ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.

Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.

Capítulo XXXVIII

Comenzando un nuevo año

Llegó el día en que los voluntarios de la cruz roja en América comienzan a viajar a Francia para prestar apoyo a los hospitales de campaña y los grandes nosocomios en las ciudades, lugares donde se trabajaba de sol a sol y aún más si era posible, tratando de salvar las vidas de los heridos que la guerra estaba dejando a su paso.

Michael Blanc, nunca se había cuestionado tanto su deseo de ser médico militar. En un comienzo cuando la guerra dio inicio, él fue el primero en estar de acuerdo que se debía preparar personal idóneo para la guerra. Él, antes que todo era militar, profesión que comenzó a amar desde pequeño, tras una larga lista de militares en su familia, principiando por su padre, su ejemplo más directo.

La historia militar en la familia Blanc, comienza el año del nacimiento del abuelo de Michael, 1830, mismo en que se presenta la llamada Revolución de 1830 en pro de un cambio de régimen, liberalismo, nacionalismo, independencia, derechos humanos, garantía y libertades… influencias ideológicas difusas que cobraron la vida del bis abuelo Blanc. El abuelo de Michael, no sentía especial inclinación por la vida militar, él había crecido sin su padre, muerto en batalla. No queriendo seguir los pasos de su padre, se decidió por la medicina, luego nace el padre de nuestro médico militar, pero él sí quiere seguir los pasos de su abuelo al que creció creyendo un héroe de guerra y reinstala la milicia en la familia francesa, siendo a 1915 uno de los altos mandos del Ejército de Tierra francés. El hombre, en sus cincuentas muy activo y preocupado por la paz en Europa.

Michael, por motivación directa de su padre es que optó por la milicia, pero en su sangre venía escrito su amor por la medicina, no dejando de lado a ninguna de sus dos pasiones, las complementó. Su idea no era ser un alto mando como su padre, sino servir desde donde más ayuda podría prestar en caso de guerra, médico militar era su mejor meta. Por su impecable carrera y sus incansables deseos de prestar servicio a su país, el joven médico de 24 años, fue encomendado a un hospital de América donde prepararía junto a un renombrado cirujano norteamericano Dc. Wilson, a un grupo de seis enfermeras, cinco americanas y una inglesa, grupo que conocemos muy bien.

Ahora, listos para embarcarse a Francia, los pensamientos y el corazón del joven Blanc se resistían a partir, su corazón se anclaba en este puerto esperando que de alguna manera milagrosa, no tuviera que volver a su amada patria a seguir prestando servicio, quería, necesitaba permanecer en América

-¿Quién me iba a decir que me enamoraría?... y de la chica más hermosa del mundo, una escocesa de tomo y lomo… jajaja, ahora entiendo a Candy- meditaba con sus manos en los bolsillos y su mirada gacha, primero puesta sobre sus botas y luego alzándola para perderse en el vasto horizonte.

Michael conoció a Lorna por casualidad un día en el hospital, la llamaba creyendo que se trataba de Candy. Una señora desmayada en medio de unos de los pasillos, necesitaba de atención, él había visto Candy junto a su esposo y de pronto estaba frente a él, o eso creía, pero al percatarse de su error lo primero que pensó era que estaba viendo doble

-Ella es mi prima- le había aclarado Candy. Para ser solo primas, el parecido a primera vista era asombroso, pero con los días, al detallarlas… notó que el cabello de Lorna y sus ojos eran más oscuros que los de Candy, con las pecas mucho más marcadas y ¡qué decir del carácter! Candy era risueña, llena de una energía que no se limitaba en compartir, pero Lorna era otra cosa, a ella… a ella no le conocía sonrisa. Hizo el intento de acercarse a la muchacha y lo logró, ahora eran amigos, pero él se prometió conquistarla aunque sea a base de correspondencia. Nadie sabía cuanto podría durar esta guerra, ¿volvería? o ¿moriría en medio de ella?

