¡Muy buenas a todos!
En este capítulo, nuevamente, aparece una escena un poco… picante. ;) (Por petición de mi querida y talentosa MissCephei, la escena es intensa. ¡O eso he intentado hacer! Vosotros juzgaréis)
Además de esto, POR FIN, Lyna y Compañía llegan a Ostagar.
Espero que os guste.
¡Muchísimas gracias!
Un abrazo.
- P.D: La mayoría de personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia, añadiendo algún que otro personaje de mi propia invención.
"Recorrido"
["Basta de secretos. Quiero que me digas todo ¡TODO! "- gritó mientras que su dedo golpeaba fuertemente la armadura del humano."]
"Shem, ¿Cuánto queda para llegar?"- Lyna no soportaba más la lluvia. Llevaban caminando horas en absoluto silencio, con los sentidos puestos en el terreno fangoso que mutaba con el paso del agua por él, haciéndolo más traicionero que de costumbre.
"Aún quedan algunas horas. Llegaremos al alba"- Duncan no había querido iniciar ninguna conversación. El clima tan inclemente estaba siendo todo un reto para su cansado cuerpo. Había dejado el corcel en el campamento dalishano como ofrenda de respeto y habían tenido que iniciar la marcha a pie desde entonces. El trayecto había sido silencioso en cuanto a sus acompañantes, pero ruidoso con respecto al quejido constante del cielo. Los truenos parecían estar cada vez más cerca, y la lluvia, aunque no caía fuertemente, mojaba constantemente. Era muy habitual que por esta región la lluvia se presentase de golpe, pero estaba durando más de lo que hubiera deseado.
"Maldito clima del demonio"- gruñó entre dientes mientras sacaba su pierna de un charco denso de barro y la sacudía.
"¿Qué has dicho, shem?"- preguntó Lyna mientras se giraba curiosa para verle.
"Que quizá deberíamos descansar un rato"- dijo disimulando su desagrado por el clima.
Lyna asintió y se detuvo junto al Guarda que intentaba escurrirse el agua de su coleta y barba, como si de una tela mojada se tratase. Ella observó a Tamlen continuar el paso, sin rumbo aparente, como si estuviera perdido en sus pensamientos, completamente abstraído y ajeno a lo que sucedía a su alrededor.
"¡Eh, Tamlen!"- gritó Lyna. Pero el elfo no pareció oírla. Lyna frunció el ceño extrañada y fue trotando hasta donde estaba Tamlen, que continuaba con paso errático, su camino.
"¡Tamlen!"- Lyna detuvo al elfo agarrándole por el brazo. El joven se dio la vuelta, sobresaltado, y se tropezó con una piedra resbaladiza. Lyna logró sujetarle antes de que se cayera, y él, sin quererlo, la sostuvo instintivamente por las caderas, golpeando su mejilla contra el pecho de la elfa, en una posición algo extraña y cercana.
Él miró para arriba, algo aturdido por el momento, y la sonrisa de Lyna le sacó de su estado. Inmediatamente, y como si Lyna estuviera hecha de fuego, se separó de ella, con gesto avergonzado y alterado.
"¿Estás bien, lethallin?"- preguntó Lyna preocupada mientras le colocaba una mano en el hombro.
Él asintió y se dio la vuelta para continuar. No se sentía nada bien desde que despertó y su mente daba miles de vueltas constantemente sobre lo sucedido.
"¡Tamlen, detente!"- gritó Lyna.
Él se detuvo y miró hacia sus alrededores, sobresaltado por la inesperada orden de su amiga, pero al no ver nada que le hiciera pensar en un peligro, se giró hacia Lyna, con expresión molesta- "¿Qué quieres?"- logró decir. Su tono más frío y brusco de lo que hubiera querido, pero no tenía deseos de hablar con ella ni con nadie en estos momentos.
Lyna le observó durante un instante, y frunció el ceño enfadada – "Vamos a hacer una pausa y calentarnos un poco. ¿Vienes o prefieres morir solo en el bosque? No pienso ir detrás de ti de nuevo para salvarte el culo y Zathrian no está aquí, así que tú decides"- se dio media vuelta y se fue hasta donde estaba Duncan intentando hacer una hoguera con algunos palos secos que logró encontrar por las cercanías.
Tamlen se quedó un rato sorprendido por la contestación de Lyna, y comenzó a sentirse verdaderamente mal por cómo la había tratado. Lyna no tenía la culpa de nada, es más, ella había contribuido con su recuperación pero lo que presenció en el ritual… fue demasiado que soportar – el cuerpo de Lyna sobre el de Fenarel, gemidos de placer, su cuerpo arqueado mostraba los senos que su amigo, tan fervientemente, devoraba. Palabras de amor, promesas, besos profundos, momentos tan íntimos, que él mismo se estremeció con ellos. Luego unos ojos azules… no sabía de quiénes eran, pero sintió el deseo que quemaba a Lyna por dentro – No estaba seguro de si eso eran recuerdos de Lyna que, de alguna forma, habían sido traspasados a él a través del ritual, o si eran simples deseos de ella, pero en vista de su cercana e intensa despedida con Fenarel, estaba casi seguro de que eran recuerdos y no anhelos reprimidos.
Sacudió varias veces su cabeza para mantenerse sereno, y caminó hasta donde se encontraban el Guarda y Lyna alimentando la pequeña hoguera que se hallaba debajo de un gran y frondoso árbol.
Lyna observó al joven sentarse, tímidamente y en silencio, sobre un tocón de madera cercano a donde Duncan y ella se hallaban. Su mirada perdida en las pequeñas llamas que nacían de entre los palos y la hojarasca de la modesta hoguera. La forma en la que su amigo se estaba comportando con ella, daba a entender que algo había pasado. Lyna comenzó a dar vueltas sobre el motivo del comportamiento de Tamlen cuando, de repente, cayó en cuenta. Abrió los ojos como platos y se llevó las manos a la boca. Su estómago dio un vuelco y se estremeció. "¡Dioses! Fenarel… la despedida"- pensó conmocionada. Había estado tan sumida en su propia tristeza que no había caído en que sus muestras de afecto, podrían haber herido a Tamlen. No sabía cómo sacar el tema, pero sabía que tenía que hablar con él sobre el asunto antes de que se hiciera ideas erróneas.
"Tamlen… lamento mi contestación de antes"- dijo suavemente mientras se llevaba un bocado de pan a la boca y miraba al elfo de reojo.
Tamlen la observó directamente a los ojos, y después bajó la mirada hacia el fuego, mientras daba pellizcos al pan – "Lamento yo también mi comportamiento…"- logró decir. No quería sacar ahora el tema, porque no se sentía con energías, pero su corazón dolía con la memoria de esos recuerdos que su amiga parecía haber compartido con él sin darse cuenta.
Lyna le observó con curiosidad y asintió con una sonrisa. Después, no dijo nada más y siguió comiendo, mientras daba vueltas a la situación. Era un buen comienzo, aunque más adelante deberían sentarse a hablar más en detenimiento del tema. Después de todo, él era su mejor amigo y con el que se sentía profundamente unida, incluso mucho antes de compartir con él aquel primer momento íntimo en su tienda.
