Capítulo 39

William regresó a la casa después de pasar todo el día fuera reunido con sus abogados y administradores. Eran casi las 9 de la noche y estaba agotado. En apenas dos días partirían a Kent y todavía tenía muchos asuntos que resolver pero en ese momento lo único que deseaba era asearse y luego acostarse con su mujer. Pidió que le prepararan el baño y le subieran algo ligero para comer y se dirigió directamente a su habitación. En cuanto entró vio a Lizzie acurrucada en un sillón del saloncito con la mirada perdida en el fuego de la chimenea.

"Hola amor ¿cómo estás?" Lizzie se incorporó sorprendida y lo saludó con una alegría que a él le sonó fingida. "¿Qué pasa Lizzie, qué tienes? ¿Te sientes mal? Estuviste llorando", le preguntó mientras le tomaba el rostro con las manos y la obligaba a mirarlo.

"No es nada", respondió ella rehuyéndole la mirada.

"Pero, entonces… ¿el bebé está bien? Dime algo Lizzie, no me asustes." Ella se negaba a mirarlo y William se sentía cada vez más preocupado.

"Está bien sí, pero… pero… voy a ser una pésima madre", dijo Lizzie por fin entre sollozos mientras se lanzaba sobre el pecho de William que la abrazó fuerte y le acarició la espalda intentando que se calmara.

"¿Por qué dices eso mi amor?"

"La nursery…"

"¿Qué?"

"La nursery… no me ocupé de la nursery."

"¿Te refieres al cuarto del bebé?"

"Sí, William. Es el cuarto donde nuestro hijo pasará los primeros años de su vida y yo ni me acordé de eso. Tuvo que venir Jane a preguntarme si ya había decido como decorarlo para que recordara que era necesario. Lo ves, ¡voy a ser una madre horrible! ¿Cómo pude olvidarlo?"

Lizzie se había liberado de los brazos de William y caminaba delante la chimenea evidentemente enojada consigo misma. Will quiso reír, le parecía una tontería que estuviera tan nerviosa por algo así pero se dio cuenta de que no esa era la mejor reacción.

"Lizzie, si te hace sentir mejor, yo tampoco lo pensé."

"Pero tú eres hombre", replicó ella como si fuera la mayor obviedad del mundo.

Antes de que Will pudiera agregar algo su asistente golpeó a la puerta para avisarle que su baño estaba listo.

"Gracias. No hace falta que se quede, me arreglaré sólo", le dijo y se volvió hacia Elizabeth estirando la mano hacia ella. "¿Me acompañas?"

"¿A bañarte?", le preguntó Lizzie casi ofendida.

"Claro ¿por qué no? En Italia nos bañábamos juntos casi siempre. Es más, no sé por qué dejamos de hacerlo cuando regresamos. Me gustaba mucho y si mal no recuerdo a ti también." Mientras hablaba la llevaba al cuarto de baño. Lizzie ya estaba lista para irse a dormir así que no había tanta ropa para quitar pero él estaba totalmente vestido aún. "¿Me ayudas?", le pidió y Lizzie, que en realidad no tenía intenciones de acompañarlo en la bañera, lo ayudó a desvestires. "Esto me hace acordar a nuestra no… tarde de bodas."

"Basta Will, no me recuerdes lo atrevida que fui", le reprochó Lizzie avergonzada.

"¿Por qué no? Fue la mejor tarde de mi vida", le dijo con un tono bajo y seductor.

"La mía también", admitió Lizzie. 'Es tan encantadora cuando se sonroja', pensó él.

Cuando William terminó de desvestirse y se metió en la bañera Lizzie acomodó la ropa de su marido sobre una silla y se dispuso a abandonar el cuarto de baño.

"¿Adónde vas?"

"Al dormitorio."

"Mhm mhm. Ven aquí." Will simplemente extendió su mano y esperó que Lizzie la tomara pero ella no se movió.

"Will… hoy no."

"¿Por qué? Elizabeth, te estoy hablando."

William no trataba nunca así a su mujer pero tampoco había visto a Lizzie tan dubitativa y sospechaba que necesitaba un pequeño empujón para revelarle lo que realmente pasaba. Al pasar los segundos y ver que ella no contestaba temió que se hubiera enojado por su presión pero al final Lizzie dejó escapar un suspiro y lo miró.