Ya estaban en el puerto y él… él no quería viajar

-Buen día Michael- oyó a su espalda el joven que aún permanecía junto a su equipaje, vistiendo el uniforme militar francés con la insignia de la cruz roja en su brazo izquierdo que lo identificaba como médico, y su vista fija en el horizonte

-¡Lorna!- exclamó al voltearse y verla junto a él- no pensé que vendrías

-Pero ya ves… ¡aquí estoy!, Candy vino a despedirse de ustedes - miró en dirección a su prima que se despedía del grupo de enfermeras- me pidió que la acompañara ya que Terry tuvo que ir al teatro y no la dejó venir sola… tú sabes lo protector que puede llegar a ser

-¡Ah, eso!- exclamó el militar con desilusión, la explicación no lo satisfizo ni un poquito. Prefería creer que Lorna estaba ahí por él

-Pero no te pongas triste, estoy aquí y no estoy interesada en despedir a nadie más que a ti- Michael no sabía que pensar, ni como actuar, esa chica lo desconcertaba. Se dio valor y de dos pasos se acercó a Lorna tomando sus manos

-Voy a extrañarte- la vehemente sinceridad en los ojos del chico conmovió a Lorna, él no se estaba guardando nada

-Yo también a ti- la rubia decidió ser sincera. Él le interesaba… y mucho

-Escribiré todos los días para ti, y cuando pase el correo, te enviaré toda junta la correspondencia- hablaba sin parar, ansioso y viéndola con intensidad agregó- no te olvides de mí

No te olvides de mi

(Roberto Carlos)

Donde estuvieras mi amor,

no te olvides de mí,
Y con quiera que estés,

no te olvides de mí,
Yo solo quiero estar,

en tu pensamiento,
Por un momento creer,

que tú piensas en mí,
Donde estuvieras mi amor,

no te olvides de mí,
Aunque existiera otro amor,

que te hiciera feliz,
Si guardas en tu memoria,

un poco de cuanto yo te ame
Donde estuvieras mi amor,

no te olvides de mí,

Yo solo quiero estar,

en tú pensamiento
Por un momento creer,

que tú piensas en mí
Donde estuvieras mi amor,

no te olvides de mí,
Piensa que yo mi querer,

solo a ti te lo di
Yo no concibo apartarte a ti,

de mi existencia
Donde estuvieras mi amor,

no te olvides de mí,

No te olvides de mí…

no te olvides de mí

-Nunca- Lorna no era de muchas palabras, pero si era una experta en encerrar todas sus emociones en una sola palabra.

Mientras habían intercambiado aquellas palabras, Michael no soltaba las manos de la chica, es más, las acariciaba en forma sutil con sus dedos pulgares y se habían acercado más de lo que las buenas costumbres de la época, permitían. Las otras enfermeras, incluida Candy, habían notado lo que sucedía, una de ellas hasta envidiaba la escena, no porque estuviera interesada en Michael, no, solo que ella también hubiese querido tener a su pretendiente despidiéndola en el puerto… las chicas no se atrevieron a interrumpir tan hermosa e íntima despedida

-Quiero llevarme algo tuyo conmigo Lorna- susurró uniendo su frente a la de ella que era tan bajita como Candy

-¿Cómo qué?- coqueteó la escocesa con delicadeza, disfrutando del momento, de la cercanía del francés

-Como un beso- Lorna levantó la vista hasta encontrarse con la de él, Michael se inclinó sobre ella y sabiendo que no sería rechazado tomó posesión de sus labios. Él se iba, y no a cualquier parte, se iba a la guerra, quizás y no regresara, Lorna lo sabía y también quería guardar algo de él en ella. Michael soltó las manos de la chica, llevando una de las suyas hasta la nuca de Lorna y con la otra la sostuvo firmemente de la cintura, haciendo el beso mucho más profundo y la cercanía de los cuerpos, estrecha. En medio de tanta gente y el bullicioso y rutinario movimiento del puerto, ellos eran solo una pareja más que se despedía

-Lorna yo te quiero- confesaba el muchacho- sé que quizás para ti es muy pronto pero…- el joven estaba al tanto de que ella había tenido una relación con uno de los primos de Candy, que eso había terminado hace poco tiempo

-Eres muy importante para mí Michael- Lorna no estaba preparada para confesar lo que ella sentía por él, pero no lo dejaría irse pensando que no le importaba. Blanc la rodeo con sus brazos en un cálido abrazo, donde dejó todo lo que él sentía por ella alojado en su corazón

-BUUUUUUP- sonó la sirena del barco llamando a sus pasajeros. Los auxiliares del navío comenzaron a tocar pitos y vocear llamando a los viajeros, muchos de ellos despedidos por sus familiares, esposas, hijos, otros tantos en absoluta soledad

-¡Es hora de irme!- pero no quería

-Solo prométeme… que regresarás- rogó Lorna y el corazón de Michael se llenó de dicha y una esperanza que aún no se había atrevido a albergar

