Luces De Neón
Comisaría de Nueva York.
Las chicas regresaban a media mañana del hospital. Ya tenían el material suficiente para terminar de investigar y no podían perder más tiempo. El asesino era una persona escurridiza y se movía rápidamente.
Quinn: ¡Aquí está! –exclamó mientras sacaba el informe del hombre-.
Santana: ¡Qué memoria Fabray! –dijo sorprendida-. Te envidio chica.
Quinn: Aaron Blair, 39 años. Trastorno psicótico debido a su patología, insuficiencia renal crónica. Pendiente de trasplante de riñón. Muestra conductas agresivas en el trascurso del tratamiento de diálisis y en las visitas a las consultas. Médico responsable: Doctor Milton –leyó el informe ante la atenta mirada de sus compañeras-.
Rachel: También hay adjuntada una foto en el informe –sacó una foto de la carpeta-.
Santana: Todo un figura… –comentó ojeando por encima los informes que tenía Quinn en la mano-.
Rachel: Voy a meter el nombre en el ordenador para buscar antecedentes.
Santana: Yo mientras avisaré a Kate y a los demás.
Rachel y Quinn buscaron en el ordenador central los datos del asesino. Tenían el nombre, un vídeo y las fotografías de los informes para poder localizarlo.
Quinn: Parece que no está fichado por la policía.
Rachel: No habrá cometido ningún delito, pero me juego algo a que tiene multas de tráfico –espetó mientras buscaba en un nuevo directorio del ordenador-.
Kate: Así que éste es el hombre que buscamos… –dijo para sí misma mientras observaba los informes-.
Santana: Las subinspectoras están trabajando en la localización.
Kate: Cuando encuentren algo convocaremos una reunión para montar el operativo. Yo termino en un momento los análisis para adjuntarlos a los demás papeleos.
Casa de Amanda, 11:00 horas.
Amanda, después de arreglar los papeles con Sue y con el FBI, al fin podría decir que era nuevamente Amanda Scott y no Alejandra Moreno como hacía más de un mes. Sue le había prometido que podría regresar a su mismo puesto cuando ella estuviese preparada para volver al trabajo.
Amanda se encontraba en la puerta de la que era su casa, con la llave en sus manos, pensando si debía de usarla o no; gesto que le resultaba bastante extraño realizar al pasar tanto tiempo fuera.
Charlie: ¿Ibas a pensártelo mucho tiempo? –preguntó al verla parada en la puerta de la casa-.
Amanda: ¿Cómo sabías que estaba aquí? –preguntó algo asustada por la presencia de la rubia-.
Charlie: Serás todo lo que quieras, pero la puntualidad es algo que te caracteriza siempre… ya seas Alejandra, Susan o lo que quieras.
Amanda: En eso no te equivocas rubia –dijo con media sonrisa-.
Charlie: Te conozco muy bien.
Amanda: Mejor que yo misma.
Charlie: ¿Por qué te has quedado parada en la puerta? –preguntó curiosa-.
Amanda: De repente he sentido una sensación extraña… Algo así extraño… Como si fuesen muchos años los que he estado fuera y, aunque sea mi casa y haya abierto mil veces esta puerta, me sentía como si estuviera invadiendo tu intimidad –explicó avergonzada-.
Charlie: Ya sabes que puedes hacer lo que quieras con esta casa, es tuya y la ocupa soy yo en realidad –intentó tranquilizar a la morena-.
Amanda: Aunque esta casa la compré yo, desde el momento en que entraste en mi vida… es igual de tuya que mía, nunca pienses que no es tu hogar –dijo con la mirada de súplica-.
Charlie: Gracias por considerarlo.
Amanda: Antes de intentar reconquistarte, te quería pedir un favor –espetó con algo de miedo-.
Charlie: ¿De qué se trata? –preguntó curiosa-.
Amanda: Me gustaría que me acompañases a ver a los niños.
Charlie: ¿Algún problema con eso?
Amanda: No es ningún problema, pero no sé cómo se lo van a tomar… o si se van a asustar –agachó la cabeza triste-.
