Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

El guardaespaldas

Capítulo 37 – Amor para siempre

(¡polvo!)

Cuando salieron del Gran Salón Draco cerró dando un portazo. ─ ¡Se supone que los elfos domésticos sean discretos; no, que anden divulgando los secretos de sus amos frente a periodistas amarillistas y ante el Ministerio! ─

─ Dobby es un elfo libre, puede decir lo que quiera. Cometió un error, eso es todo. ─ dijo Harry defendiéndolo. Pero no pudo dejar de acordarse de todas las cartas que le había retenido en segundo año y de esa bludger que le había provocado una caída y un brazo roto.

─ Ahora me explico por qué mis padres lo hacían quedar siempre en la cocina cuando teníamos invitados. ¡Vamos a ser primera plana en la prensa, Harry!

─ La muerte de Voldemort y el verdadero Elegido serán primera plana, no nuestra vida sexual ─ dijo Harry confiado.

Draco estaba a punto de replicar cuando empezaron a abrirse las puertas. Se miraron entre ellos alarmados.

─ ¿Es Ud., Rita? ¡No haremos comentarios! ─ gritó Harry agarrando a Draco del brazo.

─ Somos sólo nosotros ─ la voz de Hermione les llegó algo amortiguada pero perfectamente reconocible.

Harry suspiró aliviado. Captó un rápido vistazo de la multitud en el Gran Salón cuando Hermione y Ron salieron pero por suerte Rita Skeeter parecía no estar a la vista.

Hermione cerró las puertas. Ella y Ron parecían particularmente contentos por algo. Venían tomados de la cintura y con las mejillas sonrosadas. ─ Teníamos que venir a contarles. Tenemos noticias importantes. ─ dijo Hermione poniéndose aun más colorada. ─ ¡Ronald acaba de pedirme que sea su esposa! ─

─ ¡Y Hermione aceptó! ─ dijo Ron, apretándola junto a él.

Harry los miró y relámpagos de recuerdos pasaron en sucesión ante sus ojos. Lo chicos de once años que no intercambiaron una palabra amable hasta el incidente del troll en el baño. vio los años que se pasaron peleándose, gustándose, odiándose, sin hablarse y finalmente enamorándose. ¡Cuántas cosas habían pasado…!

Salió de su ensoñación cuando escucho a Draco felicitándolos.

─ ¡Felicitaciones! ─ atinó a decir algo tarde.

─ ¿Estás con nosotros, cumpa? Parecías estar volando. ─ dijo Ron.

─ Estaba pensando en cuánto hemos cambiado. ─ dijo Harry. Los miró y les sonrió ampliamente. ─ ¡Estoy tan feliz por ustedes! ¡Lo digo de corazón, felicitaciones! ─ Les dio un abrazo.

─ ¡Ustedes son la pareja perfecta! ─ dijo Draco con entusiasmo. También los abrazó. ─ ¿Ya han fijado fecha? ─

Harry escuchó. Hermione y Draco se enfrascaron en una charla muy técnica (y para Harry muy aburrida) sobre el lugar de la boda, el vestido de Hermione y sobre la conveniencia de que las invitaciones fueran en color celeste.

Ron lo llevó unos pasos aparte. ─ Draco parece un planificador de bodas. ─ dijo con una sonrisa. ─ Debe de ser el Slytherin en él. Dale un evento social y se ocupará de organizarlo. Te será muy útil, TÚ también deberías decidirte a dar el sí, Harry. ─

Harry se ruborizó. ─ Lo amo. Me casaría con él en un segundo. ¿Pero yo creía que dos hombres no podían casarse? ─

─ Puede que eso sea así en el mundo muggle, pero los magos pueden casarse. ─

─ Siendo así, me encantaría pero… ─ algo que había dicho Snape lo preocupaba. ─ ¿No tienes miedo del futuro, Ron? ¿Recuerdas lo que dijo Snape sobre los romances adolescentes? La mayoría fracasa. ¿Están seguros de que es sensato casarse tan pronto? El Voto… ─ Harry se mordió el labio. Se dio cuenta de que Hermione y Draco habían interrumpido la charla.

