Capítulo 38

Una sorpresa perfecta

Disfrutamos de un precioso sábado soleado mientras hacíamos la comida entre los dos. En la cocina no puede faltar la música mientras prepara pasta y yo sazono unas pechugas a la parrilla.

—Cariño, ¿Me pasas la pimienta? — pregunto sonriente.

Ella se gira y sonríe.

—Por supuesto, mi amor— responde a la par que me da un beso tierno y se gira.

Me encanta nuestra relación. En los pocos días que hemos aceptado formalmente lo nuestro, nos hemos llevado de maravilla. Bella y yo pasamos la mayor parte del tiempo besándonos y hablando sobre nosotros mismos, como queriendo recuperar el tiempo que habíamos perdido.

—Mi hermano llamó esta mañana — comenta como quien no quiere la cosa.

—¿A sí? ¿Qué te ha dicho?

—Me preguntó cómo me sentía— suspira mientras apaga la estufa—. Creo que es tiempo de decirle, amor.

Yo dejo mis quehaceres y la abrazo por la cintura.

—Sé que esto te tiene mal pero, ya lo resolveremos.

—¿Y qué planeas hacer? Faltan menos de tres semanas para que el plazo de la boda se cumpla y para como veo las cosas, a mí no me crece ninguna barriga.

Yo sonrío tontamente.

—Eso se puede arreglar.

Ella se sonríe con suavidad y me toma por el cuello.

—¿Qué tramas, Cullen?

Niego seductoramente.

—Falta poco para que seamos marido y mujer, amor… No creo que pueda aguantar un poco más y más aún, viéndote cada día usando esos diminutos pedazos de tela que dices llamar shorts. ¿Quieres que me tire por la ventana?

—Pero yo no hago nada —se talla coquetamente sobre mi pecho—, además fuiste tú el que quiso que respetáramos todo eso de lo del matrimonio y el sexo después de. ¿Recuerdas?

—Lo recuerdo perfectamente— comento poniendo los ojos en blanco.

—Pero… — susurra besando mis labios— Tú sabes que me tienes loca cuando nos comenzamos a besar en la habitación, incluso viendo una película— ríe—. Yo también te deseo.

Dios.

—¿En serio, nena? — pregunto tomándola posesivamente por la cintura, buscando su cuello, lamiéndolo y sintiendo su piel estremecer.

—Sabes que sí, mi amor.

La tomo por el trasero y la levanto por encima de la barra. Ya está, no puedo más. Hoy es uno de esos días en los que me siento arrebatado. Me gustaría poder decirle que nos detengamos, que en primera instancia me gustaría respetar el primer deseo de ella en llegar virgen al matrimonio, pero me está poniendo las cosas tan malditamente difíciles. La amo y la deseo y en todos los casos, si ella saliese embarazada, no tendría problema alguno porque ya sería completamente responsable por ella y ese bebé. ¿Qué mierdas estoy pensando? Hay maneras de vitar un embarazo aunque no usemos protección. Dios, estoy loco. Estoy pensando de más.

La miro a la cara y se muerde los labios. Ataco su boca de fresa y la devoro fervientemente. Una y otra vez, nos mecemos, tirando el uno del otro, necesitados por el deseo, por el amor, la lujuria incluso. Aprieto su cuerpo, lo tallo contra mi erección abriéndome paso entre sus dulces piernas. Jadeo ante mi contacto y su aliento caliente es depositado en mi boca.

—Quítate la ropa, por Dios— me suplica apenas despega un poco sus labios de los míos.

Yo la obedezco quitándome la camisa y la tiro al suelo en un solo movimiento.

Me convierto en un enloquecido y tomo su rostro en mis manos para poder atacar su boca. Ella gimotea y la encuentro torpemente queriendo abrir el botón de su short. Algo descontrolados, nos impedimos quitarnos las manos de encima, así que opto por quitarle la blusa de un certero movimiento.

Me despego y la observo. Una vez más en su cuerpo me pierdo. La devoro con la vista una y otra vez, deleitándome al ver sus pechos subir y bajar por la excitación.

—Eres tan hermosa, cariño.

—Ven— me tiende la mano—, hazme el amor, Edward.

No puedo negarle lo que yo tanto anhelo también. Me abrazo a ella y pongo las manos en su espalda, necesitando quitar su sostén. Quiero pasar la lengua por sus pezones, saborear sus reacciones, beberme su miel. Hacerla mía.

—Eres mi perdición, Bella. Me vuelves loco…

Ella sonríe y ataca mi pantalón con sus pequeñas manos y entonces, yo abro su brassier y cuando estoy a punto de bajarlo, el timbre de la puerta comienza a sonar insistentemente.

Bella se detiene y rompe la burbuja que habíamos creado. No, no, no.

—¿Esperas a alguien?

La puerta vuelve a sonar.

—No, pero no importa nena. Ven, sigamos— digo con desespero.

—Pero puede ser algo importante— objeta sosteniendo su ropa por encima de sus pechos—. ¿Qué tal si mamá está enferma?

—No creo, amor. James te hubiese llamado.

El insistente llamado se vuelve frustrante.

—Mejor ve a ver, ¿Quieres?

—Pero…. Amor…— casi lloriqueo como niño pequeño.

—Anda— me besa castamente los labios—. Sólo atiendes y… Podemos intentarlo nuevamente— coquetea.

Ante esa grandiosa promesa, asiento sin lugar a dudas. Corro emocionado, esperando encontrar a solo un mensajero o alguien que posiblemente esté equivocado con la dirección.