-Si tú me esperas, lo haré… prometo que regresaré, solo por ti- Michael se había fijado que Lorna llevaba un pañuelo atado al cuello- quiero llevarme otro beso tuyo y… algo más

-¿Algo más?- Lorna volvió a sonreírle y eso le daba vida a Michael, ella prácticamente solo le sonreía a él, eso era algo que había notado la última cita que tuvo con ella

-Sí, quiero este pañuelo que llevas al cuello y uno de tus risos- se atrevió a pedir, la sorpresa inundó a la escocesa, abrió sus ojos confundida por la extraña petición de Michael, pero la entendió y se desprendió del accesorio, lo dobló cuidadosamente y lo puso en el bolsillo de la chaqueta del militar mientras sentía las manos de él fijas en su cintura

-Lo del riso… no sé- respondió dubitativa

-No importa, con el pañuelo me bastará por el momento- los jóvenes se volvieron a besar y muy a su pesar Michael tuvo que soltar a Lorna para subir al barco e iniciar así su camino a Francia

-¿Estás bien?- Candy habló en forma suave a su prima, la que muy a pesar suyo estaba llorando

-¡No!, no estoy bien- ella escondía su dolor bajo un gran sombrero que acompañaba a su vestimenta, no quería que Michael la viera llorar

Michael ya no la alcanzaba a ver con detalle y ella dejó salir el caudal de tristeza y dolorosa despedida por medio de sollozos y lágrimas. Lorna no entendía el porque de sus emociones tan a flor de piel. Ella siempre había sido capaz de dominar sus sentimientos y no que estos la dominaran a ella dejándola tan vulnerable y expuesta. Con Archie ¡había sido tan diferente!, existió una atracción física indiscutible desde el primer momento, pero nunca, a pesar del tiempo que estuvieron juntos, ella sintió lo que ahora

-Gracias Candy- dijo a la pecosa que la acompañaba- es solo que no sé- Lorna confiaba en su prima- siento que en ese barco se va parte de mí- mientras hablaba no dejaba de mirar hacia el barco tratando de ubicar a Michael, era difícil, muchos estaba vestidos de militar, pero logró encontrarlo con su mirada gracias a que el chico hacía señas con el pañuelo que ella le había entregado, las chicas respondieron a su despedida- él se lleva algo de mí y yo no entiendo- Candy supo en ese momento que su prima se había enamorado del francés pero no lo sabía, la dejaría descubrir ese maravilloso sentimiento, pero sola

-Te amo- susurraba Michael desde el barco, solo para él, al momento en que aspiraba el aroma a Freesias, ese perfume que Lorna usaba siendo ella misma quien lo preparara.

La primera carta de Michael a Lorna llegó a manos de la escocesa un mes después de su partida. El joven cumpliendo su promesa, escribía todos los días un poco, conforme al tiempo del que disponía. Durante la travesía Michael tuvo mucho tiempo de pensar y darle vueltas a lo que sentía por Lorna, y tuvo que reconocer que era el sentimiento más hermoso y noble que nunca nadie había logrado hacer germinar en él, y cuando personas, conocidos o familia habían tratado de explicarle de que se trataba ese sentimiento tan especial y necesario, todos, absolutamente todos, se habían quedado cortos en su interpretación del amor.

Lorna respondió casi inmediatamente al correo que llegó de Francia, y en él, ella envió el resto de la petición de Michael en el puerto, cortó un rizo de su espesa cabellera y lo perfumó con la esencia que ella estilaba usar. Michael no podía ser más feliz ese día.

Archie también recibía cartas que llenaban sus días de un cálido sentimiento desconocido para él. Al igual que Lorna, él sabía que la química entre ellos había sido muy fuerte, pero nunca se llenaron del sentimiento de amor que ahora nacía en ellos a causa de otra persona.

