CAPÍTULO 39: RENACIMIENTO

La cara del detective y la pelirroja era todo un poema. Leyre esperaba su reacción con impaciencia, mirándoles agónicamente.

-¿Y Light lo sabe?- preguntó Stella con curiosidad.

-Aún no. Por eso quería hablar contigo primero. ¿Cómo se lo digo?- preguntó la chica nerviosa.

-A ver, es una buena noticia. Se lo tomará bien- animó Stella a su amiga.

Por detrás, L se metió también en la conversación.

-Pero recuerda también los problemas que tuvisteis con ese tema. Light nunca ha querido tener hijos- añadió el detective haciendo dudar a Leyre, que adoptó una expresión preocupada.

-¿Tú crees que se lo tomará mal?- le preguntó la pelirroja.

-Claro que no. Y tú L cállate, y no le digas la noticia, que se lo tiene que decir ella- sentenció Stella sabiendo las intenciones ocultas del detective.

-Yo soy una tumba- prometió mirando a otro lado.

-No le hagas caso. Seguro que Light se lo toma bien- dijo Stella tranquilizando a la chica.

-Pero a mí me ha dicho muchas veces que no le gustan los niños- agregó L volviendo a preocupar a la policía.

-Pero ha cambiado. Estará encantado con esta noticia- dijo Stella sonriendo a Leyre y dándole un golpe en el muslo a L para que se callara de una vez.

En ese momento, Light entró a la sala de cámaras quitándose su abrigo y caminando hacia sus amigos.

Antes de que el chico pudiese hablar, L se dio la vuelta.

-¡Enhorabuena, Light!- exclamó L con una sonrisa maliciosa.

Light, sin hacerle mucho caso continuó su camino hacia la silla.

-¿Enhorabuena por qué?- preguntó el castaño sin entender muy bien a su amigo.

-¿Cómo que por qué?- Stella y Leyre abrieron la boca incrédulas, acribillando al detective con la mirada- Porque vas a ser padre- dijo el detective con fingida emoción acercándose a su amigo y dándole un abrazo.

-Deja de bromear L- contestó Light pensando que su amigo le quería tomar el pelo.

Entonces el castaño se sentó al lado de su mujer, percatándose del silencio tan incómodo que se acababa de hacer en la sala. Stella tenía el codo apoyado en la mesa tapándose los ojos con una mano, y Leyre le rehusaba la mirada tragando saliva.

-Porque es una broma, ¿no?- volvió a decir Light.

-Pues no. No lo es- sentenció la chica bajando la mirada.

Light la miró sorprendido, entreabriendo los labios sin saber qué decir. Pasaron unos tensos segundos que desanimaron a Leyre, quien ya se imaginaba una mala reacción de su marido.

Pero en ese momento, Light se levantó de su asiento y la dio un fuerte abrazo.

-No sabes lo feliz que me haces- dijo el chico con una sonrisa sincera, aún abrazando a su mujer, quién correspondió al abrazo.

Stella miró a L con una sonrisa de superioridad, haciéndole ver que su intento de fastidiar a Light no había surtido efecto. Aún así, L sonrió ligeramente al ver el emotivo momento.

-Bueno señor y señora Yagami, debido a la buena noticia, les comunico que tienen el día libre- anunció L haciendo un gesto con la mano, dando a entender que se podían ir.

El resto del día, Light y Leyre lo pasaron visitando a sus familias.

Primero fueron a la casa de Light. Allí estaban los padres y la hermana del chico.

Nada más entrar les recibió el padre del chico.

-Light, Leyre ¡qué sorpresa! ¿Qué hacéis aquí?- preguntó el hombre mientras les acompañaba al salón donde estaban su mujer y su hija, las cuales se sorprendieron de verlos allí.

-Tenemos una noticia muy importante que daros- dijo Light sentándose en un sofá al lado de Leyre.

-¿De qué se trata?- preguntó la madre sentándose en una silla frente a su hijo.

Así también lo hicieron Soichiro y Sayu.

Light miró a Leyre sonriente, estrechándole la mano.

-Vamos a tener un hijo- anunció el castaño con una dulce sonrisa.

Sayu se llevó la mano a la boca sorprendida. Entonces se abalanzó sobre Leyre, dándole un tierno abrazo.

-Aaayyy, ¡qué bien! ¡Qué ilusión! ¡Voy a ser tía!- exclamó la joven emocionada- ¡Estoy muy contenta, hermanito!- dijo sonriendo a Light.

La pelirroja y el castaño sonrieron por las palabras de la joven.

-Enhorabuena hijo mío- se levantó al padre dándole un abrazo a su hijo, entusiasmado.