—No te vistas— le pido—, vuelvo en seguida— y le lanzo un beso.

Ella lo atrapa en el aire y yo me muerdo los labios.

Tomo la camisa del suelo y me la coloco apenas. El timbre no deja de sonar y yo estoy empezando a querer maldecir.

—¡Ya va! ¡Ya va! — Gruño tocando el pestillo y abriendo la puerta—. ¿Quién está molestando a…?

Y entonces, mis ojos se abren de golpe.

—¡Sorpresa! — festeja la mujer frente a mí.

Yo no puedo creerlo.

Oigo a Bella gritar desde la cocina.

—Amor, ¿Quién es?

—Mi mamá— respondo tragando en seco.

La mirada de Esme es tan radiante y feliz que no puedo creer que esté aquí. Abre las palmas y brinca dando saltitos en su lugar como niña pequeña.

—¿No me vas a dar un abrazo?

Yo lo hago automáticamente y la sostengo.

—Amor, no te he oído… ¿Por qué no…?— oigo decir a mi novia y al dejar de abrazar a mi madre, veo la expresión de su rostro.

Sí, yo tampoco lo esperaba.

—Esme…— murmura casi sin aliento.

—Hola, cielo— dice tomándola por el cuello y dándole un abrazo de oso—. ¿Cómo estás? ¿Sorprendida de verme?

—Algo— responde sin entender realmente que está pasando—. Me sorprende que Edward no me haya dicho que vendrías— me regaña.

Yo hago un gesto de sorpresa, tratando de darle a entender "¡Yo tampoco lo sabía!"

Ella frunce el ceño, sé que no le molesta la visita inesperada de mi madre, pero tampoco le hace tanta gracia que haya terminado con nuestro momento y cuando me refiero a terminado, es terminado.

No me veo siendo un chico puritano, ni mucho menos moralista, pero no creo respetar la presencia de Esme, si se trata de hacerle el amor a Bella. En cambio, sé que las cosas serían muy distintas a los planeado: Bella no daría más avances. Ella es así, y no habrá poder humano que la haga cambiar de parecer.

Bufo pesadamente.

—¿Qué pasa, cariño? — Me pregunta mi dulce Esme—. ¿No te da felicidad verme?

—Por supuesto, ¿Por qué dices eso?

—Ni siquiera me has invitado a pasar— me regaña sonriente.

Rayos.

—Lo lamento, mamá. Pasa por favor— digo tomando sus dos maletas. Muy grandes por cierto. Estos días serían difíciles. Nos pasamos a la sala, donde le pedimos que tome asiento.

—¿Gusta comer? — la invita Bella—. Recién terminábamos de cocinar.

—Y de otras cosas— murmuro un poco irritado.

Bella me escucha y me planta un codazo en las costillas.

—Auch.

—Me encantaría, mis niños. La comida es el momento indicado para charlar. Tenemos que hablar tanto sobre su boda.

—¿La boda? — preguntamos en unísono ella y yo.

—¡Claro! Creo conocerlos lo suficiente como para saber que no han planeado nada.

Y vaya que tenía razón.

—Bueno— se excusa mi novia—. El trabajo nos ha mantenido ocupados.

—Ya veo — murmura mi mamá—. Entonces, pongan otro cubierto en la mesa, me les uno a la comida.

Alrededor de quince minutos más tarde, nos encontrábamos sentados los tres. Mamá se veía muy complacida con la comida y varias veces nos felicitó por nuestro sazón.

—Parece que se llevan muy bien en la cocina— murmura bebiendo de su agua de frutas—. Estoy confiada que la mayor parte la hizo Bella— me mira sonriente.

—¿Cómo sabe eso? — pregunta mi novia.

—¿Dejarás un día de llamar de usted? Seremos familia muy pronto, ya te he dicho que me llames Esme— sentencia y luego estira las manos—, en cuanto a tu pregunta, lo sé perfectamente porque mi Edward es un desastre en la cocina.

—Mamá— la regaño.

—Vamos, es verdad cariño. Cuando recién te mudaste, no parabas de llamarme para pedirme recetas que contuvieras máximo tres ingredientes— se burla y Bella reprime una risa.

—¿De verdad?

¡Ay no! Bella estaba abriendo la caja de pandora al seguirle el juego. Me tapo la cara por la vergüenza, esperando que empiece a contar las historias más ridículas sobre mí.

—¡Dios! Hay tantas lindas historias sobre mi precioso bebé.

Bella parecía niña pequeña en una juguetería.

—Vamos, cuéntame Esme.

Yo abro los ojos de golpe, mirándola, pidiéndole en silencio que no continuara. Mi novia solo hace un gesto evasivo con los hombros para luego guiñarme un ojo.

—Cuando tenía seis años, se perdió en un pequeño centro comercial de Port Ángeles. Hubieras visto, no paraba de llorar. Y realmente no se había perdido, porque yo estaba a la vuelta de la esquina mirando los aparadores. Se distraía fácilmente y no me escuchó cuando le dije que me siguiera. La gente lo consolaba tanto que regresó a casa lleno de pintalabios en las mejillas y los bolsillos repletos de dulces.

Bella sonríe y me mira, pellizcando mi mejilla derecha.

—Que ternura.

Yo trato de sonreír pero fallo.

—Pero la mejor etapa de mi niño, fue cuando tenía menos de tres años.

Giro la cabeza bruscamente hasta ver a mi madre.

