Capítulo 38:

Hermione abandonó la biblioteca con una horrenda sensación en la boca del estómago. Se sentía dolida, intranquila, al borde de las lágrimas. Estaba verdaderamente destruida por lo que acababa de ocurrir.

Lo amaba. Estaba completamente segura de ese hecho. Lo amaba como nunca había amado nada, como si su vida pudiera terminar en sus brazos. Lo quería hasta el punto de perdonarlo y empezar de nuevo. Pero no podía. Él no estaba preparado para eso.

Ella no había notado lo que sus manos sostenían hasta que comenzaron a sangrar. En algún momento de su encuentro con Draco, él había deslizado una pequeña joya en sus manos: era un cristal negro como la noche, con destellos azules y forma de corazón. El collar desprendía un calor inusitado y estaba manchado con su sangre. Hermione soltó otro sollozo contenido.

Él no lograba perdonarse a sí mismo y si no lo hacía, toda su relación estaría basada en una falsa sensación de lástima. No podía hacerle eso, hacerlo sentir inferior y lastimoso. Él debía poder perdonarse.

Quería llorar. Quería llorar hasta que su pecho explotara, pero se contuvo. No solo para dejarlo, sino para seguir. Si no lo hacía, no había forma de que pudiera seguir adelante.

Se alejó con decisión de la biblioteca, con la frente en alto y se encontró de lleno con una cara familiar que de hecho no esperaba encontrar. Ron corría hacía ella, como si la hubiera estado buscando.

Hermione- dijo con alivio cuando la alcanzó, tratando de recuperar el resuello.- aquí estas.-

Sí. yo…- quería llorar, quería que su amigo la abrazara y la consolara como había hecho tantas veces antes, pero no podía. Algo en la expresión seria de Ron la hizo dudar.

Encontré la carta de Malfoy y vine a detenerte- explicó con urgencia

Ya es tarde. Lo vi.- se le hizo un nudo en la garganta cuando habló de él, pero se contuvo con gran esfuerzo pues los ojos de Ron habían cambiado y su expresión se había vuelto fiera, casi amenazadora.

Entonces ¿lo perdonaste?- preguntó inseguro el colorado.

Sí. Pero no se lo dije. Él debe perdonarse primero.- explicó Hermione aun intentando descifrar que era lo que le ocurría a su amigo.

¿estas segura de lo que haces? Él es malo, te ha hecho sufrir.-

No, no estoy segura. – respondió encogiéndose de hombros

Genial- respondió con una sonrisa un tanto salvaje y Hermione frunció el ceño. No entendía por qué Ron hablaba así aunque iba a entenderlo cinco segundos después

El colorado se acercó a Hermione con pasos torpes y la miró a los ojos fijamente por lo que pareció una eternidad. Lo que pasó a continuación la dejó terriblemente confundida. Sus ojos claros se fijaron en los de la castaña con fiera decisión. Nunca había visto una expresión tan decidida. Le llevó un instante reconocer que los tibios labios de Ron estaban posados sobre los suyos y la besaban con necesidad y deseo. Hermione abrió los ojos como platos y se apartó de su amigo, asustada

¡Ron!- gritó escandalizada por la sorpresiva acción de su amigo. Jamás se hubiera visto venir algo así y mucho menos en ese momento.

Hermione, te amo. – declaró. Sus orejas se habían puesto tan rojas que se confundían con su cabello crispado.

¿qué?- Hermione apenas podía procesar Las palabras que acababa de oír saliendo de la boca del que había sido su mejor amigo tantos años.

Como lo oyes. Te amo. Probablemente te he amado desde el día en que te conocí pero nunca tuve el valor de decirlo-

Pero Ron…

Y cuando Malfoy apareció pensé que te había perdido para siempre, pero no. No lo perdones. No lo ames, él es malo, te lastimará. Elígeme a mí y prometo hacer cada uno de tus días los más felices que puedas imaginar.- hablaba con un tono cada vez más elevado y desesperado.

Ron… yo… no. No puedo. Yo quiero a Draco… lo lamento- una mueca de ira cruzó el rostro del colorado, como si lo enfureciera de verdad saber que ella no lo quería - Lo siento. De verdad. No sabía que te sentías así por mí, pero yo no me siento igual. -

Ya veo.- dijo por fin y se marchó por el camino que ella había recorrido, dejando a Hermione confundida y culpable

Ron estaba furioso. Furioso como nunca antes y necesitaba por todos los medios destruir algo. Tantos años de fiel amistad, de amor secreto habían sido arrebatados en solo un segundo por un imbécil que la había herido y se había salido con la suya.

Su camino frenético lo llevó hasta la biblioteca. Justo donde quería pensó mientras abría la puerta de una violenta patada.

Draco Malfoy estaba allí, parado en la penumbra de las velas que ya se habían extinguido y no se volteó para ver quien había entrado.

¡Malfoy!- le gritó con ira Ron. El rubio se giró con lentitud para encontrarse con el colorado.

¿Qué quieres Weasley ? ¿vienes a burlarte de mí?- desafió inflando el pecho. Su momento de debilidad había pasado y ahora estaba frustrado y enojado. Quizá tan frustrado y enojado como el mismo Ron.

