CAPITULO 38
A TU LADO
—Oh dios, es increíble lo que son capaces de hacer esas dos juntas y…
El pensamiento en voz alta de Quinn terminó cediendo cuando abrió la puerta de la habitación, y descubrió como Rachel yacía sobre la cama.
—¿Rachel?— susurró acercándose con sigilo, pero ésta no respondió. Su respiración pausada le hacía indicar que el sueño había terminado por vencerla y la ternura se instaló en ella.
Quinn no pudo evitar observarla por algunos minutos mientras ocupaba su lugar en la cama, y esperaba que el sueño también terminase por caer sobre ella. Algo que no tardó en suceder.
Domingo 13 de Julio, 13:34 pm.
Tres pequeños golpes en la puerta y su voz.
—¿Rachel?— susurró Spencer tras ella, esperando recibir una respuesta que no llegaba. —¿Quinn?—añadió segundos antes de golpear de nuevo la puerta y decidirse a abrir. El rostro aturdido de la morena aun entre las sabanas le hizo sonreír—Rachel, vamos…Es hora de despertar—musitó con dulzura, tocando los pies de la morena que seguía remoloneando bajo las sabanas—¿Dónde está Quinn?, Ash lleva un rato dispuesta a salir.
Fueron las palabras mágicas. A Rachel le bastó escuchar el nombre de Quinn, para girarse sobre si misma y descubrir que su lado solo quedaba un hueco. Quinn no estaba.
—¿Dónde está?— repitió Spencer.
—No, no lo sé—respondió sin apenas voz.
—¿No ha dormido contigo?
—Eh…Sí, o no—musitó confusa— No lo recuerdo. ¿Dónde está?
—Se supone que estaba aquí.
—Pero…cuando subí estaba aquí— recordó al tiempo que se reincorporaba sobre el cabecero— estuvimos hablando y…luego vino Britt y se marchó con ella. ¿No ha vuelto?
—Pues no lo sé. Abajo no está, tal vez se ha quedado en la habitación con ellas.
—Pero…
No necesitaron respuesta. La voz de la rubia rompió de repente la confusión que aquella conversación estaba creando en ambas, o al menos en Rachel, que no conseguía recordar mucho más de lo que habia sucedido la noche anterior, y ya empezaba a lamentarse por no haber aprovechado la oportunidad de estar al lado de Quinn.
—¿Quién se ha quedado en la habitación de ellas?—cuestionó Quinn entrando en la habitación y provocando un pequeño sobresalto en las dos.—¿Qué sucede? ¿Por qué me miráis así?
—¿Dónde estabas?, Rachel y yo estábamos preocupadas…
—Estaba en el baño, lavándome los dientes y terminando de peinarme…¿Por?
—¿Dónde has dormido?—Insistió Spencer mientras Rachel se limitaba a seguirla con la mirada.
—¿Dónde voy a dormir? Pues aquí. ¿No era eso lo que quería Ashley?. Que yo durmiese con esa dormilona—añadió sonriente mientras lanzaba una mirada de complicidad a Rachel.
—Ok, ok. Yo solo venía a avisaros para que vayáis preparándoos. Ashley está dispuesta a pasar el día por la ciudad y quiere empezar pronto.
—Por mi encantada. Nada me apetece más que descubrir Los Ángeles—respondió Quinn—¿Quién sabe? Tal vez ésta sea mi ciudad en el futuro.
—¿Y tú?— Spencer miró a Rachel que desde la cama y aun desperezándose afirmó con la cabeza aceptando la propuesta para el día.—Ok, pues venga… en media hora tenéis que estar listas. Por cierto Quinn— se acercó a la puerta— Ashley ha conseguido el billete de avión para mañana por la mañana. Así que todo está solucionado
—Ok. Ahora le daré las gracias por el regalo—sonrió divertida.
—¡No tardéis o nos marcharemos sin vosotras!—exclamó Spencer ignorando el último comentario de la rubia, y abandonando la habitación para volverlas a dejar a solas. Momento que Rachel esperaba ansiosa para salir de dudas.
