Disculpen la demora en este capítulo, en verdad agradezco los nuevos comentarios pues honestamente no los esperaba. Como he mencionado anteriormente, puede que en algunas ocasiones me tarde en actualizar pero jamás dejaré esta historia sin final. Agradezco de nueva cuenta a Fridda por sus útiles correcciones :)
Capítulo 38
Pasado y futuro
Una bella joven caminaba a paso ligero por los pasillos de un antiguo castillo, regresaba de los muelles al haber terminado de contemplar el azul profundo del lago que rodeaba el lugar. Ese lago le traía encantadores recuerdos de su niñez, si usaba un poco su imaginación le era posible sentir aún la arena que se metía entre sus entonces pequeños dedos regordetes, algunas veces la tomaba entre sus manos para moldearla y hacer una réplica muy sencilla de su propio hogar: el castillo Cousland. Cada vez que los recuerdos afloraban, asomaba su rostro para ver su reflejo en la claridad del agua con la esperanza de encontrarse con algunos rasgos de esa cara infantil, lo que encontró en su lugar fueron los cambios que habían experimentado sus facciones en casi un año.
Su anteriormente pequeña melena alborotada había crecido desde que Duncan la había cortado sorpresivamente, ahora podía peinar su cabello castaño en una trenza diminuta, tal vez dentro de otro año más volvería al largo ideal que había tenido desde que era niña. Extrañaba su cabello largo y ahora más que nunca, pues se dio cuenta que ese rasgo tan femenino que en el pasado la tenía sin cuidado ahora la hubiese hecho sentir más bonita para Alistair. Se ruborizó ante tal imagen que desde su perspectiva le parecía bobo, pues tal pareciera que las típicas ideas que inundaban la mente de cualquier chica joven se habían apoderado de sus pensamientos de forma tardía ya que se suponía que ella era actualmente una mujer en plena madurez, muchas jóvenes de su edad ya debieron haber tenido unos cuantos romances con besos repartidos entre varios pretendientes e inclusive algunas otras debían estar ya casadas con un hijo entre sus brazos, sin embargo ella sólo tenía un único amor a lo largo de su corta vida. Eso no era algo malo después de todo pues se consideraba afortunada de que alguien como Alistair se hubiese fijado en ella, Elissa pensaba que los hombres buscaban en las mujeres un tipo de belleza cautivadora como la que poseía Leliana, o la sensualidad natural que se escondía detrás de la mirada misteriosa de Morrigan. Ella se sentía tan común cuando se miraba en un espejo, tal vez lo único sobresaliente de su rostro eran sus ojos. Prefirió regresar al castillo después de pasar buen rato haciendo gestos con su cara que se reflejaban en el agua, quería sacar su mejor pose o algo por el estilo para después darse cuenta de lo tonta que se veía cuando repentinamente comenzó a sentirse muy sola. Se había acostumbrado tanto a la compañía de otros a lo largo de ese año que ahora salir sin nadie a su lado para dar un paseo ya no le era tan placentero como antes cuando era una dama noble, siempre cargada de deberes y lo único que deseaba hacer era huir de ellos.