—No, mamá… No vayas ahí…

—¿Por qué? — inquiere Bella—. ¿Qué sucedió?

—No es nada— trato de terminar el asunto.

—Edward… ¿Qué tiene de malo que lo sepa?

—Es vergonzoso— le tajo casi tan rojo como un jitomate.

—¿Saber qué? — insiste ella.

—No es nada, amor. Mi mamá está olvidando ciertas cosas y a veces le gusta exagerar las historias.

—No me llames loca, Edward Anthony Cullen Masen— me regaña—. De igual modo lo tiene que saber.

—No, por favor— digo tapándome el rostro.

Pero es demasiado tarde. Mi madre toma su bolso y busca entre sus chucherías. Saca un pequeño álbum, del tamaño aproximado de las fotos instantáneas que antes se hacían y le entrega uno a Bella. Yo estoy muriendo de la vergüenza y trato de voltear hacia un lado para que nadie me mire.

—Que linda niña— sonríe mi novia—. ¿Quién es la pequeñita?

—Es tu novio— dice triunfante mi madre.

Me quiero morir.

Bella no puede soportar una sonrisa enorme.

—¿Edward? — pregunta a la par que levanta la foto y la compara con mi rostro.

—Muy graciosa— digo secamente.

—¡Pero si te ves adorable! —chilla con ternura.

—¿Verdad que sí?

—Mamá, ¿Por qué? — pregunto derrotado y más avergonzado que nada.

—Ay, Edward… Tú sabes que anhelaba tener una niña… Yo quería una y bueno… No te quejaste tanto hasta que tuviste la edad suficiente. Por eso quiero ansiosamente nietos, pronto.

Ahora la sonrisa se ha borrado de la cara de Bella y hasta cierto punto, me hizo gracia. ¡Ja!

—¿Nietos? — pregunta ella.

—Bueno, no tengo tanta prisa — se excusa Esme—, primero tienen que casarse. Cosa por la cual he venido aquí.

—Mamá, agradecemos tu ayuda pero… Realmente ni siquiera hemos platicado qué es lo que queremos los dos. No sé si Bella quiera una boda a lo grande o íntima, solo los más cercanos.

Mi madre me mira ceñuda, de hecho a ambos.

—Eres mi único hijo y he estado esperando esta boda por mucho tiempo. Tienes veinticinco años y cada día me hago más vieja… Esta boda será recordada y será hermosa. Yo me encargaré… Así que tengo el control de todo.

—¿A qué te refieres? — pregunto confundido.

—Que ciertas cosas van a cambiar por aquí.

—No entiendo — comenta Bella con confusión.

Esme suspira y se acomoda un mechón color caramelo que roza su cara.

—Mi cielo— toma las manos de mi novia—, me he tomado la libertad de hablar con tu madre. ¿Tienes una idea de lo decepcionante que fue saber que ustedes no se casaban realmente por un bebé? ¡Dios! Estaba que no cabía ni en mi misma, pero se me fue explicado que no es cierto. ¿Tienen consideración con mis emociones? —Y entonces me mira a mí—. Hablé con tu padre, Edward. Me dijo que lo tomara con calma y que en cierto modo, era bueno que ustedes no estuviese tomando este compromiso sino es por amor verdadero— se cruza de brazos—, estoy en desacuerdo un poco con eso.

Mi novia y yo suspiramos.

—¿Mi madre se lo ha dicho?

—Sí…

—James aun no…

—También estoy enterada— espeta.

—Mi consuegra y yo, vamos a hacer que esto sea especial e inolvidable, así que… Muy en contra de mis deseos y de los propios, la primera regla es que antes de la boda no van a vivir juntos.

—¿Qué? — preguntamos en unísono.

—Tal como lo oyen.

—Mamá, creo que estás tomando muy precipitadamente esto— expreso mirando a Bella, quien parece inconforme.

—¿Por qué?

—Cuando fuimos a Forks incluso nos dejaste quedarnos en la misma habitación…

—Bueno— suspira— eso era diferente.

—¿Por qué? Explícame— le pido—, quiero saber.

—Porque una parte de mí quería asegurar que de verdad estabas comprometido con Bella y no era una treta para callarme el pico.

Bella y yo nos miramos.

—Así que los puse a prueba— confiesa descaradamente.

—Y bien— participa mi nena—, si se supone que vamos a separarnos en este tiempo. ¿Quién de los dos se irá?

—Yo me quedaré con Edward y tú te mudarás con tu madre.

—No puedes hacernos esto, mamá— le dije apretando los dientes.

—No balbucees, que no te entiendo— me regaña con infantilismo—. ¿Qué prefieres? ¿Qué sea al revés? Tú con los Swan y ella con nosotros.

Toparme con James todos los días no parecía algo viable, pero tampoco podía llevarle la contraria a mi madre.

—Está bien, tú ganas.

—Hoy nos quedaremos todos aquí… Mañana Bella saldrá hacia su casa.

—Espere— participa—, no puedo irme lejos. No tanto.

—¿Por qué? — pregunta mamá.

—Estoy trabajando, me tomaría hasta tres horas ir y volver al hospital. Y si hay emergencias, tendré que quedarme.

¡Ella es una genio!

—No lo había considerado— murmura Esme y siento que hemos ganado—. De acuerdo, he tomado una decisión: me quedaré con ustedes.

Santo Dios.

—También, me he tomado la libertad de hacer una lista de los requerimientos de la boda— y nos entrega unas hojas. Bella y yo abrimos los ojos sorprendidos.

LISTA DE BODA.