—¿Hemos dormido juntas?— Rachel no esperó a que Quinn terminase de mirar a Spencer cuando preguntó.
—¿Qué?
—Quinn… ¿Has dormido aquí?
—Claro… ¿Dónde si no?— replicó al tiempo que tomaba asiento a los pies de la cama para colocarse los zapatos
—No… no me acuerdo de nada—balbuceó confusa—No recuerdo verte dormir.
—¿Cómo que no te acuerdas de nada? ¿No recuerdas lo que pasó anoche?
—¿Anoche?—replicó aturdida— Solo recuerdo que estábamos hablando y de pronto vino Brittany y te marchaste con ella. No, no recuerdo nada más y…
—¿Y?— musitó Quinn girándose hacia ella—¿Y qué?
—¿Hay algo que deba recordar?— preguntó insegura.
—¿No recuerdas nada?— cuestionó Quinn sintiendo como la diversión se adueñaba por completo de su mente. El gesto que mostraba Rachel solo la incitaba a alargar su confusión por mero entretenimiento— ¿No recuerdas lo que me dijiste?
—¿Qué te dije?
—Rachel—susurró fingiendo algo de desconsuelo—¿Cómo es posible que no recuerdes lo que me dijiste? ¿Cómo es posible que no recuerdes algo tan importante como una declaración de amor?
—¿Qué? ¿Me declaré?—balbuceó confusa
—Oh dios, Rachel—se lamentó con el dramatismo adueñándose de sus gestos—¿Cómo me haces esto? Anoche me decías que querías vivir para siempre a mi lado y ahora…Oh dios, ¿Cómo puedes olvidarte de algo así?
Ni una sola palabra. Rachel se llevaba la mano al pecho y dejaba escapar un suspiro de lamento tras escucharla hablar, mientras la culpa parecía adueñarse de ella por no recordar ni una sola de aquellas palabras a las que hacía referencia Quinn.
—Lo, lo siento Quinn—susurró deslizándose de rodillas por la cama hasta quedar junto a ella— Lo siento de veras, yo… ya sabes que cuando bebo no soy yo y hago cosas de las que luego me arrepiento. De verdad Quinn ,siento no acordarme…pero te juro…
—¿Te arrepientes de decirme algo así?
—¿Qué? No, no…me arrepiento de no acordarme, Quinn—volvió a replicar tratando de sonar convincente, sin embargo el gesto en su rostro no duró demasiado. Le bastó volver a mirar a la cara de la rubia para descubrir como una traviesa sonrisa ya se adueñaba de sus labios.—¿Qué…Qué sucede?
—Basta Rachel— Musitó dejando escapar la primera de las sonrisas.
—¿Basta? ¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes?
—Relájate Rachel… No tienes que recordar nada porque no dijiste nada… ni hicimos nada de lo que arrepentirnos.—Confesó aumentando aún más la confusión en la morena.—¿Recuerdas que Britt me vino a buscarme? Pues cuando volví unos 5 minutos más tarde estabas completamente dormida… así que lo único que hemos hecho ha sido dormir. Nada de declaraciones ni cosas de las que arrepentirte.—Añadió y Rachel no tardó en reaccionar.
Tras lograr asimilar que todo había sido una broma, no dudó en coger la almohada y estampársela en la cabeza de forma graciosa, para luego tirar de ella y obligarla a caer sobre la cama, para regalarle una intensa y casi asfixiante tortura a base de cosquillas. Cosquillas que provocaban las carcajadas de la rubia, y que la hacían retorcerse en la cama, mientras buscaba la inútil protección de las sabanas.
—¡Basta!— gritaba entre risas— Basta Rachel por favor…—Suplicó cuando se vio acorralada por las piernas de la morena.
—Quinn Fabray, es la última vez que me haces ese tipo de bromas ¿Entendido?—La amenazó—Si no, te juro que el ataque será devastador.
— Sí… si...La última vez.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo— respondió soltando sus manos, las cuales había tratado de mantener bloqueadas para evitar más cosquillas.