─ Tienes miedo de que Draco deje de amarte y que el voto lo mate. ─ declaró Ron sin rodeos.

Apretando los ojos con pesar, Harry asintió. Volvió a abrirlos cuando sintió los brazos de Draco alrededor.

─ No te engañes con lo que te dijo Severus, Harry. ─ dijo Draco para darle ánimo. ─ todavía no has llegado a conocerlo bien. Es de ese tipo de personas que siempre ven el vaso medio vacío. ─

─ ¿La mitad de los matrimonios adolescentes fracasan? ¡Eso quiere decir que a la mitad les va bien! ─ dijo Hermione. Le sonrió a Ron. ─ Sí, somos jóvenes para formalizar, y supongo que habrá momentos duros a veces. Pero Ron es el hombre que siempre he querido y bata mirar a su familia para saber que el prospecto a es muy largo plazo. ─

─ Severus no es el más indicado para hablar de lo efímero del amor adolescente. ─ dijo Draco. ─ ¡Mira SU vida! Se enamoró de tu madre a los quince años, Harry, y todavía la ama y arriesga la vida por ella. Y ella murió hace diecisiete años. ─

─ Mis padres se casaron a los dieciocho y siguen enamorados treinta y un años después. ─ señaló Ron.

─ Arriba ese ánimo, Harry. El Voto no volverá. ¡Ah…! …y a propósito, la respuesta es sí. ─ dijo Draco alzando apenas una comisura.

─ ¿Sí, qué? ─ preguntó Harry.

─ Sí a tu propuesta de matrimonio. Te oí cuando hablabas con Ron. ─ dijo Draco sonrojándose.

La alegría lo llenó por completo. Demasiado feliz para decir nada, Harry apretó el abrazo y lo besó apasionadamente.

─ ¡Podríamos tener un casamiento doble! ─ gritó Hermione con los ojos húmedos de la emoción.

Draco interrumpió el beso. ─ ¡Excelente idea! ─ le dijo a Hermione. ─ Lo de las invitaciones celestes me parece… ─

─ ¡Aarjj! ¡Basta de planificar! ─ gritó Harry. ─ ¡Déjenlo para después, Draco, por favor! Lo único que quiero ahora es estar a solas contigo. ─

─ Y yo quiero estar a solas contigo, Hermione. ─ dijo Ron con una mirada lasciva.

A Hermione pareció darle vergüenza, pero estaba encantada. ─ Mmm… ¡me convenciste! ─ Se volvió a Harry y Draco. ─ Volvemos a los cuarteles. ¡Chau! ─ y sin esperar un segundo más tomó a Ron del brazo y desaparicionaron juntos.

Harry miró a Draco. ─ Es hora de nuestro festejo privado en El caldero que pierde. ─ ronroneó. Y luego con un gesto de cierta preocupación agregó: ─ Esperemos que esté abierto todavía… ─

oOoOoOo

Era ya bien pasada la medianoche pero las luces de El caldero que pierde estaban encendidas. Tom, el dueño, estaba en la barra escribiendo una carta. Levantó la vista cuando Harry golpeó.

Tom vino a abrirles de inmediato. ─ ¡Ustedes dos! ─ exclamó, parecía atónito y las manos le temblaban. ─ ¡Señor Potter! ¡Señor Malfoy! ¡Adelante, pasen! ¡Qué placer verlos! Los mortífagos secuestraron a mi hija esta noche, acabo de recibir una carta de ella diciéndome que está bien, sana y salva. ¡Me contó que ustedes estaban allí en Hogwarts y que vencieron a Voldemort! ─ Era claro que Tom disfrutaba la novedad de poder pronunciar el nombre del Señor Oscuro sin miedo. ─ ¿Entonces es cierto esta vez? ¿Voldemort está realmente muerto? ─

─ Es cierto. Voldemort está definitiva y permanentemente muerto. ─ Le hizo un relato abreviado de lo ocurrido esa noche.