"Estoy gorda. Y fea." Otra vez Will quiso reír y otra vez supo que esa no era una buena idea.

"No estás gorda. Estás perfecta, como siempre. Más que siempre. Vamos, quítate la bata. Quiero verte."

No era un simple pedido, era una demanda. Lizzie lo miró extrañada, él nunca le había hablado así pero, extrañamente, en lugar de enojarse, obedeció pero a su manera. No se quitó la bata y el camisón simplemente sino que lo hizo muy despacio y seductoramente sin dejar de mirar a los ojos de su esposo, desafiándolo silenciosamente a sostenerle la mirada y no caer en la tentación de bajar la vista por su cuerpo. William perdió. Lentamente, demasiado lentamente para el gusto de Will, se acercó a la bañera y se metió en ella, sentándose frente a Will.

"Veo que ya te sientes mejor", dijo Will con voz ronca por la excitación. Lizzie lo miró muy seria pero al final no pudo más y sonrió entonces Will la tomó de las manos y la acercó a él al tiempo que la obligaba a darse vuelta hasta que quedaron muy juntos, la espalda de ella contra el pecho de él.

"¿Mejor?", le preguntó mientras la acariciaba y besaba suavemente su cuello.

"Mhm", ronroneó ella.

"Me alegro. ¿Me puedes decir qué pasa?"

"Nada. No sé. Soy una tonta."

"Mala madre, gorda, fea y tonta. Demasiados defectos para una sola persona ¿no?"

"¡Eh! No te pases", Lizzie le dio un codazo en las costillas pero Will sólo rio.

"Vamos a ver…" le dijo mientras la frotaba con un paño enjabonado en los brazos y la espalda. "Defecto número uno, mala madre. Creo… no, estoy seguro de que vas a ser una madre estupenda."

"¿De verdad?", le preguntó Lizzie con una vocecita que le hizo ver que realmente estaba preocupada.

"¡Claro que sí! Eres cariñosa, sensible y divertida, cuidarás de nuestro bebé con todo el amor del que eres capaz, que es mucho, pero además lo harás reír y le enseñarás a ser feliz, como me enseñaste a mí."

Lizzie se dio vuelta y miró a los ojos de Will intentando descubrir si sus palabras eran sinceras. Por supuesto que lo eran y lo que vio en su mirada la llenó de emoción. 'Realmente me ama', pensó y todas sus dudas se disiparon al instante. Will entendió lo que ella sentía sin necesidad de palabras y la besó pero no quería que ella se emocionara más así que la obligó a darse vuelta otra vez y continuó con su tarea.

"Ahora, con respecto a la nursery, mañana llamaré a un decorador que trabajó antes en la casa para que decidas con él como quieres redecorarla. Le pediremos también que viaje a Pemberley y podrías aprovechar para hacer todos los cambios que quieras aquí y allá. ¿Te parece?" Lizzie asintió y Will le dio un beso en el cuello para sellar el trato. "Bien. Defectos número dos y tres, estás gorda y fea. Ni siquiera sé qué decir ante eso. Apenas si te ha crecido la panza y si llegaras a engordar un poco sería por la mejor causa del mundo y aunque amo tu figura delgada y esbelta no me molestará nada tener algo más para agarrar", y para demostrarlo Will acarició delicadamente los pechos de Lizzie que estaban cada vez más voluptuosos. Lizzie se inclinó hacia atrás hasta apoyar la cabeza contra su hombro y lanzó un sensual gemido. "Y con respecto a que estás fea eso es sencillamente imposible. Punto. ¿Terminamos?" Lizzie soltó una carcajada y giró para enfrentarlo.

"Te faltó lo de tonta", le dijo mientras se acercaba más a él y lo rodeaba con sus brazos.

"Ah sí. Bueno… no quiero ser malo pero a veces puedes ser un poco tonta", Lizzie puso cara de enojada e intentó alejarse de él pero Will la atrapó rápidamente, "como por ejemplo hoy. Ahora, podemos dejar de hablar y aprovechar este baño compartido de verdad", le pidió mientras tomaba las piernas de ella y las enroscaba alrededor de su cintura.

"Por supuesto amor…", respondió Lizzie y enredando los dedos en su cabello inclinó su cabeza hacia atrás. "Cierra los ojos, voy a lavarte el cabello."

"Estaba pensando en otra cosa", se quejó él.

"Lo sé."

