Perlas de Dolor.
Albert miró con nerviosismo la habitación donde se suponía que Elisa estaba, la habitación estaba vacía, nadie estaba allí dentro, y alguien la había cerrado por fuera, no podía ser una coincidencia¿dónde estaba Elisa? Los sirvientes miraban a Albert esperando actuar de alguna manera, pero él seguía sin decir algo. La terrible sospecha de Patty podía ser nada más que la verdad, se llevó la mano a la cabeza, apretando las sienes. Estaba teniendo un dolor de cabeza como no lo había sentido en mucho tiempo.
Después de unos segundos, levantó la cabeza y respiró hondo, sabía que Patty lo esperaba en el despacho, no le podía asegurar nada, aunque era casi indudable de que las sospechas de Patty eran ciertas.
Bajó despacio las escaleras y entró al despacho ahora bien iluminado por los rayos solares que se colaban por la ventana que estaba detrás del escritorio. Miró a Patty quien se veía más bien resignada, como si supiera lo que Bryant había hecho.
- Patty – le dijo con voz baja.
- ¡Albert! – dijo dando un respingo - ¿qué ocurre?
- Será mejor que vayas a casa a descansar, no se que pasa ese es el problema, necesito hablar con mis gentes para poder darte una respuesta.
- ¿A casa? – preguntó con voz trémula Patty.
- Si, Patty, se ve que te hace falta descansar, ve a casa, en cuanto sepa algo te lo comunicaré.
Patty miró con recelo a Albert¿acaso el muchacho sabía algo y no se lo quería decir?
- ¿No me ocultarías algo grave verdad?
- No Patty, entiendo como te sientes, pero no podemos hacer acusaciones si no estamos seguros.
Sin que Albert dijera algo más, Patty supo que el joven pensaba que lo que ella más temía, era lo que había ocurrido. Patty no quiso hablar más, tomó su bolso y salió acompañada por Albert, el cochero de los O'Brien esperaban por Patty, por su parte Albert le pidió a Dean que lo llevara a la mansión Brown.
Justo en el momento en que Albert estaba llegando a la mansión de los Brown, vio a Candy que iba de salida seguida por Johana.
- Albert – exclamó Candy con alegría al ver al muchacho acercarse.
- Candy – le saludó al tiempo que se acercaba para darle un fugaz beso.
Candy miró a Albert con extrañeza, se le veía realmente preocupado.
- ¿Qué sucede? – le preguntó Candy.
- Candy, por favor ve a casa de Patty y quédate con ella, yo voy a buscar a George.
- Pero ¿por qué? – inquirió Candy sin entender lo que ocurría.
- Bryant ha desaparecido – dijo Albert apretando la mandíbula.
- ¿Bryant¿cómo? – dijo desconcertada Candy.
- Pero no creo que este solo – agregó Albert – ven sube al auto allí te contaré.
Candy subió al automóvil de los Andley, Dean manejó hasta la casa de Patty, el coche de los O'Brien estaba estacionado frente a la casa, eso quería decir que Patty ya estaba allí. En el corto trayecto Albert le había explicado que sospechaba que Elisa se hubiera fugado con Bryant.
- Candy, trata de que Patty este calmada, yo haré todo lo posible por averiguar donde esta Bryant y… sobre todo Elisa – dijo apesadumbrado.
- Es que no lo puedo creer.
- Elisa estaba siendo presionada por mi hermana, quería que se casará con el señor Dalton, tal vez Elisa no pudo resistir la presión.
- Pero eso no era motivo…
- Preciosa… ella nunca ha actuado de manera lógica – apuntó Albert.
Candy bajó la mirada, no podía creer que Elisa hubiera hecho eso, pero menos que Bryant hubiera dejado plantada a Patty cuando estaban a punto de casarse… ¿cómo era posible que las cosas estuvieran así?
Albert se despidió de Candy, y siguió su camino rumbo a las oficinas para encontrarse con George. Candy por su parte se reunió con su amiga, quien al verla no pudo soportar más y comenzó a llorar. La presencia de Candy le había confirmado lo que había sentido de parte de Albert.
Un poco más del mediodía, el tren llegaba a New York, Elisa del brazo de Bryant había salido de la estación. Cuando habían llegado al hotel donde Bryant tenía la reservación hecha por el Sr. Kaden una docena de mensajes le fueron entregados.
- No podemos quedarnos aquí – susurró Bryant a Elisa.
Elisa había pensado lo mismo, si los encontraban en ese momento los harían regresar a casa y tendría que regresar con Peter, porque conocía a la familia harían hasta lo último para cubrir su huída.
