Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer

Gracias a Isa por corregir este capítulo


MI

Luces clandestinas y ojos curiosos saturan su entorno de peculiaridades que jamás pensó presenciar. Su cuerpo está demasiado tenso y descubierto, se siente vulnerable.

—¿Has visto cómo te mira Roshchild? Podría comerte viva si lo dejo —dice Rose en su oreja.

Bella lanza una mirada furtiva al hombre en cuestión y se admira al ver que Rose tiene razón. Anatholi Roshchild es un hombre un tanto mayor que ella, pero es extremadamente atractivo, con canas nacientes que lo hace verse inteligente e interesante.

—No te preocupes, no dejaré que se te acerque... si no quieres —comenta la rubia guiñándole el ojo a Bella.

—¿Qué clase de fiesta me dijiste que es? —pregunta Bella con voz temblorosa.

Su vestido es difícilmente algo que ella podría haber concebido para ponerse en una fiesta de noche. Es un atuendo lascivo y elegante al mismo tiempo, con un corsé demasiado apretado y una falda de caída seductora que es suavizada por la seda que la compone.

—Es sólo una fiesta, pero si alguien te propone sexo no lo tomes a mal —dice Rose con mirada maliciosa.

La castaña la mira con ojos de sorpresa al mismo tiempo que ve entrar a su esposo con mirada iracunda.

—¿Qué hace Edward aquí? —pregunta Rose—. ¿Tú lo invitaste? —concluye la rubia.

Bella sacude la cabeza en negación y toma de su vaso de vino blanco, todo el tiempo preguntándose qué hace su marido en esta reunión que ella consideraba secreta para él.

—Jasper —dice Rose oprobiosamente—. Voy a matar a ese hijo de puta.

—¿Jasper le dijo a Edward? Pero ¿por qué? —pregunta Bella sorprendida.

Rose la mira con mirada extrañada, pero no le responde pues Edward ha divisado a su esposa y va en camino a corregir esta ruta de "vicio y perdición". Con paso firme y rápido llega a Bella que está estoicamente mirándolo.

—Vámonos —él dice tomando de la mano a su esposa bruscamente.

—¡No! —ella grita, haciendo que todos volteen a ver la escena.

—Edward, no estás invitado a esta fiesta y estás molestando a mis invitados con tu inoportuna presencia, me gustaría que te fueras —dice Rose en voz baja.

—No voy a irme sin mi esposa. Sé lo que tratas de hacer, Rosalie, y te estás metiendo en un terreno peligroso —advierte Edward.

—¡No voy a ir a ningún lado contigo! —interrumpe Bella indignada.

—Por supuesto que sí —bufa Edward molesto—. No voy a dejar que estés en este lugar lleno de... de... perdición.

Rosalie Hale se ríe como nunca lo había hecho y luego mira a Edward con esa mirada reservada únicamente a cabrones conservadores prejuiciosos de derecha como él.

—Por favor, tú eres el menos indicado para hablar de perdición, espero no tener que recordarte por qué —contesta Rosalie levantando una ceja desafiante.

—Esto no tiene nada que ver, Bella es inocente en estas cosas, no voy a dejar que corrompas su...

—¿Corromper? Bella es una mujer adulta, no es una niña que no pueda tomar sus propias decisiones.

—Es mi esposa, ¡lo que estás haciendo está mal! —responde Edward iracundo.

—Por el amor de... —responde la rubia.

—No voy a irme sin ella, no voy a dejarla aquí para que vaya y se acueste con algún hombre sólo porque tiene la mala fortuna de tenerte como amiga... —interrumpe Edward.

—¡Ella es una mujer adulta! —grita Rosalie.

—¿Acostarme con un hombre? ¿De dónde demonios sacaste eso? —pregunta Bella molesta y sorprendida.

Rose voltea a verla y suspira sin saber cómo explicárselo a su amiga.

—¿Esta no es una fiesta común y corriente, verdad Rose? —pregunta Bella cruzándose de brazos.

—No, es una orgía llena de gente depra... —empieza a hablar Edward.