Al final hicieron otra cosa en la bañera y un rato después estaban acostados juntos, Lizzie acurrucada contra Will que mantenía una mano protectora sobre su hinchado vientre.

"Lizzie ¿duermes?"

"Mhmm… casi."

"Estaba pensando que ya que viene el decorador podríamos encargarle otra bañera, una más grande." Lizzie le contestó con una suave carcajada.


El decorador acudió prontamente la tarde siguiente, nadie le decía que no a la familia Darcy, y luego de discutir algunas ideas con Elizabeth prometió regresar al otro día con muestras de telas y empapelados para el cuarto del bebé. Lizzie se quedó más tranquila, William encargó dos enormes bañeras, y tres días después iban cómodamente sentados en el mejor coche de la familia camino a Kent para pasar Pascuas como hacía William cada año.

Las primeras horas del viaje fueron amenizadas por la vivaz conversación entre Elizabeth y Georgiana recordando los momentos más memorables de la temporada. William estaba a su lado leyendo y mirándolas cada tanto con una sonrisa en los labios, sencillamente feliz de tenerlas a su lado. Para cuando entraron en el condado de Kent Georgie estaba dormida con la cabeza sobre la falda de Lizzie mientras Will miraba por la ventana con una expresión peculiar.

"¿Estás bien amor?", le preguntó Lizzie.

"¿Te conté alguna vez que cuando estuvimos juntos en Kent estaba seguro de que cuando regresaras lo harías como la señora Darcy? ¡Vaya que era presumido!", dijo William con sarcasmo y cuando se volvió a Lizzie le extrañó verla sonriendo.

"Pero tuviste razón, estoy volviendo a Rosings como la señora Darcy", dijo Lizzie. Y era verdad.


Mientras se acercaban a Rosings Elizabeth volvió a encantarse con lo que veía, la propiedad era realmente espléndida, y cuando se acercaron a la casa no pudo evitar recordar los exaltados elogios del inefable señor Collins sobre las fabulosas ventanas de las fachadas. ¡Cuánto tiempo había pasado desde aquella tarde y cómo habían cambiado las cosas para todos!

William las ayudó a bajar del coche y Lizzie notó que le temblaban las manos de lo nervioso que estaba pero no dijo nada, no quería herir su orgullo, simplemente colocó la mano en su brazo y se apoyó en él para subir las escaleras que conducían al vestíbulo. Allí fueron recibidos por dos criados que los condujeron al salón donde los esperaba Lady Catherine sentada en una imponente silla, significativamente parecida a un trono, Anne estaba a su lado, en una silla mucho más normal, y evidentemente estaba conteniendo las ganas de levantarse y correr a saludarlos. Después de unos segundos de incómodo silencio Lady Catherine se levantó con estudiada elegancia y se dirigió a ellos.

"Llegan tarde. Ya no hay tiempo para tomar el té. Suban a sus habitaciones, los espero para cenar. Supongo que no me harán esperar otra vez."

Sin esperar su contestación ni dirigirles siquiera un saludo Lady Catherine se levantó y abandonó la estancia obligando a Anne a acompañarla. La muchacha no pudo más que seguir a su madre pero antes de desaparecer tras la puerta se volvió hacia ellos y les dedicó un gesto de fingida exasperación que los hizo sonreír.

Dos criadas los acompañaron a sus habitaciones y Lizzie y Will no se sorprendieron al ver que Lady Catherine les había asignado habitaciones separadas y ni siquiera eran contiguas.

"Por favor, qué mujer insufrible. Voy a pedir que nos cambien inmediatamente", refunfuñó Will mientras daba grandes zancadas por la habitación de su esposa.

"Olvídalo amor, no te preocupes", intentó calmarlo Lizzie.

"¿Cómo? No pienso pasarme quince días lejos de ti. ¿Acaso tú lo quieres así? ¿Ya te cansaste de mí querida?" Will trató de ponerle una nota de humor a su voz pero Lizzie pudo sentir algo de verdadero temor.

"Estaba pensando que sería divertido que nos escabulléramos por los pasillos a la noche para encontrarnos clandestinamente ¿no te parece?", mientras hablaba Lizzie se acercó a Will seductoramente y se puso a jugar con su corbata.

"¿Qué le está pasando últimamente señora Darcy? Está… insaciable", pregunto Will con fingido espanto.

"Es el embarazo que me tiene revolucionada, yo sigo siendo una dama."