- Tenemos que ir a otro hotel – le sugirió Elisa.
- Elisa, en ningún hotel nos dejarán estar a los dos en la misma habitación – le dijo con preocupación Bryant.
Bryant conocía muy bien como los hoteles de prestigio cuidaban las apariencias, al menos de manera superficial. Elisa nunca había estado en una situación similar, pero también tenía conocimiento de ello. Su mente comenzó a trabajar rápidamente.
- Bryant no tenemos que ir a ninguno de esos hoteles – le dijo aunque la otra opción era algo que ella no soportaba.
- No puedo llevarte a otro tipo de lugar – le dijo Bryant con prudencia – Elisa, sería mejor que habláramos con tu familia.
- No – dijo rotundamente Elisa - ¿sabes lo que harán si me comunico con ellos?
- Elisa, no tengo el dinero suficiente para pagar dos cuartos y llevarte a esos lugares no es una opción.
- Si, si lo es – dijo obstinadamente Elisa.
- Elisa… creo que todo esto es… una mala idea.
Elisa pensaba de la misma manera, pero no iba a dejar que Bryant flaqueara ante la primera dificultad.
- Bryant, a mi no me importa el lugar, con tal de estar donde tú estés. – mencionó con un dejo de zalamería.
- Esta bien Elisa, no digas después que no te lo advertí – dijo Bryant con resignación.
Mientras tanto en Chicago, George se había encargado de investigar a donde había ido Elisa.
- William, me lo han confirmado ya… el día de ayer a las seis de la tarde, se les vio a Bryant y a Elisa abordar el tren hacía New York.
- Muchacha tonta – espetó Albert con desesperación.
- William, por favor conserva la calma, tenemos que ir por ella.
- ¿Y después qué? - dijo con seriedad Albert - ¿Los obligaremos a casarse? No habrá manera de proteger a Elisa, todos aquí sabían que Bryant estaba comprometido con Patricia O'Brien. Al decir que se casan todos sabrán la verdad.
- Lo entiendo – dijo pausadamente George – lo único que podemos hacer es… ir a buscarla, porque no quiero saber que tonterías hará cuando se les acabe el dinero.
- ¿Hablaste al hotel?
- Si – respondió George – Me dijeron que Bryant apareció allí y que le entregaron los mensajes, pero que no se registro allí.
- ¿Pero en qué están pensando?
- William, tenemos que ir a buscarlos, hasta que los encontremos tendremos que preocuparnos por las habladurías.
- ¿Pero que le voy a decir a Patty? – preguntó Albert aunque ya conocía la respuesta.
- La verdad – dijo el impasible George.
Esa tarde, Albert había tenido la penosa tarea de comunicarle tanto a Patty como a su hermana lo que había ocurrido. Patty se había puesto muy mal, pero ya se esperaba la noticia, y había llorado sobre el hombro de Candy. La Sra. Leegan se había puesto histérica y el Sr. Leegan no había podido dar crédito a la estupidez de Elisa. La tía Elroy, también se había enterado del asunto y después de gritar de horror había exclamado.
- Elisa ha deshonrado a la familia – y se había puesto mal, porque la presión se le había subido.
Entre tanto la señora Shaw, parecía complacida, ella siempre había querido emparentar con los Andley, y aunque la chica O'Brien era una linda chica, no se comparaba con el porte y el apellido que Elisa ostentaba.
Candy en medio de todo había sentido pena por Elisa, siempre tan preocupada por las apariencias, y ahora todos hablarían mal de ella, no debía tardar mucho tiempo para que todos en Chicago supieran lo que había hecho. Por otra parte tenía que consolar a Patty quien estaba deshecha. Su boda se había cancelado, y aunque Candy comprendía que era lo mejor, ella no podía decirle lo que pensaba de manera tan cruda a Patty quien en verdad amaba a Bryant y seguía sin creer que le hubiera hecho semejante cosa.
Mientras tanto los días comenzaron a pasar, George se había ido de inmediato a New York donde parecía que ambos muchachos se habían desaparecido sobre la faz de la tierra, nadie sabía donde estaban, Bryant había hecho su presentación en el teatro donde a pesar de su falta de concentración había sido ovacionado, George había llegado al día siguiente, donde no supieron darle razón del muchacho o de Elisa.
