Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
Las estrellas se veían lejanas y brillantes como el hielo en el cielo sin nubes. Me sentía justo igual que ellas. Una parte de mi reía con Haki, Tayuya y Sakon por encima del rugido del viento, pero por otra parte observaba desde lejos.
Sakon aparco a mitad de camino de la cima de la colina que conducía a una cabaña en ruinas, dejando las luces encendidas cuando descendimos del auto. Aunque había varios autos detrás de nosotros cuando abandonamos el internado, parecíamos ser los únicos que habíamos conseguido recorrer todo el trayecto hasta el cementerio.
Sakon abrió el maletero y saco un paquete de seis cervezas.
- Más para nosotros.
Me ofreció una cerveza, pero negué con la cabeza, intentando no hacer caso a la sensación de nauseas que notaba en la boca del estómago.
Ascendimos por la senda de losas, con nosotras tambaleándonos en nuestros zapatos de tacón alto y apoyándonos en Sakon y Haki. Cuando llegamos a lo alto, lance una falsa de asombro y Tayuya un gritito.
Enorme y roja flotaba en lo alto justo por el horizonte, la luna. Era grande e irreal como una pieza de utilería en una película de ciencia ficción, y su masa hinchada brillaba pálidamente con una luz malsana.
- Como una enorme calabaza podrida - dijo Sakon, y le lanzo una piedra.
Me obligue a lanzarle una sonrisa radiante.
- ¿Por qué no vamos adentro? - sugirió Tayuya, indicando con una mano blanca el agujero vacío que era la entrada de la cabaña.
La mayor parte del tejado se había desplomado al interior, aunque la chimenea seguía intacta; como una torre que se alargaba hacia el cielo muy por encima de nosotros. Tres de las paredes seguían en pie, pero la cuarta llegaba solo a la altura de las rodillas.
Una luz llameo junto a mi mejilla, y me di la vuelta, sobresaltada, encontrándome con Sakon que sostenía un encendedor. Sonrió de oreja a oreja, mostrando unos fuertes dientes blancos, y dijo:
- ¿Quieres usar mi encendedor?
Mi ligera carcajada fue la más sonora, para ocultar mi desasosiego. Tome el encendedor, usándolo para iluminar el sepulcro que había en el lateral de la cabaña. No se parecía a ninguna otra tumba del cementerio, aunque Young decía haber visto cosas parecidas en Inglaterra. Parecía una enorme caja de piedra, lo bastante grande para dos personas, con dos estatuas de mármol descansando sobre la tapa.
- Están muy pálidos - dijo Tayuya, riendo nerviosamente -, creo que lo que necesitan es un poco de calor.
Saco un pintalabios de su monedero y empezó a cubrir la boca de mármol de la estatua de la mujer de ceroso color escarlata. Sentí un nuevo ataque de nauseas.
Sostuve el encendedor mientras la otra muchacha usaba el pintalabios para colocar un bigote y una nariz de payaso a la estatua del hombre.
Sakon los contemplaba.
- Escuchen, ahí los tienen tan elegantes y sin un lugar al que ir. - coloco las manos sobre el borde de la tapa de piedra, intentando moverla lateralmente -. ¿Qué dices tú, Haki? ¿Quieres sacarlos a dar una vuelta nocturna por la cuidad? ¿Digamos, justo por el centro de la cuidad?
Que infantil, pensé, cabreada, mientras Haki lanzaba una carcajada y Tayuya una serie de risotadas. Pero Haki estaba ya justo a Sakon, apuntalándose y preparándose, con las palmas de las manos sobre la tapa de piedra.
- A las tres - dijo Sakon, y conto - Uno, dos, tres.
Mis ojos estaban clavados en el horrible rostro de payaso de la estatua mientras los muchachos empujaban al frente y gruñían, con los músculos a punto de estallar bajo la ropa. No consiguieron mover la tapa ni un centímetro.
- La maldita cosa debe de estar sujeta de algún modo - dijo Sakon con enojo, apartándose.
Indiferente, me apoye en la tapa de piedra de la tumba para sostenerme… Y entonces fue cuando sucedió.
Escuche un chirriar de piedra y note que la tapa se movía bajo mi mano izquierda al instante. Me alejaba de ella, haciéndome perder el equilibrio. El encendedor salió volando, y yo deje de respirar mientras miraba hacia arriba, y aunque me alejaba el cielo seguía ahí.
Caía a la tumba abierta, y un viento helado rugía a mí alrededor. En mis oídos sonaron chirridos.
Y entonces me encontré fuera y la luz de la luna brillaba lo suficiente para que pudiera ver a los demás. Sakon me sujetaba. Mire a mí alrededor intentando mantener la calma.
- ¿Estas chiflada? ¿Qué ha sucedido? - Sakon comenzó a zarandearme.
- Se ha movido. La tapa se ha movido. Se ha deslizado a un lado… y no se… casi caigo dentro.
Los muchachos se echaron a reír.
- A la pobre criatura le ha dado un tembleque - dijo Sakon -. Vamos, amigo Haki, lo comprobaremos.
- Sakon, no… - empezó Tayuya.
Pero entraron de todos modos. Tayuya se quedó en la entrada, mientras yo esperaba que algo malo les sucediera de todos modos. Al poco, Sakon nos hizo señas desde la puerta para que nos acercáramos.