El día 23 de enero, una grata sorpresa llegó a las puertas de la mansión Andrew en Chicago

-¡Fabienne!- fue la exclamación de Albert al ver a la austriaca en la puerta de su despacho. El detrás del escritorio, solo había dado el pase para que la persona que golpeaba la puerta, se adelantara y entrara a la habitación, la chica aún ataviada con su atuendo de viaje, con todo y un abrigo encima, se adentro en el lugar y cerrando la puerta, esperó a que Albert levantara la vista y la viera. El patriarca al no recibir ni el saludo ni la confirmación de que ya habían entrado, pero sintiéndose observado, levantó su vista del papeleo en su escritorio y grande fue su sorpresa al ver a la única persona que llenaba sus pensamientos- ¡Fabienne!... no puedo creerlo- levantándose raudo de su asiento se acercó a ella y la abrazó sin mediar segundo y sin preguntar absolutamente nada, la besó, el rubio fue directo a los labios sediento de lo que ellos le podían ofrecer después de tanto tiempo, distancia y preocupación. Habían sido meses difíciles para los dos, pero Albert no podía olvidar que ella traía encima la pena de haber perdido a su madre en el rescate que tanto anhelaría el patriarca. Al terminar el beso, Albert no la soltó, solo se alejó de ella lo suficiente para poder mirarse en sus ojos

-Hola a ti también Albert- rió Fabienne en los labios del rubio

-Perdona mi reacción amor- el joven acariciaba dulcemente el cabello de la chica- esta sorpresa no me la esperaba, Richard no me dijo nada…- hablaba algo agitado

-De eso se trataba, de darte una sorpresa y el duque de Grandchester me hizo el favor de no avisarte, en todo caso él ya sabe que llegué con bien y sin novedad a América, telegrafié apenas pisé el puerto- ella acariciaba el amable rostro del muchacho dueño de su corazón

-He temido tanto por ti Fabienne- se volvieron a abrazar, producto del anhelo de Albert, solo para sentirse, y dejar que sus corazones volvieran a encontrar la melodía que los unía- tú familia… supongo está bien

-Sí, el duque les ofreció hospedaje hasta que también puedan viajar, sabes, no había cupo en el barco en el que viajé- se habían acercado hasta un sillón de dos cuerpos donde se sentaron a conversar con más comodidad

-¿Quieres servirte algo Fabienne?- Albert en su emoción y alegría, recién nota que su novia no se ha sacado ni el sombrero

-Sí, me gustaría algo caliente, afuera está muy helado- se puso de pié desprendiéndose de su abrigo y accesorios

-Bien- dijo y llamando a alguien del servicio, pidió algo para los dos y solicitó se llevaran las prendas de Fabienne- en unos minutos nos traerán algo… ahora dime- Fabienne sintió las fuertes manos de Albert tomando las suyas- ¿Cómo estás después de lo de tu madre? Siento tanto no haber estado ahí para…

-No digas nada Albert- pidió bajando su vista hacia las manos que tenían enlazadas- no podíamos saber que ella llegaría solo hasta París, pero el médico que la recibió en el hospital leyó su historia clínica, que ella tenía que llevar adonde fuera, y nos dijo que de todas formas viajando o no mi madre moriría de igual manera- sollozó

-Lo siento tanto Fabienne- las palabras del rubio aún siendo casi formales, animaban mucho a la muchacha ya que sabía que él decía la verdad. Pasaron algunos minutos en silencio, recibiendo en esos momentos el servicio que habían solicitado, Fabienne comenzó a tomar de una rica y calientita sopa que recuperó a su cuerpo y su ánimo- cuéntame ¿Cómo estuvo el viaje?

-Bien… ¡ah! ni te imaginas con quien viajé- dijo emocionada

-No, no lo sé… supongo que con Richard

-No, con la familia O'Brien. Albert no me estás poniendo atención, te dije que viajé sola y que telegrafié al duque- la sonrisa de Fabienne le decía cuan feliz había sido ella viajando junto a la familia de Patricia

-Tienes razón Fabienne, perdón… Entonces ¿Patricia también está aquí?- preguntó con los ojos llenos de fuertes emociones por Neal

-Sí- fue la escueta respuesta de Fabienne

Patricia no había podido hacer lo mismo que Fabienne, correr al lado de Neal no le había sido permitido por sus padres que alojaban en un lujoso hotel de Chicago

-¡No es justo abuela!- lloraba la chica

-Ten paciencia pequeña Patty- Martha trataba de consolar a su única nieta. Ellas compartían habitación y eso era del agrado de ambas, así podían conversar con libertad

-Es que no entiendo… según sé, Neal no sabe que yo estoy aquí y ha pasado tanto tiempo abuela- las lágrimas de Patricia eran un gran pesar para la anciana

-Tú padre dijo que los Leagan hablarán primero con tu novio y luego podrán verse…

-¿No te parece abuela que es algo incomprensible?- la anciana solo pasó los brazos por la espalda de su nieta, alzarse de hombros era lo único que podía hacer, ella tampoco entendía mucho, pero la verdad era que jamás, en toda su vida la amorosa Martha pudo entender a su hijo.