—¡No es una orgía! Dios... —dice Rose molesta—. Es una fiesta Swinger, tú sabes... cambiamos de pareja, ¿recuerdas cuando te hablé de esto? —comenta Rose con una sonrisa.

—¿Cambian de pareja cómo...? —pregunta Bella.

—... Tener sexo con otros hombres u otras mujeres que no son tu esposa o marido —contesta Edward entre dientes—, y no pienso dejar que eso pase, primero mato al hombre que se atreva a tocarte —él dice apuntándole ofensivamente a su esposa—. ¿Entiendes?

Bella se queda callada asimilando la información.

—No tienes derecho sobre ella, Edward. Si ella quiere acostarse con cuanto hombre quiera, no puedes detenérselo.

—¡¿Estás loca?! ¡Bella no es como tú, Rosalie! —contesta Edward.

—¿Como yo? —pregunta Rose indignada.

Emmett ve el alboroto y se acerca a la tripleta que parece ser el centro de atención.

—¿Algún problema? —pregunta Emmett a su esposa.

—Edward, que vino sin ser invitado. ¿Puedes acompañarlo a la puerta, amor? —instruye Rose.

—No voy a irme sin mi esposa —responde Edward.

—Creo que es mejor que te vayas, Edward, Rose tiene razón; no puedes controlar lo que haga o deje de hacer. No voy a ir contigo a ningún lado —responde Bella una vez compuesta de la información que le ha sido revelada sobre la fiesta.

—Bella, no hagas esto sólo por joderme, puedes joderme en muchas formas, pero esto no eres tú, no lo hagas por venganza —él suplica.

—Una vez me dijiste que quería guerra sin derramar sangre, bueno, ésta soy yo empuñando un cuchillo y espetándolo contra ti.

Su esposo entiende entonces que la furia de una mujer no debe ser provocada y que jamás hubiera imaginado una venganza más cruel como la que ella está propiciando.

Emmett lo toma del brazo jalándolo poco a poco fuera de la fiesta. Edward aún está mirándola con decepción y arrepentimiento. La ve tan segura de sus acciones que lo deja perplejo, inclusive para luchar ser removido de la multitud. Ya fuera, Emmett lo acompaña en silencio mientras Edward todavía pondera su vida y la destrucción marginal de su matrimonio.

—Es extraño, he pensado en ella con otro hombre, la forma en cómo la tomaría, la haría suya, la besaría en lugares donde ningún otro hombre ha estado más que yo; pero no puedo dejar de amarla menos por eso. No creo que deje de amarla alguna vez, pero creo que estoy empezando a odiarla. ¿Es posible? ¿Amar y odiar a alguien al mismo tiempo? —pregunta Edward desolado.

—¿La odiarías por actuar sobre su libertad? —pregunta Emmett.

—No, la odiaría por al fin quebrar lo único que tengo: mi ego, mi orgullo. Y probablemente la odie más porque si ella regresase pidiendo perdón, la recibiría con los brazos abiertos y no la culparía de nada —responde Edward.

—Es porque ella es mejor que tú, más fuerte, más capaz, más inteligente, y puede sobrevivir con otro.

—Tal vez, pero sobrevivir no es nada, es un limbo al que ella estaría sujeta por el resto de su vida.

—¿Por qué? ¿Crees que ella no te podrá olvidar? —pregunta Emmett desafiante.

—No lo creo, estoy seguro —contesta Edward mirándo al hombre frente a él

—¿Por qué estás tan seguro?

—Porque yo jamás la podré olvidarla o reemplazarla.

—¡Ha! Pero ella es más fría de corazón que tú, ella está hambrienta por una razón por vivir y tú... tú no, mi amigo —contesta Emmett palmeando su espalda.

—¿Cómo lo soportas? ¿Cómo puedes dejar que otro hombre toque a tu esposa? —pregunta Edward perplejo.

—Es diferente para nosotros; el amor es la compatibilidad de ideales —responde Emmett.

Edward se ríe.

—¿Has estado hablando con Jasper de esto? —pregunta Edward.

