¡Buenas! ¿Qué tal la semana santa? A mí me ha ido genial, aunque no soy muy fan de las procesiones de semana santa... Pero diez días de vacaciones han sabido a poco.

En fin, aquí el nuevo capítulo, für die Kinder! Por los niños! Nuevo eslogan de esta historia tras el "¡por un mundo menos serio!", que según he oído, ha muchos les gustó xD

ATENCIÓN: Nada en esta historia me pertenece mas el OC.


36-Für die Kinder!

1959 – Schloss Bellevue, Berlin, Berlin, Deutschland

- No.

- ¿Qué?

- Que no.

- ¡Pues ya no te hablo!

- Perfecto.

Alemania se fue, dejando al niño en el salón principal del palacio, sin que pudiese decir nada. Elias se recostó en su asiento, con los brazos cruzados y algo cabreado.

¡Él solo quería irse a Nueva York! ¡A ver la ciudad de los rascacielos! ¡A ver la Estatua de la Libertad! Y ya, de paso, a asistir al congreso en el que se iba a firmar el tratado de los derechos del niño.

¡Pero Alemania no le había dejado! ¡Era malo! ¡Era muy malo! Y encima parecía feliz al oír que ya no iba a hablarle, ¡¿pero tan molesto era?! Pues ala, que se preparase el resto de su existencia porque nunca más iba a escuchar la voz de La Comunidad Económica Europea. ¡Nadie la escucharía jamás!

...

Bah, para qué iba a negarlo, él no podía quedarse callado.

- ¡Alemania!

Salió corriendo por los pasillos, siguiendo la figura del hombre.

- ¿Qué pasó con lo de "ya no te hablo"?

- ¡Pues lo de siempre! ¡¿Qué si no?!

Sí, nunca cumplía sus promesas, o al menos en lo que se refería a callarse.

- Ya te he dicho que no.

- Pero... ¡Pero yo también soy un niño! ¡Y son mis derechos!

- Tienes ocho años y aparentas seis. Eres una unión. Vives cómodamente con tres perros en un palacio. Creo que no pensaban en ti cuando hicieron los derechos -opinó el alemán con desinterés, ojeando unos papeles.

- ¡Primero: cuando tenía seis años SEGUÍA aparentando seis años y cuando tenga diez SEGUIRÉ aparentando seis; no es justo así que no vale de excusa! ¡Segundo: en ningún sitio pone que las uniones NO puedan irse a una reunión a la que precisamente DEBERÍAN asistir! ¡Tercero: dame un sombrero y una chaqueta y viviré en la calle!

- La última -única- vez que te envié a una reunión de la ONU casi muelen a tiros a todos y unos cuantos países acabaron convertidos en gatos. ¿Y con eso piensas rebatirme? -Alemania levantó una ceja.

- ... ¿Y si más de la mitad de los países que me representan se hubieran transformado en gato, yo también?

- Gracias por cambiar de tema -Alemania se alejó.

- ¡¿Qué?! ¡No huyas! ¡Lucho por lo que quiero, por eso te rebato!

- Ajá. Eso está bien.

Elias parpadeó un par de veces.

- ¿Entonces aprecias mis esfuerzos? -al niño le brillaron los ojos.

- Sí, los aprecio. Está bien verte sudar de vez en cuando.

- ¿Entonces me dejas ir a Nueva York?

- No -Alemania siguió su paseo a la biblioteca.

- Venga... ¡¿Qué quieres que haga?!

- No ir, obviamente.

- Mein gott, ¡A parte!

- Callarte.

Y cerró la puerta de la sala. Eso significaba: no molestar, trabajando en el futuro del país. Si no, la dejaría entre abierta, o medio abierta, o abierta completa (códigos especiales que aprendes cuando vives con La República Federal de Alemania).

Elias pegó una patada a la pared. Con las ganas que tenía de ir allí... pero no podía hacer nada, porque tenía ocho años, aparentaba seis, era una unión, vivía de lujo, ¡y le habían mandado a vivir con el país más horriblemente sobreprotector del mundo! Quitando a Suiza.