En menos de una semana, toda la alta esfera de Chicago se había enterado del suceso. "La fuga de Elisa" como habían comenzado a llamarla, la cual se había convertido en el chisme por excelencia, las muchachas fingían sonrojarse al enterarse por boca de algún joven o de las señoras adultas, aunque entre ellas lo comentaban con lujo de detalles. Wade quien realmente amaba a Elisa no podía creer lo tonta que había sido. Y sintiéndose débil por todo se había ido de viaje de nuevo a instancias de su madre quien lo veía deambulando todo el tiempo por allí.
Los días siguieron transcurriendo, y en la familia Andley que además de tener que soportar las habladurías de la gente seguía con la zozobra sobre el paradero de Elisa principalmente. Pronto Albert cumplió los 27 años, los festejos se limitaron a un pequeño brindis en el comedor de la mansión Andley y algunos regalos que le habían hecho. Sin embargo el muchacho estaba lejos de sentir alegría, en esos días se le veía apagado y con el semblante triste, había llegado a apreciar mucho a Elisa y ahora tendría que hacerle frente a todo lo que había provocado por su falta de conciencia e inmadurez.
Los muchachos llegaron de Yale, unos días después del cumpleaños de Albert, y aunque todos sabían ya la nefasta noticia se habían sorprendido de todo el revuelo que había causado la noticia en Chicago.
- Aún sigo sin creerlo – decía Logan – Elisa no parecía de ese tipo de mujeres.
- Bryant debió ser más respetuoso con ella – dijo Allen con el semblante pálido.
- Elisa siempre ha hecho lo que ha querido – apuntó Archie – creo que esto es resultado de eso.
- ¿Crees realmente que nunca los encuentren? – preguntó Logan.
- Yo creo que aunque los encuentren no volverán a Chicago – dijo sabiamente Archie.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Allen.
- La tía Abuela no va a dejar que esto arruine la reputación de los Andley, preferirá primero desheredar a Elisa y hacerla ver como lo peor de la familia, le va a prohibir que regrese aquí.
- ¿Pero como puedes decir eso? – inquirió Logan.
- Porque eso han hecho otras familias… repudian a la oveja negra, cortan lazos y después todo continua como si nada hubiera pasado. No ven que eso fue lo que hicieron con Sabrina.
- Pero el tío William no lo permitirá – mencionó Allen sonrojándose al oír el nombre de su querida Sabrina.
- El tío William, tendrá que hacerlo, porque de otra manera el prestigio y el buen nombre de la familia quedará por los suelos. No lo culparía si apoyara a la tía Elroy.
- Odio ser rico – dijo Allen recostándose en la cama de la habitación donde hablaban.
- Por cierto ¿pudiste comprobar lo que te dijo Joseph? – preguntó Logan.
- Si – respondió Archie – ella esta aquí en Chicago.
- Entonces no estaba mintiendo… ¡Qué bien! – exclamó Logan.
- No, me había dicho la verdad – dijo alegre Archie.
- ¿Cuándo irás a verla? – quiso saber Allen incorporándose.
- No lo se, creo que primero tengo que ir a ver a Patty.
- Yo te acompaño – dijo Logan
- Bien iré esta tarde – dijo Archie.
Mientras tanto en la Mansión Leegan solo los sollozos de la Sra. Leegan se dejaban escuchar, se sentía culpable de todo lo que había pasado. El Sr. Leegan se había puesto muy enfermo, se le veía decaído y triste, Albert había hablado con él sobre Neal también, y tanto la noticia de Neal como la de Elisa parecían calar profundamente en su ya menguada salud. Desde que habían perdido todos sus bienes su salud no había sido del todo buena, pero en ese momento todos los crudos momentos pasados se estaban haciendo presentes. La tía Elroy en cierta manera culpaba a su sobrina por las acciones de Elisa, así que también dentro de la familia habían caído en desgracia.
Sin embargo en la ciudad de New York en uno de los barrios más pobres en uno de los edificios de apartamentos que había allí, Elisa y Bryant se habían instalado, tenían ya cerca de un mes viviendo como pareja casada, Bryant le había dado a Elisa el anillo que había sido de su abuela y habían engañado a todos diciendo que eran casados. Pero a pesar de eso, la gente los veía con desconfianza, los dos se veían demasiado elegantes, algo no concordaba entre el resto de las personas que habitaban el resto del edificio y ellos. Bryant había conseguido trabajo en un bar de mala nota, tocando la pianola, le pagaban poco, pero lo suficiente para poder seguir viviendo en ese lugar. Por su parte Elisa había empezado a ver que la realidad estaba lejos de ser con el bello cuento de hadas que ella había imaginado, todo el tiempo tenía que estar lidiando con los bichos que había en el pequeño apartamento que consistía en dos cuartos, uno para ellos y el otro donde una cocineta donde con mucha regularidad Elisa quemaba los alimentos, y una pequeña sala comedor donde los escasos y viejos muebles se amontonaban.