· Definir el tipo de boda: De día, de noche, en salón, playa o jardín

· Fijar fecha para la boda

· Definir presupuesto para la boda

· Definir quién y cómo se van a realizar los pagos

· Planear presupuesto luna de miel

· Apartar Iglesia

· Apartar el lugar para la recepción

· Invitar al Sacerdote o Padre (quien los vaya a casar)

· Contratar coro para la iglesia

· Contratar fotógrafo

· Contratar Video

· Contratar Florista para la iglesia, civil, recepción, ramo y arreglo de carro

· Hacer una lista de los Invitados

· Apartar fecha con el Juez para la Boda al Civil

· Buscar Vestido de Novia

· Tocado

· Velo

· Zapatos

· Liga

· Ropa interior

· Joyería

· Apartar Estilista para Maquillaje y Peinado

· Mandar hacer las Invitaciones

· Apartar Luna de Miel

· Cotizar Vinos

· Asistir a Platicas Prematrimoniales

· Realizar presentación religiosa

· Ir al registro civil y pedir requisitos de papelería para el civil y solicitud de matrimonio

· Comprar anillos de matrimonio

· Comprar Lazo

· Arras

· Apartar Lugar para Despedidas

· Comprar álbum para despedida

· Comprar detalles para las despedidas

· Comprar los Vinos

· Comprar distintivo/boutonnieres para el novio

· Escoger damas y Pajes

· Escoger y mandar hacer vestidos para damas y pajes

· Apartar Pastel

· Verificar Vigencia de Pasaporte y visa (si es que van a salir fuera del país para su luna de miel)

· Rotular invitaciones

· Hacer lista de testigos y padrinos

· Realizar degustación del banquete y bebidas en el salón

· Definir el menú de la boda

· Prueba de vestido

· Comienzan las despedidas

· Elegir color de manteles y servilletas

· Cita con Ginecólogo

· Cita con Dentista

· Enviar invitaciones foráneas

· Comenzar a poner mesa de regalos en las tiendas de su preferencia

· Comprar artículos de animación de fiesta

· Definir carro de los novios

· Rentar o comprar traje de novio y papás

· Tener lista papelería civil

· Definir repertorio con grupo musical durante el civil y fiesta

· Definir repertorio con coro de Iglesia

· Comenzar a liquidar pago a proveedores

· Entregar invitaciones

· Invitar a testigos de Iglesia y Civil

· Invitar a padrinos de Iglesia y Civil

· Comprar canasta para el tocador de mujeres

· Definir responsabilidades de la ceremonia, lectores y colectas

· Realizar análisis de sangre

· Ir a la oficialía a entregar papelería

· Confirmar asistencia invitados

· Asignación de mesas

· Entregar copia de lecturas a los lectores

· Organizar itinerario de la boda

· Preparar equipaje luna de miel

· Tener listo pasaporte, dinero, boletos e itinerario

· Verificar que todo esté listo y no falte nada

· El novio debe cortarse el cabello y arreglarse la barba y el bigote

· Empaquen para la luna de miel

· Pónganse de acuerdo en quién los llevará al aeropuerto y quién les tendrá listas las maletas

· La novia debe realizarse un manicure

EL DÍA DE LA BODA

· Desayunar bien (lo van a necesitar)

· Darse un tiempo para relajarse

· Divertirse (es el consejo más importante: las bodas no se hicieron para padecer, ¡y menos en la suya!)

Bueno, el último punto me mantiene en duda. Parece que las más divertida es mi madre.

—Parece que más que yo, tú serás lo solicitada— le murmuro a Bella.

Ella pasa un enorme trago de saliva.

—Tú no te salvas— me espeta mi madre—: también tienes trabajo.

—¿Yo?

—Claro, ¿Suponías que esto solo recaía en Bella? Nada de eso, señor. Vas encargarte de las arras, anillos y por el amor de todos los santos, ¡Tienes que darle un diamante a tu novia!

Me remuevo incómodamente de mi lugar. Ya, no le he dado un anillo a Bella y eso no lo había pensado tan decididamente hasta que mi madre lo ha mencionado. Diablos, ella merece lo mejor.

—Está bien— sonríe mi chica—. No es necesario.

—Claro que lo es… Es decir— comento—, mereces lo mejor amor. Sé que no te pedí esto de la manera menos indicada, pero lo haré.

—Edward…

—Déjalo, querida— le aconseja Esme—. Mi hijo no es romántico, aprovéchalo ahora que puedes— suspira teatralmente.

En ese sentido, tiene razón.

—Bien — sonríe Swan.

La tomo de las manos y le doy un beso en las palmas.

—No te arrepentirás, lo prometo.

Me toma por la cara y me da un beso en la mejilla. La miro a los ojos y sonrío. Realmente estoy enamorado de esta mujer.

—¡Ay, mis niños! Me dan diabetes— nos interrumpe y yo pierdo contacto, un poco avergonzado por mostrar afecto frente a los demás—. Pero, bueno… Comencemos… Muéstrenme sus habitaciones.

Bella y yo nos miramos fijamente y sentí que vendría lo peor.

—Eh… Nosotros… Dormimos en la misma recámara— murmura ella.

—¡Ah! Bien…— suspira mi madre—. Vamos a mover algunas cosas— y se levanta de su asiento. Al ver que no la seguimos, comienza aplaudir—. Vamos muchachos, vamos. No tenemos todo el día.

