Sophie se miró en el espejo por última vez. La imagen le devolvió su propia figura, ataviada para la aventura mas escalofriante de su historia.

Una sombra gris debajo de sus ojos delataban la larga noche que había precedido aquel día preñado de incertidumbre.

Revisó la falda negra plisada, a juego con su blusa de encaje rojo, y se colocó encima un sobretodo de gabardina negro. Despacio, como si fuera parte de aquel ritual de meditación, se sacó su anillo de compromiso y lo puso entre una caja con sus cosas.

La sonrisa de su sobrino brillaba desde una foto enmarcada. Ella le sonrió de vuelta, a su forma de decir adiós. No contaba con el tiempo para despedirse, si acaso no regresaba jamás, pero aunque lo tuviera no pensaba hacerlo. Intuía que Viktor no aprobaría lo que iba a hacer, y una parte de ella se sentía culpable por ocultarle tantas cosas.

Sombras, dudas y miedo. Por un segundo, temió estar cometiendo el peor error de su vida, pero desechó ese pensamiento al instante. Esos dos hombres lo eran todo para ella, y Sophie estaba decidida a que ambos se mantuvieran a salvo, aunque tuviera que llegar ante las más extremas consecuencias.

-Estás segura de esto?-

La voz de Severus le llegó desde el marco de la puerta. Sophie no contestó, y se apresuro a acomodar sus rizos en un recogido casual.

-Ya estoy lista- respondió luego de un rato, y acto seguido guardó su varita en un compartimiento de su abrigo.

El rostro del Slytherin estaba mas pálido de lo habitual. Vestido en completo de negro, se acerco a ella, para cuestionarla una vez más.

-Alguna vez has estado bajo un Imperius?-

Sophie se limito a mover la cabeza, mientras quitaba las arrugas inexistentes de su falda. No quería demostrar el miedo que sentía, porque sabía que él era capaz de cancelarlo todo si encontraba oportunidad.

-Toma, ponte esto- le señalo un pequeño collar con un dije de plata antigua a forma de rosa. Sophie levanto una ceja, algo confundida.

-Es un traslador- respondió el al observar su expresión interrogante- Si pasa algo quiero que salgas de ahí sin mirar atrás- sentenció.

-No voy a abandonarte entre los lobos- dijo ella, sacando la voz por primera vez. Y se sorprendió al notar con cual fuerza sonaban sus palabras, cuando en realidad su cabeza era un revoltijo de ideas y confusiones.

- Presenciaras muchas cosas que ni siquiera te puedes imaginar- siseo el maestro de pociones, decidido a ignorar aquellas últimas palabras.

- Incluso es posible que me torturen, Pero jamás, y quiero poner énfasis en esto, Jamás llames la atención sobre ti misma... No mires a nadie a los ojos, y no te separes de mi, a menos que yo te lo ordene-

Sophie resoplo algo fastidiada.

-Me vas a poner bajo un imperius, se supone que tengo que obedecerte, así

que no te preocupes porque haga cosas indebidas-

-Te conozco en sobre manera- continuo él- Sé que tu terquedad irremisible es lo suficientemente fuerte como para romper el hechizo.. aun cuando sea yo el perpetrador...-

Se acerco con sigilo hacia ella. Colocó sus dedos sobre su brazo derecho, y la giro de espaldas, atrayéndola mas hacia sí.

-Imperio- susurro en su oído, y acto seguido le abrocho el collar sobre el cuello.

Sophie se sintió flotar entre nubes. De un plumazo, la angustia y las dudas se disiparon, y su cuerpo respondió al calor de aquella voz como una autómata.

Miró sus manos, asombrada en su interior por aquella sensación que no tenia nombre. Era como estar en el cuerpo de otra persona, y al mismo tiempo en el de uno mismo. La sed, el cansancio y algo de la culpa que siempre le acompañaba se relegó en algún rincón apartado de su mente.

-Mírame-

Se giró de prisa, cumpliendo las ordenes de aquella voz que su corazón reconocía como la de su único dueño en el mundo. Los profundos ojos negros de su amo se clavaron en los suyos, aquellos ojos azules donde ya no había chispa, sino sumisión.

-Puedes oírme?-

Los labios del Slytherin no se movieron, pero Sophie pudo escuchar perfectamente, y asintió a modo de respuesta.

