Vigésimo segundo encuentro Magnus

Magnus

En cuanto llegaron a Idris, justo a las afueras de Alicante, Magnus dejó a Jocelyn en casa de Clary y se encaminó a Angel's Lane. No estaba seguro de que Alec estuviese ahí, era más probable que se encontrara en la residencia de los Lightwood. Estos acababan de pasar por el funeral de su hermano el día anterior, seguro necesitaban estar juntos para darse apoyo, pero como no estaba seguro, decidió ir a revisar la casa que tenía prestada para quedarse.

Al llegar, apenas entró revisó la sala que estaba vacía, se apresuró a las escaleras. Una vez arriba, en la habitación principal, notó el bulto bajo el cobertor amarillo. El pelo negro alborotado sobre la almohada.

— ¡Alec! -preguntó al mismo tiempo que se aproximaba a la cama. Alec se levantó de golpe al escuchar la voz de Magnus, moviendo el cobertor. Magnus se detuvo para observarle por un instante y grabar su imagen, lucia su pelo aún más alborotado y tenía los ojos adormilados.

— ¡Has regresado! -dijo enderezándose en la cama y dejando que el cobertor se resbalara hasta la altura de su cintura. Estiró las manos hacia Magnus, tal como lo hace un niño. Magnus corrió a la cama y en dos largos pasos atrapó a su novio en un cálido abrazo. Alec recostó su cabeza en su hombro dejando que su respiración tocase la piel desnuda justo a la altura de su garganta. Le mantuvo apretado por un buen rato. Magnus podía darse cuenta del dolor que Alec sentía por la tensión que había en sus hombros. Acarició el pelo de Alec y trató de tranquilizarlo murmurando en su oído

—Está bien bebé. Estoy aquí.

Finalmente Alec levantó su cabeza y presionó sus labios contra la mandíbula de Magnus, arrastrándolos lentamente hacia su boca. Sus labios se juntaron. Se besaron suave y tiernamente. Alec succionó el labio inferior haciendo que Magnus abriera su boca para que él pudiera introducir su lengua. Magnus hizo lo propio, entrelazando la suya con la de Alec en un beso que definitivamente relajó la tensión que Alec cargaba encima. Al sentirle más calmado Magnus comenzó acariciar su espalda trazando círculos en esta, con sus fuertes manos. Solo quería reconfortarlo.

Finalmente se separaron del beso y Magnus pudo darse el tiempo de observar los hermosos ojos azules de su novio. — ¿Estás bien? -le preguntó. Alec negó lentamente con la cabeza. —No realmente.

— ¿Cómo estuvo lo de ayer?

Terrible. Mi madre…— Su voz se arrastraba. Magnus le tomó la mano y la presionó un poco. Después movió el cobertor hacia un lado y se deslizó en la cama junto a Alec. — ¿Si? –le preguntó para motivarlo a continuar.

—Estaba tan alterada, jamás la había visto tan mal. -tartamudeó Alec. —Mi padre parece estar en una especie de trance, no lo he escuchado decir ni una sola palabra. Isabelle sigue encerrada en su cuarto. No lo sé todo es un desastre. Me sentía solo en esa casa extraña. No podía dormir, así que al final, salí de ahí y divagué por un rato, terminando aquí. La puerta se abrió para mí, y sólo pensé en quedarme y esperarte.

—Bien. Ya estoy aquí. -dijo Magnus, envolviendo su brazo alrededor de Alex y apretándolo contra su cuerpo.

—Por favor abrázame y no me sueltes. -murmuró Alec.

—Siempre. -le aseguró Magnus apretando sus labios sobre el cabello de Alec. —Siempre. –repitió. Se quedaron así abrazados por un tiempo hasta que Alec rompió el silencio.

— ¿Sabes?, por mucho que quiera quedarme aquí, en esta cama contigo y pretender que no pasa nada, creo que tenemos que ir al salón de los acuerdos. ¿Escuchaste que hay un ultimátum?

Magnus asintió. —Mientras estaba en Nueva York recibí algunas llamadas de amigos que vendrán a Idris para unirse a la pelea contra Valentine. La manada de Luke ya está aquí, pero muchos subterráneos han seguido el ejemplo. Hay brujos y hadas. Incluso Rafael se encuentra en camino con todo su Clan. Los subterráneos están dispuestos a pelear con los Cazadores de Sombras pues saben la suerte que correrían sí Valentine llega a ganar. Sólo me preguntó si la Clave permitirá que los subterráneos se unan a ellos en la pelea.