Lo que tenía tan triste a Patricia era el hecho de no poder ver ni avisar a Neal acerca de su presencia en la ciudad, cuando ella le escribió por última vez, no quiso avisarle del viaje para así sorprenderlo, así es que él, no tenía idea de que su novia estaba en América.

Los padres del chico, habían solicitado a los O'Brien, tiempo para hablar con su hijo. Neal, desde que llegó de Inglaterra, vivía bajo el alero de la tía abuela y Williams, por petición de él mismo. El heredero Leagan, no quería vivir con sus padres, ya que conocía de primera mano lo nefasto que eran ellos para quienes les rodeaban, ¡si hasta las flores que regaba su madre, morían después de que ella las atendía! Pero las conclusiones de los Leagan diferían mucho de lo que su hijo pensaba, ellos creían firmemente que Neal no quería convivir con ellos porque se sentía obligado a casarse con la única hija de los O'Brien, que había que prepararlo para que aceptara de buena gana un matrimonio con la chica más sosa que habían conocido

-Sí Neal se niega a casarse con la sosa chiquilla, se nos vendrá abajo inmediatamente la sociedad- decía Sarah tronándose los dedos, paseándose inquieta por la habitación que fungía como el despacho de su esposo en la casa que ellos habitaban

-No se negará Sarah, no te preocupes- decía Daniel Leagan desde su asiento, con una gran pipa entre sus labios

-¿Qué te hace estar tan seguro?

-No lo sé… - el hombre se alzó de hombros- supongo que algo de Leagan habrá sacado Neal, no se negará a que su futuro se vuelva más prometedor de lo que es ahora

-Es que esa niñita O'Brien… es tan sosa la pobre, no creo que Neal se sienta atraído por ella

-Cuando lo autorizamos a iniciar una relación con la señorita, él se veía feliz…

-mmmm sí, pero yo lo veo más como una distracción para él, tú sabes, eres hombre, quizás la chiquilla era solo para pasar el rato- la mujer se sentó en frente de su esposo- ¿a qué hora lo citaste?

-Dijo que vendría para la cena, está en exámenes y no tiene tiempo durante el día- respondió

-Está bien, trataré de creer que Neal aceptará casarse con la chica O'Brien sin poner inconveniente.

Neal entró puntual a su antigua casa a la hora de la cena. Al llegar, notó que también estaba el vehículo que usaba su hermana y Benjamín, para movilizarse. El chico no prestó mayor atención al detalle de que los Smith también se encontraban ahí, lo único que lo animó, es que vería a su hermosa sobrina Alana

-¡Neal!- la exclamación de Elisa fue lo que recibió al chico en el salón de la casa

-Elisa, que gusto verte hermanita ¡qué bella pancita!- Elisa sonrió agradecida a las palabras de su hermano. El chico amaba a su hermana y verla embarazada nuevamente y muy realizada en su matrimonio, lo hacía feliz a él también- ¿y mi sobrina?

-Ya está durmiendo, pero después la verás…- y bajando su voz agregó- necesito conversar contigo antes de la cena- Neal abrió sus ojos y la miró ceñudo- no te preocupes, no es nada malo

-Está bien, buscaremos un momento- Elisa se apartó de él dando paso a sus padres para que lo saludaran

-La cena se servirá en diez minutos- avisó Sarah. Neal conversaba con Benjamín y Elisa sobre el próximo bebé

-Neal ¿quieres ver a Alana?- invitó Elisa en un tono de voz que hacía a todos notar lo que pretendía

-Pero la niña está durmiendo Elisa- detalló Sarah

-Lo sé madre, pero rara vez Neal tiene la posibilidad de verla durmiendo y es todo una ternurita

-Eso es verdad- apoyó Benjamín a su mujer, en pleno conocimiento de lo que ella estaba intentando hacer

-Bien- dijo viendo que ya avanzaban hacia la puerta- pero no demoren mucho

-No mamá- oyó a su hija que ya subía las escaleras junto a Neal. Una vez llegaron a la antigua habitación de Elisa, donde dormía plácidamente Alana bajo la atenta mirada de su nana, Elisa comentó- quería prevenirte Neal…