En efecto los dos habían disfrutado de los primeros días, todo había parecido una buena jugarreta, y Elisa sin pensarlo mucho se había entregado a Bryant, y él había sido de ella. Los dos parecían una típica pareja de recién casados, no obstante que no lo estaban y que al paso de los días esa felicidad ficticia había dado paso a la cruel realidad; ahora Elisa sabía que el momento de regresar a su casa había pasado hacía mucho tiempo, y ahora lamentaba el haber tomado una decisión de forma tan precipitada. En sus adentros pensaba que su familia la estaría buscando, pero conforme pasaba el tiempo esa idea se había ido borrando; de hecho ahora temía el momento en que los encontraran. Eso aunado a que ella tenía que fungir como ama de casa, labor que nunca había aprendido, no sabía cocinar o limpiar, mucho menos lavar o planchar ropa, pero Bryant tenía que ir bien vestido a su trabajo a pesar de que era un bar de baja categoría, y Elisa había tenido que recurrir a sus vecinas quienes se habían burlado de ella por no saber hacer nada. Elisa había quemado ya varias camisas de Bryant, y había arruinado uno de sus trajes finos. Sus vestidos los había guardado y solo utilizaba dos, que ya había quemado y llenado de vino y salsas de las cuales no había podido sacar las manchas.
Bryant en ese tiempo también había sufrido mucho, su habilidad como concertista no era bien valorado en ese bar, y sabía que había arruinado la oportunidad que había tenido para triunfar y de ser famoso. Elisa seguía siendo la guapa mujer que había sido, pero empezaba a pensar que no valía la pena, y lloraba amargamente el hecho de haber abandonado a Patty. Patty seguía en sus sueños, recordaba su imagen y se sentía apesadumbrado, todo el tiempo se preguntaba que estaría haciendo su adorada Patty, pero en cada ocasión el sentido de la realidad le hacía volver en si con más dolor a medida que el tiempo transcurría.
Esa tarde en Chicago, Archie había ido a visitar a Patty quien seguía desconsolada, sus padres estaban muy preocupados por ella, pero ni su abuela ni Candy habían dejado que ella se deprimiera de la manera en como lo había hecho con la muerte de Stear.
- ¡No quiero ver a nadie! – le espetaba a la doncella que había hecho pasar a Archie.
- Patty – dijo él con voz dulce – espero que no le digas eso a tu hermano.
- ¡Archie! – Exclamó Patty – Vete, no me siento bien.
- No, no creas que te voy a dejar – dijo entrando a la salita donde se refugiaba Patty, Logan se había quedado bajo el quicio de la puerta.
- ¡Oh Archie! – lloró Patty cuando él muchacho estuvo lo suficientemente cerca para abrazarlo.
- Patty, tienes que ser fuerte… - le dijo Archie quien sentía hasta lo más profundo ver en esas condiciones a la chica que había sido novia de su hermano.
- Yo confié en él, y ahora circulan tantos rumores de él… quizá todos son ciertos – dijo sollozando.
- No deberías dejarte guiar por lo que la gente comenta – dijo Logan atreviéndose a entrar – Bryant podía ser muchas cosas, pero estoy seguro de que te amaba.
- No, no es cierto… - alegó Patty – si realmente me hubiera amado no se habría ido con Elisa.
- Nadie dijo que su forma de amar fuera la mejor – le contestó con seriedad Logan.
- Patty, no puedes pasarte llorando todo el tiempo por un muchacho que no valía la pena – le dijo Archie.
- Iba a ser mi esposo… y luego… debo de tener una maldición sobre mí.
- No digas tonterías - dijo Candy quien acababa de entrar a la salita.
- Candy – exclamó Archie, no la había visto desde hacía mucho tiempo, y allí estaba ella con su vestido sencillo pero elegante.
- Archie, supe que habían regresado – dijo Ella mientras se acercaba a Patty.
Archie quiso decirle muchas cosas a Candy, habían pasado tantas cosas, pero le pareció imprudente hacerlo enfrente de Patty quien no había dejado de llorar, "ya habrá ocasión de ponerse al tanto" pensó Archie volviendo a poner sus manos sobre los delicados hombros de Patty. La tarde pasó rápida, y a pesar de haber estado con ella todo ese tiempo, Archie pensó que Patty no se veía más animada, y eso le preocupó, pensaba en que tal vez las acciones de Bryant habían abierto una herida que recién se había cicatrizado.