—Si tienen algo de cordura, lo harán. No hay manera que ganemos sin ustedes. -afirmó Alec.

—Creo que tienes razón, debemos ir.

Magnus se levantó y se vistió con unos pantalones negros que hacían juego con el traje negro de Cazadores de sombras que usaba Alec. Eligió un abrigo negro que abotonó hasta el cuello. Recogió su pelo y lo ató en una coleta en la parte de trasera de la nuca. Entonces atrapó a Alec observándole.

— ¿Qué pasa? -preguntó.

—Luces tan… no sé diferente.

— ¿Se ve mal? -preguntó Magnus, arqueando las cejas.

—No-no. Está bien. Se ve muy natural. Me gusta. -Alec sonrió tímidamente y Magnus le regresó la sonrisa mientras observaba Alec acomodar el arco en su espalda.

—Me agrada que te agrade. Espero una buena pelea. Así que sólo me visto acorde a la situación. -dijo Magnus, al momento que tomaba la mano de Alec. — ¿Estás listo?

En su camino rumbo al salón de los acuerdos se toparon con Isabelle y Simon. Isabelle se veía sorprendida de ver a Magnus, pero toda su atención estaba fija en Alec. — ¿Dónde estabas? ¿Estábamos buscándote?

—Estaba con Magnus. -replicó Alec, sintiendo una oleada de afecto por él. Ahí estaba él, reconociendo la existencia de Magnus en su vida. Era algo a lo que todavía no se acostumbraba.

—Okay, -dijo Izzy, brindándole una mirada de aprecio a Magnus, antes de regresar su atención a Alec. — ¿Sabías que Jace se ha ido? Se fue en busca de Sebastián. Izzy se veía molesta y Alex se tensó inmediatamente.

— ¿Pero por qué no me dijo? ¿Por qué no me llevó con él? -preguntó Alec desconcertado.

Isabelle suspiró dramáticamente. —Ya sabes cómo es Alec. Está protegiéndonos al irse solo. No quiere que salgamos heridos.

— ¡Uff! -exhaló Alex frustrado.

Isabelle le miró molesta. La paciencia no era su fuerte. — ¡Vamos! -dijo. Íbamos de camino al salón. Mamá ya se encuentra allá.

—Nosotros también íbamos para allá. -dijo Alex

Frente al salón de los acuerdos encontraron a Maryse. Esta miró a Magnus con recelo, pero no dijo nada. Lucía exhausta y muy triste. Magnus analizaba la posibilidad de presentarle sus condolencias pero ella tomó a Alec del brazo y lo jaló para hablar con él antes de que Magnus pudiese decir nada.

—Alec, cariño ¿Sabes que Jace ha ido?

—Lo sé, Izzy me dijo. -contestó Alec. No puedo creer que no nos haya dicho nada. Se inclinó y besó a su madre en la mejilla, lo cual fue un gesto muy lindo. — ¿Qué está pasando? -preguntó, indicando con su cabeza el salón de los acuerdos. El ruido que salía del salón era bastante acalorado.

— ¡Vamos adentro! en lugar de estar parados aquí. -dijo Isabelle impaciente y se giró rumbo a las puertas. Todos la siguieron. Adentro había un enjambre de gente. Magnus ubicó a Clary en el estrado frente al salón. Ella hablaba con el cónsul. Le explicaba cómo había destruido el barco de Valentine. Su voz sobresalía de las demás en el salón.

—Lo hice con una runa. Una runa tan fuerte que hizo que el barco se partiera en pedazos. Yo puedo crear unas nuevas, no sólo las que existen en el Libro Gris. Runas que jamás han sido vistas. Runas mucho más poderosas.

—Es suficiente. -dijo el Cónsul Malachi. —Es ridículo. Nadie puede crear Runas nuevas. Eso es imposible. -se dio la vuelta para confrontar a la multitud. Magnus podía ver la mirada amenazante del cónsul. —De tal padre tal hijo y esta chica es sólo una mentirosa.