Cerca de tres horas después, hemos hecho de la habitación un torbellino. Movimos las camas, sacamos la ropa de cada uno, las separamos, acomodamos todo en una nueva dirección y de paso le dimos una limpieza —bastante profunda— y sacamos hasta la basura.

Terminamos sudados, adoloridos y rendidos. Mi madre con mano en cintura, sonríe sintiéndose triunfante.

—No entiendo para qué movimos las camas si de cualquier manera solo necesitaremos una cuando nos casemos— me quejo.

Bella me mira asintiendo. Tengo razón y lo sabe.

—¿Crees que soy tonta? ¿Crees que no conozco a mi propio hijo? Por Dios, Edward. Sé que intentarás meterte a la habitación por las noches…

¿Qué?

—Yo no…— murmura mi chica.

—No, cariño— suspira Esme—. Sé que tú no. Pero este mequetrefe — pellizca mi mejilla—, sí.

Bella ríe divertida y yo me pongo gruñón, sabiendo que me han jodido mi intento de seducción para con ella. Tendré un severo caso de bolas azules de aquí en adelante, esperando el agraciado día.

x-x-x

Estoy solo en mi antigua habitación, más bien en la de Bella. Mi madre y ella han ocupado la más grande porque dormirán juntas. Mientras juego con mi balón de futbol americano, me pongo a pensar en los quehaceres que me ha dado mi madre:

· Buscar los anillos.

· Comprar mi traje.

· Catar los vinos.

Las tareas no eran complicadas, pero tampoco me daba mucho ánimo el hecho de ir solo. Bella y mamá llevaban dos horas platicando de lo que ella quería en las mesas de centro y esas cosas. Había pasado a la cocina para tomar una manzana y pude notar más de una vez la mirada de súplica que me daba mi novia. No puedo hacer nada, Esme me mataría.

Tal vez podía llamar a papá. Él siempre sabe aconsejarme acerca de qué es lo mejor en muchas cosas. Además, hace tiempo que no paso un rato con él.

Marco su número personal y espero tras la línea.

Cullen— responde distraído.

—Papá, soy yo…

Edward, hijo. ¿Cómo estás?

—Bajo el cuidado de mi madre— y lo escucho reír—. Está bastante entretenida. ¿Cómo la dejaste venir?

Le hace mucha ilusión tu boda.

Yo niego riendo.

—A ella le emociona todo.

Es cierto— expresa con felicidad—, tiene un espíritu bastante alegre.

—Bueno, llamaba para pedirte un favor.

Claro, dime en qué puedo ayudarte.

—Primero que nada, me gustaría que me acompañases a comprar el traje.

Me encantaría, hijo.

—Después, podríamos ir a catar vinos. Tomar una copa.

¡Ah! Suena prometedor— noto su tono alegre.

—Y bueno, por último… Necesito un consejo acerca de los anillos.

¿Joyería?

—La de la boda.

Claro… ¿Quieres te acompañe también?

—Eh, no realmente. Eso quiero hacerlo solo, no sentirme tan inútil. La verdad es que esto último me gustaría saber el nombre de una buena joyería aquí en la ciudad.

Entiendo… Déjame pensar…

Media hora más tarde, tomo mi chaqueta y me encuentro con la mirada extrañada de mi novia.

—¿Saldrás? — inquiere ansiosa.

Esme por su parte, está concentrada mirando fotografías de decoración de jardinería y posibles recepciones.

—Sí, tengo algunos pendientes…

—¿En serio? ¿Dónde?

—Eh, iré al centro de la ciudad a buscar unas cosas para el consultorio. Me han faltado cartuchos para las recetas y necesito abastecerme.

—¿Quieres que te acompañe? — pregunta ansiosa.

—No, querida— la regaña mi madre—. Aún no hemos terminado con la elección de los manteles.

—De acuerdo— dice con pesadez y me mira—. Que te diviertas.

No puedo evitar sentir ternura. Me acerco y beso su frente.

—No te agobies— susurro—, todo estará bien.

Me sonríe apenas y entonces salgo del departamento.

Conduzco lentamente hasta una de las avenidas más concurridas, donde se encuentran la mayor parte de las tiendas de marca y prestigio. Pronto me encuentro con las joyerías de Tiffany, Bucellaty, Harry Winston e incluso Cartier, pero no sé realmente por cual decidirme. Ni siquiera tengo idea de lo que podría agradar a Bella.

Me decido por la última. Papá me ha dicho que son bien reconocidos por los anillos y la joyería de oro blanco. Me agrada la idea, un anillo que simbolice la pureza de mi chica y ¿Por qué no? El valor en diamantes que ella tiene. Que lo nuestro tiene.

Una mujer me recibe sonriente cuando entro al lugar. Viste tan formal que creo que estoy en un museo donde nada puede tocarse.

—Buena tarde. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Eh, buena tarde… Mire, estoy buscando anillos de compromiso.

—¡Ah! Espléndido. ¿Qué buscaba en especial?

—No tengo nada en mente, bueno… No algo fijo… Mi novia es un poco… Diferente. Es sencilla, es inocente, aunque algo atrevida— sonrío como un idiota—. Le gusta ayudar y es humanitaria… Lo nuestro… Pasó realmente rápido…

—Y quiere proponérselo especialmente.

—La cuestión es que ya lo hice, pero sin joya— digo con la mano en la nuca—. No fue algo planeado. Me gustaría que ella se sorprendiese.

—Su caso es especial. Creo que tenemos una colección que podría agradarle, pase por aquí— me pide.

Yo la sigo.