"Por supuesto y… ¿podemos hacer de cuenta que me metí clandestinamente en tu habitación Lizzie? Quiero hacer cosas indebidas contigo pero no tengo deseos de salir y volver a entrar."

"Por esta vez acepto la mentirita señor Darcy y tal vez esta noche sea yo quien lo sorprenda a usted."


El rato que pasaron juntos antes de bajar a cenar fue justo lo que Elizabeth necesitaba para soportar el ataque de Lady Catherine que, sin dudas, iba a llegar.

Se encontraron en la sala de dibujo para tomar una copa antes de cenar y el clima era bastante agradable. Lady Catherine habló casi exclusivamente con William mientras Lizzie, Georgie y Anne compartían una animada conversación. Cuando anunciaron que la cena estaba servida Su Señoría se puso de pie e inmediatamente tomó el brazo de William y se dirigió al comedor seguida por las tres jóvenes.

Como eran pocos a la mesa Lady Catherine ocupó su lugar en la cabecera con William a su derecha y Anne a su izquierda, Georgiana al lado de su hermano y Lizzie al lado de Anne, en el lugar más alejado de la anfitriona. La cena fue estupenda, como siempre en Rosings, la conversación era realmente agradable y Lizzie estuvo a punto de creer que, al menos esa noche, no sería víctima de la inquisición. Se equivocó.

"¿Cuántos meses lleva de embarazo señorita… Ehm… señora Elizabeth?" 'La mujer no va a llamarme señora Darcy ni aunque de eso dependa su vida', pensó Lizzie divertida.

"Casi cuatro."

"¿Está comiendo adecuadamente?"

"Sí señora, tengo un apetito excelente."

"¿Pero qué come? Porque no es sólo cuestión de comer por comer. Necesita hierro y proteínas. Mañana hablaré con la cocinera para que le prepare hígado y legumbres, también debe tomar un huevo crudo con el desayuno."

"Eh… le agradezco el consejo pero no creo que haga falta, me alimento perfectamente."

"Veo que el matrimonio no moderó su impertinencia. Aún recuerdo nuestra conversación la primera noche que estuvo en esta casa."

"Tía, si me disculpas…", intervino William enojado por la manera en que estaba siendo tratada su mujer e intrigado por lo que acababa de decir. ¿De qué conversación hablaban?

"Estoy hablando con tu esposa Fitzwilliam no contigo. Mal que me pese ahora es parte de la familia y creo que tengo derecho a saber cómo está cuidando de tu futuro hijo."

William se indignó todavía más y abrió la boca para protestar pero antes de poder emitir palabra Lizzie le hizo una seña indicándole que se quedara tranquilo.

"¿Tiene en vista ya alguna nodriza?", volvió a la carga Lady Catherine.

"No."

"Pues tiene que encargarse de eso en cuanto regrese a Pemberley, es fundamental tenerla asegurada antes de que nazca el niño."

"O niña."

"¡Pero tiene que ser niño! Pemberley necesita un heredero."

"A veces me gustaría poder dominar la naturaleza pero no puedo así que tal vez sea una niña y además sé que a William le encantaría", respondió Lizzie mirando amorosamente a su marido.

"Tonterías. Fitzwilliam siempre fue un blando. Si este bebé resulta ser niña tendrán que seguir intentando. Ahora, volviendo a la nodriza, estoy segura de que la señora Reynolds podrá ayudarle a encontrar una. Dios sabe que sin ella Pemberley no funcionaría. Le escribiré una carta mañana mismo para que empiece inmediatamente."

"Lady Catherine, agradezco su preocupación pero ese es un tema muy personal y lo manejaremos William y yo que somos los padres del niño o niña. Nadie más." El tono de Elizabeth era suave pero no daba lugar a discusión.

Lady Catherine se quedó muda por primera vez en la noche y William aprovechó para entretenerla con asuntos relativos al manejo de Rosings mientras Anne y Georgiana se dedicaban a distraer a Elizabeth que, con su carácter luminosos de siempre, intentaba sonreír. Cuando terminó la cena William le pidió a su tía que los disculpara porque todavía estaban cansados por el viaje y tomando a Lizzie de la mano la condujo a su habitación. Anne y Georgie se quedaron conversando un rato más.

"Amor, lo siento. No puedo creer que te haya tratado así", le dijo Will a Lizzie en cuanto entraron a la habitación de ella.