— ¡Ella no miente! -gritó Alec en su defensa. Hablando fuerte y claro. Magnus, que estaba parado a un lado de él, giró a verlo. Era sorprendente. Ver a Alec salir a la defensa de Clary delante de tanta gente. Su voz era fuerte y firme. —La he visto crear runas. Aún más, he dejado que usará una en mí y funcionó.

Magnus se sentía tentado a tomar su mano y apretarla en señal de apoyo, pero Maryse se encontraba justo al lado de ellos, así que detuvo su impulso.

—Estás mintiendo. -dijo el Cónsul. —Mientes para proteger a tu amiga.

—En serio Malachi. -La voz de Maryse estaba furiosa. — ¿Qué te hace pensar que mi hijo podría mentir acerca de algo como esto, cuando la verdad puede ser descubierta tan fácilmente? Denle a la chica una Estela y déjela que cree una runa.

Alguien se abalanzó hacia el frente, alcanzándole una Estela a Clary. Ella corrió la mirada a través de la multitud, insegura. Magnus observó como la detuvo al llegar a Simon, que se encontraba parado junto Isabelle. Al llegar a él, su inseguridad se desvaneció y la determinación tomó su lugar. Sostuvo la Estela firmemente y comenzó a dibujar. Así es cómo trabaja el amor, pensó Magnus. Ella buscando a Simon. Sintiendo la fe que él tiene en ella y sabiendo que es todo lo que ella necesita para proceder. Entonces Magnus miró a Alec, parado a un lado de él, y supo que él sentía lo mismo. Con Alec a su lado, se sentía capaz de enfrentar hasta la tarea más difícil. Alec lo hacía sentirse fuerte

De repente un murmullo llenó el salón y Magnus dirigió la mirada al estrado. Para su sorpresa, ya no era Clary la que se encontraba ahí, era Alec. Algo no estaba bien, Magnus giró inmediatamente para ver a Alec parado a un lado de él. ¡Había dos de él! Al mismo tiempo, Alec también miraba a Magnus con sorpresa.

— ¿Por qué te estoy viendo a ti? -murmuró.

Magnus estaba en shock. Su vista iba de Alec al estrado y del estrado a Alec. Entonces entendió. —Es la runa. -dijo despacio. —Te hace ver a alguien más.

—Esta runa hace que veas a la persona que más amas. -dijo una voz a un lado de Magnus. Este giró para encontrarse a Jocelyn parada a un lado de él. —Esa es la razón por la cual todos vemos a la persona que más amamos, en lugar de a Clary. Magnus asintió y volteó a ver a Alec, que se ruborizaba y empezaba a sentirse incómodo.

El corazón de Magnus se contrajo, sabiendo que Alex se sentía expuesto ante todos. —Sólo tú puedes verlo. -dijo rápidamente, para calmarle. Alec, cada quien ve lo que tiene que ver.

Alec asintió y miró a su mamá a un lado de él. Al parecer ni lo notaba. Ella estaba viendo hacia Clary. Tenía la cara pálida y lágrimas en sus ojos. Sí Jocelyn estaba viendo a Clary, entonces no era difícil imaginar a quién veía Maryse. Magnus pensó en lo que Alec había dicho acerca de ella y se sintió conmovido con su dolor. Saber que apenas unas horas antes había llorado por la muerte de su hijo en el funeral, le hacía recapacitar. Siempre creyó que Maryse era una persona fuerte, pero fría como el hielo y verla ahora, devastada; le hacía cambiar la imagen que tenía de ella.

El poder de la runa se iba desvaneciendo y cuando Magnus regresó la mirada al estrado, el Alec de ahí se había desaparecido. En su lugar estaba Clary nuevamente. Su caso había sido expuesto y estaba alegando la necesidad de pelear contra Valentine. De no rendirse. Sus ojos brillaban y su pelo se movía alrededor de ella como un halo de fuego. Era una fiera. Tanta intensidad en una chica tan pequeña. Magnus pudo comprender entonces, la razón por la que Jace, que era una persona tan arrogante y fuerte, se sintiese tan atraído hacia está muchacha. Era valiente y tenía agallas. Estaba explicando acerca de una runa que ella había creado que tenía la habilidad de combinar fuerzas.