Y lo peor es que no podía cambiar nada.

- ¿O sí? -se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

Había dos cosas que podía cambiar. Debería probarlas. Además, solo tenía una semana, tenía que actuar rápido.

-.-.-.-.-.-.

Tras varias horas de papeleo, tres, para ser exactos, Alemania cerró las carpetas y las dejó a un lado del escritorio. Era agotador estar haciendo cuentas, sobretodo sin calculadora. La tenía en su habitación, pero si salía seguro que el niñito tenía algo preparado para entretenerlo por media hora.

Hablando de niñitos, Elias no había aparecido en ningún momento. Nadie le había avisado de alguna travesura que La CEE estuviera cometiendo ni había oído gritos de Berlín en los pisos superiores, ¿dónde estaría?

Descolgó el teléfono que tenía a un lado del escritorio y marcó el número de secretaría.

- Secretaría.

- Ludwig Beilschmidt, preguntaba por Elias, ¿sabe dónde está?

- No, lo siento.

- Danke.

Colgó y entrelazó los dedos, pensando. ¿Dónde se habría metido? Dudaba que por una tontería como la discusión se hubiera fugado, no después de su "viaje" a Poznań. Así que debía de rondar por el palacio, ¿pero dónde?

Descolgó, pero esta vez llamó a un número diferente.

- ¿Qué quieres, engominado?

- Buenos días, Berlín. Preguntaba si Elias estaba contigo.

- No. Precisamente quería preguntarte por qué no estaba conmigo. ¿Está contigo?

- ¿Crees que te preguntaría si está contigo cuando está conmigo sabiendo que conmigo estaría y no tendría por qué llamarte para saber si está contigo?

- … Esa ha sido una pregunta muy extraña -puntualizó la región.

- ¿No está contigo, entonces? -resopló Alemania, jugando con un boli con su mano libre.

- No. Suerte con tú búsqueda, y felicítale de mi parte por haber aguantado tanto sin molestar.

Y colgó.

Ahora sí que no tenía la más remota idea de dónde estaba. Es más, se estaba empezando a preocupar. Ese niño siempre las armaba pero bien, tenía que hacer algo... Buscarle, tal vez. No tenía por qué asustarse tan pronto.

Salió de la biblioteca a paso rápido, dejando su trabajo allí, ya lo terminaría en otro momento.

-.-.-.-.-.-.-

Pasó un cuarto de hora. Pasó media hora. Pasó una hora.

Alemania se apoyó en una pared de la cocina, cansado. Ya había mirado en todos lados, en cualquier sitio, hasta en los pasadizos más recónditos en los que su hermano se solía esconder para no hacer la cama. Y en ninguno estaba.

- Venga, Alemania, no pongas esa cara; le encontrarás -Brandeburgo le dio unas palmaditas en el hombro. Había venido a visitar a Berlin, pero había acabado ayudándole a buscar al chiquillo.

- Pero es que no tengo ni la más remota idea de dónde puede estar... -se llevó una mano a la cara.

- Bueno, piénsalo detenidamente... ¡No me mires así y piensa, Alemania! -ordenó con fuerza. El país se puso firme- Bien. ¿Dónde se iría Elias si saliera del palacio?

- A Poznań.

- Quitando el resto de países, centrándonos solo en Berlín, ¿vale? Vale. ¿Dónde?

- A pasear con los perros, pero están aquí; a perseguir a Katze o Gilcat, pero están con Berlín; a una heladería, pero no hay abiertas con este frío...

- ¿Nada más?

- No se me ocurre otra cosa.

- Pues sí que está desaparecido -Brandeburgo se apoyó en la pared también, dubitativa-. Tal vez deberíamos ampliar el circulo de búsqueda, ¿qué te parece si me voy a Postdam y preguntó por el niño?

- Sí quieres probar -Alemania se encogió de hombros-. Llámame si sabes algo.