Seguía con su lento caminar ya que tenía una especie de temor que la obligaba a ser cuidadosa con el vestido que la arlessa Isolda le había proporcionado. Ella se había negado en un principio pues sentía que ya no pertenecía más a esa vida desde hacía bastante tiempo, pero le insistieron en tomarlo al seguirla considerando como miembro importante de la nobleza fereldana. El repiqueteo de las espadas le llegó a lo lejos, se detuvo por un breve instante y cerró los ojos segura de que nadie la estaba mirando hacer algo tan absurdo, y frente a ella comenzaron a pasar decenas de imágenes de su pasado, todas conformadas de los recuerdos que no deseaba perder. Su madre seguramente la estaba buscando por todo el castillo para imponerle alguna lección de etiqueta o decirle que su amor por las dagas y aventuras no le iba a dar nietos, su padre y Fergus estarían discutiendo asuntos concernientes a las tierras, Oriana y Oren se encontrarían jugando en alguna de las habitaciones y ese repiqueteo que escuchaba era el de Ser Gilmore entrenando con los soldados, seguramente era eso. Sus ojos verdes se abrieron y caminó hasta acercarse a una de las ventanas que daban al patio. Allí abajo sólo estaba entrenando Zevran, eran sus dagas las que hacían ese sonido al chocar con la espada de otro soldado, Leliana entrenaba puntería con algunos arqueros y Oghren lanzaba a otros tantos contra el suelo con su tremenda fuerza bruta. Sten hacía su entrenamiento a solas, contra un muñeco de paja que ya estaba casi destruido por el filo de Asala, la tan buscada espada de Sten. Lo único que tuvieron que hacer para que el qunari la tuviera de vuelta fue pagarle unos cuantos soberanos al enano Dwyn, nada del otro mundo, aunque era por demás evidente que para Sten el tener su espada de vuelta no tenía precio. Inclusive ahora le hablaba con un respeto que jamás imaginó posible, la llamaba Kadan lo cual según entendía significaba un gran honor, ya no era una simple humana ante los ojos de su amigo.
Shale parecía entretenerse con cualquier tipo de ave que encontrara en su camino para aplastarla, eso era por todos sabido, aunque en esta ocasión no las estaba aplastando como de costumbre. Su visita al thaig de Cadash la había impresionado tanto hasta el grado de darle a su actitud un atisbo de melancolía que Elissa percibía perfectamente. La gólem por fin era consciente de su pasado, tal vez no todo enteramente, sin embargo quien alguna vez fue una enana de la casta de Cadash estaba segura que algunas de sus memorias no se habían perdido del todo. En cuanto a Wynne prefería pasar sus días en la biblioteca, es como si extrañara sus antiguas y relajadas lecturas dejadas atrás en el Círculo de Hechiceros o por lo menos daba esa impresión a sus compañeros. Elissa la entendía en gran parte, la joven se daba cuenta que estaban a un paso más de enfrentarse al Archidemonio y si triunfaban todo volvería a ser como antes para la mayoría de la gente, puede que no para ella pero eso prefería ni siquiera pensarlo en ese momento. No sabía lo que sería de ella después de toda la sangre y destrucción que había visto, su único deseo era que todo terminara. Estaba claro que primero debían ir a Denerim a enfrentarse con esos enemigos nobles que tanto daño les había hecho, la guardia estaba insegura sobre a quién deberían temerle más, si a una horda de engendros o a el teyrn Loghain y al arl Rendon Howe. Había perdido la cuenta del número de pesadillas que esos dos hombres le habían causado desde que había iniciado con su viaje para detener la Plaga.
Dio un último vistazo al patio, todos los soldados seguían practicando junto con sus compañeros sin parar. Ellos sabían muy bien que de un momento a otro llegaría el tiempo preciso de partir junto con el arl Eamon rumbo a la capital para convocar la Gran Asamblea que les ayudaría a contar con el apoyo de toda la nobleza fereldana, o al menos eso era lo que esperaban.
Alistair no recordaba la faceta de diplomático insistente que el arl Eamon había mostrado esa tarde con él en su estudio, en verdad que por un ápice lo hubiese sacado de quicio, tal vez se debiese a que por primera vez en la vida del guardia gris dejaba de verlo como un niño y comenzaba a tratarlo como un hombre en el cual el arl podía depositar su entera confianza. O tal vez estaba también el hecho de que Alistair era ahora el único hijo vivo del difunto rey Maric, aquel que tenía el derecho de nacimiento para ascender a un supuesto trono vacío y convertirse en el nuevo soberano que todo el reino esperaba, él ya no era más un estorbo, tampoco una amenaza para Cailan o el secreto a voces que todos debían callar. Con la muerte de su medio-hermano, Alistair dejó de ser una vergüenza para Ferelden. Ante ese pensamiento, lo único que pudo hacer fue reír amargamente.
