No había sensación más hermosa que sostener a su bello hijito en brazos aún estando con la cabeza tan llena de problemas la reina legítima de Escocia se detenía durante un momento para darse un tiempo para su pequeño Jacobo que a fin de cuentas sería el Sexto de Escocia y el primero de Inglaterra, sus enemigos seguían creciendo al menos ya no le causaba tanta alarma como antes más bien lo veía como algo ya meramente normal. Tampoco su prima Isabel le preocupaba a raíz de su negativa para comprometer a la hija que tenía con su hijo la reina presta acudió al único amigo que tenía en toda la cristiandad: España Felipe le prometió que si mandaba a su hijo a las cortes españolas no habría quién se atreviera a ponerle un dedo encima.

Y era verdad.

Desde que su pequeño príncipe nació la reina rara vez pegaba el ojo. Tenía miedo de que aún en Aberdeen merodearan espías de Elizabeth Burson sentía que poco a poco se acercaba su final y como era normal temía no solo por ella, tenía más miedo por Jacobo a pesar de que se rehusaba vehementemente a mandarlo a España siendo aún tan joven en el fondo de su corazón; la joven madre comprendía que era lo que debía hacer. Si es que quería que Jacobo volviera a Escocia para reclamar lo que le pertenecía sano y salvo. Esa noche terminó de envolver a su pequeño hijo con las mantas lo sacarían a hurtadillas del castillo de Aberdeen para que tomara un barco con rumbo a Zaragoza y de allí a la corte de Felipe II dónde sería criado como copero pero en secreto, se le revelaría su sangre real.

Lo que terminó de convencer a la reina de hacer tal acto fue la promesa del rey Felipe de casar a su hijo con la hija del rey de Dinamarca; Margarita una vez que ambos tuvieran la mayoría de edad regresaran a Escocia acompañados de buena parte del ejército español, a reclamar lo que por derecho era suyo. María cerró los ojos para dejar que una lágrima le rodase por la mejilla tener hijos era difícil pero separarse de un pedazo de ella era prácticamente lo más doloroso que experimentó. No existía golpe más fuerte para una mujer ni para una madre que el hecho de saber que no volvería a ver a sus hijos.

Su fiel secretario lord Morton apareció justo en el momento en que se debatía si de verdad era necesario hacer tal sacrificio la reina tenía un plan nuevo en mente: poner a su pequeño en manos de los McLeod un clan mediano pero católicos fervientes jamás se pusieron de un bando u de otro, no obstante gracias a ello comenzaban a crecer y hacerse fuertes tal vez si Jacobo se casaba con una chica escocesa podría acumular gente para su causa en un futuro no muy lejano.

Salieron ayudados por las antorchas del castillo también por los guardias que mediante buenos sobornos se mantuvieron quietos como sombras y mudos como troncos, María conforme fueron llegando al puente levadizo comenzó a arropar fuertemente a Jacobo entre sus brazos, caminaba más despacio lo cual desesperaba al ya viejo lord Morton.

—Señora por favor—el viejo se volvió hacia su señora, le tomó de los brazos para hacerla caminar a su ritmo, María por su parte movía los pies torpemente—Sé que es difícil pero comprenda que para preservar la vida del príncipe esto es lo mejor que podemos hacer. Usted misma llegó a la conclusión de que su reinado estaba a punto de acabar y tal vez la vida se le fuera en ello, a los que la seguimos de todo corazón nos pasará lo mismo. Pero este niño es nuestro pase para tener algo de esperanza en el futuro. Usted peleó y desgraciadamente las cosas no giraron a su favor tal vez girarán en favor del príncipe Jacobo.

Al llegar al puente levadizo ya esperaba un carruaje tirado por un solo caballo y escoltado por pocos hombres en el puerto, tenía noción de que el mismísimo Duque de Alba estaría aguardando con el niño para ponerlo bajo resguardo en España.

