Gracias a: Anglica, FernyInuBellamy, ClaguGazzmybaby, Son-Cindy, Marlene Vasquez, setsuna17, zabitamt1975, bruxi, Katy Beth, BastardISA, Emi Hike, Neri Dark, Jazmin L, María, JessM21, Raquel Cisneros Taishō Okumura, haru10, koneko-chan, Elvi, Betk Grandchester, flora rosa, Dulce Sakura, y, moonkoublack.
Okay chicas, se que el capítulo pasado fue súper corto pero después de haber salido de vacaciones mega exhausta, les debía una actualización para hacerles saber que aquí sigo y no me voy a ninguna parte, la historia la sigo escribiendo y ya pronto llegará a su fin BUAAHHH T_T Pero bueno, todavía le cuelga, no se maten jajaja, como yo u.u Bueno, pues las amo, y este capitulo tiene un poco más de historias de Kōga y Ayame, que por cierto, el fic de ellos, debo avisar, será algo corto y no muy extenso, serán varios flashbacks, cosas que he puesto aquí en la historia contadas desde otra perspectiva y cositas así, esta historia ha estado en hiatus pero pronto volverá. Así que sigan en sintonía… también les aviso que tengo un fic BUENISIMO DE VERDAD ESTA SÚPER CHIDISIMO A LA SHIT, que voy a publicar terminando Vegas. Que ya está casi terminado jaja, para que no me anden llorando como siempre. Retrato Oral sigue en pie y en un rato más lo voy a actualizar, o quisa mañana. Las amo mucho y no se olviden de votar en mi perfil que historia quieren que actualice. Besitos!
PS. Gracias a las chicas que han leído mi historia por primera vez en fechas recientes y por leérsela toda de un tirón, las amo! Claro, también gracias a las que permanecen desde el primer capítulo, que se muy bien quienes son. Adiós!
38.
―Bueno… hoy es nuestra última noche en Las Vegas, ¿alguien quiere hacer un brindis? ―dijo Sango viéndolos a todos.
Por fin, Kōga había bajado y todos se encontraban en el bar del hotel. Las parejas eran evidentes aunque, por ejemplo, Ayame y Kōga no se hablaran o InuYasha y Kagome no se dejaran de ver pero sin decir nada al respecto acerca de su no―relación.
―Bueno, lo haré yo ―rodó los ojos, viendo que nadie decía nada―. Brindo por este grupo de amigos que está juntos desde pequeños y por que sigamos teniendo muchas aventuras como las que tuvimos en estas vacaciones ―las miradas se posaron en InuYasha y Kagome, InuYasha sonrió con arrogancia y Kagome rodó los ojos―. Brindo también por la amistad, que es más fuerte que cualquier problema que tengamos ―dijo viendo de reojo a Ayame y a Kōga. Ayame sonrió apenas y Kōga, como los últimos días, pareció fastidiado―. ¡Salud! Por que se vuelva a repetir.
― ¡Salud! ―gritaron todos al unísono, uniendo copas y vasos con licor.
Mientras reían, bebían y comían, Kagome los veía a todos, la nostalgia notable en su mirada. Ahora que se iba y había, de alguna manera bizarra, arreglado las cosas con InuYasha, todo parecía carecer sentido. ¿En realidad necesitaba irse? ¿Ahora que todo estaba "bien" entre InuYasha y ella? ¿Era solo su orgullo el que no le permitía quedarse en el mismo país en el que su amor platónico de toda la vida residía? No… no era solo eso, sus interiores le gritaban que era más que eso, y que, al contrario de lo que Sango le decía, no era por cobarde, era para poder ser libre de ese hombre, para por una vez en veintiún años, poder respirar un aire libre de InuYasha Taishō. Aunque las cosas ahora eran diferentes y él había aceptado sus sentimientos, retractándose, arrepintiéndose, y pidiéndole perdón, tenía que sanar lejos de ahí, tenía que irse para ser libre de nuevo, libre del amor que le tenía a ese hombre y empezar una relación consigo mismo, tenerse amor a ella.
― ¿Cariño? ¿Estás bien? ―preguntó Sango dándole un codazo leve.
Kagome sacudió la cabeza apenas.