Entro a una sala bastante elegante, donde segundos después, la mujer entra mostrándome unos catalogos bastante gruesos de la última moda de la joyería. Yo me siento abrumado. Hay demasiado diseños que no creo poder terminar para antes del día.

—¿No me podría ayudar un poco?

—Claro. ¿Qué tipo le gustaría?

Lo pienso.

—Bueno, quiero oro blanco.

—Por supuesto— dice descartando al menos tres catalogos de la pila.

Bien, es un avance.

Miro entre todos y las piedras no me parecen las más bonitas. Algunas son demasiado llamativas o sosas que no cumplen las expectativas de mi descripción de mi hermosa novia.

—¿Le agrada algo?

—Todo es muy bonito, pero es demasiado… Fuera de lo que a ella le agradaría.

—Los diamantes de colores son lo último. Las chicas aman los rosados. Tal vez un rubí podría sorprenderla sino está convencido con la piedra.

Pero entonces y sólo para poder salir de duda, me surge una pregunta.

—Sí yo… Quisiera un diseño único… ¿Cuánto tardaría?

Ella lo piensa un poco.

—Verá, señor. Los diseños únicos son un poco más tardados. Le tardaría entre dos semanas a tres y el costo sería elevado porque no está en existencia, aunado al precio de la piedra que desee colocarle.

—Sí lo quiero en una semana, ¿Se podría?

La mujer abre los ojos sorprendida.

—¿Una semana?

—Verá, me caso en unos tres más aproximadamente. Quiero, naturalmente; entregarle el de compromiso antes de casarnos.

—¿Sería una especie de paquete? Supongo que también querrá ver los de boda.

—Por supuesto.

—Bien, podríamos ver qué es lo que se puede hacer al respecto. ¿Tiene una idea de cómo sería más o menos el diseño? Entre más rápido sea, más pronto será la entrega.

—Por dinero no se detenga, ello lo merece.

La empleada sonríe.

—¿Tiene usted entonces el boceto?

Yo niego y suspiro.

—¿Tiene un lápiz y papel? Necesito mostrarle tal cual quiero que sea…

x.x.x.x

Cerca de dos horas después de haber hecho el "boceto" y el pago correspondiente, me devuelvo al auto. Busco en mi celular y encuentro más de cinco llamadas perdidas de Bella.

—Hola amor.

Hola, cariño. Comenzaba a preocuparme, ¿Dónde estás?

—Ya voy a casa.

Que bien amor, ¿Conseguiste todo lo que necesitabas?

—Sí— sonrío—, fue difícil pero si.

Te oyes alegre.

—Lo estoy.

Me encanta amor. Oye, ¿Quieres venir? Esme y yo saldremos a cenar y queremos ir por comida china, ¿Vienes?

—Claro, muero de hambre.

Bien amor. Te esperamos en caso.

Me subo al auto y enciendo el motor.

—Llego en veinte minutos.

Cuando llegamos al buffet, yo casi me acabo todo de las bandejas. Estoy famélico, toda la bendita tarde sin probar bocado y tratando de encontrar la argolla perfecta.

—Chicos — se dispensa mi madre cuando su celular comienza a sonar—, discúlpenme un momento. Es mi esposo.

—Adelante mamá— la invito.

Ella se para y Bella me mira.

—¿Cómo estuvo tu tarde?

—Cansada, ¿Y la tuya?

—Igual— revelo.

—Esme me ha preguntado si hemos fijado la fecha de la boda— me comenta—. Ni siquiera hemos hablado de eso.

—Pues hagámoslo ahora.

Bella sonríe.

—Bien.

—El plazo era un mes.

—Es— corrige.

—Pero ya faltan tres semanas para que ese mes se cumpla, o sea que estaríamos hablando de… El veinte de junio.

—¿El día de tu cumpleaños?

Yo coloco mi mano nerviosamente por detrás de mi nuca.

—¿Puede ser antes?

—¿Antes?

—Uno o dos días. La verdad… — digo apenado porque en realidad no me sale lo romántico…—. Me gustaría pasar mi cumpleaños… Con mi esposa.

Ella coloca las manos en su boca, con sorpresa.

—Oh, Edward… Que dulce eres— dice colocando sus brazos alrededor de mi cuello.

Yo me siento apenado pero satisfecho por su reacción.

—Te amo — me besa dulcemente —, me encantaría casarme contigo como lo planeas.

—¿De verdad?

Asiente, feliz, contenta.

—Te amo, mi hermosa doctora corazón— y dejo un camino de besos en su dulce rostro.

—Que amoroso— susurra.

—Antes no podía hacerlo. Ahora que si, no te quejes— digo besando el tope de cabeza.

—¡Vaya! Que mandón…

—No te imaginas— empiezo a gruñir mientras le doy ahora un beso mordelón en la boca—. Me siento ansioso por terminar lo que comenzamos esta mañana.

—Yo también —responde colgándose de mi cuello—. Estoy con ganas de que tú…

Y entonces, mi madre llega rompiendo nuestra pequeña burbuja.

—Disculpen, cosas de marido y mujer…— y nota que nos tomamos de la mano, sonrientes y felices, a pesar de su interrupción—. ¿Qué sucede?

—¿Le decimos? — me pregunta mi novia.

Yo asiento.

—Chicos…

—Tenemos fecha de boda— decimos en unísono.

Esme aplaude como niña pequeña.