—Está bien—susurró Rachel sin perder la sonrisa—Te dejaré libre, pero ten cuidado la próxima vez. No tendré contemplaciones—añadió sin destruir la postura que obligaba a Quinn a permanecer entre sus piernas, sin opción alguna a escapar de ella a menos que se lo permitiera.
Y fue esa postura, esa posición de su cuerpo con las piernas bloqueando a Quinn bajo ella, lo que la hizo permanecer en silencio por algunos segundos.
No había sido consciente de lo que aquello suponía para ella. No había sido consciente que sus cuerpos estaban prácticamente unidos después de muchas idas y venidas. Al igual que Quinn solo fue consciente en ese preciso instante de la situación que se daba entre ellas.
Duró demasiado, prácticamente toda una vida o tal vez medio segundo, no lo supieron. Lo único que sabían era que las risas dieron paso a una intensa mirada entre ambas, y un gesto que las llevó a quedar frente a frente, sin abandonar la cama ni despegar un solo centímetro de sus cuerpos. Y fue en ese preciso instante en el que solo existía una mirada entre ellas cuando el escalofrío se apoderó de ambas.
En Rachel, porque sentía como las manos de Quinn ascendían por su espalda y comenzaba un interminable y placentero recorrido que provocaba un leve rasguño en su piel. Y en Quinn porque descubría que bajo aquella sencilla camiseta de pijama que vestía la morena, no existía nada más que su piel, su cuerpo desnudo, y eso la hacía enloquecer.
No era la primera vez que estaban en una situación así, ni tampoco era la primera vez que sus manos descubrían parte de sus cuerpos con ligeros roces. Pero sí era la primera vez que lo hacían mirándose a los ojos, siendo conscientes de que cualquier palabra de más, rompería el hechizo y acabaría como otras tantas veces, con aquella sensación de bienestar.
No querían perderse aquello, no querían que los escalofríos y los leves pero perceptibles suspiros que dejaban escapar, quedasen anclados en una nueva frustración. Simplemente, deseaban seguir acariciándose de aquella forma, con aquella sutileza y la dulzura que desprendían.
—Quinn…— susurró entrecerrando sus ojos— No están esperando. Nos van a interrumpir y…
—Shhh—replicó la rubia posando el dedo índice sobre sus labios. Gesto que obligó a Rachel a abrir de nuevo los ojos y centrarse en su mirada. Y lo hizo para dejar un pequeño pero sensual beso sobre la yema del dedo segundos antes de que ésta comenzara a deslizarlo por su barbilla.
Y no solo por esa zona del rostro de la morena. Quinn no dudó en dibujar con delicadeza todo el contorno de su mandíbula, para ir descendiendo poco a poco por el cuello y acariciarlo hasta que la camiseta la detenía. Aunque no supuso impedimento alguno. Su dedo, sus ganas no se detuvieron en aquella simple costura, sino que traspasó la tela, o al menos así lo sintió Rachel, y logro descender con la misma delicadeza por su pecho, hasta llegar a la barriga. La tersa y firme barriga de la morena que se estremecía con el calor que Quinn desprendía con aquella caricia. La tersa y firme barriga que le ofreció, algunos centímetros más abajo, un nuevo impedimento para continuar con el camino que marcaba.
—Quinn—dejó escapar a modo de súplica justo cuando sintió como los dedos de la rubia ya jugueteaban con el cordón de la cintura de sus shorts. Y fue gracias a ese susurro en forma de súplica, lo que hizo detener el trayecto de su mano.—Tenemos que marcharnos, y si sigues no creo que sea capaz… de abandonar esta cama—añadió perdiéndose en sus ojos al tiempo que humedecía los labios.
Un pequeño quejido se escapó de Quinn justo cuando decidía abortar aquel juego.
—Lo comprendes, ¿Verdad?—susurró Rachel deslizándose hacia el lado de la cama para romper la postura que las había mantenido juntas.