Esa noche en su cuarto Archie tomó en sus manos un pequeño baúl de madera labrada, hacía mucho tiempo que no lo había abierto. Pero en ese momento tuvo una necesidad imperiosa de hacerlo.
Dentro del baúl había muchas fotos y una medalla, todo eso había pertenecido a Stear, era la primera vez que veía todos esos recuerdos sin sentir esa amargura que siempre lo había acompañado. Las fotos de Stear y de Anthony, de los tres juntos… de esos tiempos que no volverían nunca, eso ya lo tenía presente, no obstante ya no le pesaba tanto el estar consciente de esa nueva realidad. Con una sonrisa melancólica guardó todo de nuevo en el cofrecito y lo cerró.
Una semana después, a George le llegó información sobre el paradero de Bryant.
- Me han dicho que lo han visto en un bar tocando la pianola.
- ¿Qué tan confiable es la información?
- No mucha realmente, pero es la primera información que no parece mentira.
- ¿Crees que deberíamos ir a ver? – preguntó Albert.
- No se si debas ir, en este momento te necesitan aquí.
- Allan me ha dicho que él quiere hablar con Bryant.
- ¿El Conde? – inquirió George con extrañeza
- Si, dice que siente responsable por el muchacho.
- Entonces supongo que tendremos que salir para New York hoy mismo.
Esa tarde, el padre de Allen, Albert, la señora Shaw, y George salieron rumbo a New York, había pasado un poco más de un mes desde que Elisa y Bryant habían desaparecido, Albert estaba angustiado, no sabía que encontrarían al llegar al lugar donde trabajaba Bryant y esa idea no le dejaba de gustar.
Mientras tanto el estado de animo de Patty seguía decaído, no había nada que la confortara, los intentos de Candy habían sido en vano, al igual que los de Archie quien había ido casi todos los día, la Abuela de la chica estaba muy preocupada por ella, la veía muy mal.
- Candy, desde la muerte de Stear que no la veía tan desanimada – comentaba la abuela de Patty.
- Abuela Martha, yo también estoy preocupada, ella no quiere salir de aquí.
- El día de ayer la encontré en su cuarto contemplando el vestido de novia.
- Hay que sacar ese vestido de aquí – dijo decididamente Candy.
- Me parece una buena idea, yo por mi parte compre entradas para el teatro, quiero sacarla de la casa, así sea a la fuerza. – dijo con energía la anciana.
- Dudo mucho que acepte – comentó Candy dando un largo suspiro.
- Tenemos que intentarlo… ahora espera… voy por el vestido. – La anciana salió de la habitación y Candy se quedó contemplando el jardín donde estaba Patty, se le veía sumamente triste, y lo que Candy consideraba peor era que ya no lloraba, solo se quedaba mirando horas y horas el jardín, su cara no variaba, la tristeza se reflejaba en su rostro pero no quería hablar con nadie sobre lo que pasaba por su cabeza.
La abuela Martha salió unos minutos después con una caja grande en sus brazos.
- ¿Sería mucho pedirte que lo lleves de regreso con… Madame Mouchoir?
- No esta bien, yo lo llevo – contestó Candy – Pero ¿y Patty?
- Esta noche nos vemos para el teatro, ya veré yo como sacó a mi nieta de esta casa.
- ¿Esta segura? – preguntó Candy con escepticismo.
- Claro que sí – respondió la anciana con vehemencia.
- Entonces nos vemos más tarde…
- Yo te buscó en una hora aproximadamente, en el restaurante que queda cerca de la Boutique.
- Está bien – apuntó Candy asintiendo con la cabeza.
Mientras Candy caminaba rumbo al centro de la ciudad seguida por Johana, no podía dejar de pensar en lo mucho que la abuela Martha quería a Patty, después de una caminata de veinte minutos llegaron a la Boutique de Madame Mouchoir. Candy entró seguida por Johana.
- Buenas tardes Señorita Andley – le saludó la mujer aunque ya estaba enterada de que era hija de Charlene
- Buenas tardes – regresó el saludo Candy – Se le ve estupenda el día de hoy Madame.
- Si, los achaques van y vienen… - le contestó sonriendo – pero que veo… ¿algún vestido necesita arreglo?
- No realmente – dijo Candy al tiempo que dejaba escapar un suspiro.