—¡Por fin!

x.x.x

Esa noche, llegamos al departamento rendidos. Había sido un día lleno de emociones fuertes. Mi madre fue la primera en despedirse, alegando que el viaje de Forks a la ciudad la había dejado tan calada que en cualquier momento ella caería rendida en cualquier parte del salón.

Se despidió con advertencias: nada de intentar nada. ¡Que contradictorio! Antes había hecho hasta la imposible porque durmiéramos juntos y ahora nos lo prohibía.

¡Mujer imposible!

—¿Quieres ver una película y no verla? — me propuso ella mientras yo me quitaba la chaqueta.

Sonrío a manera pícara y asiento.

—¿Cuál propones?

—¿Qué importa?

Al cabo de diez minutos, nos encontramos en el sillón más pequeño y mullido. Bella sentada en mis piernas, con las suyas por encima del respaldo del mueble y las manos alrededor de mi cuello y mi cabello, tocándolo de manera sensual y lenta. Yo por mi parte, no puedo evitar el hecho de tomar su cintura, subir por su espalda, siempre y cuando respetando el acuerdo de no tentaciones antes del matrimonio.

Nos damos besos lentos y suaves. Pequeños y castos pero a la vez tan húmedos y calientes que me ponen más duro que las piedras de la estatua de la libertad. Joder. Cierro los ojos para sentir su calor, su perfume y la poca piel que puedo tocarle. De nuevo torturándome con sus diminutas prendas, toco un poco por debajo de su blusa, sin querer.

—Edward…— se detiene y me regaña—. No lo hagas.

—Solo un poco— insisto.

—Ese poco no va a terminar hasta que despertemos a tu madre con el golpeteo del mueble.

Yo no puedo evitar reír.

—Que descriptiva. Lo haría suave— le propongo.

—¿Y te mantendrías callado?

Yo lo pienso. No lo creo. No tengo ni idea de lo que haría, quizás hasta romperíamos todo a nuestro alrededor, incluso si le propusiera irnos a mi habitación, la base de la cama tronaría contra la pared contigua donde descansa Esme. ¡Menudo espectáculo!

—No sé lo que haría realmente teniéndote solo para mí— gruño cerca de su cuello y besándolo—. No lamento que mi madre haya venido, pero a estas horas ya hubieses sido mía por tercera o quinta vez en el día.

Bella se sonroja.

—Quizás esto es lo mejor.

—¿Para quién? Siento que me duele abajo porque me he quedado más duro que…

—¡Basta! —ríe infantilmente, tan dulce e inocente. Parece la chica de preparatoria que conocí hace un poco más de siete años.

—Eres tan hermosa— la miro a los ojos mientras acaricio su rostro—. No sabes cuan enamorado estoy de ti.

—Ni tú, mi amor— responde haciendo que de mi salga la más grande de las sonrisas.

—¿Por qué no me di cuenta antes de que eras la indicada para mí? ¡Diablos! Lo supe incluso cuando entraste a esa biblioteca, que eras especial, que tenías algo que me atraía inconscientemente.

—Tenías novia— me recrimina un poco seria.

—No me lo recuerdes— expreso haciendo un puchero y ella ríe de nuevo, entonces le beso la nariz—. Ya quiero casarme contigo— digo apoyando su frente con la mía.

—También yo— suspira.

Nos miramos a la cara y yo acaricio su cabello.

—Hagamos una cena. Tu familia y la mía.

—Suena bien.

—¿Qué te parece el siguiente viernes?

—Mm, suena bien. ¿Lo hacemos aquí?

—¿No es muy pequeño?

—Sólo seremos seis personas— apunta ella.

—Quiero llamar a Jake…— No lo hemos dicho que nos casaremos…

—¿Será buena idea? — pregunta con pena.

Lo pienso y recuerdo. ¡Ah! Es verdad, él se le ha declarado.

—¿Lo quieres? — inquiero.

—Es nuestro amigo. Deberíamos llamar también al señor Black— opina—. Él en parte es la causa de nuestro reencuentro.

—Yo también aporté con mis malas notas— le recuerdo y ambos reímos.

—Es cierto— dice.

—No te preocupes por Jake. Yo lo llamaré.

—De acuerdo amor.

—Bien, ahora vamos a dormir.

—¿Tan pronto?

—No tiente a su suerte, señorita Swan. Soy un caballero— comento cuando ella se para y la escolto hasta su cuarto.

—Bien. Buena noche mi príncipe azul— se despide besándome dulcemente los labios.

—Hasta mañana, mi vida.

Y entonces su puerta se cierra.

Yo, resignado, me devuelvo a mi cuarto anteponiendo mis deseos Cuando llego me echo de una sola y miro el techo. Recuerdo lo que le he propuesto a mi novia acerca de la cena. Busco entre los número y marco.

—¿Hola?

Hola, hermano. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Tienes tiempo de hablar?

Sí, acabo de llegar a casa después del trabajo. ¿Todo bien? ¿Bella estás bien?

—Perfectamente, pero es por ella el motivo de mi llamada.

Dime.

—Jake… — suspiro—. Nos casaremos.

El silencio tras la línea es mortal y yo me quedo de piedra. Por lo que parece una eternidad, me responde.

Sabía que esto pasaría— dice con pesadez pero luego su voz se recompone—. Muchas felicidades, hermano.

—Gracias, Jake. Gracias por tus buenos deseos. Nosotros, queremos que estés presente. Eres amigo de ambos y eres parte importante de nuestra vida.

Es un honor.

—¿Te parecería venir el próximo viernes? Haremos una cena, le diremos a tu padre.

