Chicos y Chicas!, lo siento por demorarme, pero el colegio me tenia atareada con pruebas y todo eso, pero aqui vienes varios capitulos y cada vez mas cerca del final, disfrútenlo!

F. Evans

Capitulo Treinta y Ocho

No podía exhibirle a medio mundo mi… mi… ¡ni siquiera sabía qué era! Simplemente no podía exponer esas fotos. ¿Qué pensaría Ginny si se enterara? Si hubiese una remota posibilidad de perdón, seguro desaparecería. O Harry, a lo mejor creería que lo había utilizado. Ya no podía ser más mala de lo que ya me sentía, ya no soportaría que me catalogaran así.

Caminando, hice un poco más de una hora y cuando llegué, inmediatamente recordé la ubicación de su oficina, a donde Jesse había ido el día anterior. Me dirigí hasta allá y le sonreí a la señorita tras el escritorio. Una muchacha menuda como de unos dieciocho años.

-Hola, soy Hermione Granger, vengo a ver a Blade –. anuncié.

-Hermione Granger, claro. Permíteme un momento –. me sonrió y descolgó la bocina del teléfono y en un susurro parloteó algo que no pude entender; luego colgó y me sonrió-. Pasa, te está esperando.

-Gracias –. le devolví la sonrisa de manera fugaz y luego entré a la oficina.

Al instante, el olor a pino fresco me rozó la nariz, haciéndome arrugarla levemente. Había visto su fotografía en Internet, pero sin duda de eso ya había pasado algún tiempo. Era un sujeto con escaso pelo, ahora ya gris; su rostro robusto estaba cubierto de una piel expuesta bastante al sol. Me sonrió.

-Hermione Granger –. se levantó-. Qué placer me da conocerte –. me extendió la mano y la tomé, recelosa, con mi ceño ligeramente fruncido-. Siéntate, por favor.

La silla rechinó en el suelo cuando así lo hice.

-Señor Blade… –. empecé.

-Thomas, por favor –. me interrumpió, afable.

-Bien, Thomas. Esa fotografía no debió llegar a usted, es que…

-¿Cómo que no? –. se echó para atrás, como sorprendido.

-Es que esa foto era… –. luché con mi fuero interno para no decir "prohibida" y buscar la palabra adecuada- era…

-¿Fenomenal? ¿Excelente? ¿Maravillosa? ¿Cautivadora? –. me interrumpió, de nuevo.

Y a pesar de todo lo que dijo, aquello no se acercaba ni un poco al significado que yo le daba.

Me reí.

-No, es que… –resoplé, frustrándome- Esa foto es personal.

-Piénsalo, sería una bellísima exposición fotográfica –. gesticuló, como imaginándose la escena, ignorando mi comentario. Luego de un segundo, me miró-. Y sin duda sería una gran oportunidad para ti. No me digas que no es lo que quieres. Todo fotógrafo lo quiere –. presionó, y tenía razón.

-¿Qué fotografía le dio Jesse? –. inquirí, quería saber cuál era la imagen que le había fascinado tanto.

Suspiró al verme renuente, luego se levantó de su silla de cuero y fue por una carpeta azul de su archivero. Volvió a sentarse y me dio el folder. Lo tomé y luego lo abrí. El corazón se me expandió por todo el pecho y el estómago se me encogió. Entre mis manos tenía una de mis fotografías, una de tantas imágenes que no había visto hace tiempo. El hermoso rostro de Harry exponía su perfil izquierdo, y las luces de fondo de aquella feria proyectaban un centelleo en sus ojos. Era hermoso.

-No sé si vea lo mismo que yo veo en esa foto –. me dijo Blade-. Yo veo una frase de alguna canción romántica, un cuento corto para contarles a mis hijas en las noches. No sé si me doy a entender –. juntó sus manos sobre el escritorio y se inclinó un poco sobre él-. Me gustaría ver todas, por favor.

Entonces lo miré. Luego saqué de mi morral el sobre que contenía las demás, y aun medio vacilante, lo deslicé sobre la madera del escritorio hasta las manos de Blade.

Él me sonrió y luego abrió el sobre, sacando todas las fotografías. Cerré los ojos por un momento, bajando la cabeza. No sabía qué estaba haciendo, o mejor dicho, sí sabía pero no estaba segura de hacerlo. Ginny y Harry y vinieron a mi cabeza. Si de alguna manera se dieran cuenta, ¿cuál sería su reacción? ¿lo creerían un abuso o quizá una burla? Sobre todo Harry, él es quien aparece en las fotos y… ¡Harry! Por un momento pude ver una cara de la moneda que no había visto.