"Bien. Si habéis terminado, deberíamos continuar ya"- el Guarda se levantó de golpe y guardó su navaja en su cinturón. Acto seguido, comenzó a apagar la hoguera con barro y hojas húmedas – "No debemos perder más tiempo y es mejor acampar más cerca de nuestro destino"- se alejó de ellos un momento hasta donde se encontraba su mochila, y comenzó a rebuscar en ella.
Lyna estaba aún sentada terminando el trozo de pan, mientras que Tamlen se hallaba de pie, sacudiéndose un poco el barro y el agua. Duncan continuaba rebuscando en sus alforjas algo que ella creía era una garrafa de agua para rellenarla con las gotas de lluvia almacenadas en las hojas de los árboles. No había un río cerca, y el agua era un bien que no podían permitirse descuidar, en vista del largo trayecto que tenían por delante. Lyna no lo sabía con seguridad, pero en sus entrañas sentía que este viaje y destino iba a ser más importante de lo que pudiera intuirse en un inicio.
De repente, un suave chasquido llamó fuertemente su atención sacándola al instante de sus pensamientos. Sus orejas se movieron al unísono buscando el origen del sonido y sus ojos se centraron en un punto a unos pocos pasos de ellos. Enfocó su vista y observó, oculto detrás de unos matorrales, una fina, oscura y metálica silueta sacudirse y volar súbitamente hasta la espalda de Duncan. Sin pensarlo ni un segundo y actuando por puro instinto, se abalanzó sobre la flecha y, con su mano, la detuvo en el aire, cayendo ella en el barro al instante después.
"¡Lyna!"- el grito de Tamlen sobresaltó al Guarda que se levantó en el acto.
Lyna rodó sobre sí misma, y se levantó con el impulso. Se arrancó la flecha oscura y aceitosa de su mano, observando la herida profunda que le había ocasionado. "Veneno"- pensó. Inmediatamente succionó la herida y escupió el espeso líquido. Sin perder un instante más, sujetó su Virassan y varias flechas, y sus ojos comenzaron a otear los alrededores en busca de los atacantes.
"¡Tamlen, atrás!"- Lyna salió corriendo hacia él y le empujó con tal fuerza, que el elfo cayó de bruces sobre una piedra, perdiendo la consciencia al instante. La flecha que iba dirigida a su amigo, se detuvo con un fuerte 'thud' en el árbol que les había servido, hace unos pocos minutos, de protección.
"Lyna, ¡Cuidado!"- un gruñido se oyó cerca de ella, sobresaltándola. Duncan acudió raudo al lado de Lyna y se abalanzó sobre una figura gruesa y enana que había salido, de repente, de la nada. Lyna dio un salto hacia atrás, mientras tensaba de nuevo su arco y lanzaba una flecha envenenada hacia la espalda del ser que peleaba con Duncan, extrayéndole un fuerte y agudo chillido que le erizó el vello de su espalda.
"¿Qué demonios es eso?"- gritó confundida mientras se volteaba a ver a Tamlen, preocupada por su estado. No sangraba, pero estaba inconsciente. Eso al menos le mantendría fuera de peligro por el momento, pensó.
Algo por el rabillo del ojo llamó de nuevo su atención. Una figura aparecía del terreno con un fuerte gruñido y se abalanzaba sobre ella sin apenas darle tiempo a tensar su arco. La flecha salió disparada hacia un lado, impactando sobre un árbol cualquiera. La bestia deforme lanzaba tajo tras tajo al torso de Lyna, que detenía los avances como podía, con su Virassan. El arco era tremendamente resistente a casi cualquier filo, característica protectora muy útil en ataques a corta distancia. Sin embargo, a ella le preocupaba más su propia resistencia con respecto a los veloces y fuertes ataques del ser.
Los ojos de Lyna no podían creer lo que veían. La bestia amorfa, gruesa y fétida, llevaba puesta una armadura y, por armas, dos oscuras dagas imbuidas en un denso líquido similar al de la flecha – "¡Fenedhis, Guarda!"- gritó mientras forcejeaba con el ser, buscando resistir sus embistes a toda costa.
Lyna giró un momento su cabeza para ver el paradero de Duncan, y le observó luchando contra el arquero que se hallaba a unos pocos pasos de ellos y que había sido el responsable de los ataques a traición con las flechas. Su destreza la asombró; su cuerpo veloz y grácil como el de un elfo, pero fuerte e imponente como el de un humano, era toda una hermosa visión, sin embargo, no tuvo tiempo de quedarse mirando cómo el Guarda decapitaba al ser, pues la bestia que la atacaba apenas le dejaba margen para moverse y coger sus dagas.
Necesitaba escapar urgentemente del bloqueo porque su resistencia comenzaba a fallarle, así que recopiló toda la energía que pudo en un breve instante, y dio un gran salto con todas sus fuerzas, rebasando al monstruo por encima, mientras que, con ambas manos, mantenía su Virassan en el aire a modo de escudo.
Sus pies tocaron el suelo al tiempo que sus manos soltaban su arco y acudían, veloces, a sus dagas gemelas, desenvainándolas en un fugaz movimiento, que el ser fue incapaz de percibir con suficiente antelación.
Su ataque, apenas duró un instante. Los filos de Lyna cercenaban limpiamente el cuello del monstruo sin apenas esfuerzo, enviando la cabeza del ser rodando por el resbaloso barro del bosque. El cuerpo de la bestia se mantuvo, unos segundos, de pie mientras que de sus venas y arterias brotaban grandes chorros de sangre oscura como las fauces de un lobo y densa como el aceite. Su armadura de cuero de Halla se tiñó de negro y su rostro, caliente por el esfuerzo, acusaba las marcas del líquido vital de ese ser extraño que continuaba convulsionando, una vez descabezado, como si se tratase de una lagartija que hubiera perdido su cola.
Lyna se quedó un instante mirando al monstruo, o lo que quedaba de él, mientras que el barro cubría su cuerpo con cada sacudida. Los temblores apenas duraron un par de segundos, pero ese instante fue suficiente como para comprender que, esa bestia, no pertenecía a nada que ella hubiera conocido con anterioridad; era algo contra natura.
Se volteó al escuchar unos pasos, y sus dagas casi cortan la carne que allí encontraron.
"Dioses, Duncan… casi te mato"- suspiró y bajó las armas mientras observaba con ojos acusadores al Guarda.
"¿Estás bien?"- Duncan observaba la silueta de Lyna en busca de heridas o contusiones, pero, salvo por la sangre de engendro que la cubría, parecía estar bien, aunque apenas podía ver con tanta oscuridad a su alrededor. Los relámpagos y la luna que se asomaba en ocasiones, era la única luz que iluminaba el lugar.
"Sí… ¿Y tú?"- Lyna se acercó a él, investigando su estado, hasta que vio que, en su mejilla, una fina línea roja se abría, dando paso a un pequeño torrente de sangre caliente que caía por su cuello y armadura – "Estás herido… déjame que te-"- entonces recordó – "¡Dioses, Tamlen!"- se volteó automáticamente y corrió hasta donde se encontraba su amigo.
Tamlen yacía en el frío barro, cubierto de hojarasca, agua y fango. Lyna acudió a él rápidamente y colocó su oído en su boca para localizar su respiración.