A pesar de que muchas de las condiciones que Eamon le hizo aceptar para prestarle ayuda a los guardias grises para hacer frente a los engendros, este último prometió cumplirlas de mala gana, como el declararse ante los nobles como candidato al trono, hubo otros que tuvo que rechazarlos tajantemente y uno de ellos era presentar a la misma Elissa como su prometida pues en palabras de Eamon al hacer público un compromiso semejante, haría más fuerte su posición como futuro rey al tener a su lado a una futura reina de la estirpe Cousland, considerando el propio arl que era la última miembro de su familia que continuaba con vida. Alistair se contuvo para contarle sobre Fergus, sentía que el momento aún no era el oportuno. Si Fergus hubiese querido ser visto, él mismo ya hubiera dado la cara frente a los nobles en Denerim, contar que estaba vivo sin medir las palabras sería traicionar la confianza que él le había depositado tanto a Alistair como a sus compañeros.
Tener tantas cosas en qué pensar a la vez hacían que la cabeza de Alistair doliera al grado de querer estallar: archidemonio, trono, Elissa, derramó el mejor vino en la alfombra del arl y temía que se diese cuenta que fue él, nuevamente el Archidemonio y… nuevamente Elissa. Un gemido lo hizo bajar la vista y darse cuenta que para Charlotte no pasaba desapercibida su clara angustia.
- "Guaaauuuu…"- la mabari parecía que se intentaba comunicar con él a través de su única forma de hablar.
- "¿Qué? ¡No, no es eso! ¡Claro que la amo!"- contesto él ligeramente indignado.
Por la mirada que lanzó Charlotte tal pareciera que no lograba comprender muy bien sus palabras.
- "Te lo digo en verdad y es por ello que no deseo que se comprometa conmigo de una forma tan cruel, ella ha pasado por ese tipo de compromiso una vez y lo que menos deseo es que se sienta obligada nuevamente. Si Eli desea casarse conmigo, quiero que acepte casarse no con el futuro rey, sino con Alistair, un simple guardia gris que no tiene gran cosa que ofrecer."
Charlotte por fin ladró y movía la cola de alegría, de lado a lado y sin parar. A veces los humanos resultaban confusos para la pobrecilla. Tuvo que parar por un momento, al notar que Alistair no se encontraba muy feliz.
- "Además… ella y yo jamás podríamos ser reina y rey, eso nos traería muchos problemas a ambos. Un rey necesita un heredero y los guardias grises no podemos… o al menos eso creo… la verdad es que realmente no lo sé."- dio un golpe con su puño en el muro de piedra debido a la frustración, eso le llegó a doler. Alistair tomó el anillo que tan celosamente guardaba, lo apretó en la palma de su mano y volvió a guardarlo rápidamente al escuchar que unos pasos se acercaban.
Charlotte volvió a lanzar su típica mirada de confusión al no comprender lo último dicho por Alistair. En verdad que los humanos eran confusos.
Elissa se encontró por sorpresa en los pasillos con su encantadora mabari y su amado Alistair, él en cuanto la vio comenzó a actuar de manera extraña, parecía que un hilo de sudor recorría su frente y le fue difícil devolverle el saludo que ella le había dado.
- "¿Te encuentras bien?"- dijo ella consternada.
- "¿Quién? ¿yo? ¡Por supuesto! ¡Mejor que nunca!"- Elissa continuaba mirándolo extrañada, ella sabía que no se encontraba bien y creía conocer la respuesta.
- "Supongo que Eamon no te permitió salir de su estudio hasta convencerte sobre la idea del trono ¿o me equivoco?"
- "¿Eamon? ¡Ah claro! ¡Eamon! Sííí, exaacto… tengo ahora tantas cosas en la cabeza, creo que nunca en mi vida nadie había esperado nada de mí y ahora me lanzo a la boca del lobo sin más protección que el ser bastardo de un rey."