—Claro que lo entiendo— respondió al tiempo que abandonaba la cama— Pero no sé cuánto tiempo más voy poder mantener mi mente fría. Empieza a convertirse en una tortura—la miró tras caminar hacia la salida— Una deliciosa tortura.—Susurró dejándola allí, a punto de perder el control.
Rachel se quedó un par de minutos tumbada en la cama tratando de recuperarse completamente de aquel corto pero intenso momento vivido con la chica. Había perdido la cuenta de cuantas veces disfrutaba de un momento así con la rubia y ya sentía que a su cuerpo cada vez le costaba más resistirse.
Domingo 13 de Julio. 16:10 p.m... Los Ángeles.
Las seis chicas habían terminado de comer en un pequeño restaurante en Beverly Hills, más tarde pasearon por Melrose Avenue, una de las zonas más populares de la ciudad para ir de compras. Santana y Brittany se habían empeñado en visitar aquella zona .
El lugar elegido por Rachel para visitar fue el paseo de la fama en Hollywood, dónde ilusionada y completamente emocionada descubrió la estrella que Barbra Streisand posee en el lugar y en la que no pudo evitar posar para que sus amigas le hiciesen multitud de fotos.
Quinn por su parte no había elegido ningún lugar al que visitar, simplemente dejó que Ashley y Spencer decidieran y fueran las perfectas anfitrionas.
—¿Que os parece si nos vamos a Santa Mónica y terminamos la tarde junto al mar?.—Propuso Ashley.
—Por mí genial—respondió Brittany con su habitual tono desenfadado— Quiero ver si es verdad eso que dicen…
—¿Qué dicen?— preguntó Spencer curiosa
—Que los chicos de ésta ciudad preparan sus cuerpos para poder lucirse en las playas de Santa Mónica, ah…Y también para ver si existen vigilantes de la playa como David Hasselhoff. Y por supuesto, a los surferos… ¡Aww!—Se quejó justo cuando Santana optaba por golpear su brazo a modo de reprimenda y las risas en el resto no tardaron en llegar.—¿Por qué me pegas?
—No seas exagerada—se excusó la latina—Solo te he quitado un insecto que estaba a punto de picarte—añadió con sarcasmo, evitando que los celos quedasen en evidencia delante de sus amigas.
—Ok, antes de ir a ver a los vigilantes de la playa, vamos a visitar un lugar que os va a encantar y compramos algo para tomar, ¿Os parece bien?—volvió a tomar la palabra Ashley adelantándose al resto para que la siguiesen por una de las calles tras haber decidido dejar el monovolumen que conducía más cerca de una de las principales avenidas de aquella zona. Spencer no tardó en seguir sus pasos, al igual que hizo Brittany. Santana optó por ralentizar sus pasos para conseguir que Quinn se pusiese a su altura, y en última posición estaba Rachel, que casi que tenía que correr en algunos tramos para no perderlas de vista por culpa de su insistencia en fotografiar todo cuanto la rodeaba. Cualquier cartel o un simple escaparate que le recordase a algo que hubiese visto en el cine o la televisión, era más que suficiente para detener sus pasos e inmortalizarlo con su pequeña cámara.
—¿Por qué no caminas más rápido?—musitó Santana tras situarse junto a Quinn.
—Porque estoy disfrutando del paseo—respondió sin darle mayor importancia.
—¿Seguro? Yo juraría que lo haces para no perder de vista a Berry—replicó divertida—¿Tienes miedo a que se pierda?
—No digas tonterías. Rachel es mayor, no necesita a nadie pendiente de ella—masculló un tanto avergonzada por haber sido cazada de aquella manera.
Santana tenía razón. El único motivo por el que siempre caminaba detrás de ellas, era justamente por Rachel. Era consciente del estado de excitación que vivía la morena en aquella ciudad y no quería perderse nada de lo que hacía o decía.
—¿Qué tal va todo con ella?¿Algo nuevo que contar?
—No nada nuevo, aunque…Bueno, parece que las cosas van tomando forma.—Confesó despreocupada.