-Puedo leer lo que piensas ahora.- continuó él- y puedes escucharme tu también...-

Por un momento, Severus se dedico a mirarla detenidamente, meditando la sabiduría de aquella decisión. Llevarla ante los pies del Señor oscuro y luego rogar que nada se saliera de control, era demasiado tentar a la suerte. Pero ya nada se podía hacer, ella estaba decidida, y él... él tenía una promesa que cumplir.

Recorrió con sus ojos cada ínfimo detalle de su piel. Las deliciosas y casi imperceptibles pecas que adornaban sus mejillas, sus ojos grandes y tristes, que lo miraban como si estuviera entre sueños. Su mente hervía de todos aquellos pensamientos que nunca se atrevería a poner en palabras, simplemente no era de su índole. Vencido una vez más, la rodeo en un abrazo fuerte y cálido. De nuevo lo embargo aquel caudal de ternura infinita, que solo le era posible en la presencia de ella. La sintió temblar ligeramente, y la estrechó aun mas para darle seguridad. Bloqueó las ideas que tenía en su mente, si por un segundo se permitía flaquear, ambos terminarían muertos.

La tomó de manos, y sin decir nada mas, ambos abandonaron la torre amparados por la oscuridad de la noche.

El cielo gris estaba empedrado de alguna sustancia oscura y viscosa, que se pegaba a las nubes bloqueando los rayos del sol.

Envuelta entre las mantas del dominio, Sophie se sintió levitar por los aires, rodeada de aquella humareda negra que cruzaba el firmamento como una exhalación.

Un segundo más tarde, sus pies estaban en el suelo, mientras que el hombre alto y oscuro a su lado echaba a andar con la prestante elegancia de sus pasos.

El teatro acababa de iniciar, y ella así lo comprendió. Empezó a caminar, sin reparar en el extraño lugar donde se encontraba.

Aquel sitio parecía sacado de algún cuento de Charles Dickens.

Las acequias inmundas, el olor a podredumbre y lo tímidos aldeanos que no reparaban en su presencia, vestidos con ropas de antaño.

Diviso unas cuantas casas al estilo del Londres Victoriano, calles torcidas que poco a poco se estrechaban, sorteadas de charcos de agua sucia y ropas tendidas al descuido.

A lo lejos, rodeada de una alta valla, se erigía la única mansión a la vista. Sophie no se dio tiempo para pensar nada, anestesiada con aquella sensación que aun no lograba nombrar. En un destello de conciencia pensó que era una suerte poder contar con algo de raciocinio, pero muy a su pesar deseo no tener que utilizarlo mientras duraba aquella farsa mal planeada.

Intento con todas sus fuerzas llevar el paso con su Slytherin silencioso, pero las piernas de este eran mucho más largas que las suyas. Cada dos a tres minutos se quedaba atrás, obligándolo a él a aminorar el paso. Hacia ambos lados del camino se extendía una praderita llena de flores mustias, empapadas de un rocío congelado.

Al fin llegaron a las puertas de aquella morada lúgubre. Severus cruzo la verja, y ella lo siguió sin preguntar nada.

-Buenas noches Severus, te están esperando-

Si Sophie hubiese levantado la vista, vería a una mujer alta, de piel oscura y ojos amarillos con pupilas verticales, que hacían pensar en las serpientes. Su cabello crespo estaba hecho un mar de pequeños rizos, que se movían cuando ella caminaba.

-Winnifred- respondió el Slytherin a modo de saludo, y ambos compartieron una ligera inclinación de cabeza, ignorando a Sophie, quien se mantenía con la vista al suelo. De no haber sido por la maldición, su corazón hubiera estallado incapaz de controlar el ritmo de los latidos.

Los tres echaron a caminar por un largo pasillo oscuro, rodeado de habitaciones empapeladas de tela damasco, y atiborradas de muebles desordenados. El sonido de los pasos rompían el silencio opresivo, despertando a las personas que dormían en los retratos.

Al final una puerta igual que las otras, pero un poco más grande, se abrió como por arte de magia. Severus continuo caminando, mientras la mujer de los ojos amarillos se quedaba atrás. Sophie continuo en su trance, sin darse tiempo para analizar nada.

Ambos atravesaron la puerta, el maestro de pociones con la eterna presencia de seguridad, y ella hecha un mar de confusiones, protegida por el imperius que acondicionaba sus pensamientos. Dirigió su vista al suelo, reparando en la madera empolvada, tatuada con los surcos dejados por algún animal que se arrastraba.

-Severus-

Aquella voz fría le taladró las sienes. Allí estaba, sentado en una poltrona majestuosa, con su serpiente enrollada sobre él. Sophie observo con el rabillo del ojo, y luego se apresuro a bajar la vista, a la espera de nuevas órdenes.

-Mi señor-

El maestro de pociones se inclino en una reverencia. Y luego se enderezó para observar los otros integrantes de la sala.

A los pies del mago oscuro estaba Bellatrix, quien observaba con curiosidad a los recién llegados. Un poco más apartados, con la expresión de un niño que ha sido duramente reprendido por sus padres, estaban Narcissa y Lucius Malfoy.

Severus no saludo a nadie más, alertando cada célula de su cuerpo ante el mago más peligroso de todos los tiempos.

-Me complace ver que tu lealtad continua con nosotros, mi estimado mortífago- inicio la voz serpenteante. Severus se limito a asentir, buscando su máscara mil veces ensayada bajo los filamentos de su piel.

-Al parecer Snape le ha traído un regalo, mi Señor-

La voz venenosa de Bellatrix se hizo escuchar.

Ella era la única de entre todos los servidores del mal que se atrevía a hacer tan cosa, dirigir la palabra al mago oscuro sin ser solicitada. Voldemort no pareció darse cuenta de su atrevimiento, y dirigió su vista a Sophie, quien se encontraba ausente entre las sombras.

-Oh si, casi lo olvido.. acércala a mí, Severus, probaremos la eficacia de tus imperdonables..-

El maestro de pociones luchó contra el impulso primario de sujetarla contra sí, pero al final le ordeno mentalmente que se acercara hacia el mago tenebroso.

Protegida por el talismán, Sophie avanzo con la cabeza en alto. Sus ojos azules brillaban ante la escasa luz de la habitación. De mala gana, Bellatrix se aparto un poco, para que su amo pudiera observar a la recién llegada.

Ambos se quedaron por un momento, observándose mutuamente.

Sophie pensó, entre las brumas, que ese hombre no se veía como el monstruo que Severus había descrito. Sus pupilas escarlata destacaban que alguna parte de él ya no era humana. Sin embargo, otras cosas le llevaron a pensar en el recuerdo de aquel cementerio inglés, escenario de la iniciación de su Slytherin.

Antes de su regreso, Tom Ryddle era un mago apuesto, poseedor de unos ojos avellana, y una sonrisa despiadada que la hubiera deslumbrado si no estuviera acostumbrada a la hermosa prepotencia y arrogancia de los de su linaje. En aquel entonces poseía una estructura ósea digna de un príncipe de la aristocracia.

Lucifer, el ángel de la luz antes de caer en desgracia ante el Creador.

No obstante ahora presentaba una piel marmórea y desigual, donde la red de sus venas se dibujaba entre tramas de sangre oscura, dándole el aspecto de una salamandra colonial.

Su nariz ausente remataba toda belleza pasada, pero aun así la elegancia de sus movimientos le recordaba que aquella bestia había sido alguna vez un hombre.

Por su parte, el Señor Oscuro se limito a observarla, como si la reconociera de alguna época o lugar.

-Te pareces a tu madre- murmuró, y todos en la sala se asombraron ya que El Señor de las Tinieblas nunca hablaba de nada que tuviera que ver con su pasado.

Por unos minutos eternos, el maestro de pociones sudó internamente, peleando contra el instinto de correr e interponer su propio cuerpo entre el mago tenebroso y la mujer de sus sueños, pero aun así hizo gala de su sangre fría y permaneció impasible, ante la vista de todos.

-Severus..- continuó la voz helada, y acto seguido aparto sus iris de fuego de la mujer- No creo que seas digno aun de poseer una sangre pura por mujer...-

Muy a su pesar, el ritmo cardiaco del maestro de pociones empezó a aumentar..su peor pesadilla se estaba por cumplir...

Perdón por dejarlo aquí... pero así es más emocionante... La segunda parte del capítulo se viene muy pronto. No he podido escribir en muchos días, no lo oculto, tengo una depresión producto de una racha de mala suerte, pero soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Comenten por favor, necesito razones para sonreír y ustedes siempre lo logran con sus comentarios...

Apuestas... que creen que pasara ahora?. Un beso, mil gracias por leer. Los quiero mucho.