EPILOGO

-19 años después -

-Me da tanta pena que ya se hayan ido – dijo una castaña mientras apoyaba la cabeza sobre el hombro de su marido, que la recibía gustoso.

-Sólo son unos meses, allí disfrutaran de Hogwarts, lo mismo que hicimos tú y yo – dijo Draco intentando tranquilizar a su esposa. A él también le había afectado separarse de sus dos pequeños, pero sabía que era lo mejor y que deberían de acostumbrarse. Su hijo mayor tenía doce años, Ronald. Sí, por raro que pareciera fue el mismo Draco Malfoy quien escogió el nombre al enterarse de que el recién nacido era un niño. Más tarde le reconoció a Hermione que lo tenía pensado desde que supo la feliz noticia de que iban a ser padres. La castaña en esos momentos no pudo hacer otra cosa más que sentirse afortunada por el magnífico hombre que tenía a su lado.

Ronald Malfoy, había adquirido los ojos de su padre y su madre ya le había avisado, que volvería locas a muchas alumnas de Hogwarts. Tenía el pelo liso y castaño, como signo de la parte materna. Era muy inteligente y bastante ingenioso con varias materias del colegio. Estaba en segundo curso, y había ido a parar a la casa de los leones.

Para Draco no fue ninguna desilusión, al contrario, se lo imaginaba teniendo en cuenta que era hijo de una leona – y menuda leona – y portaba el nombre de uno de los integrantes más emblemáticos de la casa Gryffindor.

Solía jugar con él y Albus Severus, el hijo de la misma edad de los Potter, a Quidditch junto a Harry Potter. Mantenían una buena relación con aquella familia y cada vez hacían más planes en común, junto a sus hijos. Si bien la relación entre Hermione y Harry era inseparable, Ginny y Draco se habían hecho un hueco respetable en aquél clan dorado.

La pequeña de los Malfoy tenía el nombre de una diosa griega, Helena, por un viaje que hizo el matrimonio y en donde la concibieron. Tenía el pelo rubio platino como su padre y tirabuzones de la marca de la casa Granger, acompañados de unos grandes ojos avellana que le hacían derretir a sus progenitores, en especial a su padre; quien la consideraba su ojito derecho.

A pesar del paso de los años la pasión no había cesado en el interior de Draco y Hermione. Deseaban amarse sin fin, sin límites.

El amor que sentían no se había apagado ni un ápice desde que se habían conocido. Es más, había situaciones que iba en aumento pero debían controlarse por sus hijos u otros inoportunos.

Ambos mimaban su relación como si se tratara de su bien más preciado. Se daban regalos, pequeños detalles demostrando su amor, y dedicaban tiempo a cuidar su amor, evitando hasta la fecha caer en lo la gente a su alrededor llamaba rutina.

No todo era de color de rosa, discutían, claro. Bastante además.

Eran una leona junto a una serpiente, era inevitable. Discutían sobre temas banales, y eran capaz de estar horas sin hablarse por pura cabezonería; hasta que uno de ellos hacía entrar en razón al otro, y callaban sintiéndose estúpidos.

-Además – dijo Draco – así tenemos más tiempo para ti y para mí – ronroneó acercándose a ella peligrosamente. Hermione le miró sonrojándose por lo que acababa de decir, mientras se acercaba a él y lo besaba candente. Las manos de él se acercaron al cuerpo que tenía delante, acariciándolo. Todavía se derretía ante las curvas de ella, que no habían perdido esplendor, al menos para él.

-Te amo Draco – le susurró mientras su lengua saboreada el sabor de su fino cuello con la pasión que los envolvía, deslizándose hacía su pecho, igual de fornido.

-Yo más, Granger – dijo sujetando su rostro con delicadeza, mientras se besaban hasta la eternidad, de la mano de su amor.

- FIN -

Bueno, hasta aquí ha llegado esta historia. Quiero decir varias cosas, y quizá soy pesada para muchos lectores, pero creo que me lo merezco xD.

Lo primero, explicar que yo empecé a publicar en esta web, tras haberlo hecho en una web donde la histria fue muy muy bien recibida, y quizá por ello, siempre le he dedicado menos tiempo que a la otra página. Aun así, poco a poco, capitulo a capitulo, he ido cogiendo muchisimo cariño a toda la gente que me lo ha brindado. Aqui es donde he publicado la historia tal y como va a quedar, entera, completa y renovada, sin fallos de ortografia, aunque seguro que alguno queda jaja

Me habeis hecho sentir absolutamente querida, y que os ha gustado la historia, que es todavia mas importante para mi. He recibido muchas alertas, favoritos, y reviews que no pensaba recibir. Al fin, he terminado esta historia que empecé hace cuatro años por una perdida, y el hecho de escrbirla me hizo reconfortarme.

Aun así, se que la historia ha ido cambiando con el paso de los capitulos, pero me alegra saber que es el resultado que yo pense desde el primer momento, que he sido fiel a mi historia desde su nacimiento.

Deciros que si veis esta historia en otra web que no sea esta o la Web de Harry, avisadme porque no estará siendo publicada con consentimiento.

Quizá muchos os habreis pregntado el porque de este titulo, la verdad es que muchas veces me he planteado cambiarlo, pero como os decía, quería ser fiel al momento que pense en él, y era por una cancion de Nena Daconte, que se llama igual: En Qué Estrella Estará. La letra os recordará bastante a mi adorado Draquito.

Me encantaría nombraros uno a uno, haceros ver todo lo que me han animado vuestras palabras, pero no tengo suficiente tiempo. Pero de verdad, creedme, que cada muestra de que estabais pendiente de esta historia me hacia sonrieir sin lugar a dudas. Os quiero muchisimo, aunque probablemente no os vaya a conocer, de verdad, no miento.

Espero que os haya gustado esta historia, y nos veremos en otras muchas ya que me he metido en un mundo del que no quiero salir!

Por hacer publicidad, sabed que tengo una nueva historia, "Deliciosa Venganza", más madura que esta en la que hay Dramione por todos lados, pero sin tener los chichés tipicos que tiene esta pareja a su alrededor. Espero que os guste.

Una vez más, gracias a todos y cada uno que les ha gustado esta historia, me habéis hecho muy feliz, y para terminar; sed felices.

Donna.