- ¿Entonces?
- Bueno, es una devolución, aunque no exactamente, le traigo el vestido de novia de la Srita. O'Brien.
- ¡Ahh! – exclamó la mujer – triste historia la de esa chica, mira que su prometido irse a fugar con la hija de la Sra. Leegan.
- Si – dijo Candy un poco sonrojada.
- ¡Oh perdón por mi indiscreción! – mencionó Madame Violet – olvidé que la chica es su prima…
- Bueno, realmente lo único que quieren los O'Brien es deshacerse del vestido. Supongo que ustedes lo podrán modificar o desbaratar…
- ¡Desbaratar! – exclamó Madame Mouchoir – No, no, no, no, este vestido no se puede desbaratar… pero aquí no podremos dejarlo, la gente pensará que da mala suerte.
Candy sonrió por amabilidad, aunque pensaba que estaba siendo muy cruel, por lo mismo consideró que era mejor que ella recibiera esos comentarios en vez de alguien de la familia de Patty porque sería peor para ellos, ya que todos estaban sumamente afectados con todo lo que había ocurrido.
- Pero déjalo aquí linda, ya veremos que se puede hacer – dijo finalmente Madame Mouchoir.
- Pues si, aquí tiene – dijo Candy poniendo la caja sobre el mostrador.
- Lulú, por favor llévate esto al taller – le ordenó Madame Mouchoir a una de las empleadas de la Boutique.
- La muchacha en seguida se llevó la caja.
- Y linda ¿para cuando te nos casas¿no irás a mandar a hacer tu vestido en otro lugar?
- No hemos puesto una fecha, han sucedido muchas cosas en estos momentos, como para pensar en una boda – respondió Candy.
- Bueno, así sucede a veces, como quiera que sea, toma – le dijo al tiempo que le daba un libro de figurines de vestidos de boda.
- Gracias – dijo Candy un poco azorada al tiempo que guardaba el libro en su bolsa.
- Linda, me saludas a la Sra. Elroy.
Y diciendo esto, Madame Mouchoir entró a la habitación que estaba detrás del mostrador. Candy sonrió levemente y salió de la Boutique tan rápido que no se fijo y en consecuencia tropezó con un joven que caminaba por la acera provocando que su bolso y su sombrero fueran a dar contra el suelo. Johana se apresuró a tomar el sombrero mientas que el joven recogía la bolsa del suelo.
Candy levantó la cabeza y miró al acompañante que iba con el joven que estaba recogiendo la bolsa.
- ¡Candy! – musitó de manera casi imperceptible el muchacho.
Terry estaba frente a ella, el otro joven le dio la bolsa, Candy susurró un "gracias" sin dejar de mirar a Terry, un joven rubio que acompañaba al actor pasó su mirada de Candy a Terry mientas que Johana por fin había regresado con el sombrero en la mano el cual le había dado dificultad tomar porque el viento lo había arrastrado. Terry no se movía sólo miraba a Candy mientras sus ojos brillaban. Candy se había quedado también sin habla, sólo observaba a Terry.
- Candy – gritó una anciana detrás de Johana.
Candy instintivamente volteó su cara, la abuela Martha se acercaba a la chica.
- Anda rápido al restaurante, que ya logré que Patty saliera de la casa – dijo con alegría la mujer sin mirar a los dos muchachos que estaban frente a Candy.
- ¡Oh si! – exclamó Candy, dando la media vuelta y caminando aprisa detrás de la anciana que había vuelto a presionar el paso.
Candy ni siquiera había girado la cara para ver a Terry pero sentía la mirada en su nuca, su corazón latía rápido y se sentía nerviosa, pero no podía pensar en él, no en ese momento en que Patty la necesitaba tanto.
El muchacho rubio se quedo mirando a Candy igual que Terry y luego miró a joven.
- ¿La conoces? – preguntó
- ¿Qué? – dijo Terry dando un respingo.
- ¿Qué si conoces a la chica? – volvió a hacer la pregunta.
- Nos hemos visto antes – respondió como siempre hermético en sus respuestas.
- Ohh – dijo el muchacho mirando inquisitivamente a Terry, aunque ya sabía que no podría descifrar lo que ocultaba el chico de ojos azules.
"No he dejado de amarla, se ve tan hermosa" pensó Terry mientras continuaba su camino, y su corazón latía con rapidez, "Harold nunca la había visto, por eso no sabe quien es… si, es mejor así, ella por su camino y yo por el mío, eso es en lo que habíamos quedado"
- Entonces ¿qué era lo que me decías de Susana? – inquirió Harold haciendo que Terry volviera a la realidad.