-¿Prevenirme?- el chico se puso en alerta y miró hacia la nana de su sobrina

-Nada de que preocuparte hermanito y Maggie es de confianza- lo tranquilizó

-¿Entonces?- dijo Neal mientras miraba a su pequeña sobrina que dormía el sueño de los inocentes

-Resulta que mis padres te citaron hoy aquí, para que te cases ya, con tu prometida- dijo con algo de desagrado, Elisa había cambiado pero aún no toleraba nada de lo que rodeara a Candy y Patricia era una de sus mejores amigas

-¡Pero Patricia está en Inglaterra!...- contestó confundido

-Ella ya está en chicago hermanito- dijo la chica disfrutando enormemente de la alegría que se dibujó en el rostro de su hermano

-¡Aquí!... ¿en Chicago?- Neal no cabía de la sorpresa

-Losé, lo sé, estás más que feliz y esa felicidad no la debes demostrar delante de mamá- Neal miró a su hermana con un signo de interrogación pintado en la cara- ella cree que tú no te querrás casar con la O'Brien…

-Patricia, se llama Patricia- dijo el chico algo molesto por las señales despectivas que su hermana utilizaba para con la mujer que él amaba

-Sí, sí… bueno- continuó Elisa, antes de que alguien los llegara a buscar- lo que debes hacer para dejarla tranquila, es no demostrar tú felicidad a los cuatro vientos, tú sabes lo egoísta que puede llegar a ser nuestra madre y si ella nota tú felicidad, es muy capaz de quitártela de las manos

-Por lo mismo es que no quise venir a vivir aquí Elisa- confesó Neal

-Ya lo suponía hermanito… ya lo suponía

Las palabras de Elisa eran proféticas, si bien es cierto Sarah estaba preocupada de que Neal no quisiera casarse con la señorita en cuestión dejando en la cuerda floja la tan estimada sociedad, tampoco era dada a que sus hijos hicieran como ellos quisieran. Era mucho más satisfactorio para Sarah que sus vástagos se sintieran obligados a obedecer lo que ella llamaba "mi última palabra" que verlos obedecer por placer.

Neal tuvo que convertirse en el mejor mentiroso del mundo- Grandchester me envidiaría en estos momentos- pensó el moreno cuando se encontró haciendo como su hermana le recomendó. Sus atentos padres, reaccionaron favorablemente cuando le dijeron que su prometida estaba en Chicago y que debía casarse lo antes posible, recibiendo de Neal la mejor cara de insatisfacción que el chico pudo regalarles, cuando por dentro daba saltitos y hasta bailaba de la felicidad y la impaciencia, él ya quería ver a Patricia

-Sabemos que la chiquilla es un poco… mmm como decirlo… un poco desabrida- comenzó su descripción la amorosa madre y el moreno tuvo que aguantarse las ganas de defenderla- pero quizás con un poco de ayuda logremos que te intereses por lo menos en lo que ella te pudiera ofrecer en la cama- Neal quiso ponerse de pie, despotricar todo lo que tenía en su interior en ese momento pero la mirada de su hermana lo calmó- además puedes hacerte de una amante… nadie te juzgará

-Ujum- carraspeó Benjamín, casi atorándose por los consejos que su suegra daba a Neal

-Mamá- la detuvo Elisa- no creo que esos sean temas de sobremesa

-Estamos en familia Elisa, nadie se siente incómodo por mis palabras

-Entonces Neal- la voz de Daniel por sobre la de su esposa. El hombre ya había terminado su postre y esperaba un café que le estaba siendo servido- ¿Qué dices? ¿Nos harás el favor a tu madre y a mí?- Neal puso cara de pensador, como si realmente necesitara darle vueltas al asunto de un pronto matrimonio con Patricia, buscaba una respuesta adecuada a la petición y casi ruego de sus padres

-Mi futuro está primero…- dijo el chico sintiéndose algo incómodo y rogando que Patricia nunca se enterara de sus palabras - acepto lo que ustedes han dispuesto

-Muy buena decisión hijo- dijo el padre y mirando a uno de los sirvientes en la habitación, éste se dispuso a servir algunas bebidas para brindar por tan buena noticia.