"Respira. Ayúdame a levantarle, shem"- ordenó mientras cogía a Tamlen por un brazo y se volteaba a mirar al Guarda.
Duncan obedeció y ayudó a Lyna a levantar a su amigo, con cuidado de no moverle demasiado pues no sabían exactamente las heridas que tenía.
Poco a poco, le llevaron hasta la zona menos húmeda de dónde habían estado previamente calentándose. Duncan extrajo varias telas, lonas y utensilios de su mochila.
"Lyna, monta una tienda. Tendremos que acampar aquí. Voy a encender de nuevo la hoguera"- el Guarda se levantó y comenzó a preparar de nuevo la fogata, sin ofrecer ninguna explicación más.
Lyna obedeció al instante. Montó la tienda sin apenas problema y logró arrastrar a su amigo hasta dentro para evitar que estuviera expuesto a los elementos. La lluvia no dejaba de caer, insistente y fría, y los truenos no ayudaban en su concentración. Extrajo un par de viales de su zurrón, y se los dio de beber a Tamlen lentamente. Él no se despertó, pero sus pulsaciones y respiración se normalizaron. Sería cuestión de tiempo en que recuperase la consciencia.
Todo había pasado demasiado rápido y ella comenzaba a notar los efectos del veneno en su sangre. No sabía qué tipo de toxina era, pero debía hacer algo inmediatamente. Sin perder más tiempo, se sentó al lado de Tamlen y comenzó a beber pequeñas dosis de un compuesto especial que Marethari le había enseñado a preparar en momentos así. Al menos, lo que más sentía en su paladar era el sabor a raíz élfica, pero al final tenía un regusto amargo que apenas pudo soportar. Aguantó las ganas de arrojar y se recostó un instante, pues su cabeza le daba vueltas. No supo cómo sucedió, pero se quedó profundamente dormida.
… … … … … …
Un relámpago con su trueno, la despertaron de golpe. Se levantó rápidamente, y miró a sus alrededores con la visión completamente borrosa por el sueño. Observó a Tamlen descansar y se tranquilizó. Acto seguido, se dio la vuelta y observó cómo una tenue luz anaranjada se colaba por la rendija de la entrada de la tienda.
Todo había sido demasiado violento e incierto y necesitaba explicaciones. El guarda parecía demasiado acostumbrado a esos seres que les habían atacado y necesitaba respuestas. La velocidad, resistencia y estrategia con la que los habían asaltado, no era propia de un animal salvaje ni de unos simples bandidos; esto tenía que ser algo más, pensó mientras salía de la tienda.
"Shem"- su tono frío y distante. Ella sabía que el Guarda ocultaba muchas cosas, y no sabía si era el fango, la humedad o los truenos, pero no estaba ahora por la labor de aguantar más secretismos absurdos.
"Duncan… me llamo Duncan…"- replicó en tono cansado el Guarda.
Lyna observó que el humano se había untado una pequeña cataplasma en la herida que tenía en la cara y se hallaba limpio de toda sangre o barro. Desvió sus ojos a sus alrededores y observó que la hoguera parecía más grande y resistente que la de antes. Levantó la mirada hacia el cielo y notó que, a pesar de las nubes, la lluvia parecía que les estaba dando un pequeño y puntual respiro. Una brisa fresca pasó cerca de ella, erizándole la piel. Lyna se frotó los brazos con ambas manos y se acercó a la hoguera para calentarse un poco, mientras que sus ojos se fijaban en el rostro del humano que se hallaba cabizbajo y ensimismado.
"Duncan… necesito respuestas"- replicó al instante después.
Duncan levantó la mirada y frunció el ceño – "¿A qué preguntas, niña?"- rompió un palito con una mano y lo lanzóa la hoguera sin apartar la mirada de Lyna.
Lyna le observó con desconfianza – "No te hagas el idiota, shem. ¿Qué eran esas bestias?"- insistió, perdiendo por momentos la paciencia.
No es que Lyna fuera una mujer muy paciente, pero estaba pasando por el peor día de su vida y no pretendía tener miramientos con nadie. Había abandonado su clan, a su familia y amigos, había sido parte de un ritual de magia de sangre y, encima, se encontraba viajando con un desconocido que la obligaba a servir a una orden y a una causa de la que ella aún no tenía conocimiento, todo eso en compañía de su querido amigo Tamlen que se encontraba al borde de la muerte. En realidad, no podía esperar un peor día que este. Su muerte, incluso, sería un alivio a todo el dolor que estaba experimentando, así que no; no se encontraba con ganas de soportar medias verdades de manos de un humano.
El Guarda la observó un instante más y apartó la vista hasta la hoguera – "Son engendros tenebrosos"- no ofreció más.
"¿Engendros temblorosos?"- repitió Lyna incrédula.
"No, tenebrosos. Es el nombre que, antaño, recibieron por su pecado"- Duncan quería retrasar el momento lo más que pudiera pero sabía que ya había llegado.
"No entiendo… ¿Qué son? ¿Por qué nos han atacado?"- Lyna no entendía nada. Le daba igual el nombre que tuvieran, ella sólo quería saber el origen del ataque y su naturaleza. Debía estar preparada por si habían más ataques de ese estilo.
Duncan suspiró – "Siéntate, por favor. Creo… creo que ha llegado la hora de explicarte algunas cosas"- dijo resignado. Quería haber esperado hasta llegar a Ostagar, pero este ataque le pilló por sorpresa.
Lyna le miró con recelo pero obedeció. Se sentó al lado de él y el Guarda se tensó un poco, no pasando desapercibido por ella.
"Escúpelo de una vez, shem…"- Lyna observaba el rostro ligeramente congestionado del shemlen. A pesar de su máscara de serenidad perenne, sus ojos parecían febriles, tristes.
Él comenzó con su relato. Le habló de los orígenes de la orden, del enemigo, del porqué de su cometido y de lo importante que sería Lyna en caso de que superase el ritual.
"A ver si me ha quedado claro…"- Lyna intentó guardar la calma, pero su corazón comenzaba a desbocarse por segundos.
"Todo este viaje…"- respiró profundamente- "El motivo de abandonar a mi clan, mi familia… mis amigos… mi vida… es…. Es ¿para librar una batalla mortal contra estos seres?"- volvió a respirar buscando el equilibrio. Había escuchado pacientemente, pero no podía creer que este maldito humano la hubiera reclutado para terminar haciendo algo que era, a todas luces, imposible y mortal de necesidad.
"No es sólo eso, Lyna… cada Guarda Gris es sumamente valioso. Sólo nosotros podemos acabar con el Archidemonio"- ofreció suavemente Duncan. Notaba la tensión en el cuerpo de la elfa, y no quería hacerla enfadar.
"¡Ah! Es verdad. Se me olvidaba… encima, por si no fuera suficiente, tengo que luchar contra ¿Qué? ¿Un dragón corrupto sediento de sangre? ¡Oh! Seguro que después llegaré a tiempo para el té"- Lyna comenzaba a sentir su sangre hervir. Era de locos. ¿Cómo es posible que este humano estúpido haya podido pensar que ella era perfecta para este cometido?, ¡Necio!- se dijo para sí, mientras buscaba aguantar la ira que crecía violentamente en su interior.
