CAPÍTULO XXXVIII
MI PADRE
Mi cuerpo daba estertores de pasión, Edward era magnífico…Quería estar con él…era mi vida y mi todo. En este momento haría cualquier cosa con tal de estar con él. Mañana sería hora de hablar con mi padre y contarle que estaba de novia, y novia, novia, es decir, me casaría dentro de un mes. Además, tenía que llamar a mi madre y contarle todoooo, y por supuesto, se iba a sentir, porque no le había dicho antes lo que pasaba con mi Edward. Sin embargo, este momento era para estar con mi amado y sólo debía concentrarme en él y sus exquisitos malabares de príncipe vampiro. Finalmente, estaba recostada sobre su hombro perfecto y lo miré directo a sus preciosos ojos ocres.
- Edward ¿tú me amas?
Torció esos deliciosos labios cereza e inclinó levemente su rostro, traspasándole la luz de la luna e iluminando su desordenado, y ahora más, pelo broncíneo. No pude evitar acariciarle el cabello, era tan suave…como todo su ser, era irresistible para cualquier humano. Clavó su hermosa mirada en mí.
- Te amo Bella, jamás había sentido nada parecido…ni
cerca
- ¿Ni cerca? - insistí
Negó con la cabeza y acercó su bello rostro al mío. Pegó sus labios fríos e intensos en los míos y su lengua fría me causó un escalofrío, que me provocó un temblor de pies a cabeza.
- Nada, jamás, eres lo
más maravilloso que me pudo pasar, por ti esperaría un millón de
años, mi vida…
- Y yo por ti entregaría mi vida Edward – le
sonreí.
Cariñosamente deslizó sus gélidos dedos de mármol por mi espalda desnuda y yo me aferré a su pecho con fuerza.
-
Sabes Bella…nunca me imaginé que esto fuera tan poderoso…
-
¿Más aún que beber sangre? – estaba sorprendida.
- Muchísimo
más…además, es reconfortante, porque no daño a nadie…más
bien, hago algo bueno – sonrió y sus mejillas parecieron
ruborizarse, por supuesto, tenía que ser efecto óptico, porque eso
a él no le había pasado nunca, ni le sucedería jamás.
Quise pegarme a él como una extensión de su piel, pero lamentablemente, no era posible, no las veinticuatro horas del día, al menos. Instintivamente me posé sobre él como una niña y quedé frente suyo. Edward no dejaba de mirarme ni siquiera un minuto…la felicidad desbordaba nuestros ojos y nuevamente me sentía la mujer más afortunada del mundo y quién no, con este maravilloso ser. Mi corazón se apretaba cada vez que él me hablaba o me tocaba ¡lo amaba! Éramos el uno para el otro…no había duda, encajábamos perfectamente en todo.
- Mi Bella ni te imaginas cuánto te
puedo llegar a amar…eres perfecta
- ¡Uy! Edward estoy muy lejos
de eso…tú estás muchísimo más cerca – sonreía algo incrédula
y algo avergonzada por sus palabras.
- No sé para ti…quizás
eres muy crítica contigo misma, pero para mí eres la mujer más
maravillosa del universo y no existe nadie que se te parezca – me
besó sutilmente la frente.
- Te amo Edward…
- Y yo te adoro
mi vida…, sin embargo, ahora tienes que dormir…mañana es un
largo día y debes hablar con tu padre de nosotros.
- ¡Uy!
Verdad…- sólo pensarlo me producía nerviosismo – ahora si que
no podré dormir.
- M…mmm, tienes que descansar mi hermosa
Bella…, estás últimas horas han sido algo agitadas – me dijo
con una sonrisa tímida.
- No quiero dormir…, sólo quiero estar
contigo…- insistí.
Antes de que terminara de hablar, Edward comenzó a susurrar mi nana en el oído y me dormí, como si me hubiesen puesto un sedante a la vena. Cuando desperté, era de día, y Edward ya no estaba…esa sensación de vacío a mi lado me causó una sensación de desamparo. Tomé el móvil para llamarlo cuando siento que golpean la puerta, era Charlie.
- Bella, hija…
-
Si papá estoy despierta, pasa
- Hija, ahora iré donde Billy…
-
¡Ahhh! Papá tengo que hablar contigo…- una tripa se me enrolló
en el estómago, y me causó una punzada en el lado derecho del
estómago.