―Si. Uhm… ¿puedo tener su atención? ―habló Kagome, haciendo que todos la vieran, InuYasha con su mirada ambarina clava en ella, esperando con ansias que era lo que iba a salir de su boca―. Como saben… InuYasha y yo nos casamos en una capilla, ebrios y muy drogados ―dijo suspirando. Sesshōmaru, quien parecía el menos feliz con aquello, volvió a mirar a InuYasha con fuego en la mirada, mientras que Kōga ya ni siquiera sabía si le molestaba más algún asunto que tuviera que ver con Kagome―, y hemos resuelto nuestros problemas, y también hemos decidido firmar los papeles para anular todo ―InuYasha, quien no sabía nada de esa parte, permaneció callado, dándose por vencido―. Espero que este asunto no salga de aquí, confiamos en ustedes ―sonrió apenas.
―No te preocupes, Kag, sabes que puedes confiar en nosotros ―le aseguró Ayame.
―Cien por ciento ―se le unió Miroku.
―Lo sé, gracias chicos. Y por último… anuncio que me voy de Japón por tiempo indefinido ―los sonidos de sorpresa no se hicieron esperar, preguntas de por qué, cuándo y a dónde dispararon, incluso de Sesshōmaru y Kōga quienes no dejaban de ver a InuYasha, culpándolo de aquello―. Bueno… quiero terminar mi carrera de arquitectura en Estados Unidos… terminaré de arreglar algunas cosas en Japón y espero empezar el semestre de otoño en California.
― ¿Estás segura, Kag? ―preguntó Sango, insistiendo de nuevo en que no se fuera, Kagome sabía el por qué.
―Sí, necesito hacerlo ―dijo quedamente y todos entendieron el por qué.
―De acuerdo, un brindis por Kagome. Para que logres superarte con los gringos ―levantó su copa Miroku, haciendo reír a todos, menos a InuYasha quien seguía serio y viendo a la nada por todo aquello.
Después de haber reído y bromeado un poco más, Miroku se paró, llamando la atención de todos.
―Bueno, ya que nos hemos sincerado tanto esta noche… yo también tengo algo que decir ―Sango lo vio con desesperación, casi queriendo tirarle el trago que tomaba encima.
―Miroku… ¿Qué haces? ―preguntó entre dientes, muy bajito.
―Cállate ―le ordenó igual de bajito, haciendo que Sango abriera los ojos llena de sorpresa e indignación, por suerte esa palabra hizo el truco ya que Sango se quedó callada―. Sango y yo… nos hemos comprometido ―anunció orgulloso.
El silencio se hizo notorio hasta que Kagome gritó llena de sorpresa, abrazando a Sango y aplastando sus pechos, que eran los más grandes del grupo.
―Felicidades, viejo ―dijo InuYasha, parándose y dándole un caluroso abrazo.
Sesshōmaru y Kōga hicieron lo mismo, mientras que las chicas le reclamaban a Sango.
― ¿Por qué no nos habías dicho nada? Maldita zorra del mal, ¡tú primera noche como esposa será terrible! ¡Karma! ―gritó Ayame enojada.
― ¡Apoyo a Ayame! ―dijo Kagome igual de enojada, pero sin poder borrar la sonrisa de sus labios.
―No la maldigan ―dijo Rin horrorizada―. Te aseguro que tu primera noche de bodas será perfecta ―dijo Rin con una sonrisa―. Oraré a los Dioses.
Sango se rio con emoción.
―Lo siento, planeamos no decir nada hasta llegar a Japón… pero bueno, Miroku ―rodó los ojos.
― ¿Y dónde carajos está tu anillo de compromiso? ―preguntó Kagome buscando en sus manos.
―Lo dejé en la suite… quería que fuera una sorpresa, lo ha arruinado todo ―dijo viendo a Miroku quien se pavoneaba frente a los chicos―. Está bien, me alegra que lo haya hecho ahora, contigo yéndote de Japón… con Ayame igual, todo será diferente.
― ¿Te irás también? ―preguntaron a Ayame Kagome y Rin.
Ayame asintió.
―Sí, me iré también, no se a dónde… pero lejos ―susurró apenas.
Kōga había escuchado todo, abriendo los ojos con exagerada sorpresa y enojo. ¿Se iría? ¿Por qué? ¿Terminaba todo con él y por encima tenía el nervio de irse? ¿Quién demonios se creía que era?
―Ayame, ¿podemos hablar por un momento? ―dijo Kōga tomándola del brazo, ni siquiera dándole la opción de decidir.