Vengo a matarte- declaró con demente suavidad. Tenía los ojos desorbitados como un loco y empuñaba la varita con fuerza en su mano derecha.

¿qué demonios estas diciendo?- se extrañó. Sabía que Weasley lo odiaba, pero nunca lo había visto tan fuera de sí como en ese momento.

Vengo a matarte. Quizá si tú no estás aquí, ella me querrá- escupió el piso al hablar.

Ron lo apuntó con la varita y murmuró un conjuro a tal velocidad que Draco no tuvo tiempo de reaccionar. El hechizo le dio de lleno en el pecho y lo mandó a volar tres metros hacia atrás hasta chocar con una estantería y derribarla. Todos los libros cayeron encima de él, golpeándolo y su espalda había recibido un severo choque quitándole el aire por un momento.

¿Hablas de Hermione?- preguntó Malfoy incorporándose con dificultad, intentando recuperar el aliento.

¡no te atrevas a pronunciar su nombre asquerosa comadreja!- gritó Ron aún más enfurecido. Draco tanteó para encontrar su varita, pero se debía haber caído cuando se estrelló.

¿la quieres?- Draco arqueó las cejas no tan sorprendido con la revelación como con la reacción violenta del colorado que siempre le había parecido nada más que una rata cobarde.

Desde siempre. Desde que la conocí. No intervine cuando Krum la quiso pues sabía que en algún momento volvería a Bulgaria y no la volvería a ver, pero tú, tu estas aquí cada día y tú no la mereces-

No, no lo hago- concordó Draco, incorporándose con dificultad entre la estantería destrozada y los libros desparramados. Divisó su varita apenas a unos metros, pero sabía que no llegaría si Weasley decidía volver a atacar. Calculó sus posibilidades basándose en el nivel de locura que podía percibir del colorado y a decir verdad, no eran del todo alentadoras

¡Y luego haces eso! Sientes lástima por ti mismo. Jamás podrás tenerla si sigues lamentándote maldito imbécil. Sé un hombre y gana su corazón y no un cobarde que se esconde detrás de la autocompasión. –

Ella no me quiere. Puedes tenerla todo lo que quieras

Hermione te eligió a ti. Todo este tiempo y lo sigue haciendo. Si no está contigo es porque sabe que eres un cobarde y hasta que no te perdones a ti mismo, ella estará fuera de tu alcance

¿Por qué me estás diciendo todo esto?-

Porque quiero que sea feliz. Ojalá su felicidad estuviera a mi lado, pero no es así. Así que ahora, de una vez por todas, quédate a su lado, no importa lo que pase.

Es tarde.

Ve. Ve o juro que te mataré aquí mismo y le llevare tu cadáver como regalo.

Draco no tuvo que escuchar la amenaza dos veces antes de echar a correr hacia la puerta como alma que lleva el diablo, buscando a Hermione.

No sabía por dónde empezar, pues no sabía la contraseña de su torre y no iba a pedírsela a ningún Gryffindor. Bajó al comedor a toda velocidad, pero no había nadie allí.

Desesperado pensó que ya había sido tarde, que ella había vuelto a su sala común y allí sería imposible de alcanzar, sin embargo, un reflejo de la luna en el cristal esmerilado de las ventanas lo inspiró. Quizá fuera ridículo esperar encontrarla allí, pero era su última oportunidad.

Subió los tramos de escalera casi tropezando en los escalones y encontró pronto lo que estaba buscando: con el corazón en la garganta por los nervios y los pulmones al punto del colapso, Draco Malfoy entró en la sala de Astronomía con toda su fe puesta en ese lugar.

Al principio le costó acostumbrar sus grises ojos a la oscuridad del lugar y cuando lo hizo, la vio: recortada contra la luz de la luna, su pequeña y delicada figura parecía casi espectral. La chica se volteó al oírlo entrar y sonrió, con esa sonrisa suya llena de sinceridad. Su cabello claro se arremolinaba en ondas alrededor de su rostro, enmarcando su belleza.

Hermione- susurro. Le había robado el aire un momento al contemplarla allí, casi esperando por él. Y en seguida reconocio algo en su cuello, algo que decía mas que cualquier palabra que pudieran expresar.

Draco- sus palabras sonaban dulces como la miel más deliciosa. No había maldad ni frialdad, sino una franco regocijo.

Te amo- fue todo lo que pudo decir. Había escupido su miseria en la biblioteca, ahora era el momento de la verdad.

Yo también.-

Hermione dio un seguro paso en su dirección, esperando que él corriera a su encuentro, pero no lo hizo.

¿Me perdonas?- Preguntó Draco, inseguro. Aún no estaba convencido de que ella realmente lo quisiera a su lado

¿te perdonas?- repitió Hermione

Si- respondio inclinando la cabeza y gesto de rendición-

Entonces yo también-

Ahora sí, Draco la tomó entre sus helados brazos y la sostuvo con fuerza, jurando para sí mismo que jamás la volvería a dejar escapar. Era suya y siempre lo había sido.

Los dos chicos se fundieron en un beso cálido, lleno de promesas y deseo.

Fin