Searching for Levi / Buscando a Levi
Escrito por
Blessende / Traducción por Maru de Kusanagi

NT: Bienvenidos a una nueva entrega. Espero no haberles hecho esperar demasiado, pero fue una semana agotadora con el mundial, mil cosas en el trabajo y familia con gripe. Quería recordarles que ya están disponibles para leer los extras "Guardián", "Motivaciones" y "Mirroir". Espero que eso compense lo que esperaron por este capitulo.


Capítulo 37: Su Amarga Medicina (1)

~.~

Armin casi se cayó de espaldas. Connie se detuvo una vez, para agarrar el brazo del muchacho y sostenerlo de los hombros. El rubio, ignorante de la amabilidad de Springer, se arrumacó contra la camiseta de Connie, dejando una enorme mancha de baba en la tela. El universitario calvo luchó con el deseo de aplastar el cuerpo de Armin contra el pavimento. No, el chico duerme. No es su culpa, se recordó Connie a si mismo.

Todo lo que Connie Springer deseaba era que la gente se contenga en querer besarlo y babearlo. Era en verdad un deseo simple. No pedía mucho, ¿verdad? Pero, no señor, el universo había decidido que el futuro empleo de Connie Springer sería encargarse del puesto de besos de una feria. Y no era exactamente una profesión que deseaba. Especialmente si había engendros como Jean Kirstein en el medio.

Armin había empezado a murmurar incoherentemente contra su cuello.

Connie se detuvo.

Ahora, esto era interesante. ¿Qué confesiones haría el santo en este oh, tan vulnerable estado? ¿Algo de lo que se podría arrepentir mañana?

Connie esperaba que fuera un secreto tan sucio que le sirviera de extorsión después. ¿Un enamoramiento? ¿Un temor infantil, como a las arañas o al cuco? ¿Un archivo secreto de porno debajo de la cama? Pero, en cambio, Armin masculló acerca de una clase de la semana pasada.

'La función Langrania se caracteriza por… el estado físico de un sistema… en la mecánica… la función Langrania es… la energía cinética… menos la energía latente…'

Connie le dio a Sasha una mirada horrorizada.

'¡SASHA! Hazlo callar. ¡Ya es suficientemente malo que tenga que cargar a este idiota!'

Sasha le dio una risita astuta, y le sacudió un dedo.

'Eeeeey. Es tu culpa por traerlo contigo al bar de karaoke.' Ella arrastró las palabras a mitad de su diálogo, ya que había bebido un poco demasiado. Sus expresivos ojos captaron algo, y se volvió al edificio que se alzaba delante. 'Kya, Connie. ¿Qué fue eso?'

'¿Qué fue qué?'

'Vi algo salir saltando de una de las ventanas de los dormitorios.'

'¿Otra tostada francesa?'

'No,' dijo ella, angustiada. '¡No se parecía en nada a comida!'

'¿A qué se parecía, entonces?'

'¡Era pequeño y negro! ¡Como un poltergeist!'

'¿Un fantasma? ¿Dónde lo viste?'

'¡Por allá!' ella señaló a uno de los dormitorios del primer piso. Estaba inundado de sombras, la ventana descuidadamente abierta.

'¿No es ése… el cuarto de Eren?', preguntó Connie, los ojos de par en par. '¿No volvieron todavía? ¿Qué demonios estarán haciendo esos dos bobos?'

Sasha se encogió de hombros.

'¡Connie! Hay un fantasma rondando el cuarto de Eren. ¿Qué deberíamos hacer? Es totalmente tu culpa por haber alquilado Actividad Paranormal la semana pasada. Ay, pobre Eren. ¿Crees que lo sepa?'

'No se lo digamos', decidió Connie, en esa astuta forma suya. 'Estoy seguro de que ya tiene suficientes problemas.'

..-..