Si Harry llegase a saber, ¿vendría a buscarme? Al menos para reclamarme, enfadarse o cualquier cosa, y yo… lo volvería a ver. No que eso cambiara las cosas, quizá me odiaba por destruir su relación con Ginny y más aun por publicarlo sin derecho alguno pero… era tanto el anhelo de saber de él que de cierta manera se había convertido en una necesidad. ¿Llegaría la noticia hasta Japón o donde sea que Harry se encontrara? Miré a Blade y de pronto lo vi como una esperanza.

Él había terminado de ver todas mis fotografías y la sonrisa en su rostro me decía que le habían gustado. Repentinamente la idea de exponerlas no me resultaba tan descabellada. No si eso, de alguna forma, me acercaba a Harry.

-Vaya –. dijo Blade, admirando la última imagen-. Son fantásticas –. confesó-. Es como si te contaran una historia.

Me reí.

-Tienen una historia, no hay fotografía que no la tenga –.admití.

-Me gusta, estoy encantado con su trabajo, señorita Granger. Sería un honor para nosotros exponer estas fotografías –.me dijo, con los ojos rebosando de excitación-. ¿Qué dice usted?

Y entonces mi mente había cambiado por completo, mi perspectiva ya no era la misma que hace unas horas.

-Hagámoslo –. acepté, llenando mi cabeza de la imagen de Harry, ignorando si estaba bien o mal.

La sonrisa de Blade se volvió aun más intensa, acentuándose en su moreno y arrugado rostro, luego me extendió la mano.

-Hagámoslo –. repitió.

Estaba loca, severamente loca. Había aceptado la propuesta de Blade y ahora no podía echarme para atrás. Y es que alguna parte de mi cabeza, quizá la más destornillada, tenía la ridícula esperanza de que aquella exposición, de alguna manera me acercara a él.

Tenía que llamar a Blade para darle el nombre de la exposición, me había dado sólo un día para pensarlo, ya que todo se llevaría a cabo en un mes, a finales de enero.

Me había pasado casi toda la noche en vela, ideando algún buen nombre para mi trabajo, algo que fuera como el título de una historia, pero nada era lo suficientemente bueno. Luego recordé una de las conversaciones que había tenido con Asy, aquella en donde le mostré la cantidad de fotografías que había tomado de Harry. Había usado un término para referirme a ellas: Manual de lo prohibido, porque para mí eso eran. Entonces tuve la idea y el nombre para mi exposición, Manuale del proibito, en italiano, porque había sucedido en Venecia.
Luego de que llamé a Blade y que encantado aceptó el título, tecleé el número de Jesse, él aun me debía ciertas explicaciones. Le pedí que viniera a mi casa y a los pocos minutos apareció tocando mi puerta. Lo hice entrar y lo senté frente a mí en la sala.

-¿Recibiste la noticia, no? –. me sonrió, no sabiendo qué esperar.

-Justo ayer. ¿Por qué no me dijiste?

-Porque pensé que ibas a decir que no y no estoy equivocado, ¿verdad? –. enarcó una ceja.
-Pues no, pero… acepté –. exhalé.

-¿Aceptaste? ¿En serio? –. la expresión de viva alegría le volvió al rostro.

-En contra de mi misma, incluso –. admití.

-¿Por qué dices eso? –. preguntó, confundido.

-Porque al exponer esas fotografías, terminarán por odiarme, Jesse. Fui y destruí su perfecta relación, le mentí a Harry al decirle que no lo amaba y ahora, vengo aquí a exponerle mi vida a medio mundo.

-No estás exponiendo tu vida –. me contradijo-. Cada persona interpretará las fotografías a su manera, allí no dice "le robé el novio a mi mejor amiga" ¿o sí? –. volvió a levantar la ceja.

-Ya lo sé, pero soy tan egoísta que no importa tanto que Harry se enoje y me odie por completo, me duele muchísimo pero… sólo quiero verlo de nuevo. Por eso acepté, Jesse, esto me da la esperanza de volver a contemplar su rostro.

-¿Egoísta? Hermione, eres la persona menos egoísta que conozco, pero te diré lo que sí eres: masoquista –. fruncí el ceño pero el continuó hablando-. Por una vez en tu vida, Herms, date gusto a ti misma. Vives preocupándote de la vida de los demás, de sus opiniones y te dejas de lado –. me sacudió ligeramente de los hombros-; piensa por una vez en ti. Si esto puede que te acerque a ese tal Harry, pues no te detengas. Por una vez en la vida, lucha por lo que quieres.

No me había detenido a pensar, que aunque Jesse fuese un bruto de sentimientos, podría llegar a ser también el amo y señor de la razón. Y justo ahora la tenía, no me iba a echar para atrás pensando en la gente a mi alrededor, o la que alguna vez estuvo allí; aun por más ridícula que fuera la idea y burda la esperanza, debía seguir adelante.

-Supongo que tienes razón, Jesse –. le sonreí y él también.

-No supongas, la tengo –. rió y luego me abrazó-. Sé que va a ser la exposición fotográfica más popular en California –. me animó.

-O más allá.