María subió al carruaje dentro ya estaba María Seton y su hermanastro quien no estaba del todo de acuerdo con su última decisión. De hecho era James quien le dio la idea de llevar al niño con los Mcleod para que le hicieran pasar por hijo suyo. No obstante los miedos de lord Morton estaban sustentados, tal vez Elizabeth Burson no era realmente tan oscura de corazón como para asesinar a un niño pero no podía decir lo mismo de su esposo el rey Francis, de Thomas O'Hara o de Mauled; todos ellos querían ver la dinastía de María muerta para tener bases para consolidar el trono de los Burson en Escocia.

El camino del castillo al puerto transcurrió sin novedades, María se bajó del carruaje acompañada de lady Seton una guardia española con los uniformes de sus soldados le guió hasta la galera dónde se llevarían a su hijo.

—Bienvenida su majestad—el duque era bien parecido, muchas veces María pensó en la posibilidad de un matrimonio con ese personaje—Espero que encuentre de buen gusto las condiciones en las que viajará su alteza el príncipe Jacobo.

María esbozó una sonrisa forzada, no podía pedir mejores lujos; que en ese momento bien sabía Dios que no le importaban eran los últimos minutos que sostendría a su hijo en brazos, eso era lo que le carcomía el corazón.

—Están bien su excelencia, no me cansaré de repetir que agradezco de corazón la disposición del rey Felipe para recibir a mi hijo en sus cortes.

Alba negó.

—Los honrados somos nosotros mi señora, el príncipe estará bien cuidado cuando tenga la edad adecuada se le casará con Margarita de Dinamarca para que juntos emprendan la bendita reconstrucción de la dinastía Estuardo.

El momento del adiós se acercaba con todo el dolor de su corazón María dejó a su hijo en brazos de Mary Seton ella sería quien acompañara al duque durante el viaje.

—No llores — le dijo a su dama mientras le pasaba al niño—lo único que te pido es que cuando pregunte por mí le digas que su madre puso todas sus fuerzas en salvar el reino que era suyo, que quiso darle Inglaterra pero los enemigos la rodearon. Y que aún así estando rodeada se las ingenio para mantenerlo a salvo. Quiero que me recuerde como una mujer valiente, ¿Puedes hacer eso por mi Mary?

La dama de compañía asintió lentamente María se conformó con sonreír, además de que quería abandonar esa galera lo más rápido posible o de lo contrario estaba segura que perdería el valor y volvería al castillo con su hijo en brazos. Mientras caminaba apoyada por lord Morton dejó que las lágrimas finalmente salieran de sus ojos a fin y al cabo en esos momentos no era una reina, era una madre que lloraba y sufria por no saber de su hijo.

Apenas ella salió de la galera esta misma levó las anclas para poner inicio al viaje María insistió a su viejo secretario que le concediera el permiso de quedarse en el puerto, sin embargo se topó con la férrea negativa del hombre. Ahora que ya tenía a salvo a su hijo debía concentrarse en ése ejército que avanzaba a través del norte, que ya estaba tocando tierra en el puerto de Montrose se acercaban peligrosamente, y a ella no le quedaba más remedio que defenderse como siempre.

—Bueno lord Morton, ahora que ya tenemos a mi hijo a salvo dígame ¿Cuales son las condiciones de nuestro ejército?

Agradecido por esa pregunta, Morton decidió presentar el informe en el cual llevaba una semana trabajando.

—Son pocos alrededor de seis mil hombres, pero le aseguro a su alteza que han sido entrenados además los mil quinientos soldados españoles que dejó Felipe como resguardo nos servirán en caso de necesitar soldados de refresco, le sugiero a su majestad distribuir hombres por el camino a modo que parezca que somos pocos. Con un poco de suerte lograremos vencer esta batalla.

—¿Cuánto tiempo tomaría entrenar más hombres en caso de victoria?

Morton hizo malos gestos.

—Como mucho medio año mi señora, es la última reserva que nos queda de hombres. No alcanzaremos a reunir un ejército que fuera lo suficientemente fuerte como para sostener un nuevo ataque.

Así que eso tenían dependían de esa batalla para que su reinado convulso sobreviviera no obstante los que viajaban dentro del carruaje sabían que tenían sus días contados.

(...)

