Planetarium del Cometa — Capítulo 38: Desequilibrio

Tenemos un viernes digno de ser agradecido a Hylia. Absolutamente todos han dado por perdida la prueba de los relojes, así que nadie se esfuerza en el último día de la fábrica "Los Monigotes".

Todo está oscuro, pero nosotros seis podemos vernos por la tenue luz que nos proporcionan el núcleo de la astronave y las estrellas. Kirby, Peach, Midna, Link y yo nos pasamos el rato hablando de sandeces que acaban degenerando en una conversación descaradamente sexual de la pelirroja. Mientras Link se ríe y Peach se avergüenza me doy cuenta que Saria no ha hablado en minutos.

—¿Saria? ¿Estás despierta?

—Sí.

—¿Te pasa algo? —le pregunta Peach. Verdaderamente le sirve de excusa para salir de esa conversación.

—Nada —se sienta—, supongo que se me hace extraño pensar que es posible que sea mi última noche aquí.

—¡Qué dices, me voy a ir yo! —la rubia trata de consolarla atacándose a sí misma.

—¿Y si pensamos que el capullo de Ike será el expulsado qué? —la twili se une.

—Es verdad. Ike tiene bastantes papeletas para salir antes que vosotras. ¿Quién querría echaros? Le dais color al concurso —las miro a ambas.

Puedo destacar que ninguna de las dos se siente preocupada por la decisión de mañana, pero sí que se sienten incómodas con la situación. Peach se mantiene tranquila y le quita hierro al asunto, mientras que Saria le da importancia pero ha asumido su supuesto destino.

—De mi reino solo quedo yo, además —sigue Peach—, parece que el público se tome a juego todo esto y están echando a la gente por reinos.

—Eso es poco probable, nadie gastaría dinero en votar a alguien que no quiere únicamente por seguir una moda —dice Link.

—Que lo parece —añade Midna—, pero no es plan.

—Además que todos debemos tener muchos seguidores allá afuera y muchos de ellos incondicionales. No es una moda abstenerse de votaros, simplemente las cosas van así.

—Y con suerte mañana verás a Daisy de nuevo, ¿esto no te anima a seguir dentro? —Link se dirige a Peach.

—El gran fastidio sería que te fueras tú y entrara Daisy —Midna se ríe ante esa situación—, ¿te imaginas?

—No le veo la gracia.

—Anda Peach, te tomaba por alguien más divertida —la pelirroja la empuja.

—Kirby, ¿tú qué opinas?

Nadie le da respuesta a Link. Nos fijamos en la bola rosa que tenemos por compañero y vemos que el cansancio ha podido con él, lo que nos anima a dormir de una vez por todas.

A la mañana siguiente nos encontramos con un Planetarium apagado, y no en el sentido literal. La gente se dedica a vagar por la astronave sin ningún propósito, tenemos demasiado tiempo libre esta vez. El programa no empieza hasta dentro de doce interminables horas.

Después de comer nos unimos a las clases de malabares de Saria. Yo nunca he intentado hacer este juego de manos, así que me resulta muy difícil. Todos los que estamos ahí damos lo mejor de nosotros sin mayor resultado que darnos entre nosotros con los calcetines que usamos para ello.

Son las cuatro y diez minutos de la tarde y nos dedicamos a jugar al póker con una baraja de cartas que Midna "ha tomado prestada" de la habitación de Estela mientras esta estaba en la ducha. Somos ocho en la mesa: Kirby, Saria, Midna, Lucario, Peach, Ike, Sonic, y yo. De entre nosotros solo hay un genio absoluto en lo que se refiere a los juegos de cartas, y este es Ike. Dice que se ha pasado años jugando y apostando en tabernas y que hace años que no pierde.

Alrededor de las siete y media decidimos todos empezar a arreglarnos. Mientras tanto, Kirby quiere preparar una cena rápida para comer media hora antes de empezar la gala, ya que hasta bien tarde no tenemos hambre y si no comemos antes lo hacemos cuando se acaba el programa, es decir, demasiado tarde.

Subo hasta el ático a por ropa que ponerme tras la ducha y, después de dos horas lavándome, maquillándome, vistiéndome y peinándome, creo estar lista. Queda hora y media para la gala y nos la pulimos comiendo el sencillo plato que nos ha cocinado Kirby. Él, como no se tiene que arreglar, gasta su tiempo para los demás.

—¿Cómo crees que irá hoy? —me pregunta el mismo una vez estamos ambos con Midna en el sofá, esperando a que Paco aparezca.

—Más relajado, ¿no? —les digo yo—. Es decir, esta semana se han relajado las cosas y dudo que hayan vuelto a acordar un objetivo.

—Pues yo sigo pensando que son idiotas y que si Saria no sale la volverán a nominar —Midna lo suelta claramente.

—Pero si estos días te has estado llevando bien con ellos. ¿Por qué piensas eso ahora?

—No, yo nunca he cambiado de opinión. Una cosa es que yo quiera mantener el buen rollo mientras pasamos el rato juntos y otra, muy distinta, que les haya perdonado. Mis votos están claros y creo que los suyos también.