"Toda Thedas depende de nosotros, Lyna, ¿acaso no lo ves? Sin los Guardas Grises, estos seres plagarían la tierra entera, la contagiarían con su corrupción, y ni tu clan ni tan siquiera estos bosques, existirían. Y no has visto nada. Estos seres son crueles, son malignos en esencia. ¡Por Andraste! ¡Si hasta somos su comida!"- Duncan no pudo controlar la reacción de impotencia que le brotó de repente. Lyna debía entender cuán importante era esto, o sino todo el esfuerzo habría sido en vano.
"¿Sabes lo que yo veo, shem?"- Lyna no pudo más. Se levantó de dónde estaba sentada y se puso delante del Guarda con expresión amenazante – "Veo que me has mentido. Veo que me has salvado para condenarme a un peor destino que el que me esperaba en esa maldita cárcel. ¡Que los Dioses te maldigan, shem!"- gritó y se llevó las manos a la cara en señal de desesperación.
Se encontraba en mitad del bosque, con su amigo herido, moribundo y un humano que la llevaba directa a una muerte dolorosa y segura. Una muerte en la que no encontraría la dignidad ni el honor porque ¿quién podía acabar con tal amenaza? Era demasiado que asimilar, demasiado que soportar y no es que tuviera miedo, es que sencillamente le parecía algo tan imposible de cumplir que sentía que este humano se había vuelto loco de repente y deliraba.
"¡Ma harel lasa, shem!"- se dio la vuelta y comenzó a dar grandes zancadas para alejarse del humano que la miraba con ojos de incredulidad.
"Lyna, por favor"- Duncan se levantó y la siguió.
"No te acerques a mí, shem… Quién sabe qué más me has ocultado…"- gruñó Lyna mientras se frotaba las sienes enérgicamente. Su cabeza daba vueltas a todo lo que había dejado atrás y ¿Por qué? ¿Por una estúpida misión suicida? ¿Por los delirios de un shem perturbado? Tanto dolor, tantas lágrimas y parecía que había sido todo por nada.
"Lyna… escúchame… ¡esto es serio!"- Duncan se acercó a ella y le puso la mano en el hombro suavemente.
Lyna se tensó y se giró al tiempo que le pegaba un manotazo en su brazo, para apartarle de ella – "No me toques. Nunca más, shem."- dijo, señalándole con un dedo. Su cuerpo temblaba de rabia, de impotencia. Los ojos del humano la miraban con desesperación, con ansiedad. La mandíbula del shemlen se retorcía en una reacción de descontrol. Lyna le observó con detenimiento, mientras que su corazón latía con fuerza.
"Basta de secretos. Quiero que me digas todo ¡TODO! "- gritó mientras que su dedo golpeaba fuertemente la armadura del humano.
Duncan no sabía cómo controlar la situación. La elfa estaba resultando ser todo un reto en muchos aspectos y su cuerpo estaba vibrando con los efectos del veneno en su sangre debido a la herida en su mejilla. La Llamada tampoco ayudaba con su control y comenzaba a ver todo medianamente borroso, pero decidió no echarse hacia atrás, tenía que contarle todo.
Lyna no podía creer lo que oía. El shemlen continuó, desesperado, con su relato, añadiendo más y más detalles que hacían, de todo el conjunto, una auténtica tortura en vida. No sólo el ritual para convertirse en Guarda Gris podía ser mortal sino que, además, la persona que lo supera, muere lentamente. Además de esto y suponiendo que el guarda dure muchos años, cuando llegue el final de sus días, la persona oirá una especie de Llamada derivada de la propia corrupción que le volverá loco poco a poco hasta convertirle en un ghoul y, hasta que, finalmente, muera dolorosamente producto de algunas fiebres y del propio veneno en su sangre. Para ello no habría solución, sólo morir con supuesto honor en una oscura cueva bajo tierra matando bichos como los que esta noche la habían atacado. Pero su paciencia y comprensión se vieron colmadas en el momento en el que Guarda le dijo el peor destino de todos.
"Es… tú… ¿m-me estás diciendo que…"- inhaló aire profundamente y sus ojos se llenaron de inesperadas lágrimas – "…que… no podré tener una familia… jamás?"- esto último lo dijo en un susurro. Tragó saliva para evitar llorar, pero apenas se pudo contener.
Lyna no tenía en mente próximamente tener hijos, pero siempre había deseado ser madre. Quizá porque ella nunca tuvo una, o quizá porque quería ver cómo era tener a alguien que dependiera de ti y te quisiera incondicionalmente, pero siempre había estado en sus planes concebir y tener una numerosa familia. Incluso había fantaseado con vivir en una pequeña casita junto a un lago, disfrutando de los días junto a sus seres queridos. Pero todo aquello, todas esas ilusiones y sueños, se rompían, en un abrir y cerrar de ojos, en trozos cual frágil cristal cayendo sobre roca. La mirada del shemlen se tornó dulce, comprensiva, y ella no podía creer sus palabras, no quería creerlas.
"Es… es muy poco probable… lo… lo siento."- ofreció Duncan con suavidad. La mirada de la elfa se tornó oscura, dolorida. Su expresión de enfado se transformó en una de absoluta pena y dolor. Por un instante, pensó que lloraría, pero algo en su mirada cambió de repente.
"No…. no pienso hacerlo…. No"- Lyna se llevó las manos al pecho y sacudió la cabeza enérgicamente, negando la realidad que le estaba destinada.
Sin perder un segundo más, se dio la vuelta y salió corriendo adentrándose más al bosque mientras que sus ojos derramaban las lágrimas que creía haber agotado ya de tanta pena. Su corazón latía con fuerza. Las palabras del shemlen retumbaban en su cabeza – Es muy poco probable. Lo siento - . Sus manos apartaban las ramas que amenazaban con herirle la cara mientras se aventuraba hacia las entrañas del oscuro y húmedo bosque. Un relámpago y un trueno marcaron el ritmo de su rabia y dolor. La sangre corría densa por sus venas, enviando más pensamientos y recuerdos – Jamás volverás a tu clan -La voz del Guarda se oía a lo lejos. No sabía si la estaba llamando, pero ella sólo quería escapar, volver con su clan, volver a su vida, con su familia y sus sueños e ilusiones…
"Esto no… esto no, dioses… por favor"- murmuraba mientras sus piernas la llevaban lejos del improvisado campamento. Su cuerpo temblaba de rabia y dolor. Gritó. Gruñó al viento, pero no paró de correr. Saltó piedras, raíces de árboles centenarios, charcos de barro y musgo, y no paró hasta que, de repente, un fuerte golpe la hizo caer de bruces y rodar sobre el fango oscuro y frío.
"¡Quieta!"- Duncan se abalanzó sobre ella y la sujetó fuertemente por las muñecas mientras la elfa gritaba y pataleaba.
"Déjame ir… ¡déjame!"- gritó Lyna. El enorme cuerpo del humano la aprisionaba contra el resbaladizo barro que se colaba por su armadura y botas como un frío reptil.
"No puedo dejarte ir. Me hiciste una promesa, ¿recuerdas?"- la fuerza y resistencia de la elfa estaban resultando tremendamente inspiradoras. A pesar de lo menuda que era, ostentaba gran aguante y fortaleza. Pero él no podía dejarla marchar, la necesitaba.