- "No digas eso, tú eres Alistair. No hay hombre más noble que tú, más bueno y justo, esas cualidades jamás deben abandonar a un rey. Recuérdalo."- ella acarició suavemente el rostro del guardia para hacerlo sentir seguro con sus palabras.
Elissa tenía que admitir que en esta ocasión estaba de acuerdo con Eamon, si Alistair recibía la preparación adecuada de cualquier noble, podría llegar a ser un gran rey. Elissa sentía que él se relajó por un momento, sus miradas se cruzaron pero Alistair se apartó de repente. Ella podría jurar que había algo más detrás del comportamiento de su amado.
- "Gracias por eso Eli, todo lo que dices es halagador. Pero yo… yo… simplemente no quiero ser rey… eso no es para mí…"
- "Bueno… yo te he dado las razones del porqué creo que serías un buen rey, sin contar el hecho de que tú has visto los problemas de Ferelden con tus mismos ojos, esos problemas Anora los ha pasado por alto Alistair pero tú podrías cambiar todo eso para el bien de los demás y…"
- "Eli por favor, no deseo más discursos sobre lo que debo o no debo hacer. Ser rey es más complejo que eso, tienes en tus manos miles de vidas, decisiones, sacrificios, deberes y… prohibiciones."
- "¿Prohibiciones? ¿De qué hablas? Podrías ser rey ¿qué clase de prohibiciones podría tener un rey?"
Elissa conocía a Alistair, algo lo preocupaba y no tenía que ver con el Archidemonio, era algo concerniente a lo que había hablado con Eamon. Los ojos marrones de él parecían penetrar su alma, como si anhelara estar a su lado más que nunca. Ella dejó de hablar.
- "Perdóname Alistair, no debí presionarte con el tema. Sé lo que se siente al estar cargada de deberes, sin embargo los míos eran nada comparados con los que tú tendrías que afrontar."
Él negó con la cabeza al mismo tiempo que soltaba un suspiro. Charlotte meneaba su cabeza de Alistair a Elissa y de Elissa a Alistair, no perdió de vista ninguna expresión o palabra de ninguno de los dos, sin embargo poco podía hacer la mabari para mediar entre esas pequeñas discusiones.
- "Discúlpame tú a mí Eli, sé que confías en mí para hacer grandes cosas y te creo, sé que puedo hacerlo. Por ello te juro que si llega el momento de que tenga que asumir el trono, lo haré con la responsabilidad de todo lo que conlleva, sé que tú eres consciente de eso."- él puso su mirada en el suelo y la mano en su corazón en señal de promesa.
Elissa veía la escena en silencio, honestamente no tenía nada que agregar. Eso significaba bastante para ella, Alistair más que nunca se miraba como un hombre y ya no como el joven guardia que había conocido en Ostagar.
- "Deseo que me prometas algo tú también Eli."
- "Por supuesto, lo que sea."
- "Si Anora se niega a dimitir, si ella realmente muestra un interés genuino por el bienestar de Ferelden y si no tuvo nada que ver con la traición de Loghain, entonces ella debe ser la reina y nosotros deberemos apoyarla en todo momento. Al ver todo eso en la reina, yo seré quien abdique si es necesario, en caso de que eso ocurra lo que menos deseo es que te sientas decepcionada de mí."
Elissa puso la mano en su corazón, tal como Alistair lo había hecho y juró que respetaría su decisión en caso de que Anora fuese digna del trono.
- "Bien, gracias. Ahora sólo falta llegar a Denerim y comprobarlo ¿no es así? Espero que Loghain tenga listo el té y las galletas para empezar a dialogar."
Ante el comentario, Elissa no pudo evitar soltar una carcajada.
- "Sería encantador que nos recibiera de una forma tan gentil, estoy segura que así será. Supongo que nos iremos pronto hacia nuestra fiesta de té."
- "Eamon tendrá todo listo para mañana temprano, lo más probable es que salgamos al despuntar el alba."
- "Esta noche procuraré tener los más dulces sueños antes de volver a la realidad, supongo."- dijo Elissa con tono triste.