Eren resollaba. Yacía en las ruinas de la mesa de madera. Había dolor, un montón de dolor y no todo era de origen físico. Antes, hubo una voz en su cabeza. Una voz que había permanecido a su lado, tanto fuerte como baja, divertida en ocasiones, fastidiosa y aleccionadora otras veces. Porque, cuando estás a dos mundos de distancia, aprendes a seguir adelante con sólo una voz.

Y, ahora, incluso ese débil trazo de esperanza se había ido. Ni había dicho una palabra. No había nadie que dijera su nombre.

No, no puedo lidiar ahora con eso, se dijo a sí mismo, dando arcadas por el esfuerzo.

Las patas de la mesa habían colapsado bajo el peso de los dos. La subsecuente lucha entre los dos cuerpos había levantado una tormenta de polvo. El choque fue ensordecedor y había destrozado lo poco de moderación que le quedaba para con la paz del vecindario. Había astillas de madera enterradas debajo de él, y cada vez que Eren se movía, sentía algo filoso clavarse en la parte interior de su muslo.

Annie había recibido la peor parte de la caída. Su cabello se había soltado de la hebilla en forma de mariposa. Y había perdido ese accesorio femenino en la refriega subsecuente. Ella le gruñó. Aunque Eren no estaba seguro de si ella estaba furiosa acerca de haber perdido su hebilla, o del hecho de que Eren prácticamente había demolido su sótano. Mechones rubios enmarcaban el rostro vikingo. A pesar de los raspones y rasguños en las piernas, ella todavía era capaz de levantarse de los restos. Eren vio a la mujer tomarse un momento para arreglarse, sus ojos azules recorriendo el desastre en el suelo. Algo se revolvió en ellos, arrepentimiento y frustración ante la presencia del caos.

Ella se detuvo para recoger una botella de píldoras y leer la etiqueta en silencio. Manchada de sangre, cansada y melancólica bajo la amarilla luz del sótano. Repentinamente, Annie Leonhart pareció haber perdido la fría y decidida aura que siempre admiró Eren en ella.

Eren observó a su antigua compañera, preguntándose como fue que las cosas terminaron así.

La oyó reír. Esa risa sin alegría, resonando como una gaviota chillando en un puerto.

Eren se sentó en el desorden, un gruñido escapándosele mientras liberaba su pierna de las astillas.

'Annie, ¿qué rayos es tan gracioso?' le reclamó.

Su risa murió, dejando detrás los residuos de una ligera sonrisa. Annie apartó unos mechones de su rostro, y se volvió a mirarlo.

'Míranos, Jaeger. Un terrícola contra otro. Somos un chiste.'

Eren la miró con cautela.

'¿Ah sí? No soy el que empezó esto, Annie.'

Ella dejó caer la botella al suelo, con un sonoro golpe. Annie fue a la parte trasera de su bermuda y una mano emergió con un cuchillo. Ella avanzó hacia él y agachó una rodilla, su rostro inclinándose sobre el suyo.

'¿Sigues culpándome a ?' le preguntó con un ligero suspiro.

Eren esquivó el cuchillo cuando lo descubrió bajo su cuello.

Los ojos color jade de Eren se clavaron en los de ella.

'Sabes, reina de los hielos, es medio difícil no culparte', dijo él, señalando la daga que ella empuñaba contra él. 'Es mío, ¿verdad? El que usaste la última vez. ¿Lo guardaste a modo de souvenir, Annie? ¿Un botín de guerra? ¿Podrías estar más jodida?' le preguntó Eren con un gruñido, mostrando los dientes.

Annie sonrió.

'Eres como un perrito callejero', observó ella, riendo. 'Indómito y fiel a la mano que le da de comer.'

'Eso es mil veces mejor que ser una máquina sin corazón.'

'No soy el enemigo', exclamó Annie. 'Sólo soy un peón, así como tú, Eren. Claro', ella divagó, 'ellos siempre tuvieron un interés especial en ti. Impredecible como seas.'