Lyna se sacudía violentamente debajo del guarda que la observaba con expresión dolida, mientras que sus fuertes manos la sujetaban contra el suelo – "Me has engañado. ¡Ya no hay promesa!"- gruñó mientras intentaba zafarse del shemlen.
En ese instante, Lyna se arqueó un poco y, en un fluido y rápido movimiento, escurrió una de sus piernas hacia su pecho, contorsionándola de tal forma que pudo empujar con ella el torso del Guarda. A pesar de la fuerza del humano, el movimiento logró aflojar su agarre y ella aprovechó esa fisura en su sujeción, para empujar con todas sus fuerzas e impulsarse hasta estar de pie. El humano se tambaleó hacia atrás y se cayó al suelo sentado del impulso, su mirada incrédula ante el inesperado y veloz movimiento de Lyna.
Ella aprovechó para salir nuevamente corriendo, pero los pasos del Guarda se oían cercanos.
"Demonios, elfa. ¡Ven!"- gritó fuertemente. Pero Lyna no hizo caso. Sus ojos veían con claridad el terreno y sabía que tenía ventaja.
Lyna corrió durante unos escasos segundos más, hasta que se detuvo en seco. Justo delante de ella se hallaba una pequeña hondonada cubierta de zarzales. Sus ojos se movían inquietos hacia algún lugar que pudiera servir de vía de escape, pero cuando lo encontró, fue demasiado tarde.
Duncan alcanzó a la elfa, y sin pensar en la integridad física de la joven, la sujetó fuertemente por su trenza, enviándola hacia atrás de un fuerte tirón, contra un árbol.
En ese instante en que ella sintió el tirón, desenvainó un pequeño puñal de su cinturón y, antes de golpear su cuerpo contra el tronco, lo deslizó por el antebrazo del Guarda, sacándole un gruñido. El shemlen gimió de dolor pero se abalanzó rápidamente sobre Lyna, aprisionándola con todo su peso contra ella, al tiempo que la sujetaba nuevamente de las muñecas y levantaba sus brazos por encima de su cabeza, dejándola completamente imposibilitada.
"¡Suéltame shem! ¡Déjame ir!"- gruñó Lyna mientras sacudía fuertemente su cabeza e intentaba, por todos los medios, zafarse de la prisión del Guarda.
Duncan se quedó un instante observándola. Luchaba como una fiera salvaje. Su cabello despeinado caía sobre sus ojos, y su rostro se hallaba empapado en sudor y agua de lluvia. Sus ojos brillaban con esa luz verdosa que la hacía tan feral y violenta. Su cuerpo expedía tal calor que pudo sentirlo a través de su armadura, como una música incesante que erizaba su piel. Las suaves piernas de la elfa, rozaban las suyas insistentemente con cada nueva sacudida. Su corazón comenzó a latir con fuerza y su cuerpo empezó a responder con la terrible cercanía de la joven.
"Lyna… por favor. No hagas esto… no podría soportar tener que matarte"- susurró mientras acercaba un poco más su rostro hacia ella.
Las palabras la sobresaltaron pero no cejó en su empeño por escapar – "¡Suéltame!"
"Sabes demasiado. No puedo dejarte ir…"- Duncan cerró un instante los ojos, intentando calmar sus sensaciones. De repente, las sacudidas cesaron y él volvió a abrir los ojos para mirar a la elfa directamente al rostro.
"Yo no pedí esto, shem. No pedí esto…"- Lyna sentía que volvía a romperse. Los pequeños restos de su corazón, estaban llenos de resentimiento y dolor. La furia que sentía, oscilaba hacia la pena con tanta facilidad como cuando una hoja cambia de rumbo en la brisa. La mirada del shemlen no ayudaba. Esos ojos oscuros la observaban con dulzura, con dolor y comprensión. Sus palabras, aunque duras, eran liberadas con el más absoluto sentimiento de culpa que ella jamás había presenciado.
"Lo sé… lo sé, niña. Lo siento"- murmuró el Guarda. Sus manos suavizaron el agarre sobre las muñecas de Lyna. La joven elfa dejó de luchar y se le quedó mirando intensamente. Su mirada temblorosa.
Lyna le observó con detenimiento. El rostro del humano mostraba vergüenza y un dolor tal, que le fue complicado apartar la mirada de él. La tez oscura del shemlen y el brillo en sus ojos, le hacía parecer un ser de otro mundo, algo sobrenatural que parecía querer engullirla de un momento a otro. Su aliento fresco, rozaba delicadamente su rostro con cada agitada respiración del humano. La intensa mirada y sus palpitaciones, hacían vibrar su cuerpo, repentinamente, con otra música; una música que contagiaba su vientre con nuevas sensaciones.
"Lo siento… lo siento"- repitió el Guarda a los pocos segundos. Duncan sentía su cuerpo temblar, no sabía si era del esfuerzo de la noche, del veneno de la herida, por la Llamada, o por tener a esta elfa tan cerca, observándole con esa mirada tan cargada de dolor, duda y algo que parecía deseo.
Las manos del humano, poco a poco, comenzaron a liberarla. Los dedos del shemlen, se deslizaron desde sus muñecas hasta la parte interna de sus brazos, con suavidad y lentitud, con intención, mientras que el cuerpo entero del Guarda la seguía aprisionando contra el árbol. La respiración del humano, lejos de relajarse, se aceleró. Los latidos de su corazón aumentaron de tal forma, que Lyna pudo apreciarlos a través de su yugular, que palpitaba con fuerza y a un ritmo enloquecedor.
"Duncan…"- susurró insegura Lyna. Sentir los dedos del humano acariciar sus brazos de esa forma tan furtiva, y observar su fuerte cuerpo reaccionar de esta manera como si fuera una bestia sedienta de ella, estaban encendiendo su cuerpo a tal velocidad que sus piernas comenzaron a temblar súbitamente y su visión se tornó borrosa. Su corazón golpeaba su pecho con insistencia, y sin quererlo, su respiración se acompasó con la de él, entrando ambos en perfecta sincronía. Cada bocanada de aire, acercaba más su torso al de él, cada latido de su corazón la llevaba un paso más cerca de perder el control, de perder la razón y no podía evitarlo. La adrenalina en su cuerpo gritaba; gritaba de dolor, de deseo, de rabia y necesidad. Tantas emociones juntas, se agolparon de repente en su mente, convirtiéndola en un mero recipiente colmado en magma enfurecido que buscaba una forma de escapar de esa agónica prisión; una salida que parecía estar delante de ella ahora, devorándola con la mirada, reaccionando a su calor.
De repente, un relámpago seguido de un trueno, los sobresaltó. La lluvia comenzó a caer fuerte al segundo después y Lyna bajó sus brazos en reacción, para reposarlos sobre los hombros y el cuello del shemlen. Sus miradas sorprendidas se cruzaron un breve instante, y eso fue suficiente para los dos.
Los labios de Lyna acudieron violentamente hacia los del humano, que la recibió con las ganas de un lobo hambriento, devorándola con cada caricia de su lengua, con cada mordisco de sus dientes y cada roce de sus labios. Las manos del shemlen se aferraban ahora dolorosamente a sus caderas, y ella se retorcía con la necesidad de sentir más. La humedad de su boca, el sabor dulce y ácido de su lengua, evocaba al sabor de una fruta de verano; madura, suave, jugosa.