A Luis de Condé lo velaban en el salón del trono del castillo de Fointanbleau presentes estaba la familia real, lady Lo,a su hermano Antonio y muy pocos nobles los que acudieron cuchicheaban en silencio las noticias que se recibieron; a cerca de la muerte del hombre que tuvo la desfachatez de sostener un amorío con la reina de Escocia, eran que murió en combate decían que una flecha le alcanzó el ojo izquierdo y antes de que pudiera recibir la ayuda de cualquier médico murió desangrado en el campo de batalla.

Lola era la principal persona que se empeñaba en creerse esa mentira, en el fondo sabía que Francis como su madre habían metido sus manos para apartar al pobre Luis del camino sabía que Francis deseaba hacerla reina, y que a Catalina le urgía volver a ganarse la confianza que desde hacía mucho tiempo perdió de su hijo. Ambos madre e hijo estaban en pie de guerra mientras Francis no tuviese un hijo con Elizabeth Burson el siguiente heredero al trono inglés era Carlos un niño de nueve años muy apegado a su madre y de pocas luces por lo que podía ver.

Catalina quería volver al poder, tras la muerte de Enrique y los constantes viajes de su hijo a Escocia ella quedaba como regente del reino sin embargo no confiaba del todo en esos señores que por un lado decían ser leales a ella y por el otro corrían hasta donde lady Lola para reproducir cualquier cosa que les valiera obtener favores, Lola era ya conocida por ser la concubina favorita del rey ninguna muchacha de su escuadrón volante pudo siquiera pasar más de dos noches en la cama de Francis. Y la prueba estaba con el poder que su propio hijo le dio a esa Escocesa desvergonzada.

Otro que no se creía del todo la falacia de historia inventada por la italiana era por supuesto, el propio hermano del fallecido príncipe de Condé: el rey de Navarra quien muy de repente vio lo conveniente que podía resultar para sus planes estar de lado de la favorita del rey y no de la madre. Antonio sabía que solo era cuestión de tiempo para que lady Lola se perfilara como la siguiente reina de Francis, sin embargo; lo mejor era observar todo y guardarse las opiniones para los momentos que duran un poco más convenientes.

—Dime de una vez qué fue lo que hiciste con mi marido—susurró lady Lola al oído de la reina madre.

Catalina se mantuvo inmóvil, su semblante era del todo serio no demostraba ni alegría pero tampoco tristeza para con el hombre al que alguna vez quiso destruir con toda su alma.

—¿Acaso no estuviste presente durante la sesión de hace dos días? Tu esposo mi señora murió en el campo de batalla, ¿Curioso no? En el pasado Condé se habría enfrentado a mi hijo de buena gana por María Estuardo solo faltó ver su cabeza tambaleante para hacer que cambiara de opinión.

Lola era lista, meses de vivir en la corte francesa le enseñaron que nada era como se veía.

Mucho menos, cuando se trataba de Catalina de Médici.

—Tú y yo sabemos que va más allá de un simple accidente de batalla, a Francis le urgía deshacerse de mi esposo ahora todos me ven como una posible asesina gracias a ti y a tu hijo.

Catalina fue incapaz de reprimir las risas, Lola era en definitiva muy curiosa.

—Conformate con la información que se te dio, ¿Para que quieres saber más? ¿Para vengarlo? Vamos, ambas sabemos que entre tú y Condé hubo de todo menos amor.

(...)

Finalmente el día se llegaba en la carpa dónde se encontraban María, lord Morton y su hermanastro también había otros hombres miembros de clanes menores con todos María estaba agradecida.

—Lady Elizabeth tiene apostadas sus tropas en este punto—anotó uno de ellos

al tiempo que ponía cruces rojas sobre un mapa señalando los caminos que llevaban las montañas—Es blanco fácil para arquería más no para caballería o infantería nosotros, estamos en el centro de la planice el terreno por sí mismo nos da una pequeña ventaja dado lo inclinado que es. Solo Dios puede salvarnos ahora.

—Lo entiendo lord Fraser, pero no voy a dejar que mis enemigos piensen que soy una cobarde. Eso nunca.

Lord Fraser asintió, sabía que no quedaba más remedio que el de presentar batalla aunque las pérdidas fueran para los de su bando.