Entonces a ellos se acercó la madre del policía.

-¿Pero desde cuándo lo sabéis?- preguntó la mujer aún sorprendida.

-Nos hemos enterado esta mañana- contestó Light mirando a la mujer, esperando una reacción más positiva por su parte.

La madre se acercó y le dio un abrazo a Light. Tras esto se puso frente a Leyre, poniéndole las manos en los hombros y tras dudar unos segundos, la abrazó.

-Estoy muy contenta. Siempre he querido tener un nieto, a pesar de lo joven que soy- dijo la mujer de forma escueta- Pero a partir de ahora, Leyre, tienes una gran responsabilidad. Llevas dentro de ti a MI nieto- dijo remarcando el "mi", causando que Light rodase los ojos, viéndose venir lo que les esperaba- Si quieres que todo salga bien, sigue todos mis consejos. Gracias a Dios todavía conservo la dieta que hice durante los embarazos de Light y Sayu, y mira lo bien que salieron- dijo señalando a sus dos hijos, que la miraban con cara de poker- Y de paso, no te pondrás como una foca- remató la mujer con una fingida sonrisa.

-Bueno mamá, déjala en paz. Leyre sabe cuidarse sola- dijo Light con paciencia.

-Es que no tiene que cuidarse solo ella, si no también del bebé- agregó la madre con seriedad- Además, mi profesor de yoga da clases de preparación al parto. Te daré su número para que empieces a ir lo antes posible.

-Bueno, tenemos que irnos que también tenemos que ir a casa de la familia de Leyre- dijo Light tratando de salvar a su mujer.

-Bueno, y ya sabes. Olvídate de helados, chocolate, pasta, café, bebidas energéticas, alcohol...- citó una serie de alimentos "prohibidos". Mientras Light cogía del brazo a Leyre sacándola del salón, al tiempo que su madre seguía citando alimentos sin sentido.

-No se preocupe. Me voy a cuidar mucho- dijo Leyre con una sonrisa nerviosa.

-Uy... No hace falta que lo jures. Me encargaré personalmente de ello. Pienso hacer visitas sorpresa a tu casa para cerciorarme de lo que comes- sentenció la mujer con firmeza, asustando a Leyre.

-Bueno mamá, que nos vamos- dijo Light dándola dos besos- Y nada de visitas sorpresa. Que nos conocemos- advirtió el castaño.

-Bueno... Ya veremos- dijo la mujer.

Tras esto, la pareja fue a casa de los padres de Leyre, donde se encontraban también la hermana y el cuñado de la pelirroja.

Reunieron a toda la familia en el salón antes de contarles la gran noticia.

-Bueno, dinos ya qué pasa- exigió saber la madre de Leyre.

-Sí. Esta mañana nos hemos enterado de que... Estoy embarazada- anunció la chica con una amplia sonrisa.

La hermana pequeña de Leyre no pudo evitar un grito de emoción, y la madre de la chica fue a darles un abrazo a la pelirroja y a Light.

-Ay, chicos... ¡Qué feliz estoy! ¡No puedo creérmelo!- exclamó la mujer entusiasmada.

Lo mismo hizo su hermana mayor, Emma.

El cuñado de la pelirroja también les dio la enhorabuena a ambos.

Mientras que su hermano, se paró frente a Light.

-Mucha suerte con los antojos de ésta. Ya puedes ir preparando la cartera- le avisó el chico con las manos en los bolsillos y despreocupación.

Por último, se acercó el padre de la chica, que abrazó fuertemente a la joven sonriendo. Pero que cambió completamente de expresión frente a Light.

-A partir de ahora tienes doble responsabilidad. Más vale que la cuides como una princesa, niño pijo- esto último lo murmuró, por lo que Leyre, que estaba hablando con su madre, no pudo oírlo.

Light le sonrió con suficiencia.

-No tiene de qué preocuparse. Está en buenas manos- aseguró el castaño fingiendo normalidad.

Tras pasar la mañana con sus familiares, ambos volvieron a su casa para tomarse un merecido descanso.

Los tres meses siguientes los pasaron arreglando una de las habitaciones de la casa para el bebé.

Ese mismo día tenían la ecografía en la que le dirían el sexo del bebé.

A Leyre ya se le notaba una pequeña panza de 16 semanas.

A las cinco de la tarde, ambos estaban ya esperando en la consulta del ginecólogo.

Leyre estaba ya tumbada en la camilla, esperando a que empezase la ecografía.

-¿Qué crees que será?- le preguntó la pelirroja a Light, emocionada.

-Yo creo que va a ser una niña. Tengo ese presentimiento- contestó el chico con una dulce sonrisa. Leyre suspiró.