Neal llegó a la casa Andrew en Chicago, más cansado por la actuación que había tenido que hacer delante de sus padres, que por lo duro que había sido el día entre exámenes y libros. Subió a su habitación y preparado para dormir, se tiró en su cama, evocando al amor de su vida, logrando así llenar sus sentidos de la presencia de su amada Patricia, recordando todos los momentos vividos junto a ella durante la permanencia en el San Pablo, desde la primera vez en que tuvo el privilegio de ser su pareja en la clase de Expresión Corporal y ser conquistado por su tímida mirada, hasta el día en que ella lo despidió en el puerto.

Elisa había tenido razón, sus padres eran todo lo contrario a lo que se esperaba de ellos, preferían que fuera su voz la mandante y su última palabra la oída por sus hijos, y que estos obedecieran sin mediar discusión, en vez de mirar y sopesar las ideas e intenciones de ellos. Una situación similar habían vivido con Elisa, ella, aunque ahora se veía feliz y plena, en un principio sufrió lo indecible cuando sus padres la trajeron de un día para otro a contraer nupcias con Benjamín Smith, nunca se detuvieron a preguntar si estaba de acuerdo o no, o sus preferencias al respecto, o si habría ella conocido a alguien en el colegio y este le interesara en forma romántica, si es que existía en su vida algún chico que hubiese llegado a su joven corazón, no, así no era como actuaba el matrimonio Leagan. Neal sentía que ellos más que hijos eran solo un cheque a fecha, que podría ser cobrado solo el día en que se presentaran sus arreglados matrimonios. El chico Leagan después de bajar de la habitación donde dormía su sobrina y oído las palabras de su hermana que lo ponían sobre aviso acerca de los sentimientos de sus padres, había percibido el estado de intranquilidad en sus progenitores, especialmente en Sarah, pero también sabía que si él se hubiese puesto en evidencia, su madre era capaz de disfrutar el dar todo vuelta y separarlo de la mujer que para él era la felicidad… su felicidad.

Pero él era tan feliz con Patricia, se amaban tanto, ese amor él lo cuidaría con su vida si era necesario, lo defendería aún de sus padres si así se le diera la vida. Neal estaba seguro de que junto a Patricia serían muy felices en su matrimonio, y eso él lo guardaría como lo más preciado delante de sus padres, hasta que estos no pudieran hacer nada por echar a perder su vida. Ahora a esperar, en dos semanas más el compromiso y pronto, muy pronto el matrimonio- Patricia ya estás en Chicago… aunque mis padres y los tuyos se opongan, veré la forma de verte antes del plazo de las dos semanas- con ese pensamiento y sueños con su tímida Patricia, Neal cayó en la manos de Morfeo con los mejores sueños que había tenido hasta hoy.

Patricia, al verse de manos atadas al no obtener el permiso de sus padres para poder ver a Neal, había decidido aprovechar la visita a la ciudad con su madre y abuela. Salieron del hotel una mañana a desayunar en cualquier otro sitio menos el restaurant del hotel en el que alojaban o solicitar servicio a la habitación, ya bastante habían tenido con la larga travesía por el atlántico como para seguir sometiéndose al encierro entre cuatro paredes

-Fue una muy buena idea salir a desayunar fuera del hotel ¿no lo creen?- preguntaba Elaine, la madre de Patricia, una menuda mujer de quien su hija había heredado el color de cabello y su sumisa timidez e inteligencia

-Sí madre, el hotel ya me estaba pareciendo una cárcel- no llevaban dos días en la ciudad, pero la percepción de la chica era que las paredes del hotel cada vez se le venían más encima

-El encierro no es algo a lo que me pueda acostumbrar, menos a estas alturas de mi vida- la viejecita abuela Martha toda su vida había sido muy activa y realmente el encierro no formaba parte de sus actividades

-Después de desayunar podríamos conocer un poco la ciudad- sugirió de nueva cuenta la señora O'Brien llevándose fruta a su boca

-No es mi mejor panorama madre, pero lo acepto, no quiero volver todavía al hotel- dijo Patricia con claro desagrado

Salieron del local donde habían tomado los primeros alimentos del día, dirigiéndose al centro comercial de la ciudad. Chicago era una ciudad hermosa, que encantaba por las construcciones visionarias que esta mantenía desde que fue reconstruida luego de un gran incendio en el año de 1871.

Un poco de Historia

El gran incendio de Chicago fue un desastre en la ciudad de Chicago en la cual tomaron fuego y fueron destruidos aproximadamente 6 km cuadrados de la ciudad. El desastroso incendio duró tres días, del 8 de octubre al 10 de octubre de 1871. Es famoso por ser una de las catástrofes estadounidenses más grandes del siglo XIX y en la cual perdieron la vida cientos de personas.