Yo realmente confío en que no sea así. Creo que a cada día que iba pasando se iba generando más confianza entre nosotros y el odio que se podía respirar hace una semana se iba disipando.

—¡Monigotes! —retumba por toda la astronave.

Todos los que no estaban en el sofá todavía aparecen de todos lados y se sientan. Saludamos y, con solo ver por un momento al público, sabemos que está más animado de lo normal.

—¿Qué tal os ha ido esta semana? ¡Contadme! —el presentador, como siempre, nos obliga a decir lo que pensamos de este tema.

—Más relajada —digo yo.

—Oh, ¿más relajada, Princesa?

El público murmura y aúlla cosas sin sentido. ¿Será por lo de "Princesa"? Desgraciadamente creo que es por eso.

—Sí —digo obviando lo ocurrido—, al menos eso he visto yo.

—La semana pasada fue mortal —argumenta Samus.

—¿Y eso por qué fue?

—Por unos roces entre concursantes —responde Estela—. Ajenos a mí, claro.

Ella debe salir ilesa de todo, claro está.

—Pues tranquilos, hoy hay un cambio de concursantes, ¿verdad?

La pantalla deja de mostrarnos la cara de Paco para enseñarnos a Pit y a Daisy con una maleta cada uno hablando en lo que parece ser el backstage del plató. Todos nos emocionamos al verlos, no es ningún engaño del programa. Todo esto suena a desconfiada, pero a estas alturas ya no te puedes creer lo que te dicen.

—Pasaréis de ser doce… a ser doce de nuevo, pero con una cara cambiada. De hecho, yo ya sé quién de los dos expulsados será de nuevo concursante.

—¡¿Quién?! —decimos al unísono.

Paco abre un sobre donde, en teoría, pone el nombre de Pit o de Daisy. Saca la tarjeta de dentro y nosotros nos acercamos a la pantalla para fijarnos bien. El presentador gira el papel, pero no hay ningún nombre, sino "Que los nominados se vayan despidiendo"

—¡Hasta pronto, monigotes míos!

Se apaga el televisor y nos levantamos todos tras la desilusión. Tomo a Saria del brazo para que no se me escape y la achucho lo más fuerte que puedo.

—Saria, no te pongas nerviosa ahí dentro. El público te quiere, tómatelo como si fueras espectadora de la expulsión de Ike.

—Sí —dice no muy convencida. Para que Saria esté así debe ser muy grande su preocupación.

—Yo pasé por lo mismo y es normal que estés así —y con eso, por lo menos, le saco una sonrisa.

Dejo que se despida de los demás concursantes y, mientras busco a Peach, me encuentro con Ike.

—Un gusto conocerte, Zelda —me toma la mano y me la besa.

—Bueno, igualmente —le sonrío. No puedo ser desagradable con él en este momento.

El peliazul me suelta y siento que me dan golpecitos en el hombro izquierdo.

—¡Zelda! —es Peach.

—A ti lo mismo que Saria, confío en que os salvéis las dos —le doy dos besos.

—Sí, eso espero yo también. Aunque es difícil de estar convencida sabiendo la decisión que ha tomado el público las tres últimas veces.

—No pienses en eso —le digo justo después que la Voz los reclame a los tres en la biblioteca.

Nos quedamos los nueve restantes en el sofá. Me fijo que, siendo la mitad de personas que éramos al comenzar todo esto, sigue pareciendo que somos muchos. Claro que yo estoy acostumbrada a estar sola en el castillo cuando no estoy con Impa, la que ha sido mi niñera e institutriz durante toda mi vida.

—Se me hace raro que no esté Saria —suelta Kirby en el aire.

Y es cierto, es la primera vez que la niña está separada de nosotros tres sin la seguridad de que vuelva. ¡¿Pero qué dices, Zelda?! Saria va a volver de la biblioteca, eso es seguro. Prefiero no pensar en la situación de los nominados, así que me centro en la gente que está conmigo. Midna y Kirby se han puesto a hablar de los pantalones que la twili lleva puestos, mientras que Samus está con los erizos riendo. Bueno, en realidad me da la sensación que los de Green Hill Zone están haciendo reír a Samus para que su preocupación desaparezca. Estela y Link también hablan, pero no tan animadamente. Quiero poner la oreja y escuchar por si se trata de una reconciliación, pero Link ha abandonado su sitio a mi lado sin que yo me haya dado cuenta y están ambos al otro lado del sofá. Por su parte, Lucario se está mirando una púa que le sale de la mano.

—¡Monigotes! —Paco nos asusta— ¿Qué pasa? ¿No me esperabais?

—Pues no —le contesta Samus.

Y es que mientras los nominados están en la biblioteca nunca hay intervención de Paco. Deduzco que, si aparece así, debe ser algo importante lo que nos quiera decir.

—Esta noche hay inmunidad, pero solo para vosotros. Los otros tres que hay jugándose el concurso allí dentro no participarán.

Eso nos anima. Pese a que dos de estos tres sean mis amigos —porque ya considero a Peach otra amiga más— me alegra saber que hay inmunidad y más posibilidades que yo la consiga.