-Cuando lo sepamos, podremos pintar la habitación- contestó la chica ilusionada.

-Si es niña, la pintaremos de rosa- dijo Light sonriendo.

-Y si es niño, había pensado azul o verde- agregó Leyre.

En ese momento llegó el doctor a la sala, y los saludó amablemente.

-Bueno, ¿tenéis ganas de saber el sexo del bebé?- preguntó el joven con una sonrisa.

Ambos asintieron emocionados.

Cuando empezó la ecografía, Leyre vio cómo Light miraba atentamente el monitor donde se veía el bebé. Era un 4D, por lo que se podía apreciar muy bien los detalles.

-Bueno... Pues parece que tenemos una niña- anunció el doctor con emoción.

A Light le brillaron los ojos con intensidad, y no pudo evitar sonreír de felicidad, besando la mano de Leyre. Ella sonreía con alegría.

El ginecólogo, vio a Light tan ilusionado.

-Light, ¿quieres pasarlo tú?- preguntó el hombre refiriéndose al transductor.

El castaño asintió emocionado cogiendo el aparato y pasándolo por el vientre de la chica. En las imágenes se podía apreciar cómo el bebé se movía ligeramente.

Al ver esto, Leyre se llevó una mano a los labios sin poder contener las lágrimas de felicidad, al igual que el castaño.

La pareja salió muy entusiasmada del hospital, y lo primero que hicieron fue comprar la pintura rosa para la habitación destinada a su hija.

Llegada la noche, ambos se encontraban en la cama de su dormitorio. Leyre no paraba de darle vueltas al mismo tema.

-¿Y qué nombre le ponemos?- preguntó la pelirroja con una sonrisa.

-Pues... A mí siempre me ha gustado el nombre de Mia- respondió Light pensativo- ¿Qué te parece?- le preguntó a Leyre, observándola.

-A mí me parece muy bien. Me gusta mucho- contestó la chica sonriendo.

Entonces Light se acercó al vientre de Leyre.

-¿Y a ti qué te parece, Mia?- preguntó el castaño acariciando la tripa de la joven.

En ese momento, Leyre se sorprendió al notar una pequeña patadita.

-¿Lo has sentido?- dijo la chica asombrada.

-Sí, lo he sentido. Ha dado una patada- dijo Light incrédulo pero sonriente- Creo que a ella también le gusta su nombre.

Leyre abrazó efusivamente al chico, que la correspondió al momento. Ambos estaban muy felices.

Al día siguiente, Light y L se encontraban en la sala de cámaras. El joven castaño acababa de llegar, y pasó una mano por el hombro del detective a modo de saludo, sentándose a su lado.

-¿Cómo va todo L?- preguntó Light con una sonrisa de oreja a oreja.

-Todo bien... ¿Qué llevas ahí?- dijo el detective preguntando por la bolsa que su amigo llevaba en la mano.

-He comprado algo de ropa para el bebé. Sabes, ayer en la ecografía nos dijeron que era una niña- se notaba la emoción en las palabras del castaño.

-No me digas. Se te ve muy contento. Me alegro mucho por vosotros, Light- respondió L con total sinceridad.

-Lo estoy. ¿Y tú para cuándo te animas?- preguntó con una sonrisa juguetona.

-A mí de momento déjame, que estoy muy bien así- contestó el detective haciendo reír a Light.

-Voy un momento a la sala de informes a darle la ropa a Leyre. Ahora vuelvo- anunció el castaño.

Por otro lado, en la sala de informes estaban Leyre y Stella. La chica se encontraba relatándole lo acontecido el día anterior a su amiga.

-¿Entonces es una niña?- preguntó la policía con una sonrisa.

-Sí. Estoy emocionadísima- contestó Leyre alegremente.

-Aayy.. ¿Habéis pensado algún nombre?- preguntó Stella con la misma emoción que su amiga.

-Pues sí. Hemos pensado llamarla Mia- Leyre fue interrumpida por el sonido de la puerta.

En ese momento entró Light con una bolsa en la mano.

-Mira Leyre. He pasado frente a una tienda de ropa de niños, y no he podido evitar comprar esto. A ver si te gusta- dijo el castaño dándole la bolsa a la chica.

Mientras Leyre abría el paquete, Stella miró de reojo a Light con una sonrisa pícara.

-Light, se te ve muy emocionado- dijo la chica bromeando.

-Pues ya ves... Con lo que yo era antes, y ahora estoy hecho un padrazo- contestó Light riendo.

Entonces, Leyre cogió entre sus manos la ropa que había comprado Light. Se trataba de dos preciosos vestidos, uno blanco y otro rosa palo.