- Que se encuentra delicada de salud – dijo Terry – hemos tenido que contratar a una niñera para que cuide de Natalie.
- ¿Qué es lo que le ocurre?
- No lo se, pero siempre se le ve débil. – mencionó con un dejo de preocupación Terry.
- Pero la pequeña esta bien.
- Si, esta mejor que nunca – dijo con una amplia sonrisa en la boca Terry – parece que quiere empezar a hablar… es la niña más hermosa del mundo.
- Si, Terry – dijo sonriendo Harold – me lo has dicho muchísimas veces.
- Yo solo digo la verdad – dijo Terry con suficiencia, mientras daba la vuelta en la esquina y se alejaban de la calle donde el restaurante al que había entrado Candy y la abuela Martha.
El restaurante era grande y espacioso, Patty estaba sentada en una de las mesas del fondo, la abuela Martha y Candy ya se habían reunido con ella, Patty por la cara que traía, no aparentaba tener muchas ganas de estar allí, pero su abuela había insistido mucho y por eso había accedido y ahora estaba allí.
- Abuela¿cuál es la obra que iremos a ver? – preguntó Candy.
- Aquí esta el programa – le dijo la abuela mientras le pasaba el papel donde estaba la imagen de Terry y su nombre en primer lugar.
Candy al verlo supo porque Terry estaba en Chicago.
- ¿No era ese chico tu novio? – le preguntó la abuela Martha señalando la imagen del programa
- Si, pero ya no lo somos - se apresuró a decir Candy.
- Pero me han comentando que es un excelente actor – agregó la abuela Martha.
- Si así es – dijo Candy sintiendo una punzada de amargura en su alma.
- Bueno, pensé que sería una buena idea.
- ¿Es una obra donde actúa Terry? – habló Patty por primera vez desde que habían dejado la casa.
- Si – señaló Candy mostrándole el programa.
- No creo que sea una buena idea ir – mencionó la chica de pelo castaño.
- Patty, es una tontería, él es un excelente actor – dijo la abuela – además a Candy no le importa ¿verdad?
- No, claro que no – respondió Candy aunque seguía sintiendo ese ligero destello de tristeza.
- ¿Ves? Vamos ordenando la comida, porque de otra manera no llegaremos a tiempo a la obra – puntualizó la anciana.
- Si – dijo Candy un poco pensativa.
Mientras tanto en una de las casas vecinas de la Mansión Andley, Archie tocaba a la puerta. Antes de atreverse a tocar, había dado varias vueltas a la calle en su automóvil, después de mucho rehusarse había adquirido un automóvil para él. En parte no lo había querido hacer porque le recordaba mucho a Stear, pero ahora ya no sentía tan pesada la carga de la memoria de su hermano y había comprado un automóvil convertible, el cual estaba ahora estacionado frente a la mansión.
- Buenas tardes ¿en que puedo servirle? – preguntó el mayordomo, con mucha seriedad.
- ¿Se encuentra Joseph? – inquirió Archie.
- Si, en un momento lo anuncio, pase por favor.
Archie entró al amplio recibidor, donde espero con impaciencia, mientras observaba las pinturas de un pintor famoso que decoraban el cuarto. Unos minutos más tarde Joseph entró al vestíbulo.
- Archie, ya me preguntaba cuando te vería – le dijo el muchacho rubio de ojos castaños que vestía un traje muy elegante.
- Si, bueno hemos tenido algunos problemas.
- Ni lo menciones… el asunto de tu prima… todos hablan de ello – dijo el muchacho moviendo la cabeza con desaprobación.
- Si, así es – dijo Archie.
- Es una lástima. Mira que Elisa es guapa. Todos se preguntaban que hacía con ese Dalton.
- Si, bueno… así es Elisa – observó Archie quien no quería decir algo malo de su prima.
- Bueno, ya se porque estas aquí – le dijo con una mirada llena de suspicacia.
- Si – dijo Archie sonrojándose.
- Ahora entiendo porque la buscabas… es un primor de chica – dijo Joseph – mis hermanos están encantados con ella.
- Diles que no se encariñen mucho – dijo Archie torciendo un poco la boca.
- Le vas a pedir… no… vamos si apenas somos unos niños – le dijo Joseph con aire divertido.
- No estaría aquí si no fuera por otra razón. ¿no le has dicho nada verdad?
- No, te di mi palabra… ella no sabe nada, acompáñame te llevaré a donde esta en este momento.