—Entonces—el muchacho se colocó la espada a un lado de la armadura—será un honor pelear por la reina a quien considero legítima mi señora. Traje pocos hombres conmigo apenas un puñado pero, todos nosotros tenemos una misma convicción: creemos que la religión católica es la única y que María Estuardo es la verdadera reina de Escocia e Inglaterra.

María estaba en cierto punto conmovida. Por las palabras, en el momento decisivo siempre hacían falta.

—Moriré junto a ustedes lord Fraser, tengalo por seguro sea por Dios se nos llegó el momento.

El campo de batalla se alzaba ante ellos, de un lado estaban los contendientes con los estandartes de Elizabeth Burson ondeando y del otro los suyos ,a pesar de que eran pocos de su lado María tenía una sola determinación: pelear o morir durante un año estuvo jugando con sus enemigos al estira y afloja ese día no tenía porqué ser distinto. Sobre su cabeza descansaba la corona enjoyada de la casa Estuardo y en el pecho llevaba el balsón de los suyos, mientras esperaban a que los mensajeros de Elizabeth Burson se presentaran ante ellos a proponer cualquier tipo de tregua María observó que era la misma Elizabeth la que se acercaba iba sola con la armadura puesta a medio camino de distancia se apeó del caballo que montaba dirigiendo la mirada hacia ella.

—Creo que quiere hablar conmigo, será mejor ir lord Fraser.

—Pienso que no mi señora tal vez quiera amedrentar.

Sin embargo María negó, no parecía tener ánimos de fanfarronear sobre el grueso de sus tropas.

—Iré, a mi regreso los quiero listos a todos.

Elizabeth aguardaba pacientemente a María esta vez la pelea tendría que ser entre ellas mismas la pretendiente y la reina debían pelear con fiereza para defender lo que una y otra ambicionaban; y qué mejor manera que en ese día, delante de los seguidores tanto de ella misma como de María. La reina legítima se aproximó a ella Elizabeth se mantenía tranquila la armadura era ligera pero aún así no dejaba de causar cierto malestar a quién no estaba acostumbrada a portarlas.

—Al fin estamos reunidas—María se notaba impaciente, quería terminar con eso de una vez.

—Cuando quieras podemos iniciar.

Ambas mujeres desenfundar el arma de Elizabeth era una espada ligera de hoja delgada y puño de platino con un águila en la empuñadura, María portaba un mandoble. La primera en atacar fue la misma María Elizabeth se dispuso a hacerle frente las espadas chocaron una, dos, tres, cuatro veces ambas mujeres probaban sus fuerzas la pretendiente retrocedió dos pasos recordando en ese instante las lecciones de combate cuando era niña en su castillo, la reina no le daba tregua le seguía rabiosa aprovechando la cercanía entre ambas, María lanzó un tajo sin embargo Elizabeth se dejó caer mientras estaba en el suelo fue ella quien aprovechó y dio un corte a su rival.

María se movió hacia su derecha, avanzaba pisando con cuidado el suelo irregular. en tanto Elizabeth retrocedía, con una leve sonrisa en los labios. María atacó, lanzando estocadas, pero Elizabeth retrocedió dando un pequeño salto sobre una piedra, cubierta de musgo María dio un paso más a la izquierda golpeando a su rival en el estómago, el mandoble que usaba dejó un corte en la armadura de su rival. Elizabeth se apoyó sobre el pie que mantenía detrás, mientras su espada plateada descendía en un arco brutal. María logró apartarla y, de un salto, se alejó.

Elizabeth supo aprovechar un descuido de su rival, María se preparaba para volver a cortarla, no obstante había abierto un ángulo que le facilitaba más a ella un tajo al vientre, sin pensárselo dos veces dirigió la espada a la zona corporal seleccionada solo bastaron dos puñaladas para que María perdiera las fuerzas y se empapara de sangre la armadura.

Al momento de sacar la espada del vientre la reina de Escocia tambaleó por unos momentos hasta que finalmente cayó.

Desde su sitio podía escuchar los vítores que lanzaban sus hombres, finalmente todo terminaba la corona de María rodaba a sus pies ye ra Francis quien la recogía del césped para colocarla en las sienes.

Al fin estaban complidos los designios de Dios, finalmente era Reina de Escocia y Francia.