—¿Y hay ya algo oficial?— preguntó curiosa.
—No hay nada oficial. No creo que esté preparada para dar un paso así. Tiene que asimilar lo que nos está sucediendo y para eso se necesita tiempo.
—Ya—Balbuceó Santana— Conozco esa sensación. Solo de pensar que tenemos que volver a Lima y escondernos hace que mi estómago se revuelva.
—Bueno… algún día eso tendrá que acabar ¿No crees?
—Eso espero, pero mientras sucede o no… Me temo que aún tenemos mucho que soportar.
—Lo sé—musitó Quinn pensativa. Justo cuando Rachel, a escasos metros de ellas empezaba a ser consciente de la situación y centraba su mirada en ella, en la rubia. Y esa extraña sensación de haber descubierto algo realmente impresionante, se volvía a adueñar de ella al observarla caminar y al ser consciente del radical cambio que había vivido.
Juraría que no era la misma la misma persona.
Quinn caminaba relajada, con el pelo recogido en una minúscula coleta que dejaba caer varios mechones rebeldes sobre la cara. Una camiseta de tirantes negra junto a unos pequeños shorts vaqueros y unas zapatillas deportivas daban un look completamente inusual a la joven, y llamaban su atención hasta tal punto de dejarse llevar por las ganas y destruir los escasos metros que las separaban a base de zancadas exageradas para su pequeño cuerpo.
Cualquier cosa con tal de situarse a su lado y hacer algo que ni siquiera pensó.
Quinn no tardó en mirarla de sorprendida cuando notó como su mano comenzaba a notar los ávidos dedos de la morena enredándose en los suyos, aferrándose sutilmente sin que nadie más pudiese percatarse de tal hecho. Ni siquiera lo hizo Santana, que caminaba justo en el lado opuesto y que cambió el tema de conversación al notar la presencia de Rachel.
Y así se mantuvieron durante el resto del recorrido hasta que Ashley divisó la cafetería en cuestión que quería visitar, con las manos entrelazadas y regalándose algunas miradas fugaces sin que ninguna de sus amigas fuese testigo del importante gesto que se regalaban.
Situada en una de las calles principales de la zona tenía una pequeña terracita con varias mesas y sillas aparecía ante ellas y Ashley volvía a hacer de anfitriona.
—¡Bienvenidas al Planet!.— Exclamó invitándolas a que siguiesen sus pasos hacia el interior— El mejor local de West Hollywood
—Me gusta— musitó Quinn tras lanzar una mirada a su alrededor—Quizás deberíamos sentarnos y tomarnos algo aquí en vez de marcharnos ya a la plana.
—Por mi encantada—respondió Ashley—¿Estáis de acuerdo en que nos quedemos aquí un rato?—cuestionó y el grupo al completo aceptaron la idea.
No tardaron apenas tiempo en adueñarse de una de las mesas y ocuparla para tomar allí la merienda que supuestamente, iban a trasladar a la playa. Un tiempo en el que tanto Ashley como Spencer, dedicaron a responder a la multitud de cuestiones que Brittany hacía, o simplemente a contarles historias de aquella cafetería que por la noche se convertía en uno de los más atractivos clubs de baile de la zona.
—¿Es un club de ambiente?—preguntó Santana llamando la atención de Quinn, que había mantenido silencio hasta ese instante. Las indicaciones de las dos improvisadas guías, más aquel detalle que dejaba escapar Santana la hicieron reaccionar.
—Más o menos—respondió Ashley— Por el día ya ves, hay gente de todo tipo, pero por la noche si suelen hacer fiestas de temática gay. La verdad es que es muy divertido, ¿Verdad Spence?
—Sí, lo es.
—Ahora vuelvo—musitó Quinn ignorando el último tramo de la conversación al tiempo que abandonaba su asiento. Nadie parecía prestarle atención a sus movimientos, excepto Rachel, que no perdió detalle de cómo se acercaba a la barra y entablaba conversación con una de las camareras. Y no lo hizo porque apenas unos segundos más tarde de aquello, una segunda mujer se unió a la conversación que mantenía la rubia con la camarera, y después otra más, que recién acababa de entrar hacia lo mismo.