Eren la miró.

'¿De qué estás hablando?'

'Keith Shadis estaba en lo correcto. De verdad eres un zoquete.', respondió la mujer.

Annie apartó el cuello de su chaqueta con el cuchillo. Eren se encogió mientras ella apretaba el frio metal contra su cuello. Ella siguió los bordes de su vieja cicatriz.

'¿Alguna vez te preguntaste… el por qué tu cuello curó tan pronto, pero no así tu brazo?' preguntó ella, sus azules ojos brillando en las polvorientas sombras del sótano. ¿Crees que habría sido imposible para los titánicos arreglar un bracito? Ellos tienen la cura para cualquier enfermedad y dolencia, Eren. ¿De verdad creíste que era imposible para ellos?'

Eren se la quedó mirando.

'... ¿qué?'

'¿Por qué te hicieron un juicio, negando mi existencia?'

El castaño guardián tragó el nudo en su garganta, y sacudió la cabeza.

'Porque eso hacía las cosas conveniente para ellos. Ellos querían ponerte fuera de servicio. Eras inútil para ellos sin la llave. Y ellos no te necesitan, especialmente cuando tienen un fuerte, capaz, que no hace preguntas, soldado como yo.' Ella arrastró cada palabra con un furioso siseo.

'No me digas' dijo Eren. 'Ni de broma. No puedes estas trabajando para-'

'El Estado de Titán. Sí.'

Annie retrocedió, soltándolo. Ella lo dejó regodearse en la verdad, y ella disfrutó la contorsión de las emociones en su rostro. Eren sintió sus dedos temblar mientras se los metía en los bolsillos.

'No… estás mintiendo.'

Annie rió. 'Ay, eres tan lindo. Ahí vas, otra vez en negación. Todos somos perros del Estado, Jaeger. Él debe haberse dado cuenta también. Tu guardián… tu adorado marido. Y, mira, ahora está muerto. No me sorprendería que hayan sido órdenes del comandante Zachlay.'

Eren sacudió la cabeza, resuelto.

'No. No creeré nada de esto. El Estado nos entrenó para ser Guardianes de la Paz. Para proteger los-'

Annie resopló y lo volvió a mirar.

'Ah, los portales. No me vengas con eso. ¿No lo sabías, Eren? Mis órdenes eran de matarte esa noche en el Portal 22, y hacerme con la posesión de la llave. Pero no pude cumplir una de esas órdenes.'

Un silencio envolvió el sótano.

Eren alzó la mirada hacia ella.

'¿Por qué me dejaste ir entonces, Annie?'

Annie Leonhart lo miró largamente, como si tratara de descifrar la respuesta a esa pregunta ella misma. 'Por qué', repitió ella. 'Quizás cambié de idea (2).'

Ella se volvió hacia él, y lo observó en silencio. 'Bien en el fondo, todos somos humanos, tratando de encontrar algo a lo qué aferrarnos… ¿Sabes?, siempre estuve un poco celosa de ti. Allí estabas. Siempre escupiendo ideales, confiando en tus amigos, creyendo en la gente, dándolo todo… siempre te tuve envidia.'

'¿De mí?', repuso Eren. '¡Eras la mejor de todo nuestro escuadrón, Annie! ¡Por qué rayos alguien estaría envidioso de-!'

No pudo terminar. Annie se habían lanzado hacia delante, y allí estaba el cuchillo nuevamente contra su cuello, filoso y frío contra su piel.

'Siempre en tu pequeño mundo, Jaeger. Nunca prestaste atención, ¿no? Siempre tuviste todo lo que la mayoría lucha toda una vida para conseguir . Un hogar, idiota. Y, ¿sabes qué?' silbó ella. 'Amé verlo derrumbarse. Amé verlo arder hasta las cenizas. Porque hubiera sido un pecado que a una sola persona se le permitiera tanta felicidad. Especialmente a un soldado. Y ahora puedo matarte. Es un asunto sucio, pero no me guardes rencor, Jaeger. Sólo sigo órdenes.'