─ ¡El mundo mágico celebrará este acontecimiento por años! ─ dijo Tom con júbilo.

Harry contuvo un bostezo. Era muy tarde.

─ Pero ustedes no están aquí para hablar. ¿Quieren una habitación? ─ preguntó Tom.

─ Sí, por favor. ─ dijo Draco.

─ Desgraciadamente sólo queda una habitación desocupada. La once. Tiene una sola cama, doble, de cuatro postes. ─ dijo Tom.

─ Nos viene bien. ─ dijo Harry sintiéndose sonrojar. Tom había ya adivinado cómo venía la relación entre ellos. Pero el dueño del hotel era discreto.

─ Por favor, acompáñenme, señor Potter, señor Malfoy. ─ Los condujo escaleras arriba hasta la habitación. ─ Que descansen bien. ─ saludó y se retiró.

La habitación once era la misma que Harry había ocupado durante dos semanas en tercer año después de haber inflado a Tía Marge. Un agradable fuego ardía en la chimenea y la cama de cuatro postes aparecía muy cómoda.

─ ¿Tú otra vez, pibe? Pero sí que has crecido, aunque tu pelo sigue siendo un desastre. ─ la voz nasal venía del espejo y Harry se quedó helado. Cuando había planeado venir a El caldero que pierde no había tenido en cuenta que se estarían encamando frente a la audiencia de los espejos y los retratos.

─ La primera regla de los de sangre pura al decorar una habitación es: no cuelgues nada en las paredes que pueda atestiguar sobre tus actividades sexuales. ─ dijo Draco. Descolgó el espejo sin hacer caso de las protestas. ─ Tú vas al baño. ─ dijo muy serio. ─ Ayúdame Harry, trae al baño todos los cuadros que tengan gente. ─

Harry descolgó un cuadro de una playa con un hombre en traje de baño a rayas que lo cubría del cuello a las rodillas. Draco regresó y descolgó otro cuadro que mostraba a un chico con una red para cazar mariposas. Harry volvió y descolgó el cuadro de un equipo de quidditch. (¡Déjanos, queremos ver el polvo, hace mucho que no tenemos oportunidad de hacer nada!)

La última pintura era de un molino, muy bonita y no tenía gente. Harry la dejó.

Draco lo abrazó y lo besó con el ansia de un hombre que se ahoga que busca oxígeno.

oOoOoOo

Harry frunció la nariz. Le picaba bajo los anteojos y quería rascarse, pero estaba desnudo y atado por los tobillos y las muñecas a los cuatro postes de la cama. Draco, todavía vestido, notó las muecas y estiró la mano para rascarlo. Cuando Harry intentó besársela, se la mezquinó con picardía provocadora.

─ He ansiado por años tenerte así, Potter. ¡Eres mío! ¡Todo mío! ─ Draco deslizó posesivo la mano sobre el pecho de Harry.

Harry se arqueó tratando de intensificar el contacto y disfrutando cada segundo. Draco lo hacía sentir siempre tan DESEADO. Para alguien que había pasado buena parte de la vida encerrado en un armario despreciado por todos, esto era el Paraíso.

Draco frotó las narices al estilo esquimal. ─ ¡Eres bellísimo! ¡Dale, dime alguna cosa desagradable, como en la fantasía! ─

Harry hizo un esfuerzo para pensar en algo que decir pero no se le ocurría nada. El fuego le confería a los cabellos y a la piel de Draco un color rosado de ensueño, Harry estaba cautivado por la belleza de la imagen, no podía quitarle los ojos. ─ No se me ocurre nada desagradable. ─

─ ¡Pues sí que es un cambio! ─ dijo Draco irónico.

─ Eehh.. ¡eres un chico tan lindo! ─

─ ¿Envidioso? ─ dijo Draco. ─ Ah… y recuerda que esta noche te toca abajo, Potter. ─

─ Oh… ─ los ojos de Harry se abrieron grandes y tironeó de sus ataduras. ─ Me había olvidado de eso… ─

─ No es preciso si no quieres. ─ se apresuró a agregar Draco.