Charlie: No te preocupes –comentó apretándole la mano suavemente-. Los niños supongo que se sorprenderán al principio, pero después ya verás lo contentos que se ponen, sobre todo María.
Amanda: Seguro que se quedó destrozada.
Charlie: Perdió a su madrina y a su mejor amiga… Es normal, eras su ejemplo a seguir.
Amanda: Entonces… ¿Me acompañas? –suplicó con cara de lástima-.
Charlie: No me podría resistir a esa carita aunque no quisiera –sonrió-.
Amanda: ¿A nada? –preguntó con una sonrisa pícara-.
Charlie: Sé por dónde vas Mandy y vas a tener que trabajar muy duro por todo este tiempo que me has tenido abandonada.
Amanda: Al menos no estás tan enfadada como ayer…
Charlie: Decidí darte un margen.
Amanda: Tendré que aprovecharlo.
Charlie: Eso ya es cosa tuya. ¡Vamos! –dijo lanzándole las llaves de su coche-.
Amanda: ¡Hace mil que no conduzco! –exclamó con las llaves del coche en sus manos-.
Charlie: ¿Tú no querías recuperar tu vida?
Amanda: Sí –se levantó del sofá-.
Charlie: Pues empieza por lo básico antes de seguir por lo más complicado.
Amanda: ¿Lo más complicado?
Charlie: Te has vuelto algo lenta este tiempo –le guiñó un ojo antes de salir por la puerta de la casa-.
Amanda, ante este gesto, se quedó paralizada. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, pues no se había sentido así de bien desde hacía bastante tiempo; desde que despertó en aquel extraño hospital, con unos dolores insoportables. Sin contar lo irreconocible que se sentía ante el espejo al tener casi todo el pelo quemado y el cuerpo lleno de quemaduras y heridas…
Desde ese día no había podido conciliar el sueño; la misma escena se le repetía una y otra vez en su cabeza. Ella se encontraba corriendo hacia el coche mientras veía la cara de Gracie antes de que la explosión arruinara todo. Se sentía culpable por no haber llegado a tiempo, que por sólo unos segundos la vida de dos personas se escapó ante sus ojos.
Amanda: Para eso sigo siendo la misma… Te lo demuestro cuando quieras –comentó saliendo detrás de ella-.
Comisaría de Nueva York.
Las chicas se encontraban reunidas en la sala de juntas de la comisaría. Rachel y Quinn habían terminado con las investigaciones y, al parecer, tenían algo por dónde comenzar.
Quinn: Aaron no tiene ningún antecedente, pero Rachel ha encontrado un par de multas impagadas a su nombre.
Kate: Bien, empezaremos por la dirección que nos muestra los datos de tráfico –dijo seria mientras revisaba los papeles de tráfico encontrados por Rachel-.
Santana: Al fin tenemos algo por dónde empezar, tengo ganas de atrapar a ese cabrón.
Kate: No podemos ir rápido y estropear los avances que llevamos.
Rachel: ¿Qué sugiere inspectora?
Kate: Vamos a prepararnos con el equipo para salir a primera hora de la tarde. Lo más seguro es que el asesino piense que lo hemos descubierto por las cámaras del hospital y se estará moviendo continuamente…
Rachel: ¿Estás queriendo decir que le demos tiempo para hacerle creer que no tenemos ninguna prueba que lo incrimine?
Kate: Exacto, ahora nos estará esperando. Si le hacemos creer que no sabemos nada, bajará la guardia y cometerá un error.
Santana: Odio las esperas.
Kate: Haremos equipo Andy, Rachel, Santana, Brittany y yo.
Santana: ¿Y Blaine?
Kate: Prefiero que alguien se quede cuidando de los niños –le guiñó un ojo a las subinspectoras-. Además, no necesitamos tanta gente para atraparle, ¿no? –preguntó desafiando a la latina-.
Santana: Por mí como si os tomáis el día libre todas… –espetó con orgullo-.
Amanda y Charlie decidieron ir a comer a un restaurante cercano a Central Park. La mañana con las niñas había sido muy intensa, sobre todo cuando fueron a visitar a la pequeña de las Berry-Fabray.