Un repentino deseo desbocado se apoderó de Lyna y sus manos comenzaron a desatar la armadura del Guarda con presteza, mientras que con sus dientes, mordía una y otra vez los carnosos labios del shemlen, que le contestaba con brusca reciprocidad, devorándola con la misma necesidad que ella mostraba. Los gemidos del humano la volvían loca, parecían gruñidos y suspiros que lograban encender aún más su piel con el más visceral deseo de la posesión. Necesitaba esta salida, necesitaba despojarse de esta rabia, este dolor, esta impotencia.
Un potente e inesperado fuego se adueñó de él el instante en que los labios de la elfa rozaron los suyos. Su cuerpo, ardiente, se sacudía con la adrenalina del momento. Sus manos bajaron hasta las caderas de Lyna, y allí aguardaron a alguna señal que no tardó en llegar. La elfa comenzó a desatar velozmente su armadura, y él la imitó al instante, sin perder más tiempo en contemplaciones y dudas. Sus hábiles dedos, lograron desprenderla, en apenas unos pocos segundos, de su peto, hombreras y escarcelas. La lluvia amortiguaba el ruido de las piezas al caer, pero él sólo tenía ojos y oídos para los pequeños gemidos y gestos de placer que la elfa le dedicaba. Su sangre hervía con la expectativa de sentir su piel, su cuerpo junto al de él, de poseerla como más de una vez soñó hacer. No le importaba nada, ni el bosque, ni su herida, ni su destino, ni tan siquiera su nombre. Necesitaba esta liberación, necesitaba esta salida… la necesitaba y deseaba a ella.
Lyna se movía inquieta contra él, las manos del humano la dejaron con su ropa interior en un abrir y cerrar de ojos, y la celeridad con la que lo hizo, logró humedecerla aún más. Su piel ardía febril, sus piernas temblaban, su boca demandaba más y más y su vientre pedía a gritos sentirle cerca, sentirle dentro. Sus manos lograron desatar el peto del Guarda, y la pesada pieza cayó al suelo con un golpe que apenas oyó pues sus sentidos se encontraban absolutamente anestesiados por el momento, por las sensaciones y los gemidos guturales del humano, tan diferentes, tan intensos y expresivos. Jamás pensó ceder así ante sus instintos, pero el hombre estaba siendo una antorcha de luz para el camino oscuro que le tocaba recorrer.
A pesar de lo intenso y brusco del momento, sus manos lograron acudir por debajo de la blusa del shemlen y, al instante, sus dedos comenzaron a trazar fuertes caricias sobre ese duro y definido abdomen humano, toda una nueva experiencia y una sensación demasiado bienvenida. No esperaba tanta fibra en un cuerpo tan grande, pero se sorprendió a sí misma deleitándose en demasía por ello. Sin hacerse esperar, sus manos bajaron un poco más, buscando conocer más del humano, y desataron las escarcelas que salvaguardaban la gran e incipiente erección del humano y, con un ligero y fluido movimiento, las dejó caer al suelo junto al peto.
El cuerpo de Duncan no podía soportarlo más, sus manos demandaban más de ella, su boca no se saciaba con los violentos besos que se dedicaban desenfrenadamente, sin control ni medida. Un ligero sabor a hierro acentuó el dulzor de los besos de la joven, que se deleitaba con sus atenciones, como un cachorro que recibe de su amo. Quería sentir más de su piel, de su fuego. Sus labios bajaron hasta el cuello de la elfa, dejando pequeños mordiscos y lamiendo la humedad que allí yacía. La locura se apoderaba de él, de sus sentidos. Necesitaba poseerla, necesitaba estar dentro de ella urgentemente, y su cuerpo temblaba con el deseo. Sin esperar, una de sus manos bajó hacia el vientre de Lyna y más allá, su tersa piel cada vez más suave a medida que se acercaba a su centro. "Detente"- decía una voz en su cabeza, pero su cuerpo no parecía responder, no quería responder, ya no había vuelta atrás. Introdujo bruscamente su mano dentro de la ropa interior de Lyna y sus dedos rozaron tentativamente el suave y escaso vello que allí se escondía, oculto a la vista, pero tan tentador y delicado, que alteró aún más sus sentidos, cegándole todavía más. Sus dedos acariciaron suavemente la piel de allí, pero luego descendieron un poco más hasta rozar suavemente sus húmedos pliegues extrayendo un súbito e intenso gemido de la elfa, haciendo que sus nervios y su paciencia, se volcaran completamente en el momento.
"Andraste… presérvame"- le susurró al oído, al tiempo que le mordía el lóbulo, y sin hacerse esperar, introdujo bruscamente dos dedos dentro de Lyna, que gritó al instante con la placentera intrusión, logrando que sus piernas se debilitaran y se apartasen para dejarle más espacio para sus atenciones. Las caderas de la elfa se movían con la necesidad de sentir aún más, y él se plegó a sus deseos como un sirviente obediente. Su mano sacaba las más tiernas melodías de la garganta de la joven, que temblaba con sus caricias. La palma de su mano rozaba rítmicamente el centro de Lyna, estremeciéndola violentamente, al tiempo que él buscaba sentir su humedad aún más, desesperado por someterla, por poseerla hasta que de ella no quedase más que una fiera domada.
"Dioses…"- gruñó Lyna al sentirle tan intensamente. Su cuerpo jamás había experimentado tal sensación. Una mezcla de miedo, incertidumbre y deseo se apoderaban de ella. Su cuerpo vibraba en una sintonía que nunca antes había bailado; el shemlen excitaba cada nervio de su cuerpo, extraía cada gota de placer que tenía, la enviaba directo al final a una velocidad que jamás creyó posible. "Detente"- una voz en su cabeza le ordenó, pero ella no quiso ceder, sólo quería sentirle más, sentirle hasta que doliera, hasta que no importase nada más que lo que compartían. La comprensión del momento y sus implicaciones comenzaban a llegar a su mente que, a pesar de ello, se encontraba abotargada. Levantó una pierna para ofrecer mejor acceso a las atenciones del humano, y el Guarda la sujetó con una mano, mientras que la otra la introducía una y otra vez dentro de ella, con movimientos acompasados con el roce de su palma en su centro que electrificaban cada poro de su piel y enviaban chispas hasta su columna y músculos. Gritó una y otra vez, su vientre se contraía en respuesta a la destreza del hombre que la poseía sin pudor alguno, mientras la besaba y la mordía con deseo salvaje.
La lluvia incesante caía sobre ellos como un manto fresco y purificador. Otro trueno retumbó cerca. El cielo se electrificó y así el cuerpo de Lyna. Ella continuó el descenso de su mano por el vientre del hombre, sintiendo cada curva, cada pequeño desnivel de su curtida piel. Sus dedos desataron velozmente el pantalón y, sin apartar completamente la prenda de él, deslizó una mano por dentro para sentirle. El cuerpo del Guarda quemaba, y su mano fría despertó un contraste aún más intenso en sus caricias. Los dedos de Lyna acariciaban fervientemente el gran y duro miembro del humano, que se encontraba ardiente y palpitante. Sus yemas rozaban cada vena y pliegue con intención, buscando disfrutar de aquel espectáculo de la naturaleza. Su pulgar rozó deliberadamente la gruesa punta y sintió un fluido caliente deslizarse por los bordes, lubricando el extremo al instante. Su mano recorría toda la envergadura de su anatomía una y otra vez, con rapidez y fuerza, al ritmo de su propio deseo.