En apenas un par de minutos, Quinn mantenía una animada charla con tres mujeres completamente desconocidas para ella, y recibía algo de manos de la tercera mujer, la última en llegar y que a juzgar por su vestimenta, debía ser alguien realmente importante.
Quinn no dudó en observar sonriente lo que había recibido y lo llevó hacia uno de sus bolsillos traseros, donde lo guardó mientras agradecía el detalle ofreciéndoles su mano a modo de saludo y de despedida.
En su regreso, sus ojos fueron a clavarse en los de Rachel, aunque no era la única que se mostraba curiosa.
—¿De dónde vienes?— Cuestionó Santana—¿Quiénes son esas con las que has hablado?
—Camarera y dueña del bar—respondió sin darle demasiada importancia.
—¿Está todo bien?— preguntó Ashley .
—Eh... sí, sí, solo fui a preguntar algo, nada más. –Concluyó dejando claro que no estaba por la labor de explicar el motivo por el que se había acercado a aquellas personas. Y Rachel fue consciente de ello rápidamente.
Y por ese mismo motivo se mantuvo al margen y dejó que la curiosidad quedase aparcada en ella, para seguir disfrutando del día en la ciudad de las estrellas. Un día que se iba a poner aún más interesante, aunque para ella visitar la zona costera no fuese lo más entretenido, ni lo más interesante.
El sol comenzaba a dejarse ver por el horizonte cuando llegaron a Santa Mónica tras la merienda en El Planet, y no dudaron en adentrarse en la extensa playa. No había demasiada gente a pesar de la época. Quizás la hora influía demasiado. Todo el bullicio se concentraba en el espectacular paseo marítimo que delimitaba la zona urbana de la costa.
Brittany, completamente eufórica, fue la primera en descalzarse y correr hacia la orilla de la playa, permitiendo que el agua del Océano Pacifico llegase a mojar sus pies. Gesto que incitó a las demás a seguirla sin pensarlo un solo segundo. No importaba la edad en aquel instante, la diversión de disfrutar de algunos minutos de juegos en la orilla de la playa, bien merecía la pena para ellas. Excepto para Rachel. La morena, más reticente y con paso pausado dedicado abortar aquella tanda de juegos y permaneció sobre uno de los accesos fabricados con tablas de madera, observando la inmensidad del océano frente a ella y evitando que uno de sus mayores traumas salieran a relucir en aquella tarde.
Nadie lo sabía, excepto sus padres. Rachel sufría una insuperable y desastrosa obsesión por la arena de la playa. No la soportaba, no podía pisarla sin sentir que todo se volvía repulsivo a su alrededor, y más aún tenerla pegada sobre su piel. Tomar asiento en una de aquellas tablas ya era un gran avance en aquella extraña fobia que la aquejaba, pero por supuesto, no iba a pasar desapercibida para sus amigas.
Spencer fue la primera en reaccionar tras verla sentada a lo lejos, pero fue Quinn quien tomó la decisión de interesarse por aquella extraña actitud de la morena, y no tardó en acercarse a ella dejando atrás los juegos de las demás.
El simple repiqueteo de la arena saltando a cada paso que daba la rubia acercándose a ella, lograba estremecer su cuerpo.
—¿Estás bien?—cuestionó nada más llegar.
—Eh…sí, estoy bien—fingió—Me apetecía sentarme un rato aquí y…
—Vamos— le ofreció la mano—Vamos a divertirnos un rato.
—No... Estoy mejor aquí – Respondió tratando de evitar focalizar su mirada en los pies cubiertos de arena de la rubia.
—Ok—musitó dejándose caer a su lado y tomando asiento también sobre las tablas—Pues me quedo aquí.
—¿Qué? No, no Quinn, no tienes que quedarte aquí. Vamos vuelve a divertirte con ellas, yo estoy bien solo que no me apetece mojarme los pies.