—No, pero Jasper tiene una idea muy parecida al amor que la de Rose y yo. Compartimos muchas cosas juntos... —comenta Emmett ambiguamente.

Edward voltea y levanta la cabeza.

—¿Jasper y Rose han...? —pregunta Edward curioso.

—Sí, pero hace mucho que no. Solían ser pareja, ahora Jasper es un alma solitaria.

—Sí, lo és —responde Edward en voz baja.

Emmett suspira y se levanta.

—Hoy no puedo dejarte entrar, Edward, no has sido invitado y este tipo de fiestas requieren invitación, es la regla —dice Emmett con una sonrisa gentil—. Sin embargo, si te interesa asistir sin armar un alboroto, la próxima será en diez días —finaliza Emmett.

—¿Por qué haces esto? Pensé que estabas de parte de Bella —responde Edward sorprendido.

—Tal vez pienses que somos unos depravados, pero en el fondo para mí el matrimonio es sagrado, jamás intentaría entrometerme en uno. Además, honestamente no creo que Bella sea candidata para este estilo de vida, pero Rose difiere —dice Emmett encogiendo los hombros.

—Yo también, y temo que mi estúpida provocación la haya orillado a hacer algo que realmente no le gusta, sólo porque quiere joderme.

—Va a joderte, Edward, las mujeres tienen ese poder. Y no te estoy invitando para que puedas recuperarla o para que ella pueda vengarse; acepto que vengas a estas reuniones para que entiendas que el amor es dejar ser libre a alguien. Tal vez si atestigüas de primera mano esa libertad, puedas demostrarle que harías todo por ella.

—¿Cómo dejar que tenga sexo con otro hombre en mis narices? —pregunta Edward indignado.

Emmett sonríe y no le responde, dándose la vuelta y entrando a su hogar.

X*-*X-*X

Está en esa escena donde Dorian Gray está tocando el piano, sus ojos se están cerrando y su cabeza está ladeándose. Escucha que tocan a su puerta, pero no está seguro, después de todo su cuarto está en el segundo piso. La insistencia del toque en la puerta es aparente después de ese tump tump que resuena por sus paredes, y con un refunfuño se levanta tomando su bata y bajando por las escaleras. Mientras baja por los escalones sólo puede pensar en que debe conseguir un ama de llaves que esté todo el día, odia levantarse a estas nimiedades.

Cuando abre la puerta, ve a un muy borracho Edward que está sentado y dormido en el piso como un miserable pordiosero. Jasper suspira y lo patea en el costado para que Edward se levante. El castaño levanta la cabeza y somnoliento abre los ojos.

—¿Así de mal estuvo? —pregunta Jasper.

—Mi esposa es una puta, Jasper, pero la amo —responde Edward riéndose.

Jasper lo ayuda a pararse, poniendo los brazos de Edward en sus hombros. El rubio jala al borracho hasta la sala y lo deja caer en el sofá.

—La dejé ahí, sola, y ahora seguro está cogiéndose a alguien, la odio —dice Edward balbuseante mientras el rubio lo carga.

—No creo que tenga sexo con nadie, Edward, Bella no es de ese tipo.

—Sí, todas las mujeres lo son, incluso mi Bella, pero la amo, Jazz, ¿qué puedo hacer? Amo a la puta de mi esposa. —La voz de Edward está distorcionada por la bebida.

—Bella no es una puta y más te vale que no hables de ella así, mañana te arrepentirás. Sólo duerme y ruega porque mañana no tengas la peor jaqueca de la historia.

Jasper lo tumba en el sofá y Edward se queda supino mirando al techo.

—Ni creas que voy a subirte hasta el tercer piso, voy por unas cobijas —dice Jasper.

—¡No necesito unas cobijas! Necesito a Bella —grita Edward alcoholizado.

Jasper lo ignora y regresa al poco tiempo con una cobija y una almohada, pero Edward ya está dormido y roncando como tractor.

X*-*-*X

El sol cercena sus pupilas como fuego hasta que no le queda otro remedio que levantarse.

—El señor Jasper me dijo que lo levantara a esta hora si no se había levantado —dice Quinnie.