Ella no quería mencionar que en caso de que en esta fiesta de té si hacían un mal papel y no lograban convencer a los nobles invitados, era muy probable que fuesen acusados de traidores e irían directo a la horca. Rogaba con todas sus fuerzas que la reina fuese como Alistair deseaba: justa y preocupada por la devastación que se cernía sobre su reino. Honestamente jamás había cruzado palabra con ella, más que una reverencia cuando se casó con el difunto rey Cailan. Eso era el único recuerdo que tenía.
- "La realidad puede esperar un poco más, te lo aseguro."- dijo Alistair con una sonrisa y rápidamente la tomó de la mano para conducirla por un pasillo.
- "Espera ¿a dónde se supone que vamos? Ya casi va a anochecer."
- "A uno de mis lugares favoritos. No es tan acogedor como este castillo pero te aseguro que te gustará."
Charlotte los seguía a paso veloz, ella también quería conocer ese lugar especial.
Al verla aparecer de repente por los pasillos, Alistair quedó mudo por unos instantes. Por un segundo pensó que tal vez lo había visto esconder el anillo entre sus ropas, aunque al parecer no fue así y él dio un suspiro de alivio. La charla que había sostenido con ella momentos atrás aún resonaba en sus oídos ¿cómo pudo jurar algo así? ¿y si Anora no resultaba tan buena candidata al trono como había creído? Él tendría que cumplir su palabra y eso lo atemorizaba, sin embargo el pavor de convertirse en rey había quedado de lado y la posibilidad de perder a la mujer que amaba se hacía cada más presente. Él no sabía lo que estaba haciendo justo en esos instantes, llevándola de la mano a su antiguo hogar, no al castillo del arl propiamente, sino a su hogar verdadero. Ese de donde nunca era mal visto que estuviera y al cual siempre consideró su auténtico lugar como hijo bastardo: dentro de los establos del arl. Se preguntaba si sus cosas infantiles aún se conservaban en el viejo baúl donde las había dejado, al llegar a las enormes puertas cerradas, empujó levemente una de ellas para poder entrar.
- "¿Es aquí? Está muy obscuro."- comentó Elissa.
- "Permítame un segundo, mi señora."- Alistair pudo encontrar una antorcha que mantenía una luz tenue, con ella pudo encender otras para iluminar el lugar. Al ver a los extraños, algunos mabaris salieron a su encuentro gruñendo.
- "Creo que nos piden que nos vayamos Alistair."
- "¿Qué dices? ¡Claro que no! Solamente nos están dando la bienvenida a su estilo, cuando te dije que fui criado por perros no estaba bromeando."- aunque Alistair tuvo que recordar que probablemente los mabaris que tenía enfrente no eran los mismos que lo habían visto crecer en ese mismo lugar años atrás.
Cuando los mabaris dieron un paso más hacia ellos, Charlotte apareció de entre las penumbras para salvarlos. En cuanto los vio empezó a ladrar, después a gruñir y finalmente terminó olisqueando a sus nuevos amigos y por la alegría de la compañía movía la cola de un lado a otro incesantemente, todos comenzaron a correr y escabullirse entre los montones de paja para perseguirse entre ellos a modo de juego.
Elissa estaba feliz de que su linda Charlotte fuese tan encantadora que nadie podía negarlo, ni siquiera los mismos mabaris. Mientras veía a todos esconderse entre la paja para no ser encontrados, notó que Alistair subía por una escalerilla hasta lograr al altillo de madera. Parecía estar buscando algo.
Elissa decidió seguirlo.
- "Al parecer todo sigue aquí."
- "¿De qué hablas?"
- "Tú sabes, mis juguetes, mis sábanas viejas, algunas pieles gastadas, todo lo que tuve alguna vez en el mundo se conservó en este baúl."- dijo él sacando todo lo que contenía el baúl del cual hablaba.
Fue cuando Elissa se dio cuenta de dónde era realmente el lugar en el que se encontraba.
- "¿Quieres decir que aquí es donde...?