- Lo mismo -y el estado desapareció por la puerta de la cocina.

Postdam.. ¿para qué iba a ir a Postdam...? En fin, quién sabe qué se pasa por la mente de un enano de ocho años...

Tal vez, ampliando el círculo de búsqueda... ¿no debería preguntar a otros países? Puede que supieran algo. Puede que se hubiese puesto en contacto con ellos.

- Mein gott... Es a la única cosa a la que le he dicho no en toda su vida y la que está liando... -murmuró para sí, saliendo también de la sala.

-.-.-.-.-.-.-.-

Llegó a la radio. Con una pequeña muestra de su carné de identidad, los soldados le dejaron pasar. Se sentó en un asiento frente al aparato, pensando en a quién llamar primero.

¿Tal vez a los países más cercanos?

Marcó y ajustó las frecuencias, tecleó el número, y empezó a oír las interferencias. Después alguien contesto.

- Bonjour, ¿quién molesta?

- Soy yo, Ludwig, ¿qué dices de molestar?

- Pues que me has pillado trabajando. Estaba disfrutando de unas horas de relax con mi querido cuadro de Jeanne d'Arc, pero se ve que no puedo gozar de ellas -oyó unos ruidos de tarros moviéndose de un sitio a otro. Nunca había pensado que pillaría a Francia trabajando, ni siquiera sabía que estaba haciendo un cuadro. Gott, ahora se sentía culpable- En bref, ¿preguntas por Elias?

- Siento mo... ¿Sabes qué pasa con Elias? -casi se levantó de la silla de la sorpresa.

- Oh , sé muchas cosas. Esa es una de ellas. Aunque solo me ha llamado, esperaba que tú me dijeras qué ha pasado.

- ¿Y qué te ha dicho?

- Me ha dicho que eres un mandón, mon amour. No se lo he discutido, pero me ha parecido raro que se quejase tras tanto tiempo, ¿qué ha pasado, pues?

- Nada, solo le he dicho que no a una tontería de viajar a Nueva York...

- Ah, entonces decís lo mismo. Me había pedido que si le podía cuidar yo por esta semana, ¿sabes? -una débil risa del galo inundó sus cascos- Porque yo iba a esa reunión y quería que le llevase y tú no le dejabas. Que ideas tiene en la tête, si'l vous plaît...

- ¿Y qué le has dicho? -atajó Alemania.

- Que me estaba pensando seriamente si ir o no, porque lo de que me transformen en gato no me gusta "un pelo" -recalcó con sarcasmo.

- ¿Y qué dijo?

- Que ya llamaría a otra persona. Y no me hagas más preguntas, quiero un abogado; ¿qué es esto? ¿Un interrogatorio? ¿Se te ha perdido Élie de nuevo?

- Sí.

- ¡¿Qué?!

- E-es complicado. Esta vez se ha largado por elección propia...

- Y... ¿qué vas a hacer? -sonaba sorprendido.

- Pues visto que está llamando a gente para que le cuide... Llamaré a más gente yo también.

- … Bon idée. Avísame cuando tengas a Élie, ¿vale?

- Vale. Adiós.

Colgó rápidamente y llamó a los números en el orden que el niño habría echo. La suerte de tener una radio militar y no llamar por teléfono es que daba igual si había ya alguien hablando por el teléfono al que llamaba, él podía interferir.

- Pronto? Chi parla?

Romano. Tenía que ser Romano.

- Buenas tardes, soy Ludwig.

- ¡¿El Macho Patatas?! ¡¿Para qué demonios estás llamando?! -como siempre, estaba enojado.

- Preguntaba por Elias.

- ¿Y por qué coño ibas a preguntar tú por Elias si vive en tu casa? No me mientas, te has aliado con el francés para decirle perversiones a mi hermano por el móvil o algo...

- Elias se ha "escapado" de casa.

- …

- … ¿Lovino?