La mujer nunca ha sido sumamente gentil, es más como una madre estricta que no tiene miramientos cuando sus hijos deben ser castigados al haber hecho una travesura, al menos así se siente en este momento Edward. Quinnie tal vez sea de raza negra, pero bien podría ser la madre de Jasper.

—¿Qué hora es? —pregunta Edward con voz ronca.

—Las doce —responde Quinnie apática.

—¿Y Jasper?

—El señor Jasper salió, pero me dijo que podría tomar su otro auto por si lo ocupaba, las llaves están en la mesa de la sala —contesta la mujer mientras pone una charola frente a Edward.

—Huevos y café muy cargado, le dejé una aspirina y un vaso de agua también para la jaqueca.

Edward le agradece a la mujer y toma la pastilla y el agua primeramente, el dolor de cabeza es insoportable.

Después de tomar una ducha rápida y tomar prestada una ropa de Jasper, Edward se dirige a su casa. El camino le es tortuoso, su estómago está revolviéndose y no precisamente por la cruda que está viviendo en este momento, sino por el confrontamiento que le espera con su esposa y las cosas terribles de las que pueda enterarse.

Elise está en la cocina, éste ha sido su primer día de regreso después de las mini vacaciones que Bella le dio. Así que su instinto de supervivencia lo hace dirigirse ahí primero. Afortunadamente para él, Elise está sola.

—Un café Elise, por favor —dice Edward tallando su cabeza por su insipiente jaqueca.

La ama de llaves le sorprende verlo entrar y asiente ligeramente para luego encomendarse a hacer el dichoso café.

—¿La señora? —pregunta Edward tocando su sien.

—No lo sé, no ha bajado en todo el día —responde Elise extrañada.

Edward, entonces, se le ocurre que Bella bien pudo no haber regresado del todo a casa. Corriendo sale de la cocina y sube las escaleras hasta el cuarto de su esposa. La puerta está cerrada, pero Bella siempre la deja cerrada aun cuando no está, evidencia de lo poco que confía en él. Toca la puerta una decena de veces, pero nadie le responde. Ansioso, baja a la sala y toma el teléfono.

Marca 0 y la operadora responde.

—El número de Emmett McCarthy, Los Ángeles —indica Edward a la mujer del otro lado del teléfono.

Está a punto de llamar a la casa de los McCarthy cuando ve llegar un auto. Inmediatamente cuelga la bocina y camina hacia la entrada. Abre la puerta al momento de que ve bajar a su esposa del Roll Royce de Rosalie.

Bella se detiene unos segundos sorprendida y luego voltea a darle las gracias a Lloyd. Camina tratando de pasar de largo a su esposo, pero éste la detiene abruptamente.

—¿Vienes llegando? —él pregunta iracundo.

Bella se suelta, está lista para decirle que no puede tocarla o hablarle así, pero él la interrumpe.

—Voy a matarlo, espero que lo sepas, ¡voy a averiguar al hombre con el que estuviste ayer y tú serás la culpable de su muerte! —él grita amenazante.

Bella, asustada, se zafa de él y camina hasta la sala.

—¡¿Me oíste?! —él pregunta iracundo.

Bella lo sigue ignorando y sube las escaleras, pero Edward la comienza a perseguir, ella acelera su paso hasta que la alcanza y la detiene en el cuarto escalón.

—¡No vas a huir! ¡No esta vez! Al menos ten la maldita decencia de mirarme cuando te hablo —él dice molesto.

Bella lo golpea en la pierna, haciendo que Edward tambalée y caiga por el resto de las escaleras. Bella aprovecha para correr a su cuarto, pero sus tacones altos le impiden ir más rápido; Edward se levanta rápidamente alcanzándola de nuevo y la toma de la pierna jalándola con él haciendo que ella se resbale por los escalones y caiga sobre él.

—¡Déjame! —ella grita asustada. Él realmente no le ha hecho daño físico, pero el acto violento es suficiente para ponerla en alerta.

Edward está debajo de ella y la sujeta de la cintura. Abrumado por sus acciones se levanta y queda de rodillas en el piso. Bella no se mueve, demasiado asustada. Los dos se miran, con respiraciones agitadas.