Charlie: ¿Cómo te sientes? –preguntó divertida-.
Amanda: Echaba de menos a los pequeños. ¡Jason está enorme! –exclamó abriendo los ojos-.
Charlie: Come como una lima… –se rio recordando al pequeño-.
Amanda: María es un amor –suspiró recordando el momento del reencuentro con su ahijada-. Se sorprendió al verme, pero al final se enganchó a la pierna y no quería soltarse.
Charlie: No quería perderte de vista.
Amanda: Pero Lucy me asustó un poco…
Charlie: No te preocupes por Lucy, ya sabes cómo es de dramática. Seguro que el desmayo fue fingido –comentó sin poder aguantar la risa-.
Amanda: No tiene gracia –le lanzó la servilleta sin pensarlo-.
Charlie: "No puede ser lo que ven mis ojos" –imitó a su pequeña sobrina, poniéndose una mano en la frente mientras se desmayaba- .
Amanda se enfadó con la rubia al sentir que se estaba aprovechando de la situación vivida con los pequeños para meterse con ella y reírse.
Charlie: ¡Vamos Mandy! No te enfades, era una broma –se disculpó observando la cara de la morena-.
Amanda: No me enfado, en el fondo me gusta ver lo bien que te lo pasas aunque sea a mi costa –esbozó una media sonrisa-.
Charlie: Lo que sea, pero la cara que pusiste no tiene precio.
Amanda: Cambiando de tema… –dijo mientras se revolvía en la silla-. Me gustaría…
Charlie: Miedo me das cuando tardas tanto en hablar…
Amanda: Verás… Estando en el hospital tanto tiempo, no hacía otra cosa que pensar en ti y, aunque no se me dé muy bien estas cosas, te he escrito una canción.
Charlie: ¡¿Una canción?! ¿En serio? –exclamó sorprendida-.
Amanda: Sé lo mucho que te apasiona el mundo de la música y lo importante que es para ti. Y, bueno… pensé que una canción expresaría lo mucho que me importas de una manera más especial.
Charlie: ¿Me la vas a cantar?
Amanda: No sé muy bien cantar, ni tocar ningún instrumento… pero… -dijo sacando una hoja del bolso-.
Charlie cogió la hoja que le ofrecía la morena de manera algo avergonzada. Nada más abrir el papel se quedó algo extrañada.
Charlie: ¿Está escrita en español? –preguntó-.
Amanda: Sí, lo siento pero mis sentimientos los expreso así. El español me permite tener un lenguaje más enriquecedor para expresarme, pero si quieres te la traduzco y…
Charlie: ¡No! –gritó interrumpiéndola-.
Amanda: Yo solo quería ayudarte.
Charlie: No es por eso. Si la canción es así, me la tendré que aprender en español. Las adaptaciones estropean mucho la esencia…
Amanda: Al menos te podré ayudar con el idioma –espetó algo más calmada por la reacción de la rubia-.
Charlie: Voy a tener que dar un cursillo acelerado de español, pero quiero que me la cantes primero para ver qué tal suena de tus labios –le volvió a entregar la hoja con la letra-. ¿Qué nombre le has puesto?
Amanda: Luces de Neón.
Charlie: Me gusta –dijo ilusionada-.
Amanda: Me alegra que te haya gustado la sorpresa, pero espero que luego sea capaz de mostrártela.
Charlie: Estoy impaciente por escucharla.
Comisaría de Nueva York, 16:00 horas.
Los chicos se encontraban de un lado a otro de la comisaría. Los nervios fluían por el cuerpo de todos debido al operativo, pues siempre que salían de esa forma, no podían evitar situarse en el peor de los casos. Nunca se sabía cómo iba a acabar el día.
Cuando terminaron de recoger todas las armas, se dirigieron al furgón en el que se trasladarían hasta la dirección que tenían marcada.
Rachel: Espero que todo salga bien –apretó la mano de Quinn fuertemente-.
Quinn: Seguro que sí, Lucy nos espera en casa para ver su programa favorito –intentó calmar los nervios de su mujer-.