Eren se encogió mientras el cuchillo se le clavaba al cuello.

'Annie, ¿por qué… harías esto?'

'¿Por qué?', repitió ella. 'Porque soy Fausto, y he hecho un pacto con el demonio.' (3)

Hubo un sonoro estallido y el sonido los sorprendió a los dos. Miraron hacia el origen del disturbio. La puerta del sótano se abrió de par en par, y Eren vio sorprendido como Jean se asomaba por ésta. Trepó por la entrada, arrastrando a alguien con él. Alguien más alto, que estaba dando sus últimas resistencias. Era el compañero de Annie. El que habían visto en el Teatro Mardis. El hombre parecía mortalmente pálido y estaba atrapado en la llave de Jean.

El rubio ceniza levantó una mano, a modo de saludo. '¡Ey!' dijo con una sonrisita.

En la otra mano, Jean Kirstein sostenía su cuchilla de zirconio contra el cuello del hombro.

'Ok, rubia,' dijo Jean a la mujer. 'Tu dejas ir a mi compañero, o las cosas se van a poner sucias aquí.'

'Bertolt', dijo Annie en una voz quieta, sus azules ojos echando rayos entre ellos. 'Te dije que te quedaras en tu cuarto.'

El hombre estornudó, luchando para respirar. Aunque Eren podía ver que no tenía ningún daño. El alto hombre sonrió, apologético. 'Perdona, Annie. Pensé que estabas… en problemas.'

Annie hizo una mueca, poniéndose una mano contra la frente.

'Bertolt, necesitas confiar en mi. Te dije que podía ocuparme de esto.'

'Sí, ¿con lastimar otra vez a alguien?', preguntó Bertolt, reprendiéndola con una filosa mirada desaprobatoria. Estalló en un acceso de toses y Jean apretó el agarre en su prisionero.

Jean resopló y miró a Annie.

'Eh, perdona que interrumpa su pelea marital, pero trato de hacer una negociación. Deja que ese idiota se vaya, o te juro que le cortaré la garganta al gigante.'

Annie le clavó la mirada. 'El zirconio es para cortar máquinas. No humanos… es un civil. Déjalo ir, cara de verga.'

Jean le dio una mirada condescendiente. 'Cariño, ese bastardo suicida al que amenazas puede tener escrúpulos en cuanto a los civiles. Yo no.'

Eren observó el intercambio, boquiabierto. Vio la fría insensibilidad irse de Annie. Había una silenciosa desesperación ahora.

'Déjalo ir.' Trató ella nuevamente, sus dedos apretando el cuchillo en su mano.

Jean hizo una pedorreta.

'Olvidaste añadir 'por favor''.

'Bertolt está enfermo. Suéltalo. Por favor.'

'¿Ah sí? ¿Tratas de conseguir que sienta lástima?', preguntó Jean, considerando al hombre en su agarre. 'Y, ¿de qué padece? ¿Gripe? ¿Fiebre de heno? ¿Hemorroides?'

Annie se volvió hacia el rehén, y se encontró con la mirada del alto. Ella lo miró largamente, viendo su pecho subir y bajar. Su ardiente mirada se volvió a Jean.

'Cáncer de pulmón', respondió ella. 'Ya sabes… el que no tiene cura.'

Hubo un pesado y agobiante silencio.

Para ser francos, Jean no se esperaba eso. Parpadeó con sorpresa y cualquier respuesta acida que se suponía que diría nunca salió de su boca. Bueno, eso hacia su elección de un rehén más ambigua.

Genial. Ahora estaban en un punto muerto.