- "Así es, mi señora. Si te soy sincero es la primera vez que traigo una chica a mis reales aposentos."
- "¡Oh!"- su exclamación era más de pena que de sorpresa, en ese lugar lleno de grietas entre la madera un niño pequeño debió pasar mucho frío por las noches, el enorme establo en la oscuridad también debía sentirse solitario y dar miedo a la vez. Sin embargo cuando veía a Alistair le fue imposible ver algún rasgo de dolor en su rostro, él se encontraba feliz de que sus antiguas pertenencias estuviesen justo donde las había dejado años atrás. Elissa comprendía que él deseaba regresar a este lugar antes de partir a Denerim, después de todo aquí creció y era incierta la posibilidad de volver a Risco Rojo, ya sea como rey o como guardia gris. Ella pasaba por alto la tercera posibilidad que era la muerte, no tenía caso amargar el dulce rostro de Alistair en esos instantes pensando en un futuro incierto.
- "Si yo pudiera ir a Pináculo y ver una vez mi habitación antes de partir, lo haría."- dijo ella tomando una de las pieles para cubrir y acomodar en la paja que estaba allí almacenada.
- "Lo sé, si todo sale bien en Denerim, supongo que partiremos posteriormente a la batalla y todavía no conocemos a ciencia cierta dónde se encuentra el Archidemonio siquiera. Nunca se queda quieto."
Elissa escuchaba a Alistair mientras se acurrucaba entre las pieles y la paja.
- "¿Qué se supone que haces?"
- "Estoy cansada. Mañana saldremos temprano y lo mejor será dormir ¿no lo crees?"
- "Eso lo entiendo pero creí que preferirías dormir en la habitaciones del castillo."
- "¿Bromeas? Me has dicho hace sólo unos momentos que soy la primer chica que traes aquí y yo creí que tú y yo podríamos…"- ella le lanzó una mirada para dejar claro a qué se refería. Alistair sonrió ante ese pensamiento, sin embargo su alegre gesto se borró rápidamente y una sombra de preocupación que Elissa conocía muy bien cubrió su rostro.
- "¿Ocurre algo?"- ella preguntó.
- "No… no es nada… es sólo… bueno… este lugar es muy frío para… yo…"
Elissa se levantó y lo condujo al lecho improvisado que había preparado.
- "Sé que debe hacer frío, pero nada que dormir abrazados esta noche no pueda solucionar."
Ella dejó caer el vestido que tanto había cuidado de no dañar y que justo en ese instante le había dejado de importar, la mirada atónita de Alistair era todo lo que necesitaba para saber que había logrado su cometido.
Alistair era un hombre muy débil. Se lo repetía una y otra vez a la hora de hacer el amor. Con Elissa descansando en su pecho, él quería decirle el secreto que había estado guardando desde hacía tanto tiempo.
- "¿Eli? ¿Estás despierta?"
- "Un poco… creo…" dijo ella somnolienta.
- "Tú bueno… tú… ¿qué harás cuando todo esto termine?"- no podía decirle si deseaba tener hijos, eso hubiese sido muy repentino y sospechoso de su parte.
Elissa continuaba descansando tranquilamente.
- "¿Te refieres a nuestro futuro?"- dijo casi susurrando en el pecho desnudo de Alistair.
- "Bueno… yo no quise decirlo así… pero…"
- "Quiero que vivas y seas feliz."
Vivir, sólo eso. Eli ya había considerado la posibilidad de morir y por eso se lo pedía. Alistair no se había puesto a pensar en ello hasta que se le vino a la mente de los propios labios de su Eli. Ella podía morir al final de todo esto, o él podía morir también. Ambos podían compartir ese destino. Repentinamente le dejó de importar más el futuro y notó que su presente nunca pudo haber sido mejor.
- "Quiero que vivas y seas feliz, Eli, por encima de todas las cosas es lo que más deseo."
La abrazó con fuerza sabiendo que ese instante ni los momentos pasados que habían vivido juntos, les podían ser arrebatados.