- MAMMA MIA! ELIA È SCAPPATO DA CASA?! CHE NON PUÒ ESSERE POSSIBILE! ANCHE SE HO ANCHE IO FUGGA SE HO VISSUTO CON VOI!* -saltó en italiano Romano. Por los golpes, debía de estar rompiendo jarrones o platos.

Tras unos minutos de insultos y maldiciones, pareció tranquilizarse y volvió a sonar como el Romano de toda la vida:

- Malditas sea, patata bastarda. Esto es tu culpa y lo vas a pagar, porque es imposible que ese niño se haya escapado viviendo como un maldito rey en un maldito palacio -le avisó. Qué bien, no le creía, "novedad"- ¿Quién le ha raptado? Dime quienes son los más cercanos al bambino que estuvieran en ese palacio hoy. Nadie se lleva a un pariente de los Vargas y sale con vida. Famiglia viene prima.*

Alemania a punto estuvo de colgar. Italia del Sur había sonado muy frío y tranquilo mientras decía eso, casi con... profesionalidad.

- Cálmate. Se ha ido él solo, eso es seguro. Yo me encargo de encontrarlo.

- Más te vale, porque si no me encargaré yo, capicci?

- Ja. Solo necesito que me digas si Elias os ha llamado hace como un par de horas.

- No. No nos ha llamado. Espérate un momento, macho-patatas-pierde-niños-a-doquier.

Tras el nuevo mote, hubo un momento de silencio y charla a lo lejos que sonaba a italiano. Después pasos y alguien cogió el teléfono. Ya no era Romano.

- Ve! ¡Ludwig! ¡¿Qué ha pasado con él pequeño Elia? ¿Está bien?

- Seguramente. Solo os quería preguntar si os ha llamado.

- Ve... Sì... yo le respondí ¿por?

- ¡¿Sí?! ¡¿Y qué dijo?!

- Que si podíamos cuidar de él esta semana.

- ¿Y qué le respondisteis?

- Ve... Que no... Porque cuidar de Elia era peligroso, vosotros lo dijisteis en la reunión en la que apareció, ¡y fratello y yo no queremos problemas!

Alemania soltó un largo suspiro.

- Bien. Perfecto. Bien hecho.

- Ve? ¿Qué lo he hecho bien? -el italiano sonaba confundido.

- Sí, bien dicho, Feliciano.

- Ve~ Ludwig dice que lo he dicho bien~

Oyó pasos alejándose. Genial, se había ido a celebrarlo sin colgar. En fin, ya colgó él.

Se quitó los cascos, pensando. Por ahora todo iba bien, puede que todos los países le hubiesen dado una negativa, pero... ¿si nadie había aceptado cuidarle, dónde estaba? Ese niño era impredecible...

En fin, primero debía asegurarse de que ninguna nación conocida de Elias había aceptado estar con él esa semana. ¿A quién llamaría el niño después de Francia e Italia...?

Luxemburgo. Eran bastante amigos, ¿no?

- ¿Quién es? -una voz de niño respondió tras unos cuantos pitidos.

- Ludwig. Buenos días.

- Buenos días, pero... ¿a qué has llamado? Tengo mucho trabajo, ya lo sabes... Sobretodo con la reunión que tenemos dentro de nada... -de verdad parecía agobiado el pequeño país.

- Solo quería preguntarte... ¿te ha llamado Elias?

- ¿Elias? Eh... sí, me ha llamado.

- ¿Y te ha preguntado algo?

- Que si podía cuidar de él esta semana. Vaya tontería, ¿eh? Con todo el trabajo que tengo, cuidar de un niño... ¿y quién cuida de mí, entonces...?

Alemania suspiró. Claro, ¿cómo pudo pensar que Luxemburgo aceptaría esa propuesta? A penas conseguía encajar a su perro en la agenda...

- Gracias por decírmelo, Lux. Ya nos vere...

Ya había colgado.

¿Ahora quién iba? ¿Holanda? Nein, a ese seguro que el niño no le había ni llamado, y seguro que su "no" era bien tajante. Entonces solo quedaba la hermana de Holanda.

Hizo la llamada.