"Está bien Will, no pasa nada."

"Sí pasa, fue prepotente y maleducada. Mañana tendré una conversación muy seria con ella."

"No quiero que discutan por mí. No me molesta discutir con, hasta me divierte un poco, pero me molestó mucho que se inmiscuyera con la crianza de nuestro hijo."

"¡Por supuesto! Nadie más que nosotros tiene derecho a decidir eso. Pero no te preocupes, me aseguraré que no te hable así nunca más."

"Gracias amor. Eh… ¿Will? Sobre lo que dijo tu tía… aún no lo hemos hablado pero ya que surgió el tema quería decirte que yo no quiero contratar una nodriza."

"¿No?"

"Yo sé que no es habitual entre personas de tu clase pero mamá nos crío sin ayuda y si bien no recuerdo cuando yo misma era bebé pero vi a mi madre con mis hermanas menores y la conexión que se establece entre una madre y su hijo cuando lo alimenta no es algo que yo le quiera delegar a nadie."

"Lizzie…", Will se acercó a ella y la tomó amorosamente entre sus brazos, luego se separó apenas lo suficiente como para poder ver su rostro. "Primero, no quiero que hables de clases. Ya está más que claro que si alguien es superior aquí eres tú. Segundo, es cierto que en familias de cierta posición económica lo más normal es que tengan nodrizas para sus hijos pero mi padre siempre me contaba que mi madre no quiso tenerla cuando yo nací y yo mismo vi lo que sufría ella por no poder amamantar a Georgiana por lo débil que estaba. Que tú no quieras una nodriza para nuestro hijo me parece ahora tan obvio que no sé cómo no lo pensé antes y me hace admirarte y quererte todavía más. Estoy muy orgulloso de ti."

"Ay Will, no sabes cuánto significa para mí que me apoyes en esto", le agradeció Lizzie y luego le rodeó la cintura con los brazos y enterró la cabeza en su pecho.

"Yo te apoyaré en todo, siempre", le aseguró Will mientras le acariciaba el cabello.

"¿Crees que podrás ayudarme con el vestido? No quiero llamar a la doncella ahora aunque no, tú tienes que ir a la otra habitación…"

"Shhh. Antes de bajar a cenar le pedí a mi ayudante que trajera mis cosas aquí. No pienso pasar ni una noche sin ti."

"¡Qué razón tuve al aceptarte!", se ufanó Lizzie lanzándole una mirada pícara.

"¡Pero si me rechazaste!"

"La primera vez, la segunda te acepté. Y tuve razón."

"Sí señora. Las dos veces."


A la mañana siguiente William se levantó temprano como de costumbre pero le insistió a Elizabeth para que se quedara durmiendo y a pesar de que ella protestó un poco diciendo que se encontraba perfectamente bien, la idea de pasar unas horas más en la cama y unas horas menos en compañía de su tía política le pareció de lo más atractiva.

Deseando sinceramente quedarse con ella William dejó a Elizabeth bien arropada y bajó al comedor a desayunar, Lady Catherine siempre desayunaba en su habitación así que tenía todavía al menos una hora de tranquilidad antes de enfrentarla y había varias cosas importantes que discutir. En el comedor se encontró con Anne y Georgiana conversando animadamente y se alegró de ver a las primas tan amigas, las dos eran muchachas dulces y buenas que por distintas circunstancias habían tenido una vida bastante menos feliz de la que merecían pero ahora que las dos eran más grandes y gracias a la ayuda de Lizzie, las estaba viendo florecer, especialmente a Anne que siempre había sido tan reservada.

Conversó con ellas durante una media hora hasta que uno de los criados le informó que Lady Catherine ya estaba en su despacho. Tomó aire y se dirigió a verla.

Cuando entró al despacho recordó cuánto lo asustaba esa habitación cuando era niño, Richard y él corrían por toda la casa cuando iban de visita con sus padres, menos por esa ala. Lady Catherine los había convencido de que el fantasma del antiguo dueño de la casa había muerto en ese despacho y sólo la aceptaba a ella como visitante y el ambiente siempre fue tan oscuro y agobiante que le creyeron inmediatamente. Sólo después de muchos años comprendieron que no había sido más que un engaño de su tía para que la dejaran en paz. Ese recuerdo lo hizo sonreír y, tal vez por primera vez en su vida, se dio cuenta de que sí tenía recuerdos dichosos de Rosings. Debía ser la influencia de Lizzie, pensar en el pasado sólo si te hace feliz, se dijo divertido antes de golpear la puerta.

