lo he mermado – aquella era la respuesta a lo que su corazón le estaba gritando desde hacia segundos: ¡Que el si era Neville, no una ilusión!
- ¡¿Eres tú?! – le preguntó extasiada pero sin levantar aún el rostro.
- Me temo que si – le contesto aquel perfecto "espejismo"
- Si…si levanto mi rostro, ¿Te irás?
- Aunque lo quisiera, no puedo – le confeso el carirredondo.
- ¿Y porque?
- Porque estoy ligado a ti – y tras aquella confesión levantó su rostro, y entre lágrimas se balanceo a sus brazos para no irse de ahí jamás.
- ¡Neville perdóname, perdóname, te juro que fue todo culpa de Malfoy, yo no quería, yo nunca hice…!
- ¡Shiit! – La cayó el Gryffindor – No hables, ya tendremos bastante tiempo para que me expliques con calma lo sucedido. Y acariciándole el cabello, se dejo llevar por aquel exquisito aroma que solo Ginevra Weasley emanaba.
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HOLA GENTE!....SI SE QUE DARDE DEMASIADO EN ACTUALIZAR, DISCULPENME POR LO K MÁS QUIERAN SIIIIIII??????????
TENGO ALGO DE APURO, SORRY POR NO CONTESTAR REWS.....SÓLO TNGO EL TIME PARA COPYANDPASTE CON LOS CHAPS. BESITOS....VOY A SUBIR OTROS MÁS, OK? BESOS!