- ¿Diga?

- Soy Ludwig.

- Ya lo suponía, no hay mucha gente más que me llame por radio... ¿no tienes teléfono fijo? ¿Te regalo uno por Navidad?

- Eh... no hace falta, tengo. Solo que me es más segura la radio.

- Te recuerdo que no estamos en la guerra, Lud -la oyó reírse-. ¿Y qué querías decirme?

- ¿Elias te ha llamado?

- ¿Elias? Sí, me ha llamado, por teléfono. Y no he entendido muy bien lo que me ha dicho, a decir verdad.

- ¿Te ha preguntado si le podías cuidar esta semana?

- Wat? ¿Cómo lo sabes? ¿Eres "pitoniso"? -rió.

- ¿QUÉ?

- Déjalo...

- ¿Y qué le has respondido? -volvió al tema, visto que la chica se enredaba con todo.

- Le dije que por supuesto, mientras no me molestase.

- ¡¿Qué?! ¡¿Le has dicho que puede ir?!

- Hey, hey... también le dije que ahora mismo no podía, estos días estoy atareada. Que como mínimo tendría que esperar hasta mañana.

Alemania se pasó una mano por el pelo, pensando detenidamente todo. Bélgica le había dicho que ese día no.

- ¿Entonces dónde está?

- ¿Qué dices?

- Nada. ¿Te comentó alguna otra cosa, que fuera a llamar a otra persona o qué fuera para allá él solo...?

- No, me dijo que todo estaba perfecto y que tenía ganas de verme mañana, ¿no es un niño majísimo? -podía ver la sonrisa gatuna de la belga.

- Encantador -gruñó. Un travieso diablillo que se creía mayor. Elias era todo eso. Ya, luego, majo-. Mira, si te llama dile que vuelva a casa, ¿va?

- ¿Que no está?

- Nein. Se ha ido sin decírmelo. Tampoco me había contado que hubiera quedado contigo.

- Vaya... No te pases con el castigo, ¿eh?

- Primero tengo que encontrarle. Auf wierdersehen.

Colgó y se restregó con el índice y el pulgar los ojos. Estaba cansado, y aún le quedaba encontrar al pequeño. Estaba por llamar a la policía para que todo fuera más rápido. ¿Dónde se habría ido? A esas horas los parques no eran seguros, y el centro de la ciudad tampoco, así que como hubiese ido a algún sitio de esos lo tenía crudo. Dios, si ya vivían dentro del Tiergarten, el segundo parque más grande de Berlín...

Se levantó y apagó rápidamente todo. Sin apenas una palabra de despedida, fue en busca del renacuajo.

Qué difícil se lo estaba poniendo.

-.-.-.-.-.-.-

Salió de la base militar y se adentró en Berlín. Primero iría al Tiergarten, y después iría investigando por los alrededores, agrandando poco a poco el círculo de búsqueda. Le habría pedido ayuda a Berlín, pero posiblemente le hubiera lanzado la cama de su habitación, así que se conformaba con buscarlo él solo.

Llegó a la Siegessäule, llena de coches. Dio varías vueltas, decidiendo si ir primero por la calle del palacio o empezar por otra cualquiera. El sitio era muy grande, y dudaba que se hubiese quedado cerca del palacete.

Ahora que recordaba, había tres pegas que le había puesto sobre ir a la reunión de los derechos de los niños.

La primera era que era una unión.

La segunda que ni siquiera aparentaba la edad que tenía.

La tercera que vivía de lujo.

"¡Dame un sombrero y una chaqueta y viviré en la calle!"

- Mierda.

Se había ido de mendigo por Berlín. Por eso no estaba. Maldita sea, ¡¿por qué se lo tomaba en serio?! ¡Era un niñito de ocho años, no podía tener esas ideas tan radicales, mucho menos llevarlas a cabo!

Se sentó en un banco de la rotonda. ¿Y ahora qué hacía? No estaría en el Tiergarten, estaría por ahí, llevando una vida de vagabundo... Quizá debería llamar a la policía de verdad...