"No pares, por favor… no pares"- suplicó Lyna en un afán por acentuar la violencia de las atenciones del Guarda sobre ella. La intensidad del momento, se mezclaba con el dolor físico del encuentro, pero sin darse cuenta, ese dolor la calmaba por dentro, le hacía olvidar la verdadera agonía de la realidad.
La boca del shemlen destilaba toscos besos sobre uno de sus pechos, y sus dientes mordían suavemente el pezón a través de su blusa, erizándolo y enrojeciéndolo con el gesto, estremeciendo aún más su cuerpo que amenazaba con romperse en cualquier momento por el increíble movimiento de su mano dentro de ella. Lyna apenas podía pensar. Su mano jugueteaba con el miembro del guarda, que se endurecía y palpitaba cada vez más.
Él no podía controlarse. Los latidos de su corazón amenazaban con quitarle el aliento. Su abdomen quemaba con el persistente tacto de la mano de la elfa sobre su erección. Todo estaba siendo demasiado intenso e inesperado. Su cuerpo necesitaba poseer a esta joven, pero sus pensamientos comenzaban a hacerse más cristalinos, más insistentes. El dulce y caliente centro de la elfa le mantenía hipnotizado, pero el intenso tacto de la mano de la joven sobre su miembro, le trajo de vuelta a la realidad. Los delicados dedos de Lyna, se deslizaban por su masculinidad con insistencia y ritmo perfectos. Su duro y erecto órgano, palpitaba violentamente con la cercanía de su culminación. Su cuerpo entero gritaba un nombre.
"¡Lyna!"- gruñó con fuerza, mientras devoraba de nuevo los tiernos labios de la suplicante elfa que le pedía más entre dientes. Su vientre comenzó a temblar, una presión intensa contrajo su abdomen, su espalda se arqueó y gimió al viento como una bestia agonizante, estremeciéndose con cada sacudida involuntaria de sus caderas, mientras liberaba rápidamente su semilla sobre la mano de la joven, que continuaba serpenteando sus dedos sobre su inflamado y pulsante miembro.
El cuerpo de Lyna tampoco pudo soportarlo más y sucumbió, casi al unísono, al placer del instante de pasión descontrolada. Las paredes de su vientre se contraían a una velocidad inimaginable, enviando oleadas de chispas a sus extremidades y columna, estremeciendo su cuerpo violentamente. Sus piernas se debilitaron, pero el shemlen la sujetaba fuertemente, mientras él lograba calmar, poco a poco, sus propias sacudidas. Las caricias de Lyna sobre el humano disminuyeron lentamente, mientras sus labios rozaban los de él, entre respiraciones entre cortadas y pequeños gemidos que iban remitiendo paulatinamente.
Los segundos parecieron minutos, pero ambos se mantuvieron juntos, besándose durante el tiempo que duró la intensidad del encuentro. Sus corazones volvían, lentamente, a la normalidad y, ambos, empezaron a disminuir sus atenciones para con el otro, en justa reacción a la comprensión del momento compartido.
Lyna levantó la mirada y sonrió – "Ma serannas…"- susurró. Se acercó de nuevo a sus labios, y le besó suavemente.
Duncan observó a la joven con sorpresa. Su mente no daba crédito a lo que acababa de pasar. Su cuerpo aún se estaba consumiendo por el deseo, y su mano seguía húmeda por sus caricias íntimas. Todo había sido demasiado profundo e intenso. Comenzó a encontrarse mareado, sus sienes dolían, y la herida en su mejilla escocía como nunca antes; la realidad parecía golpearle con fuerza.
"Por el Hacedor… ¿Qué… qué hemos hecho?"- se separó de la elfa como si estuviera hecha de ácido, sus manos quemaban, su lengua se sentía áspera y pesada. Cerró fuertemente los ojos lo que pareció un instante, y la responsabilidad de sus actos cayeron de repente sobre él, volviéndose insoportable, imposible de asimilar. "No… No… No…"
… … … … … …
"¡No!"- Duncan se levantó de golpe. Su pecho se agitaba con fuerza por el esfuerzo de encontrar el aire suficiente para llenar sus pulmones. En el instante que se incorporó, un dolor terrible se alojó en su cabeza y garganta, obligándole a doblarse en el acto.
"Por Andraste… qué es… cómo…."- no encontraba las palabras. Su visión seguía borrosa y no comprendía nada. Hace unos segundos estaba bosque adentro con Lyna, arrepintiéndose de lo que había sucedido, y ahora se hallaba recostado sobre el tronco de un árbol al cobijo de una hoguera.
"Bien. Por fin despiertas, viejo"- Lyna se acercó a él con un pequeño paño de tela y se lo pasó, suavemente, por la cara.
Lyna observaba con curiosidad al shemlen ¿Se acordaría de algo de lo sucedido?
"L-Lyna… estás… aquí…"- Duncan se frotó los ojos y la observó con los párpados entrecerrados. Su mejilla dolía horrores e hizo una mueca de dolor cuando Lyna pasó el trapo por su herida. Sin embargo, su cuerpo ardía, y no precisamente por el fuego de la hoguera, sino por otro aún más intenso.
"Casi mueres envenenado, shem."- ofreció Lyna, mientras soltaba el trapo y levantaba un vial para dárselo al Guarda. Éste la miró con recelo, pero aceptó y se tomó el contenido del vial. Automáticamente su lengua y garganta se suavizaron y, a pesar del sabor amargo al final, notó sus sentidos volver, poco a poco, a la normalidad. Se frotó las sienes y sacudió la cabeza para despejarse un poco más. Acto seguido, levantó la mirada y observó con detenimiento a la elfa que le observaba con aire divertido y con un brillo especial que no lograba identificar.
"Te lo agradezco, Lyna. Ha sido un descuido."- se frotó un poco la herida de la mejilla e intentó levantarse, pero se mareó un poco.
"Ten cuidado, shem. Aún estás débil. Date unos minutos"- Lyna colocó una mano en su hombro para evitar que se levantase – "Además, quiero hablar contigo"- dijo en tono sombrío.
Duncan la miró a los ojos, y bajó después la mirada – "Entiendo…"- su corazón volvía a latir con fuerza. Sabía que ella querría hablar de lo que había sucedido y tendría que repetir lo que, en su tumultuoso y trepidante sueño, había confesado, pero no se sentía con fuerzas y mucho menos después de lo que había soñado.
"Pronto llegaremos a Ostagar, Lyna."- dijo intentando quitarle importancia y buscando retrasar el momento lo más que pudiera.
"Sólo… sólo dime una cosa"- ella buscaba la forma de comprobar que todo había sido real, y sólo se le ocurrió preguntar.