Archie siguió a Joseph por el salón, subieron unas pequeñas escaleras y luego atravesaron la terraza, hasta llegar al jardín. Desde lejos se alcanzaba a ver a Sherly que leía un libro con la última luz del sol veraniego que ya amenazaba con extinguirse.
El corazón de Archie pareció detenerse por un momento, también había contenido la respiración. Bajo esa brillante luz que suele haber antes de que el sol se oculte por completo, la imagen de Sherly la hacía ver como un ser místico y encantador. Sintió como la sangre corría con fuerza y el corazón había empezado a bombear pero con tanta fuerza que sus mejillas se incendiaron. Joseph se había dado cuenta de inmediato del cambio en su amigo.
Lo miró con mordacidad y detuvo su paso.
- Creo que es mejor que los deje solos – dijo con una sonrisa en el rostro.
Y diciendo esto, el muchacho comenzó a caminar despreocupadamente de regreso a la mansión. Sherly seguía embebida en la lectura y no había notado la presencia de Archie, pero él si la veía perfectamente, y sintió un vuelco en el corazón cuando se percató que en la mano con la que daba vuelta a las páginas del libro sostenía el pañuelo rojo que le había dado ese día en que había salido huyendo de la Mansión Lakewood.
"Esta vez no podrás correr" pensó Archie y sonrió débilmente y decidió no marcar sus pasos, así que se retiro del camino empedrado y comenzó a caminar sobre el bien cuidado césped, caminó dando un pequeño rodeo, pronto llegó a donde estaba Sherly, sin hacer ruido se acercó a ella y le arrebató el pañuelo rojo.
- Pero que… - exclamó Sherly hasta que se detuvo cuando vio la sonriente cara de Archie - ¡Archie!
- Te dije que volvería por este pañuelo – le dijo risueño.
- ¿Qué haces aquí?
- No importa donde te escondas, para el amor no hay escondite… Y así estuvieras al fin del mundo yo te encontraría.
- Archie no me gustan los juegos… - dijo muy seria Sherly.
- ¿Y quien dijo que estoy jugando? – le preguntó mirándola intensamente a los ojos.
- Archie, los señores de la casa te van a ver… y yo – dijo nerviosa Sherly.
- ¿Quieres decir los padres de Joseph mi compañero de escuela?
- ¿Conoces a los Berkeley? – preguntó asombrada.
- Sherly… todas las familias que tienden a contratar institutrices en Chicago son conocidos de los Andley. Si pensabas que aquí no te iba a encontrar estabas muy equivocada.
- Yo no me escondía – dijo Sherly.
- A mí si se me figuró – contestó Archie.
- Archie, por favor… yo no… ¿para que me buscaste?
- ¿No tienes idea? – le preguntó Archie.
- No puede ser, es una locura, todo el mundo se interpondrá…
- Sherly… - dijo Archie tomando su mano e hincándose en el césped para estar a su altura. – La locura sería dejarte ir, yo te amo, no puedo dejar de hacerlo por lo que los demás digan.
- Archie…
- Eres la única mujer que ha conseguido que superara el dolor que había en mi alma… yo ya no podía sentir, mi corazón se había hecho trizas hacía tanto tiempo que ni cuenta me había dado – puso la mano de Sherly sobre su pecho - ¿sientes eso? Esta latiendo de nuevo…mi corazón… tú lo has traído a la vida nuevamente¿crees que te dejaría ir?
- Yo…
- No, tú no lo harías… tu no abandonarías a alguien que te ha devuelto la esperanza, a alguien a quien le debas algo… nunca lo harías… yo lo se.
- Pero…
- No Sherly, yo se que no te soy indiferente, este pañuelo es la prueba… lo que sea, lo que venga, todo lo podemos superar, por favor Sherly ¿quieres emprender este camino conmigo?
Sherly fijó sus ojos oscuros en la cara sonrojada de Archie, que resplandecía. Su corazón había sido de él desde el primer momento en que le había saludado con tanta naturalidad hacía un año. Se había resistido a tener esos sentimientos, era algo con lo que solo había podido soñar. Y ahora arrodillado a su lado estaba el hombre a quien tanto amaba pidiéndole ser su esposa. Archie mirándola expectante, parecía suplicar con sus ojos.
- ¿Cómo podría decirte que no? – le dijo finalmente Sherly.
Archie se acercó a ella y la besó profundamente, desde adentro de la mansión, unos chiquillos y Joseph observaban toda la escena entre gritos de emoción.