―Pero… ―dijo siendo arrastrada por Kōga y viendo a las chicas con desesperación.
Las chicas vieron aquello y suspiraron.
― ¿Creen que sabía que se iría?
Rin negó.
―No lo sabía.
…
― ¿Te irás de Japón? ―preguntó abruptamente, cuando la había arrastrado fuera del bar.
Ayame ni siquiera lo vio, estaba cansada del mal humor de Kōga y de ser mangoneada para aquí y para allá, siendo siempre la segunda Kagome y nunca siendo la primera en nada en su vida. Aunque Kōga había sido un buen novio, nunca la había amado de verdad. No tenía idea porque se había vuelto de esa forma cuando ella lo había terminado, no era como si de verdad le importara… ¿o sí?
―Si ―respondió cortadamente.
Eso pareció enfurecerlo.
― ¿Por qué? ―preguntó desesperado―. Dímelo ―demandó.
Ayame lo vio a los ojos, tenía fuego en la mirada, y a pesar de eso, parecía estar decepcionado, casi lastimado.
―Solo me iré, Kōga… no que te importe la razón.
Kōga se rio con ironía y enojo.
― ¿No que me importe? ¿No que me importe? ―Repitió con furia―. Fuiste mi novia por más de cinco años, Ayame, claro que me importa.
Ayame suspiró.
―Escucha, nunca fuimos novios, Kōga… tu siempre ibas por ahí persiguiendo a Kagome delante de mi nariz, delante de todos, era humillante ―dijo viéndolo fijamente―… para ti y para mi… Te quise considerar mi novio y quise que solo me vieras a mí, portándome celosa y controladora pero no pareció funcionar y me cansé ¿de acuerdo? ―lo vio con rendición, con cansancio, nada de eso le había dicho la noche que lo había terminado, solo le había dicho que era suficiente y que por fin lo dejaba libre para hacer lo que quisiera, que ya era hora… y había tenido razón, las cosas ya no eran como antes―. Ya no me siento como cuando éramos niños, cuando te amaba más que a nada en secundaria y como cuando quería casarme contigo en preparatoria, ahora es… diferente, siento que eres un extraño.
Kōga se guardó las ganas de gritar lleno de rabia, algo sentía dentro de él pero no sabía qué demonios era, no sabía que sentía y ese era el peor sentimiento de todos.
―Un extraño… ―se burló, fue todo lo que pudo articular, aquellas palabras tenían sentido pero a la vez no. Ayame hablaba verdades dolorosas, cosas que él no quería escuchar porque sabía que eran verdad.
―Si… me di cuenta que el compromiso que nuestras familias formaron siguió en pie solo porque nosotros no supimos decir que no. Mi abuelo me dijo una vez que a él no le importaba si me casaba contigo o no… ahora comprendo lo que me trató de decir.
Kōga no dijo nada, sabía a qué se refería el abuelo de Ayame. Hasta la familia de Ayame sabía que aquel compromiso poco significaba para Kōga.
―Lo que no entiendo… ―susurró Ayame para si misma, dejando la oración al aire, haciendo a Kōga acercarse a ella sin darse cuenta.
―¿Qué? ―preguntó con ansias, sin darse cuenta.
―Nada, olvídalo… dejemos esto, Kōga, es suficiente ―volvió a repetir, justo como aquella noche.
―¿Suficiente? ¿Qué es sufí―
― ¿Chicos? ―habló Rin, saliendo del bar―. Dejen de platicar y pelear, es nuestra última noche, cuando lleguen a Japón discuten todo lo que quieran… ¿por favor? ―los vio con ojos de perrito.
Ayame se sintió salvada.
―Lo siento, Rin. Vayamos dentro, ¿sí? ―le preguntó a Kōga.
Kōga, quien quería seguir descargando su ira en Ayame, asintió a duras penas y los tres regresaron al interior del bar.
Kagome e InuYasha hablaban en susurros.
― ¿Por qué no me dijiste que firmaríamos los papeles?
Kagome suspiró por décima vez en aquella noche.
―Es obvio, InuYasha… no nos iremos de aquí sin hacerlo. No pienso discutir esto una vez más… no hagas las cosas difíciles.
InuYasha no dijo nada, esta vez no lo hizo. El final se acercaba y cada vez que veía el rostro de Kagome encenderse al hablar acerca de su partida él se hundía más y más en su miseria.