Santana: Por favor Berry, no seas igual de dramática que tu hija.
Quinn: No te metas con Lucy, San.
Santana: No me meto con ella… Sólo digo que son iguales y cada día que pasa es peor.
Rachel: Y María cada vez es más salvaje –la desafió con la mirada-.
Santana: No tienes valor para repetir eso de nuevo –la señaló con el dedo furiosa-.
Brittany: ¡Chicas! Dejad de discutir sobre nuestras hijas.
Quinn: Brittany tiene razón, estamos nerviosas y sólo decimos tonterías.
Kate: Necesito que estéis concentradas en el operativo y que no os peléis aunque sea por estas horas… ¿De acuerdo? –ordenó molesta-.
Las chicas llegaron a la dirección indicada, bajaron del coche y se adentraron en el edificio que se encontraba a las afueras de la ciudad, en una urbanización de apariencia tranquila. Llamaron a la puerta y, al ver que no se encontraba nadie en la casa, decidieron preguntar en la casa de al lado.
Santana: Perdone señor, ¿sabe si el señor Aaron Blair vive allí? –preguntó señalando la puerta-.
Vecino: Sí, vive ahí.
Santana: ¿Y sabría decirme por casualidad dónde podemos encontrarle?
Vecino: Si no está en su casa, suele pasar bastantes horas en un taller que tiene a dos calles más abajo.
Santana: Muchas gracias –se despidió educadamente del vecino-.
Los chicos se dividieron para cubrir más terreno. Rachel, Quinn y Britt se quedaron esperando cerca de la casa del asesino, mientras que Andy, Kate y Santana decidieron ir hacia ese taller que les había comentado el vecino del señor Blair.
Rachel: Esto parece muy tranquilo y eso me pone más nerviosa –caminaba de un lado a otro observando a todos lados de la calle-.
Quinn: Relájate Rachel, todo saldrá bien. Vamos bien equipadas.
Rachel: Espero que las demás se encuentren bien.
Brittany: Estando mi Sanny con ellos, no les pasará nada.
Kate: La puerta está abierta –comentó al llegar al taller del hombre-.
Andy: No hagamos ruido.
Los tres se adentraron al taller. En apariencia, parecía una tienda de relojes antiguos. Nada sospechoso, ni tampoco había señales de que se encontrase alguien dentro.
Santana: Tiene que haber una puerta, o algo, hacia una trastienda –bajó la voz-.
Kate: Probemos a abrir la puerta.
Kate, al abrir la puerta que comunicaba con un pequeño almacén, no pudo evitar que, al abrirla, la puerta emitiera un chirrido debido a la oxidación de las bisagras.
Santana: ¡Mierda, Kate! –exclamó susurrando por lo bajo-.
Kate: No puedo hacer nada ante eso –se excusó de las acusaciones de la latina-.
Aaron: ¿Quién anda ahí? –preguntó al escuchar ruido-.
Andy: Nos va a descubrir.
El chico, al no recibir ninguna respuesta, se dirigió a una mesa que tenía para reparar los relojes y abrió un cajón para sacar su arma. Kate se adelantó al grupo, escondiéndose detrás de unas cajas, para tener mejor visibilidad del almacén.
Santana: ¿Qué hace la loca? –preguntó a Andy viendo como la pelirroja se arriesgaba-.
Andy: No lo sé –espetó extrañado-.
Aaron avanzó con su arma hacía la puerta, muy lentamente, intentando hacer el menor ruido posible.
Santana: ¡Mierda! Se está acercando y Kate está visible en esa zona.
Andy: Voy a distraerle –comentó cogiendo un trozo de madera que había en el suelo y lanzándolo al lado opuesto al que se encontraba Kate-.
Aaron: Sal de ahí –apuntó en la dirección donde había caído el trozo de madera-.
Kate miró a los chicos aliviada por la rapidez de Andy y, aprovechando que el asesino estaba distraído, se fue aproximando a él.
Aaron: ¿Te creías que el viejo truco de lanzar objetos en otra dirección va a poder conmigo? –preguntó girándose y apuntándole con el arma-.