- Dime – me miró intrigado.
Me senté en la cama, tomé aire y le solté todo lo que tenía que decirle.
-
Verás papá…- comencé a morderme mi labio inferior repetidas
veces.
- ¿Por qué estás tan nerviosa Bella?
- ¿Por qué me
dices eso papá?
- Cuando te muerde es porque estás angustiada –
que bien me conocía.
- Bueno sí, acertaste.
- ¿Entonces?
-
Me voy a casar con Edward…
Lo dije tan rápido e impulsivamente, que cuando procesé lo que acababa de decir, mi corazón comenzó a latir a mil y una transpiración fría invadía mi cuerpo. Vi sus ojos chocolates, agrandarse a tal punto, que parecía que se iban a salir de su órbita normal.
- ¡¿Cómo
dices?! Parece que te entendí mal – me miraba atónito.
- No
papá…escuchaste bien.
- Pero ¡cómo! ¿cuándo Bella? ¿Desde
cuándo lo ves y no me dices?
- Desde que volví de San
Francisco…- fui honesta.
- No puede ser Bella ¡me has mentido
todo este tiempo! – su rostro estaba desencajado y su cabello
parecía haberse erizado.
- Me dirás que jamás lo sospechaste –
fui inquisidora.
- No Bella, no que estabas con él, quizás que
lo verías más adelante nuevamente, pero no que se veían ya –
estaba muy molesto.
- Papá ¿y las visitas de Alice? Tantas veces
¿ no te parecía extraño que no hubiese habido ningún nexo entre
nosotros? – le contesté algo agresiva ante su reacción.
-
Bueno, lo de Alice es distinto…- bajó la vista y noté que al
escuchar el nombre de mi amiga, su corazoncito no era indiferente.
-
Sé lo que hubo entre ustedes…, así que por favor no me juzgues…el
amor es de este modo…
- Pero faltaste a mi confianza Bella –
ahora estaba ofendido.
- ¡Noooo! Pero papá me tienes que
entender yo estoy enamorada de Edward y él de mí.
- ¿Y todo lo
que sufriste cuando se fue? Quien te dice que ahora no hará lo
mismo.
Tan sólo imaginarme la idea, un puñal frío me atravesó las entrañas y me dieron ganas de llorar ¡sería el fin de mi vida!
- No me digas eso por favor – un nudo traicionero se había instalada en mi garganta.
Al parecer, Charlie vio la tristeza en mi rostro, porque no continuó con la conversación. Quedé muda.
- Hija perdona, pero no quiero que
sufras de nuevo – se acercó y me rodeo con su brazo, lo que no era
habitual en él.
- Hablaste ya con tu madre…- su tono ahora era
suave.
Negué con la cabeza.
- No le has dicho nada de
nada – estaba sorprendido.
- No.
- Bueno, entonces quedará
tan perpleja como yo, porque ha sido un balde de agua fría, no te
puedo mentir Bella.
- Lo sé papá, perdona que no te haya dicho
antes, pero temía que reaccionaras mal.
- ¿Y cuándo sería el
suceso? – dijo algo despectivo.
- En un mes…- respondí por lo
bajo.
- ¡Uf! Muy poco tiempo ¿y tiene que ser tan luego? –
noté que quería hacerme dudar.
- Sí, queremos estar juntos lo
antes posible – le reiteré.
- Está bien – suspiró
resignado.
- Gracias por entenderme papá…- lo besé en la
mejilla y el sonrió.
- Ahora te la tendrás que apañar con tu
madre – sonrió.
- Podré con ella – le devolví la sonrisa.
-
Bella, quiero conversar con tu Edward…, dile que venga hoy o
mañana.
- Está bien, le diré.
¡Uf! Finalmente había resultado más fácil de lo que pensaba, pero ahora faltaba Reneé, sin embargo, me limité a hacer las cosas paso a paso..., por el momento llamaría a Edward y le diría que viniera a conversar con mi padre cuanto antes. Marqué su número y antes del segundo tuut, contestó.
- ¡Bella! – parecía ansioso.
- ¿Puedes
venir hoy en la noche a conversar con mi padre?
- Cuando tú
quieras…yo soy materia dispuesta.
- A las nueve.
- Allí
estaré mi amor, te amo.
- Y yo a ti…