—Me quedo aquí—replicó lanzando la mirada al frente—Eso no es excusa.
—Quinn por favor…
—¿Sabes qué?— ignoró el lamento— Acabo de recordar que no te he contado por qué Britt me pidió ayuda anoche. – Balbuceó con la respiración aún entrecortada tras las carreras y Rachel la miró curiosa—Resulta que esas dos rompieron una de las patas de la cama.
—¿Una pata de la cama?—repitió confusa—¿Cómo han roto una pata de la cama?
—¿Tú que crees?— respondió con una traviesa sonrisa adueñándose de sus labios, pero Rachel no atinó a responder.—Una de las patas estaba desatornillada y con el peso, mejor dicho el movimiento, terminó cayéndose y la cama quedó completamente coja. Tenías que haber visto la cara de Santana tratando de buscar excusas absurdas—sonrió divertida— Tuve que ayudarlas a levantar la cama paraque volviesen a colocar la pata y que pudieran dormir. Les daba vergüenza que Ashley lo supiera.
—Oh dios—balbuceó Rachel buscando a las protagonistas con la mirada.
—Ya ves, no pierden el tiempo—apuntilló Quinn segundos antes de que el silencio se instalara entre ellas.
Observar los juegos de sus amigas en la orilla era un buen entretenimiento para pasar aquellos minutos, pero no para Rachel, que veía como Quinn optaba por seguir allí, a su lado, olvidándose de la diversión que sus amigas ya disfrutaban. La conciencia no iba a tardar en hacer acto de presencia en su mente.
—Está bien—musitó bajando la mirada—Tengo que confesarte algo, Quinn.—Añadió y la rubia no tardó en mirarla.
—¿No me digas has roto alguna cama?— preguntó divertida—Sinceramente, es algo que prefiero no saber.
—¡No!— Exclamó al tiempo que le regalaba un pequeño golpe sobre el brazo—Yo jamás he roto una cama. ¿Cómo piensas eso de mí?
—Yo que sé. Has dicho que tienes que confesarme algo justo después de hablar de eso. ¿Qué quieres que piense?—replicó sin perder la sonrisa.
—No, no tiene nada que ver con eso.
—¿Entonces?
—Bueno, es que te veo aquí sentada y no, no quiero que te pierdas eso—señaló al grupo—Quinn, si no voy hasta ahí es porque, porque tengo un pequeño problema con la arena— Confesó con el gesto agrio en su cara mientras mirada a su alrededor— Le tengo fobia o algo así, no lo sé. No me gusta pisarla y mucho menos que se pegue en mis pies o en mi cuerpo. No, no lo puedo evitar.
—¿Tienes fobia a la arena?—Cuestionó Quinn completamente sorprendida.
—No sé si es fobia, de hecho, no sé si existe alguna fobia relacionada con la arena, pero sí… es superior a mí—Confesó con algo de pudor.
—¿Y por qué no has dicho nada? Ashley ha preguntado y todas hemos dicho que sí.
—Por eso mismo. A Britt le hacía mucha ilusión venir y Ashley también estaba emocionada por traernos. No quería fastidiar el plan por una estupidez. Además, estoy perfectamente aquí—volvió a fingir. No es que estuviese mal, pero el simple hecho de estar rodeada de arena, ya lograba que su cuerpo se tensara.
—Vaya, jamás había oído algo así—musitó un tanto desconcertada— ¿Nunca has ido a la playa?
—Sí, claro que sí. De pequeña mis padres me llevaron alguna que otra vez, pero lo pasaba tan mal que dejaron de hacerlo. Hasta que descubrimos el lago Erie en Cleveland, donde no hay arena como aquí. Desde entonces, ese ha sido mi lugar de vacaciones—Trató de sonreír.
—Vaya, pues es una pena. El agua del mar es genial, mucho mejor que el de cualquier lago, y también el sol lo es, aunque yo procuro protegerme mucho. Es una pena que no puedas disfrutar de todo esto.