Alguien se sentó al lado suya.

- ¿Qué pasa, Lud? ¿Ya has terminado tu trabajo y estás triste?

Giró la cabeza, con sus pupilas como agujas.

Abrigado, con una bufanda y gorro y su metro y poco de siempre estaba el pequeño Elias, frotándose las manos enguantadas para conseguir calor.

- Elias.

- … ¿Qué?

- Mein gott... -ahí estaba el condenado niño, tranquilamente sentado al lado suya en un banco tras unas tres horas desaparecido. La furia le invadió- ¡¿Qué estás haciendo?!

- ¿Eh? -el niño le miró algo confuso.

- ¡¿Cómo te puedes ir sin avisar?! ¡¿Y molestar a todo el mundo para que te cuidase?! ¡¿Sabes el susto que me has dado?! ¡He ido a la guardia civil para poder contactar directamente con Belbel, Francis, Lux, Lovino y Feliciano! ¡Tres horas desaparecido! ¡¿Pero qué te crees?! ¡Y a estas horas de la noche por la calle, vagabundeando! ¡Vivir en la calle sólo por que no te dejo ir a Nueva York! ¡¿Tan desconsiderado eres?! -soltó, llevándose al final una mano a la cara y soltando un largo suspiro.

Por el rabillo del ojo vio al niño completamente pálido, con la boca entreabierta. Sin habla. Perfecto, ahora se pondría a llorar o algo y él se sentiría culpable...

- P-pero yo solo he ido a dar una vuelta... Y-ya volvía a casa... q-que hace frío... -tartamudeó, señalando la avenida por la que se iba al palacio- Y-y no he estado fuera... n-ni una hora...

Alemania se le quedó mirando sin saber qué pensar. Ni una hora fuera. Que no estaba deambulando por las calles de por vida. Ya volvía a casa.

- ¿Y a q-qué vienen esos gritos? ¿E-estás enfadado? Es tut mir leid...*

Tenía lágrimas del susto. Que un tipo de metro ochenta ancho como un armario te gritase imponía bastante.

No, si al final siempre se sentía culpable.

- Déjalo -se levantó, pasándose la mano por el pelo como si la gomina no lo dejase suficientemente estirado-. No quería gritarte, es tut mir leid, pero es que... Si te vas sin avisar, llamas a gente sin avisar... Pues... no me parece bueno.

- ¡Yo no sabía que Bel iba a aceptar! ¡Sólo era una tontería! ¡T-te juro que le iba a decir que no, que ya no hacía falta...! Pero... ¡es que quiero ir a Nueva York, Lud! -se excusó, levantándose y tirando del pantalón del hombre como si le fuera la vida en ello.

- Ya. Cállate. Tengo claro que quieres ir a Nueva York -le cortó, mirando la columna que decoraba el centro de la rotonda-. Ese tema queda zanjado.

- ¿Zanjado? ¿Voy o no?

- Vas.


Este capítulo es todo un mal ejemplo: no hagáis que los niños se salgan con la suya, gente.

Traducción:

*¡MADRE MÍA! ¡¿SE HA ESCAPADO DE CASA?! ¡ESO NO PUEDE SER POSIBLE! ¡AUNQUE YO TAMBIÉN ME ESCAPARÍA SI VIVIERA CONTIGO!

*Lo primero es la familia.

*Lo siento

Y aquí este capítulo lleno de ilusión, ¡el próxima será en Nueva York! ¡Demos la vuelta al globo!

Y ahora una nota, porque Himaruya ha estado actualizando y eso y ha aparecido Lux. Y yo le tenía por un niño pequeño y trabajador Y RESULTA QUE ES ALTO Y COOL.

¿Ahora qué hago? Creo que mi personaje se quedará con su altura.

¡Mandad Reviews, que no muerden! ¡Y gracias a los que los mandaron durante la semana santa!

¡En el próximo capítulo explicaré más a fondo el tema de los derechos de los niños!

~SomeSimpleStories