Vaya, gracias. Ahí estaré…

—Te diré los detalles después. ¿Te parece?

Me parece perfecto— y entonces lo oigo suspirar—. Sabía que ustedes terminarían juntos, cuídala mucho. Ella es preciosa en todo sentido.

—Lo sé, lo haré lo prometo.

x.x.x

Después de una semana dura, llena de tentaciones y muchas negativas, viernes por fin llega. Esa mañana, entraba al trabajo, tratando de ocupar mi mente y no sentirme ofuscado. Al estar en el consultorio, una llamada entra a mi móvil.

—Cullen.

Señor Cullen… Llamamos para confirmar la llegada de su encargo.

¡Por fin!

—Muchas gracias por avisarme, ¿Cuándo puedo pasar por él?

Cuando usted guste.

—Bien, voy en una hora aproximadamente.

Por supuesto.

Y la llamada termina. Me siento nervioso sin poder ocultar la sonrisa.

—Hoy será el día.

Me aseguro de no tener ninguna cita para esa tarde. Dejo todo en su lugar y miro la hora. En cuatro horas, la familia y amigos vendrán para cenar, así que no me queda mucho tiempo. Decidido corro hasta el auto y conduzco. Adam Levine suena en el reproductor, es el favorito de Bella, así que aunque no me hace mucha gracia, debo admitir que sus canciones son buenas.

Cuando entro a la tienda, voy con el corazón acelerado. Entro y hablo en la barra.

—Vengo a recoger un paquete a nombre de Edward Cullen.

X.x.X

Cuando llego a casa, hay un silencio sepulcral, salvo por el sonido de un pitillo de horno.

—¿Bella?

—Pasa amor, acá estoy — dice y la veo ocupada en un sartén, haciendo un oloroso curry.

—Huele bien— expreso abrazándola por la espalda y besando su cuello.

—Gracias— sonríe.

—¿Quieres que te ayude?

—Ya terminé, gracias— me dice.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—Pensaba comenzar a arreglarme antes de que todos lleguen. Tu madre salió a recibir a tu padre al aeropuerto, dijo que traería vino.

—Estamos solos— suspiro.

—Si, después de mucho tiempo— ríe—. ¿Por qué? ¿Qué tramas?

—Nada en realidad…

—No mientas — dice mientras me besa la boca—. Te conozco.

—Está bien…— comento riendo—. ¿Quieres acompañarme? —le pregunto mientras apago la estufa.

—¿A dónde? — inquiere sin entender.

—Es sorpresa— murmuro a la par que le cubro los ojos con una gasa.

—¡Ey!

—No protestes, es parte de la sorpresa.

—Me voy a caer.

—Nunca lo permitiría.

—Bien, confío en ti.

La tomo por los hombros y la guío al patio trasero. Anteriormente no le había puesto tanta atención pero desde su llegada, todo parecía más vivo y colorido.

—¿Dónde me traes?

—Deja de hacer tanta pregunta.

Bella ríe y entonces la situó.

—No veas.

—Bien.

Entonces, corro tomando algo entre mis manos y suspiro.

—Puedes quitarte la venda.

Ella lo hace apresuradamente y a la par, sus labios se abren con sorpresa.

—Edward…— susurra emocionada.

Frente a nosotros, hay un árbol enorme de cedro que ya estaba en el terreno, adornado de pequeñas luces blancas y en un camino de pétalos blancos y rojos. Tallado, están nuestras iniciales, B & E. Ella, está parada en medio de un corazón con un mensaje dentro.

Yo llevo un ramo de flores enorme, creo que mi cabeza ni siquiera se ve.

—Dios…

De pronto, una canción comienza a sonar Think out loud. Y camino hasta ella, dándole el ramo.

—Mi amor— expreso con un nudo en la garganta—, sé que no he hecho las cosas como mereces realmente y te he pensado día con día. Nos conocimos desde niños y tiempo después nos dejamos de ver, pero nunca nos olvidamos. Hace siete años, nos encontramos casualmente en un lugar que jamás imaginé— ella ríe conmovida por las palabras—. Quiero decirte, que eres lo mejor que me ha pasado en la vida y que siempre estaré agradecido con Dios por ponerte en mi camino. Amo cada parte de ti y de tu hermosa personalidad. Me has salvado, uno y otra vez de distintos modos, has estado siempre fiel, siempre honesta… Mi doctora hermosa, mi doctora corazón— me arrodillo y ella gime aguantando el llanto, la emoción—, hoy pongo a tus pies todo lo que soy y todo lo que tengo, para prometerte y amarte por todo lo que me queda de vida, implorándote si es necesario— y entonces le muestro el estuche y le abro, enseñando el anillo de compromiso que he mandado hacer exclusivamente para ella—, que seas mía para siempre.

Bella llora de felicidad.

—Dios…

—Isabella Marie Swan, se mi todo y acepta mi amor. ¿Te casarías conmigo?

Mi corazón late con fuerza y miro sus hermosos ojos.

—Sí, acepto.

Sonrío, sintiéndome realizado y coloco el anillo en su dedo corazón. La estrecho entre mis brazos y me pierdo en su encuentro.

Mia, para siempre.

¿Pues qué les digo? Al final pasó. Oficialmente comprometidos, creo que este es el penúltimo capítulo y que posterior a éste viene la boda. Falta la aparición de un importante personaje, que pondré como sorpresa. ¡Gracias por su apoyo! Me siento realmente muy feliz por su recibimiento.

Nos leemos :D! no olviden sus opiniones…

¡Miles de gracias!