—¿Qué tenemos que hacer? —pregunta Sonic.

—Esta vez volveréis a buscar la inmunidad, que está escondida, como siempre. No será ninguna medalla, ningún micrófono, ningún papel, nada semejante.

—¿Entonces…?

—El concursante que ha sido repescado está escondido por el Planetarium será vuestra salvación esta semana.

Todos nos sorprendemos. Nunca hemos buscado la inmunidad en forma de persona. ¡Ni siquiera sabemos quién es!

—¡Y el tiempo para buscar ya ha empezado! —eso es lo único que nos hace saltar del sofá como locos para dispersarnos por el Planetarium.

Trato de pensar de forma racional para llegar a la conclusión que responda a mi pregunta: ¿En qué lugar el programa haría esconder a alguien? El objetivo de los que organizan día a día todo esto es fastidiarnos a todos. Lo tengo claro.

Me voy directamente a la cocina para cruzar el puente que me lleva a las escaleras, las cuales me pueden conducir hasta el ático. Subo lo más rápido que puedo, tratando de tropezar lo menos posible. He hecho bien en, antes de subir, dejar mis tacones en el primer peldaño. Llego a la Sala de Máquinas, donde está La Fábrica aún montada. Todo está oscuro, lo que me incita aún más a buscar.

No hay éxito ni debajo de las mesas ni alrededor de la cinta que está pegada al dispensador de relojes rotos. Cuando me dispongo a salir de ese tétrico lugar —así de oscuro da bastante mala espina— suena una campana. El ruido viene de lo más alto de la carpa del Planetarium, lo que me ensordece bastante.

—¡Todo el mundo al sofá!

Obedezco la voz de Paco. Bajo con la idea de que alguien ha encontrado a Daisy o a Pit. Me pongo los zapatos de nuevo y vuelvo al sofá, donde nos reunimos todos menos la bolita rosada.

—¿Y Kirby? —me pregunta Midna, que está mojada.

—¿Qué te ha pasado? —me sorprendo, aunque me hace gracia.

—He ido a la ducha a buscar y ¡alguna rubia idiota me ha abierto el grifo!

Veo que tanto Samus como Estela se aguantan la risa, aunque pronto la primera empieza a gritar de lo que parece ser emoción. Me volteo a ver lo que ella está mirando y veo que Kirby y Pit vienen hacia nosotros.

—Pit es el primer y único repescado del concurso. Lo digo porque regalos así no volverá a haber nunca y sois capaces de preguntároslo —nos dice el presentador, pero nadie le hace caso.

Nos reunimos con el ángel, hace tiempo que no lo vemos. Todos hablamos a la vez dándole la enhorabuena y preguntando por el mundo exterior, pero no se le tiene permitido hablarnos de eso. Nos sentamos todos una vez nos hemos calmado y Paco vuelve a hablar.

—Bienvenido de nuevo, Pit —le dice.

—¡Gracias! Agradezco esta segunda oportunidad, de verdad —dice contento.

—Verdaderamente ha ido de un pelo —dice el presentador, a lo que nos extrañamos.

—¿Qué?

—Si Kirby no te hubiera encontrado y hubieras estado —se mira el reloj— tres minutos y veinte segundos más escondido… No hubieras entrado.

—Pero…

—Lo que hubiera supuesto que los tres nominados estarían hoy a salvo. Nunca hubierais dejado de ser doce.

Silencio sepulcral. Dependiendo de quiénes sean las dos personas que salgan de la biblioteca les tendré cierto rencor a Kirby y a Pit.

—No pongáis esas caras, esas tres personas se tendrían que haber separado de vosotros en algún momento u otro.

Las palabras de Paco, sinceramente, me dan igual. Solo espero escuchar a Peach y a Saria corriendo cuando la puerta se cierre. Solo debo esperar.

Unos minutos después se escucha el sonido de la basta y difícil de abrir puerta de la biblioteca. Me levanto apartando a todos los que están delante de mí y solo puedo apreciar el sonido de unos tacones y el azul del pelo de Ike antes de derrumbarme. Esa situación me supera con creces y no veo mejor opción que salir de la multitud para irme al baño y cerrar bien la puerta. Saria ha sido expulsada.

Empiezo a llorar como nunca lo había hecho en el programa. Tan solo me centro en las gotas negras que caen en el lavamanos mientras me repito el nombre de mi pequeña amiga para que así el eco que se crea en la bóveda lo repita.

—¿Hola? —escucho detrás de la puerta.

—¿Quién es? —digo cuando me aclaro la voz.

—Link. ¿Puedo pasar?

—Vete, por favor —le pido.

—¡Zelda, déjame entrar! —esa es Midna.

—Ahora salgo —suelto para ahuyentarlos a ambos.

Sé que me siguen hablando, pero yo solo intento imaginar cómo será mi vida en el Planetarium sin Saria. Ya lo dije en mi paso por la biblioteca esa vez, Saria me aportaba equilibrio en esta balanza.

Ahora no hay balanza.