Si dejaba ir al hombre, Annie tenía la ventaja en la situación. Con un cuchillo a su disposición y parada tan cerca a Jaeger, Jean no quería dejarla tenerla. Pero, si Jean no soltaba al alto hombre, estaba seguro de que su rehén se ahogaría hasta morir y el Infierno de verdad le reservaría el más profundo y oscuro recoveco del vientre del Tártaro sólo para él. Podía imaginarse a los demonios revolviendo el caldero, ansiosos por su llegada.

Fue entonces cuando Eren habló, rompiendo el punto muerto. El castaño sacudió la cabeza.

'Déjalo ir, Jean.'

El rubio ceniza se tragó una maldición. Quiso protestar en contra de la idea. Deseó tirar sus valores por la ventana. Pero, por una vez, fue más fácil dejar que alguien tomara la decisión por él. Y, porque ellos eran guardianes, porque estaban atados a un puto juramento de honor de los Cuerpos de Paz, Jean obedeció.

Dándole a Eren un renuente asentimiento, Jean Kirstein liberó a su prisionero.

..-..

Las luces de neón colgaban fuera del pub. Estaba presente el ruido de vasos, risas bajas y jazz ligero tocando debajo. 'Mis cosas preferidas', de John Coltrane. Levi frunció el ceño ante la distracción, ante el barullo de voces debajo de ellos. La mujer pelirroja hizo un ruido de impaciencia mientras ponía su rostro derecho.

'Deja de moverte, brother. Estos puntos no son fáciles de quitar.' Dijo ella, sus dedos trabajando por su cabello negro.

Levi asintió y se quedó quieto, dejándola que levantara una pinza y antiséptico. Estaba agradecido de que ella usara bata y guantes.

'¿Las esterilizaste?' preguntó Levi a la mujer, señalando las pinzas y las tijeras en sus manos.

'Por supuesto, bitchy (4). Ahora, aguántate. No quieto pincharte un ojo por accidente.'

Isabel tarareó una nana mientras se lavaba y ponía una toalla de papel sobre los puntos en su frente. Ahora que lo pensaba, Levi se percató que ella se volvía día a día cada vez más maternal. Ella usó las pinzas para levantar el nudo del primer punto y observó la ligera molestia pasar por su rostro.

'Podríamos conseguir a un medico para que te quite esto, sabes.' Dijo Izzy, cortando la primera sutura junto al nudo.

Levi no coincidía. 'Demasiado arriesgado. Menos gente conozca mi cara, mejor.'

'De acuerdo, lazy colon (5). Pero no soy una experta, así que esto dolerá. ¿Estás seguro?'

Levi asintió.

'Bien. Ahora, cierra los ojos, Rivaille.'

Levi alzó la mirada, una arruga formándose en sus cejas. 'No hace falta. ¿Crees que no he lidiado con el dolor antes, Izzy?'

'No te lo pregunto por ti, brother. Tus ojos distraen.'

Levi sonrió y asintió, cerrando los ojos.

Deseó no haberlo hecho. Porque, cada vez que permitía que la oscuridad lo consumiera, Levi se descubría regresando a un punto en el espacio-tiempo. A un lugar del pasado. Un lugar al que había jurado no regresar.

Y, aun así, allí estaba, de regreso en el departamento de los helumbrary. Caminó a través de la puerta de entrada, y descubrió a Krobe esperándolo en el pasillo. El perro mecha lo miraba con gran disgusto, le dio un ladrido gruñón y Levi sabía que había solo tres posibles razones para que el seudo cachorro de rottweiler estuviera molesto con él. O se había olvidado de llenar su tanque de aceite, u olvidado dejar trozos de metal en su tacho de comida o (y solo esperaba que este no fuera verdad)… Eren estaba allí.

Mientras se aventuraba más adentro del departamento, descubría un rastro de ropas. Las ropas de Eren, confirmando sus peores sospechas.

Una camiseta abandonada.

Pantalones.

Un chaleco.

Levi profirió un gruñido bajo ante el desorden, levantando cada una de las prendas con diligencia.