- Mira - dijo cuándo volví a entrar; el muchacho había recuperado el encendedor y lo sostuvo por encima del pecho de mármol -. Todavía encaja, está aquí la mar de quietecita. ¿Lo ves?
Contemple con un disimulado asombro la perfecta alineación de tapa y sepulcro.
- Se ha movido. He estado a punto de caer dentro…
- Desde luego, lo que tú digas, nena.
Sakon me rodeo con sus brazos, sujetándome contra él de espaldas y dejando sus manos en mi vientre. Mire más allá y vi a Haki y a Tayuya en una posición muy parecida, solo que Tayuya, con los ojos cerrados, parecía estar disfrutando. Sakon restregó el poderoso mentón por mis cabellos.
- Me gustaría regresar al baile ahora - dije en tono categórico.
Hubo una pausa en la fricción. Luego Sakon suspiro y dijo:
- Claro, nena. - Miro a Haki y a Tayuya -. ¿Y ustedes dos?
Haki sonrió ampliamente.
- Nos quedaremos aquí un ratito.
Tayuya lanzo una risita con los ojos todavía cerrados. No creí que fuera tan poco inteligente, aunque no me sorprendía de las chicas de Okutama.
- De acuerdo.
Me pregunte como regresarían, pero permití que Sakon me condujera afuera. Una vez en el exterior, no obstante, el idiota se detuvo.
- No puedo dejarte marchar sin que eches un vistazo a algo - dijo -. Anda, vamos, Corinne - insistió cuando puse resistencia -, no hieras mis sentimientos. Tienes que verla, es el orgullo y la alegría de Okutama.
Me obligue a sonreír, aunque sentía el estómago helado. No tenía miedo de lo que lograra hacerme Sakon, sino de lo que costaría defenderme con este vestido.
- De acuerdo - dije, y empecé a andar hacia el cementerio.
- Por ahí no. Es por aquí.
Y al minuto siguiente me conducía hacia abajo en dirección a la parte más alejada.
- No pasa nada, de verdad, no está lejos del sendero. Mira, ahí ¿ves? - e indico algo que brillaba a la luz de la luna.
No me gustaba estar aquí, entre las desgastadas e inclinadas lapidas de granito de siglos pasados. La brillante luz de la luna proyectaba sombras perturbadoras, y había charcos de oscuridad impenetrable por todas partes.
- No es más que la bola de la parte superior. Nada de lo que tener miedo - dijo Sakon, arrastrándome con él fuera del sendero y hacia la brillante lapida.
Estaba hecha de mármol rojo, y la enorme espera que la coronaba me recordó la abotargada luna del horizonte; una luna que estos momentos brillaba sobre nosotros. No pude contener mis escalofríos al mirar mi ajustado vestido.
- La pobre nena tiene frio. Tendremos que calentarla.
Intente apartarlo, pero era demasiado fuerte y me rodeo con los brazos, atrayéndome hacia él.
- Sakon, quiero irme; quiero irme ahora mismo…
- Claro nena, nos iremos - dijo él -. Pero primero tenemos que calentarte. ¡Caramba, estás helada!
- Sakon, para - insistí.
Los brazos del muchacho a mi alrededor habían sido simplemente molestos, limitando mis movimientos, pero en este momento, con una sensación de sobresalto, sentí sus manos en mi cuerpo, tanteando mi espalda desnuda y en busca de más carne al descubierto.
No había estado nunca en mi vida en una situación como esta, muy lejos de poder golpearlo libremente. Dirigí un afilado tacón al empeine de Sakon, pero él lo esquivo.
- Quítame las manos de encima.
- Vamos, Corinne, no seas así, solo quiero calentarte todo el cuerpo.
- Suéltame - le exigí realmente molesta.
Intente desligarme de él. Sakon dio un traspié, y entonces todo su peso cayó sobre mí, aplastándome contra la maraña de hiedra y maleza del suelo. Me estaba comenzando a desesperar.
- Te matare, Sakon. Lo juro. Lo digo en serio. Sal de encima.
De manera patosa y descoordinada, intento echarse a un lado, riendo estúpidamente.
- ¡Ah!, vamos, Corinne, no seas tonta. Solo te estaba calentando. Corinne la princesa de hielo, calentándose… Estas más caliente ahora, ¿verdad?
Entonces sentí su boca caliente y húmeda sobre el rostro. Seguía inmovilizada por él, y sus empalagosos besos descendían por mi garganta. Oí ropa que se desgarraba.
- ¡Uy! - farfullo -. Lo siento. Pero que linda cadena…
Torcí la cabeza y mi boca encontró la mano de Sakon, que me acariciaba torpemente la mejilla. La mordí, hundiendo los dientes en la carnosa palma. Mordí con fuerza, sintiendo el sabor de la sangre mientras escuchaba el alarido de dolor. La mano se apartó violentamente.
- ¡Eh! ¡Dije que lo lamentaba!
Sakon contemplo ofendido la mano herida. Entonces su cara se ensombreció, mientras, sin dejar de mirarme fijamente, la cerraba convirtiéndola en un puño.
Ya está, pensé con una tranquilidad de pesadilla. O bien me va a dejar sin sentido o me matara.
Me prepare para el golpe.
Corinne Uchiha