─ Una promesa es una promesa. ─ dijo Harry. ─ ¿Y cómo es… abajo… quiero decir? ─

─ Divertido. Glorioso. Me lo estarás suplicando antes que termine la noche. ─ prometió Draco, chispas de deseo brotaban de los ojos grises.

─ ¡Nunca le voy a suplicar a un Slytherin! ─ dijo Harry con su mejor entonación dramática.

─ Cambiarás de opinión, Gryffindor. ─ ronroneó Draco. Muy suavemente y haciéndole cosquillas fue recorriendo con los dedos el cuerpo de Harry. Harry se retorció entre risas y gemidos bajo su tacto. Se le estaba parando. ─ ¡Qué FÁCILES que son ustedes los Gryffindors! ─ suspiró Draco con tono de pretendido menosprecio. La excitación de Harry era ahora evidente.

─ ¿Cómo te atreves! ─ gritó Harry con teatral indignación.

Como respuesta Draco le sopló una tetilla. Se sentía increíble. Harry ahogó una exclamación y tembló de pies a cabeza.

─ Pero qué fácil que eres, ni siquiera hace falta que te toque. ─ dijo Draco con una media sonrisa viendo cómo se contraía la tetilla.

─ ¡No OSARÁS hacer eso de nuevo! ─ desafió Harry con desdén pero sin poder disfrazar el ansia.

─ No creas que me engañas, Potter. ARDES en deseos de que te lo haga de nuevo. ¿Por qué no te sinceras y me lo ruegas? Quizá me apiade de ti… ─

─ ¡Jamás! Nunca te rogaré para… que hagas eso de nuevo. ─ dijo Harry. Draco sopló sensualmente sobre la otra tetilla y le produjo un escalofrío. ─ ¡Y mucho menos que me lo hagas en el cuello…! ─ sugirió Harry. Draco se inclinó y le acarició el cuello con una bocanada de su cálido aliento. Harry chilló de deseo y trató y trató de ganar contacto con los labios de Draco. Pero el Slytherin volvió a incorporarse, negándoselo.

─ ¡Nunca te rogaré para que me beses! ─ insistió Harry. El sudor empezaba a aflorarle en la frente.

Draco volvió a inclinarse, manteniendo la boca a distancia suficiente para impedir que Harry le pudiera robar un beso furtivo. ─ ¿Jamás? ─ preguntó tímidamente provocativo.

Harry luchó contra las ataduras contorsionándose, pero las correas de cuero resistían implacables. ─ Está bien, Quizá podría rogarte que me beses…

─ Demasiadas vueltas, Potter. Dilo ya. Quiero oírlo… ─

─ Bésame Malfoy… ¿por favor? ─

Draco revoleó los ojos y negó con la cabeza.

─ Por lo que más quieras, por favor.

Draco volvió a sacudir la cabeza.

Harry decidió sumar más ímpetu. ─ ¡Te lo ruego, Malfoy! ¡Por favor, por favor… bésame! ¡Te amo, te deseo, te necesito! ¡Me muero si no me besas YA! ─

─ Pasable Potter, un siete sobre diez en la escala de ruegos. ─

─ ¡BÉSAME! ─ era una súplica desgarrada que no pareció teatral.

Draco ya no se contuvo. Le partió la boca con un beso. Se enzarzaron en un duelo de lenguas sin cuartel.

Harry forcejeaba con las correas que le retenían las muñecas. Quería abrazar a Draco y gruñía de frustración, era casi una tortura no poder asirlo particularmente ahora que le estaba besando el cuello y el hombro. ─ ¡Merlín, quiero tocarte, Draco! Me estás volviendo loco… ¡Aaahh! ─ Draco le había dado un chupón violento en el cuello. ─ ¡Me encanta cuado me chupas la te… tilla así! ─ Harry hizo un esfuerzo apretando los ojos, quería sonar más como en la fantasía de Draco. ─ ¡Habrase visto descaro! ¡Y hacías comentarios despreciativos de Colin Creevey! ¡Acusándolo de quererme lamer las botas! ¡Lo que me estás… aahhh… lamiendo ahora… lo que querías… aahhh… es mucho peor! ─ Draco se reía contra su pecho pero no paraba de mover la lengua.