Duncan la miró de nuevo a los ojos y preguntó – "¿Qué?"- entrelazó los dedos de sus manos y esperó paciente a la pregunta. Sentía verdadero terror por ello. No quería un desenlace como el de su sueño, aunque su cuerpo le pedía otra cosa muy distinta. Se acomodó en su sitio, buscando ocultar su aún insistente y molesta erección, hasta que ella prosiguió.
Lyna se acercó a su rostro y cerró los ojos un instante. Después, los abrió y sonrió – "Donde nos dirigimos, vamos a matar muchos de estos bichos, ¿verdad?"- buscaba conocer la verdad sin desvelar demasiado.
El Guarda se sorprendió pero asintió al instante sin añadir nada más. Sus ojos brillaban con una luz especial, posiblemente con la realización de los días que, seguramente, estaban por venir.
Ella amplió su sonrisa y continuó – "Bien. Pero shem…"
"¿Hm?"- se tensó cuando sintió la mano de la joven sobre su pierna.
"Procura llegar vivo hasta el final, ¿sí?"- dijo dulcemente Lyna. Le acarició suavemente la pierna y se levantó sin dirigirle más palabras.
El rostro de la elfa parecía una burda máscara de tranquilidad caracterizada. Sabía que escondía algo, pero ella le sorprendió con su dulce tono y el obsequio de aquella hermosa media sonrisa que le desarmó. Él asintió y le correspondió en la sonrisa, pero algo en su fuero interno le decía que Lyna no estaba serena. Ella era un volcán, un torrente de sensaciones… esta reacción, sencillamente, no correspondía con su naturaleza. No sabía qué se traía entre manos, pero todo estaba siendo muy sospechoso. Por el momento, no insistiría, pero la estaría vigilando. Después de todo, no tenía ganas de salir corriendo, en mitad del bosque, en su búsqueda ¿o sí?
… … … … … …
El Velo, nuevamente, la reclamó. Su cuerpo ardía, su mente apenas alejaba las imágenes que se sucedían, una y otra vez, en segundos, reviviendo lo sucedido en ese agitado sueño.
No era un sueño. Era real. Real en sentido figurado, pero había pasado. Pasó allí y ella sabía que lo que pasaba allí, tenía su repercusión en el mundo real pero, ¿Por qué ahora? ¿Por qué él? ¿Por qué así?
El shemlen había trastocado su mundo de formas que jamás pensó que sería posible. Temblaba con la comprensión de la fragilidad de su control, de su resistencia. Conocer tan terrible destino, sólo acentuaba sus ganas de desaparecer, de perderse entre sus instintos y, quizá, morir.
Salió de la tienda a trompicones y ahí le vio; agitándose, gritando, gimiendo. Se acercó corriendo, buscó en su zurrón y extrajo las medicinas necesarias. Él no duraría mucho. El veneno atacaba bruscamente su cuerpo y debía actuar con celeridad si quería salvarle.
Pocos minutos después, el humano despertó. Su rostro se hallaba congestionado por el sueño, por lo que él pensaba que era una pesadilla, algo irreal e imaginario. Ella conocía la verdad; era otro plano, otra realidad, pero había sucedido. Se estremeció con la idea y revivió el momento. Su cuerpo buscaba sentir otra cosa que no fuera la tristeza, buscaba sentir lo que fuera menos eso. Ella podía con todo; con esos seres, con la mortalidad, con convertirse en Guarda Gris e incluso con la idea de no ser madre nunca, pero no podía con la tristeza que, tan violentamente, había contagiado su corazón. Huir no era la solución y ya lo había comprobado. Decidió seguir, luchar y sobrevivir a lo que hiciera falta, pero nada jamás volvería a ser igual; ni ella, ni su cuerpo, ni sus sueños. Algo en ella, esa noche, con ese sueño, cambió para siempre.
… … … … … …
El sol despuntaba en el horizonte. El largo recorrido, y los recuerdos encubiertos, les habían dejado más exhaustos de lo que esperaban. El frescor y la humedad del bosque continuaban calando sus huesos, pero seguir adelante era lo único que les quedaba.
"Ostagar"- señaló el Guarda, deteniéndose un breve instante para contemplar la escena.
Grandes estructuras se alzaban a lo lejos. Una gran torre despuntaba entre ellas, y la luz del alba pintaba las antiguas piedras de colores dorados y cobres. El repiqueteo lejano de acero y el ligero bullicio confirmaban la magnitud del desafío.
"Hemos llegado…"- el suspiro del humano la devolvió a la realidad. Sus ojos se detuvieron un instante más en la composición del paisaje; un bosque, un enclave antiguo y miles de seres a punto de alcanzar su destino final. Se estremeció.
"Terminemos con esto cuanto antes"- Tamlen se adelantó y Lyna le siguió en silencio. Pronto ellos también alcanzarían su destino.
El día había transcurrido sin mayor inconveniente, salvo por las típicas discusiones con el Rey que no hicieron más que acentuar sus sospechas. Cailan se mostraba esquivo y él sabía que le estaba ocultando algo. Decidió dejarlo pasar, por el momento, hasta que estuviera recuperado del viaje y hubiera puesto orden en el lugar.
Después de repartir una serie de edictos generales de organización, moral y ética, mandó a convocar una pequeña reunión informal con sus oficiales y mano derecha. Al cabo de algunas horas, todos estaban cumpliendo sus órdenes y, en el campamento, reinaba el orden y la moral alta.
La noche cayó de golpe sobre la antigua fortaleza, y su cena acudió abundante y veloz a su tienda, sin embargo él no probó bocado. Su estómago se hallaba revuelto y en su cabeza retumbaba un insistente golpeteo que le provocaba una jaqueca terrible.
Decidió descansar, pero el sueño le fue esquivo de nuevo esa noche – Los ojos verdes le miraban, ferales, violentos, llenos de vida. El calor de su cuerpo despertaba antiguos deseos ya olvidados. Su rostro, joven y dulce, contrastaba con la letalidad de sus poderosas manos. Su cuerpo ligero, su velocidad sobrenatural. La fuerza que expedía su cuerpo avivaba su propio fuego, contagiándole de vida, de energía, de ganas – Pasaron las horas y no logró conciliar el tan ansiado descanso. Se levantó, aún mareado por los recuerdos y el fuerte dolor de cabeza, y salió de su tienda.
El frescor de la mañana le golpeó de repente. El sol aparecía tras las montañas cubriendo su rostro de un agradable y cálido manto. Cerró los ojos para disfrutar del momento y olfateó el aire matutino – Pinos y arces – suspiró. El sonido de un cuerno le hizo abrir nuevamente los ojos – ¿Más soldados? – pensó, mientras se apartaba un mechón de cabello de su rostro y enfocaba su mirada hacia el paso principal, pero no vio nada.
El día sería largo. Hoy comenzaban los preparativos finales y debía estar sereno y concentrado. Tan sólo esperaba que nada ni nadie perturbasen su día.
Shemlen: niños rápidos. (Nombre despectivo que se le da a los humanos. Shem; rápido.)
Ma harel lasa: me mentiste.
Lethallin: término de cariño usado hacia un hombre y/o elfo.
Lethallan: término de cariño usado hacia una mujer y/o elfa.
Ma serannas: gracias, agradecimiento.
Fenedhis: mierda, maldición.