"¿Quién es? Pedí que no me molestaran."

"Soy yo tía ¿puedo pasar?", preguntó William abriendo la puerta y, sin esperar respuesta, entró y se paró frente al escritorio donde su tía revisaba la correspondencia.

"No sé para qué preguntas si ya entraste", respondió ella sin levantar la vista de sus cartas.

"Tía, puedo tener unos minutos de tu atención. Por favor."

"Por supuesto Fitzwilliam."

"Seguramente ya lo suponías pero ahora que estoy casado y con un hijo en camino voy a pasar el mayor tiempo posible en Pemberley. Richard se ha casado también y tendrá su propia casa de la que ocuparse así que ninguno de los dos podrá venir a asistirte en la administración de Rosings tanto como antes." William vio el enojo en el rostro de su tía y se apresuró a continuar. "Pero, obviamente, siempre podrás contar conmigo. Por eso me tomé el atrevimiento convocar a un administrador que trabajó un tiempo conmigo para que lo entrevistemos y veamos si es adecuado para Rosings. Llega dentro de dos días."

Lady Catherine volvió a la correspondencia y sin mirarlo a los ojos dijo: "Últimamente te estas tomando demasiadas libertades Fitzwilliam. No me gusta pero no tengo otra opción y lo sabes. Sé que necesito ayuda para manejar Rosings pero no olvides nunca que llevé esta propiedad con firmeza durante décadas y la mantuve en su esplendor."

"Lo sé tía, te admiro mucho por eso."

"Pero estoy grande y no sé cuánto tiempo estaré en este mundo, tengo muchos disgustos últimamente, así que no me queda otra que aceptar lo que decidas porque prefiero esto a tener que depender de extraños. Sin embargo, no creas que voy a dejar que te salgas con la tuya sin decirte exactamente lo que pienso." Lady Catherine lo miraba ahora, ¡y cómo! "No me gusta la esposa que elegiste pero no voy a volver con ese tema porque de cualquier modo ya es tarde. Lo que de ninguna manera voy a aceptar es que tú y esa mujer interfieran en la crianza de mi hija. No creas que no me di cuenta de lo cambiada que regresó Anne de Londres, me contesta, no hace lo que le pido, ¡casi no la reconozco! Anne siempre fue una muchacha seria y obediente y ahora es…"

"Ahora es como cualquier joven de veinte años tía. Como debe ser. Anne es dulce, buena, inteligente, sensible y hermosa pero, y perdóname que te lo diga, la tuviste siempre a tu sombra y eso no es bueno para ella. Sé que lo hiciste para protegerla y fuiste muy buena madre con ella pero seguir aislada a muchas millas de otros jóvenes de su edad no es conveniente. Te lo digo por experiencia. Yo quise hacer lo mismo con Georgiana, la cuidé tanto que terminó volviéndose tímida e insegura. Yo también noté el cambio en Anne y justo hoy, mientras desayunaba con ella y mi hermana, pensé en lo bella y feliz que se veía. No me digas que no lo has notado, si hasta está mejor de salud."

"Es verdad, hace varios meses que no se enferma", reconoció Lady Catherine a regañadientes. "¡Pero no quiero que se convierta en una impertinente como tu esposa!"

"No te preocupes, por suerte para todos Elizabeth es única", replicó William riendo. "Y hablando de Elizabeth, tengo que pedirte una vez más que la trates bien. No, no protestes porque tú sabes muy bien que lo que pasó ayer no puede volver a ocurrir. Además debes saber que si estoy aquí es porque Lizzie insistió, yo hubiera venido solo y por apenas unos días para presentarte al candidato a administrador, pero ella insistió en que pasáramos las Pascuas contigo."

"¿No pretenderás que le agradezca?"

"No, lo que pretendo es que la respetes. A ella y a mí." Lady Catherine gruñó y William supo que esa sería toda la contestación que recibiría. "Ahora veamos los libros, quiero hacer un balance de situación antes de que llegue McCartney."


Una vez, por la fidelidad y la paciencia a pesar de mi inconstancia, gracias totales* y sigan votando por el mini (o minis) Darcy en mi perfil.

*Un pequeño guiño en homenaje al enorme Gustavo Cerati.