Después Draco se fue desplazando hacia abajo, Harry seguía fustigándolo con sus comentarios intercalando gemidos de placer.

─ Me haces perder la razón, Potter. Ahora es tu turno. Draco estaba frente a la verga enhiesta. Levantó los ojos mirando a Harry. Desplazó la lengua en una lamida amplia, húmeda desde la base hasta la cabeza. Harry sollozó de gozo. Y entonces Draco tomó su varita…

─ ¿Vas a…? ─ preguntó Harry jadeando.

─ Sí. El encantamiento de preparación, Harry… quiero decir Potter. ¿Estás listo? ─

Harry asintió con bravura de Gryffindor.

Draco sonrió. ─ No te va a doler. ─ prometió, y una cinta plateada brotó de su varita.

Ciertamente no le dolió, pero Harry igual soltó una exclamación. De pronto se sentía resbaladizo en el interior… y vacío. Lo que quería ahora era que Draco lo acariciara, pero Draco lo que hizo en cambio fue introducirle suavemente un dedo. ─ Eso se siente… raro. ─ dijo Harry.

─ ¿Sólo raro? Tendré que mejorarlo. ─ Tomó la verga de Harry con la otra mano y le fue dando lamidas cortas en la cabeza, al tiempo que iba trabajado con el dedo en la abertura. Luego la tragó entera. Harry tuvo un espasmo. La cupla de sensaciones era gloriosa. El monstruo en el pecho aullaba y rugía. Pareció descontrolarse aun más cuando Draco introdujo un segundo y un tercer dedo. Le estaba tocando algo…, algo adentro… corrientes eléctricas de placer le recorrían todo el cuerpo. Apretó el esfínter alrededor de los dedos de su amante, largó un retahíla de malas palabras y acabó con una serie de sacudidas que parecían no tener fin… pasaron largos instantes hasta que dejó de temblar y pudo abrir los ojos.

Draco se había sentado y se estaba sacando la ropa. Harry lo miró ávido pero Draco parecía nervioso y preocupado.

─ ¿Q…quieres que te desate, Harry? Esta es tu primera vez… ─

─ ¡No te me pongas suavecito ahora! ¡Párteme al medio! ¡Hazme rogar por más! ─

A pesar de la agresiva respuesta, Draco lo penetró con mucha delicadeza y observándole atentamente el rostro para detectar cualquier signo de dolor. Sí que le ardió, pero entonces Draco alcanzó nuevamente ese punto y Harry sintió que el calor y el placer lo invadían como magia. Cerró los ojos y alzó la cabeza para llenar de besos la frente, la cara, los labios, todo lo que podía alcanzar de su amante. Se fueron moviendo juntos acompasadamente, la verga de Harry estimulada por la frotación entre ambos estaba de nuevo en erección y Draco le envolvió una mano alrededor para acrecentar el estímulo.

Harry sabía que iba acabar de nuevo, y sólo habían pasado minutos de su anterior orgasmo. Draco bombeaba ahora más rápido y con violencia, impetuosamente… deliciosamente… y Harry ya no pudo aguantar… acabó sobre su abdomen… y Draco alcanzó el clímax segundos después vaciándose profundo en su interior.

Jadeando, Draco tocó su varita y Harry sintió que las ataduras se aflojaban. Y Harry aprovechó para envolver sus brazos y piernas alrededor de su amante y lo apretó con fuerza sobre él. ─ Te amo. ─ le susurró en la pálida y primorosamente bien conformada valva de la oreja.