-¡Aaaayyy me encanta Light!- exclamó la chica abrazando a su marido, quien le correspondió el abrazo- ¿Y en qué tienda lo has comprado?- preguntó la chica.

-En una tienda nueva que han abierto en el centro, en Serrano. Si quieres podemos ir esta tarde a ver más ropa- sugirió Light.

Leyre asintió guardando en la bolsa la ropa que había comprado su marido.

Sobre las cuatro y media, Light y Leyre se fueron a mirar más ropa para su hija, dejando solo Stella.

El detective miraba el monitor de su portátil pensativo.

-Aaayyy... Se les ve tan felices- dijo Stella alegremente.

-Pues sí...- contestó L de forma simple- Pero siempre ocurre algo para arruinarlo todo- comentó el chico llevándose el pulgar a los labios, aún mirando el monitor.

-¿A qué te refieres?- preguntó Stella sin entenderle.

-Acabo de recibir un correo procedente del cuartel general de la Policía de Madrid... Misa se ha fugado de la cárcel- informó el detective. Stella se quedó sin palabras.

-¿Qué? ¿Enserio?- la noticia la había pillado por sorpresa.

-Sí, y eso no es lo peor. Hace dos semanas, me llamaron desde Inglaterra, y me dijeron que le habían perdido la pista también a BB.

La chica se quedó pálida, mientras su novio la observaba con algo de preocupación en su mirada.

-¿Y por qué no me lo has contado antes?- exigió saber la chica con enfado.

-No quería preocuparos. Además pensé que podía localizarle antes- respondió L- Pero al parecer no ha sido así. Él ya ha encontrado a quién buscaba.

Stella le miró con sorpresa.

-¿Crees que está aliado con Misa?- preguntó la chica.

-Probablemente. Misa no hubiera podido escapar nunca sola de la cárcel. Alguien la ha tenido que ayudar- las palabras del detective resonaban en la cabeza de Stella. Esto sólo podía significar una cosa: Peligro.

En pleno Madrid, Leyre y Light miraban el escaparate de una tienda, charlando animadamente sobre qué les gustaría comprar para su bebé.

Desde la otra acera, sentados en una terraza tomando algo, les observaban dos personas. Una chica rubia con grandes gafas de sol y los labios pintados de rojo, junto con un joven de pelo negro que llevaba una capucha, y que se parecía mucho al detective.

-No puede ser. Esa guarra está embarazada. Embarazada de MI LIGHT- dijo Misa dando un golpe en la mesa, apunto de levantarse para pegar a la pelirroja.

BB la detuvo dándole un fuerte tirón del brazo y sentándola de nuevo en la silla.

-Estate quieta idiota. Vas a arruinarlo todo. Tenemos que ceñirnos al plan, ¿recuerdas?- dijo BB con un brillo rojizo en los ojos. Tras él apareció una figura muy alta que nadie más podía ver: Rem.

Al día siguiente, Leyre tuvo antojo de tortitas con Nutella. ¿Y cuál era el problema? Que no quedaba Nutella. Así que a Light le tocó pasearse por toda Gran Vía, la calle más grande de Madrid, en busca de un tarro de ese dulce.

El joven, con la Nutella comprada, estaba esperando a que un semáforo se pusiera en verde para pasar por un amplio cruce de cuatro carriles que separaba ambas aceras.

La calle estaba muy llena de gente, y los sonidos de los coches y el murmullo de los viandantes, era la música de fondo de aquel lugar.

El castaño esperaba con impaciencia a que el semáforo cambiase a verde, pero de pronto, un joven de su misma estatura chocó contra él.

El chico perdió un poco el equilibrio, así que Light por educación le sostuvo.

Al verle, Light comprobó cómo ese joven se parecía horriblemente a L. Éste de su chaqueta sacó una libreta negra que puso contra el pecho de Light, quien instintivamente la tocó.

El castaño sólo pudo pensar en una persona: BB. Pero ya era demasiado tarde, ya había tocado el cuaderno.

BB se acercó al oído de Light con una sonrisa siniestra.

-Bienvenido de nuevo, Kira.

Tras esto, el joven se perdió entre la multitud, dejando a Light shockeado.

Todos sus recuerdos habían vuelto a él. Sus deseos de convertirse en el Dios del Nuevo Mundo, acababan de llegar con más fuerza que nunca.

El mundo seguía igual de podrido que antes y eso no lo podía permitir.

En ese momento, el semáforo se puso en verde, y la gente comenzó a cruzar la calle. Light se quedó parado unos segundos. En sus ojos se podía apreciar un brillo extraño y una sonrisa maquiavélica ocupó su rostro.