El feliz rastro lo guió a su inmaculado dormitorio. Levi abrió la puerta y descubrió al castaño sentado en la cama con nada más que sus boxers puestos. Ante la aparición de Levi, Eren se sentó derecho, poniendo su puño derecho sobre su corazón y mirando las puertas del balcón con fiereza. Como si hubiera detectado un robot guerrillero en la distancia y estaba jurando exterminarlo.

'¿Qué estás haciendo?', preguntó a Eren, sabiendo bien que no le gustaría la respuesta.

'¡Eren Jaeger, miembro de los Cuerpos de Paz del Escuadrón 104 se ha graduado hoy, señor! Y formará parte de su escuadrón desde la próxima semana.'

Había orgullo en su voz. Levi estaba atrapado entre estar impresionado y divertido.

Levi avanzó hacia el imbécil.

'Mn. Bien hecho. Pero eso todavía no explica porque está sentado desnudo en mi cama, soldado.'

'Eren Jaeger ahora también es un adulto. Cumplió los dieciocho tres meses atrás', anunció el castaño.

También hubo un silencio agobiante.

'¿Y?', preguntó Levi, pensativo.

Eren se quedó rígido.

'¡Mi alma está lista, señor!'

Levi se metió las manos en los bolsillos del su bléiser y se inclinó hacia delante. Bajó la cabeza, hasta que sus ojos se encontraron. Eren se refrenó ante la repentina cercanía. Levi lo miró largamente, un desafío mudo para ver quien se rendía antes en el desafío de miradas. Eren siguió obstinadamente mirándolo, batallando inútil pero curiosamente valiente. Porque, cuando se trataba de mirar feo, el Cabo era insuperable. Levi no sabia si estar molesto en esta posición o por el frío del aire acondicionado, pero Eren finalmente tuvo un escalofrío y parpadeó. El juego había terminado, y Eren maldijo ante su derrota.

Levi sonrió malicioso, y apretó las ropas del castaño en los desnudos brazos del adolescente.

'Vuelve cuando tengas treinta, mocoso. Y, te doy un consejo, si vuelves a irrumpir nuevamente en mi departamento, te voy a castrar.'

Y abandonó el cuarto, dejando al joven guardián revolverse en esa amenaza.

'¡Rivaille!'

'¡LEVI!', oyó a alguien decir su nombre.

Levi abrió los ojos y quedó sorprendido de encontrarse en el presente. Descubrió a Isabel mirándolo con temor. Ella alzó las pinzas y tijeras.

'Está hecho', dijo ella, apartando sus útiles. 'Farlan dejó un mensaje hace un rato. Dice que los sindicatos han accedido a tener una audiencia contigo. Preguntó si puedes hacerla esta noche.'

Levi miró tras ella, y captó el reflejo en el espejo del vestidor.

'Sí. Mi alma está lista.' Dijo lúgubremente.

..-..

¡(…) Pero una vez perdido y muerto por el pecado,
No podrá recurrir a él, en la incapacidad de ofrecer
Por sí holocausto ni expiación alguna!
Heme aquí, pues, yo me ofrezco por él;
Yo ofrezco mi vida por la suya.
Caiga sobre mí tu cólera.

Paraíso Perdido, Libro III


1 Una traducción más correcta sería "La amarga medicina de ella".

2 La frase es 'a change of heart', y literalmente es 'un cambio de corazón'. Alude a tener un giro rotundo con respecto a algo.

3 El mito faustiano es algo muy interesante, y muchos conocen, al menos de nombre, 'Fausto' de Goethe. Sin embargo, les recomiendo leer 'Doctor Fausto' de Marlowe, que una versión anterior, más corta y mucho más truculenta. Si vamos al caso, la película 'Al diablo con el diablo' trata lo mismo.

4 En el original decía 'criticón'.

5 'Anal retentivo' en el original.