Combinar las fuerzas de un Cazador de Sombras con las de un subterráneo. Cada Cazador de Sombras debía encontrar a un subterráneo para pelear con él. Ambos deben ser marcados con la runa. Entonces su poder se combinará. La fortaleza de los hombres lobo, la velocidad de los vampiros, la magia de los brujos; la ligereza de las hadas. Todo esto combinado con la fuerza el entrenamiento y la determinación de los Cazadores de Sombras.

Magnus creyó que Clary había hecho un muy buen argumento. Pero por supuesto los Cazadores de Sombras consideraron que era necesario discutirlo hasta el punto del cansancio. Les tomó una eternidad el decidir que lo intentarían. Cuando dieron la luz verde, todos los subterráneos que se encontraban reunidos afuera de la ciudad brujos, hombres lobos, y hadas fueron llamados a entrar. El salón de acuerdo, que para entonces ya estaba lleno de gente, se llenó aún más con la llegada de los subterráneos.

Magnus analizaba la extraña aventura. Cazadores de Sombras y Subterráneos mezclados cautelosamente. Entonces, el caballero hada Meliorn se aproximó a él. —Bien, bien. Magnus Bane. –inclinó su cabeza ante Magnus hablando el lenguaje formal de la Corte Seelie. — ¿Qué es todo este alboroto? Creo haber escuchado que seremos marcados. Pero tenía sabido que los subterráneos no toleramos las marcas. Mi gente está recelosa.

—Vamos con Clary. –sugirió Magnus. —Estoy segura que ella puede explicarnos cómo funciona.

Se acercaron al estrado donde Clary se encontraba sentada. Jocelyn y Luke estaban parados a un lado de ella. Magnus se dio cuenta que Clary le veía, algo similar a lo que Alec había hecho unos momentos antes en su casa.

—Luces tan... Natural. –dijo sin dejar de verle.

Magnus sonrió débilmente. —Escuche que tienes una runa que mostrarnos. –dijo.

Clary giró buscando el apoyo de Luke, que asintió para ella. —Oh, sí. –dijo. —Solo necesito algo en que escribir – ¿algún papel?

La Runa debía ser marcada en el subterráneo por aquel que fuese a ser su pareja en la pelea. Jocelyn marcó entonces a Luke en frente de ellos para aclarar las dudas de Meliorn. Este parecía solo un poquito renuente aun después de haber visto que la Runa no había dañado a Luke.

La Runa fue copiada en papel para que fuese pasada a lo largo de la multitud, mientras se preparaban para la batalla. Luke le preguntó a Magnus si había posibilidad de que Magnus creará un portal en la plaza. Magnus le aseguró que no había problema cambiando la mirada a Clary, que le sonrió tímidamente.

Clary se inclinó hacia adelante en su silla para murmurarle al oído. —Gracias, por cierto. Por todo lo que hiciste por mi mamá.

Magnus sonrió ampliamente. —No creíste que lo haría, ¿cierto?

—Me lo cuestionaba un poco. –admitió. —Especialmente, después que no me dijiste nada en la cabaña, acerca de que Jace trajera a Simon por el Portal con él, cuando se vinieron a Alicante. No había tenido tiempo de echarte en cara eso antes, ¿Pero, qué estabas pensando? ¿No creíste que estaría interesada en saber eso?

—Pensaba que estarías demasiado interesada. –dijo Magnus. —Que si te lo decía, dejarías absolutamente todo para correr al Gard y yo necesitaba que tú buscaras el Libro Blanco.

—Eso fue muy descortés. –afirmó Clary. Magnus escuchaba un pequeño toque de coraje en su voz. —Y te equivocas, yo habría...

—Hecho lo que cualquiera habría hecho en tu lugar. –añadió sin dejar de sonreír. Lo que yo hubiese hecho por alguien que me importa. No te culpo, Clary, y no lo hice porque pensará que eras débil. Lo hice porque eres humana y yo sé, cómo funcionan los humanos. He estado aquí por un largo tiempo.

—Cómo si nunca hubieras hecho algo estúpido por culpa de tus sentimientos. –espetó Clary. — ¿Dónde está Alec? ¿Por qué no estás eligiéndolo para ser tu pareja en la pelea?

Magnus le giño el ojo. —No puedo acercarme con sus padres aquí. Ya sabes.

Clary tocó su mejilla con la mano. —Hacer lo correcto por alguien al que amas apesta algunas veces.

—Lo sé. –confirmó Magnus.