—No vuelvas a huir de mí —él dice entre dientes.

—Estás loco, ¡estás loco! —ella grita molesta.

Edward empieza a reírse maniáticamente.

—¡No tienes idea! Así que no intentes provocarme y ¡no huyas de mí, maldita sea!

—Huyo porque quieres lastimarme —ella dice en voz baja.

—No voy a lastimarte, jamás te haría daño —él dice dolido.

—Acabas de jalarme por las escaleras, Edward. Si eso no es violencia doméstica, no sé qué es —responde Bella indignada.

Edward, avergonzado, baja la cabeza.

—Estabas huyendo, odio cuando huyes —él dice sin mirarla.

—Huyo porque no puedo hablar contigo así y porque no tengo que darte explicaciones. Huyo porque te tengo miedo —ella admite con voz temblorosa.

Edward levanta la cabeza, sorprendido por las palabras de su esposa. Su mano se levanta, apenas rozando la pantorrilla de Bella, que brinca ante el contacto.

—Bella... ¿Quieres estar con otros hombres? ¿Eso es? ¿Quieres tener lo que Rose y Emmett tienen? Porque si no es así, esto que haces no sólo me dañará a mí.

Bella se levanta y acomoda sus ropas mientras su esposo la mira derrotado.

—No, Edward, aunque quiera tener lo que Rose y Emmett tienen, me es imposible, su relación se basa en amor y yo... —ella dice con una sonrisa irónica—. Yo hace mucho que dejé de creer en él. Y en cuanto a estar con otros hombres, no necesito una orgía para conseguirlos.

—¿Entonces por qué ir? —él pregunta molesto.

—¿Por qué no? —ella responde indiferente—. Me gusta ir, es fascinante ser el centro de atención de las miradas ajenas, de hombres que realmente me miran con adoración.

—Ésta no eres tú, Bella —su esposo responde vehemente.

—No sabes nada de mí; crees conocerme, crees entenderme porque has visto esa parte sumisa y sosa de mí. Me subestimas, Edward.

—Sí, lo hice en algún momento, pero hoy estoy seguro que esto lo haces por las razones incorrectas. Rosalie está corrompiendo tu propósito, convirtiéndolo en un libertinaje del cual no tienes ni remota idea de sus repercusiones.

Ella lo mira extrañamente y suspira sacudiendo su cabeza ligeramente.

—No es corrupto si me das permiso, ¿no dijiste eso antes? Dijiste que estabas listo para mi ira, que la esperabas —ella le responde con sus mismas palabras.

Bella se da la vuelta y sube las escaleras dejándolo arrodillado en el piso.

—¿Lo hiciste? ¿Estuviste con otro hombre? —él pregunta con voz temblorosa.

Su esposa lo ignora y sigue caminando.

—Porque si lo hiciste, no importa. Cualquier hombre que conozcas está condenado a que lo destruyas, porque terminará amándote, todos lo hacen. Pero no saben lo que yo sé; no tienen idea de que jamás los amarás, no como a mí. Y ellos huirán, como tú lo haces conmigo, cuando sepan la verdad, cuando vean en qué terrible trampa han caído. Pero princesa, a diferencia de ellos, te prometo algo: puedes huir y llorar, puedes correr y gritar, puedes empuñar y encajar la daga como más te plazca, dañándome para tu regocijo, pero nunca me apartaré de ti.

El paso de Bella se detiene por unos segundos, las palabras de Alice regresan a su mente: "Y ahora que él está en tu vida, jamás estarás sola". Quiere voltear y ver esa cara, necesita ver sus ojos y entender esa osadía que pesa sobre sus palabras, verdades que ella jamás desea admitir y menos a él. Es por eso que se abstiene, tiene miedo de lo que pueda descubrir y lo que ella pueda hacer, y así, nuevamente, renueva su camino hacia su cuarto. Porque siempre será preferible huir a la alternativa de sucumbir nuevamente.


ME RESERVO LA NOTA DE AUTOR PARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO