Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

38/70

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo acá subiendo la continuación de "Grietas", el capítulo 38, que espero les guste. Bueno, como siempre quería agradecerles a todos por seguir mi modesta historia que es el resultado más de esfuerzo que cualquier otra cosa y el hecho que haya quienes la lean me anima, y mucho. Gracias. Y gracias también por corregirme cuando estoy equivocada, por señalarme los errores, en que podría mejorar y también por alentarme tanto. De verdad lo aprecio. ¡Gracias a todos! Y espero que hasta el momento la historia les vaya gustando y que este capítulo esté a la altura de sus expectativas. ¡¡Nos vemos y besitos!!


Grietas

XXXVIII

"Intruso"

Debía admitirlo, por vanidosa que sonara, siempre había disfrutado ser el centro de atención. Recibir constantemente la apreciación de los demás, principalmente de aquellos del sexo opuesto. Y oír los cumplidos hacia su persona, hacia su figura y hacia su belleza. La hacían sentirse poderosa, generaban en ella una corriente satisfactoria que no podía explicar. El sentirse observada, admirada, deseada e inalcanzable, insuflaba su ego. Y resultaba innecesario aseverar que el recibir el resultado opuesto, el ser completamente ignorada, la enfurecía. Y la frustraba de manera inigualable. Por ello se encontraba intentando comprender el significado de lo sucedido. ¿Qué había hecho mal? No tenía sentido. Se había paseado delante de él, provocativamente, había fingido total indiferencia ante su mirada –dándole a él espacio suficiente para observarla, contemplarla y admirarla-, lo había tentado, intentado incitar, había hecho lo impensable y no había funcionado. No había logrado obtener una reacción positiva de Shikamaru, y debía admitir que no había sido fácil. Nunca antes había dejado ver tanto de su cuerpo a un hombre. Aunque en cierto modo la toalla no cubriera menos de lo que cubría su habitual atuendo, la implicación debajo de la toalla, la desnudez sólo cubierta por algo tan fácilmente removible, había hecho el momento un poco más intenso. Y aún así él no había respondido, como ella había esperado que lo hiciera. Como, probablemente, cualquier hombre hubiera hecho. No había mostrado el menor signo de incomodidad ni de curiosidad o sorpresa. Nada, sólo apatía y desinterés como siempre. Indiferencia y aburrimiento. Y el asunto la irritaba. De sobremanera.

Era cierto, debía admitir, que no era la primera vez que Shikamaru la veía así. Chouji también lo había hecho en varias ocasiones, la mayoría de estas situaciones se habían dado de forma accidental y aunque ella había intentado evitarlas poco éxito había tenido. ¿Qué podía hacer al respecto? Nada. Era normal, al menos en sus vidas, en su mundo, enfrentar ese tipo de situaciones. Ella era mujer, sus compañeros hombres y debían compartir demasiadas misiones juntos. Pasar demasiado tiempo juntos. A veces, dormir en la misma tienda, en la misma bolsa de dormir, en la misma cama. Fingir estar juntos, en algunas ocasiones, todo por el bien de la misión. En efecto, ser shinobi significaba renunciar a la privacidad y forzar la intimidad a límites insospechados. Ya fuera física o emocionalmente. Resultaba inevitable no establecer lazos con aquellos que la rodeaban, con aquellos con quienes había crecido, en este caso: Chouji y Shikamaru. Pero aún así, esas situaciones accidentales se habían dado hacía demasiado ya. A la tierna edad de 12 años, donde ninguno conocía el deseo físico por el otro. Donde toda atracción se limitaba al amor platónico, casto y libre de pasión. Y estaba segura que, de todas formas, ese no había sido el caso de ellos. Del equipo 10. Pues no había habido amor platónico entre ninguno de ellos, nada en absoluto. Sólo camaradería, complicidad y, unos años más adelante, amistad. Sólo eso, eso los había mantenido como el fuerte equipo que eran. Eso los había mantenido equilibrados, unidos, la ausencia de lazos demasiado intensos entre algunos –no todos- de los miembros del equipo. Y la fachada de seguir todo igual los mantenía de la misma forma. Ahora que lo pensaba no sabía que hubiera hecho si Shikamaru hubiera reaccionado como ella esperaba. No había pensado en las consecuencias para el equipo, y por su falta de reacción ahora estaba agradecida. Aunque, a pesar de todo, no podía evitar el amargo sabor en la lengua de la decepción y el rechazo. De no sentirse deseada.

Miró más allá de su cama. Cerca suyo, en la cama próxima dormía Chouji, aunque de éste sólo podía ver el gran bulto de sábanas blancas desgastadas que era su amigo y el suave movimiento de su redondeado pecho subir y bajar rítmicamente. Acompasado a su suave respiración. Asomó su rostro, entonces, al borde de la cama y miró hacia el piso. Allí, en medio de ambas camas, sobre un viejo colchón, se encontraba descansando Shikamaru. Explayado sobre la superficie de la colchoneta, sus brazos extendidos a ambos lados así como sus piernas estiradas despreocupadamente, las sábanas a sus pies. Sus párpados suavemente cerrados y su boca entreabierta dejando escapar un suave ronquido de vez en cuando. Su expresión de completa despreocupación, tanto que lo hacía parecer un niño pequeño, uno perezoso. Y la idea sonsacó a Ino una sonrisa de sus labios. Shikamaru era gracioso.

—¿Shika? —lo llamó pero la única respuesta que recibió fue un furtivo ronquido. Ante la situación dejó escapar una suave y casi silente carcajada. Su amigo era verdaderamente increíble. Aún así no apartó su vista de él, había algo relajante en la imagen del moreno durmiendo. Sus facciones relajadas le provocaban paz por lo que continuó observándolo unos minutos más. Hasta que, de pronto, oyó un suave crujido seguido de un leve golpeteo constante. Le tomó unos segundos notar que el sonido provenía del techo.

Sacó su kunai debajo de la almohada y extendió su mano al hombro del Nara, el cual sacudió lentamente —¡Shikamaru! —chistó. Éste se revolvió incomodo pero no despertó —¡Shikamaru! —volvió a susurrar en un tono demandante. Ésta vez Shikamaru abrió los ojos.

—¿Qué? —la rubia señaló hacia arriba con el kunai en mano.

—¡Hay alguien en el techo! —el chico se incorporó de inmediato y tomó su porta kunai debajo del colchón y rápidamente lo sujetó a su muslo derecho. Ino se incorporó e hizo lo mismo.

—Despierta a Chouji —le ordenó él, la joven rubia asintió y corrió sigilosamente junto a la cama de su amigo, sacudiéndolo violentamente hasta lograr despertarlo. Éste, una vez alerta comenzó a buscar sus armas. Los tres se reunieron en el centro de la habitación.

—Ino, tú ve a la habitación de Chiyo y Kouta y encárgate de que no les suceda nada. Chouji y yo subiremos al techo a ver de que se trata.

La joven muchacha asintió e inmediatamente se marchó, decepcionada de ser apartada del foco de acción. Realmente odiaba cuando la relegaban a la retaguardia, dejándola a cargo de una simple tarea de protección.

Salió disparada de la habitación hacia el cuarto de la joven muchacha y su esposo, sin molestarse siquiera en golpear irrumpió bruscamente. Ambos despertaron de su sueño y la miraron desconcertados, Ino jadeó —Hay alguien en el techo.

Chiyo se incorporó, asustada —¡¿Qué?!

La rubia asintió —No se preocupen —hizo un ademán para que se calmaran. Kouta ya había salido de un salto de la cama y había comenzado a cambiarse mientras que Chiyo permanecía aterrada en la cama— Shikamaru y Chouji fueron a revisar. Yo estoy aquí para protegerlos —pero aunque sonó segura sabía que ninguno de los dos confiaba en su fortaleza ni la creían capaz de defenderlos en caso de una amenaza. Probablemente se debiera a su apariencia femenina y delicada, en todo caso lo encontraba odioso. Ella era capaz, probablemente más capaz que muchos otros shinobi.

Mientras tanto, ambos shinobi abrieron con sigilo la ventana y saltaron hacia fuera y hacia el techo, sirviéndose de la gruesa enredadera que se adhería a la pared trasera de la casa. Al llegar a las primeras tejas se encontraron con la silueta de una persona alta y fornida, aunque no podían distinguir demasiado debido a la oscuridad, sabían que se trataba de alguien del sexo masculino, probablemente oscilando en las edades entre 25 y 35 y que se trataba de un shinobi por la postura defensiva de su cuerpo.

El hombre pareció sorprendido de verlos, aparentemente no esperaba encontrarse con nadie más en la casa que los propietarios. No había esperado encontrar obstáculo alguno en su tarea por lo que sin pensarlo dos veces arremetió contra Chouji y Shikamaru, quienes se apartaron uno a cada lado ágilmente y se voltearon inmediatamente para enfrentar una vez más al sujeto. El cual volvió a embestir contra ambos. Tanto Shikamaru como Chouji aferraron fuertemente sus kunai, esperando el impacto.

Un golpe fuerte se oyó en el techo, Ino levantó la mirada alarmada, rogando por el bienestar de sus amigos. No sabía que esperar, no tenía idea que tipo de enemigo pudieran haberse encontrado sus compañeros en el techo, pero la sola idea de perderlos o de que algo malo les sucediera, la aterraba. Chiyo a su lado tembló.

—¿Estás segura de que pueden encargarse? —Ino se volteó a la joven sonriendo.

—¡Completamente! —exclamó enfatizando la confianza que tenía en los dos chicos—. No te preocupes, ellos se encargarán de todo.

Chiyo asintió, aún insegura. Otro golpe se volvió a oír sobre sus cabezas. Éste más fuerte que el anterior, haciendo que algunos fragmentos de las vigas del techo cayeran en forma de polvo. Ino temió lo peor. ¡Que estén bien!.

Shikamaru se incorporó, jadeando y limpiándose con el dorso de su mano el sudor de la frente. El sujeto era bastante primitivo, notó. En dos arremetidas y un ataque lo había descifrado por completo. Era del tipo frontal, del que rara vez piensa en una estrategia sino que delega todo a la fuerza y potencia. Rogando que ésta le otorgara la victoria con la que pudiera alzarse y llevarse el pergamino. Pero, en este caso, eso no sucedería.

—¡Chouji! —gritó al Akimichi, de pie a su lado a una distancia de dos metros. El castaño lo miró y con tan solo ver los ojos oscuros de su amigo comprendió.

Asintió, tomando un kunai lentamente. Sabía que era inútil, por más que lo intentara sería imposible usar alguna de sus técnicas pertenecientes al clan pues si lo hacía derrumbaría la casa. Por lo que se encargaría de la distracción adecuada para el plan de Shikamaru. Confiaba en su amigo y sabía que podía dejar el asunto plenamente en sus manos.

Tomó el kunai entre sus dedos y girándolo rápidamente lo arrojó al sujeto, el cual lo esquivó fácilmente, riendo confiado de su habilidad. Repitiendo la acción tomó otro y lo arrojó, y otro y otro. El shinobi retrocedió esquivando todos y cada uno de los ataques hasta que se detuvo, y el último impactó contra su hombro, clavándose en su carne.

—¡Aaarrrggggg! —bramó, Chouji arrojó otro enterrándolo en la pierna, el cual impactó en uno de los nervios haciéndolo flaquear. La sombra de Shikamaru sujetándolo todo el tiempo y forzándolo a imitarlo.

Ino entonces acudió en su ayuda —¡Shikamaru! —el moreno la miró de reojo.

—¿Ino que haces? —exclamó por encima de su hombro a la rubia, el hombre frente a él hizo lo mismo.

—¡Vine a ayudarlos! —el chico negó con la cabeza, el shinobi de pie delante de él reflejó el movimiento.

—Vete, vuelve con Chiyo y Kouta... puede ser una trampa, no debemos confiarnos —la muchacha vaciló—. ¡Hazlo!

—¡Está bien! —y sin decir más desapareció por la ventana más cercana y hacia el interior de la casa. Shikamaru continuó observando al sujeto frente a él.

—¿Quién te envía? —lo interrogó calmo, éste se negó a contestar. Kage kubi shibari no jutsu, conjuró entre pensamientos. Acto seguido una mano negra, surgida de entre las sombras comenzó a trepar por el cuerpo musculoso del sujeto, el cual la observó horrorizado incapaz de defenderse. Su cuerpo no respondía.

—¡No-no! —chilló viendo los dedos oscuros enroscarse alrededor de su cuello. Shikamaru retrajo la sombra un instante, postergando el golpe final, aquel que acabaría con la vida del sujeto.

—¿Vienes de parte de alguna aldea oculta? —la sombra se arrastró nuevamente por la piel, acariciando con sus yemas incorpóreas el cuello del shinobi. El hombre intentó zafarse pero sin éxito alguno.

—¡No! ¡No! —gritó—. No me envía nadie, se corrió el rumor de un pergamino que contiene una técnica desconocida.

Shikamaru asintió. Entonces se trata de renegados y mercenarios únicamente, pensó afirmando el agarre de la sombra en el cuello del sujeto. Éste se estremeció.

El moreno suspiró —El pergamino pertenece ahora a Konoha —y sin decir más deshizo el jutsu, su sombra retrayéndose hacia sí. El hombre cayó de rodillas jadeando. En cuestión de segundos se puso de pie y de un salto huyó, desapareciendo entre los árboles más lejanos.

Chouji miró a su amigo desconcertado —¿Por qué lo dejaste escapar?

El Nara bostezó, colocando sus brazos detrás de la cabeza y contemplando la negrura de la noche —Porque así nos aseguraremos de que sepan que el pergamino lo tenemos nosotros y no Chiyo. Sólo así dejarán a esta gente en paz, debemos mañana a primera hora sacar este manuscrito del pueblo.

—Entiendo, tu plan es que nos sigan a nosotros —Shikamaru asintió.

—Es la única forma. Una vez en Konoha el manuscrito estará a salvo, nadie se atrevería a intentar robarlo. Menos aún mercenarios y shinobi de mala muerte como éstos.

Chouji se mostró de acuerdo y ambos descendieron rápidamente por la enredadera y hacia la ventana, una vez dentro de la habitación se encontraron con Ino, Chiyo y Kouta quienes esperaban ansiosos las noticias de Chouji y Shikamaru.

—¿Qué sucedió? —exclamó Ino corriendo a ambos, el moreno hizo un ademán con la mano indicando que se calmara.

—Tranquila mujer problemática... —masculló— todo está en orden. Mañana a primera hora nos llevaremos el manuscrito y no volverán a molestarlos jamás —dijo dirigiéndose a la pareja de jóvenes—. Me aseguré de eso.

Chiyo asintió, feliz y aliviada —¡Oh! ¡Gracias! No saben lo agradecida que estoy. Por favor descansen esta noche, mañana les espera un largo viaje de regreso.

—Largo, en efecto —masculló Shikamaru para sí. Dejándose caer nuevamente en el colchón en medio de ambas camas. Kouta y su esposa desaparecieron detrás de la puerta y todo quedó nuevamente en silencio, ni siquiera Ino rompió la calma y pronto el sueño lo acogió. Lenta y suavemente lo acunó hasta que perdió toda conciencia. Todo su ser se relajó y por un instante olvidó el mañana. Y el largo y peligroso camino de regreso que les esperaba. Lo olvidó todo, hasta sus propias preocupaciones y pensamientos equívocos.