Kate: Será mejor que colabores y sueltes el arma –dijo de manera firme, sosteniendo su arma-.
Aaron no dejo tiempo a que los demás saliesen a apoyar a su compañera, cuando… sin pensarlo, disparó su arma haciendo que Kate cayese desangrándose en el suelo. A pesar de llevar el chaleco antibalas, la cercanía del asesino con Kate era muy próxima y el calibre de la bala era lo suficientemente grande para atravesar el chaleco y adentrarse en el estómago de la forense.
Santana: ¡Hijo de puta! –gritó saliendo de donde se encontraba escondida con Andy-.
Santana apuntó con su arma y disparó con rabia, acertando en un brazo del muchacho. Andy salió a socorrer a la inspectora, tiempo que aprovechó el asesino para intentar escapar por la parte trasera del almacén.
Santana: Voy a buscar a ese cabrón para que no se escape –gritó dejando a Andy con la inspectora-.
Aaron iba agarrándose fuertemente el brazo que le sangraba cuando notó cómo una bala le atravesaba esta vez la pierna.
Santana: ¿Dónde vas? –gritaba acercándose al asesino-.
El asesino empezó a reírse descontroladamente, lleno de sangre, intentando taponarse las heridas que sangraban abundantemente.
Santana: ¿Qué te hace tanta gracia?
Aaron: Tiene gracia que sea la agente López la que me dispare.
Santana: ¿Cómo sabes mi nombre?
Aaron: Lo sé todo de vosotras desde que empezasteis a buscarme.
Santana: ¿Y por qué te hago tanta gracia? –preguntó mientras le daba una patada en el estómago-.
Aaron: ¿Dónde estabas cuando secuestraron a tu mujer? –preguntó sonriendo maliciosamente-.
Santana: ¡Qué sabrás tú de eso! –gritó apuntando al hombre a la cabeza-. ¡Ese hijo de puta ya está pudriéndose en la cárcel!
Aaron: Quiero que seas tú mi siguiente víctima. Contigo cerraré el círculo…
Santana: ¡Cállate! –exclamó quitándole el seguro al arma-.
Quinn: ¡Santana! ¡No lo hagas! –gritó-.
Santana: Este cabrón sabe de nosotras Quinn –apretó la mandíbula-.
Quinn: ¿No ves que eso es lo que quiere? Quiere acabar contigo.
Aaron: ¡Vamos zorra! Aprieta el gatillo si no quieres que vaya yo a por tu mujercita y a por tu hija… ¡Ah! ¡No! Que no es tuya…
Santana agarró con fuerza el mango de su pistola y fijó la vista en el hombre, que se encontraba desangrándose tendido en el suelo.
Santana: Yo no soy como tú… ¡Quinn! ¡Llama a una ambulancia! –exclamó guardando su arma mientras esposaba al hombre.
Aaron: ¡Por qué no me has matado! –gritó furioso-.
Santana: ¿Y darte el placer? ¿Ponerme a tu altura? Si tanto me has estudiado, deberías saber que soy más que eso.
Aaron: Tú tenías que ser la siguiente, mi única y última víctima viva.
Santana: Soy más fuerte de lo que crees y mi mujer me hace ser mejor persona –le contestó dejando al hombre para ir hacia donde se encontraba Kate-.
Rachel: La ambulancia no tardará en llegar –comentó a sus compañeros mientras observaba el estado en el que se encontraba la pelirroja-.
Andy: El chaleco ha absorbido la mayoría del impacto, pero estaba lo suficiente cerca para entrar dentro. Espero que no haya tocado ninguna arteria, ni ningún órgano.
Brittany: ¿Por qué esta inconsciente? –preguntó asustada-.
Andy: Ha perdido mucha sangre Britt…
Casa de Amanda, en ese mismo instante.
Amanda y Charlie llegaron a casa después de comer. Antes habían dado un largo paseo por el parque para contarse mutuamente lo que habían estado viviendo todo el tiempo que estuvieron separadas.
Charlie: Toma –dijo entregándole la guitarra-.
Amanda: Yo no sé tocarla, Charlie.