─ Yo también te amo, Harry. El mejor regalo que nunca he recibido. Y yo he recibido cientos y cientos de regalos. ─

Y aunque Draco parecía totalmente feliz y satisfecho, Harry no podía apartar el Voto de su mente. Minutos después cuando ya ambos respiraban más normalmente, preguntó: ─ ¿No te molesta que nunca podrás elegir a alguien más? ─

Draco levantó la cabeza. ─ ¡NO! Por arte de magia o por gracia de la fortuna estoy atado de por vida al más cariñoso, fiel, divertido, indulgente, brillante, bello, famoso y rico mago del mundo. No podría haber elegido mejor por mí mismo. ─ Estaba alardeando y Harry estaba encantado. Lo apretó aun más contra sí y le acarició la espalda.

─ Hermione dice que las relaciones son difíciles y que requieren mucho esfuerzo. Ninguna de las que tuve antes dio resultado, pero ésta VA a funcionar, tiene que funcionar. ─

─ Seguramente habrá momentos difíciles, los enfrentaremos como desafíos, de a uno a medida que se presenten, y triunfaremos. ─

Harry le acarició el pelo y una gran esperanza le llenó el corazón. Que el amor entre ellos perdurara podría parecer algo imposible. Pero las cosas imposibles ocurrían. Que dos jurados enemigos de escuela se enamoraran. Que unos elfos pequeñitos dieran cuenta de los magos oscuros de todo el país. Que Tonks se enamorara de Lupin y se casara con él a pesar de que todos los meses se transformaba durante unas horas en una bestia asesina. Que Snape hubiera puesto en riesgo su vida por el bien de su madre. Si todo eso era posible, entonces el Voto podría ser mantenido a raya por la más poderosa de las magias. El amor.

Golpearon a la puerta.

Draco se había medio dormido sobre el hombro de Harry pero se despertó con un sobresalto. ─ ¿Quién podrá ser? ─

─ Iré a ver. ─ Muy distendido, Harry se levantó, recogió los boxers del suelo y se los puso. No había por qué preocuparse, todos los mortífagos o estaban muertos o habían sido hechos prisioneros. Abrió la puerta.

Hubo una explosión de flashes de cámaras y muchas voces empezaron a disparar preguntas al mismo tiempo. Cuando Harry pudo recuperarse de las cegadoras luces vio a más de veinte periodistas incluyendo a Rita Skeeter, empujándose unos a otros en la puerta.

Tom también estaba allí, recriminando a los invasores por el abuso. ─ ¡Perdón, señor Potter! ─ ¡Echaron abajo la puerta de entrada! ─ dijo. ─ ¡Váyanse! ¡Lárguense ahora mismo. ─ les ordenó furioso a los periodistas.

─ ¿Disfrutando tu noche de bodas, Harry? ─ la voz de Rita Skeeter se elevó sobre el barullo generalizado. ─ ¿Querrías conceder una entrevista para El Profeta? ─

─ ¡Sin comentarios! ─ gritó Harry. Y cerró con un portazo poniendo a continuación todos los cerrojos físicos y mágicos posibles. Luego se apoyó sobre la puerta tratando de recuperarse.

Draco se había sentado en la cama, a medias cubierto con las sábanas. Estaba atónito y con la boca abierta. Harry se sintió feliz al contemplarlo. Incluso una situación terrible y embarazosa como ésta perdía todo matiz de tragedia porque Draco estaba con él. De pronto se echó a reír incontrolablemente.

─ ¿Perdiste la cabeza o te tomaste una botella de whisky de fuego sin que yo lo notara? ─

─ No. Me acabo de dar cuenta de cuanto te amo. Incluso esto, que me fotografíen medio en bolas a las tres a las tres de la mañana, no me importa para nada, porque estoy contigo. ─

─ Me parece que estás muy, pero muy pasado de vueltas, Harry. ─

─ Sí, eso también. ─ dijo Harry frotándose la cara con las manos. ─ Volvamos a los cuarteles, aquí ya no vamos a poder dormir. Te amo, Draco. ─

─ Yo también te amo, Harry. ¡Pero por lo que más quieras, ponte algo más de ropa encima! ─

oOoOoOo