—Lo sé, pero si no existiese la maldita arena—susurró con algo de lamento reflejándose en su rostro.
Rostro que Quinn observó justo cuando centraba su mirada en el mar y se dejaba bañar por la luz del sol que ya descendía sobre él.
—Quinn—habló rompiendo el breve silencio que las rodeó—¿Quiénes eran esas mujeres? Quiero decir, no es que me esté metiendo en lo que hagas o dejes de hacer, pero me resultó extraño verte hablar con…
—¿Quieres saber qué es lo que tramaba?— la interrumpió divertida.
—No… no, claro que no. Solo, bueno solo tenía curiosidad por saber quiénes son y de qué las conoces.
—No las conozco, Rachel. Una era la camarera, otra era la dueña y la mujer que llegó mas tarde es la hermana de la dueña, nada más. No sé, después de trabajar en una cafetería, tenía la curiosidad por hacerles unas preguntas. Nada más.
—Oh, claro… Está bien. Tampoco necesito que me expliques nada— Trató de excusarse quitándole importancia a la curiosidad. –No soy quien para meterme en…
—Sin embargo—volvió a interrumpirla—Hay algo que sí puedo decirte de todo lo que hemos vivido hoy.
Rachel la miró curiosa.
—¿Recuerdas cuando te dije que mi futuro estaba en Lima, convirtiéndome en una agente inmobiliaria y casándome con Finn?—Musitó provocando algo de malestar en la morena al recordar aquella escena—Pues ahora… y gracias a ti, y a todo esto que nos rodea— lanzó una mirada hacia el horizonte— Por fin he decidido que es lo que quiero hacer con mi vida.
—Oh, esto está bien pero… ¿Eso significa que ya no quieres casarte con Finn?—cuestionó sin pensar y Quinn no pudo evitar dejar escapar una sonrisa.
—¿Tú qué crees?—respondió sin dejar de mirarla, dejando que los últimos rayos de sol incidieran sobre sus ojos y lograse la hipnosis absoluta en Rachel, que no podía dejar de mirarlos completamente embelesada.
No pudo descifrar la cantidad de tonalidades que desprendían.
—Si me sigues mirando así—susurró sin dejar de mirarla— No creeré en nada más que en lo que tú me digas.—Añadió provocando que la sonrisa de Quinn se convirtiese en una pequeña mordida de labios que la hizo reaccionar.
—¿Me acompañas?— cuestionó ofreciéndole la mano tras levantarse del improvisado asiento, y Rachel dudó—Acabas de decir que creerías cualquier cosa que te diga si te sigo mirando así, pues bien…Te digo que si me das la mano, no dejaré que la arena toque tus pies. –Concluyó— ¿Confías en mí?
—Es hora de demostrártelo—balbuceó sin apenas convicción, y no tardó en aferrarse a la mano que Quinn le ofrecía.
—Así me gusta—musitó regalándole una de las mayores y más sinceras sonrisas que jamás había regalado. Y sin dejar de sonreír, se colocó delante de ella e inclinándose un poco, la invitó a que se alzara sobre su espalda.
—¿Qué haces?
—Vamos, sube—le ordenó al tiempo que la tomaba por las caderas y la obligaba a saltar sobre su espalda—¡Vamos!
—¿Estás segura?
—¡Vamos Rachel, sube!—insistió y la morena se lanzó hacia ella, aferrándose con firmeza sobre su espalda y rodeando con dulzura sus hombros.
—¡Oh dios! Hacía años que no hacía algo así—Exclamó sin poder contener la risa.
—¡Y bien vaquera! – Replicó Quinn contagiándose de las sonrisas— ¿Preparada para cabalgar las olas?
—Hasta el infinito…— susurró al oído de la rubia tras amoldarse alrededor de su cuello y posar su rostro sobre el hombro de ésta. Quinn no dudó en buscar su mirada.
—…Y más allá.
Os recuerdo que la sorpresa si ésta historia llega a los 1000, sigue adelante. ;) Y solo faltan 13 capis
#NC