Charlie: No sé, podrías haber aprendido en este tiempo…
Amanda: Que haya escrito mis sentimientos en un papel, no quiere decir que me haya vuelto una cantante compositora.
Charlie: Entonces… muéstrame la letra que yo te ayudo a sacar la melodía –comentó colocándose delante de la morena-.
Amanda: ¿Cómo lo hacemos?
Charlie: Como no sé lo que dice, me gustaría que me cantaras más o menos.
Amanda empezó a entonar, más o menos, la letra de la canción.
Llegó el momento de apagar, las luces de neón
Sentarnos juntos a escuchar, el viejo transistor.
Quizás, este no sea un buen momento
Pero llevamos varios años, sin encontrarlo y sin encenderlo.
Lo verdaderamente extraño, la sensación de soledad
Estando siempre acompañándonos.
Yo solo quiero hacerte reír de vez en cuando.
Desde aquí hasta el sol, desde aquí hasta el sol.
Charlie: Para aquí. Esta es la primera estrofa, ¿no? –preguntó embobada al escuchar cantar a la que fue su novia-.
Amanda: Sí, la que viene después se repite –comentó con vergüenza-.
Charlie: Sacaremos primero esta primera parte, ¿vale? –esbozó una enorme sonrisa-.
Las chicas volvieron a cantar esa primera estrofa, una y otra vez, hasta que las dos estuvieron de acuerdo con la melodía. Ahora tendrían que sacar el resto.
Pues siempre serás tú, la más intensa melodía, tú,
La nota que jamás se olvida, tú,
Me llenas como nadie más podría, desde aquí hasta el sol.
Pues eres tú, la llama que encendió mi vida, tú,
La estrella que siempre me guía, tú,
Me llenas como nadie más podría, desde aquí hasta el sol.
Charlie: Aquí tenemos lo que es el estribillo de la canción –explicó dibujando unos corchetes para separar la canción en varias partes-.
Amanda: ¿Cómo podemos hacer esta parte? –preguntó ya más animadamente-.
Charlie consiguió sacar la melodía con su destreza; había conseguido enlazar las estrofas perfectamente con el estribillo. A pesar de no conocer el significado de la letra, hizo que, de alguna manera, todo formase un conjunto que empezaba a adquirir forma y sonase mejor que bien.
Llegó el momento de apagar, las luces de neón
Sentarnos juntos, preguntar ¿Quién eres? ¿Quién soy yo?
Si el tiempo, nos ha cambiado por completo
Si todavía queda algo de aquellas noches de verano
Cuando el sol nos sorprendía cada día desnudos en el mar
Muriéndonos de risa tratando de explicar
Como llegar tan solo con nuestros besos
Desde allí hasta el sol, desde allí hasta el sol.
Amanda: Y aquí se repite el estribillo.
Charlie: Está bien. ¿Y para acabar qué tenías pensado? –preguntó-.
Antes de que la distancia nos convierta en dos extraños
Quiero que sepas que, en el fondo, yo caminaré a tu lado
Porque siempre, siempre, siempre
Serás tú, la más intensa melodía, tú
La nota que jamás se olvida, tú, te quiero como a nadie más podría
Desde aquí hasta el sol, y eres tú, la llama que encendió mi vida, tú
La estrella que siempre me guía, tú, me llenas como nadie más podría
Desde aquí hasta el sol, desde aquí hasta el sol.
Amanda: Y así es como acaba en teoría…
Charlie: Me gusta, quiero aprendérmela y estudiarla. ¿Te importa?
Amanda: Claro que no, la escribí para ti –espetó sonriente al ver que había acertado con el regalo-.
Charlie se lanzó a abrazar a la morena en agradecimiento. Amanda, al ver la reacción de la chica, alargó más el abrazo.
Charlie: Es el mejor regalo que me han hecho nunca –comentó ilusionada-.
Amanda: Quería ser original y esto formaba parte de mi plan de conquista.
El teléfono de Amanda sonó por toda la habitación.
Amanda: Es de la comisaria –le dijo al ver la pantalla del móvil-.
Sue: Amanda, tengo que pedirte un favor.
3/6 ;)