La reconstrucción, sucedida inmediatamente después de la extinción del fuego, comenzó un proceso que llevó a Chicago a ser una de las ciudades estadounidenses más importantes.

Las tres mujeres paseaban y compraban lo que según ellas estaban necesitando, que un sombrero, telas para vestidos nuevos ya que la señora O'Brien acostumbraba usar ropa solo hecha a la medida, es decir, tenía modista desde siempre, que era la que fabricaba sus atuendos y los de su hija. Martha, se conformaba con su estilo y no necesitaba más. Entrando a una floristería, la anciana abuelita se les perdió de vista a las mujeres O'Brien

-¿Dónde está mi abuela?

-No lo sé hija, ella venía muy junto a nosotras

-Saldré a buscarla madre- dijo Patricia y recibiendo la venía de su madre, salió del lugar a paso rápido, muy preocupada por su abuela

Patricia solo tuvo que dar dos pasos fuera de la floristería para encontrar a su abuela

-¡Abuela! ¿Dónde estabas? Me preocupé al no verte junto a nosotras

-Nada Patricia, solo me detuve un momento, pero nunca las perdí de vista… además te tengo una sorpresa- dijo la viejecita guiñando un ojo a su nieta con cara de esconder un secreto

-Una sorpresa abuela- Patricia se había cruzado de brazos, tenía experiencia de sobra con las sorpresas que su abuela estaba habituada a regalarle, como trabajar haciendo cualquier cosa para sentirse útil

-Patricia- la llamó su madre- como dijo tu padre, creo que tenemos que prepararte para tu futura fiesta de compromiso con el heredero de los Leagan

-Neal madre, su nombre es Neal- dijo la chica con exasperación. Patricia estaba realmente fastidiada de que tanto sus padres como los de su novio les trataran como simples intercambios de dinero. Ella según sus padres, se casaría con el "heredero" de la familia legan y Neal con la "única" hija del matrimonio O'Brien, es decir, el dinero de los ingleses no iría a ningún otro lado

-Está bien- aceptó la mujer entre dientes- pero ahora debemos comprar todo lo necesario para ese día, debes estar espectacular hija- la mujer decía "espectacular" creyendo firmemente que con Patricia no era mucho lo que podría hacerse, la fría y calculadora madre inglesa, no veía atributo alguno en su hija para atrapar un novio, la creía insignificante y sin ningún brillo, llevando esas feas gafas que no le daban sabor a nada y más encima… algo, como poder decirlo en forma suave… gordita, claro está, toda la herencia genética era por parte del padre, pero la inteligencia, esa sí era legado materno. La señora O'Brien, siempre creyó que el chico Leagan y su hija estaban de novios solo por el hecho de que tanto los O'Brien como los Leagan, estaban dando forma a una sociedad que daría frutos casi de inmediato cuando sus hijos unieran sus vidas- tenemos que buscar algo que te siente bien y haga destacar tus mejores atributos- la mujer la miró y vio en su hija los atributos que ella buscaba, una muy buenas curvas y su muy desarrollado cuerpo, algo tosco para su gusto, pero ¡qué más da!, Patricia se casaría y la dulce madre cumpliría con su propósito en la vida.

En Nueva York, los días pasaban sin grandes cambios, Candy trabajando en el hospital y Terry en el teatro. Romeo y Julieta seguiría presentándose solo en Broadway, no habría gira, algo que el primer actor agradecía con el corazón, no quería perderse ni un momento del desarrollo de su hijo en el vientre de su amada esposa. Terry solo tenía contrato con Stamford lo que durara la puesta en escena representando al Romeo inglés, luego debía volver a Londres y continuar su carrera en la Academia que le vio nacer como un prometedor intérprete en el arte de la actuación, principiando con uno de los dramas de Shakespeare.

El tiempo pasaba rápido y en los primeros días de febrero, la compañía Strafford recibía nuevos postulantes a actores para mantener un staff que se pudiera llamar respetable. Desgraciadamente para la compañía, tenían que dejar ir al primer actor apenas y cesaran las presentaciones de Romeo y Julieta, obra que les estaba dejando tan buenos dividendos que daba pena pensar en que Terius Grandchester en algún momento les dejaría para volver a su academia en Londres, Inglaterra.

Continuará